¿DÓNDE QUEDÓ EL “MEXICAN MOMENT”?

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Al inicio de la gestión del actual presidente de México, era “inminente” la llegada de una época mexicana repleta de gloria económica, mejores condiciones sociales y un paquete de reformas estructurales que transformarían al país.

Hoy, a cuatro años, el ‘mexican moment’ se ha pulverizado.

Y, como siempre, los ciudadanos- que de ciudadanos solo tienen el nombre- han decidido cargarle la totalidad de la culpa a Enrique Peña Nieto y su gabinete. Y seguramente tienen parte de razón, las reformas han entregado pocos o nulos resultados, la economía ha sufrido un fuerte golpe y la violencia no para.

Pero ¿quiénes son los otros culpables de la desaparición del mexican moment? Los más de 120 millones de mexicanos que habitamos un país necesitado de nuevos y mejores líderes sociales. No nos hemos detenido a pensar que le estamos entregando al país a los peores ciudadanos; esos que ven a sus papás darle mordida al tránsito, que se metan a la fila del banco, los que te ven comprando cerveza en depósitos clandestinos, pasarte un semáforo en rojo o quejarte todos los días de “tener que trabajar”, como si todos tuvieran ese privilegio.

Sin embargo, hoy más que nunca estoy convencido de la calidad de líderes jóvenes con los que contamos y las redes sociales nos han permitido conectarlos poco a poco para trabajar en conjunto. Hoy la mujer se refleja en “lady matemáticas” y no en las actrices de telenovelas, los jóvenes apuestan por emprender e innovar y no les da miedo enfrentarse a retos. ¿Qué más podemos perder?

El mexican moment no se ha ido solo porque un grupo de analistas haya dictado que la volatilidad económica, la caída del petróleo, el bajo desempeño de la reforma fiscal o el poco impulso del gobierno a la innovación sepulten las esperanzas de un país tan grande como sus ciudadanos lo crean.




Ya no nos quejamos del empleo o de la mano de obra más barata de la OCDE, ahora emprendemos y generamos nuestros propios empleos. Las mujeres autodenominadas “chingonas” que pretendían ser la mejor versión de cenicienta y que las mantuvieran sin ningún esfuerzo han quedado atrás y en su lugar estamos rodeados de una generación de mujeres talentosas que se preparan para dirigir el rumbo de México.

Hoy más que nunca, veo la posibilidad de cambiar la conversación y encumbrar un verdadero “momento mexicano”, los Mario Molina y Alejandro Gónzalez Iñarritu nos han dejado claro que el límite no es más que una barrera mental que nosotros nos ponemos.

Estamos siendo testigos de un grupo de rebeldes y aventureros descarados que no le temen al riesgo y que disfrutan la adrenalina del todo por el nada. Que venga el momento mexicano, porque como buenos mexicanos lo queremos ahora y lo queremos a nuestra manera.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

ES ELLA

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Lo he pensado tantas veces. Desde hace algunos meses en los que Donald Trump tenía las mismas posibilidades que yo de ser doctor- yo no soy capaz ni de ver sangre- hasta convertirse en un candidato serio y peligroso rumbo a la presidencia de los Estados Unidos.

Debo confesar que, después de la derrota con Barack Obama, no pensé que Hillary Clinton repensará la posibilidad de contender de nuevo por la silla presidencial de mayor poder en el mundo.

En mi estancia en Nueva York el año pasado, tuve la oportunidad de visitar varias veces la sede de las Naciones Unidas. Dentro del recinto se respiran verdaderos esfuerzos por impulsar las relaciones entre países, por encontrar soluciones a los grandes problemas del mundo y sobre todo por mantener la paz, no como la ausencia de guerra, sino como la capacidad de ser ciudadano del mundo sin distinguir razas, colores de piel, estatus social, preferencias sexuales o religiosas.

