AMLO, presidente y vocero

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El presidente acapara tanto la opinión pública que omite una regla general de comunicación: el vocero no puede ser el CEO

Ya comenzaron a circular los spots correspondientes al primer informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Dejaré el análisis de logros y desaciertos para las siguientes columnas, ya que en esta ocasión me voy a centrar en cómo ha sido la comunicación de todo el gobierno en el primer año de la 4T. 

Si algo ha resaltado en la comunicación de AMLO y el gobierno federal, han sido las mañaneras. Un espacio que se convirtió en el repertorio de notas para los medios de comunicación. Y es que en esos 90 minutos que duran en promedio, el presidente ofrece una cantidad de quotes sobre temas tan diversos y en ocasiones irrisorios, que prácticamente se vuelven la nota del día. 

Esto capitalizado al vacío que existe en la oposición de los partidos políticos, quienes no tienen de otra más que bailar al son que les tocan en palacio nacional. 

Pero si algo han exhibido las mañaneras es la falta a una regla general de comunicación: el vocero no puede ser el CEO de una corporación. Para este ejemplo en particular, la corporación es el gobierno de México y la posición de vocero la tiene acaparada López Obrador. ¿O alguien puede decir el nombre del director de comunicación de la presidencia?

Tradicionalmente la vocería en una corporación la ejerce el director de prensa o un puesto directivo que no es el director general. Para efectos del gobierno de México, la vocería le tendría que corresponder a Jesús Ramírez Cuevas (que de manera oficial así es), Director de Comunicación, o a alguno de los secretarios del gabinete. Así lo han intentado en algunas ocasiones, pero es tal el peso de las palabras de López Obrador, que toda figura que no sea el presidente, pasa desapercibida. 

En estos meses son pocos los funcionarios que han destacado en términos de comunicación. Podemos nombrar solamente a Marcelo Ebrard y por circunstancias extraordinarias, como la crisis de los aranceles y el tema migratorio. Fuera del canciller, el resto de los miembros del gabinete brillan por su ausencia, al menos como vocería del gobierno federal. 

Lo mismo se puede decir de la comunicación que se genera desde el gobierno federal, los spots y las campañas que se generan desde cada secretaría no logran permear en la audiencia, ya sea por su falta de solidez o porque se ven opacadas ante los efectos de las mañaneras y el presidente. 

La pregunta que queda es si esta nueva forma de comunicación mañaneras/AMLO funciona o si la ausencia de voceros más allá del presidente le terminarán cobrando factura en un futuro a corto plazo. 

Lo sabremos al tiempo, más pronto que tarde.

Preocúpate Rosario, preocúpate Peña

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El encarcelamiento temporal de Rosario Robles es el primero que se le dicta a un Secretario de Estado en 30 años y puede ser una de las puertas de entrada para ir por el pez más gordo: el expresidente Peña Nieto

Conforme corrían las horas en un juzgado del Reclusorio Sur en la Ciudad de México, la sonrisa y la confianza de la otrora poderosa secretaria de estado, Rosario Robles, se desvanecía. 

Y es que lo que en un principio era un exceso de confianza se convirtió en un suplicio, al ser vinculada a proceso por el delito de ejercicio indebido del servicio público, y para sorpresa de todos, dictada la prisión preventiva por dos meses.

El que Rosario Robles pise la cárcel, aunque en principio solo sean dos meses, manda un mensaje seco al grupo político del expresidente Peña Nieto. 

Es la primera vez que un exsecretario o exsecretaria de estado es encarcelado desde el caso de Eduardo Pesqueira, secretario de Agricultura en el gobierno de Miguel de la Madrid, detenido en el primer año del sexenio de Carlos Salinas.

Lo que está pasando con Emilio Lozoya, Juan Collado, Alonso Ancira y ahora Rosario Robles, parece una estrategia precisa por parte de la Fiscalía General de la República, comandada por Alejandro Gertz Manero, un hombre que habla poco, pero está demostrando que actúa mucho. 

Las incógnitas que quedan al aire son si la Fiscalía General logra armar expedientes de peso para comprobar los presuntos actos ilícitos por los que se imputan a los implicados en la Estafa Maestra, la venta fraudulenta de Agronitrogenados, Odebrecht y Caja Libertad, y que estos sean castigados con todo el peso de la ley. 

La otra incógnita es si estos caminos desembocan en llevar ante la justicia a quien fuera la cabeza de un gobierno lleno de corrupción y nepotismo, Enrique Peña Nieto, quien actualmente disfruta de su libertad con total confianza, ¿no te preocupes Peña?

