La Teoría del Chicle Totito

Hace alrededor de 7 años, cuando comencé mi carrera profesional, una maestra de la universidad nos explicó de manera breve y concisa los efectos del TLCAN en México. Ella decía que antes del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, solamente existían chicles como el “Chicle Totito”. Pero después de la apertura del tratado en 1994, llego el Trident, con mejor calidad y no te tiraba los dientes. En resumen, el chicle totito estaba destinado a desaparecer, mientras que el gringo Trident se volvía el estándar de calidad.




La cuestión es que desde esa entonces y desde la última vez que vi un chicle totito en la calle, la calidad y sabor de este no han mejorado, en nada. Esa es la historia de México frente al TLCAN, tratado con el que Salinas prometió que nuestro país entraría a la “modernidad” y se volvería una de las principales economías del mundo.

El tratado no es malo, pero la disparidad entre la fortaleza de la economía estadounidense frente a la mexicana, era y es tremenda.

¿Qué hizo el gobierno mexicano para combatir esta disparidad? Buscar inversión extranjera directa, ni más, ni menos. En México, el TLCAN no se vio como una oportunidad de fortalecer la economía y el mercado interno para competir con el mercado estadounidense y canadiense.

Al contrario, fue el momento para muchos de dormirse en sus laureles, y ver como poco a poco manufactureras gringas llegaban, sí con mucho dinero para invertir, sí con trabajos, pero mal pagados y muchos con mínimas prestaciones.

Hoy por hoy, esta actitud de estar esperando que del norte nos cayera dinero, ha causado que México esté en contra de la pared durante las renegociaciones del TLCAN. No nos dejemos engañar, por más que muchos expertos consideren que es mejor abandonar a la de ya el tratado de libre comercio y voltear para otros lados, esta acción afectaría más a México que a los Estados Unidos.

De golpe miles de fábricas cerrarían, millones de trabajos se perderían y negocias que han podido lograr exportar sus productos, tendrían un desplome en sus ganancias.

Tampoco la solución es abrirse a mercados como China. Aunque muchos proponen que volteemos al gigante asiático, la realidad es que, si no pudimos con la magnitud del mercado estadounidense, mucho menos podremos con el chino.

Los chinos en lo que son expertos es en fabricar en masa y su mercado se distingue por ser depredador. Hoy uno puede encontrar artesanía mexicana pirata, hecha en China, siendo este un claro ejemplo de que la apertura completa con ese mercado, tendría los mismos efectos que el TLCAN, es decir los sectores más pobres y vulnerables serían los más afectados.

La verdadera solución es que se apoye incondicionalmente al mercado interno. Se debe de apoyar al sector primario, a las PyMES y a las grandes ideas que tienen muchos emprendedores mexicanos.

Sí, hay grupos que apoyan cada uno de estos rubros, pero no son suficientes, se necesitan más. El día de ayer leía una entrevista al empresario regiomontano Alfonso Romo, quien forma parte del proyecto de nación de Andrés Manuel López Obrador, y él mismo mencionaba esto, “se debe de fortalecer el mercado interno”.




Lo importante es que este chip, no lo traiga solamente el candidato de Morena, sino todos los candidatos hacia el 2018. Aún de más importancia es que el actual gobierno comience con las acciones en apoyo de la economía mexicana, aunque hay que mencionar que ya van muy tarde, puesto que el chicle totito, sigue siendo lo mismo que antes del TLCAN.

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El Talón de Aquiles: “Realidades Alternativas”

El número de estadounidenses que dicen arrepentirse de haber votado por Donald J. Trump aumenta. Y es que lo menos que se puede decir es que las dos primeras semanas de la era Trump han sido intensas.

A mi me han hecho desear llegar al fin de semana, días que hasta el momento han sido “Donald-free”, y que me han permitido respirar y descansar de la cascada de pésimas noticias que llegan de lunes a viernes.

A decir verdad, el solo hecho de referirme al Presidente de Estados Unidos como el “hombre naranja” – jamás pensé hacer algo similar, en su respectivo color, con el expresidente Obama – indica la profunda crisis de credibilidad y de legitimidad por la que atraviesa Washington. Trump no genera respeto. Esta realidad alternativa impacta el mundo entero, iniciando naturalmente por América del Norte.




El 10 de enero, el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, procedió a un cambio de gabinete, entre los que resalta la salida del canciller Stéphane Dion, antiguo líder del Partido Liberal de Canadá (PLC), y conocido ecologista.

Sin duda, Ottawa recibió señales de que la nueva administración estadounidense se aprestaba a desbloquear la construcción de los oleoductos Dakota Access y Keystone Pipeline, por lo que, con un pragmatismo sorprendente, engavetó sus principios ecológicos para alinearse con la política de Washington.

Dion, quien estuvo a cargo de la cumbre sobre cambio climático de Montreal (2005), debe haber juzgado inaceptable el cambio. Claro, no todo fue pérdida para Dion: su premio de consolación fue su designación como embajador de Canadá ante Alemania y la Unión Europea. México, por su parte, también hizo lo suyo, a su manera.

La vieja política del compadrazgo, que en esta ocasión puso en el puesto de Canciller a Videragay, fue un intento de adaptación, si bien en este caso no hizo más que aminorar a un gobierno ya de por sí debilitado por su improvisación crónica.

Interactuar con “el Donald” equivale a atragantarse un curso intensivo de diplomacia, guerra y paz. Por lo tanto, Videragay, que llegó “a aprender”, debe estar bien contento con la suerte que le ha tocado. ¡Saldrá hecho todo un erudito en relaciones internacionales este canciller Mexicano!

