La gobernabilidad que tendrán López Obrador y Morena

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Mucho se habla de la votación histórica del tabasqueño, pero también vale la pena analizar la fuerza que tendrá en el poder legislativo. 

El reordenamiento del poder que se dio el 1 de julio no solamente hace referencia al cambio de partido en el gobierno de la república. La fuerza con la que López Obrador ganó las presidencias impactó también en la conformación del Congreso de la Unión.

Morena y sus aliados tendrán aproximadamente 311 Diputados Federales que representan el 62.2% del total de la cámara baja. En el caso del senado serán 69 de 128 senadurías, representando un 52.3%. En ambos casos, se garantiza el tener una mayoría absoluta, que implica el tener un 50% más uno de los legisladores presentes. 

Esta mayoría le permite por sí mismo a AMLO y Morena aprobar el presupuesto de ingresos y egresos así como algunos nombramientos y todas las modificaciones legales que no requieran el voto de una mayoría calificada (que es el tener el apoyo de más de las 2/3 partes de los miembros del Congreso presentes).

Como se aprecia, esa mayoría calificada no es inalcanzable, ya que solamente requiere negociaciones con grupos pequeños de legisladores. Teniendo eso, AMLO y Morena pueden enviar propuestas de reforma de ley, como revertir la Reforma Educativa o Energética, o implementar la revocación de mandato para el Presidente de la República. 

Pero hay otro factor que se debe tomar en cuenta. Para reformar las leyes en México no solamente se requiere el apoyo de los Diputados Federales y Senadores, sino también de 17 de los 32 congresos locales. 

Este año se renovaron 27 congresos estatales de los cuales Morena obtuvo una mayoría absoluta en 17 de ellos, por lo que solamente requiere atraer a grupos minoritarios en la cámara de diputados y senadores, para hacer ajustes constitucionales desde revertir las reformas hasta crear leyes como la propuesta de amnistía o la legalización de las drogas. 

¿Es sano para un sistema democrático tener tal concentración de poder? ¿esa fuerza implica que AMLO y Morena serán una dictadura? 

En lo personal sí veo como un riesgo el que tanta fuerza se concentre en las manos de una persona o partido, pero no aprecio algo antidemocrático en ello, porque esa fuerza fue entregada a través de una elección libre que los ciudadanos ejercieron el 1 de julio. Tampoco considero que viviremos en una dictadura, ya que los contrapesos en nuestro país no solamente lo marcan los congresos. También tenemos autoridades y organismos autónomos, una sociedad civil con puntos en la agenda que estarán impulsando, así como ciudadanos cada vez más despiertos y críticos a lo que hacen sus gobiernos.

Veremos cómo se van dando las cosas a partir del 1 de septiembre, fecha en la que asume el nuevo Congreso de la Unión y en la que quitando apariencias, López Obrador despachará como presidente, a pesar de que el inicio de su cargo sea formalmente el 1 de diciembre.

AMLO presidente

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Un Tsunami golpeó a la política mexicana el 1 de julio. Con la fuerza de su victoria, López Obrador tiene ante sí la oportunidad de hacer realidad la cuarta transformación de México.

La tercera fue la vencida para Andrés Manuel López Obrador. El político originario de un pueblo en Macuspana, Tabasco, se alzó con la victoria en la elección presidencial al obtener un 53% de los votos, la cifra más alta desde que Miguel de la Madrid (en los tiempos de la democracia simulada) ganó la presidencia en 1982.

Más de 30 millones de mexicanos decidieron darle la oportunidad al que en 2006 fue un peligro para México y en 2012 no terminó de convencer con su república amorosa. 

Pero eso no fue todo, Morena y sus aliados tendrán mayorías absolutas en el Congreso de la Unión, muy cerca de tener una mayoría calificada que abre las puertas a modificaciones sustanciales en la ley.

Nunca en la vida democrática de México se había visto un fenómeno político de estas magnitudes. AMLO llegará al poder (si es que no ha llegado ya) con el mayor respaldo político que la ciudadanía le puede otorgar a un presidente.

Y ojo, que ese respaldo tan grande se puede dilapidar con una serie de malas decisiones. López Obrador puso la vara muy alta y lo que sea que venga para el país, será o muy bueno o terriblemente malo. Porque la confianza de la gente trabaja de manera curiosa, cuando se tiene puede ser una herramienta poderosa para conseguir grandes cosas, pero cuando se pierde es como morir antes de tiempo, y si no habrá que preguntarle a Enrique Peña Nieto, cuyo sexenio comenzó a decaer antes de que madurara. 

