Los primeros 100 días de Trump

De ahora en adelante, será solamente, América primero. América primero.” Estas fueron las palabras del ahora Presidente de los Estados Unidos Donald J. Trump, en uno de los discursos más pobres en la historia de tomas de protesta de mandatarios de Estados Unidos.

Pero con esas simples palabras, Trump ha dejado algo en claro, Estados Unidos se volverá un país proteccionista, el país que ha sido el ejemplo perfecto del capitalismo y la globalización, se cerrará al mundo y mucho de esto lo podremos ver en los primeros 100 días del gobierno de Trump.

Desde el primer minuto de la Presidencia de Trump la página web de la Casa Blanca ya dejo en claro que acciones se tomaran en los primeros 100 días, al igual que cuales van a ser las ideologías que van a guiar su mandato. Lo primero es que quedaron eliminados todos los temas relacionados con el cambio climático, esto no debe de sorprender.




La idea de Trump y la gente que lo rodean es que el cambio climático es un mito creado por los chinos, quienes buscan obtener una ventaja manufacturera. También se eliminó las secciones en el idioma español de la página, dándole así prioridad 100% al inglés y excluyendo a una importante parte de la población en los Estados Unidos.

En lo que concierne a la relación que tendrá Estados Unidos y México, Trump no ha cambiado su lenguaje y sus ideas, al contrario, su retórica contra nuestro país sube de nivel. Ayer anunció que Estados Unidos oficialmente buscará la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México y Canadá.

Ahora, según la administración de Trump, si sus socios comerciales no quieren renegociar, o el tratado no beneficia a sus trabajadores, Estados Unidos se podría retirar por completo del tratado.




En el tema del muro, también ya viene incluido en el plan de los 100 días de Trump. Aunque en la página de la Casa Blanca no especifica que México pagará por el muro, de algo podemos estar seguros, será un tema que hablaran Enrique Peña Nieto y Donald Trump el próximo 31 de enero.

Aunque muchos analistas difieren en que el nuevo Presidente de Estados Unidos, pueda obligar a nuestro país a pagar por el muro, la realidad es que el señor sí lo puede hacer.

Por ejemplo, podría poner un arancel a los productos de exportación de México a Estados Unidos, también retener las remesas de los migrantes o cancelar visas de visitante y cobrar una cuota mucho más alta por ellas.

Entramos a la era Trump en medio de la incertidumbre, aunque para muchos la entrada del empresario estadounidense daría más tranquilidad y certeza de lo que venía, la realidad es que las actitudes del nuevo presidente de la nación más poderosa del mundo no ayudan.

Para México podemos esperar tiempos muy difíciles, sobre todo si nuestros mandatarios no son firmes en las renegociaciones del TLCAN y claro en la posición de no pagar el muro que planea construir Trump para protección de su país. De lo que sí podemos estar seguros es que para el mundo viene una época de inestabilidad geopolítica.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

¿Por qué no tenemos políticos como Justin Trudeau?

Justin Trudeau es prácticamente el it boy de la política… carismático, amante de los animales, comprometido con la defensa de los derechos de los indígenas, impulsor de la equidad de género… en fin, el escenario internacional se vuelca en demostraciones de aprobación, afecto y afición hacia el Primer Ministro canadiense quien desde su campaña, demostró tener un perfil muy diferente al del político convencional.

Pero, ¿por qué en México no tenemos a un político como él? O por lo menos, uno que no tenga miedo de hablar de frente sobre temas como el feminismo, cambio climático, y la mariguana. Muchos podrán ser los motivos, pero me permito enlistar algunas de las razones por las cuales considero que en nuestro país, no vemos un liderazgo que busque romper paradigmas:

1. Por que no queremos.
Así, simple y llanamente no queremos. Nos gusta pensar en que necesitamos una irrupción en el orden establecido. Nos sentimos cómodos con el estereotipo de político que ha permanecido por varias décadas en México y que, para bien o para mal, nos ha llevado hasta donde estamos actualmente.

…es muy válido no compartir la idea de que el Primer Ministro canadiense es una figura política la cual debemos aspirar tener. Más bien, el objetivo de este ejercicio es invitarlos a la reflexión de que es posible divorciarnos de la idea que impera sobre el político como un ser egoísta, corrupto y vergonzoso…

2. Porque no nos la creemos.
O bueno, tal vez sí queremos tener a alguien con el liderazgo como el de Trudeau, pero ¿cómo? si “somos muy corruptos” y “es diferente porque es Canadá”. Y muchos otros argumentos pueden surgir… sin embargo, no olvidemos que desde el lenguaje inicia la construcción del mundo que percibimos con nuestros sentidos. Mientras que no nos creamos dignos de tener algo diferente, mantendremos el resultado constante.

3. Porque desconfiamos de los demás.
Relacionado al punto anterior, no solo nos falta creer que podemos tener líderes diferentes, sino que cuando surge un perfil preparado y dispuesto a hacer las cosas bien, la envidia de quienes hacen las cosas mal y la desconfianza del público general se encarga de opacar ese acenso. Justos pagando por pecadores y así el cuento de nunca acabar… o, aprendamos a observar y analizar antes de criticar y opinar.

4. Porque nos gusta que nos digan qué hacer.
Lamentablemente, este rasgo se puede trazar desde nuestro sistema educativo. Nos enseñan a seguir órdenes y ponernos límites que muchas veces están por debajo de nuestra capacidades reales. Lo peor de todo esto es que no solo nos subestimamos, sino que tomamos una actitud pasiva y nos deslindamos de nuestras responsabilidades, ya que estamos esperando a que ese líder mesiánico nos diga qué hacer, y nosotros contestarles “Sí, Lic.” “Sí, Inge” “Sí, señor presidente”.

Nos falta agudizar nuestro sentido crítico, y entender que la participación ciudadana va más allá de ir a votar o de ningunear a un político en las redes sociales, sino de vigilar, exigir e incluso trabajar en conjunto con ellos para que salgan adelante los proyectos que apoyen al bien común.

