Venezuela: Semana Santa en la calle

En días pasados, el presidente estrella Nicolás Maduro tomó la decisión de despojar de sus competencias a la Asamblea Nacional, con mayoría de oposición, por estar en “desacato”, según determinó el máximo líder. El organismo encargado de asumir las competencias de la Asamblea sería el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), pero no en su totalidad, pues la mayor parte de las decisiones serían tomadas por el mismo presidente bajo un poder habilitante con facultades penales, militares, económicas, sociales, políticas y civiles. No soy especialista en el tema, pero ante la vista de cualquier ser pensante, esto es un Golpe de Estado indirecto.

Ante tal medida, la oposición venezolana convocó a días enteros de manifestaciones pronunciándose en contra de ésta y el resto de las medidas impuestas por Maduro a lo largo de los años. Y es que la escasez de alimentos y la inseguridad han impactado en toda clase social y a todo habitante de Venezuela. Si se interesan un poco más en el tema, existe un infinito número de vídeos que muestran a la gente haciendo colas de más de 8 horas para comprar un kilo de arroz o buscando comida en las bolsas de basura porque la situación no les permite más.

Como respuesta, brillante como el gobierno, el ejército y la policía bolivariana salió a la calle a “controlar” las protestas y mantener el orden; respuesta que terminó en una fuerte represión con bombas lacrimógenas (incluso lanzadas desde helicópteros), chorros de agua e incluso la muerte de dos jóvenes menores de 25 años por impactos de bala salidas de las pistolas de nuestros “protectores”.

          Foto: @donaldobarros

Lo cierto es que, ante cada nuevo abuso, cada nueva medida dictatorial, cada nueva noticia de represión brutal, los venezolanos llegamos a pensar que ahora sí hay una salida y ahora sí se espera un cambio; la inhabilitación por 15 años de Henrique Capriles y el encarcelamiento de Leopoldo López es sólo una señal más de que el gobierno está encerrado entre el miedo y la desesperación. Y su único consuelo es ir corriendo a pedir ayuda al grupo de países vendidos que llaman ALBA.

No dejen de ver a Venezuela como un ejemplo donde las democracias pueden enfermarse gravemente de corrupción y malos gobiernos y donde puede que la manifestación y represión del pueblo sea el único medio para demostrar la inestabilidad que sufre un país.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

 

El uso indebido de los recursos públicos, un problema de la región

Campaña #RecursosTransparentes

Aquello que es considerado como un recurso público no varía demasiado de país en país y, generalmente, es entendido como todo aquel patrimonio que permite al Estado funcionar.

Al tratarse de acervo común, sería esperable que los funcionarios públicos efectuaran rendiciones de cuentas periódicas sobre el uso de dichos recursos y que esta información sea accesible a la ciudadanía.




Sin embargo, esto se da en raras ocasiones llevando a un desconocimiento total de cómo son usados los recursos públicos por los gobernantes.

De la misma manera, la ciudadanía, al encontrarse con poca información y casos recurrentes de corrupción, pierde el interés de involucrarse en la vida democrática. Este panorama es típico de las democracias latinoamericanas donde predomina un debilitamiento de la línea que separa el interés personal o partidario del interés público, tanto entre funcionarios como para la sociedad.

Estas son prácticas que afectan a toda la comunidad, vulneran derechos, debilitan a las instituciones y limitan la vida democrática. Y este debilitamiento se expresa claramente, en la extensión de diversas modalidades de uso indebido de recursos públicos.

Estos modos van, desde un funcionario que se apropia de algún recurso público para enriquecerse a sí mismo o a su partido político, pasando por la utilización de recursos públicos de manera irresponsable, irregular o sin justificación, hasta un funcionario que, si bien dirige el uso de los recursos públicos para la prosecución de fines públicos, en la comunicación de estos actos toma fuertes connotaciones partidistas. Cuando esto sucede se altera la competencia electoral, se violan las leyes, se incurre en hechos de corrupción y se atenta contra la ética pública.

Por esto, afirmamos que el uso del patrimonio del Estado para fines contrarios a los públicos debe ser desnaturalizado, denunciado y sancionado.

Para que esto sea posible, la ciudadanía debe tomar conciencia del problema, involucrarse, exigir la erradicación de estos comportamientos y demandar el funcionamiento íntegro y ético de las instituciones democráticas.

Es por este motivo que desde diversas organizaciones de la sociedad civil latinoamericana se ha decidido lanzar la campaña “Recursos Transparentes”, que tiene por objeto sensibilizar a la ciudadanía para que pueda reconocer y denunciar estos usos indebidos de recursos públicos pero, además, que pueda involucrarse cada día un poco más en el control de las instituciones democráticas. Aquí puede consultarse el video de la campaña.




