La delgada línea entre el T-MEC y el SMV

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El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá; reconocido por sus siglas en español “T-MEC”,  está por convertirse en la figura que reemplazará al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Este acuerdo comercial, representa una de las promesas económicas de mayor interés para la nación mexicana en la siguiente década considerando que tan sólo en el 2017, los Estados miembros del T-MEC hicieron transacciones con una valía que superaba los 1,486 millones de dólares a diario. Es decir, más de 61 millones de dólares por hora. 

Como se sabe, en la actualidad, la nación estadounidense es por mucho el principal socio comercial de nuestro país. A raíz de esto, es de mutuo interés para ambas naciones el estar en “piso firme” para el flujo positivo de las negociaciones. Es así como EU se pronunció en ocasiones reiteradas el pasado mes en cuestiones relativas al salario mínimo vigente mexicano como un obstáculo de la ratificación del T-MEC. Posteriormente, AMLO declaró que a fin de cumplir con lo solicitado por los Estados Unidos, se buscaría que para el año entrante el salario mínimo se comenzara a incrementar en por lo menos 2 puntos porcentuales por encima de la inflación anual. Esto representaría por lo menos un incremento salarial del 17.2% para el próximo año. Por otra parte, otra de las cuestiones solicitadas por los EU fue que México pudiere contar con un mayor presupuesto a ejercer para su reforma laboral. Solicitud ante la cual AMLO también acordó gestionar lo necesario para su cumplimiento.  

Ahora bien, lo trascendente de ambas demandas y que a su vez podríamos considerar como exigencias, contempla el hecho de reconocer la posición actual que ostenta México en el ámbito internacional respecto a la paga que México brinda a sus trabajadores. La promesa hecha por AMLO representa prácticamente una estrategia a fin de cerrar el trato con los congresistas pertenecientes al partido democrático de los Estados Unidos. Derivando consigo en una ventaja para los trabajadores mexicanos.  

En la actualidad, México ocupa la cuarta posición en la lista de países con mayor desarrollo económico en Latinoamérica, sin embargo, la media del salario de sus trabajadores es equiparable a la de algunas de las ciudades con mayor índice de pobreza en esta misma región del mundo. Otra de las cuestiones que repercuten mucho en la remuneración de los trabajadores es sin duda la tasa de informalidad laboral, misma que se ubica entre los focos rojos de la lista correspondiente. De acuerdo a David Kaplan; uno de los especialistas en materia de mercado laboral del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es de carácter urgente que México dé un seguimiento firme a su reforma laboral en estricto apego al derecho de los trabajadores a una remuneración justa y que se incremente el salario mínimo en por lo menos 30 pesos.  

La situación no suena lo suficientemente alarmante si únicamente leemos los números: el salario mínimo vigente general de la república se fija en los 102.68 pesos, mientras que el correspondiente a la zona fronteriza se ubica en los 176.72 pesos. Sin embargo, la verdadera pregunta es: ¿para qué alcanza con esto? 

De acuerdo al CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), en México el 48.8% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza contemplando sus ingresos. Esto quiere decir que las familias mexicanas que pertenecen a este rubro, viven a diario la falta de ingresos suficientes y limitaciones a múltiples de sus derechos entre los cuales destacan: el derecho a una educación básica, a los servicios de salud, a la seguridad social, a una vivienda de calidad con los servicios básicos e incluso a una alimentación digna. 

Con todos estos factores de la mano y el incremento constante de los costos en la canasta básica a manera injusta para lo que el mexicano promedio está ganando: ¿cómo puede México competir en un marco internacional? Si bien es cierto, es en parte triste el tener que ver que los cambios trascendentes tengan que surgir o incluso idearse fuera de nuestra nación. Es decir, a solicitud externa para poder cumplir con los estándares de otras naciones. Lo ideal hubiere sido que todas estas cuestiones se anticiparan a cualquier intervención ajena al gobierno mexicano. Sin embargo, esperemos que con estos cambios y proposiciones, dejando de lado las motivaciones, el pueblo de México pueda verse beneficiado en torno a este ámbito tan representativo y propio de la nación en la cual nos estamos convirtiendo. 

