Venezuela: La última gran dictadura de América

Después de la muerte de los ex mandatarios militares Hugo Chávez (2013) y Fidel Castro (2016) gobernantes de Venezuela y Cuba, respectivamente, se creó una ligera idea internacional de que las dictaduras en América Latina llegarían a su fin, los últimos dos dictadores que habían perdurado en el inicio del siglo XXI finalizaban sus gestiones de la única forma en como habían planeado terminarla, a través de su muerte. Grandes revolucionarios que lucharon por la libración y democratización de sus países pero que sucumbieron ante el poder y la demagogia llevando su administración a gobiernos dictatoriales que han durado muchos años trayendo consigo crisis sociales, económicas y geopolíticas, por lo que los hizo los patitos negros de la región latinoamericana.

Juntos se consolidaron bajo una misma ideología, llamada el socialismo del siglo XXI, de idiosincrasia antiimperialista y populista pero disfrazada de una democracia autónoma y libre, nada más alejado de la realidad. A lo largo de los años vimos cómo estos líderes “democráticos” manipularon las leyes a sus conveniencias, participaron en elecciones fraudulentas y totalmente arregladas, provocaron crisis económicas al interior de sus países, rompieron relaciones comerciales con el resto del mundo e hicieron a un lado los derechos humanos de sus conciudadanos haciéndolos pasar hambre, escases y vivir en condiciones atroces.

Pero la historia dictatorial de la región no se extinguió a la par del fallecimiento de estos dos revolucionarios, al llegar la conclusión de sus mandatos, cual sistema monárquico, designaron a su sucesor, al siguiente en la fila, aquel súbdito fiel y apegado a su ideal que continuaría con el trabajo que ellos habían comenzado, permitiendo la continuidad del régimen. Nicolás Maduro en Venezuela y Raúl Castro en Cuba, la dictadura cambiaba de rostro, pero las condiciones a las que se encontraban sometidos los venezolanos y los cubanos continuarían su curso.

La clave de su perpetuidad  de estas dictaduras se centró en dos acciones principales, elecciones ficticias, es decir, fraudes electorales y elecciones arregladas donde se fomenta la participación ciudadana, pero los resultados obtenidos sean según lo planificado y la segunda, la alteración de las constituciones políticas y manipulando la legislación a su antojo para la creación de leyes que conforman hoy todo un sistema institucional de violación de las libertades y derechos fundamentales en esos países.

Esta última es la que ha puesto en marcha el gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela comenzó el proceso para cambiar su sistema legislativo, para cambiar aquella constitución bolivariana que el mismo H. Chávez instauró en 1999 como símbolo de la nueva República de Venezuela. El alumno superó al maestro. Y tras 18 años de chavismo, Maduro comienza una nueva etapa, una nueva constitución y una nueva forma de pasar a la historia alejándose de la sombra de su antecesor.

El madurismo se alza como la nueva dictadura de Latinoamérica, producto directo de todo aquello por lo que Chávez alguna vez lucho décadas atrás. Comienza la dictadura de Maduro con un borrón y cuenta. Y empoderándolo más que a cualquier otro dictador en la historia de Venezuela. Veremos cuáles serán las consecuencias de tales decisiones y el destino que le depara a los venezolanos que son los que más sentirán las secuelas de esta dictadura que se levanta.

Coaliciones: Camino a la victoria

A unos meses de definirse los contendientes para las elecciones de 2018, los partidos comienzan a dejar ver sus objetivos, estrategias y acciones políticas para poder llegar a la silla presidencial, teniendo a la mano infinidad de mecanismos que permitan esta meta. Una de las herramientas más utilizadas es aquella de la coalición entre partidos, una estrategia que ha ido creciendo, y que, gracias a ella, ha dado cabida a victorias inesperadas con grandes cambios en el sistema mexicano. Recordando la coalición victoriosa de PAN-PVEM, a cargo de Vicente Fox, ganando la presidencia en 2000, la primera transición política. O la ya muy usada asociación PRI-PVEM, misma que llevó a Enrique Peña Nieto a la presidencia, y que ha sido de gran utilidad en recientes elecciones para ambos partidos, brindando la posibilidad de hacerse de poder a lo ancho del país.

Es de gran notoriedad que los partidos más grandes están buscando consolidarse mediante esta vía, analizando la mejor combinación posible para lograr el triunfo el año próximo.

Pero una coalición no es una simple suma de votos, donde los partidos más chicos venden su fuerza al mejor postor (aquel que le brinde mayor posicionamiento político), las coaliciones tienen como principales objetivos ser una eficiente alternativa para tener acceso al poder, incrementar la pluralidad partidista y fomentar la democratización política mediante la participación de la oposición, sin caer en un bipartidismo que daña directamente al país.