Caminando por las calles de Nueva York- bajo la magnitud de sus edificios y la multiculturalidad que lo distingue- entendí que un candidato que pretendía construir muros y disfrazar su nacionalismo extremo por violencia no era en lo absoluto parte de la esencia del ciudadano estadounidense.

Desde ese momento comencé a seguir la propuesta de Hillary Clinton. Una persona que, a sabiendas de lo que representa para una mujer ser candidata a la presidencia, tomó el reto con la mayor entereza posible. Quisiera decir que es la antítesis del candidato showman que incita violencia y repudio, pero sería ofender a una mujer que lo tiene todo menos ser radicalista.

Hillary Rodham Clinton, la mujer que transmite elocuencia.

La sencillez de su personalidad y la elegancia para ofrecer sus discursos. La mujer preparada para hacer historia y lograr comandar a un país urgido de empleo. La política con convicciones de hierro y estrategia coercitiva en las reformas migratorias.




La madre de familia sensible y amorosa, la esposa fiel y tenaz. Hillary resulta la opción, así sin más, la opción.

Por todos los motivos anteriores, por las continuas guerras e invasiones, por la demagogia radical del oponente y porque ser presidente es cosa muy seria, votar por Hillary Clinton debería ser hasta un acto de lógica y un llamado de paz.

Los estadounidenses tienen la oportunidad de entregar los problemas de su país a una persona seria, preparada y con valores; o repetir el morboso episodio del Reino Unido que, abusando del nacionalismo extremo, votó en favor del brexit bajo la nula consciencia del impacto negativo que éste tendría en su economía, educación y calidad de vida.

Votar no es emitir una opinión escrita basada en la sensación de odio que me produzcan los musulmanes, latinos o cualquier otra raza. Votar es elegir el futuro que quiero para mis hijos, mis padres, vecinos, amigos y sobre todo para mi propio destino. ¿En manos de quién dejarías a tus hijos?, es ella, solo ella.

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HILLARY CLINTON: LA OPORTUNIDAD DE DERRUMBAR LOS MUROS

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Durante los últimos meses hemos sido testigos del odio y la discriminación de grupos radicales que paulatinamente han causado miles de muertes, caos y terror en el mundo.

La humanidad está preocupada porque la nación más poderosa del universo tiene entre sus filas la posibilidad de proclamar, en vida real, lo que anteriormente solo veíamos en las películas de “The Purge“; muros y puertas cerradas para los que menos tienen y más lo necesitan.

Pero paralelo a esto, estamos siendo testigos de una convención democrática que brinda esperanza a millones de personas no sólo en Estados Unidos sino alrededor de toda Latinoamérica. Barack y Michelle Obama respaldaron absolutamente el proyecto de nación que Hillary Clinton, candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, impulsa mediante los siguientes ejes:

1.- Una economía para todos: El éxito económico se medirá conforme aumenten los salarios de las familias trabajadoras, mientras más niños salgan de la pobreza y cuando la clase media aumente exponencialmente en Estados Unidos.

2.- Empleos: Se promoverán la investigación y la tecnología como la fuente generadora de los ‘empleos del futuro’. Una economía de empleo completo que alcance su máximo potencial para que el crecimiento, los trabajos y la prosperidad que sea compartida en todas las comunidades en Estados Unidos.

3.- Educación: Se modernizará y profesionalizará el rol del profesor. La sociedad actual demanda profesionales de la enseñanza actualizados, de calidad y con la tarea de formar niños capaces de crear el futuro ideal para los Estados Unidos. A la par de esto, los profesores recibirán un mejor salario que les permita tener una vida digna y cómoda.

Pero sobretodo, Hillary Clinton es la opción para otorgar el valor a las reformas migratorias que tanto hemos impulsado los latinoamericanos. Con ella, será posible introducir la reforma migratoria integral que les entregue dignidad y abra paso a millones de inmigrantes en la economía formal.