¿Qué nos deparan estos 6 años? Muchos cambios, unos buenos, otros malos. Esperemos que sean más los primeros, pero como ciudadanos estemos atentos, vigilantes, a las acciones que este nuevo gobierno realice, porque es ahora o será nunca. La desilusión no cabe más en los mexicanos.

Se acabaron las campañas

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Con el arranque del mundial, el tercer debate representó la conclusión de las campañas para la presidencia.

Las campañas para presidente de la república terminaron. Si bien oficialmente concluyen el 27 de junio, el comienzo del mundial ha desviado toda la atención mediática del país y en consecuencia, han disminuido los reflectores al proselitismo electoral. 

Y no hay que confundirse, no es algo negativo que la gente prefiera ver el mundial a seguir siendo bombardeada por publicidad, declaraciones genéricas, propuestas generales, poco claras y no aterrizadas a la realidad. 

Lo que nos han ofrecido los 4 candidatos presidenciales es un reflejo del camino que falta por recorrer para tener una democracia plena, donde las propuestas sean realistas, atinadas y que partan de un diagnóstico certero. 

En términos de comunicación, hemos visto pasar muchos y variados spots tanto de Ricardo Anaya como de José Antonio Meade, pero ninguno con la suficiente fuerza para impactar en el electorado, o usted querido lector, ¿recuerda con claridad algún mensaje de estas candidaturas? 

En el caso de López Obrador, su acierto quizá sea el haber mantenido una campaña apegada a la esencia del personaje. Sus spots plagados de frases populacheras y propuestas generales, son simples y sin duda no suficientes para dar claridad a sus propuestas, pero han bastado para transmitir una sola idea: hay que acabar con la corrupción y yo AMLO soy el único capaz de hacerlo. 

Bajo esa premisa, todo en su comunicación es acabar con la corrupción. Y ha sido un acierto, porque en campañas el candidato debe comunicar sentimientos y su equipo encargarse de darle claridad y certidumbre a su propuestas. 

Tanto Ricardo Anaya como José Antonio Meade se han enfocado en explicar lo que proponen, pero con tan poco sentimiento que se ven simplemente grises. 

Faltan 13 días para las elecciones, las campañas ya terminaron, la decisión parece ya tomada, ¿veremos alguna sorpresa en estas semanas? No lo creo, si se fijan, tanto los equipos de campaña de Ricardo Anaya y José Antonio Meade se han enfocado en los últimos días a posicionarse en un segundo lugar, ya no para dar alcance a López Obrador, sino para posicionarse como la primera fuerza de oposición al gobierno que AMLO encabece a partir del 1 de diciembre de este año. 

AMLO: el presidente de las mayorías

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Si las elecciones fueran hoy, el tabasqueño llegaría al poder con un apoyo nunca antes visto en la historia de la democracia mexicana

Andrés Manuel López Obrador será el presidente de México por los próximos 6 años. Él y su equipo cercano lo saben, así como lo saben los candidatos rivales Ricardo Anaya y José Antonio Meade; los grandes empresarios del país que en los últimos días han sacado comunicados invitando a sus empleados a reflexionar su voto y evitar votar por opciones populistas. También lo sabe el presidente Peña, analistas y periodistas, válgame, hasta el ciudadano que tiene cero interés en las campañas. 

Es por ello que las campañas en los últimos días se apagaron, ahora la gente ya está pensando más en el mundial que viene, que en saber qué hicieron o dónde estuvieron los candidatos presidenciales. Solo una tragedia de proporciones bíblicas evitaría que AMLO sea electo el 1 de julio. 

La cuestión no es saber si López Obrador ganará o no la presidencia, sino con qué porcentaje de votos lo hará. Las últimas dos encuestas (El Norte y Parametría) lo ubican en una intención de voto del 52% al 54%. Para darnos una idea numérica, si del total del listado nominal (90 millones), vota un 60% (cifra que muy probablemente sea superior), estaremos hablando de que cerca de treinta millones lo elegirían presidente. 