La presente iniciativa se está llevando a cabo en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela a través de Poder Ciudadano, Fundación Construir, Fundación Ciudadanía y Desarrollo y Transparencia Venezuela.

Para leer más sobre la iniciativa “Recursos Transparentes” puede consultarse aquí el documento de posicionamiento.

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El Fracaso de la Izquierda: Latinoamérica

Durante la década de los 90´s el mundo se encontraba dividido por dos grandes bloques que se repartían y pugnaban la hegemonía política: el Capitalismo y el Comunismo, pero la disolución de grandes potencias comunistas como lo fue la URSS arrinconó la ideología socialista-comunista, y apartada de los reflectores políticos, se mantuvo ausente, casi inexistente, creyéndose finiquitada.

Por el otro lado una vertiente del capitalismo, que data sus inicios en los 80´s, propuso una formula distinta al sistema político como solución a sociedades modernas y cambiantes que la nueva revolución tecnológica transformó a finales del siglo, logrando posicionarse en cada rincón del mundo occidental con marcada tendencia económica, social y política: el Neoliberalismo.

Y cuando el mundo convergía hacia una nueva y prospera época de bienestar el sistema económico colapso a finales del siglo XX, dejando expuesto las debilidades de esta corriente económica, forjando inconformidad social y cuestionamiento de la eficiencia del Neoliberalismo en Latinoamérica, alentando un cambio en el panorama político que enmendara las fallas que el capitalismo había dejado a su paso.

La llamada izquierda política, el Socialismo, resistió el avasallante crecimiento del Neoliberalismo Latinoamericano hasta su colapso sistémico con las crisis de sus principales exponentes –México 1994; Brasil 1999; Argentina 2001/2002– propiciando una revolución sociopolítica que intento alejarse de los efectos negativos del Neoliberalismo y cómo un efecto dominó, la izquierda se esparció por toda América Latina, con tal rapidez dentro del periodo de una década, similar a una epidemia ideológica propagándose por toda la región, la llamada Marea Roja o en palabras del periodista Larry RohterNew York Times-, una Marea Rosa, al no verse influenciada con tendencias extremistas del Comunismo y acercarse más a un sistema Social-Demócrata, es decir, un Socialismo más light.




Un movimiento sociopolítico, nombrado por algunos expertos como el Socialismo del Siglo XXI, aunado a una serie de eventos que marcaron el inicio del período izquierdista, dieron cabida a la constitución de la Izquierda como la principal fuerza política hegemónica de toda la región, y como reacción en cadena, el fantasma del Socialismo –en palabras de Karl Marx– se propagó a lo largo del continente, Hugo Chávez en Venezuela (1999), Ricardo Lagos en Chile (2000), Lula da Silva en Brasil (2003), Néstor Kirchner en Argentina (2003), Tabaré Vázquez en Uruguay (2005), Evo Morales en Bolivia (2006), Rafael Correa en Ecuador (2007), Fernando Lugo en Paraguay (2008) y Ollanta Humala en Perú (2011).

Toda Latinoamérica se repartió entre partidos de ideas marxistas o similares. Creando un conglomerado geopolítico, sin precedentes, fortificando y estrechando las relaciones comerciales, económicas y políticas entre los países latinos.

El auge izquierdista de Latinoamérica se vio acompañado de un amplio crecimiento económico y un gran desarrollo social en todos los países que alinearon su postura a la tendencia política, pero este apogeo debe su razón de ser a dos factores: 1) la alta demanda del mercado mundial de materias primas, petróleo principalmente, y al 2) fracaso sistémico del Capitalismo.

Y así como su rápida propagación, el final de la izquierda llegó velozmente, la caída de los petroprecios y los abundantes casos de corrupción, liquidaron el desarrollo de los países y crearon en las sociedades un hartazgo social con individuos apolíticos y antisistémicos, cansados de una economía fallida y gobiernos de ideologías carentes.

Concluyendo que el crecimiento económico que los países alcanzaron durante la primera década del siglo XXI, no se debe a que los gobiernos latinoamericanos hayan adaptado una postura populista, sino que el crecimiento mismo creo las condiciones ideales para el aumento de regímenes con dicha personalidad, similar a una moda, con la finalidad de integrarse a la ola de beneficios que la tendencia produjo.

Por lo que el decremento económico de toda la zona y los fuertes golpes que ha sufrido la izquierda en los últimos años: la muerte de sus principales defensores, Chávez y Castro, la perdida de la hegemonía política de la zona, reelecciones frustradas (AMLO, México 2006/2012), crisis económicas (Hipotecaria 2008), casos de corrupción (Lula da Silva/Dilma Rousseff, Brasil; Cristina Fernandez de Kirchner, Argentina), han sido los parteaguas del desplome de la marea ideológica.




