#ElPesoDeLaResponsabilidad: “Gobierno Abierto en México: ¿La Alianza que no fue?”

En términos generales, Gobierno Abierto es un concepto que se emplea para caracterizar a aquel gobierno que inaugura un proceso de interacción con los ciudadanos, a través de una relación de doble vía, en la que éstos expresan sus opiniones sobre políticas públicas, coparticipan en la producción de bienes o servicios públicos, e intervienen activamente en el control y evaluación de la gestión gubernamental.

El concepto ha estado en el centro de numerosos estudios de Ciencia Política desde hace, por lo menos, una década. Quizás tomó su mayor proyección cuando en 2011 se creó la Open Government Partnership (Alianza para el Gobierno Abierto), con el propósito de construir la mayor instancia institucional global de intercambio y evolución conjunta en la materia. Precisamente, México fue uno de los ocho fundadores de esa alianza, junto a los gobiernos de Brasil, Estados Unidos, Filipinas, Indonesia, Noruega, Reino Unido y Sudáfrica. Actualmente son 75 países los que se han adherido a la Alianza, realizando más de 2500 compromisos para hacer que sus gobiernos sean más abiertos y responsables (para más información sobre la Alianza se puede consultar: goo.gl/MyqZ4n).

La importancia del tema –y, aún más, de la Alianza– radica en que los instrumentos de cualquier gobierno que se considere “abierto” deben estar basados en tres principios fundamentales: 1) transparencia y acceso a la información; 2) participación activa de los ciudadanos en los asuntos públicos; y 3) colaboración entre diferentes sectores (público, privado y sociedad civil), con el fin de incrementar la eficiencia de la gestión del Estado y mejorar los servicios públicos y la calidad de vida de toda la población, aprovechando las ventajas del uso de las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Así, resulta evidente que este modelo pretende establecer nuevos elementos sobre la manera en cómo los gobiernos se relacionan con los ciudadanos. Uno de esos elementos es, sin duda, el valor de la confianza. Valor que, por naturaleza, debe ir en dos direcciones: de los ciudadanos a los gobernantes, y viceversa.

Me interesa escribir sobre este tema debido a que apenas el pasado lunes 19 de junio diversos medios de comunicación informaron, con base en un reportaje de The New York Times, a su vez elaborado a partir en un estudio del Citizen Lab de la Universidad de Toronto, que diversos representantes de la sociedad civil habían sido espiados a través de sus teléfonos celulares por medio de un software conocido como Pegasus, desarrollado por la empresa NSO Group Technologies, cuyo capital y oficinas centrales se encuentran en Israel. Como lo escribió ayer Salvador Camarena, el artículo del diario estadounidense amplía los hallazgos del reporte “Gobierno Espía, vigilancia sistemática a periodistas y defensores de derechos humanos en México”, dado a conocer por la Red de Defensa de los Derechos Digitales (documento que se puede revisar en el siguiente vínculo: https://goo.gl/r8pt89).

Sin embargo, este no es el primer caso de espionaje contra integrantes de la sociedad civil que se da en nuestro país. Ya en mayo pasado, el Núcleo de Organizaciones de la Sociedad Civil (NOSC) determinó retirarse de los trabajos de la Alianza para el Gobierno Abierto en el plano federal, argumentando que han perdido la confianza en el Secretariado Técnico, institución tripartita en la que participan representantes del Ejecutivo y del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (INAI), como órgano garante. En este sentido, organizaciones como Fundar, GESOC, Transparencia Mexicana y CIDAC, entre otras, censuraron la actitud asumida por las autoridades frente a evidencias de que se había violentado la privacidad de algunos de sus miembros. Sin confianza no pueden continuar participando en la Alianza, argumentaron.

Avanzar para que la construcción de los Sistemas de Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción incorporen las exigencias de organizaciones civiles, académicas y empresariales, es un elemento indispensable para restaurar la relación Estado-sociedad. Como lo mencionó Jacqueline Peschard en su toma de protesta como presidenta del Comité Ciudadano del Sistema Nacional Anticorrupción, no basta que los ciudadanos sepan qué hacen los gobiernos, por vía de la transparencia, sino que deben ser actores directos de las decisiones y políticas que aquéllos adoptan. Se trata, pues, de una nueva relación entre sociedad y gobierno, y para que prospere es indispensable que exista un dialogo basado en el respeto mutuo y la confianza de las partes.