Si queremos dimensionar lo significante que sería el resultado, ese porcentaje de votos no lo ha obtenido ninguno de los presidentes electos en los últimos 30 años. Carlos Salinas obtuvo un 50.36% (9.6 millones); Ernesto Zedillo un 48.69% (17.1 millones); Vicente Fox un 42.52% (15.9 millones); Felipe Calderón un 35.89% (15 millones) y Enrique Peña Nieto un 38.15% (18.7 millones). El último presidente electo con un porcentaje mayor a la intención que tiene el tabasqueño, fue Miguel de la Madrid en 1982 con el 84.4% del respaldo, en unas campañas electorales que servían como trámite para que el candidato del PRI accediera al poder. 

Casas encuestadoras como Consulta Mitofsky, estiman que Morena y sus aliados tengan con certeza una mayoría simple e incluso si las campañas siguen con este rumbo, lograrán una mayoría absoluta, algo que ningún presidente ha podido conseguir desde Ernesto Zedillo en el periodo 1994-1997. 

Por eso considero que AMLO será el presidente de las mayorías. Para el primero de julio habrá ganado con una mayoría superior al 50% de los votos, junto a una mayoría simple o una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Senadores. Ostentará el mayor bono democrático, incluso superior al de Vicente Fox y el cambio en el 2000. Esto porque lo que se estará votando ahorita no es meramente para cambiar de partido en el gobierno, para sacar al PRI de los pinos. No, lo que se votará este primero de julio va a ser un cambio en el régimen político mexicano. 

Para bien o para mal, Andrés Manuel López Obrador llegará a Palacio Nacional con la consigna y la gran responsabilidad de responderle y darle resultados a un pueblo que ya está cansado de la inseguridad, del no crecimiento económico, de la desigualdad y la pobreza, y sobre todo de la corrupción que tanto cuesta y que tanto detiene. 

Sí, AMLO tendrá un bono político muy amplio pero a la vez muy riesgoso, porque si los resultados no llegan y pronto, es probable que su presidencia no pase el corte de caja de la primera consulta para la revocación de su mandato.  

¿Qué le pasó a Anaya?

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El candidato del Frente se vio a medio gas, sin punch, desperdiciando la oportunidad de sumar puntos y acortar distancia a López Obrador

Si definiera en una frase el segundo debate presidencial realizado el domingo en la ciudad de Tijuana, sería la siguiente: cero propuestas y muchos malos ataques. Habrá sido que los temas no son del mismo impacto que el primer debate (corrupción y seguridad), o que el protagonismo de los moderadores hizo deslucir a los candidatos, o que la falta de propuestas fue palpable y desafortunada.

Habrán sido muchas cosas, pero la realidad es que ayer presenciamos dos horas de nulas propuestas y muchos ataques. 

José Antonio Meade fue quien mostró un mayor crecimiento con respecto al primer debate. Se vio un candidato menos técnico y más fluido, pero de poco le sirve cuando no se puede deslindar de la losa que representa el gobierno de Enrique Peña Nieto. 

Jaime Rodríguez “El Bronco” fue un cero a la izquierda que se aventó un par de puntadas. Eso sí, de lo positivo es que se le vio con un poco más de propuestas y menos ocurrencias, pero su necesidad de ser populista lo llevó a declarar que está dispuesto a expropiar Banamex para amedrentar a los gringos (aquí sí tenemos a un Chávez en potencia). 

López Obrador cumplió un papel más decente que en el primer debate. Dos cosas que le fallaron y mucho en aquél evento de abril, fueron la tardanza en la que articulaba sus ideas y la nula capacidad de respuesta a los ataques de sus contrincantes. Y aunque se vio tosco al responder con frases como “Ricky Riquín Canallín” o al llamar a Ricardo Anaya como cínico y mentiroso, algo que sí mejoró y mucho fue la velocidad con la que compartía sus ideas, ayudándole a verse menos tieso. 

El que de plano decepcionó fue Ricardo Anaya. El candidato del Frente sin duda ganó el debate, porque es quien más preparado está, quien tiene mejor manejo de tiempos y la agilidad mental para responder a preguntas del público, moderadores y sus adversarios. Pero hasta ahí.

Vi a un candidato medio pasmado, sin gas, como que todo el punch se le fue en los golpes que le aplicó a la pera de box más temprano. Sin duda era la gran oportunidad del panista para colocarse un poco más cerca de López Obrador y la realidad es que las tendencias no se modificarán y la distancia seguirá rondando los 15 puntos porcentuales, algo que para el momento de la campaña, se vuelve inalcanzable. 

