#ContraPortada: “La Pejefobia”

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Andrés Manuel López Obrador encabeza todas las encuestas desde todos los medios posibles, nadie puede negar que es el político más conocido en México y el preferido para ganar las elecciones presidenciales del 2018.

Existe una “Pejefobia” irracional basada más en supuestos que en hechos; dispuesta a polarizar cada una de sus declaraciones y a atacarlo bajo el ingenuo concepto de que convertirá a México en Venezuela como Chávez o en Cuba como Fidel Castro, vaya tontería.

La pejefobia radica en:

  1. Tildarlo de loco: Durante muchos años a AMLO se le ha acusado de estar “loco”, de proponer ideas imposibles y de tomar una postura extremista. Mientras nuestros presidentes iniciaron una guerra contra el narco, tuvieron los escándalos más grandes de corrupción como las casas blancas y cientos de miles de muertos bajo sus mandatos. ¿Quiénes son los locos?
  1. AMLO convertirá a México en Venezuela: En reiteradas ocasiones se relaciona al líder de MORENA con el difunto Chávez y con el régimen de Venezuela; también los creadores de esta relación se han pronunciado diciendo que no es más que una estrategia publicitaria para desacreditarlo. Lo cierto es que los contextos políticos y sociales de ambos países con radicalmente opuestos y que la figura del Senado en México jamás le permitiría a AMLO llegar a ser ni cerca el dictador que sí fue Chávez.
  1. Es un peligro para México: Esta ha sido quizá le enfermedad más efectiva que alimenta la pejefobia. La han llenado de frases como ‘si votas por Obrador perderás tu empleo’, que ‘se nacionalizará absolutamente todo en México’, que ‘se limitará el acceso a la salud’ y que ‘el caos de inseguridad en México será incontrolable’. La realidad es que los números lo respaldan, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal su papel fue tildado de destacado, tan es así que la fundación City Mayors le entregó el reconocimiento al segundo mejor alcale del mundo por su trabajo en la Ciudad de México. ¿Nos quedamos con frases o con hechos?

Lo cierto es que, a pesar de sus desaciertos y declaraciones desafortunadas, el líder de la izquierda en México goza de un equipo destacado que lo acompañan en su gabinete, de una coordinadora nacional que ha sobresalido por su habilidad e inteligencia y de nuevas regiones que en años anteriores jamás lo apoyarían pero que hoy están decidiendo inclinarse a su proyecto de nación. Acabemos con la Pejefobia y mejor tengámosle fobia a la corrupción, cinismo e inseguridad en la que nos han dejado los últimos presidentes.

#ContraPortada: “Elecciones 2018: Los Buenos vs. Los Malos”

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Las autoridades electorales la califican como la elección más grande y costosa de la historia, los medios de comunicación como el proceso de mayor relevancia en la historia contemporánea y, para los ciudadanos, la oportunidad de elegir por primera vez al bueno, al mejor y al nuevo.

Se disputan 3,400 cargos entre Presidente de la República, gobernadores, senadores, diputados federales, diputados locales y alcaldes. Es la elección más competida que incluye figuras de corta existencia, pero de extensa importancia.

La figura independiente: Está viviendo una de sus últimas oportunidades de consolidarse y de ser realmente una herramienta que les permita a los ciudadanos participar sin ningún vehículo partidista. Luego del contundente triunfo de Jaime Rodríguez “El Bronco” como el primer gobernador independiente en el país, la puerta parecía inmensa para esta figura electoral pero sus pocos resultados, la fallida búsqueda de una candidatura presidencial y la desaprobación de casi la mitad de los neoloneses ha mandado a la lona a muchos esfuerzos desde esta vía.

Los partidos ciudadanos: Han entendido el mensaje más claro de sus electores, saben que están perdiendo la preferencia y que justo son los partidos políticos los que gozan de menor credibilidad entre las instituciones de México. Eso ha abierto la puerta a ciudadanos que no necesitan afiliarse para buscar contender a un cargo de elección popular, lugar desde donde buscarán posicionar sus causas en los congresos locales mayoritariamente.