El establecimiento de políticas relacionadas con Gobierno Abierto, construidas a partir de mecanismos transparentes y con aportaciones ciudadanas, ha demostrado ser eficaz en otras regiones del mundo. México no debe ser la excepción. Con todo –como se argumenta desde la Ciencia Política– se debe reconocer que Gobierno Abierto, como idea y como práctica, continúa siendo un concepto en construcción. Por desgracia, el contexto actual lleva a suponer que la idea difícilmente se podrá materializar mientras siga existiendo un déficit de confianza entre las partes. Toca ahora al gobierno actuar para recuperarla. Cuidado, si no lo hace, se puede perder una oportunidad que no regresará.

#ContraPortada: La Generación que lo cambió todo

Durante las últimas décadas nos hemos acostumbrado a llamar a los jóvenes como “la última oportunidad de cambiarlo todo” o “el futuro del mundo”, la realidad para muchos dista mucho de lo que han esperado de nosotros.

Recientemente, uno de los pensadores de los que más respeto les guardo, se refirió a mi generación como “los grandes ausentes”, aunque hacía referencia a la ausencia en el escenario político, no dejó de causarme “shock” que nos vean como una generación más que fracasó en el intento de cambiarlo todo.

Frecuentemente escucho a personas mayores referirse a nosotros como “la juventud pérdida”, haciendo eco en la era digital donde, dicen, hemos quedado atrapados en la apatía, el conformismo y en un mundo virtual que se encuentra muy lejos de la realidad laboral y social a la que nos enfrentamos. Nos han tildado de “zombies tecnológicos” o “ciudadanos de Facebook” sin el menor grado de trascendencia en el rodar del mundo al que pertenecemos.

Es evidente que no concuerdo-en la mayor parte- con los argumentos presentados por los protagonistas antes mencionados, definitivamente estamos viendo a dos o tres Méxicos, muy distintos y radicalmente opuestos.

Yo veo a la generación que lo cambiará todo, la que a pasos gigantes ya lo está haciendo. Esa generación que lucha por la libertad y la no discriminación, que pugna por la equidad de género y los derechos de la diversidad, mientras generaciones anteriores menospreciaban a las mujeres y querían-literalmente- linchar a personas por su preferencia sexual.

Veo a una generación que no le dio miedo probar nuevos esquemas laborales, que exige flexibilidad y que pretende darle sentido a cada una de las actividades que realiza en su vida. Aplaudo a la generación atrevida a la que pertenezco, que sí ejerce presión en su escenario más usado como lo son las redes sociales, pero que no tiene empacho en salir a las calles a exigir y tomar lo que creemos que es nuestro.

Krauze habla de jóvenes dormidos, que viven una vida de excesos cargados a la American Express de sus papás, de una generación desechable que tira todo a la borda, de jóvenes que no se sienten capaces de tomar un rol protagónico en la transformación de sus países. Seguro que existen jóvenes como los que menciona Krauze, seguro que también en su generación existieron.

Pero yo quiero dedicar mi pluma a escribir sobre los millones de jóvenes en el mundo que estamos conectando soluciones a problemas que la generación de Krauze y anteriores han creado. Al cambio climático que nos dejan, a gobiernos autoritarios que ellos eligieron, a esquemas laborales que jamás funcionaron pero que siguieron por esa apatía de la que ahora nos acusan.

Siempre será muy fácil señalar a los jóvenes como la esperanza del cambio, también es muy fácil nombrarlos culpables cuando las cosas no van bien.

Pero yo jamás me he creído el cuento de que los jóvenes somos los únicos responsables de la transformación del mundo, más bien creo que es un trabajo en equipo de generaciones anteriores que cometieron grandes errores pero que de ellos adquirieron experiencia junto al dinamismo y locura que representamos los jóvenes millennials y de la generación Z.

