Diputados del PRI piden salida de Ochoa

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Monterrey N.L. (14 de febrero 2018).- Este martes, diputados federales del PRI pidieron la renuncia de Enrique Ochoa, dirigente nacional de su partido.

Los legisladores federales solicitaron a Carlos Iriarte, nuevo coordinador de bancada, que mediante un conducto se le pidiera a Enrique Peña Nieto se relevara al presidente del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), esto previo a que den inicio las campañas electorales.

A puerta cerrada, en una reunión privada en San Lázaro,en la que estuvieron al menos 30 diputados, entre ellos; coordinadores estatales y vicecoordinadores del grupo.

“Se pidió al coordinador Irarte que fuera e conducto con Los Pinos para solicitar la destitución de Ochoa. Mientras que esté ahí, no hay ánimo para trabajar y nadie está dispuesto a hacerlo”, argumentó uno de los legisladores.

“Todos hablaron de un solo tema: pedir la cabeza de Enrique Ochoa”, comentó otro.

“Los reclamos fueron tres: los priistas están renunciando y Ochoa no hace nada; no hay operación en los estados ni para la designación de candidaturas ni para cicatrizar las heridas y, o más preocupante, se dejó en claro que si esto sigue así puede darse una campaña de brazos caídos”, puntualizo uno más.

 

 

 

Renuncia Mike Dubke, director de comunicaciones de la Casa Blanca

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Tras una serie de especulaciones acerca de un cambio en la estrategia comunicativa del gobierno, Mike Dubke presentó su renuncia como director de comunicaciones de la Casa Blanca.

La noticia fue dada a conocer por Kellyanne Conway, consejera presidencial, a la cadena FOX, afirmando que Dubke había presentado su renuncia desde el 18 de mayo, pero ofreció quedarse tras el inicio de la primer gira en el extranjero del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

De momento la Casa Blanca no ha lanzado un comunicado oficial explicando las causas de la baja de Dubke y cuál sería su último día en funciones, sin embargo, algunos medios estadounidenses afirman que hoy mismo podría estarse anunciando.

Dubke fue anunciado como director de comunicaciones el 6 de marzo del presente año, después de que Jason Miller, ex portavoz de la campaña de Trump, rechazará el puesto.

 

El Talón de Aquiles: “Winners and Losers”

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Para mi, enero de 2017 marca el regreso a la vida económicamente activa: es el fin de mi primer año sabático. A decir verdad, un sabático, en el sentido tradicional del término, es un periodo de tiempo sufragado por la institución en donde se trabaja, usualmente una universidad, para que un empleado, normalmente un profesor, renueve su conocimiento, publique los resultados de su investigación, y refuerce sus redes.

La definición es genérica, pues ya he escuchado a estudiantes decir que se toman un “sabático” para viajar. En mi caso, por factores que no vienen al caso, la separación de mi institución anterior se convirtió en una solución para obtener el tiempo necesario para invertir en mi carrera y recuperar la competitividad.

El “año sabático autofinanciado” – así es como lo presento – se asemejó más a una situación de desempleo. Y en ese marco, muchos fueron los pensamientos que cruzaron por mi mente durante el año que recién termina. Hoy, que me reintegro al mercado laboral, me permito identificar las tres enseñanzas que guardo de estos meses de incesante crecimiento personal.

  1. La empatía paga

Múltiples son las reacciones ante una renuncia a un “buen trabajo”. La sorpresa es la más común. Tan acostumbrados estamos al trabajo, que muchos no imaginan algo distinto. Las justificaciones abundan: mi patrón es excelente, no podría tener un mejor puesto, el salario es competitivo, estoy integrado a mi círculo de amigos, etc.

Poco importa: una renuncia relativiza ese orden y deja aflorar el disenso dentro del consenso. Algunos muestran admiración, pero otros irradian una imperceptible envidia, pues se convierte uno en el valiente que cumplió lo que para muchos es un sueño. Varios de los que se consideran amigos, te evitarán, no porque no se preocupen por tu situación, sino precisamente porque, al preocuparse, desean ayudarte, por ejemplo ofreciéndote trabajo. Al no llamar, se evita el tener que decir “no”. Y no faltan quienes prometen contactos pero olvidan concretizarlos. También hay quienes imaginan que está uno en un paraíso de libertad, que no hace uno nada.

Ante este universo de reacciones, la empatía, esa capacidad de ponerse en los zapatos del otro, es una actitud ganadora. Muchos amigos y ex-colegas buscan entender las razones de una renuncia, pero en realidad es uno el que debe entender las reacciones del entorno.