Hillary pretende defender a las acciones ejecutivas del presidente Obama—conocidas como DACA y DAPA—en contra de los ataques partidistas. La decisión dividida de la Corte Suprema sobre DAPA es un desgarrador recordatorio de la importancia de esta elección.

Las estimadas 5 millones de personas elegibles para DAPA, incluyendo a los padres de estadounidenses y residentes legales, deberían ser protegidas bajo estas acciones ejecutivas. Hillary cree que DAPA está bajo la autoridad del presidente y promete no dejar de luchar hasta que se cumpla.

Busca expandir el acceso a la cobertura médica para todas las familias. Las familias que quieran adquirir seguro médico deberían tener el derecho de hacerlo. Lo que permitirá que, sin importar su estatus migratorio, puedan comprar seguro médico en los mercados de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, en inglés).

Esta es una elección vital e histórica para los ciudadanos de Estados Unidos, pero tiene un énfasis muy especial para todos los latinoamericanos. Significa la oportunidad de obtener, como Barack Obama lo inició, un país dispuesto a construir puentes en lugar de muros, para seguir siendo una nación grande de la mano de ciudadanos provenientes de todo el mundo y permitir el encuentro de la paz en la capital de los sueños.

Hoy, un grupo de jóvenes destacados en toda Latinoamérica, está dispuesto a tomar acción y ejercer un rol importante en las elecciones de este año. Mediante el impulso de la campaña #LatAmWhitHer en redes sociales de distintas ciudades en el continente, alzaremos la voz para apoyar en unidad total a Hillary Clinton.

Como diría Michelle Obama en su inspirador discurso dentro de la convención demócrata: “Gracias a Hillary, mis hijas dan por hecho que una mujer puede ser la próxima presidenta de EE UU”.

A ti que lees esto y que no quieres muros entre nuestros países, es momento de alzar la voz y unirse a este gran movimiento. Como delegado de Monterrey en #LatAmWhitHer te invito a que logremos juntos, un triunfo histórico para todos.

http://www.latamwithher.org/

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EL MARKETING DE LOS OBAMA

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En pocos meses la familia Obama terminará uno de los mandatos presidenciales más populares en la historia política no solo de Estados Unidos, sino del mundo entero.

A pesar de algunos sin sabores durante su gestión, decisiones un tanto intransigentes y varias crisis de todo tipo en el país norteamericano, Barack Obama se convirtió en el presidente favorito de millones de personas alrededor del globo.

Como mercadologo político, me gustaría analizar la magnífica campaña mercadológica de los Obama al frente de la nación más poderosa del mundo en 5 puntos:

Capacidad de conciliar: En un país con enfrentamientos constantes, invasiones y guerras, Barack logró conciliar con enemigos políticos históricos. Su más grande logro lo realizó en su visita a Cuba después de casi sesenta años de una relación congelada y hostil entre ambas naciones. Su discurso en La Habana, le dio la vuelta al globo.

Humildad: En un perfecto aprovechamiento de la era digital, Obama apareció incansablemente chocando el puño con algún jardinero, saludando a los trabajadores en plena Casa Blanca e incluso sirviendo la cena en la noche de Navidad; esto le valió ser el presidente de la “sencillez”.

Sentido del humor: Ser presidente es una tarea estresante, una vida muy ocupada y un trabajo bastante serio, pero Barack no perdió jamás la oportunidad de contar sus mejores chistes durante las conferencias de prensa presidenciales, situación que lo colocó en la preferencia de millones de personas en Estados Unidos y cientos de millones más en el mundo.

Sensibilidad: Estados Unidos suele ser considerado como un país increíblemente poderoso, pero sobretodo repleto de personas frías e indiferentes. Barack dio su cara más sensible en las masacres, crisis, asesinatos, hambruna y discriminaciones hasta el grado de soltar lágrimas en repetidas ocasiones. Y claro, jamás faltó una cámara para capturar el momento y compartirlo en sus redes sociales.