5.Por que nuestras instituciones son débiles.
Desde las electorales hasta las de procuración de justicia y de derecho… el común denominador de las instituciones en nuestro país es que la mayoría se doblegan ante los intereses de ciertas élites. Como consecuencia, se crea un ecosistema ideal para que lleguen al poder antes y más rápido personas incapaces pero picudas, que las capaces pero rectas. Fortaleciendo nuestras instituciones podemos evitar tener malos liderazgos, o liderazgos interesados solo en su beneficio (y en el del padrino que los llevó al poder).

6. Por que nos falta madurar nuestra participación ciudadana.
Si bien, es digno de reconocerse que en los últimos años se ha visto un aumento en la participación ciudadana, esto para nada es suficiente. Nos falta agudizar nuestro sentido crítico, y entender que la participación ciudadana va más allá de ir a votar o de ningunear a un político en las redes sociales, sino de vigilar, exigir e incluso trabajar en conjunto con ellos para que salgan adelante los proyectos que apoyen al bien común.

Como mencionaba, estos no son los únicos factores que influyen en el surgimiento de una figura como Justin Trudeau. E incluso me gustaría resaltar que es muy válido no compartir la idea de que el Primer Ministro canadiense es una figura política la cual debemos aspirar tener. Más bien, el objetivo de este ejercicio es invitarlos a la reflexión que es posible divorciarnos de la idea de que impera sobre el político como un ser egoísta, corrupto y vergonzoso; y por el contrario, sí podemos tener algo diferente, alguien a quien respetar, y que nos motive a trabajar en conjunto, siempre y cuando permitamos que las condiciones se den.

Por que lo merecemos.

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El futuro está en el Sol

¿No has notado que las últimas Navidades han sido calurosas? ¿Y que las estaciones del año parecen haberse desfasado? ¿No se te hace raro?

La NASA acaba de sacar un estudio en donde registra al 2015 como el año más caliente de la historia.

Déjame decirte que no eres el único en notarlo, de hecho la NASA acaba de sacar un estudio en donde registra al 2015 como el año más caliente de la historia. En 136 años de registro, la temperatura promedio de los océanos y la superficie terrestre aumentaron cerca de 0.90° con respecto al promedio del siglo 20, siendo diciembre el mes más caliente de la historia.

calentamientoMapa donde se registran las zonas más calientes del Planeta. Fuente: NASA (2016)

El cambio climático es real y son varios factores los que contribuyen a que el planeta cada vez esté más y más caliente. Entre los principales factores está la quema de combustibles fósiles, los cuales aumentan el CO2 en la atmósfera.

Más del 78% del consumo de energía mundial en el 2013 fue realizada por la quema de combustible fósil. Dejando un 19% a energías renovables y solo un 2.6% a energía nuclear. En el siguiente diagrama podemos ver con mayor facilidad la enorme diferencia entre los distintos tipos de energía que consumimos.

Total_World_Energy_Consumption_by_Source_2013-600x298Fuente: Wait but why (2015)

¿Sabías qué la temperatura no tiene que cambiar mucho para poder hacer un cambio drástico en el mundo? Con tan solo unas décimas de grados centígrados que aumente, todo el sistema se descompone y empiezan las catástrofes.

¿Sabías qué la temperatura no tiene que cambiar mucho para poder hacer un cambio drástico en el mundo? Con tan solo unas décimas de grados centígrados que aumente, todo el sistema se descompone y empiezan las catástrofes.

Pongamos las cosas en perspectiva: La tierra tiene 4.6 billones de años, cambiemos de escala y supongamos que son 46 años. Los humanos hemos estado aquí por 4 horas solamente y la revolución industrial comenzó hace 1 minuto, en ese tiempo hemos destruido más del 50% de los bosques del mundo y aumentado la temperatura cerca de 1 grado. Esto no es sustentable.

Pero bueno, no quiero alarmarlos con el cambio climático. Lo que quiero mostrarles es hacia dónde va la tecnología a futuro para resolver este problema.

Pero bueno, no quiero alarmarlos con el cambio climático. Lo que quiero mostrarles es hacia dónde va la tecnología a futuro para resolver este problema.

Tenemos un reactor nuclear a nuestro alcance, que sale todas las mañanas y se oculta todas las noches, no tienes que gastar nada para su mantenimiento y su energía es gratis… Claro, nos referimos al Sol.

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Como les dije, el futuro está en el Sol; tenemos en él una fuente inagotable de energía, que además de ser gratis, como ya dijimos, es limpia.

En una sola hora, recibimos del Sol más energía que la que consumimos como humanidad a lo largo de un año. Haciendo de este tipo de energía la única que puede cumplir con la demanda mundial.

De hecho, en una sola hora, recibimos del Sol más energía que la que consumimos como humanidad a lo largo de un año. Haciendo de este tipo de energía la única que puede cumplir con la demanda mundial.

Por ello, muchas empresas están entrando al negocio solar queriendo desarrollar tecnología para mejorar la eficiencia de paneles y batería. Actualmente, un panel solar tiene una eficiencia del 14% al 20%, es decir, de que de toda la energía solar que recibe, solamente aprovecha y convierte a energía eléctrica un 20% como máximo.

Tesla está desarrollando su Gigafactory, la cual duplicará la producción mundial de baterías de litio. Científicos de distintas universidades de USA desarrollan materiales más eficientes en la recolección de energía para los paneles solares, cada quién está aportando una mejora para pronto empezar a mudar toda la tecnología.

Del mismo modo, cada vez más hogares están apostando a poner paneles solares para reducir su dependencia a la red de electricidad, que en México, es suministrada por la CFE. En mi casa el mes pasado se instalaron 12 paneles que ayudarán a ahorrar el consumo de energía.

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¿Tú ya eres solar? ¿O aún no te convences de que tenemos que hacer algo por nuestro planeta?

¿Tú ya eres solar? ¿O aún no te convences de que tenemos que hacer algo por nuestro planeta?

Veamos a futuro y aprovechemos los avances de la tecnología para beneficiar a las generaciones venideras.