López Obrador: entre el populismo y el neoliberalismo

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En una publicación previa, señalé la dificultad que representa posicionar al gobierno de López Obrador dentro del espectro político e ideológico. Si bien todavía encontramos inconsistencias, existen más elementos para aproximarnos a una delimitación más clara. 

A estas alturas se debe rechazar en términos reales la posición de izquierda del gobierno actual, si bien en términos discursivos se mantiene. Por otro lado, es fácil colocar a López Obrador en el saco de los populismos, ahí donde, según la oposición, encajan posiciones ideológicas diametralmente distintas: desde el chavismo, pasando por Evo y los Kirchner, hasta Trump y Bolsonaro. 

Concuerdo con los escritos acerca de este tema, como el reciente libro Me the People de Nadia Urbinati, acerca de los peligros del populismo. Es cierto que, a diferencia de movimientos exógenos de los golpes de estado de la ultraderecha, el populismo es un fenómeno que surge al interior de la democracia; es un fenómeno embrionario que se alimenta y crece en la dinámica democrática, un agente patógeno que comienza a carcomer las instituciones democráticas desde el interior. 

Si bien el término populismo, así como el del neoliberalismo -categorías simplistas que no aportan mucho al análisis-, se toma en sentido peyorativo, existen versiones de éste, como en todo, que conllevan a resultados positivos. El populismo político de Lázaro Cárdenas generó las bases para la consolidación de un Estado corporativo, nacionalista y desarrollista que permitió el comienzo del capitalismo mexicano. Si bien, durante los setenta años de priismo, el partido hegemónico pudo cambiar de piel según el contexto y la personalidad de los presidentes en turno, su discurso fue claramente populista: es la personificación institucionalizada de la Revolución mexicana, esa gran lucha popular sedienta de reivindicaciones sociales. 

Los dirigentes del Partido siempre se asumieron como la expresión histórica y simbólica de las reivindicaciones del pueblo mexicano, pues como señaló Octavio Paz, “Ellos [dirigentes] son el pasado, el presente y el futuro de México. El PRI no es un partido mayoritario: es la Unanimidad. El presidente no sólo es la autoridad política máxima: es la encarnación de la historia mexicana, el Poder como sustancia mágica transmitida desde el primer tlatoani a través de virreyes y presidentes”.

Ahora, en la década de los ochenta, ante la liberalización económica, las presiones políticas externas e internas y la creciente movilización de la sociedad civil, los gobiernos comenzaron a emprender el proceso de democratización del país. Si bien los resultados no fueron los esperados, sí hubo un avance en la construcción de instituciones que generaran un contrapeso y delimitaran la institución del Ejecutivo.

No sólo se fortalecieron los otros dos poderes y se buscó la descentralización del poder político, dotando, como lo señala la Constitución, a los estados y municipios de autonomía, sino que se crearon organismos de naturaleza técnica que suplieron al gobierno en actividades de gran importancia.

Estos contrapesos e instituciones siguieron extendiéndose durante los dos sexenios panistas y durante el retorno del PRI; sin embargo, con la llegada de López Obrador pareciera que comienza a haber un retroceso. La figura del presidente vuelve a ser enaltecida como a mediados del siglo pasado, pero ahora carece de un fuerte y extenso cuerpo burocrático a través del cual exprese su grandeza. 

Ahí es donde encontramos las inconsistencias de fondo de López Obrador: será el presidente por sí solo, a través de su honestidad y virtud, quien transformará al régimen y lo hará desmembrando la entumecida burocracia. 