Michelle Obama: El punto clave más importante de la gestión presidencial, Michelle Obama se ganó los corazones del mundo entero. Bailando en programas de televisión, haciendo bromas, vistiendo ropa barata como cualquier ciudadano común e incluso entregando premios en festivales importantes aunado a una capacidad oral increíble, un portafolio académico y profesional destacado, así como la realización perfecta del papel de primera dama, lograron colocarla como la mejor primera dama de los últimos 100 años en encuestas realizadas por diarios estadounidenses.

La pareja Obama que aparece en una foto viral viviendo de manera humilde y que años después se convertirían en los líderes de la nación más poderosa del mundo, lograron transformar su popularidad en votos para reelegirse.

El que hoy sean la pareja presidencial más popular del mundo se debe a un elemento vital para los políticos actuales: la mercadotecnia política.

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DE LA CASA BLANCA AL PERDÓN

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En las últimas elecciones fuimos testigos de una jornada histórica para el sistema electoral y político mexicano. Una sociedad enardecida votó en contra de la corrupción, el despilfarro, la violencia y el narco-gobierno. Los ganadores formaron coaliciones para derrumbar al partido que por muchos años había gobernado en Estados como Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo y Durango.

La derrota fue tan dura que el presidente nacional del PRI no tuvo mas que renunciar y hacerse a un lado para permitirle a su partido buscar, de manera desesperada, componer el barco rumbo a una virtual derrota en el 2018.

En Nuevo León, por ejemplo, la sociedad le dio una paliza a los dos partidos que habían alternado el poder y que son denominadas las dos grandes fuerzas políticas de México. Jaime Rodríguez Calderón logró lo que jamás se pensó: un ’independiente’ sin estructura partidista llegaba a gobernar el Estado.

Todo esto sucedió como reacción a una de las peores gestiones presidenciales en la historia de México. Repleta de sinsabores que directa o indirectamente causaron las decisiones de Enrique Peña Nieto y sus asesores. Comenzó con un error tras otro, hasta que se convirtió en la burla favorita de los mexicanos en las redes sociales.

Que no sabía inglés, que no había leído libros, que se equivocaba al saludar militares y que era una broma a lado de los presidentes de Estados Unidos y Canadá. Pasó de la risa a la frustración profunda.

Jamás dio una respuesta contundente a los 43 normalistas desaparecidos y presuntamente asesinados por el narcotráfico, sus reformas no han terminado de ser lo que se presumía en una portada de revista como “Saving México” y estamos muy lejos de ser la potencia económica que Luis Videgaray Caso (Secretario de Hacienda) mencionaba al inicio de la gestión en el 2012.

Hoy tenemos a un presidente con los niveles más bajos de popularidad y credibilidad entre la población mexicana, quien ha estado inmerso entre la corrupción y la ostentación de riqueza sin tener la claridad perfecta de dónde se originó.

La Casa Blanca logró lo que quizá ninguna asociación pro participación ciudadana o política había logrado; causó que los mexicanos salieran a las calles a votar en contra del partido que lo postuló y que hoy sufre una profunda crisis de identidad.

Nuestro presidente ha optado por pedir ‘perdón’ como si eso devolviera esperanza a los familiares de los normalistas de Ayotzinapa, como si las disculpas fueran el plato lleno de alimentos con los que hoy millones de mexicanos en extrema pobreza pudieran comer y como si con esto la seguridad volviera a las calles. Acciones como ésta verán muchas de en dos años, no crean que es porque el presidente y su partido están arrepentidos, NO, es porque están realmente asustados por perder la presidencia en el 2018.

Sigamos despiertos mexicanos y recordemos que un “perdón” no soluciona en nada el país en llamas en el que hoy vivimos.

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LA POLICÍA EN MÉXICO YA NO EXISTE

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¿Quién le cree a los policías? En esta época causan temor a la población en lugar de brindar tranquilidad, son tachados de corruptos y algunos les llaman “los títeres sangrientos” del gobierno federal.