La era digital: Estas son las elecciones de las redes sociales. El campo digital está ganando mucho terreno y es justo ahí donde radican gran parte de los esfuerzos de los candidatos y sus partidos por lograr conectar con un electorado mayoritariamente joven, que está conectado casi 24/7 y que presenta una desafección política alarmante.

El voto millennial: Poco más del 40% del electorado son jóvenes, más de 12 millones votará por primera vez. Además, no presentan preferencias partidistas ni inclinaciones ideológicas y son un sector muy difícil de convencer. Prefieren la congruencia y la propuesta muy por encima de los discursos bonitos o las fotos acartonadas de campaña. Son quienes decidirán la elección más importante de la historia contemporánea, definitivamente.

Las elecciones del 2018 presentan, como lo he mencionado en este artículo, características que la convierten en la más interesante de los últimos años. Tantos vehículos electorales les han dado paso a los buenos, a personas capaces y congruentes que de otro modo no le hubieran entrado. Es la elección de los buenos vs los malos, de los reciclados vs los nuevos, de lo mal hecho a lo bien hecho, del cinismo a la verdad. ¿Qué elegirás?

#ContraPortada: “Ganadores de Encuestas, Perdedores de Elecciones”

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Las encuestas han cobrado un rol clave en la elaboración de termómetros políticos que les permitan a los candidatos, a sus asesores y a la campaña misma, tomar decisiones en torno a un momento en específico del proceso.

Son eso, una foto del momento que se captura bajo un contexto político determinado, con las emociones de días recientes y, muchas veces, con la intención de recoger la información que necesitan proyectar ante la opinión pública.

Las encuestas sirven para todo, menos para saber quién va a ganar las elecciones. En voz del mismo Roy Campos de Mitofsky son herramientas de investigación que distan mucho de una carrera de caballos para saber quién ganará al final de la pista.

Hay casos recientes que han demostrado la poca fiabilidad de las encuestas a la hora de elegir. En el caso de Colombia, las encuestas arrojaban la contundente opinión de los colombianos para decirle “sí” al tratado de paz propuesta por el presidente con poco más del 60% de ventaja; la realidad fue un “no” rotundo y aniquilante a esa búsqueda de reconciliación, no en esa forma, no en ese momento.

El caso mexicano en las últimas 3 elecciones presenta pruebas similares de que los ganadores de encuestas no resultan ser los mismos que ganan la elección. En el 2006 las fotografías del momento mostraban a Andrés Manuel López Obrador como el claro puntero y favorito para ganar la Presidencia de la República, lo mismo sucedía en el 2012 aunque en una competencia más cerrada con su principal rival. El resultado fue el mismo en ambas ocasiones, el ganador de la encuesta no fue el ganador de la elección.

Además, los medios de comunicación se han empeñado en utilizar a las encuestas como un espectáculo político, como “la nota que vende” y que influye directamente en la percepción de la preferencia del voto en los ciudadanos. La realidad es que en México tenemos esa costumbre de apoyar al débil o, dicho de otra manera, de querer ver caer al poderoso, por ello lejos de beneficiar al puntero, las encuestas más bien le perjudican a la hora de salir a votar.

Las casas encuestadoras hoy se juegan un papel clave en las elecciones de México, tienen que recuperar su grado de credibilidad y confianza, ese que perdieron cuando convirtieron a una herramienta de investigación que servía para tomar decisiones, en un acto más del circo político que solo sirve para entretener.

Las encuestas no ganan elecciones, que eso nos quede claro.

#ContraPortada: “AMLO ya se siente Presidente”

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Las últimas encuestas le dan 14 puntos porcentuales de ventaja sobre su más cercano perseguidor el panista Ricardo Anaya, mientras que Meade lo ve desde abajo y de muy lejos postrado en la cima de la preferencia electoral.