Sin embargo, la esencia de las alianzas se ha perdiendo en México, desempeñándose incorrectamente, incumpliendo dichos objetivos y poniendo en duda la funcionalidad y credibilidad de la partidocracia. Los partidos más chicos han llegado al grado de venderse, por no decir prostituirse, bajo la bandera de una alianza política.

Y es que estos, los partidos pequeños, son los más grandes favorecidos como resultado de esta colectividad, sin importar si se consigue el triunfo o no. Debido a que la asociación les asegura mantener el registro y continuar en al ámbito político, anteponiendo sus intereses partidistas sobre la verdadera razón y función de las coaliciones. Se ha convertido en mera costumbre política y todo un negocio la asociación entre partidos, inclusive entre aquellos que ideológicamente son antagonistas. Los ideales quedan en segundo término cuando de sobrevivir se trata.

El abuso de esta práctica se ha monopolizado y los partidos de reciente creación o de menor tamaño juegan un rol de acompañantes en cada elección, en un juego político incoherente y tergiversado, donde un partido puede ser aliado de otro, aunque posean una idiosincrasia contraria, o aliarse en una región y ser adversarios en otra en el mismo año, en la misma elección.

Por lo pronto las alianzas partidistas son un mal no tanto necesario, pero sí muy presente en la vida política del país, donde a los partidos políticos más grandes se les acabo la capacidad de bastarse para sí mismos compitiendo solos, y dejando entrever que en la actualidad ningún partido logrará la victoria por méritos propios. No les queda más opción, que dejar a un lado toda vanidad y orgullo, juntándose hasta con su acérrimo rival, siempre y cuando esto les otorgue la presidencia, que para el 2018 no será cualquier victoria, sino un gobierno en la etapa de mayor incertidumbre política, social y económica.

El futuro del país pende de la próxima alianza y su capacidad para persuadir la mayor cantidad de electores. Esperemos se la más óptima y no la más incongruente.

Voto Duro: El mal de México

El pasado 4 de junio del presente año, cuatro entidades federativas celebraron elecciones locales para distintos puestos políticos, entre los que se encontraban candidatos a gobernador, alcaldías y diputaciones. Unas elecciones nada sencillas, por un lado, la elección local más importante, por tamaño poblacional y económico, la del Estado de México, y por otro, la última competencia de la partidocracia previo a las elecciones por la silla presidencial. Todo está en juego y, como muchos afirman, una probada de lo que será el próximo año de conflicto partidista. Pero ¿qué pudimos darnos cuenta con lo acontecido?

Lo primero, las encuestas y los análisis vuelven a quedarse cortos con los resultados predichos, a pesar de no tener datos oficiales por el INE, es claro que el PREP nos muestra una realidad lo más cercano a la resolución final, y está es la de, como virtual ganador en las gubernaturas el PRI, tanto en Coahuila como en Estado de México.

Con altas expectativas se inició la jornada electoral y con encuestas en mano que apuntalaban a Delfina Gómez y Guillermo Anaya, con MORENA en Estado de México y con el PAN-PRD en Coahuila, respectivamente, a ser los rotundos ganadores, se finiquitaron con lo cerrado que se tornaba la contienda. Las esperanzas fueron cayendo poco a poco, y así, conforme se transcurría la noche y el PRI tomaba fuerza para posicionarse en primer lugar de las preferencias del electorado.

Lo segundo, aún le queda poder a ese monstruo político, llamado PRI, cual posee entre sus organizaciones e institucionalismo, la capacidad para convocar a masas sociales para obtener la mayoría de los sufragios, condicionando el voto.

Y tercero, el abstencionismo, mismo que pareciese no extinguirse, 1 de cada 3 mexicanos decide no ir a las urnas a ejercer su derecho de elección y contribuir a la democracia nacional, prefiere quedarse en casa y dejar en manos de otros tomar las decisiones y los liderazgos que administrarán el futuro del país.

Estas tres razones se ven reflejadas en el voto duro, el mal de todos los males, un sufragio condicionado y forzado, que abusa de las necesidades de la sociedad para obligar a los ciudadanos a elegir a un partido especifico, con fuertes consecuencias en caso de no hacerlo. Un voto duro que las mismas encuestas son incapaces de calcular, imposibilitando sus predicciones correctas, sesgando todo resultado posible. Y que es, incluso, mayor que el mismo abstencionismo, que no perjudica a los partidos, pero sí a la sociedad misma.

Con todo esto, el PRI dejó en claro una cosa, no es tan débil como pensamos, no lo subestimemos, el PRI no es sólo Enrique Peña Nieto y su mala administración, o la camada de gobernadores más corrupta de la historia, el PRI es, y seguirá siendo, una de las instituciones mejor organizadas que tiene la región y eso le es suficiente para, aún, ganar elecciones, apoyado en su voto duro.