Réplica a Salvador Alva, presidente del Tecnológico de Monterrey

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Creer que la pobreza se soluciona creando más riqueza es legitimar la desigualdad y desconocer la realidad histórica de nuestro país.

Este martes 23 de julio grupo Reforma publicó una columna de Salvador Alva, Presidente del Tecnológico de Monterrey. El escrito denominado “Creando riqueza y bienestar” me llamó mucho la atención por la forma en la que parece legitimar la desigualdad en México. A través de este texto doy réplica puntual a lo escrito por el directivo. 

Para Salvador Alva la pobreza siempre ha existido, y lo que inventamos recientemente es cómo crear riqueza, “y eso nos ha llevado a una reducción dramática de la pobreza: sólo creando riqueza se crea bienestar y se reduce la pobreza”.

Si esto fuera cierto, estimado Salvador, México no sería uno de los 20 países con más millonarios, y a la vez uno de los 15 países con el mayor número de pobres (Animal Político, 2017).

Como lo señala Carlos Brown en la revista Nexos, México es un país en el que  “los grandes edificios en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, los autos de lujo de San Pedro Garza García en Nuevo León, o las grandes casas porfirianas del Paseo de Montejo en Mérida resulta terriblemente contrastante con el México que se vive en Ecatepec, en el Estado de México, o en Tahdziú, Yucatán; este último considerado el municipio más pobre en América Latina”. 

En una idea que me parece por demás inconsistente, el presidente del Tec hace un comparativo de la disminución de la riqueza a nivel global desde ¡1500! Sí, desde la época de los aztecas, antes incluso de la conquista de México. 

Argumentando que en el mundo la pobreza se ha reducido drásticamente en los últimos treinta años, “la población en pobreza extrema… se redujo de mil 900 millones de personas a 650 millones”, Alva lo adjudica a que se abrieron los espacios a la libertad, al esfuerzo individual, la meritocracia, etcétera. 

Remata haciendo énfasis en que los países exitosos disminuyendo la pobreza han tenido una fórmula de ser iguales ante la ley de tener una igualdad de oportunidades. 

Me parece que el artículo de Alva cae en la falacia de la meritocracia, en la que es el esfuerzo individual y las ganas de salir adelante los que definen tu avance en la vida.  Apostarle al desarrollo por méritos es apostarle al desarrollo desigual, simplemente porque tienen más méritos los que nacen con oportunidades que los que no.

Repito mucho este dato pero en México el 99.7% de las personas que nacen en situación de pobreza, van a crecer y morir siendo pobres. Mismo caso de los que nacen con riqueza. 

No es cuestión de generar más riqueza, como lo menciona Alva, es cuestión de disminuir la brecha de desigualdad, de lograr una distribución de la riqueza más equitativa. Y no, no me refiero a hacer pobres a los ricos y ricos a los pobres, sino de ver y actuar de una manera justa, tanto en los puestos de trabajo como en las oportunidades que se les otorgan a todos y cada uno de los mexicanos. 

En una reseña publicada en el Colmex, del libro de Gonzalo Saraví Juventudes fragmentadas. Socialización, clase y cultura en la construcción de la desigualdad, se señala que “el modelo educativo profundiza la desigualdad, ya que depende de las condiciones sociales favorables o perjudiciales de la familia del estudiante”.

Como exalumno del Tecnológico de Monterrey, me es preocupante que una de sus máximas autoridades, refleje en un escrito lo que parece ser el adoctrinamiento al que caen muchas instituciones educativas y que Gonzalo Saraví expone: reproducir paralelamente la desigualdad a partir de la socialización y la legitimación de los discursos de la riqueza, la desigualdad y la visión que tienen a raíz del privilegio. 

En México no se es pobre porque quiere

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– México es el país de la OCDE que más horas trabaja y que menor nivel salarial tiene

– Si naces pobre, tienes un 98.3% de probabilidad de morir pobre, según el Colmex

Escribo esta columna a raíz de una discusión que tuve con un tuitero que criticaba a los llamados “ninis” y las becas del gobierno federal, por considerarlos personas sin mérito alguno y susceptibles a ser nueva clientela electoral. 

El tuitero en cuestión argumentaba que las becas se debían otorgar a aquellos estudiantes con los promedios más altos, y que los “ninis webones” se pusieran a trabajar. Ya encarrilado, me puso de ejemplo su historia de vida, como una persona que desde los 8 años trabajó y no esperó que el gobierno le arreglara las cosas. 