Andrés Manuel López Obrador hoy se siente presidente, lo ve muy cerca y se vislumbra una misión imposible el arrebatarle la silla grande de México. Por si fuera poco, parece que sus contrincantes iniciaron una lucha para destruirse entre ellos mismos; por un lado, la PGR emprendiendo una sucia y descarada persecución contra Anaya y por el otro las acusaciones constantes de corrupción y de intromisión del presidente Peña Nieto en las elecciones presidenciales de este año.

Se sabe presidente, se siente tranquilo y busca meticulosamente cuidar cada una de sus declaraciones. No se presta a la polémica, no se deja llevar por el desenfreno de su personalidad y suma-cada vez más- a los panistas y priistas que saltaron de sus respectivos barcos antes de hundirse.

Entre los jóvenes es el preferido, el que capta perfectamente la ira que inunda a la sociedad de México que representa al 41% de la población nominal. Representa la última opción nunca probada de un país en emergencia, en caos y viviendo una de las peores crisis en seguridad de su historia.

¿Será hora de creerle? Al parecer así lo ven millones de mexicanos que deciden estar con él, que piensan como nunca que es la víctima de un sistema que se ha cansado de defraudarnos, que no da respuestas y pareciera que tampoco las busca.

Hoy, como hace 6 y 12 años, el único capaz de bajarlo de la silla presidencial es él mismo y, consciente de sus demonios internos, decidió rodearse de personas que evitaran que salieran, que lo mantuvieran bajo control emocional y que en ninguna circunstancia le permitieran autodestruirse.

Se siente presidente, se siente tranquilo. Entendió el mercado electoral y llegó a los acuerdos que sabe necesitar para barrer el camino a Los Pinos. 

Su lugar en la política de México es indiscutible, el político más popular de la historia contemporánea, el que divide opiniones nunca ambiguas, o estás o no estás con él.

Andrés Manuel se siente presidente y definitivamente está muy cerca de lograrlo.

#ContraPortada: “Elecciones 2018: La Gran Oportunidad de los Jóvenes”

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En México los jóvenes representamos poco más de un tercio de la población total, somos el 41% de la población nominal con posibilidades de votar y, además, 14 millones de nosotros votarán por primera vez en las elecciones del2018.

La cuestión es clara y contundente: tenemos el poder suficiente para quitar y poner a la persona que pretenda ser el siguiente presidente de México. La fuerza es clara y al parecer lo estamos comprendiendo, las oportunidades para nosotros no han sido muchas ni las más dignas y la representación política que tenemos es apenas un porcentaje mínimo en el país. ¿Cómo los jóvenes que representamos el 41% de los votantes tenemos tan poca representación entre alcaldes, diputados y senadores? La respuesta no ha sido aclarada jamás.

Por si fuera poco, dominamos la era digital que está comprendida con 60 millones de usuarios en Facebook, 8 millones en Twitter y 6 más en Instagram. Sí, nuestra arena es ahora un factor clave para ganar elecciones.

Quieren ganar nuestro voto y no tienen a jóvenes en sus gabinetes, ¿nos creen tan tontos? A nosotros no nos hablen de oportunidades si no están dispuestos a incluirnos en sus equipos de trabajo, en la transformación que prometen hacer en México y en sus proyectos de nación. Hace mucho que las palabras bonitas dejaron de bastarnos, queremos acciones y las queremos ahora.

Es nuestro momento, pero no a nivel individual, no actuando solos y cada uno por separado. Es nuestro momento de exigir, juntos, lo que nos toca. Es momento de crear nuestras propias oportunidades y hacerlo con capacidad. Es la hora de los jóvenes, que de eso no nos quede la menor duda.

Actuemos como generación, todos unidos, ahí radica nuestra fuerza.

#ContraPortada: “¿Cómo ganar el voto Millennial?”

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En México el voto de los jóvenes millennial y los que tendrán la oportunidad de elegir por primera vez en su vida, será decisivo para todo aquel que pretenda ser el siguiente presidente o presidenta del país.