Así que no lo hemos visto todo, y el conflicto mayor apenas comienza, a un año de las próximas elecciones todo puede pasar y nada está escrito.

AMLO: Efecto Domino

Esta semana salió a las redes sociales una entrevista de Andrés Manuel López Obrador realizada por el periodista Jorge Ramos, en un diálogo breve, pero con una serie de preguntas que muchos nos hemos planteado más de una vez y que, a pesar de algunas evasivas por parte del presidente de MORENA, logra dejar en claro su mensaje y primordial línea de acción para su próxima campaña y posible presidencia, ELIMINAR la corrupción. Para el final de la emisión Jorge Ramos propone salir y continuar la conversación en plenas calles de la Ciudad de México, remarcando la ausencia de escoltas, nos hacen notar la tranquilidad con la que pueden transitar en el exterior. En una plática con tinte más amistosos, lo más parecido a una charla que a un cuestionamiento. Muchos transeúntes se detienen a saludarlo e, inclusive, a mencionar admiración hacia su persona y trabajo. Andrés Manuel puede presumir caminar libremente por las calles de una ciudad, sin tener la preocupación de ser atacado verbal o físicamente, muchos de su posición quisieran tener algo de esa libertad.

Sin embargo, centrándonos en la premisa, AMLO afirma que para eliminar la corrupción tendrá que hacerse de arriba hacia abajo, de los lideres a las masas, del presidente pasando por los gobernadores hasta el último funcionario público del sistema político, y así, como por arte de magia, un efecto domino y arrasador cambiará la forma en cómo se han venido haciendo las cosas, donde si el presidente y los líderes nacionales son honestos e incorruptibles, afectará, positivamente, a cada ciudadano del país. Cada individuo del orden social o político acatando puntualmente el ejemplo que sus gobernantes pregonan.

Se acabarán los lujos, los privilegios y los altos salarios para los funcionarios públicos, se actuará con el buen ejemplo y se rescatarán los buenos principios y valores, recluidos en lo más profundo de la cultura y sociedad mexicana, como hace mención López Obrador. Y cuál virus, o propagación viral, la honestidad y honradez que se adjudica el próximo candidato, contagiará a cada persona.

En mi opinión, no lo veo como una hazaña imposible de realizar, pero, lo considero un pensamiento demasiado soñador, por no decir iluso, que abusa de inocente, creer que automáticamente la sociedad cambiará por el simple hecho de seguir el ejemplo de los políticos. Cuando la imagen de ellos [la clase política], es de las más desprestigiadas y en la cual la comunidad tiene menor confianza.

No veo a un Andrés Manuel como el próximo dictador autoritario que tanto han tratado de adjudicarle, desprestigiándolo e ilegitimándolo, pero por más mesiánico que pueda ser el accionar, de él y sus allegados, difícilmente ese cambio llegará a afectar a su oposición en pro del país, por bueno que eso fuera.

Actualmente, la figura del presidente está por los suelos, en niveles históricos de desprecio y aberración, por lo que al siguiente le costará bastante recobrar la buena imagen perdida. No será en poco tiempo, estabilizar esa reputación desgastada para posteriormente ganarse la total aceptación y ganas, por parte de la sociedad, de seguir su ejemplo. No suena imposible pero tampoco rápido, no lo desmiento, pero tampoco creo factible su plan, solo quiero dejar expuesto que para erradicar la corrupción no basta simplemente en poner el buen ejemplo y dejar que la sociedad haga el resto, azarosa y libremente.

Aún queda un año de contienda y esto apenas comienza. Tendremos que esperar como en unos meses, con los resultados obtenidos en las elecciones de este año y la definición de sus contrincantes, el rumbo que su discurso tomará y como afectará en las promesas de campaña.

Ya veremos si esta idea utópica se mantiene o se mejora en acciones más concretas y planes que terminen convenciendo hasta al más opositor de MORENA.

Paranoia: Caja China




Fin de las vacaciones, pero este periodo de descanso no tuvo cabida en la agenda que concierne a la política y a los medios de comunicación. Que, entre días festivos religiosos y asuetos, en una semana la actual administración federal se embelleció con dos noticias que sacudieron y asombraron a más de uno.

La captura de dos exgobernadores de tan finísimo perfil, si de corrupción se está hablando.

El primero, Tomás Yarrington, exgobernador de Tamaulipas, priista hasta su expulsión en 2012, deslindándose –el partido– de Yarrington debido a las acusaciones de las presuntas anexiones con el narcotráfico, capturado en Italia el 9 del mes y año presente y con aún un proceso de extradición y destino inciertos.

Y el segundo, Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, igualmente priista hasta que el mismo partido dictaminó su destitución el año pasado, por “falta de probidad”, palabras que se quedaron cortas a la verdadera situación de desfalco que dejo al estado.