Ya es una cuestión cultural el relacionarlos con moches, el creer que los robos a casa habitación son estratégicamente planeados por ellos y que forman parte no-oficial de las bandas delictivas.

¿Habrá alguien que considerando esto, elija ser policía? Aunque se han realizado esfuerzos para mejorar la calidad de vida profesional de nuestros cuerpos policiacos, la realidad es que reciben un sueldo poco competitivo comparado con un trabajo que en teoría demanda arriesgar la vida cada día.

La sociedad los repudia sin importar quiénes son, si han actuado de buena fe o no en su profesión; la etiqueta de policía esta denigrada en esta época y esto va directamente ligado con la seguridad endeble que existe en México.

En un año caracterizado por la violencia y el descontento social, a los policías les ha tocado combatir buenos y malos. Aparecen portando armas, utilizando escudos y sometiendo a cientos de personas que atentan contra la civilidad y la moral social. En ninguna de ellas se ha mencionado un “gracias policías por proteger nuestra seguridad” o “héroes que salvaguardan la tranquilidad del país” y tampoco digo que todos lo sean. Pero soy de la idea que, como en toda profesión, existen elementos buenos y malos.

No tengo duda que existen policías que efectivamente arriesgan su vida día con día, que protegen a los desfavorecidos, que buscan resguardar la seguridad de niños y mujeres, que aman y ejercen su profesión con pasión. Pero, ¿les respondemos a su esfuerzo? La respuesta es no. Y el problema radica en que nosotros como sociedad tampoco les ayudamos a hacer su trabajo. Nos es más fácil ceder a los moches e incluso tomar la batuta para ofrecerlos, nos parece divertido romper la ley aunque sea “un poquito” y adoptamos malas prácticas bajo el lema “todos lo hacen”.

Los policías combaten lo mal que educamos a nuestros hijos, el vómito social ofreciendo los peores ciudadanos que delinquen, combaten la ignorancia y el repudio de un país que no tiene calidad moral para exigir casi nada.

El problema de la inseguridad, de la corrupción, de los malos gobiernos, de la contaminación y de los miles de problemas que causan una de las peores crisis que hemos vivido en nuestro país es causado por todos nosotros. Policías, gobernantes, delincuentes y maestros: todos somos respuesta a una sociedad que se está destruyendo sola.

¿Quién le cree a los policías? Yo decido comenzar a creerles.

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MÉXICO: UN PAÍS EN LLAMAS

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Es realmente increíble la facilidad que tiene el mexicano para enojarse, indignarse o resignarse cada semana con un sin número de sucesos que marcan la pauta para el ‘decrecimiento’ de las esperanzas en nuestro país.

Desde la mal votada Ley 3 de 3 que sufrió una rasurada importante por los Senadores y Diputados del PRI que decidieron darle la espalda a más de 630 mil ciudadanos (a los cuales deben su sueldo y su carrera) hasta la humillante actuación de la selección mexicana de fútbol en la Copa América, considerando que somos un país fanático de este deporte.

El mexicano promedio tiene verdaderas razones para sentirse decepcionado, enojado y frustrado. Recibe uno de los salarios mínimos más bajos del mundo por lo cual tiene que trabajar prolongadas jornadas laborales; convive con niveles de corrupción e inseguridad realmente altos e incluso vive en una sociedad donde la discriminación y el lenguaje despectivo son el pan de cada día.

El mexicano promedio tiene verdaderas razones para sentirse decepcionado, enojado y frustrado. Recibe uno de los salarios mínimos más bajos del mundo por lo cual tiene que trabajar prolongadas jornadas laborales; convive con niveles de corrupción e inseguridad realmente altos e incluso vive en una sociedad donde la discriminación y el lenguaje despectivo son el pan de cada día.

