Mereces lo que sueñas

Hoy todos se burlan de las libretas de la esposa de Javier Duarte, sin embargo, la práctica de anotar compulsivamente un deseo buscando obtener una respuesta  del universo o de cualquier otra fuerza invisible y misteriosamente servil, es bastante común.

Libros, documentales, cursos, retiros, conferencias y un largo etcétera, nos ofrecen rutas mágicas, absurdas y exprés para alcanzar nuestras metas o sueños. No son pocos los patrones que han transmitido estas ideas a sus trabajadores creyendo que les están haciendo un bien.

En la búsqueda de concretar nuestros objetivos, hay múltiples factores que no dependen de nosotros y lidiar con esa incertidumbre es tan incómodo que la esperanza llana y simple no logra calmarnos; si no aprendemos a vivir con esas dudas, la desesperación nos puede hacer recurrir a las estupideces más grandes y ejemplos, tristemente, hay muchísimos.




Pero más allá de creer en absurdos, estas prácticas nos pueden llegar a convencer de que lo que tenemos es merecido, de que fue puesto frente a nosotros como una “señal” de alguna enigmática energía profundamente interesada en nuestros caprichos.

Asimismo, consideremos que el ser humano tiende a justificar sus conductas, por más espantosas que sean. Pensemos en Jorge Videla muriendo convencido de que su dictadura no cometió excesos y mantuvo el orden, situación idéntica a la de Francisco Franco o similar a la de Gustavo Díaz Ordaz, quien dijo sentirse orgulloso de lo ocurrido en Tlatelolco en 1968.

Combinemos las ideas de los dos párrafos anteriores:

El cinismo sea quizá la forma en que estas personas sobreviven a sus propias atrocidades y las ideas mágicas se presentan como una herramienta invaluable para ello.

Tal vez entonces, la familia Duarte crea que su abundancia es consecuencia de haber escrito sus deseos en un pedazo de papel y no de conductas ilícitas.

Que las quimioterapias falsas fueron en realidad una oportunidad cósmica para obtener ganancias a costa de niños enfermos de cáncer. Que las empresas fantasmas eran estrategias místicas para concretar las respuestas del universo. Que la desaparición de periodistas fue simplemente la eliminación de obstáculos siderales que se entrometían de forma incómoda con el gran plan de materializar los antojos del entonces gobernador.




Porque todo lo repugnante se puede justificar si se parte de una óptica desvergonzada y fantasiosa.

Las libretas no hacen sino mostrarnos los alcances de estas conductas inútiles, disparatadas y nacidas del pensamiento mágico: aprovecho las oportunidades, sean cuáles sean y merezco lo que tengo, haya llegado cómo haya llegado.

No arrebato, el universo me regala.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

Peña Nieto, Presidente de caricatura

En los últimos días hemos visto como la incendiaria ofensiva contra la imagen y figura de Enrique Peña Nieto se ha incrementado. Ya no se ha atacado la figura del Presidente solamente, se ha atacado la figura de Enrique mismo, como persona y hasta como estudiante.

Aquí mismo en Altavoz, un colaborador citaba un chiste que hacían de Adolfo Ruiz Cortines burlándose de su edad, también mencionó que a Díaz Ordaz se le mofaban por feo y a Echeverría por “pendejo” en palabras de Diaz Ordaz.

Más allá de saber si los ataques tienen justificación y sin afán de defender el oficialismo al puro estilo chayotero de Ricardo Alemán, Peña Nieto viene haciendo una sucesión de malas movidas que ya lo hacen ver y caer en un ridículo.

Hacerle renunciar es el deseo de muchos y más allá de las terribles consecuencias económicas que nos traería, el problema en general radica en lo mal manejado que tiene su agenda personal, su figura, su envestidura, nadie lo respeta, ni su propio partido y no estoy proponiendo que se regrese a las viejas épocas donde un presidente actuaba como tlatoani azteca, pero sí sienta un precedente de que la figura de “Presidente de la República” está para cualquier “guey” y ese “guey” es motivo y objeto de cualquier clase de pitorreo sin ton ni son.

Si bien será siempre discutible la manera en que Enrique llegó a Los Pinos, su matrimonio telenovelero y la N cantidad de escándalos, la figura del “Líder de la Nación” está en una crisis inédita.

En lo personal siempre he sido un escéptico del potencial de las redes sociales para generar impactos en la política mexicana que vayan más allá de un “Lord [Inserte personaje]” o que hagan renunciar a gente como Alvarado de Tv UNAM. Sin embargo, las redes sociales si influyen en la opinión pública más y más y en esto en votos.

La actual crisis peñanietista va a permear más allá del 2018 y quien quiera el puesto presidencial tiene que estar consciente del enorme escrutinio del que será objeto y de la burla, la injuria y la ridiculización.

Los asesores también influyen aquí, no se ve un hilo de cordura en Los Pinos, ¿tanto se le teme a Trump que se le quiso suavizar?, ¿Qué fue ese chiste de informe con “jóvenes”?, ¿Qué afán de defender a gente tan torpe como Alfredo Castillo?