Retumba el discurso de Luis Echeverría acerca de la distribución del ingreso a través del desarrollo compartido, pero se encuentra ausente la maquinaria burocrática y técnica para lograr dicho cometido. López Obrador busca impulsar el crecimiento, pero carece, como sí lo tenía Echeverría, un aparato productivo estatal. El periodo neoliberal desmanteló la capacidad productiva del Estado y redujo su margen de liderar el crecimiento. Ante ello, López Obrador no tiene más opciones que recurrir al capital privado.

Por otro lado, es recurrente la crítica a los periodos denominados neoliberales, sin embargo, el gobierno actual no ha transformado en ningún sentido los pilares de este modelo económico y social. El TLCAN, emblema principal del sexenio de Salinas y del neoliberalismo mexicano, no ha sido eliminado; por el contrario, López Obrador les ha implorado a los demócratas que agilicen la aprobación del T-MEC. 

¿Dónde encontramos las comparaciones para este gobierno? En cuanto a lo económico, encontramos similitudes -responsabilidad fiscal (asfixia diría yo), estabilidad macroeconómica y apertura económica- con los gobiernos neoliberales. En este sentido, las nuevas “partidas secretas” para financiar los programas sociales con fines políticos nos hace recordar el uso de la maquinaria electoral de Salinas. López Obrador recurre nuevamente al clientilismo para extender el dominio de Morena en las elecciones intermedias de 2021. En cuanto a la centralización del poder político en manos del Ejecutivo, mediante la destrucción de las instituciones democráticas, hace pensar en el autoritarismo del PRI de segunda mitad del siglo pasado. 

Las contradicciones son reveladoras: discursivamente anti-neoliberal pero sin transformar el modelo neoliberal y estadista siendo anti-estatista y sin un aparato productivo estatal que sustituya al capital privado. AMLO se empieza a acorralar en materia económica y cada vez le quedan menos argumentos para solventar sus intrínsecas contradicciones. 

Se prevé que el T-MEC entre en vigor para marzo

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Esta mañana en el marco de las populares conferencias de prensa dirigidas por el presidente, el subsecretario mexicano para América del Norte, Jesús Seade, dijo confiar en que Estados Unidos comenzará pronto el proceso formal de aprobación del nuevo acuerdo comercial de Norteamérica, TMEC.

El tratado, que reemplazará al TLCAN, debe obtener la aprobación en un Congreso estadounidense dividido donde los legisladores demócratas han manifestado preocupaciones en torno al acuerdo, incluida la implementación de una reciente reforma laboral en México.

Durante la conferencia, Seade comentó que “El progreso logrado en el diálogo entre (la legisladora Nancy) Pelosi y los congresistas de Estados Unidos (…), nos hacen pensar que el fin de esta compleja historia está cerca y pronto veremos a Estados Unidos iniciar el proceso formal para la aprobación del tratado“.

El presidente cerró este tema comentando que tiene confianza de que en las próximas semanas se va a aprobar el T-MEC en Estados Unidos.

Con información de Reuters y Noticieros Televisa.

Pelosi asegura que el T-MEC se ratificará

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Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, declaró que el T-MEC se ratificará pronto, preferiblemente antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

“Puedo decir honestamente que creo que cada día estamos más cerca”, dijo Pelosi.”El tema es si hay una forma de aplicarlo. Nos sentimos muy bien sobre la posibilidad de que así sea. Aún no lo logramos porque no están las garantías de aplicación que debemos tener. Si bien hay algunas cosas buenas en el proyecto, sólo será una lista de cosas buenas si no se pueden aplicar”.

En noviembre de 2018, México, Estados Unidos y Canadá cerraron las negociaciones para lograr un nuevo acuerdo comercial que sustituiría al Tratado de Libre Comercio (TLCAN).

Desde junio pasado, México ratificó el nuevo acuerdo, T-MEC, pero este no ha sido aprobado en Estados Unidos.

En la cumbre de líderes del G20, el pacto fue rubricado por Robert Lighthizer, representante de comercio Exterior de Estados Unidos; Ildefonso Guajardo, ahora ex-secretario de Economía de México; y Chrystia Freeland, ministra de Asuntos Exteriores de Canadá.