Con poco más del 40% de representación en la lista nominal con derecho a voto, los jóvenes se saben decisivos en las elecciones de éste año, conocen mucho más a los candidatos y, por el contexto social que vivimos, exigen con mayor capacidad y constancia.

Además, presentan características complejas de analizar, segmentar o estudiar; son un segmento poblacional que definitivamente tiene el poder de la incertidumbre. Utilizan un Smartphone 7 horas al día, levantan el celular alrededor de 150 veces y es en la arena digital donde encuentran su principal forma de organización.

No están contentos con el futuro que les han construido sus antecesores, sienten un descontento profundo con sus gobernantes y la clase política les resulta oportunista y repugnante.

¿Cómo ganar el voto millennial? Desde la Cumbre Mundial de Comunicación Política, les comparto mis 7 claves para llegar a ellos.

  1. Sé directo: 

A los millennials les molestan los rodeos, los discursos mareadores y las palabras sin fondo que históricamente se pronuncian en campaña. Quieren saber qué harás y cómo, si no lo encuentran buscarán otra opción.

  1. Propón justicia: 

A los jóvenes no les basta con saber que cambiaremos de partido en el gobierno o que una nueva cara llegará al poder. Quieren saber cuándo y dónde meterás a la cárcel a los corruptos que saquearon sus estados, a las personas que destruyeron sus oportunidades y a los que les han causado molestia en exceso por su cinismo.

  1. Muéstrate sincero: 

Ellos ya no creen en la figura perfecta y celestial que los consultores políticos crean alrededor de los candidatos, mucho menos en promesas de cambio radical que resulta un insulto a su inteligencia. Quieren conocer humanos, con errores y aciertos pero dispuestos a transformar las cosas con acciones puntuales.

  1. Estrategia digital empática: 

En México hay 60 millones de usuarios en Facebook (prácticamente la mitad de la población lo utiliza), 8 millones en Twitter y poco más de 6 millones en Instagram; justo las redes son el mejor canal para llegar a ellos.

  1. Involúcralos: 

No les hables de oportunidades si en tu gabinete no tienes a un solo joven trabajando contigo, tampoco les digas que son el futuro si no has propuesto empleo, educación y mejores condiciones de vida.

  1. Sé coherente: 

El principal hartazgo de los jóvenes para con la política es la cartera de mentiras que circulan campaña tras campaña, no confían en las ovejas que se convierten en lobo feroz. Quieren cambio, sí, pero no de la noche a la mañana.

  1. No ser un candidato de ‘cartón’: 

Ya nadie les cree a los políticos tradicionales, nadie quiere a un candidato acartonado. Para convencer al electorado millennial necesitan salir de lo políticamente correcto, retarlos y buscar conectar de una manera espontánea. Los políticos de siempre solo causan aburrimiento y desinterés.

Andrés Manuel López Obrador es el favorito de los millennials con el 38% de preferencia entre ellos según la última encuesta de El Financiero; el voto fuerte de Anaya también se concentra en la preferencia juvenil, mientras que Meade está lejos de conectar con un sector que está resentido, indignado y muy molesto con el partido que abandera.

Así se gana una elección donde los millennials definirán el rumbo, menos política ficción y mucha más política de acción.

#ContraPortada: “Nadie les Cree”

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En éstas épocas electorales, la saturación de mensajes, vídeos, publicaciones en Facebook y diversa publicidad de los partidos políticos y sus candidatos han causado el hartazgo cada vez más evidente de una ciudadanía que ya no les cree ni un segundo de lo que salen diciendo en radio y televisión.

Por si fuera poco, a esto hay que agregarle la poca profesionalización de los partidos políticos y sus asesores, quienes regularmente terminan siendo los hermanos, compadres, amigos o cercanos a los dirigentes de cada fuerza política.