Dejando a su paso concluida una etapa de fugaz beneficio y un sinfín de interrogantes e inquietudes del futuro que le espera a esta región, de potencial mal aprovechado y esclavizado por las grandes potencias que, de algún modo, se favorecen manteniendo a Latinoamérica en limitado desarrollo.

En la actualidad, el cambio de postura, el fracaso de la izquierda, ha quedado muy claro, la mayoría de los países que hace no más de diez años poseían gobierno populistas (Imagen) han puesto en la mira distintos horizontes políticos dejando atrás posturas ideológicas de carácter populista y centrando sus políticas públicas en tendencia más conservadoras, intentando aminorar los efectos negativos que el fantasma izquierdista causó.

Y exponiendo ante el mundo entero, que una vez más, un gobierno con personalidad socialista, carece de lo necesario para posicionarse como una potencia mundial por tiempo indefinido.

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Fidel. Primera Parte

América Latina ha recibido una noticia que cambiará el panorama político e histórico de la región. Murió Fidel Castro.

Después de una extensa discusión con conocedores del tema y cubanos dentro y fuera de Cuba, me remito a hacer un análisis en tres partes del hecho. Asimismo, ofrezco una explicación del texto que se escribió en esta columna hace meses en el cumpleaños 90 de Fidel que me han pedido gente cercana.

Primero que nada, lo que representa Fidel Castro para la región es el último gran liderazgo del siglo XX, un liderazgo que trasciende desde la Guerra Fría y que sin duda alguna ha influenciado a otros países de América Latina en tomar una agenda de izquierda.

En esta primera parte, hay que centrarnos en la persona. La primera pregunta es: ¿Fue o no fue un dictador y creador de un sistema totalitario?

Desde cualquier punto de vista, la Revolución trajo un sistema totalitario y controlador. Sin embargo, cuando leo comentarios de escritores de derecha e izquierda parten de un supuesto progresista de que todos los gobiernos tienen exigencias similares y aunque esto en parte es cierto comúnmente se olvida que Cuba tenía un régimen comunista basado en los ideales Marxista-Leninistas de la Unión Soviética.

Los gobiernos comunistas son totalitarios. Eso es una realidad innegable. Otro tema sería discutir la efectividad o no del sistema, pero la Revolución Cubana a diferencia de todas las revoluciones sociales del siglo XX impuso otro modelo económico y político. No fue un canto de “No reelección” como Madero, no fue un movimiento reivindicador como el Sandinismo en Nicaragua. Y aunque no fue como la Revolución Rusa que derrocó a un rey, sí cambió el modelo de país totalmente.

 




Por eso, cuando me comparan como “dictadores” a Gaddafi o a Hussein, me parece que cada uno tiene un contexto diferente. Zoe Williams de “The Guardian” sostiene que en el terreno de los dictadores no se pueden jerarquizar uno a otro. Yo difiero porque no todos tienen los mismos objetivos, los mismos ideales ni los mismos apoyos tanto internos como externos.

Segunda pregunta: ¿Fue un líder justo o no? Justo, es un término tan ambigúo y tan difícil de definir que yo preguntaría más por la congruencia y en efecto Fidel fue congruente. Hay que analizar a Fidel en su obra, sin caer en sesgos políticos ni en revisionismos falaces.

Querer juzgar a la Revolución Cubana con una mirada de 2016 es tanto como la otra falacia de que todos los inmigrantes ingleses que llegaron a colonizar la América del Norte son ciudadanos ilegales cuando el país ni siquiera existía.

 




La Revolución Cubana trajo al poder a Fidel y los ciudadanos cubanos fueron parte de este movimiento. De la funcionalidad del modelo y de las críticas voy a hablar más adelante, pero indudablemente, Fidel Castro cumplió en su gran mayoría las promesas de la Revolución Cubana y aunque en efecto, manejó un régimen totalitario no constituye en consecuencia a una dictadura como tal, por el esquema político y por la coyuntura histórica del país.

La muerte de Fidel es un golpe moral a la izquierda latinoamericana que pierde un líder de opinión y referente. Un líder que me parece muy incomprendido porque acusar a Fidel de la creación de Chávez, de Evo en Bolivia u Ortega en Nicaragua es perderse en una nube oscura de malentendidos y tropicalizaciones mal ejecutadas.

Castro, como persona, fue congruente con sus ideales que obviamente chocaron con cientos de miles a nivel mundial pero que la historia juzgará poco a poco cada uno de sus logros y errores a lo largo de su gestión. Negar la relevancia de Castro a nivel mundial, es negar la historia, es negar la realidad y negar a la Revolución Cubana en su contexto dice poco de su entendimiento para explicar eventos y alcances de su detonación.

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