La semana pasada, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador aclaró que la ratificación del T-MEC es necesaria para evitar que se convierta en un tema electoral en Estados Unidos, debido a que el próximo año se podrá elegir o reelegir a su presidente.

 

Con información de Expansión. 

 

México y su economía, tres décadas de desencanto

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Durante más de tres décadas se nos repitió el mensaje, la apertura de la economía y el libre mercado van a ser la solución a las injusticias económicas de nuestro país. Esta fue la bandera de Salinas, reforzada por Zedillo, Fox y Calderón. Pero ese sueño no pudo estar más lejos de la realidad. 

Los noventas llegan con un cambio total al sistema político-económico de México. Se realizan cambios de profundidad para descentralizar el poder político, pero concentrar el poder económico. Se privatizan las empresas del Estado y vende la idea de un México listo para la arena del comercio internacional. Salinas logra algo inesperado y concreta el TLCAN con la potencia económica global, aunado a la nueva autonomía del Banco Central y del IFE. Todo escondiendo una severa crisis del gasto gubernamental y la fragilidad de la moneda mexicana, estallando en 1994. El inicio de la apertura fue complicado pero no minó el crecimiento proyectado y durante esos primeros años se registran nuestras mejores cifras de exportaciones. Pero a pesar de este crecimiento macroeconómico a final del milenio los sueldos no lograron reponerse a su nivel previo a la crisis. 

La idea de una economía de “libre mercado” se consolidó con la entrada del PAN a los Pinos y con Guillermo Ortiz en Banxico. Fue así como se establecieron los objetivos inflacionarios y el fortalecimiento de las políticas monetarias. Inicia el crecimiento de reservas, de Inversión Extranjera Directa, la época dorada de los precios del petróleo y el sueño de ser un país de “primer mundo”. De igual manera vemos una importante reducción en la pobreza, principalmente en el acceso a salud y vivienda digna, pero en educación y seguridad social el combate no es igual de efectivo. Para 2002 se tiene una recuperación de la pérdida del ingreso promedio provocado 8 años antes, hasta llegar a su máximo histórico en 2007 de $17,284 dls anuales. En 2008 tenemos la crisis global provocada por las herramientas financieras de EEUU, y los esfuerzos económicos de una década se ven afectados por la nueva dependencia comercial con nuestro vecino. A esto se le suma la declarada guerra contra el narco y el inicio de una crisis social provocada por la informalidad, la corrupción y la inseguridad, problemas que por años llevaban sin atenderse. Para enfrentarlos se hace el cambio al Sistema de Justicia y se comienzan a gestar las “grandes reformas” que el país requiere.

En ésta última década se da el regreso del PRI gracias a la puesta en marcha de la maquinaria que aún operaba en la mayoría de las entidades. Al inicio de la administración de EPN nace el “Pacto por México” donde se inician las reformas estructurales que lograrían la transformación de México iniciada 2 décadas atrás, pero la realidad de nuevo fue otra. Las leyes no lograron implementarse como se esperaba, el desconocimiento, malos manejos, falta de experiencia y de homologación operativa de las administraciones estatales y la federal dieron mucho que desear. Ésto llevó a un estancamiento del crecimiento, los sueldos, y el combate contra la pobreza en la mayoría de las entidades. Con el PRI regresó el ineficiente gasto de gobierno, llevando a un aumento de la deuda al 53.5% del PIB que tenemos hoy y se terminó la época de la inflación estable, principalmente provocada por el gasolinazo, los precios de la vivienda y de la educación. Todo mientras la guerra declarada seguía desangrando nuestro país. Esto lleva a una arrasadora victoria de AMLO y Morena a nivel nacional, como no se veía desde aquel PRI que inició esta travesía.

Y aquí estamos de nuevo, con los retos de impulsar el crecimiento y la inversión, de eliminar de una vez por todas la pobreza extrema, la corrupción, la inseguridad y los abusos de la clase política. El reto es mayor, las apuestas también, ¿tienen los nuevos actores lo que se necesita?