Cuando nosotros recibimos solicitudes de ayuda para encontrarle un trabajo a alguien, nuestro margen de maniobra es reducido. No tiene por qué ser diferente en los otros casos. De hecho, probablemente todos tendrían un mejor trabajo si pudieran y los bienintencionados te ofrecerían el empleo de tus sueños si estuviera a su alcance.

Además, los verdaderos amigos, aquellos que nos conocen como estudiante, como pareja, como amigo o amiga de bar, como viajante, seguirán ahí, donde siempre han estado, riendo y llorando de las vueltas que la vida nos hace dar.

  1. La ansiedad es un efecto colateral que no debe ser subestimada

Si bien algunos consideran que renunciar a un trabajo estable, permanente, y bien pagado, es una locura, una prueba de inmadurez, hay dos aspectos que creo yo, indican madurez. Primero, lo que no crece decrece, y para crecer, es esencial salir de la zona de confort.




Visto así, el año sabático es un imperativo ético para quien desee mantener incólumes sus más preciados activos profesionales. En mi caso, se trataba de mis redes de contactos internacionales y de mi reputación. Puede sonar pretencioso, pero no lo es: lo único que tengo es la reputación, que con mucho esmero he logrado construir: es normal tratar de hacer lo necesario para preservarla.

Segundo, es saludable pensar en la carrera, reclamar el derecho a reencausarse y a reinventarse, y para ello, es necesario un lapso de tiempo que nos extraiga de la rutinaria presión de la inmediatez. En Canadá y Europa los universitarios cuentan con un año sabático pagado cada cinco años; los empleados públicos tienen acceso a programas de replanteo profesional. ¿Por qué no podemos nosotros tener los mismos derechos? Cuestionarse y replantearse no es inmadurez; es prueba de madurez.

Pero existen efectos colaterales, como la ansiedad, que no deben ser subestimados. No todo es color de rosa, sobre todo porque parte de nuestra identidad está relacionada al empleo. ¿Si no soy quien era, entonces quién soy? Además, el mercado laboral está duro.

¿Quería salir de la zona de confort? Bien: ahora compita y trate de ganar en este mundo en donde mucho de lo posible depende de contactos, en donde “mafias” controlan el acceso a puestos, en donde las posiciones públicas dependen de consideraciones políticas, etc.

¿Habré hecho lo correcto?¿Qué tan importante es el “qué dirán” si consigo un trabajo “peor”? ¿Habrá valido la pena? ¿Qué sucede si mi nuevo trabajo no me satisface? El punto es que, además de crecer en lo profesional, salirse de la zona de confort lo hace a uno crecer personalmente, si bien el proceso puede ser incierto, doloroso, y angustian.




Es entonces posible que la transición sea detestable en la rutina diaria, si bien a largo plazo puede ser benéfica. En serio, 2016 ha sido uno de mis años más productivos en términos de escritura y, sin embargo, en la cotidianeidad, no sé cuantas horas estuve esperando el correo electrónico con un ofrecimiento laboral.

  1. Lo importante no es preocuparse, sino ocuparse

Ya sea para crecimiento profesional, personal, o ambos, un año sabático se prepara. Pasarla viendo tele y comiendo porquerías por meses no debe ser considerado un año sabático. Viajar sí cuenta: esa es una de las mejores fuentes de crecimiento, sobre todo cuando está uno en los veintes.

Ahora bien, si el sabático llega en los treinta o en los cuarenta, si debe ser autofinanciado (porque ya no se puede o ya no se quiere depender de la beneficencia de los padres), debe uno ser capaz de sobrevivir financieramente el tiempo durante el cual no habrá salario.

Y si es cuestión de invertir a nivel profesional – en el mundo contemporáneo ya no caben los doctores que siguen hablando de su tesis 20 años después de haberla defendido y los profesores que siguen dictando cursos con las amarillentas fichas redactadas décadas atrás – hay que organizar la visita académica, calendarizar la producción de un manuscrito, desarrollar el trabajo de campo, diseñar los proyectos que van a articular el desarrollo futuro de la carrera, etc. Así, cuando esté uno absorto en la rutina y sea imposible ver el conjunto, solo habrá que ejecutar el plan definido.

Es decir, trabajo hay, y mucho, aunque eso no implique un salario. La regla de oro es entonces simple: no hay que preocuparse, hay que ocuparse. Entiendo perfectamente que un año sabático es un lujo que no todos pueden pagarse, pero debo indicar que durante doce meses, reconquisté la libertad estudiantil de trabajar en lo que realmente me apasiona, a mis ritmos, con mis criterios, con una agenda que yo elaboré, y todo ello con la meta de reforzar mi currículum académico.