Diría Steve Jobs que los puntos solo se conectan hacía atrás, por eso sin temor a equivocarme, estoy convencido de que ésta generación- cuando esos puntos se conecten 50 años atrás- será nombrada como la generación que lo cambió todo.

Venezuela propone proyectos a México

Luis Videgaray fue elegido como presidente de la 47 Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en Cancún, Quintana Roo, durante la cual se espera que la crisis de Venezuela sea abordada.

Videgaray aseguró que México confía en el sistema interamericano de Derechos Humanos.

“Me quiero referir, si me lo permiten brevemente, es al fortalecimiento del sistema interamericano de derechos humanos, México es un país que cree en el sistema interamericano de derechos humanos y en el escrutinio internacional, como un poderoso instrumento de cambio”, dijo el canciller mexicano.

Por otro lado, Delcy Rodríguez, la canciller de Venezuela, pidió de nuevo el respeto a la soberanía de su país y criticó a sus homólogos que piden al presidente Nicolás Maduro reconsiderar su convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y el cese de las hostilidades.

“¿A qué están llamando en Venezuela?,  ¿a la guerra, es eso lo qué quieren para nuestro país?, ese escenario que promueven no va ha suceder, respeten la soberanía, exijo respeto a los sumisos del país hegemón de la región”, dijo la canciller venezolana.

Rodríguez presentó  a México diez proyectos de resolución.Dentro de ellos hay uno sobre los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y otro para rechazar la construcción de un muro en la frontera entre México y Estados Unidos.

 

Aumenta un 57% la toma clandestina de combustible en México

Monterrey (20 de junio de 2017).- Pemex detecto un crecimiento del 57%  de toma clandestina de combustible en los primeros cuatros meses de 2017.

Guanajuato encabezando la lista de registro de tomas clandestinas de combustible, con 659 perforaciones detectadas, dejando atrás a Puebla que durante 14 años habían reportado mayores números que en este primer cuatrimestre, ya que solo se reportaron 460 tomas.

Según Pemex, se hacen al menos 5.4 perforaciones por día en Guanajuato, desbanco a Puebla, en el primer cuatrimestre de 2017, con más tomas clandestinas detectadas por Pemex.

Según afirma el titular de la Secretaria de Hacienda y Crédito Publico, José Antonio Meade, estos robos generan pérdidas de 15 mil hasta 20 mil millones de pesos, cada año.

En los primeros cuatro años del sexenio de Peña Nieto, Pemex perdió 97 mil millones de pesos por robo y fugas de tomas clandestinas.

Puebla y Guanajuato reflejan el mayor número de tomas con 460 y 659, detectadas.

Morelos es el estado con mayor crecimiento de tomas de combustible, pues paso de tener ocho registros a 85 en ese mismo tiempo. El robo de combustible en Morelos, se concentra en Huitzilac, municipio que colinda con el Estado de México.

 

(Con información de Animal Político)

Hacia un Gobierno de Coalición

En Europa existen  gobiernos de coalición entre izquierda y derecha, si bien los sistemas políticos son de orden parlamentario, y en varios de los casos con monarquías constitucionales,  sus élites políticas han encontrado fórmulas para construir gobiernos en que la unidad surge de la racionalidad política, y aún de principios ideológicos en que izquierda, centro  y derechas moderadas se unen en ciertas coyunturas para formar un gobierno de coalición en el Parlamento.

También se presentan coaliciones bajo la fórmula de balotaje, esto es una segunda vuelta electoral para cargos públicos en el poder ejecutivo o bien para los Parlamentos. Básicamente consiste en que para llegar a un cargo público  es necesario obtener una mayoría de los votos emitidos que le de representatividad y legitimidad a los gobiernos, fórmulas que varían por porcentajes sobre el total de votos emitidos o bien por una diferencia porcentual entre el primer y el segundo lugar o las dos cosas, sin desestimar otras combinaciones existentes. En el caso de América Latina algunos países con sistemas presidencialistas  han introducido esta fórmula para darle mayor legitimidad al Poder Ejecutivo.