Veremos que pasa en los siguientes 40 días, pero estamos entrando a una campaña que parece de mero trámite. Lo visto la noche del domingo por Anaya, el que se haya ido del recinto sin declarar a medios, incluso lo dicho por Jorge Castañeda, su coordinador y Damián Zepeda, el presidente nacional del PAN, muestran a una candidatura resignada, desgastada y desanimada porque los días pasan y la distancia no se acorta. 

PRI: la supervivencia

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Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí, pero moribundo.

La renuncia de Enrique Ochoa y la asunción de René Juárez en la Presidencia Nacional del PRI, no se debe interpretar como un relanzamiento de la campaña de Meade para ganar la presidencia de la república. Más bien, responde a la necesidad del Revolucionario Institucional de sobrevivir al huracán del primero de julio.

No, el PRI no va a desaparecer por más que haya una mayoría que lo festejaría. Al menos no desaparecerá por ahora, pero tiene frente a sí el peor escenario en su historia. Una caída más fuerte que la derrota por primera vez en el año 2000 y aún peor que la debacle provocada por Roberto Madrazo en 2006.

Según un análisis de Consulta Mitofsky, el PRI aspiraría en el mejor de sus escenarios a tener 72 Diputados Federales y 10 senadurías (sin contar plurinominales). En el 2006, año de su peor votación en la historia, llegaron a ambas cámaras con 106 Diputaciones y 33 senadurías. 

Esos escenarios rojos son los que está viendo el PRI con preocupación. La elección presidencial ya no debe ser tema en su agenda. Lo que les toca es sobrevivir al huracán, porque llegar al siguiente gobierno con una representación tan baja (sin contar que este año perderán al menos 8 de las 9 gubernaturas en disputa), pondrán al otrora partido hegemónico en una situación de extinción. 

El dinosaurio ha sabido reinventarse. Lo hicieron en 2012 para ganar de nuevo la presidencia de la república. Pero los tiempos son diferentes. Ante el desprestigio de la marca y el eventual emergimiento de un partido como Morena, parece que no habrá espacio en el grupo de los grandes partidos en el próximo sexenio. 

Al PRI le quedan poco menos de 8 semanas para reencontrarse con sus bases, volver a enamorar a sus priistas, cerrar filas, curar heridas y ponerse el salvavidas, esperando que el Titanic se les hunda pero que todavía queden cimientos para volver a levantarlo. 

Apuntes del primer debate presidencial

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¿Quién ganó? Ricardo Anaya

¿Quién perdió? José Antonio Meade

¿Qué pasó con AMLO? Salió tablas

¿Y los independientes? Mejor suerte para la próxima

Y se llegó el primero de los tres debates de la campaña presidencial. La noche del domingo pudimos apreciar un ejercicio que pocas veces se ve en México: un verdadero intercambio de ideas. Bien por el INE que dejó a un lado el típico formato acartonado y dio paso a una dinámica más entretenida donde los moderadores pudieron hacer preguntas a las candidaturas y los candidatos y la candidata, tuvieron la oportunidad de contrastarse.

Sin duda, Ricardo Anaya es el ganador del debate. No debería sorprender, su capacidad de oratoria quedó demostrada la noche de las elecciones estatales de 2016, cuando tundió y exhibió a un político con amplia experiencia como Manlio Fabio Beltrones. El candidato del Frente se vio preparado, con exactitud de tiempos y con dos o tres ganchos al hígado de sus contendientes. Quizá su único aspecto negativo es que por momentos se veía como el niño aplicado del salón que le cae mal a todos porque cree saber todas las respuestas.

El gran perdedor se llama José Antonio Meade. El candidato del PRI tenía la gran oportunidad de repuntar algo su perdida campaña, pero no lo logró. Sus tecnicismos y frases rebuscadas aplicaban bien para una clase de doctorado, pero poco permeaban en un debate nacional. Meade se mostró como un buen maestro, pero sin duda un mal candidato. Tuvo destellos, cuando supo confrontar a Andrés Manuel y tiró el dardo de la recogedora, o cuando comparó a Ricardo Anaya con Roberto Borge. Pero fuera de eso, la loza de cargar con un partido y un presidente desprestigiado, le impidieron a Meade poder resaltar. Parece que el barco de la presidencia ya zarpó y él se quedó sin subirse.

López Obrador salió tablas porque jugó a la segura. Como el puntero de las encuestas y con una ventaja de doble dígito, salió a repetir su narrativa de campaña. Mostró poca preparación con los tiempos y las temáticas. Dejó ir la oportunidad de dar cátedra de los temas que probablemente domine más, como lo son la corrupción e impunidad. Probablemente su mayor triunfo haya sido que lo rasparon pero no lo suficiente para que su ventaja decaiga. Veremos cuál será su estrategia con miras a los siguientes debates.