Antonio Rentería
@TonioRenteria – Making the Future come Faster

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El Balance del 2015

 

El 2015 ha sido un año de grandes alegrías y triunfos, pero también el de terribles tragedias. Este año nos mostró grandes ejemplos de los efectos de la profunda globalización que predomina nuestros tiempos, misma que, en su vorágine de eventos, no es ni buena ni mala, sino que sólo es. Por eso, así como la globalización, que abre fronteras a la vez que divide naciones, que genera oportunidades económicas para unos mientras que genera condiciones de vida difíciles para otros, el 2015 no fue ni un buen ni un mal año, sólo fue un vertiginoso ciclo en que presenciamos el conflicto bélico y la paz acordada, la apertura de unas fronteras y el levantamiento de barreras, la oportunidad económica y la crisis, la división de naciones y la unión.

El diccionario Oxford de inglés se unió a enmarcar el sentimiento irónico de este año, calificando al emoji de lágrimas de alegría como la “palabra del año”. Y es que este emoji resume a la perfección las emociones vividas: muchas razones por las cuales llorar, y muchas otras por las cuales reír. ¿Tal vez al mismo tiempo?

Cada uno de los hitos de este año tuvo su lado positivo y su lado negativo, es decir, sus razones para hacernos reír y sus razones para hacernos llorar.

Cada uno de los hitos de este año tuvo su lado positivo y su lado negativo, es decir, sus razones para hacernos reír y sus razones para hacernos llorar. Por ejemplo, mientras que en este año por primera vez las mujeres en Arabia Saudita pudieron emitir su voto en las elecciones municipales y pudieron postularse como candidatas —un obvio avance que no hemos de minimizar— se debate si esta elección en realidad tiene el potencial de traer cambios para las mujeres. En este conservador reino, la mayoría de las decisiones aún son tomadas por el rey, y muchas mujeres jóvenes, educadas y con trabajos ni si quiera se enteraron de las elecciones.

Por esto, mientras nos afligimos ante la muerte de casi 8 mil personas en el devastador terremoto de Nepal en abril, nos alegramos también de que en México el huracán Patricia no haya dejado ni una sola víctima en octubre.

Asimismo, celebramos que después de 29 años, una mujer es nombrada persona del año por la revista Times, la canciller alemana Angela Merkel en su décimo año de mandato. Sin embargo reconocemos que el título se lo gana ella a capa y espada, y bajo mucha protesta: por su lucha contra la creciente islamofobia, por sus esfuerzos por mantener las fronteras alemanas abiertas ante el desborde del flujo de refugiados a Europa, y por las duras medidas financieras propuestas por ella para rescatar a Grecia de su persistente crisis.

Nos alegramos también ante el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos tras más de cinco décadas de haber cesado, pero lamentamos que, al otro lado del globo y tras unos ataques aéreos sin aclarar, Rusia y Turquía rompen relaciones indefinidamente y la guerra siria continúa creciendo y complicándose.

Nos duele el que muchos países hayan levantado muros contra el flujo de refugiados, pero nos entusiasma que, en Canadá, el nuevo primer ministro electo abre sus brazos públicamente para recibir a decenas de miles de personas huyendo del conflicto.

Nos duele el que muchos países hayan levantado muros contra el flujo de refugiados, pero nos entusiasma que, en Canadá, el nuevo primer ministro electo abre sus brazos públicamente para recibir a decenas de miles de personas huyendo del conflicto y de la violencia.

Nos alarmamos a principios del año cuando los ucranianos protestaban violentamente contra Rusia y su opresión política, y casi fuimos testigos de una secesión, pero nos unimos a celebrar que hemos encontrado agua en Marte y que es la primera vez que vemos con “ojos digitales” y de cerquita la cara de Plutón (la que tiene un corazón dibujado).

Nos compadecemos de en que los Estados Unidos se haya vivido uno de los años con más número de víctimas por tiroteos masivos, pero nos regocijamos juntos tras despenalizarse el matrimonio homosexual y el uso de la marihuana como sustancia recreativa.

¿Podríamos acaso imaginar hace unos años que 195 países se pudieran reunir en paz, armonía y con un sólo objetivo común: salvar a nuestro único hogar de su potencial catástrofe?

Y la ironía más grande, en una ciudad atacada dos veces masivamente por terroristas —Charlie Hebdo en enero y los ataques por ISIS en noviembre, de los eventos más “trending” en las noticias nivel mundial— se concreta un acuerdo internacional más ambicioso que nunca para hacer frente al cambio climático. ¿Podríamos acaso imaginar hace unos años que 195 países se pudieran reunir en paz, armonía y con un sólo objetivo común: salvar a nuestro único hogar de su potencial catástrofe?

Invito entonces a reflexionar que, ante todos estos altibajos, ante todos estos conflictos y celebraciones, nuestra tarea, como siempre, es la de observar ambas caras de la moneda, informarnos, educarnos sobre las perspectivas contrarias. Ver quién combate y quién es combatido, quién es víctima y quién es opresor, tratar si quiera de entender por qué los conflictos escalan y ver que nadie se salva de culpas. Como ciudadanos del mundo, como hombres y mujeres ligados a una misma tierra, es nuestro deber convivir con nuestro hermano y servirle ante toda esta necesidad, pues quién sabe cuándo —por azares de la vida— nos toque estar del lado no amigable del destino, tal y como este 2015 ejemplificó.

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NUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD

El impacto de la actividad humana en la atmósfera equivale a la explosión de tres bombas nucleares por segundo. Hoy, la temperatura promedio del planeta ha aumentado de 0,85ºC con respecto a la de 1880. Las temperaturas extremas, que antes afectaban al 1% del territorio continental planetario, afectan hoy a 10% del mismo.

Si no se actuaba con firmeza y convicción, la temperatura del planeta podría aumentar cerca de 4,7ºC hacia finales del siglo XXI, lo cual generaría calamidades catastróficas.