En suma, los gobiernos de coalición existen, son posibles y han dado en algunos casos resultados, con independencia a si el cargo de Presidente de la República es de un partido y el cargo de Primer Ministro es de otro partido, a lo que se le denomina cohabitación; sin embargo, debe subrayarse que se trata de un orden político parlamentario, donde el poder Ejecutivo se divide en Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, y donde el Parlamento elige al jefe de Gobierno o Primer Ministro mediante precisamente una coalición que es mayoritaria. O bien se trata de sistemas semi-presidencial.

No se pide en una coalición política que los involucrados piensen lo mismo, ni que renuncien a sus ideologías, en cambio se pide unidad en objetivos comunes. En algún sentido, una fórmula básica para una coalición radica en la pregunta “qué tanto estamos dispuestos a ceder”, más todavía cuando se trata de enfrentar problemáticas de envergadura, posiciones políticas que cuestionan el propio orden democrático o elaborar un programa de gobierno viable.

En el caso de las coaliciones electorales, México tiene fórmulas para realizarlas, desde parciales hasta totales, así como un aleccionador compendio de coaliciones electorales a lo largo de su historia.  Sin embargo hoy se habla en un sentido distinto de coalición, por un lado unos se refieren a un sistema presidencial de mayoría absoluta con doble vuelta -semi-presidencial-; otros un sistema parlamentario donde los partidos políticos representados en el Legislativo se ponen de acuerdo en un Programa de Gobierno y eligen un Primer Ministro. Suponer un régimen parlamentario en México, implicaría crear la figura de Primer Ministro o algo parecido, toda vez que orgánicamente debe tener sentido formar una coalición en el Poder Legislativo, que por supuesto debe trascender el repartir los cargos del gabinete.

Por otra parte se habla de realizar una segunda vuelta electoral como vía de una coalición en el gobierno, pero eso requiere un cambio de régimen y que se establezca que si el ganador no obtiene el 50 por ciento de los votos entonces se transite a una segunda vuelta electoral, por tanto se perfila una estructura semi-presidencial, por lo menos. Ha de decirse que al considerar los tiempos electorales establecidos por la ley, es complicado abrir una nueva fórmula de votación para la elección de Presidente de la República por segunda vuelta. Debe considerarse que la experiencia muestra que en América Latina las fórmulas de segunda vuelta electoral no se han traducido de manera lineal en gobiernos con mayores consensos.

Es posible, aunque quizá no en un momento mediato, avanzar hacia un cambio de régimen que asegure la representación del Parlamento, del Presidente y genere una nueva figura constitucional donde la representación del Estado y el ejercicio de gobierno recaigan en figuras distintas. En otros términos sería dejar atrás el Sistema Político Presidencialista; empero, será por demás complejo, dados los tiempos legales, realizar una reforma a la estructura política nacional.

Si en cambio lo que se busca es un Convenio de Coalición electoral, entre los Partidos Políticos para alcanzar la Presidencia de la República en 2018, entonces el tema es otro, toda vez que la ley actual dispone de los medios para que esto ocurra, empero, la construcción de esta coalición -o alianza como la denominaron en el año- reclama: condiciones al interior de los partidos para ir en unidad a una elección: alguno deberá aceptar que el candidato sea de otro partido; y el partido que logre poner el candidato habría de aceptar que elegirá el que mayor confianza le genere a su aliado electoral y no el que quiera. Un asunto que podría unir a izquierda y derecha en la próxima elección Presidencial sería generar un cambio de régimen político con un sistema coalición en el Gobierno. México podría avanzar bajo un orden político de este tipo. El bien del país es siempre algo que puede unir la diversidad.

#IntimidadesPúblicas: “El sueño de la segunda vuelta electoral en 2018”

Es el 1 de julio del 2018. La jornada electoral de las elecciones federales ha concluido y los resultados respecto a la elección presidencial arrojan un importante resultado: nadie obtiene más del 50% de la votación.