Ambos de la misma camaradería del presidente Enrique Peña Nieto, mostrándose afín a ellos en los inicios de sus respectivas gubernaturas, pero que en este momento tanto él como el PRI hace lo que sea por lavarse las manos de la antigua correlación que mantenían. De colegas a prófugos de la justicia, enemigos públicos, y chivos expiatorios del partido.

Dos noticias que sin conocer el contexto en el que se encuentra la política mexicana hablaría de un logro sin lugar a dudas.

Pero el ciudadano mexicano ha caído en una total incredulidad hacia cualquier noticia que se le presente en el día a día del país y su política, por una parte, la falta de confianza hacía con las instituciones, sea cual fuere y, por otra parte, un poco de paranoia social.

Sí, paranoia social, es decir, cualquier noticia por buena que fuese siempre será impregnada con una doble intención oculta para mantener enajenada y mal informada a la sociedad, noticias que distraen el foco público de situaciones de delicada índole.

Acontecimientos creados por el mismo gobierno para despistar a las masas y, por consiguiente, su manipulación cuya finalidad normalmente recae en asuntos electorales.

Podría afirmar que en este país no existen las buenas noticias, porque cada una de ellas siempre esconderá una maquiavélica, falsa y mal intencionada acción. Una aseveración un tanto dramática que bien puede ser tomada como cualquier otra teoría conspirativa donde internet está más que plagada de este tipo de historias.

Así que me gustaría concluir con un poco menos de paranoia y darles cabida a las buenas intenciones de gente buena que, en mi parecer, aún existen en este mundo, sin desmeritar las buenas acciones que estas pocas personas están creando para tener un mejor país. Sin defender a nadie, ni partidos, ni mandatarios o servidores públicos, solamente dejando de lado esa manía por desacreditar toda noticia donde la única razón de su existencia proviene de ser una caja china.

Siempre será mejor que si alguien quiere realmente mantenerse interesado por los acontecimientos del país, este se informará bien, comparará noticias comprobando su veracidad y sin dejarse llevar por temas amarillistas y falsas noticas, cuestionará las fuentes y dará espacio a la desconfianza hasta rectificar una noticia como verdadera o falsa. Sin distribuirla solo por alentar esta paranoia y desacreditar al gobierno.

Una sociedad bien informada no es manipulable y seguir con esta paranoia social no beneficia a nadie. Si no queremos ser títeres de un gobierno vil seamos nosotros los que pongamos alto a esta demencia informativa e informémonos con historias verdaderas.




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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

AMLO y el Estado de México, ¿será posible?

En los últimos años los mexicanos hemos sido testigos de la paulatina, y algo lenta, democratización política, es decir, en un proceso que comenzó hace ya varias décadas de pluralidad partidista hasta el día de hoy que vemos cambios políticos sin precedentes, el partido único, el PRI y su hegemonía absoluta en el territorio nacional han sufrido fuertes golpes electorales, al grado de poner en duda hasta el más experto analista político al dar una predicción acertada del ganador en cualquier tipo de elección.

Cada día es más difícil presagiar el resultado de una elección política debido a cuestiones multifactoriales que han demostrado afectar el resultado por la mínima diferencia porcentual. Sin embargo, tenemos que aceptar que existen municipios, distritos o estados donde el dominio de un partido sobre la preferencia del electorado es clara e incondicional.

Tal es el caso del Estado de México una de las pocas entidades donde no ha habido alternancia política alguna desde que se consolidó el sistema político moderno en el país.

La influencia y poderío que ha caracterizado la prevalencia de un solo partido en esa entidad federativa ha quedado para la historia e inclusive ha sido como preámbulo político de gran cantidad de funcionarios que ven su estancia en la entidad como catapulta hacia las grandes ligas, por nombrar a alguien, el actual presidente Enrique Peña Nieto, anteriormente gobernador del Estado de México y en la actualidad, presidente de la república.




Este año es el turno del estado de renovar a sus representantes, empieza la cuenta regresiva de dos meses de una guerra sucia campal -que llevan en la psique social mucho antes de lo autorizado- y una pizca de lo que nos espera a nivel nacional en el 2018, pero las piezas parecieran jugarle en contra al partido dominante, la ya muy desprestigiada imagen de la institución en los tres niveles de gobierno, encuestas que aseveran un virtual ganador, mientras otras nombran a la contienda como la más reñida nunca antes vista en la entidad y el impetuoso deseo por parte de la población por una alternativa diferente son obstáculos que nadan contracorriente del partido. El PRI la tiene difícil, por no decir perdida la elección.

Sin embargo, la pérdida de un bastión priista como lo es Edomex, porta una cantidad de vicisitudes que ponen en jaque no solo no poder gobernar la entidad por seis años más, sino arriesgan dejar ir la mayor fuente de aportación de votos y contribución presupuestal que llegan a las barcas del partido.