Primero que todo, felicito a todas aquellas personas que con base en esfuerzo han salido adelante. A la gente que tiene una cultura del trabajo y que han forjado sus propias empresas y llegado a puestos altos. 

Ahora bien, tengo que decirles que no es una regla, y menos en México, el que el esfuerzo te saque adelante. 

México es el país que más trabaja entre los países de la OCDE. El promedio de horas trabajadas por cada empleado es de 2 mil 255 horas al año, lo que lo ubica por encima de países como Costa Rica y Corea del Sur.

El esfuerzo ahí está. Día con día, millones de mexicanas y mexicanos se levantan a realizar jornadas largas de trabajo, con el único objetivo de salir adelante. ¿Pero este esfuerzo se ve recompensado? No necesariamente. 

La misma OCDE en su informe “Perspectivas del empleo 2018”, señaló que en materia de empleo y salarios nuestro país reporta los más bajos pues el promedio salarial es de 4.6 dólares diarios, mientras que el promedio entre todos los países que la conforman es de 16.8 dólares. 

Entonces hay esfuerzo pero no alcanza económicamente. ¿Qué más puede impedir que una persona consiga desarrollarse? La pobreza. 

El informe “Desigualdades en México 2018”, editado por el Colegio de México, señala que si eres pobre, tienes un 98% de probabilidad de morir sin salir de ese estatus. Así es, 98 de cada 100 personas en situación de pobreza, habrán nacido, vivido y fallecido en esa misma condición. 

Nuestro país tiene una muy baja movilidad social, y esto va más allá del esfuerzo que las personas le puedan inyectar a su día a día. No se trata de un “es pobre porque quiere” o “los ninis no estudian ni trabajan porque son guebones”. Las problemáticas de nuestro México son muchas y lamentablemente afectan a los más desprotegidos. 

Coincido completamente en que es necesario vigilar los programas de gobierno, sobre todo aquellos que implican asistencia social y económica, para evitar que sean mal utilizados con fines electorales, pero esta no puede ser una razón para eliminar el impulso que un gobierno le puede dar a sus habitantes con las condiciones de vida más precarias.

Invito a todos los que piensen como el tuitero de esta columna, a que seamos reflexivos, empáticos, abiertos a cualquier opción que positivamente ayude a disminuir la brecha de desigualdad que impera en nuestro querido México. 

La espiral de la violencia en México

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– El país lleva años en una crisis de violencia e inseguridad y no existen indicios de que las cosas mejoren

– En el primer trimestre del año se registraron 8,493 homicidios dolosos en todo México, un aumento del 9.60% respecto al mismo periodo de 2018

La violencia no para. En un hecho despiadado, 13 personas fueron asesinadas durante un festejo en Minatitlán. Entre las víctimas se encontraba una estudiante de nutrición, un entrenador de béisbol y su pequeño hijo de un año. 

Sin duda es un evento trágico y que conmocionó al país, dada la saña con la que los sicarios perpetraron el acto. Pero lamentablemente no es un hecho novedoso en nuestro país. 

Desde que el gobierno de Felipe Calderón inició una fallida guerra contra las drogas a finales de 2006, han sido asesinadas 250,000 personas en diferentes actos de barbarie. Además, más de 40,000 personas están desaparecidas.

2018 se convirtió en el año más sangriento desde que se tiene registro con 33,518 asesinatos, pero 2019 está encaminado a superar estas cifras de criminalidad. Tan solo en tres meses se han contabilizado 8,943 homicidios dolosos. Guanajuato es el estado más sangriento, ya que contabiliza 947 asesinatos. Seguido está el Estado de México con 769, y Jalisco con 720. 

El presidente López Obrador se acaba de comprometer a disminuir los niveles de violencia en 6 meses. Su fórmula se basará en 3 acciones concretas: 

  1. Eliminar la base social juvenil de la delincuencia organizada. 
  2. Los programas de apoyo y bienestar. 
  3. La formación de la Guardia Nacional.

En primer lugar, la Guardia Nacional, si se quiere implementar de manera correcta, requerirá un periodo considerable de tiempo entre los ajustes de organización y la operación en su totalidad. 

Por otro lado, la eliminación de la base social juvenil y los resultados de los programas de apoyo y bienestar no son factores cortoplacistas. Ambos requieren tiempo y poner un plazo de 6 meses solamente generará errores logísticos y de operación de quienes toman las decisiones (los secretarios de seguridad y defensa) y quienes las operan (los nuevos miembros de la guardia nacional). 