Margarita Zavala imprecisa, trabada, con entusiasmo pero sin carisma. Sin duda fue de lo más gris en el debate y no tanto por su falta de elocuencia o de dinamismo, sino porque no fue tomada en cuenta por nadie. Veremos qué tanto mueve sus tendencias, pero la realidad es que no fue su mejor noche.

Jaime Rodríguez en el plan que ya le conocemos, arrebatado, hablador, confrontador, con puntadas del nivel de “mocharle la mano a los funcionarios corruptos”. Así el nivel de su candidatura. Hablaba de sus cartas para ser presidente tomando en cuenta sus logros en Nuevo León, pero si uno revisa los números, la situación en el estado es hoy peor que la de hace 3 años cuando ganó la gubernatura. Pero bueno, su forma de hablar le trajo algunos reflectores y sin duda el apoyo de uno que otro despistado. 

Así las cosas en el primer debate. Considero que los números no cambiarán tanto, pero sin duda servirá para consolidar las tendencias: un AMLO sólido en el primer lugar, un Anaya que se planta en el segundo; un Meade que cada vez se ve más perdido y unos independientes que luchan pero no figuran.

Daños Colaterales

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Balazo: La guerra que empezó Felipe Calderón y continúa Enrique Peña Nieto ya se ha cobrado 250 mil muertes

Es la 1 de la mañana del domingo 25 de marzo, Efraín, su esposa Nellely y sus hijos viajaban por la carretera Nuevo Laredo – Piedras Negras. ¿Qué hacían viajando a esa hora? ¿Hacia dónde se dirigían? ¿De dónde venían? No se sabe y no importa, porque su viaje fue interrumpido por una ráfaga de balazos que acabó con las vidas de Nellely y dos de sus hijas de 6 y 4 años. 

Fueron alcanzados por balazos producto de un enfrentamiento entre miembros del crimen organizado y elementos de la marina. En una primera instancia, la marina negó que hubiera civiles muertos en los enfrentamientos, después aceptó las muertes. Los rumores corrieron como reguero de pólvora y se acusaba a la marina de haber asesinado a la mujer y las dos niñas.

Rápidamente la Semar se deslindó de los hechos, argumentando que en un primer reporte, las balas de la camioneta no correspondían con las que utilizaban. Incluso llegaron a declarar que lo dicho por la familia correspondía más a un interés particular que a la verdad absoluta. “Se ha convertido en una especie de negocio el ser víctima… porque se les indemniza con cantidades millonarias, bueno víctimas entre comillas, patrocinadas por las ONG que se reparten esa indemnización” señaló Juan Velázquez, asesor legal de la marina.

Y mientras Efraín lloraba a su esposa y a sus dos hijas muertas, la PGR realizó peritajes que determinaron la responsabilidad de la marina. Anselmo Sánchez, titular de la Coordinación General de Servicios Periciales, señaló que con base en los indicios de índole balístico, los civiles fueron alcanzados por las balas disparadas desde el helicóptero que emplearon las fuerzas navales contra el grupo delictivo. 

Matizando los hechos, la PGR acusa y excusa a la Secretaría de Marina. La acusa porque la responsabiliza de sus muertes, la excusa porque cataloga a las víctimas como bajas causales, “iban pasando por ahí”. Daños colaterales les dicen, víctimas de una guerra que no se justifica, de una estrategia que no existe. Este fuego con fuego que llevamos teniendo 12 años ya se cobró cerca de 250 mil muertes, muchas de ellas inocentes, como Nellely y sus dos pequeñas.

¿Hasta cuándo vamos a seguir con una guerra que solo cobra víctimas y no presenta resultados? ¿Hasta cuándo vamos a dedicarnos a verdaderamente atacar las raíces de la violencia? El abandono de los jóvenes, de los pobres, incluso de aquellos que no ven otro camino más que delinquir. La irresponsabilidad de gobiernos que prefieren contar balas y muertos.

Esos daños colaterales tenían familias, como tú, como yo, ahora fueron Nellely y sus dos niñas, hace 8 años fueron Jorge y Javier, mañana puede ser alguno de nosotros. Las víctimas seguirán en la medida en la que dejemos todo a una estrategia de sangre y de plomo, de ojo por ojo y bala por bala.