Así que este escrito se basa principalmente en el siguiente cuestionamiento y que del cual derivan muchos más y cuyas respuestas solo serán descubiertas con el paso del tiempo, ¿cuáles serían las consecuencias si el PRI por primera vez perdiese la gubernatura de Edomex?




Y si de ser el caso, los cuestionamientos se multiplican, ¿la alternancia inclinaría hacia la candidata del PAN o a la de MORENA?, ¿Cuan parecido será esta contienda electoral con lo propio en el 2018?, ¿La pérdida del Edomex es prueba irrefutable de la derrota en la elección presidencial?, ¿El PRI se desmorona poco a poco dejando de figurar como primera fuerza? ¿Cómo será el accionar de él o la candidata que gane, no priista, sin las estructuras organizativas con las que cuenta la actual administración? ¿Perder Edomex implica que su invicto electoral tiene fecha de caducidad en otros estados?, ¿El voto duro como el de estados de esta índole ya no impactan en elecciones? Un sinfín de preguntas y lo que nos espera.

Y, por último, pero una de las más importantes ¿qué posibilidad existe de que sea la candidata Delfina Gómez la vencedora?

Es posible que el PRI haya dado por sentado su fracaso en las elecciones presidenciales y repetir lo ya ocurrido en el año 2000, entregar la silla presidencial, pero arriesgarse a perder Estado de México es manifestar una rotunda e innegable fragmentación institucional y dejar a la postre flaquezas y debilidades que bien serán aprovechadas por los otros partidos.

Andrés Manuel López Obrador esta consciente, más que nadie, de esto y asegurar su primer triunfo a nivel estatal, y no hablamos de cualquiera entidad, aporta de manera inmensurable beneficios a su plan por vencer en su tercer intento por la presidencia.

No cabe duda que la incertidumbre está a la orden del día y la moneda ya está en el aire por lo que intentar darle respuesta a las preguntas que surgen al examinar los distintos escenarios es muy osado hasta para el más especializado analista. Mucho está en juego y poco a poco somos testigos de grandes hazañas electorales en donde los resultados han dejado boquiabiertos a más de uno y contradiciendo cualquier lógica o sentido común.

La era de los antisistemas, los cambios políticos de 180 grados y de resultados totalmente inesperados están siendo la expresión de una sociedad hastiada de la forma en como sus líderes los han gobernado en los últimos años. Y México no es la excepción.

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El peor de la historia

El pasado martes del presente año, los mexicanos conmemoramos un aniversario más del natalicio de uno de los personajes de la historia del país más conocidos y respetados por los acontecimientos históricos que le preceden; el abogado y expresidente Benito Juárez.

Una historia cargada de heroísmo y superación personal donde un oaxaqueño de origen zapoteca contra toda adversidad logra llegar a la presidencia y promulgar una serie de reformas que enaltecían el nombre de México en el ámbito legislativo. Un avance en la historia liberal y democrática del país en aras de una igualdad social absoluta.

Sin embargo, muchos historiadores tildan a Juárez como “la mejor mentira jamás contada en la historia del país” dejando entrever la verdadera faceta en torno a esta figura histórica. De traición, racismo e hipocresía está llena la vida de este expresidente, con reformas de dudosa autoría y procedencia, con un repudio al indigenismo y con tratados internacionales que debilitaban fuertemente la soberanía del país, se caracteriza la época juarista.

Juárez duró en el poder 11 años, pudiendo haber sido más, pero la muerte le encontró una mañana de 1872, candidato y vencedor en tres distintas elecciones mismas que se recuerdan con tintes fraudulentos o que debido a la situación bélica con potencias internacionales sirvieron de contrapeso para catapultar al oaxaqueño al cargo presidencial.

Recordado como el mejor presidente de México

Mucho se habla de su contemporáneo Antonio López de Santa Anna, el ya conocido como el mayor traidor a la patria, donde por salvar su vida cede territorios norteños a los Estados Unidos, resultando en la perdida de la mitad del territorio nacional que poseía México a mediados del siglo XIX.

Pero poco se habla del tratado McLane-Ocampo, negociado y firmado por el juarista Melchor Ocampo, una de las manos derechas del presidente y que contaba con el total respaldo de Juárez, estableciendo un contrato en el cual México cedía el libre tránsito por el Istmo de Tehuantepec a cambio del reconocimiento del gobierno juarista y de dinero para enfrentar la guerra de Reforma. Un documento que de facto dañaba la soberanía nacional y convertía a México en una nación dependiente de los Estados Unidos.




Benito Juárez era capaz poner en jaque la autonomía de México y hacerlo un peón más del adoctrinamiento estadounidense en pro de conseguir y satisfacer sus propios intereses, se dice que con él comienza el régimen clientelar, de represión y sometimiento que continúa sufriendo México hasta nuestros días. Y que podemos verlo en tratados como el Tratado de Libre Comercio (TLC), aplaudido y criticado por propios y ajenos, pero que subyuga al país a las necesidades mercantiles de nuestros vecinos del norte.