Llevamos casi 13 años de violencia ininterrumpida, por una guerra que no tenía sustento y que no se debió comenzar. Tal vez por ahora se compre el discurso del nuevo gobierno de que las administraciones pasadas dejaron un cochinero, pero pronto, más temprano que tarde, la población mexicana empezará a contar los muertos de AMLO y exigir resultados en una problemática que va más allá de buenas intenciones o de acciones aisladas de gobierno. 

El T-MEC sigue siendo un dolor de cabeza para México

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– Desde Estados Unidos aumentan las presiones para que México cumpla con las condiciones plasmadas en el tratado comercial

– Se espera que esta semana se discutan y aprueben las leyes secundarias de la reforma laboral 

Si alguien creía que con la firma del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, se daría por cerrado el capítulo tan escabroso del T-MEC, estaba equivocado. 

En los últimos días han recrudecido las declaraciones desde el vecino país del norte, para amenazar a México que EEUU no votará el T-MEC hasta que nuestro país cambie sus leyes laborales. 

Nancy Pelosi, la Presidenta de la Cámara de Representantes y una de las políticas más influyentes en Estados Unidos, ha señalado que tienen que ver que México apruebe la legislación, pero también que tenga los factores establecidos que garantizarán su implementación y demostrarán algunos compromisos con sinceridad, porque es un gran problema cómo se trata a los trabajadores en el país. 

Es interesante como desde la unión americana nos instan a mejorar las condiciones sindicales, cuando son uno de los países que menos las cumple. 

Dejando de lado el sentimentalismo patriótico, lo que Estados Unidos exige no es algo negativo para el trabajador mexicano. Democracia sindical es un precepto que debe imperar y que lamentablemente se da muy poco en los sindicatos de los trabajadores en el país. 

Sin embargo, tampoco podemos dejar de lado que lo que realmente se está imponiendo desde norteamérica, es una agenda electoral. Ni los demócratas quieren un triunfo de Trump, ni el mandatario americano quiere un triunfo de los demócratas.

Así es que, incluso con la aprobación de las reformas secundarias, estamos con un riesgo mayúsculo de no tener una ratificación por parte del Congreso Estadounidense, sobre todo si los tiempos apremian y llega la época electoral en el vecino país.

Hay que estar atentos, porque puede venir lo peor. 

Los abucheos al presidente

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El primer acto público de descontento a la administración de López Obrador se dio en una arena sagrada para el presidente: su afición al béisbol

Andrés Manuel López Obrador se preparó el sábado para inaugurar un estadio emblema para el béisbol de nuestro país, la nueva casa de los Diablos Rojos del México. Un estadio moderno cuyo costo ascendió a más de 3 mil millones de pesos. 

La inauguración de este recinto, impulsado por Alfredo Harp Helú, prominente empresario y principal promotor de la pelota caliente en México, representaba más que un acto protocolario para el mandatario mexicano. 

AMLO, quien no solamente hace pública su afición al rey de los deportes, ha lanzado un plan para el béisbol en México, que incluye un presupuesto histórico y una apuesta por recobrar atención en uno de los deportes insignia en el país. 

Por eso caló hondo tanto en el ánimo del presidente como en el de su gabinete, el que resonaran las rechiflas desde que hiciera su aparición en el césped del nuevo estadio. 

Algo no cuadra entre las rechiflas del sábado y lo que marcan las encuestas relativas a la aprobación presidencial. Mientras diarios como El Financiero o Grupo Reforma ubican al presidente con una aprobación superior al 80%, en el nuevo estadio Alfredo Harp Helú, las rechiflas parecían incrementar el margen de desaprobación. 

Independientemente de que un acto de desaprobación público no enmarque la administración de un presidente, lo que sí es un hecho es que tanto López Obrador como su gabinete, deben hacer más que descalificar a los autores de las rechiflas, llamándolos “porra fifí” o “miembros de la mafia del poder”. Lo del sábado debe ser un llamado a la acción para la nueva administración federal.

Reducir una protesta de ese estilo a meros actos de una minoría, es negar las voces que no están de acuerdo con el gobierno de López Obrador. Así es como comienzan los problemas. 

La tragedia de Tlahuelilpan

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La muerte de 89 personas en Hidalgo es trágica no solo por la pérdida de vidas humanas, sino porque destapa la ruptura del tejido social que tenemos los mexicanos

Era viernes por la tarde y a mi celular llegaba la noticia de una explosión en un ducto de gasolina en el estado de Hidalgo. En ese momento la nota solamente mencionaba múltiples heridos, pero al correr el tiempo y la información, se supo que había decenas de muertos y la cifra continuó aumentando.