La competencia entre los candidatos y la oferta electoral entre los partidos políticos fue dura. La votación de los candidatos ronda entre el 30% y 20%. La diferencia entre el primero y el segundo lugar es de tal sólo 3%, habrá segunda vuelta electoral.

La elección por segunda vuelta se celebrará en dos semanas más. Por un lado, un candidato impulsado por la izquierda y por el otro, la centra derecha impulsan al propio. Son dos semanas vitales para que quienes aparecerán en las boletas hagan todo lo posible para conseguir el mayor respaldo posible, desde las bases ciudadanas hasta las negociaciones con los partidos políticos que no pasaron a esta etapa.

Llega el domingo 15 de julio, la jornada electoral transcurre con algunas dudas. Después de todo, se ha optado por utilizar una nueva variable en nuestro sistema democrático que busca fortalecerlo después de una grave crisis por la que ha transitado.

Es así, como después de 30 años, se elige a un Presidente de la República con más del 50% de la votación de la elección, comenzará con la legitimidad suficiente que le permita tener la fuerza y empuje necesario para gobernar a un país como México.

Pero este escenario hipotético respecto a las elecciones del siguiente año no será posible aunque muchos crean que puede llegar a serlo. La Constitución en su artículo 105 es clara al mencionar que “Las leyes electorales federal y locales deberán promulgarse y publicarse por lo menos noventa días antes de que inicie el proceso electoral en que vayan a aplicarse…” y la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales en su artículo 225 menciona que “El proceso electoral ordinario se inicia en septiembre del año previo al de la elección y concluye con el dictamen y declaración de validez de la elección de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos”, por lo que dicho plazo ha vencido.

Independientemente de esto, valdría la pena cuestionarnos acerca de que tan positivo puede llegar a ser que se implemente una segunda vuelta electoral en nuestro país. ¿Cuáles serían sus alcances? ¿Se fortalecería la democracia? ¿Qué soluciona?

En lo personal, considero que dicha medida podría ayudar a que aquel candidato que resulte electo tenga mayor “legitimidad” al inicio de su mandato. Es decir, forzosamente más de la mitad de los electores habrán votado por él. Pero ¿votarían por él por ser la mejor opción o porque era “lo mejor” que había en la segunda vuelta? ¿Qué esto en todo caso no genera una legitimidad ficticia?

Dicho de otra forma, puede llegar a existir la concepción de que un candidato obtuvo un triunfo que genera más legitimidad, pero esto no quiere decir de ninguna forma que dicha legitimidad se traduzca en gobernabilidad. La gobernabilidad dependerá de muchas otras variables más allá del voto recibido por un sector de la población -el cual reitero podría considerarse como una “mayoría falsa” respecto a lo que el elector realmente quiso en la primera vuelta-, será necesario acoplar variables como: una conformación del Congreso distinta, una elección limpia, el apoyo organismos de la sociedad civil organizada, la obtención de votaciones favorables en Entidades Federativas clave, por nombrar algunas.

Desafortunadamente, en la actualidad quienes utilizan como discurso el tema de su aprobación en lugar de buscar fortalecer nuestra democracia es porque parecen estar más preocupados por buscar la forma de ser competitivos mediante esta fórmula, tal vez porque no ven posible serlo sin ella.

En fin, este tema podrá ser materia de discusión para próximas elecciones Presidenciales, pero queda jurídicamente descartado para el 2018.

Partidos Políticos y Candidaturas Independientes

México vive actualmente un momento crucial en la historia de su sistema político. Debido a las reformas impulsadas por el Presidente Enrique Peña Nieto ahora es posible postularse a un cargo de elección popular por la vía independiente, es decir, sin el respaldo de un partido político. Por consiguiente los estados de la república también hicieron las reformas correspondientes por lo que ahora vemos como hay gobernantes y legisladores independientes emanados de procesos electorales del 2015 y 2016. El objetivo de este artículo es contrastar los efectos políticos que han tenido estas candidaturas a la fecha y el impacto que podrán tener en el juego político del 2018.