Las iniciativas más progresistas y radicales en la historia de la Patria de los últimos 50 años que realizó Peña Nieto como la abierta discusión de la legalización de la mariguana y el matrimonio igualitario han recibido rechiflas hasta desde el mismo PRI.

Muchos dirán que la figura de patetismo que tiene Enrique a nivel nacional y a nivel internacional es por su propia culpa; sin embargo, aunque así lo fuese, ¿que podemos aprender de esto?.

Por aprendizajes yo pondría en la palestra el que los partidos buscaran perfiles menos fotogénicos y más acordes a las ideologías propias del partido aparte de que las candidaturas presidenciales fueran menos objeto de dedazos y más de debates internos.

Fox ha quedado pintado como mandilón y torpe, Calderón como un borracho y beligerante, Salinas como el mayor enemigo de la sociedad después de Satanás, Echeverría como un asesino recluido en su propia casa, López Portillo terminó senil, robado y apodado el “perro”. Al menos Zedillo guarda cierta imagen.

La imagen del Presidente debe ser criticada y cuestionada pero nunca burlada por lo que representa, antes debemos evaluar mejor a los candidatos al votar y al elegir representantes, cuestionarlos desde antes y así evitarnos esta clase de bochornos. Piense por un momento, Enrique Peña fue elegido en las urnas por miles de mexicanos como usted o como yo y es la imagen de México ante el mundo.

Pregúntese ¿Qué pensarán de nosotros en el extranjero?

Lo dicho, dicho está.

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El tonto

Una noche, el presidente Adolfo Ruíz Cortines conducía a alta velocidad y fue detenido por un oficial de tránsito. Al ser obligado a descender de su vehículo, gritó indignado: “Óigame, al presidente no se le para en la calle” a lo que la primera dama, aún adentro del auto, agregó: “Tampoco en la cama”.

El anterior es uno de tantos chistes que se hicieron sobre Don Adolfo, la mayoría de ellos relacionados con su supuesta edad avanzada (asumió la presidencia pocos días antes de cumplir 63 años).

Sintetizar la gestión o incluso la persona del presidente con base en acontecimientos, características físicas o declaraciones desafortunadas, ha sido una tradición tan grande en nuestro país, al grado en que se dice que alguna vez Gustavo Díaz Ordaz, casi resignado llegó a decir: “A mí me hacían chistes por feo pero a Luis Echeverría se los hacen por pendejo”.

Enrique Peña Nieto se creó él sólo su imagen de tonto desde el día en que, siendo candidato presidencial, no pudo mencionar ni siquiera los títulos de los tres libros que marcaron su vida; en palabras de Carlos Fuentes, la respuesta de Peña fue “una demostración pública de ignorancia”, además de evidenciar una nula capacidad de improvisación.

Desde aquel diciembre de 2011 y tal vez maldecido por haber sufrido el desliz en tiempos de redes sociales, Peña Nieto ha sido retratado hasta el día de hoy como un idiota. Cada error de dicción que comete o imprecisión terminológica, han contribuido a la hoguera de su escarnio.

A contrarrestar esta imagen no han ayudado ni su gestión presidencial ni sus estrategias mediáticas, decidiendo utilizar falsos usuarios de twitter (los llamados “peñabots”) o apareciendo en la portada de la revista “Rolling Stone México” en el año 2014, junto a la frase: “¿Tonto? Ni tanto”, misma que constituye una deprimente aceptación de que es visto como tal y un desesperado e infructuoso intento por cambiar esta percepción.

Los chistes son incontables y se repiten hasta el tedio y la pérdida total de gracia; incluso los sosos y simplones chistes de Ninel Conde se han “plagiado” y adaptado a versión Peña Nieto.

Aquellos auditorios que carecen de interés político y padecen pereza intelectual, no han formado su postura respecto al presidente con base en las reformas polémicas, los escándalos de corrupción o en la inexistente evolución en materias de economía y seguridad sino en títulos de noticias, memes y videos compilatorios de sus errores y, por supuesto, en ese microcosmos no puede caber ninguno de sus aciertos, es más, siquiera mencionar la posibilidad de que éstos existen genera enojo y la inmediata sospecha de que quien lo sugiere es un vendido; el tiro seguro es llamarle imbécil y una vergüenza.

Y en ese contexto, el plagio del que hoy se le acusa cobra mayor relevancia por poner en entredicho, otra vez, su capacidad intelectual que por la falta ética que éste implicaría, en caso de ser cierto el señalamiento. Dicho plagio bien podría ser explicado desde el descuido, tanto suyo como del asesor de tesis así como en la ausencia de rigor académico, en una deficiente formación investigativa y por supuesto, en una conducta anti-ética.

En su defensa, habrá quienes señalen que dicha práctica lamentablemente es generalizada o podrían criticar el cinismo de autores señalados en el pasado por el mismo acto que hoy se escandalizan y condenan al presidente. Quizá también insistirán en una posible animadversión personal de Carmen Aristegui hacia él o incluso criticarán la expectativa que la periodista creó respecto a la noticia del plagio.