Tlahuelilpan es un nombre de origen náhuatl que significa “lugar donde se riegan las tierras”. Este territorio localizado en el Valle del Mezquital del estado de Hidalgo, fue uno donde se asentaron los aztecas durante su recorrido hacia Tenochtitlan.

Según datos del INEGI, el 53.1% de sus habitantes vive en pobreza moderada y 12% en pobreza extrema. Es decir, 2 de cada 3 pobladores se encuentran en pobreza. Incluso la zona de Tlahuelilpan se encuentra ligada al huachicoleo (el lugar de la explosión está a 14 kilómetros de la refinería de Tula). De hecho, hace apenas unos días una turba retuvo a un grupo de militares que se encontraba realizando tareas de combate al robo de hidrocarburos. 

Paradójicamente, el 19 de enero lo que se regó fue gasolina y la vida de 89 personas (al 21 de enero), además de 53 heridos de gravedad. El suceso por sí mismo es triste, pero igual de triste lo que se vio en redes sociales. No faltó tiempo para que la tragedia fuera tomada a broma por algunos usuarios, como si la vida de las personas fuera un juego. 

Lo que más llamó mi atención fue la manera tan fácil en que muchos juzgamos a quienes se encontraban ahí. Dichos de se lo merecen “por robar el combustible” hasta el “no debían estar ahí sabiendo del peligro que implicaba la fuga de gasolina”. 

Debo confesar que mi primera reacción fue parecida al segundo comentario, mi sentimiento fue de malestar hacia las personas, porque en mi pensamiento era ilógico que se encontraran robando gasolina de un ducto con el peligro que representaba. Pero las causas del porqué lo hicieron van más allá del gandallismo o el aprovechamiento, incluso más profundas que la necesidad. 

Testimonios de testigos relatan que había corrido el rumor de que existía una fuga de gasolina, lo que llevó a un grupo nutrido de pobladores a presentarse y sacar provecho de la gasolina que salía a borbotones. Risas, gente rociada en gasolina, vómitos por el olor, hasta familias con niños eran parte de la escena. El ejército y la policía estatal rebasados se encontraban como espectadores. 

Hasta la fecha no se tiene un conocimiento claro de qué provocó el fuego que acabó con la vida de 89 personas. Lo de Tlahuelilpan es un suceso lamentable, pero igual de lamentable ha sido la reacción que desencadenó. Burlas fuera de lugar, juicios de valor huecos. Muchos de nosotros sentenciamos sin el mínimo de información el acto sucedido. Menospreciamos sus muertes porque se encontraban robando o simplemente porque no debían estar ahí. 

Mi más sentido pésame a las familias de las personas que perdieron la vida. Toda la fuerza para los más de 50 heridos y sus familiares. Confíemos en que las autoridades hagan su trabajo, en que las causas del accidente se clarifiquen, y que en caso de haber responsables, se les juzgue y castigue. 

Destapando las desigualdades

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Más allá de si se deben o no disminuir los salarios de los altos funcionarios públicos, la discusión ha exhibido el nivel de desigualdad que vivimos en México

Una de las acciones del gobierno de la Cuarta Transformación que se ha topado con una mayor resistencia, es la de disminuir el salario de los altos funcionarios, entre los que encuentran miembros del poder judicial. 

El caso es interesante, porque ha servido para exhibir el nivel de desigualdad que se vive en el país. 

No es mi intención tomar postura sobre si se deben o no disminuir los sueldos de magistrados, jueces, gobernadores, funcionarios federales y demás, pero vale la pena hablar de los argumentos que se esgrimen por parte de la oposición política y de los afectados en esta medida. 

Primero se habla de una amenaza a los contrapesos que deben existir en todo país que se jacte de ser democrático, ya que al bajar el sueldo de un juez o magistrado a menos de lo que gana el presidente (aproximadamente 108 mil pesos mensuales), existirá un mayor riesgo de que dicho funcionario caiga ante las mieles de la corrupción. 

Pero los más llamativos son los argumentos en redes sobre la decadencia que significa para un funcionario ganar solamente 100 mil pesos mensuales. 

Una de las discusiones en Twitter, la red social política por preferencia, se centraba en que vivir con cincuenta mil pesos al mes era poco más que difícil. La tuitera en cuestión subió unas fotos en las que se mostraba un presupuesto para apuntar que era muy complicado vivir bien al mes con esa cantidad. 