México es el país de las etiquetas: el gordo, el flaco, el joto, el pobre, la puta, la fea, la mantenida y demás calificativos sin un gramo de sensibilidad. Aunque nuestra constitución lo demande, no hay verdadera libertad de expresión. La comunidad LGBT sufre una de las épocas más difíciles en el mundo con masacres como la de Orlando o los asesinatos en Veracruz, ¿dónde está la libertad?

Somos un país hipócritamente religioso, y digo hipócritamente porque para nuestra cultura la religión sirve para limpiar nuestra mente los domingos de todos los “pecados” que cometemos el resto de la semana, ah, y para castigar y señalar a los impuros que se alejan del camino de Dios.

Mientras mantenemos los peores índices de seguridad los policías a su vez son de los que más tememos; aún con un rezago educativo preocupante y un analfabetismo en crecimiento, nuestros maestros se encuentran en las calles luchando por sus intereses sindicales mientras son reprimidos por el gobierno.

Somos un país hipócritamente religioso, y digo hipócritamente porque para nuestra cultura la religión sirve para limpiar nuestra mente los domingos de todos los “pecados” que cometemos el resto de la semana, ah, y para castigar y señalar a los impuros que se alejan del camino de Dios.

Sin olvidar que hasta hace poco vivimos una de las peores masacres a los normalistas de Ayotzinapa, los coches bomba y el narcotráfico en Tamaulipas, los fraudes millonarios de empresarios y políticos sin olvidar las casas blancas y los contratos multimillonarios a KIA.

Hoy, como ayer y mañana, la única posibilidad de cambiar la realidad de nuestro país es en base al trabajo de los ciudadanos, a las iniciativas sociales, al castigo participando en las urnas y a la transformación de nuestro propio entorno. A México solo lo salvamos los mexicanos de a pie, los que día a día sufrimos y soportamos un país en llamas.

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LAS CONSECUENCIAS DE LOS ESTEREOTIPOS

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Con el paso de los años el ser humano ha dejado atrás la esencia única que lo distinguía de los animales: la capacidad de razonar. Además ha permitido que otro grupo de “animales” establezcan la manera en que el resto tiene que vivir, lo ‘socialmente aceptable’ y las características de “perfección” en las personas.

La creación de estereotipos ha originado problemas de fondo que están acabando con la paz, la convivencia y el crecimiento de las naciones.

Los problemas de autoestima y suicidio causados por no tener el “físico perfecto” que dictan como 90-60-90, la discriminación por tener un color o una raza diferente a ‘los blancos’, el preferir un sexo que no es aceptado por la mayoría e incluso pensar contrario a lo que la corriente expresa.

Los problemas de autoestima y suicidio causados por no tener el “físico perfecto” que dictan como 90-60-90, la discriminación por tener un color o una raza diferente a ‘los blancos’, el preferir un sexo que no es aceptado por la mayoría e incluso pensar contrario a lo que la corriente expresa.

La nueva manera de hacer terrorismo es tomando causas popularmente negadas a fin de causar miedo entre la población, imponer a base de balas lo que se lleva en la sangre e incluso enriquecerse mediante la guerra.

El extremismo religioso se ha cansado de armar guerras en nombre de un Dios que los creyentes consideran todo amor, de señalar constantemente a todo aquello que atente contra sus bolsillos y de imponer al ser humano la manera de vivir para “llegar al cielo”.

El radicalismo político ha utilizado el poder para matar, condenar y torturar a individuos que tuvieron la mala suerte de nacer, vivir o pensar contrario a lo que sus intereses necesitan. Mientras miles de niños son enviados a campos de guerra, niñas y mujeres son golpeadas y violadas, regiones enteras mueren de hambre y sed.

El radicalismo político ha utilizado el poder para matar, condenar y torturar a individuos que tuvieron la mala suerte de nacer, vivir o pensar contrario a lo que sus intereses necesitan. Mientras miles de niños son enviados a campos de guerra, niñas y mujeres son golpeadas y violadas, regiones enteras mueren de hambre y sed.