Hoy en día ya hay alcaldes de centros poblaciones importantes como Morelia, García y Ciudad Juárez que llegaron al poder por la vía independiente, tenemos inclusive en Nuevo León un gobernador independiente, Jaime Rodríguez Calderón. Ejemplos y motivos hay muchos por eso vale la pena analizar porque la gente decidió escoger a esas opciones políticas en esos estados cuando en muchas ocasiones eran candidatos que anteriormente habían militado en un partido político. El hartazgo generalizado hacia el sistema o la polarización política en algunos estados terminó por generar estos triunfos.

Desde mi punto de vista los partidos políticos no necesariamente están peleados con las candidaturas independientes, de hecho, hay un artículo dentro de los estatutos del Partido Revolucionario Institucional donde se establece la posibilidad de poder contender por la vía independiente sin dejar la militancia de partido siempre y cuando se obtenga autorización del consejo político de nuestro partido. Fue este partido junto con las grandes fuerzas políticas quienes impulsaron las candidaturas independientes y otros aspectos fundamentales de la reforma electoral del 2013 como lo son la reelección legislativa y la fiscalización de las campañas.

El termino independencia es relativo, ninguna figura que participe en política, desde el regidor, diputado local hasta el presidente de la república puede jactarse de ser independiente 100% tomando en cuenta que la política al final se mueve por muchísimos intereses y los candidatos independientes no son la excepción quienes en muchas ocasiones son apoyados y financiados por los propios políticos partidistas, empresarios y grupos de poder con el fin de arrebatarle el poder a otro  grupo político o inclusive tener un candidato que sirva para dividir el voto ante un panorama anti sistémico.

Una de las críticas mas fuertes que ha habido hacia las candidaturas independientes han sido los excesivos requisitos para poder registrarse y llevar a cabo una campaña, sin financiamiento público elevado y con trabas con el proceso de recolección de firmas. Al final del día en mi opinión hemos visto que estos requisitos no son obstáculo para que contiendan contra los demás partidos y sirven para evitar tener un exceso de candidatos independientes sin respaldo ni legitimidad social alguna. En este 2018 se juega no solamente el futuro del PRI sino el futuro del país ante los grandes retos que se vienen, dudo que tengamos un presidente independiente, pero esperemos las candidaturas independientes sirvan en realidad para representar intereses genuinos de la ciudadanía y no estrategias políticas enfocadas a confundir al electorado.

#PulsoUrbano: “Mitos urbanos (Parte II)”

“Es culpa de la planeación urbana, “No tenemos planeación”, “hay intereses malvados”.

La planeación urbana existe. No es un fantasma que opere sin instituciones, presupuestos o reglas. Lamentablemente, ha salido de las Secretarías de Desarrollo Urbano en gran medida. Sin embargo, en el país y cada estado existen desde organismos hasta oficinas dedicadas a la elaboración de planes.

No es reciente. Tendrá aproximadamente 30 años que comenzó a ser indispensable contar con la técnica. Esto en medida de que comenzamos a crecer territorial y poblacionalmente. Demanda de infraestructura como servicios para esas comunidades en la periferia crearon tales posibilidades.

No obstante, como casi todo en México. Algunos de esos planes estuvieron supeditados a decisiones políticas que no consideraban los cambios de futuro. Eso aunado a la corrupción, la impunidad y también la falta de visión técnica que estuviera preparada no para tales cambios, sino para crearlos. Tan sólo hagamos la pregunta: ¿cuántos planeadores urbanos hay en la Zona Metropolitana de cualquier ciudad de México?, ¿cuántos organismos públicos dedicados a la planeación urbana? Esa fue una cuestión que nos hicimos expertos de todo el mundo, créame que la respuesta es igual de frustrante en la India, en Inglaterra, en Canadá que aquí. Vaya, es un tema generalizado sólo que en algunas partes estas ausencias son más visiblemente nocivas que otras.

El rezago nos ha alcanzado, no hay duda, con ello el conflicto, el caos, la selva de asfalto. Lo que vivimos con realidad urbana no es más que un reflejo de la coexistencia misma de eso, más los intereses. Intereses que no sobra decir que tenemos todos. Absolutamente cada habitante tiene un interés.