Luego de dos semanas, 195 Estados y la Unión Europea, ante la presencia de científicos, organizaciones no gubernamentales, empresas privadas, colectividades territoriales, sindicatos, medios de comunicación, y otros, adoptaron una declaración sobre el cambio climático. Si no se actuaba con firmeza y convicción, la temperatura del planeta podría aumentar cerca de 4,7ºC hacia finales del siglo XXI, lo cual generaría calamidades catastróficas. ¿De qué trató la Conferencia de Paris y por qué su declaración es histórica?

Actores como la Unión Europea cumplieron, pero grandes contaminadores, como los Estados Unidos, nunca ratificaron el acuerdo; y otros, como Canadá y Rusia, se retiraron.

¿Qué es? La COP, o “Conferencia de Partes” (Conference of Parties), es el órgano principal de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático adoptada por la Cumbre de la Tierra de Río (Brasil) en mayo de 1992, ratificado por 195 Estados, y en entrado en vigencia en marzo de 1994. La COP, que reconoce que el calentamiento planetario es causado por los seres humanos, se reúne anualmente para avanzar en la consolidación de regímenes internacionales de cooperación en materia de lucha a los cambios climáticos. La COP-3 (1997), por ejemplo, adoptó el Protocolo de Kioto, un acuerdo limitante para 55 países industrializados, en aquel momento productores de 55% de las emisiones globales del CO2 de 1990. El acuerdo, en vigencia a partir de 2005, buscaba disminuir en 5% la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), como el dióxido de carbono, metano, protóxido de azoto, y algunos substitutos de clorofluorocarbonos, entre 2008 y 2012 vis-à-vis el nivel de 1990. Actores como la Unión Europea cumplieron, pero grandes contaminadores, como los Estados Unidos, nunca ratificaron el acuerdo; y otros, como Canadá y Rusia, se retiraron.

El reto de la COP-21 era evitar un fracaso como el de la COP-15 (Copenhague 2009), cuando los compromisos brillaron por su imprecisión.

Objetivos. El Protocolo de Kioto expira en 2020, y era necesario producir un primer acuerdo universal que permitiese limitar el alza de la temperatura del planeta a 2oC con respecto a la era preindustrial. De hecho, el reto de la COP-21 era evitar un fracaso como el de la COP-15 (Copenhague 2009), cuando los compromisos brillaron por su imprecisión. ¿Por qué se habla de 2ºC? Porque sobrepasar ese límite es riesgoso: la seguridad alimentaria del planeta podría peligrar, los eventos climatológicos extremos se multiplicarían, el aumento del nivel del mar (en el peor de los casos de un metro adicional a los 20 centímetros que ya ha crecido desde el siglo XIX) amenazaría los litorales, y la lluvia en el norte así como las sequías en lugares áridos, aumentarían. Los 400 millones de personas que viven a menos de un metro del nivel del mar, incluyendo a los residentes de Ámsterdam, Bangkok, Bombay, Calcuta, Miami, Nueva Orleans, Nueva York, y Tokio, estarían en riesgo. Además, a final del siglo podríamos perder 30% de la biodiversidad actual. Y el nivel de acidez de los océanos seguiría incrementándose. No se sabe todavía como los ecosistemas marinos se adaptarían a esta acidificación repentina.

Obstáculos. Alcanzar un acuerdo en materia de cambio climático era difícil a menos por dos razones. Por un lado, persistía la tensión norte-sur con respecto a las responsabilidades que debían asumirse en la lucha: los países pobres consideraban que los ricos debían pagar más mientras que estos últimos creían que esa división no se aplica más a la situación actual en cuanto a los mayores contaminadores se refiere. Por otro lado, no estaba claro cómo medir el progreso y el cumplimiento de compromisos. Lo que sí se sabía era que para lograr la meta de los 2ºC, se debe ser “carbono neutral” a más tardar a final de siglo.

Trascendencia histórica. Y sin embargo, lo imposible parece que se convirtió en posible. Primero, el hecho que 196 partes acuerden adoptar medidas para abandonar progresivamente las energías fósiles, es digno de mención. Dictaduras y democracias, Estados en guerra y en paz, gobiernos religiosos y laicos, países ricos y pobres, todos criticaron en sintonía a la industria petrolera. No sólo es ésta una diferencia esencial con el Protocolo de Kioto, que puso en los países ricos el peso en la reducción de sus emisiones de GEI, sino que este alineamiento es básico para erigir, como lo resaltó John Kerry, Secretario de Estado estadounidense, una economía de energías limpias. Segundo, el artículo 2 del acuerdo, según el cual el esfuerzo debe dirigirse a limitar el aumento de la temperatura a 1,5oC, es un cambio sustancial. Este objetivo es inalcanzable, pues para lograrlo, la humanidad solo tendría diez años más para continuar produciendo GEI a los ritmos actuales. De hecho, para mantener el objetivo de los 2ºC, es necesario reducir de 40% la emisiones hacia el año 2050. Un frenazo económico para respetar esta meta de 1,5oC es irrealista. Pero es precisamente por ello, por el mensaje simbólico que envía, por la aspiración que representa, porque para lograrlo los países deben someterse a revisiones quinquenales (lo que hace difícil retroceder), y porque cualquier atraso debe ser compensado con objetivos más ambiciosos para el siguiente quinquenio, que esa meta es significativa.

Conclusión. El acuerdo por supuesto tiene numerosos defectos. Por ejemplo, las metas a largo plazo son ambiguas, no existen castigos ni presiones contra los países que no actúen, y los países ricos siguen imprecisos cuando de definir su apoyo financiero para la transición climática se refiere. Debo también indicar que los análisis apenas empiezan; se requiere de mayor profundidad para evaluar mejor las limitantes y potencialidades del acuerdo. Pero no pequemos de pesimistas. Aunque entre el dicho y el hecho hay mucho trecho, es permitido pensar que este acuerdo, el cual se firmará el 22 de abril de 2016 en lo que está llamado a ser una pomposa ceremonia internacional, marca una ruptura con el pasado y abre las puertas para el cambio que nos permita aumentar nuestras probabilidades de supervivencia como especie. Es nuestra última oportunidad, y por ello debemos ser optimistas.