Para muestra, la poca calidad del mensaje en éstas elecciones. Noticias que muestran a Meade ‘comiendo torta con la mano’, a Ricardo Anaya posteando en Facebook que fue a dejar a su hijo a la escuela y Andrés Manuel López Obrador apareciendo en un vídeo donde le cortan el cabello en una peluquería, ¿de verdad alguien los cree?

Claramente han querido lograr empatía con los ciudadanos, buscando parecer uno de ellos. Lejos están de lograrlo, ya nadie confía en sus disfraces de oveja en campaña y lobo feroz días después de ganar.

Durante el periodo de campañas y precampañas, el INE realiza la distribución de tiempos aire para los partidos políticos de ésta manera: en precampañas 18 minutos diarios en conjunto por cada hora de transmisión en cada estación de radio y televisión y 41 minutos diarios ya en campaña oficial.

En número de mensajes, el INE realiza la distribución del tiempo en radio y televisión para los partidos políticos de esta manera 30% en forma igualitaria y 70% de acuerdo con el porcentaje de votos obtenido por cada partido en la última elección para diputados federales.

El hartazgo, odio y rechazo a la clase política es casi unánime, no distingue colores, partidos, ideologías ni personas. Siempre busca una nueva salida sin mucho éxito al encontrarla.

Es excesivo el bombardeo realizado por los actores políticos queriendo convencer a los ciudadanos de algo que no hicieron durante los 3 o 6 años en los que tuvieron oportunidad de impactar. El político no ha evolucionado, pero sí ha evolucionado el ciudadano. Ya exige, ya conoce, ya se involucra mucho más de lo que lo hacía antes.

Además, la era digital le ha permitido un giro radical al proceso político y electoral. Las noticias llegan en cuestión de minutos, un error se hace viral en segundos y los avances en transparencia y rendición de cuentas exponen cada vez más a una clase política que poco se ha preocupado por prepararse y avanzar.

Ya nadie les cree, ya nadie les confía y ya no es tan fácil mostrarse como una persona buena y dispuesta a servir, cuando los resultados hablan de que han sido justo lo opuesto.

La gente pedía circo y la clase política elegía a sus mejores payasos. Ahora la demanda es distinta, pedimos resultados, propuestas y acciones reales; pero la política en su gran mayoría conserva a los payasos que antes les hacían ganar la elección.

Justo aquí está el eslabón faltante, urge una limpieza profunda y una voluntad convincente de querer cambiar, aunque se haga -mínimo- porque así lo exige el nuevo mercado.

#ContraPortada: “La Cargada contra AMLO”

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No es que Andrés Manuel López Obrador sea un santo, tampoco estoy seguro de que sea la única opción para México, pero lo que nadie puede esconder es que es el candidato a vencer en las elecciones del 2018.

La prueba está en que los discursos en redes sociales del jefe de campaña de José Antonio Meade y ex secretario de educación pública Aurelio Nuño se centran en desprestigiar la imagen de AMLO, desde acusarlo por una alianza de facto con la maestra Elba Esther Gordillo (que cinismo viniendo de su partido) hasta criticar excesivamente la postura del tabasqueño ante la ley de seguridad interior (misma que sus legisladores aprobaron).

No, no sé si Andrés Manuel sea la persona más preparada y apta para dirigir al país, pero su simple presencia provoca un miedo profundo en las entrañas de sus opositores. Un fuego que solo han podido apagar con guerra sucia y millones de pesos gastados en propaganda negra.

Tanto Meade como Ricardo Anaya, los candidatos absolutos abanderados por las fuerzas políticas más grandes de México, se han pronunciado como virtuales finalistas a lado de Obrador. Ambos tienen claro que la disputa es con el líder de MORENA y que, de no restarle a su porcentaje de preferencia, éste último se encamina directo a la silla presidencial.

No descartaría la posibilidad de que surgiera en determinado momento del proceso electoral una cargada absoluta contra Andrés Manuel, un posible “todos contra AMLO” y una oleada de propaganda y publicidad dirigida a hundir la imagen del por tercera ocasión candidato presidencial.