Más allá de que en las fotos se prueba que los 50 mil pesos eran suficientes para vivir y vivir bien (con una renta de 25 mil pesos, con la familia completa con gastos médicos mayores, con comidas y salidas que superan los 20 mil pesos), una de las celdas mostraba algo triste pero cierto y que refleja la desigualdad en la que vivimos: dicha persona gasta 200 pesos en el servicio de limpieza al mes. 

200 pesos en pagarle a alguien para que limpie tu casa de 25 mil pesos. Incluso si fuera una sola vez, esa cantidad es la que acepta una trabajadora o trabajador doméstico en muchas partes del país.

Y es que en México solamente 4 de cada 100 habitantes gana más de 13 mil pesos mensuales. Sí, lo leyó bien, solo el 4% de los mexicanos tiene un sueldo mayor a los 5 salarios mínimos. Ni siquiera estamos hablando de los 50 mil que muchos en twitter argumentaban como insuficientes para vivir bien. 

No busco que se malinterprete la intención de esta columna. A diferencia de nuestra Secretaria de la Función Pública que en una triste intervención se decantó por sugerir a la IP que baje los sueldos de quienes más ganan, yo soy de la idea de que no se trata de disminuir unos salarios para emparejar los otros, sino de generar las condiciones que permitan a todos los mexicanos ganar adecuada y decentemente. 

Lo que sí es un hecho, es que al menos en la función pública, en México hemos acostumbrado a nuestros representantes a vivir sin complicaciones y en muchas ocasiones con excesos. Y a pesar de esto, somos uno de los países más corruptos en el planeta. 

Lo que también es un hecho es que hay una gran separación entre los mexicanos de primera y los mexicanos de segunda. Mexicanos de primera que sostienen que es inviable vivir con menos de 50 mil pesos al mes, y mexicanos de segunda que aceptan un pago irrisorio con tal de llevar un pan a la mesa de su casa. 

Las preguntas quedan en el aire, ¿es justo que ningún funcionario gane más de 108 mil pesos en el México en el que vivimos? ¿o deberíamos enfocarnos en subir los salarios de los de abajo sin tocar los de arriba? 

Andrés, no tienes derecho a fallarnos

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AMLO se enfrenta a una expectativa peligrosa en la que se le evaluará por lo que deje de hacer más que por lo que haga

El 1 de diciembre fue un día histórico. Por primera vez la izquierda ideológica asume el poder en la figura de Andrés Manuel López Obrador. Hubo muchos simbolismos que le dieron color al primer día de gobierno de AMLO, como la apertura de los pinos al público general, o la colocación de la banda presidencial. Pero sobresalió un peculiar momento: cuando un ciclista se le emparejó al jetta blanco del Presidente Constitucional. 

La toma de ciclista platicando con López Obrador sobresalió entre otras cosas porque mostró una genuina cercanía entre el poder político y la ciudadanía de a pié, pero cobró más relevancia cuando en el discurso de apertura en el congreso, AMLO hizo público un extracto de su conversación. 

El ciclista cual representante del pueblo mexicano le dijo al mandatario que no tenía derecho a fallarnos. Una brutal frase que refleja el hartazgo al que hemos llegado las y los mexicanos. Y es que la victoria de López Obrador tiene muchas aristas pero una de ellas y muy importante es el cansancio a los constantes fracasos de los gobiernos en turno. 

Enrique Peña Nieto deja al país con un magro crecimiento económico, con una violencia sin precedentes y con una estela de corrupción como nunca antes se había visto. 

La vara es muy alta y AMLO lo sabe, él mismo lo dice y cree que a pesar de eso, cumplirá con las expectativas. Por el bien de México esperemos que sí, pero es tanta la esperanza y son tantos los obstáculos y rezagos, que ni con el mejor de los optimismos se espera que se cumplan todas las promesas, y los mexicanos parecen no perdonar un fracaso más en su gobierno. 

El ciclista tiene razón, Andrés no tiene derecho a fallarnos. Hay un dicho que dice que prometer no empobrece, pero en los políticos las promesas salen disparadas como si de dulces se trataran. Si López Obrador en verdad es un político diferente a los demás, sabrá que no puede dejar un vacío, que la prosperidad se tiene que reflejar en todos los rubros de nuestra vida. Con esa vara lo mediremos y con esa misma sabremos si seguir confiando en su proyecto o no.