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Recuento de la Primera Semana de la COP21

En su fiesta de 21º aniversario, las Partes (los países miembros) de la Comisión Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático parecen estar pasándola genial. En la COP21 reina un ambiente de optimismo tras la primera semana, pues se completó el borrador del acuerdo, hay cooperación entre países tradicionalmente antagonistas, los intereses están alineados y existe un sentido de urgencia compartido. Pero como todo rito de pasaje, incluyendo el de cumplir 21 años y tomar más responsabilidades que antes, para algunos puede ser muy significativo, pero otros tantos creen que nada cambia.

A grandes rasgos, existen tres objetivos por cumplirse de aquí a 2050 con ayuda del nuevo acuerdo que saldrá de estas negociaciones; 1) detener el aumento de la temperatura global hasta 1.5º C por encima de los niveles pre-industriales; 2) aumentar la capacidad de los países para adaptarse a los efectos adversos del cambio climático; y 3) perseguir una transformación hacia un desarrollo sustentable, que promueva sociedades y economías resilientes y de bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

El primer borrador del acuerdo comprende todos estos puntos, reconoce la vulnerabilidad que tienen las naciones insulares ante los efectos adversos de los cambios, prevé la necesidad de checar cada cinco años los compromisos establecidos, considera permitir a los países en desarrollo cubrir su demanda de energía por unos años más y no obstaculizar su crecimiento económico basado en energías hidrocarburos, contempla la posibilidad de establecer un comité de revisión de los compromisos, entre muchos otros puntos que hacen a la negociación una cosa muy compleja. El documento borrador consta, hasta hoy, de 26 páginas aproximadamente, con muchos paréntesis y opciones de compromisos aún por negociarse.

La parte difícil de la negociación, la que puede estar atrasando el proceso, como suele suceder en toda negociación, es la de las finanzas: quién paga qué.

La parte difícil de la negociación, la que puede estar atrasando el proceso, como suele suceder en toda negociación, es la de las finanzas: quién paga qué. Por ejemplo, se había establecido un monto por 100 mil millones de dólares para un fondo destinado a acciones de adaptación cuya distribución sería de 50/50 entre los asistidos y los asistentes. Este monto, así como el porcentaje de distribución, están cambiando y son inciertos aún. Los Estados Unidos y China demandan que más países contribuyan al fondo para comprometerse, porque se reconoce 100 mil millones serán tan sólo una base para el fondo, no una cantidad fija.

De entre los haters de la “fiesta” se encuentran algunos científicos que han revisado las propuestas de reducción de gases de efecto invernadero de los países. Desconcertantemente, afirman que estas no serán suficientes para evitar que la temperatura global pase de los 1.5º C estipulados y desafortunadamente sobrepasarán los 3º o casi 4º C con temibles consecuencias para la vida como la conocemos.

Recordemos que un 95% de los países asistentes ya habían entregado sus propuestas voluntarias, en lo que llaman las responsabilidades comunes pero diferenciadas, uno de los nuevos elementos clave de este acuerdo.

Otros analistas políticos argumentan que no habrá mucha diferencia entre esta conferencia y las de años pasados. Términos que se usan para describir este acuerdo han sido: evasivo, completamente voluntario, no vinculante. Recordemos que un 95% de los países asistentes ya habían entregado sus propuestas voluntarias, en lo que llaman las responsabilidades comunes pero diferenciadas, uno de los nuevos elementos clave de este acuerdo. Aunque, vaya, consideremos también que algunos de estos analistas también se apoyan en la idea de que los efectos del calentamiento global ¡no se sentirán tan gachos como nos imaginamos! Que son una exageración, y que todo está basado en inciertos. Mientras estos supuestos sí son sólo eso, supuestos… estudiados, no creo que nos podamos dar el lujo de una actitud de brazos cruzados (o de haters, valga el chiste), y el ímpetu que cargan estas negociaciones es importante fomentar y mantener.

El problema del cambio climático nos concierne a todos los humanos en todos los niveles de acción.

Los últimos haters son miembros de la sociedad civil (que no figuraron como invitados a la misma, ¡bah!) quienes argumentan que lo que está sucediendo dentro de las instalaciones de la COP21 es una pérdida de tiempo. Comentan que los países que contribuyen con la mayor parte de las emisiones están en una actitud de business as usual, que son sólo una bola de políticos de alto nivel sentados y aburridos. Estos activistas realizan simultáneamente una COP simbólica, alternativa, con una diversidad de actividades, desde exposiciones de arte, un foro alternativo sobre el clima, un mercado campesino y demás. Con estas actividades buscan demostrar que es la sociedad civil, empoderada a través de su conocimiento y el consumo local y verde, la que puede traer el mayor cambio. Aplausos, aplausos libres de sarcasmo. El problema del cambio climático nos concierne a todos los humanos en todos los niveles de acción.

Aún con cinco días para la conclusión de la COP, y con toda la incertidumbre aquí comentada, hago hincapié en que no se debe de subestimar el progreso de los últimos años hacia energías, economías y sociedades más sustentables. En palabras del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el año pasado la economía global creció mientras que las emisiones globales de hidrocarburos se mantuvo “plana”. Hemos roto ya con la antigua creencia de que un fuerte crecimiento económico y un medio ambiente más saludable son términos incompatibles. Estaré al pendiente de los avances del acuerdo a medida que cierran las negociaciones. Les cuento más tarde, por lo pronto, peace out.

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Reflexiones tras la marcha climática más grande de la historia

El día de ayer, domingo, se celebró una marcha a nivel mundial a favor del clima en nuestro planeta. Más de 130 organizaciones de la sociedad civil conforman la Coalition Climat 21, alianza que convocó a más de medio millón de personas en 175 países, a marchar para exigir a nuestros gobernantes que se reúnen a partir de hoy en la COP21[1] en Francia que se comprometan, con más vigor que nunca, a garantizar una rápida transición de los combustibles fósiles a las energías renovables, para preservar el clima como lo conocemos y mitigar el calentamiento global.

Lo importante es que ésta califica como la marcha más grande de la historia en nombre del clima, ha roto todos los records y por ello hará eco en los discursos y compromisos de los países más influyentes en la cumbre de cambio climático.