El ser humano ya no se sorprende con la muerte, le parece absolutamente normal que maten a 50, que violen a otros 100 o que encarcelen a alguien que pensaba distinto al gobierno en turno. Más a fondo, es parte de la discriminación y la violencia cotidiana al creer que la mujer sirve solo para trapear, al juzgar al hombre que llora o se muestra sensible y al permitir que los niños sean cada vez más morbosos y mal educados.

¿Quién puso las reglas para vivir en un mundo que cambia constantemente? Ya no se practica el amor y cuando se practica es castigado. La empatía es cosa de unos pocos porque lo que realmente divierte es obtener la razón a costa de lo que sea. Un grupo de personas dicen que es correcto y que es vulgar, quién es exitoso y quién mediocre, quién merece el cielo y cuántos el infierno.

¿Cómo salimos de esto? Vaya y enséñeles a sus hijos a amar, a aceptar sus imperfecciones, a tolerar, a encontrar en las diferencias una oportunidad de crecer, a valorar y a buscar una cultura de paz. Este problema es tan nuestro como de los asesinos, homofóbicos y extremistas; cambiemos la apatía por la empatía.

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LA ÉPOCA DEL EXTREMISMO

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En el mundo actual el pensamiento de distintas culturas, creencias e ideologías radica en el extremismo de una posición que cree tener, a costa de todo y de todos, la verdad absoluta.

Estás con Estados Unidos y la popularidad de Obama o te inclinas por la Rusia de Vladimir Putin; apoyas a la religión aún con sus arcaicas leyes divinas o eres un inhumano que ha caído en el pecado mortal. Eres heterosexual “sano y normal” o eres de los “open mind” con problemas de género.

Lo cierto es que esta cultura ha causado división, confrontación y eventualmente guerras inútiles en donde lo único que se pone en juego es la condición de quién pierde más.

Lo cierto es que esta cultura ha causado división, confrontación y eventualmente guerras inútiles en donde lo único que se pone en juego es la condición de quién pierde más.

Los intelectuales quieren dictar cómo y para qué vive el ser humano, están convencidos de tener la verdad total ignorando que el ser humano no entra en generalidades, que justamente es su espontaneidad la que lo hace único y que las leyes del “buen vivir” hace años que dejaron de funcionar.

En la era de los Millennials asociados a los emprendedores están quienes los acusan de “flojos” o faltos de seriedad, y estos a su vez, criminalizan la antigua cultura laboral en donde la oficina, 8-10 horas y un jefe era la mejor manera de obtener un mejor futuro basado en la seguridad. ¿Quién tiene razón? A ciencia cierta todos y ninguno.

Quieren que tomemos una postura sobre el aborto, sobre la pena de muerte, sobre los matrimonios igualitarios; quieren que apoyemos o ataquemos a la política, que llamemos corruptos a los servidores públicos a menos de que trabaje con ellos. Quieren obligarnos a elegir entre dos opciones totalmente opuestas, niegan la existencia de grises porque todo aquí es blanco y negro.

Ya no se premia la elocuencia, el equilibrio o la ecuanimidad. ¿Por qué tengo que estar en contra o a favor de la pena de muerte?, ¿por qué debo elegir apoyar o criticar a los matrimonios igualitarios?

Estas posiciones hacen más grandes las brechas sociales, marcan y delimitan las divisiones en una sociedad que necesita encontrar cohesión y unión. El mundo está urgido de encontrar grises, de lograr acuerdos en dos posiciones totalmente opuestas y de lograr la supervivencia humana en base a la tolerancia y la libertad.

Ya no se premia la elocuencia, el equilibrio o la ecuanimidad. ¿Por qué tengo que estar en contra o a favor de la pena de muerte?, ¿por qué debo elegir apoyar o criticar a los matrimonios igualitarios? Estas posiciones hacen más grandes las brechas sociales, marcan y delimitan las divisiones en una sociedad que necesita encontrar cohesión y unión.