Senado avala ratificación del T-MEC

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El Senado de la República avaló la ratificación del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) con 114 votos a favor, 4 en contra y 3 abstenciones, por lo cual será enviado al Ejecutivo para su publicación en el Diario Oficial de la Federación.

En el proceso de la votación, llamó la atención que 3 legisladores integrantes de la fracción parlamentaria de Morena, emitieron un voto en contra de la aprobación del acuerdo comercial trilateral.

El presidente del Senado, Martí Batres anunció la aprobación del decreto del protocolo por el que se sustituye el Tratado de Libre Comercio de América del Norte por el T-MEC.

En sus redes sociales el presidente Andrés Manuel López Obrador celebró la ratificación y extendió un reconocimiento al poder legislativo por su labor que permitió la aprobación del acuerdo comercial.

“Es una muy buena noticia, se aprobó esta ratificación por mayoría. Votaron la mayoría de todos los legisladores de los partidos, esto significa que hay unidad y estamos de acuerdo en fortalecer nuestras relaciones con Estados Unidos y Canadá”, dijo López Obrador.

Por otro lado, señaló que el acuerdo también es una apuesta por el libre comercio y destacó que no hay dudas sobre la versión final del tratado, pues dijo, el antiguo TLC no promovió un avance de la economía del país.

“Hacia falta un complemento que cambiara la política económica como está sucediendo. Se firmó este tratado hace algún tiempo y no se impulsaron las actividades productivas, no se fortaleció el mercado interno, no se crearon empleos y los más importante, no se combatió la corrupción y la pobreza”, añadió el mandatario.

Celebra AMLO acuerdo sobre el acero con Estados Unidos

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El presidente Andrés Manuel López Obrador, afirmó este sábado que el acuerdo alcanzado con Estados Unidos para que se retiren los aranceles a la importación de acero y aluminio fue un “triunfo” de México.

En declaraciones a la prensa este sábado en Chiapas, López Obrador celebró el haber conseguido que el gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, haya eliminado los aranceles que impuso en junio de 2018 aduciendo motivos de “seguridad nacional”.

“Fue un triunfo de los negociadores del gobierno mexicano, un triunfo de la diplomacia. Hasta le dimos una ayudadita al gobierno de Canadá, no es por presumir, nos fue muy bien”, dijo el presidente.

López Obrador confió en que ese acuerdo contribuya al desarrollo industrial de México y reiteró que la posición de su gobierno es “libre comercio sí, guerra comercial no”.

Canadá alcanzó un acuerdo similar con Estados Unidos, por lo que se espera que se agilice la ratificación del acuerdo comercial entre los tres países norteamericanos, el T-MEC, alcanzado a finales de 2018 tras complicadas negociaciones.

El mandatario, en una gira de trabajo en Chiapas, donde en un mitin anunció que estaba por comunicarse telefónicamente con un gobernante extranjero que no identificó.

El equipo de prensa de López Obrador no respondió a las solicitudes de información sobre esa llamada.

Medios locales publicaron este sábado que, según el jefe de la delegación negociadora mexicana, Jesús Seade, la llamada fue con Trump pero que la mala comunicación en el sitio donde se encontraba López Obrador frustró la conversación.

Estados Unidos es el principal socio comercial de México y es el destino de más del 80% de sus exportaciones.

La semana pasada, Estados Unidos impuso un arancel del 17.5% al tomate mexicano luego de que ambos países no lograran renovar un acuerdo que suspendía una investigación antidumping a las exportaciones de México.

Por su parte, Canadá quiere ratificar “a toda máquina” el nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y México, dijo este sábado la ministra canadiense de Relaciones Exteriores, un día después del anuncio del levantamiento de los aranceles estadounidenses sobre el acero y el aluminio.