La marcha tuvo muchos nombres, Marcha por la Justicia Climática, la Marcha de la Gente por el Clima, Marcha Mundial por el Clima, entre otros. Lo importante es que ésta califica como la marcha más grande de la historia en nombre del clima, ha roto todos los records y por ello hará eco en los discursos y compromisos de los países más influyentes en la cumbre de cambio climático.

En una plaza pública de París, se colocaron simbólicamente miles de pares de zapatos donados para visualizar la voluntad del pueblo francés ante la cumbre.

Ha sido terrible ver que uno de los países que más ha hecho por aumentar la conciencia climática, Francia, haya estado limitado para marchar el día de ayer. El gobierno francés, en su estado de alerta nacional tras los ataques terroristas del 13 de noviembre, prohibió las demostraciones públicas y las protestas en masa. De acuerdo a los números de avaaz.org, la principal convocante de este movimiento global, unos 400,000 parisinos hubieran marchado en vísperas de la COP. Las tecnologías de información, sin embargo, llegaron de nuevo a esperanzarnos, y fue gracias a ellas que muchas personas alrededor del mundo pudieron conectar con quienes no pudieron marchar a través de una iniciativa llamada #March4Me (marcha por mí), y llevar sus nombres en la marcha. Asimismo, en una plaza pública de París, se colocaron simbólicamente miles de pares de zapatos donados para visualizar la voluntad del pueblo francés ante la cumbre.

Aquí en Monterrey también se celebró la marcha, pero como era de esperarse, fue muy pequeña y su mensaje fue extremadamente disperso. Los voceros hablaban de la conservación de las especies y la contaminación en los mares, otros del uso excesivo de pesticidas, otros más del campo y las sequías, pero parecía que nadie comprendía la verdadera razón por la cual el mundo se levantó, y es para exigir justicia climática y ejercer presión.

Se marcha por la justicia climática, porque los países industrializados, los culpables históricos del aumento de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera y el consecuente aumento de las temperaturas globales, son quienes menos sufren los efectos del cambio climático e, irónicamente, son quienes están más preparados (en recursos económicos, en tecnologías y en conocimiento) para adaptarse a los mismos. Al mismo tiempo, son los países menos desarrollados, los que no han contribuido casi nada en las emisiones de CO2, los peores golpeados y los menos capaces de adaptarse.

El protocolo impuso metas de reducción de emisiones sólo a los países desarrollados, dando a las naciones en desarrollo como China, India y Brasil un pase libre.

Se marcha para ejercer presión a los gobiernos, pues el Protocolo de Kyoto, tratado histórico de reducción de GEI originado en la conferencia de Rio de Janeiro de 1992 y que terminó en 2012, fracasó. El protocolo impuso metas de reducción de emisiones sólo a los países desarrollados, dando a las naciones en desarrollo como China, India y Brasil un pase libre. En los últimos años, a estos países los ha caracterizado un crecimiento muy acelerado de industrias basadas en los combustibles fósiles. Y también se marcha porque la última conferencia global en donde se trató de imponer un nuevo acuerdo, Copenhague en 2009, la discrepancia entre países fue casi derrotadora.

Hasta el momento, más de 170 países, que representan más del 90 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero han presentado sus compromisos y aún más pueden surgir estas semanas en París.

Reitero mi entusiasmo sobre la COP21 en París, porque sé que los organizadores han aprendido mucho de los errores del pasado. En lugar de volver a perseguir un acuerdo con el enfoque de “arriba hacia abajo” (top-down approach) con objetivos fijos, esta vez han pedido a todos los países a presentar un plan nacional que establezca cómo y por cuánto planean reducir sus emisiones en los próximos años. Hasta el momento, más de 170 países, que representan más del 90 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero han presentado sus compromisos y aún más pueden surgir estas semanas en París.

También es éste el momento en que tres elementos cruciales para las negociaciones conjugan ahora y no lo hacían antes: 1) una mayor conciencia global sobre el problema, 2) las tecnologías y las energías renovables son más accesibles que nunca, y 3) una voluntad política fuerte, sobre todo de dos de los jugadores más importantes, China y los Estados Unidos.

La preservación del clima como lo conocemos hoy es un derecho humano por el cual se debe luchar. El cambio climático tiene todo que ver con el futuro de nuestra seguridad alimentaria, con la oferta de empleos de calidad, con las diferentes fuentes de energía y con la erradicación de la pobreza. El tema del cambio climático es uno de los más intersectoriales que existen. Quizás sea por ello, por la complejidad del tema, que no se pudo articular un mensaje claro en la marcha en Monterrey. Me aseguraré de seguir luchando por esclarecer la importancia del tema.

En efecto, este ha sido otro caso en el que, como entusiasta de las conferencias de este tipo, fui retada con alegaciones como “no va a servir para nada”, o “no creo que una marcha haga nada”. Y aunque mis conocidos y amigos sí tuvieron razón sobre la marcha en Monterrey, es decir, se comprueba que un evento que resuena con mucha fuerza en muchísimas otras ciudades parece un chiste en mi Monterrey, me emociona saber que no estuvimos solos.

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[1] 21º Coferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC)

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

LA HORA CERO CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO – PARTE 2

En el caso de México, más allá de que la población no sepa qué es el cambio climático o que no haya voluntad política por contribuir a la mitigación, la población aún no sabe muy bien a quién y cómo le afecta. El cambio climático simplemente aún no se ve, o por lo menos no se nos presentan historias de individuos directamente afectados por él. Si bien el fenómeno de Patricia logró advertir que las poblaciones costeras en México son vulnerables a fenómenos naturales que van aumentando en fuerza y frecuencia, no existen investigaciones suficientes de todas las implicaciones humanas y económicas del cambio climático en nuestro país. ¿Qué tal acerca de los pescadores acapulqueños y el peligro de quedarse sin sustento? ¿O de las ciudades veracruzanas cuya principal actividad económica es el ecoturismo? ¿Qué si los arrecifes del caribe se mueren por completo? ¿Y si los tarahumaras se ven obligados a dejar por completo sus tierras porque ya no son fértiles? ¿Qué tal si la falta de lluvias en Sonora detiene fábricas enteras por falta de suministro de agua?