Los intereses de hecho no son malos ni buenos. Sólo son intereses. Pero se convierten en perjudiciales cuando sólo pensamos de la puerta de nuestra casa para adentro sin tomar en cuenta puntos de acuerdo común.

Eso no va a ser posible en su totalidad hasta que resolvamos también otra de las acefalías en las ciudades: la democracia.

La democracia tiene que ver con la Planeación urbana en la medida en que dejemos de entender que esos planes sólo surgen de la “nunca brillante idea” de un sólo actor (llámese Alcalde, Gobernador, empresario, etc). Tenemos que movernos y transitar un duro camino hacia la Planeación colaborativa que permita ese diálogo, la retroalimentación y la cooperación.

Cooperación que no está asegurada sólo con opinar sino que es la sumatoria de esfuerzos públicos, privados y de la sociedad civil que se conjugan no para determinar los planes, eso nos toca a los técnicos, sino para ejercer el derecho a la participación como la vigilancia y la continuidad en la ejecución de los mismos.

En algunas entidades del país, en el caso de México, todavía no se tiene claridad al respecto. En qué se puede, cómo, para qué… Estamos haciendo el camino y estamos aprendiendo a cómo lograr no permanecer inmóviles aún cuando la situación sociopolítica de nuestro país es tensa en este momento

De acuerdo con Joan Clós, Director de ONU-Hábitat esas son las variables que hacen que la planeación urbana sea ahora un reto colectivo que debe rebasar los límites de la técnica.

Quizá por eso los planeadores del futuro nos sentimos en una batalla solitaria y contracorriente. Porque entre esos planes arcaicos, intereses que no todos están en las mesas de debate y algunos en ese sentido del “nadie gana más que yo” nos estamos perdiendo de hacer más ejercicios ricos en diversidad, pluralidad y visiones distintas.

No es trabajo del gobierno. No es trabajo de hecho de una sola persona porque justo lo que pretendemos en la Planeación colaborativa es que esos intereses estén todos representados y decidan qué vamos a hacer realidad o no.

Entonces las preguntas se vuelven complejas, ¿cómo cambiar si los intereses -incluyendo los de los más “progres”, “educados” y con “dinero” cuando no existe en el imaginario si quiera la búsqueda del bien común?

Por eso estamos como estamos.

No es la Planeación, son los intereses que todos los tenemos. Y que en esta ciudad como en otras deberíamos preguntarnos qué clase de intereses tenemos porque con los que hoy están, incluyendo los de los habitantes, pocos quieren transformar a esa urbe que tanto nos duele y aqueja.

Intereses que corresponden a personas con alto nivel de conciencia nos permitiría seguir “picando piedra” en la muerte de la planeación urbana tradicional a una nueva sostenida en procesos colaborativos. Porque no, no es un fantasma. Ni tiene la culpa. Ni hay intereses malvados si el resto de los intereses hacen contrapesos. Eso, es repensar colectivamente la Ciudad en función de solucionar la realidad caótica y no de seguir teniendo fábricas de planes.

El cambio no esta en manos de unos cuantos

Sin ánimo de parecer una radical que critica el sistema y lejos de considerarme afín a algún partido político en particular, es triste lo que acontece en Coahuila. Cuando pensamos que lo hemos visto todo y que la corrupción y el sistema no pueden estar peor y que después de tantos años de fraudes algo hemos aprendido, o  cuando creemos que la sociedad despierta y busca un cambio, cuando la indignación es tan grande que nos permite imaginar la luz al final del camino nos volvemos a topar con pared. Testimonios de personas cercanas que se han involucrado directamente en el proceso, que intentan “participar”, porque ni eso se les permite, narran la porquería en la que se encuentra inmersa el Estado de Coahuila, lo describen literalmente como un mugrero.