Para nada comparto el impulso y la forma arrebatada de ser en muchas ocasiones por Obrador, tampoco creo que sea aquel llamado “peligro para México”. Pero sí me llama especialmente la atención que año tras año siga manteniéndose como el político más popular de México, que esté aún en vigencia a pesar de dos derrotas tan dolorosas.

Ha causado un sentimiento de odio o amor hacia su persona, jamás pasa desapercibido y nadie lo descarta hasta la última línea en el día de la votación. No recuerdo que se le haya comprobado un acto de corrupción, que se le acuse de nepotismo o que le hayan girado órdenes de aprehensión por enriquecimiento ilícito o nexos con el crimen organizado. En la época de los priistas Duarte, Borge, Moreira y Medina, del panista Padrés y de un sinfín de funcionarios acusados por saquear vilmente a los Estados que gobernaron, resulta increíble pensar que a AMLO no se le encuentre nada.

Estoy muy lejos de ser seguidor de Andrés Manuel, no concuerdo con gran parte de sus colaboradores y tampoco soy de los que piensan que es la única opción que le queda a México. Pero debo reconocer que lo que ha hecho en los últimos 15 años en la política de México, no lo ha causado nadie más.

¿La tercera será la vencida? Es una opción que cobra cada vez más fuerza.

#ContraPortada: “Los Jóvenes Vamos por el 2018”

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Los jóvenes hemos derrumbado el mito de que la política y los puestos de poder son solo para gente “experimentada” y que esa experiencia solo se gana con el paso de los años. Hemos demostrado que no somos una generación pérdida y que no estamos dormidos como muchos aseguraban, estamos más despiertos que nunca y reclamamos nuestro lugar en el 2018.

Soy parte de una generación atrevida, que confronta y propone, una generación que cree que las cosas pueden hacerse distintas y con mejores resultados. Estamos, además, en constante preparación. Exigimos, vigilamos y tomamos acción.

El proceso electoral de México para éste año es, sin duda, la oportunidad ideal para los jóvenes de demostrar que estamos listos para tomar decisiones, para ocupar los lugares de referencia en la política y para involucrarnos de lleno y con todo en lo que más le duele al país.

Desde el Senado con la reciente aspiración del actual diputado de Movimiento Ciudadano en Nuevo León: Samuel García. Uno de los jóvenes que más ha destacado en la política en los últimos 3 años y que abandera las aspiraciones de muchos, ha demostrado lo que los jóvenes son capaces de hacer con ayuda de la era digital.

La fresca y dinámica forma de hacer política de Pedro Kumamoto, diputado independiente de Jalisco ha hecho eco nacional, al grado de replicar sus nodos de Wikipolítica en diversas regiones del país. No solo es un joven carismático y popular en la política, sino una voz referente a la hora de tomar decisiones en Jalisco.

En Nuevo León los jóvenes ya levantaron la mano y además lo hacen quienes destacan por su trayectoria, causas y preparación. Aspirantes a diputados y alcaldes que, mediante la vía independiente buscarán llevar sus causas al Congreso y a los ayuntamientos. Indira Kempis por el distrito 6 una fiel apasionada por el urbanismo y la reconstrucción de una ciudad que se aleja cada vez más de ser humana; Alfonso Noé que quiere hacer ciudadanía mediante su aspiración a una curul o Raúl González que está convencido de lograr ser alcalde de Cerralvo con tan solo 26 años de edad.

Los partidos políticos están entendiendo y tendrán que seguir haciéndolo: necesitamos más jóvenes ocupando las candidaturas, llegando al Congreso, a los ayuntamientos e incluso sumando esfuerzos en el poder judicial.

El 2018 es para los jóvenes del PAN mediante la cuna de Acción Juvenil. Para los jóvenes del PRI, de MORENA y de todos los partidos que aspiran a renovarse de fondo. Es para los jóvenes que deciden ir por la vía independiente y que tomaron al ‘toro por los cuernos’ para involucrarse en la política de México.