En el caso de México, más allá de que la población no sepa qué es el cambio climático o que no haya voluntad política por contribuir a la mitigación, la población aún no se sabe muy bien a quién y cómo le afecta.

En ciudades como Monterrey, una urbe protegida por las montañas y lo suficientemente poderosa como para asegurarse recursos energéticos e hídricos por décadas (Ahem, ¿Monterrey VI?), el cambio climático sólo se vuelve real cuando tu abuelita te dice en diciembre que “ni te quejes, porque el frío estaba más gacho en mis tiempos, mijita”. Eso es todo. Debido a que los efectos del cambio climático son globales, dispersos, irregulares, y en general están teñidos por la incertidumbre, pensar en que debemos de actuar con urgencia, y sobre todo invertir recursos y cambiar comportamientos ante un problema tan invisible, es una idea que roza lo ridículo.

Para ejemplificar cómo el cambio climático golpea más fuerte en algunos sitios que en otros, podemos aprender de una actual campaña por Human Rights Watch, que evidencia los golpes a los derechos humanos de los pobladores de una región dependiente de un lago al norte de Kenya. Estas personas han estado más susceptibles que nunca a patrones de lluvia impredecibles, a la reducción del flujo del río que abastece a su lago, la consecuente salificación de estas aguas y la pérdida de bancos de peces, a la pérdida del ganado por la falta de pastizales, todo a consecuencia de una prolongada sequía y la construcción de una mega presa en el país colindante de Sudán del Sur que está reduciendo sustancialmente el flujo del agua a su lago. Los kenianos también encuentran su propia seguridad e integridad en peligro, pues habitantes de poblaciones cercanas se acercan a la región para desplazarlos con amenazas mortales a manos de metralletas y machetes, todo porque no hay agua suficiente para todos.

Ante un escenario como este, ¿quién puede asistirles? El gobierno de Kenya es el único con los medios para proteger a estas personas impulsando negociaciones con Sudán del Sur para que repartan el flujo de manera más equitativa, organizando campañas de protección civil ante los enfrentamientos violentos, así como campañas de abastecimiento de alimentos, semillas más resistentes a la falta de agua, entre otras soluciones. Pero como sucede en muchos países en desarrollo, el gobierno tiene muchas otras necesidades que cubrir y pocos recursos para todas.

Hoy, más que nunca, hay una gran necesidad de conectar las evidencias globales con las locales para estar mejor preparados para los cambios que se avecinan.

Platicando con la Dra. Angelina Valenzuela, directora de los programas del posgrado en derecho en la UDEM y con experiencia en temas de derecho ambiental, comentaba ella que investigaciones sobre la migración climática[1] a nivel local son prácticamente inexistentes, pero muy necesarios. Esto es un ejemplo de cómo estamos aún en pañales en cuestión de hacer propio un problema global aún lejano, pero que sin duda ya comienza a afectar a poblaciones vulnerables en Nuevo León, y que de una manera u otra, comienza a afectarnos indirectamente también; lo que pasa es que no comprendemos cómo. Hoy, más que nunca, hay una gran necesidad de conectar las evidencias globales con las locales para estar mejor preparados para los cambios que se avecinan. La academia necesita también poner de su parte para llenar estos huecos. Es la única manera de apropiarnos de las soluciones.

Muy lamentable ha sido también que, a nivel internacional, existen pocos especialistas políticos dedicados a investigar sobre los avances en regulación sobre cambio climático. Su apoyo pudiera ser crucial para avanzar más rápido hacia más y mejores políticas públicas de mitigación. Curioso que en décadas pasadas hubo extensas publicaciones sobre otras amenazas a la seguridad internacional como la guerra nuclear, y ahora, a pesar de tanta certeza y el gran alcance de este perverso problema, no haya avances en estos estudios. Dependiendo de los resultados de este evento, quizás se logren canalizar más recursos para este tipo de investigaciones.

Bien sabido es que la manera en que se ha abordado universalmente la problemática —como un problema de mitigación, y no de prevención ni adaptación— ha provocado en los países una maligna inactividad o lo que es conocido como el freerider problem. Este dilema, el de los “acarreados”, consiste en que todos los países son afectados por el mismo problema, pero impera ambigüedad acerca de a quién le afecta más, entonces los países deciden que es mejor esperar a que el otro incurra en los costos de tratar de solucionar el problema que solucionarlo ellos mismos, pues a fin de cuentas, cualquier esfuerzo que haga el otro país será beneficioso para el propio. Expertos declaran que esta cumbre será decisiva en este sentido, ya que introduce oficialmente las Contribuciones Intencionadas y Nacionalmente Determinadas (INDC por sus siglas en inglés), que son los compromisos impuestos por cada país de acuerdo a sus posibilidades económicas y planes políticos que definirán en gran medida si se logran los objetivos de reducción de impuestos en este nuevo acuerdo de 2015 o no.

En Altavoz hemos tocado varias veces el tema de la tecnología cívica, el caso de la COP21 también tiene que ver con ella. Se nos presenta la oportunidad de involucrarnos a través de numerosas herramientas a nuestra disposición para conectarnos con la problemática.

Ahora, no quiero despedirme de este artículo dejando la idea de que las maneras de involucrarse en la problemática son aún muy opacas, poco a poco iremos viendo con más claridad cómo contribuimos a la problemática y qué soluciones son más efectivas. Pero por lo pronto, recomiendo visitar el sitio oficial de la COP21 para estar presentes en este evento histórico. Singularmente, los organizadores de esta cumbre han puesto especial atención en utilizar las tecnologías para educar a la mayor cantidad de personas posible sobre la importancia de este evento. En otras palabras, todos hemos sido invitados a la gran fiesta. En Altavoz hemos tocado varias veces el tema de la tecnología cívica, el caso de la COP21 también tiene que ver con ella. Se nos presenta la oportunidad de involucrarnos a través de numerosas herramientas a nuestra disposición para conectarnos con la problemática, concientizarnos sobre nuestro papel dentro de ella y apropiarnos de las soluciones. Aplicaciones que nos retan y nos acompañan por 90 días para hacer nuestra “transición verde” en hábitos de consumo, plataformas que permiten geolocalizar a los principales emisores de GEI, y muchas más. Estas oportunas herramientas nos ayudan a jalar un tema de escala internacional al plano doméstico. Hora de sentir el cambio climático en nuestras vidas. Hora de asistir a esta fiesta de la COP21, por lo menos virtualmente. Hora de hacer el cambio nosotros.