– No hay quien nos respalde, nos defienda o nos brinde apoyo ante las injusticias y las irregularidades en la votación y en el conteo de las actas, la policía esta coludida y nos ignora al igual que el Instituto Electoral de Coahuila. No atienden nuestras denuncias, vemos como se cuentan actas que no tienen marcado a ningún candidato y se contabilizan a favor de PRI, como desfilan frente a nuestros ojos las boletas falsas y todas las evidencias del fraude electoral y nadie hace nada. No se nos permite ingresar como observadores para validar el conteo de las actas, se nos trata con desprecio por buscar la verdad y señalar a quienes se burlan de nosotros con semejante descaro. No se nos permite siquiera la entrada al baño, todo esto con el afán de que desistamos. Yo estoy cansado de la injusticia de la que somos víctimas y he decidió luchar y no dejarme amedrentar, pero ese soy yo ¿Cuántos más como yo hacen falta que seamos escuchados? ¿Cuántos más están dispuestos a pelear y a sacrificar en pro de la justicia? – .

Después de todo, lo que sucede en Coahuila es solo el reflejo de México. Quizá marchar por unas cuantas horas, en algunas ciudades, y escasos ciudadanos no sea suficiente y el mensaje que mandamos como sociedad no está siendo claro. Quizá sea momento de reflexionar y hacernos consientes que si podríamos estar peor, y si seguimos dejándonos pisotear de esta manera tan brutal y descarada, lo estaremos. Quizá ya va siendo hora de darnos cuenta que la lucha es de todos y no solo de algunos cuantos, que las consecuencias de la apatía social y el desinterés repercuten en todos los niveles de la sociedad y nadie estamos exentos.

El bipartidismo hegemónico

En la historia de nuestro país hemos sido testigos de la vida política emanada de las desiciones de dos partidos que han decidido el rumbo de México en desiciones en contubernio en materia legislativa como en la representación de los gobiernos estatales y municipales, el intercambio de reformas, como de posiciones; las “alianzas” han dejado de lado la voluntad popular de elegir mediante el sufragio a sus autoridades, el reflejo de la elección de 2017 da vista a un acuerdo de no dejar crecer a ningún partido o movimiento que atente contra su representatividad, y el resultado es opuesto al mandato social; 2018 será testigo de la inminente alianza que cocina el bipartidismo moderno
En la historia de nuestro país hemos sido testigos de la vida política emanada de las desiciones de dos partidos que han decidido el rumbo del México en desiciones en contubernio el rumbo de nuestro país en materia legislativa como en la representación de los gobiernos estatales y municipales, el intercambio de reformas, como si fueran barajas de cambio, así como de posiciones estratégicas en gobiernos y plazas de interés público, además  de  las “alianzas” que han dejado de lado la voluntad popular de elegir mediante el sufragio a sus autoridades, de forma libre y bien documentada.
El reflejo de la elección de 2017, que acabamos de vivir en diferentes estados de nuestro país, da vista a un acuerdo de no dejar crecer a ningún partido o movimiento que atente contra su representatividad, que no les permita hacer sus “negocios” en lo oscurito y sin transparencia,  y el resultado es opuesto al mandato social.
El  2018 será testigo de la inminente alianza que cocina el bipartidismo moderno, de atentar contra el pensamiento que esta despertando en nuestro país, de atentar contra la razón y la innovación de un pueblo que ha despertado.
La conciencia de este México, representa la nueva revolución de ideas que en el mundo se esta adoptando; a nivel internacional la aceptación de personajes fuera de los sistemas tradicionales es alta, debido a los resultados que aportan a una sociedad de ver como el mundo se termina entre corrupción, contaminación y violencia extrema.
México ha despertado y no puede permitir que el bipartidismo termine con lo que se ha avanzado en muchos estados de nuestro país, como la elección en Nuevo León del 2015, la ciudadanía demostró a los partidos políticos que estaban cansados de sus mismos actos, este 2018 Nuevo León tendrá una elección aun más poderosa e histórica, donde tiene la oportunidad de refrendar su decisión y su próxima historia que será contada por los actuales cronistas de los municipios.
Nuevo León tiene la oportunidad de seguir siendo ejemplo nacional y consagrarse como el estado más moderno en infraestructura, comercio, empresas y política del país.