Somos muchos y muy distintos, actuamos en diversas trincheras, con causas y pensamientos no necesariamente iguales. Pero estamos convencidos de que actuar como generación es la única manera de cambiar la historia de la política en México. Con todo Kumamoto, Samuel, Indira, Raúl, Noé, Lalo, David y demás jóvenes que se atrevieron, es nuestro momento.

#ContraPortada: “Los Nuevos Líderes en el Mundo: Jóvenes Menores de 40 Toman el Poder”

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Se está derrumbando el mito en el que los puestos de poder y la política solo se ocupan después de muchos años acumulados. La experiencia ya no solo es sinónimo de edad sino del atrevimiento de acumular caminos y hacerlo desde temprano.

Grandes jóvenes están ocupando los puestos en los que se toman decisiones por el mundo. Lo hacen de una manera fresca, dinámica y no tienen miedo de probar nuevos sistemas y procesos que permitan detonar el desarrollo que no han logrado anteriormente sus países.

El fenómeno aunque reciente, ha tomado una fuerza muy sólida. Desde nombramientos por designación hasta ganar elecciones bajo el respaldo de la mayoría de los votos de sus ciudadanos.

Los jóvenes vienen de una generación atrevida, que le ven solución a los problemas y que no tienen miedo de retar al status quo. Son los que creen que hay mejores formas de detonar la economía y que “lo que siempre se ha hecho” tiene grandes oportunidades de mejorar y evolucionar. Además, los jóvenes suelen ser más sencillos, cercanos y francos; no han pasado el proceso burocrático que te distancia, te sumerge y te asfixia en un ego que es difícil de dejar.

En Francia Emannuel Macron logró llegar al poder a los 39 años, con el respaldo decisivo de la mayoría y proveniente de un partido prácticamente nuevo. Los que lo conocen dicen que su mayor virtud es “saber escuchar y aprender”, se sabe poderoso pero entiende que el poder más que un derecho es una responsabilidad que exige constante preparación y un debate continuo de ideas.

En Irlanda llegó un nuevo Taoiseah (presidente) que a sus 38 años y habiéndose declarado gay abiertamente, ha logrado sacar a su país de la crisis económica y se ha encaminado a ser uno de los países con mayor crecimiento en Europa.

En Nueva Zelanda decidieron tener a una mujer comandando el gobierno, Jacinda Ardern de 37 años ha enfrentado la inmigración con convicción, uno de los problemas de mayor repercusión en su país.

Justin Trudeau es quizá la figura más fresca y seguida en la política internacional. Con una gestión amigable, justa y para muchos “encantadora” ha logrado robarse los reflectores como primer ministro, puesto que tomó a los 43 años.

Sin duda, la juventud en el mundo se ha encargado de tomar las riendas del desarrollo de sus naciones. No pidieron permiso porque sienten que les pertenece, se sienten y se saben capaces.

En América Latina esto no ha pasado, los jóvenes siguen siendo rezagados a puestos de menor responsabilidad. Entre las numerosas razones está el límite de edad que exigen los procesos electorales de nuestros países, el llamado “compadrazgo” que distribuye el poder en grupos pequeños con el control total de los partidos políticos y el desinterés que lo anterior ha causado en una juventud que no cree en la política y que no tiene el deseo de participar en ella.

En México los jóvenes representamos poco más del 25% de la población y no ocupamos ni el 10% de los cargos de mayor toma de decisión en el país.

Las tendencias mundiales siempre nos alcanzan, ¿cuándo nos alcanzará ésta? Mientras que nos llega, hay que dar pasos al frente. Hay que dignificar la política, acercarnos a ella y convencernos de que es el medio para lograr el futuro que nos imaginamos, ese mismo futuro que no creemos que los políticos de ahora puedan causar.

Los jóvenes mexicanos menores de 40 toman el poder, ya imagino éste titular en los próximos años, estamos trabajando para provocarlo.