“Siempre hemos dicho muy claramente que, mientras se aplicaran esos aranceles, nos resultaría muy difícil avanzar hacia una ratificación” del llamado T-MEC, el nuevo tratado de libre comercio negociado entre los tres países norteamericanos, dijo Chrystia Freeland en una entrevista para la radio pública CBC.

Tras el levantamiento de ese obstáculo, el gobierno canadiense tiene intención de ratificar el T-MEC “a toda máquina”, afirmó Freeland.

La ministra no aclaró sin embargo cuándo se someterá la aprobación del acuerdo al Parlamento, cuya labor termina en junio, antes de las elecciones legislativas de octubre.

En plena negociación del T-MEC, el presidente estadounidense, Donald Trump, impuso el 1° de junio de 2018 un arancel del 25% a las importaciones de acero y del 10% a las de aluminio procedentes de Canadá y México.

Ambos países respondieron con aranceles sobre una gran cantidad de productos estadounidenses.

Las relaciones comerciales entre los tres países han estado marcadas por fricciones desde que Trump llegó al poder en 2017 decidido a cumplir su promesa electoral de “Estados Unidos primero”.

Para eso, impuso a sus vecinos la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente desde 1994, acusándolo de destruir miles de empleos industriales, principalmente en el sector automotor, relocalizados en México.

Tras una maratón de 13 meses de negociaciones, Washington, Ottawa y Ciudad de México lograron acordar el T-MEC el 30 de septiembre de 2018 y lo sellaron el 30 de noviembre.

El texto aún debe ser aprobado por los parlamentos de los tres países para entrar en vigencia.

(Fuente: El Mañanero Diario)

La reforma laboral a la luz de la economía internacional

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Los dos modelos clásicos de la economía internacional implican que cualquier economía se verá, en general, beneficiada por el comercio exterior. El primero es el formulado por David Ricardo, quien atribuye los beneficios a las ventajas comparativas y no absolutas como afirmaba Adam Smith. Ricardo afirmaba que los países tienden a especializarse en aquellos bienes en los cuales tienen una mayor productividad relativa respecto a otro país.

El segundo modelo clásico es el formulado por Eli Heckscher y Bertil Ohlin quienes, partiendo de las ventajas comparativas de Ricardo, afirman que los países tienden a exportar aquellos bienes cuya producción es intensiva en el factor abundante en el país. 

Ambos modelos, así como sus derivados, argumentan que el comercio internacional es siempre benéfico para todos los países involucrados. Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo XX, la corriente estructuralista negaba este argumento de la economía neoclásica y aseguraba que los países periféricos se encontraban en una posición de desventaja frente a los países del centro. La CEPAL, quien promovía un enfoque histórico de la economía, alejado de la abstracción teórica del paradigma neoclásico, postulaba que los países que exportaban bienes agrícolas y materias primas sufren el deterioro en los términos de intercambio a diferencia de los países que exportan bienes manufactureros, los cuales se benefician. 

Por ello y debido a otros factores estructurales de América Latina -heterogeneidad en productividad y baja capacidad de diversificación- los economistas de la CEPAL proponían medidas proteccionistas en algunos sectores para esta región. 

Desde los años ochenta, bajo el modelo neoliberal, la tendencia de la economía internacional ha sido la de la apertura comercial. Al igual que en el mundo, la apertura comercial en México es reciente. El país entró al GATT, hoy Organización Mundial del Comercio, en 1986 y firmó un tratado de libre comercio junto a Estados Unidos y Canadá en 1994. 

Si bien, en términos generales, el Tratado ha sido benéfico para la economía mexicana, algunos sectores se han visto altamente perjudicados por la apertura, debido a sus bajos niveles en competitividad. Por otro lado, los sectores beneficiados lo han conseguido principalmente por ofrecer una mano de obra barata. 

En el nuevo tratado denominado T-MEC, la cuestión laboral se encuentra como eje central y no, como lo era en el TLCAN, una propuesta paralela del gobierno estadounidense. Estados Unidos argumenta que México cae en prácticas de dumping al promover salarios extremadamente bajos. Por ejemplo, para enero 2019 el salario en el sector manufacturero era de 2.4 dólares por hora en México, mientras que en Estados Unidos era de 21.8. 