Si hubiera sido presa de la ansiedad, entonces hubiera hecho poco y los temores de futuros intangibles me habría consumido. El tiempo dirá si tuve o no razón y si gané o no la apuesta. Pero en definitiva, estoy consciente que tomar un año sabático es un privilegio. Se trata de darse a uno mismo el recurso más raro en nuestro mundo contemporáneo: el tiempo. Por eso hay que aprovecharlo, ocupándose, y no preocupándose.

Franca conclusión

No lo negaré: el hecho de sugerir al patrón, así sea de la forma más diplomática y educada, de buscar a alguien que “calce mejor con la cultura institucional”, es tremendamente liberador. Pero mi reflexión va más allá del hedonismo irreflexivo. No puedo terminar esta columna sin hacer referencia a un elemento personal.

La víctima más importante en esta operación, en mi caso, fue mi relación de pareja. Es duro para alguien que no es académico entender el rigor de la escritura y la presión de las metas de productividad que puede uno imponerse durante un año sabático.

Y es duro para alguien que no está preparado para lidiar con la incertidumbre, convertirse en un soporte en este camino. Por lo tanto, al lanzarse en una operación de este tipo, se debe estar claro que si las bases de una relación personal no son sólidas, pueden explotar en cualquier momento.

Para los solteros, la decisión puede parecer más simple. Para los demás, se trata de hacer un cálculo de riesgos personales y profesionales y, en la medida de lo posible, hacer partícipe a la pareja.




Al día de hoy, no sé si soy “winner” o “loser”, pero puedo decir, sin temor a equivocarme, que creo haber hecho lo correcto. Y por el momento, eso es más que suficiente. Se es ganador cuando se es fiel a uno mismo. Feliz año 2017.

Fernando A. Chinchilla

San José (Costa Rica) y Ciudad de México (México), diciembre de 2016

 

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Dimes y Diretes: “Renuncia lejos de suficiente”

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El día de ayer en la noche, Rogelio Benavides Pintos renunció a su puesto como subsecretario de Administración de la Tesorería del Estado, esto tras el escándalo del #Cobijagate, donde se presume que se compraron cobijas para esta época de invierno a precios inflados. De igual manera, la semana pasada el mismo periódico que sacó a la luz la historia de las cobijas destapó que Benavides Pintos renta una casa en Las Misiones por $60 mil pesos, mientras que de sueldo recibe $61 mil pesos.

Benavides Pintos renta una casa en Las Misiones por $60 mil pesos, mientras que de sueldo recibe $61 mil pesos.

Rogelio justifica que su renuncia es para evitar “golpeteo político” a la administración del gobierno independiente de Jaime Rodríguez Calderón, “el Bronco”. La verdad es que no me lo creo. A ver, estimado lector, si a usted lo acusan de algo que es totalmente falso, ¿haría algo para comprobar su inocencia y comprobar que no hizo nada incorrecto? Pues claro que sí, ¿no?

Benavides Pintos tuvo dos oportunidades para salir limpio de este escándalo, el primero fue ante la Subprocuraduría Anticorrupción del Estado, en la cual el señor se apegó al Artículo 20 de la Constitución Mexicana para de esta manera no declarar. La segunda fue en una comparecencia ante los diputados del Congreso del Estado, a los cuales los dejó plantados, sin importar que se había confirmado su asistencia. ¿Por qué Rogelio no trato de salir limpio? Me queda claro que tiene cola que le pisen.

Rogelio justifica que su renuncia es para evitar “golpeteo político” a la administración del gobierno independiente de Jaime Rodríguez Calderón, “el Bronco”. La verdad es que no me lo creo.

A todo esto le tenemos que agregar la renuncia de Miguel Treviño, Jefe de la Oficina del Gobernador, y uno de los lazos más estrechos entre el gobierno y la ciudadanía, pues Miguel tiene una amplia experiencia con organizaciones de la sociedad civil. ¿Por qué renunció Miguel? ¿Tal vez vio protección a la corrupción y se sale antes de manchar su imagen?

Estimado “Bronco”: por favor investigue a fondo el caso de Rogelio Benavides Pintos, usted prometió investigar cualquier caso sospechoso de corrupción. El golpeteo político no termina con la renuncia de este subsecretario, el golpeteo político terminará cuando usted haya hecho algo para aclarar el aire sobre esta situación. Escuche a la ciudadanía.

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