Sin embargo, ninguno de esos argumentos ni mucho menos la declaración de Aurelio Nuño, Secretario de Educación, señalando que “hay asuntos más importantes” logran ocultar que, sin importar la veracidad de la acusación, la noticia ha contribuido a esa imagen de torpe e ignorante que Peña lleva padeciendo durante casi un lustro.

La ridiculización y la sátira han acompañado a la política a lo largo de casi toda la historia del México independiente, con mayor o menor grado de censura; desde las caricaturas del siglo del siglo XIX en periódicos como “El Ahuizote” (recabadas brillantemente por Rafael Barajas en su libro “El País del Ahuizote”), los chistes de “Cuatezón” sobre Álvaro Obregón, los comediantes de carpa como “Palillo” (apresado múltiples veces), hasta llegar a tiempos más recientes con las parodias televisivas o teatrales y por supuesto, los actuales memes.

Esto último me parece relevante ya que Peña Nieto ha sido el primer presidente cuya gestión inició y terminará siendo vigilada y comentada por las redes sociales, una época en la que el chiste no depende de un comediante o caricaturista sino que fácilmente puede ser creada por ti o por mí, algo que sin duda constituye una realidad muy distinta a la de sus antecesores y a la que no se pudo ni supo adaptar; un caso de obligado análisis para los asesores de campañas y marketing político en el futuro.

El plagio más que decepcionar o indignar, para muchos es un motivo más para cuestionar la capacidad intelectual del mandatario y seguirle ridiculizando, tal vez un golpe casi mortal a su ya tan lastimada imagen.

Peña asumió la presidencia siendo visto como un tonto y todo parece indicar que no le queda tiempo ya para dejar la presidencia sin ese estigma.

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Javier Duarte: el priísmo llevado a sus últimas consecuencias




Bien se sabe que, antes de las últimas votaciones llevadas a cabo en junio, Veracruz era de los estados de la República en los que se aparentaba una imposibilidad de alternancia, hablando del cargo de ejecutivo estatal; afortunadamente, luego de que los veracruzanos vivieran un calvario gracias a la administración de Javier Duarte, parece ser que por fin se ha optado por tomar la decisión que todos como mexicanos, debimos haber tomado hace décadas: desterrar al PRI lo más pronto posible de la política.

Ahora bien, enfocándonos en este personaje mencionado con anterioridad, bien podría preguntarse aquel mexicano que no se encuentra muy al tanto de la política ¿qué es lo que Duarte hizo a lo largo de su administración, como para ser acreedor a apodos como “la marrana”, o bien el “troglodita”?

A nuestros ojos, el calificar con los adjetivos previos a Javier Duarte equivale a halagos en relación a lo que este ha realizado durante estos seis años donde imperó el cinismo, la censura y la cleptocracia; consideramos a este político, como el retrato más fiel de las técnicas del PRI empleadas desde Díaz Ordaz hasta nuestros días.

En pocas palabras, y contrario al escenario de hoy donde parece que hasta los militantes del partido tricolor parecen querer deslindarse de este hombre, Duarte viene a ser el heredero único, el seguidor más fiel de la naturaleza del Partido Revolucionario Institucional.

Actuando con una lealtad que resulta imposible de superar, Javier Duarte exaltó durante su administración el hecho de reprimir uno de los pilares de la libertad: la de expresión; más de una decena de periodistas asesinados a lo largo de estos años infames.

Entre los casos más recordados se encuentra el de Rubén Espinosa, fotógrafo veracruzano que contribuyó en varias ocasiones con la revista Proceso, destacando en una de las mismas fotografías del aún gobernador de Veracruz junto a títulos que sugerían una corrupción tan arraigada al sistema de gobierno priísta.

Igualmente, resulta remarcable las posibles señales que “la marrana”, mostró como posible lazo con los hechos, previo al asesinato del fotógrafo, en el que mencionaba que el, junto a otros más, debían de “portarse bien”. Indigna y repugna tal represión donde, de un modo que trasciende al descaro, se encontraban cuerpos de periodistas de Veracruz, en diversos lugares, (el DF en el caso de Rubén Espinosa, el cual precisamente huyó por temor a represalias del gobernador) simplemente no hay palabras que expresen la indignación de cada mexicano al saber cómo, periodistas que eran opositores de sus políticas, eran encontrados sin vida.




Asimismo, siguiendo como un fiel practicante del priísmo más puro, Javier Duarte llevó a cabo sustracciones al erario, el más notable de ellos es el de la Universidad Veracruzana, la cual terminó con una colosal deuda.

Sea con los ataques propios de un tirano hacia la libertad de expresión, con los robos al erario, o con el cinismo total de hacerse el inocente frente a los medios, Javier Duarte siempre será recordado como el priísta más leal, aquel que llevó al pie de la letra la necro política que caracteriza a este decadente partido, mismo que, seguramente, en sus pensamientos ha de encontrarse orgulloso, de haber tenido tan fiel discípulo como lo fue Duarte.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”