La competitividad de un país en el comercio exterior no debe darse a partir del bajo precio de la fuerza laboral, sino a partir de un esfuerzo por aumentar estructuralmente y de forma diversificada su productividad. 

La teoría neoclásica de la distribución del ingreso estipula que los factores de producción perciben una remuneración equivalente a su aportación a la producción total. La riqueza se agota en la repartición de la producción entre todos los factores productivos, por lo cual la teoría de la explotación de Marx no tiene cabida en este marco conceptual. Sin embargo, la realidad no se ajusta necesariamente a la teoría y observamos un pago extremadamente bajo al factor trabajo.

Por ello, no sólo se debe aumentar la productividad a través de la inversión, sino que se deben generar los ajustes institucionales y jurídicos necesarios para facilitar este proceso. 

En ningún momento se debe dejar al mercado operar de forma anárquica, ya que el mercado no interioriza elementos de justicia social; por el contrario, se deben edificar los cauces a través de los cuales discurran los fenómenos económicos. 

La reforma laboral aprobada en la Cámara de Diputados es un buen comienzo, ahora falta que sea aprobada en el Senado. Entre los puntos se encuentra aquel que versa sobre la libertad de formar parte de negociaciones colectivas por parte de los trabajadores. Es impensable argumentar que existe un piso parejo entre un trabajador y un capitalista. Sin embargo, se busca implementar una democracia sindical que evite los abusos de los líderes sindicales. 

 

Destaca AMLO que el T-MEC fue bueno para México

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El presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que se apoyará lo acordado en el Tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

López Obrador aseguró, que el acuerdo, que sustituye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es bueno para México. Por lo mismo, exhorto al Senado de la República que apruebe una reforma laboral que se apegue a lo que se firmó en el tratado, para que no se dé ningún motivo para reabrir las negociaciones.

“No queremos dar ningún motivo, que no haya ninguna excusa para utilizar como argumento o esgrimir de que nosotros no estamos cumpliendo con lo que se acordó”, dijo el mandatario durante su conferencia de prensa matutina.

Cabe recordar que el tratado fue firmado en el último día de Peña Nieto como presidente.

Trump amenaza con cerrar la frontera con México si no hay muro

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El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró ésta mañana que cerrará la frontera sur por completo si los demócratas no avalan recursos para construir el muro fronterizo.

“Nos obligarán a cerrar la frontera sur por completo si los demócratas obstruccionistas no nos dan el dinero para terminar el muro y también cambiar las ridículas leyes de inmigración que someten a nuestro país. ¡Es difícil creer que haya un Congreso y un Presidente que lo aprobaría”, escribió en su cuenta de Twitter.

Por otro lado, volvió a atacar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), al asegurar, como siempre, que su país pierde mil de millones de dólares cada año.

“Los Estados unidos pierden tanto dinero en el comercio con México bajo el TLCAN, más de 75 mil millones de dólares al año (sin incluir el dinero de la droga que sería muchas veces esa cantidad), que consideraría el cierre de la frontera sur una ‘operación de hacer ganancias’. Construiremos el muro o cerraremos la frontera sur. Traeremos nuestra industria automovilística de vuelta a los Estados Unidos, donde pertenece. Volver a pre-NAFTA, antes de que muchas de nuestras empresas y puestos de trabajo fueron tan totalmente enviados a México. O construimos el muro o cerramos la frontera”, agregó en otra serie de tweets el mandatario estadounidense.

Además, amenazó con quitar ayuda a Honduras, Guatemala y el Salvador, países de donde proviene gran parte del flujo migrante.

El día de ayer los líderes del Partido Republicano de la Cámara baja no llegaron a un acuerdo para una votación, por lo que el cierre parcial del Gobierno de Estados Unidos se prolongaría hasta la próxima semana.

(Con información de Grupo Reforma)