O en reformas como las establecidas por el actual presidente, Enrique Peña Nieto, como la reforma energética que este año entra en total funcionamiento, cediendo recursos públicos mexicanos a manos de corporaciones privadas nacionales e internacionales, con la excusa del avance globalizado e internacionalización del mercado. Y que asimismo como a Juárez sus reformas no tuvieron gran aceptación al inicio de su promulgación y que no eran vistas con buenos ojos por gran parte de la población mexicana debido a los cambios radicales que generaría su instauración.

En la actualidad a EPN se le ha etiquetado como al peor presidente de la historia, inclusive por debajo de “villanos” presidenciales como Porfirio Díaz o López de Santa Anna, todo esto en parte a su total impopularidad, su ineficiencia política, su pésima administración y su incapacidad intelectual que lo han caracterizado.

Pero Peña Nieto no ha sido tan diferente a Juárez, viéndolo fríamente, han mantenido similitudes y que solo el tiempo y la historia dará juicio correcto en posicionar a Peña Nieto como héroe o villano, todo esto como el resultado obtenido de sus reformas, peculiaridad directa de su administración.

Por un lado, la historia ha sido benéfica con Juárez y hasta el momento le recordamos como un héroe que pese a sus fallas contribuyó a la democratización del país, mas nadie recuerda las campañas de desprestigio en su contra, los fraudes electorales o su mala administración, pero le recordamos sus reformas, con sus beneficios obtenidos a largo plazo y su triunfo por defender el gobierno nacional ante invasiones, como la francesa.




Pudo haber sido el peor presidente que ha gobernado al país, pero la historia misma lo beatificó y hoy a más de 144 años de su muerte conmemoramos sus acciones y celebramos su vida.

Por lo que esto me hace pensar si la historia ejercerá de igual manera su juicio sobre las acciones del actual presidente, dándole a la sociedad la última palabra y siendo el verdugo en definirlo como alguien que beneficio o perjudico a México.

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Independientes: La nueva moda

En recientes años el sistema político dedocrático y alineado que imperaba en México durante el siglo XX se tornó impráctico o mejor dicho pasado de moda. Las modificaciones a la ley electoral 2012 y lo acontecido por el gobierno estatal de Nuevo León en las elecciones de 2015 fueron el parteaguas y mecha alentadora hacia la independización partidista. Para el resto de la masa política con aspiraciones de continuar en la contienda electoral vieron esto como una alternativa para seguir viviendo del erario público.




Dejando un mensaje un tanto esperanzador, y es que si el partido no ampara una continuación en la administración pública, la vía más fácil y rápida de preservación política es la independencia partidista. De deslealtad están llenas las filas de candidaturas independientes, limerentes a obtener el poder bajo la ideología de renovación y regeneración. Creyéndose exentos de los errores de sus antiguos partidos y capaces de ser el verdadero cambio anti sistémico.

Desertores en su mayoría, provenientes de alguno de los principales partidos políticos que predominan el poder en el actual sistema y que actuaron como limitantes con la subsistencia de su liderazgo, ya sea excluyéndolos de contiendas internas o candidaturas de elección popular.

La historia comienza en el 2013 con Raúl de Luna Tovar en el municipio de General Enrique Estrada, Zacatecas, convirtiéndose el primer candidato independiente en obtener una alcaldía en la historia del país, ex panista, que vio sesgada su carrera al negársele su participación.

Pero el caso más sobresaliente se lo lleva Nuevo León, posicionando al primer gobernador apartidista, en una de las victorias más contundentes de la historia del estado, ex priista que aprovechó una ola de situaciones y errores de su antiguo partido que favorecieron su éxito.

Muchos pensaron que la tendencia se limitaría a cuestiones locales y casos aislados, pero lo acontecido con el nuevoleonense Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, propició una reforma en la ley electoral en 2015 cuya intención central fue la de obstaculizar y detener el frenesí independiente que acechaba las elecciones estatales de 2016.




Sin embargo, esta regulación, llamada Ley Anti-Bronco, se quedó corta y la capacidad para limitar el auge de los independientes a lo largo y ancho del país no cumplió su objetivo. Al parecer el apogeo independiente alcanzará hacerse presente en las elecciones del 2018.

Y en algunas encuestan los colocan entre los primeros lugares de preferencia ciudadana, variando según el candidato, pero el peso opositor que representan los independientes mantiene su valor electoral. Ampliando el abanico de opciones en la boletas electorales incidiendo directamente en las prebendas de los partidos, siendo la dilución del voto el principal daño.