No confundamos la apatía con la libertad, la tolerancia con el desinterés y mucho menos sigamos permitiendo que un grupo minoritario de personas en el mundo decidan la manera en la que “tienen que vivir” el resto de los seres humanos.

Permitamos que los grises nos ayuden a eliminar el extremismo, encontremos alianzas y acuerdos, toleremos al que le vale madre una u otra posición y solo quiere vivir en paz.

¿Quién dicta la belleza sino los ojos que la miran de diferentes perspectivas?, así mismo para el mundo.

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LA POBREZA A MUCHA HONRA

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En los últimos reportes de la OCDE la cantidad de personas en condiciones de pobreza o extrema pobreza ascendía a más de 60 millones, prácticamente uno de cada dos mexicanos vive en estas condiciones. Además, México ocupa el deshonroso lugar #2 entre los países más desiguales de Latinoamérica.

A muchos estas cifras ya les parecen “normales”, para la clase alta y media alta de la población mexicana representa un daño colateral inevitable a causa de tener una economía tan endeble y para nuestros políticos es la dictadura perfecta porque la pobreza es asegurarse votos a cambio de miserias.

Pero, ¿qué piensan los pobres de esta situación?: En México se corre y canta la frase “Pobre, pero a mucha honra” y para muchos de los que la padecen representa un sinónimo de humildad, de esfuerzo, de orgullo e incluso de naturalidad.

…¿qué piensan los pobres de esta situación?: En México se corre y canta la frase “Pobre, pero a mucha honra” y para muchos de los que la padecen representa un sinónimo de humildad, de esfuerzo, de orgullo e incluso de naturalidad.

Estamos repletos de televisión basura que mediante su teatro estelar (las telenovelas) retratan la esperanza de nacer y morir felices a pesar de sus condiciones, lo proyectan como una condición divina e incluso despiertan esperanzas mal fundadas en la suerte de “algún día la cenicienta encontrará a un hombre rico que se enamorará y le propondrá matrimonio” y con ello se acaba la pobreza.

En el cine se han ofertado en cartelera películas muy populares como “Nosotros los nobles” o recientemente “¿Qué culpa tiene el niño?” que entre risas siguen concibiendo a la pobreza como una condición de honra y orgullo.

Lo cierto es que la pobreza en México es una de las principales causas de corrupción, delincuencia, desigualdad social y retroceso educativo y para nada puede ser tomada como una condición honrosa en un país con tanto capital humano, con perfectas condiciones geográficas y con la esencia del trabajo duro en nuestras venas.

…la pobreza en México es una de las principales causas de corrupción, delincuencia, desigualdad social y retroceso educativo y para nada puede ser tomada como una condición honrosa en un país con tanto capital humano, con perfectas condiciones geográficas y con la esencia del trabajo duro en nuestras venas.

Vaya, no critico en lo absoluto la esencia de vivir al máximo con lo que tienes, pero mientras la conversación de pobreza no cambie, nuestros grandes problemas se irán acrecentando hasta llegar al colapso.

La condición de pobreza debe representar la necesidad de crear y aprovechar oportunidades, de trabajar duro, de capacitarse y preparase, de buscar aumentar mi calidad de vida y la de mi familia. La conversación debe girar en torno a un país donde aún cuando la mitad nacen en condiciones de pobreza, se encuentra en construcción para salir de ella. El trabajo de gobierno, del sector privado, de la academia y de la misma sociedad debe estar encaminado en disminuir la pobreza, crear oportunidades y establecer las condiciones necesarias de crecimiento y desarrollo.

Que a partir de hoy el “pobre pero honrado” se transforme en “próspero en construcción” porque si nuestra única esperanza de crecimiento y de eliminación de la pobreza es un gobierno perfecto y honesto, millones seguirán naciendo y muriendo en condiciones deplorables.

Nadie tiene la culpa.

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