¡Arrancan!

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Estamos por iniciar las campañas electorales para elegir a quien será el presidente número 65 en la historia de nuestro país. 

En los últimos días, el Instituto Nacional Electoral dio un golpe de autoridad al no validar las candidaturas de los aspirantes independientes Jaime Rodríguez “El Bronco” y Armando Ríos Piter “El Jaguar”, debido a inconsistencias, simulaciones y demás atropellos en la recopilación de apoyos ciudadanos.

Dejando de lado todas las ilegalidades, lo que queda claro son las dificultades que tienen los aspirantes independientes para acceder a una candidatura en nuestro país. Pero eso es tema aparte.

Seguros tenemos 4 competidores: Andrés Manuel López Obrador de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena, PES y PT), Ricardo Anaya Cortés de Por México al Frente (PAN, PRD, MC), José Antonio Meade de Todos por México (PRI, PVEM y NA) y Margarita Zavala, candidata independiente.

La gran pregunta que queda a raíz de la decisión del INE es, ¿quién se beneficia y quién sale perjudicado por la exclusión de los otros dos independientes? 

Margarita sin duda es la gran ganadora, al quedar como la única opción independiente, pues acaparará el voto de estos electores que no quieren votar por algún representante de partido político. AMLO se consolida, porque evita la dispersión del voto indeciso en dos figuras que pudieran haber captado algún porcentaje de sus electores.

Sin duda el gran perdedor es Ricardo Anaya, porque el target de la señora Zavala es el mismo que el del abanderado del Frente. José Antonio Meade se tambalea, porque si bien el fortalecimiento de Margarita baja a Anaya, también representa una opción que lo puede relegar incluso al cuarto lugar.

Es así como llegamos a las campañas presidenciales, ¿qué pasará en los 90 días? ¿AMLO seguirá en caballo de hacienda mientras observa a sus oponentes desgarrarse por llegar en segundo?

¿Anaya, Meade o Zavala serán capaces de despegarse y llegar a la final por la presidencia?

Al paso que llevamos, ¿habrá una final entre dos o estamos ante una inminente victoria del tres veces candidato López Obrador?

Sin duda muchas preguntas, que se irán contestando conforme pasen los días. Lo que es un hecho es que la salida de los dos independientes reconfigura la carrera por el segundo lugar en estas #Elecciones2018.

El verdadero peligro para México

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Mucho se pregona el peligro que representaría para el país un eventual triunfo de López Obrador. Algunos analistas y comentócratas se desgarran las vestiduras soltando a bocajarro comparativos de riesgo entre México y países que han caído en desgracia como Venezuela.

Pero el verdadero peligro no es un eventual triunfo de López Obrador. El verdadero peligro es que en estas elecciones se imponga el uso del aparato federal, ya sea a través de la compra y coacción del voto con los programas sociales y el enorme presupuesto público, o a través del uso y abuso de las instituciones para ir en contra de los rivales políticos.

No busco defender a alguien como Ricardo Anaya. Quien ha demostrado ser capaz de traicionar a sus compañeros de partido para ascender al poder, muy probablemente sea una persona capaz de hacer los actos por los que se le pretende imputar.

Lo que sí es un exceso y un verdadero peligro para la incipiente democracia mexicana, es que con el afán de ganar espacios en una elección donde claramente la gente tiene un rechazo hacia ti y lo que representas, el PRI-gobierno es capaz de llegar a los extremos de cazar a un opositor político.

Así es, como lo escuchó, cazar a un opositor político, ¿le parece conocido? Bueno, eso precisamente ha hecho Nicolás Maduro en Venezuela con sus opositores, entre los que se encuentran el célebre Leopoldo López, arrestado en 2014 por instigación pública y asociación para delinquir.

La vehemencia torpe con la que las instituciones federales son utilizadas por un revanchismo político, no hacen otra cosa que poner en peligro lo que hemos ganado en los últimos años. Porque si bien la democracia en México dista de ser perfecta, sí ha tenido avances que vemos en riesgo por el empecinamiento de un grupo que ya no encuentra otra fórmula para mantener el poder.

Aquí en México se persiguen opositores, aquí la violencia está desbordada, aquí la situación económica cada vez es más precaria, aquí se utiliza el presupuesto federal para comprar voluntades en época electoral. ¿Qué más nos falta entonces para convertirnos en países como Venezuela?