La libre competencia y el contrapeso de una oposición fuerte son elementos esenciales en el camino a la construcción de la democracia en México, pero no se puede constituir un país más democrático con una oposición formada a partir de caprichos y obsesiones por el poder.

La idealización de las candidaturas independientes y sus supuestos líderes mesiánicos se alejan de la verdadera necesidad democrática de la ciudadanía y los constantes cambios anti-sistémicos, que se han extendido por todo el mundo, alimentan el hartazgo de una sociedad cada vez más alejada de las urnas.

En mi opinión, el respaldo que reciben las candidaturas independientes es más una forma de protesta social hacía los partidos que un apoyo incondicional al candidato y que ha incrementado por la ineficiente administración federal en turno, sin embargo, muchos errores han acarreado todos los partidos: casos de corrupción, despilfarros económicos y deudas desorbitantes, aumento de la pobreza y obras públicas en mal estado, haciendo que las candidaturas independientes sean más una consecuencia que una solución al mal gobierno pero manteniendo las mismas malas mañas de las filas que integraban.

Esta moda independista no distingue de colores partidistas y es que desde 2013 la cantidad de políticos que escaparon de las filas de un partido aumenta exponencialmente, al parecer cada vez más son los iluminados, por una divinidad democrática, que los hace reflexionar y decidir desistir de su partido para ser la solución a los problemas de México.

Pero este camino a la democratización mexicana será difícil y largo con un reto sin precedentes, pero el primer paso será superar este periodo de transición donde los independientes provengan de los partidos usada como una válvula de escape y seguir en las contiendas electorales al del uno más civil y moralmente comprometido con la ciudadanía, al candidato naciente de la necesidad misma de la comunidad y aquel que anteponga los intereses que beneficien a México y no los de su persona.




Aún estamos lejos de llegar a este punto y más aún de tener el primer presidente de la republica de origen independiente, sin embargo, este proceso alienta a la ciudadanía a ser más participe de la vida política del país y de formar parte de las soluciones para mejorar la situación que lleva años aquejándonos, el 2018 seguirá siendo de algún partido predominante y los independientes como mencione absorberán una proporción de votos de dichos partidos, pero si la tendencia continua con el aumento del frenesí independiente y la ciudadanía lo hace suyo, en 2024 está podría ser otra historia y México se consolidaría como un país más democrático.

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Centenario Patriótico

Chihuahua, 1916 – En los inicios del siglo XX México se encontraba en la antesala de una guerra debido a una de las relaciones más tensas que ha tenido con los Estados Unidos, cuando el ejército norteamericano comandado por el general John J. Pershing emprendió una búsqueda ilegal por el norte del país para capturar al revolucionario Pancho Villa.

Ante las hostilidades el presidente en turno, el general Venustiano Carranza, respondió a la amenaza con lo que se conoce como la batalla del Carrizal resultando México vencedor. Con esta victoria el ejército constitucionalista protegió la soberanía y dignidad mexicana.

Este suceso fortaleció la creación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el 5 de Febrero de 1917, la cual es la consolidación escrita e institucionalizada de la autonomía mexicana como una nación libre y soberana.




Pionera en la promulgación y defensa de los derechos sociales, no por nada nombrada “la primera constitución social del siglo XX”. Producto directo de la revolución y el impedimento de una tercera intervención estadounidense, a pesar de la inestabilidad nacional y mundial, México logró la creación de una Carta Magna que ha sido usada como ejemplo y punto de referencia para futuras a lo largo y ancho del globo terráqueo.

El pasado domingo festejamos su primer centenario desde que se decretó en la ciudad de Santiago de Querétaro. Un aniversario que pasó desapercibido, sin pena ni gloria, o bueno, algo de pena, eclipsado por uno de los eventos deportivos más fieles al sistema capitalista y de consumista representativo de los Estados Unidos y que imperiosamente ha impuesto a lo largo del mundo, el Super Bowl.

¿Dónde quedo el #ConsumeLocal o lo Hecho en México? ¿Alguien al menos recordó por que el lunes fue feriado?

Al parecer, y no es por generalizar,  se hizo notar nuevamente la doble moral del mexicano, o al menos la de los más de 5 millones de televidentes que estuvieron al pendiente del evento, no me mal entiendan, no se trata de entremezclar ambos temas –políticos y deportivos-, sin embargo, no podemos dejar de lado la faceta cívica que nos corresponde como participes legítimos de dicha constitución.

No hago mención a dejar de ver el Super Bowl y sustituirlo por un partido nacional, mi referencia va centrada a no echar en saco roto lo establecido en cada una de las paginas constitucionales, en la historia y el esfuerzo que nos llevó consolidarnos como una sociedad regida por una constitución a la altura de las circunstancias.