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[1] Movimientos migratorios causados por los efectos directos e indirectos del cambio climático: sequía, malas cosechas, pérdida de tierra arable, desplazamiento de especies nativas, enfermedades, entre otros.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

LA HORA CERO CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO – PARTE 1

Nos encontramos a 20 días de la inauguración de la COP21, o la 21ª reunión anual de todos los países que quieren tomar acción por el clima. En esta ocasión se llevará a cabo en Le Bourget, Francia, y no podría estar más emocionada. Sucede que los decisivos días del 30 de noviembre al 11 de diciembre, aún cuando existen muchas y muy grandes diferencias entre quiénes estamos informados sobre el cambio climático y quiénes no, entre cómo nos afecta diferentemente a unos y a otros (que explicaré a lo largo de esta contribución que consta de dos partes, por aquello de que me emociono), deberían de celebrarse como si fuera la llegada de los humanos a la luna, porque por primera vez en la historia, la ambición por mitigar el calentamiento global coincide con el tiempo en que es rentable reducir las emisiones gases de efecto invernadero.

Por primera vez en la historia, la ambición por mitigar el calentamiento global coincide con el tiempo en que es rentable reducir las emisiones gases de efecto invernadero.

Es la última gran oportunidad que tenemos para establecer compromisos y frenar el aumento de la temperatura global hasta los 2º establecidos por expertos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) como el límite de temperatura a la que nos podemos adaptar sin significativas pérdidas ni peligros y evitar los temibles 4º o más predichos si continuamos operando a los niveles actuales de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Aquí algo de contexto: con 196 Partes (países), la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) —que es casi universal en su composición y es el marco jurídico en el que se aprobó el Protocolo de Kyoto de 1997— es la organizadora de las COP. Para recordar qué es la CMNUCC, yo opto por la siguiente mnemotecnia: “Cómo Madres Nos Ultrajamos al Cambio Climático”, pero esa soy yo.

Este año se espera que naciones que tradicionalmente no se habían suscrito a los compromisos de reducción de GEI lo hagan, y con más fuerza que nunca.

El último objetivo de los tratados resultantes de la CMNUCC (el Protocolo de Kyoto y el nuevo por firmarse en Francia) es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias humanas peligrosas en el sistema climático. Este año se espera que naciones que tradicionalmente no se habían suscrito a los compromisos de reducción de GEI lo hagan, y con más fuerza que nunca. Además de esto, hay sinnúmero de iniciativas que acompañan a este monstruo de acuerdo que ha tomado más de 5 años en concretarse. A final de cuentas, lograr que el mundo entero se ponga de acuerdo para ver quién paga los tamales y quién se los va a comer puede llegar a ser complicado.

Si usté es de aquellos que aún consideran al cambio climático antropogénico (causado por los humanos) como pura herejía, atentamente le refiero al meta estudio publicado en Mayo de 2013 en la revista Environmental Research Letters que reunió más de 11,944 investigaciones sobre “cambio climático global” de 1991 a 2011 para cuantificar el consenso científico sobre el tema. El estudio determinó que 97.1% de esas publicaciones respaldan que el calentamiento global actual está siendo causado por nosotros los humanos. ¡Sí! ¡La ciencia nos respalda!

Alrededor del 40% de los adultos en todo el mundo nunca han oído hablar del cambio climático.

Pero alto ahí… también es real que alrededor del 40% de los adultos en todo el mundo nunca han oído hablar del cambio climático, de acuerdo a los resultados de un estudio reciente por la Universidad de Yale sobre percepciones de esta problemática. Dicha cifra se eleva a más del 65% en algunos países en desarrollo como Egipto, Bangladesh y la India. Esta ignorancia se presenta también en México, pero eso no es todo. Aún cuando la población conoce sobre cambio climático, muchas veces no entiende cómo se relaciona este con su vida diaria, principalmente porque la mayoría no siente sus consecuencias, y no son las mismas para unos que para otros. Si es así de invisible, entonces, ¿cómo y por qué estarían igual de emocionados que yo de este gran e histórico evento?

Cómo se limite al cambio climático a nivel global no sólo depende de cuántos países firmen el nuevo acuerdo, sino que va a depender de grandes cambios a las políticas públicas y del comportamiento de las personas en cuestiones de uso de energías, transportación, consumo y demás… chanfles. De igual manera, adaptarse al cambio climático va a requerir cambios en las prácticas actuales. Ambas tareas, colosales en su naturaleza, requerirán de un amplio apoyo por parte de los individuos para llevarse a cabo con éxito, por lo que los gobiernos necesitan desarrollar estrategias de educación y comunicación sobre cambio climático adaptadas a su economía, cultura, niveles de educación y muchos otros factores. Es una cuestión de caso por caso, país por país. Pero la COP21 es especial porque países con determinantes grados de influencia política y líderes en las tecnologías sustentables y energías renovables como los de la Unión Europea, los Estados Unidos y China se unen a la firma de compromisos vinculantes, lo que nos da la esperanza de que quizás en tan sólo 5 años de compromisos iniciales más países aceleren sus políticas de transición hacia energías limpias.

Hasta aquí la contribución de hoy. Espero haber podido dejar en claro por qué esta reunión es tan significativa. Mañana les explico cómo es que los efectos del cambio climático se sienten más en algunos sitios que otros y qué nos falta para entender mejor cómo nos afecta a nivel individual.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”