¡Felicidades a los patriotas!, pero… A nuestros compatriotas constitucionales, a cada uno de aquellos mexicanos que a pesar de no conocer a fondo lo establecido en la Constitución mantienen vigente lo ahí instituido. Al ciudadano civil que exige sus derechos una vez cumplido sus obligaciones, que respeta a sus conciudadanos y que no se excusa con la idea tan mediocre expresada, inclusive por líderes políticos, –el que no tranza no avanza-.

Cien años no se dicen fácil aún más con la complicada situación en la que nos encontramos nuevamente en una relación muy tensa con los Estados Unidos, por un presidente que violenta nuestra soberanía y pone en tela de juicio nuestra capacidad de defendernos.

La historia se repite y solo los más astutos sacan provecho de ella y evitan repetir los mismos errores. Entramos a un segundo siglo de vigencia constitucional y está en nuestras manos impedir que esta sea la más afectada, cuando somos los primeros en olvidarnos de que existe.

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Todos somos #EPN hasta que…

Apenas comenzamos con el segundo mes del 2017 y Enero ya se ha visto envuelto en un sube y baja de emociones que tiran de un lado a otro la perspectiva de cada ciudadano, apoyar o no al gobierno mexicano, o más específico aún, apoyar o no al presidente Enrique Peña Nieto.

Este respaldo se ha convertido en todo un dilema que cambia día a día, alterándose con cada decisión tomada por sus gobernantes o situación que ponga en jaque la estabilidad mexicana.

La sociedad abrió el año con una ola de marchas y protestas a lo largo y ancho del país, motivados por una idea y un enemigo en común, EPN y su gasolinazo, mismas que se empoderaron al grado de tornarse sumamente violentas.

Causando indignación y enfriando el hervor de las manifestaciones, extinguiendo con ello la mecha de una revolución social pacifica que se había esparcido por todo el territorio mexicano y que ahora solo quedan aislados restos de exigencia social.




Sin embargo, podemos resaltar dos puntos importantes de todo:

  • El mexicano aún posee ese sentido de unidad y capacidad de exigir y ser escuchado.
  • Pero en cambio, persiste una latente indiferencia en el mexicano abusivo que en cuanto tiene la oportunidad abusa de la situación y prefiere un beneficio temporal a costa del trabajo y sacrificio de los demás.

Posteriormente, unas semanas después inicia una nueva era con la presidencia más controversial que el mundo contemporáneo ha visto, la de Donald Trump, con gran osadía mantiene y remarca su discurso xenófobo, reafirmando su propuesta, ¡el muro será construido!, detonando el desprecio de cada mexicano hacia el dirigente neoyorquino, resaltando de nuevo dos características en el ciudadano mexicano ofendido:

  • Mientras exista un enemigo en común la sociedad mexicana tendrá la capacidad de unirse.
  • El mexicano olvida fácilmente, siempre y cuando el repudio y odio se centre en otra figura, podemos dejar de un lado haber despreciado rotundamente a EPN semanas atrás para ser sustituido por Trump, al grado de recibir apoyo e incluso ser elogiado por las decisiones tomadas, como no acudir a una junta.

Tal parece que la desaprobación del mexicano cambia de rostro constantemente y el apoyo que reciba un gobernante dependerá del discurso que mantenga, a favor o en contra del mexicano, moverá el rechazo de un lado a otro.

Por último, me pregunto ¿Cuánto durara este apoyo temporal al presidente? Cuando tenemos en puerta otro gasolina.




En lo que a mi concierne, la herida aún no ha sanado, el daño a la sociedad por el primer gasolinazo sigue fresco y que suceda otro en un periodo tan corto reanimará la unidad contra el gobierno, pero en esta ocasión más dura que la pasada.

Por ahora este enemigo se ha vuelto un aliado, e inclusive más que eso, un líder, que defiende al país y que ha sobrepuesto la dignidad de los mexicanos, pero no le durará mucho y cuando la moneda se voltee ya no habrá más apoyo que restar, a la ya muy desgastada imagen del presidente.

México ya no está para estos juegos, se ha acabado la paciencia para soportar los sube y baja de la montaña rusa en la que ha colocado el gobierno a la sociedad mexicana, cambiando de enemigos cada 5 días y pensar que este brincoteo nos mantendrá entretenidos por años, es absurdo.

Solo hay un enemigo público y cada vez más parece llamarse gobierno, llenándose de enemistades a niveles como no se había visto en México, si Enero fue difícil aceptar el alza de impuestos, las siguientes malas decisiones que el presidente tome chocaran con una sociedad harta, fastidiada, intolerante y radical, encontrándose con una bomba de tiempo a punto de estallar, imparable una vez que explote.

¿En qué escenario EPN terminará su gestión y cómo la recibirá el próximo presidente? Al parecer la confianza social se está extinguiendo, y los pocos candidatos que están en la mesa no parecen ser la esperanza que México requiere.

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