Pero no exageremos: no todo es impredecible. El intento por frenar la implementación de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (Obamacare), por ejemplo, era de esperar.

Son 60 votos los que la Cámara de Representantes ha emitido, a lo largo de los últimos años, para anularla. Y si bien ahora los Republicanos no tienen la menor idea de qué hacer en este tema, es una posición tradicional del partido oponérsele y tratar de derogarla.

También era de esperar que Trump, como Bush, restableciera la prohibición, ideada por Reagan, de financiar ONG’s a favor del aborto (y que Clinton y Obama habían eliminado).

No es tampoco raro que se congelen temporalmente las contratos en el Gobierno Federal, ni que se revisen las decisiones que Obama tomó antes de acabar. Los conservadores siempre desconfían del Estado y de su aparato burocrático.




Varios de los decretos ejecutivos, sin embargo se convirtieron en coordenadas que indican, sin lugar a dudas, la existencia de una dimensión desconocida. Primero, la luz verde para construir el muro en la frontera entre México y Estados Unidos, merece nuestra atención. Seamos honestos: ya existe alguna forma de barrera en gran parte de la frontera, y eso desde hace años.

El problema es firmar el decreto cuando el canciller mexicano estaba en Washington preparando una visita del presidente Peña Nieto, continuar afirmando públicamente que México pagaría el muro de una forma u otra, le guste o no, confirmar los planes de deportación masiva de inmigrantes sin papeles, ordenar la publicación de una lista semanal de los crímenes cometidos por inmigrantes, y crear incertidumbre al sugerir gravar importaciones y/o remesas para pagar el muro.

¡Todo eso en 48 horas! Añádase a la lista la intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), buscando un pacto respetuoso para Estados Unidos (porque la víctima es Washington), y señalar que la negativa de México de pagar el muro no haría más que agrandar su tamaño.

Los Republicanos nunca fueron reconocidos por su elegancia y multilateralismo , pero esto es franca provocación. ¿Queda claro por qué no sólo los mexicanos, sino el mundo entero, perciben que México ha sido humillado?

Segundo, la suspensión del programa de refugiados y el veto a la entrada de ciudadanos de siete países (Irak, Irán, Libia, Siria, Somalia, Sudán, y Yemen) ha mostrado ser explosiva. Finalmente, un juez, quien tampoco escapó a los insultos del Presidente, interrumpió una medida que, más allá de su ilegalidad o inconstitucionalidad, resalta por ser inhumana y discriminatoria.

El problema inmediato fue la inseguridad jurídica creada por la confusión. Personas con visas válidas, con Green Cards, o con doble nacionalidad, fueron detenidas durante el fin de semana del 28 y 29 de enero de 2017.




En la semana siguiente, líneas aéreas rechazaron pasajeros en los puntos de embarque que podían generar problemas a su llegada. Tan solo 48 horas después de la firma del decreto, los procuradores generales de California, Connecticut, Hawái, Illinois, Iowa, Maine, Maryland, Massachusetts, Nueva York, Nuevo México, Pennsylvania, Oregon, Vermont, Virginia, Washington, Washington DC publicaron un comunicado condenándolo.

Cuatro jueces (Brooklyn, Boston, Alexandria, y Seattle) emitieron ordenes señalando que quienes poseen una visa válida no pueden ser rechazados en la frontera.

Protestas tuvieron lugar en varios aeropuertos estadounidenses y no pocos abogados ofrecieron servicios gratuitos a las víctimas de estos actos arbitrarios. Hoy, la orden ejecutiva no está rigiendo, pero ya se anunció una batalla judicial al respecto.

El 21 de enero, una marcha contra la misoginia, pero también en defensa de los derechos reproductivos, a la igualdad y a la protección de las minorías latina y musulmana, congregó a miles de manifestantes, que llenaron 1.6 kilómetros.

Fiel a su marca de comercio – Trump siempre se presentó como un político no tradicional – el Presidente se preguntó por qué los manifestantes no habían votado (como si no hubiera perdido el voto popular por casi tres millones).

La inconformidad no es porque el candidato incumpla sus promesas, sino porque puede cumplirlas. La lógica del electorado estadounidense fue peligrosa: es fanfarronería, se dijo, pues al asumir, el sistema lo moderará.

También se afirmó que el sistema estadounidense lo detendría, como si la democracia se tratara de elegir líderes irresponsables para luego contenerlos a toda costa.

En la realidad alternativa en la que se nos ha obligado a vivir, el Presidente de la supuesta democracia más poderosa del mundo – siempre he tenido mis dudas al respecto – inspira terror; un líder comunista defiende el libre comercio mientras que un conservador republicano saca a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Libre Comercio (TTP); un vecino incómodo parece amenazar con invadir al vecino pobre. Lo grave no es especular, sino el hecho que no se pueda descartar que de verdad haya sucedido. La incertidumbre en esta realidad alternativa es elevada.

México no está preparado para enfrentar a Trump. Pero Canadá tampoco lo está. Los (supuestamente acalorados) intercambios con Turnbull, Primer Ministro australiano muestran que nadie sabe cómo enfrentar al hombre naranja.

En esta realidad alternativa, el olfato político de Trudeau puede valer lo mismo que la incompetencia de Peña Nieto. Ya ha indicado el Primer Ministro que Canadá recibirá a los inmigrantes que Estados Unidos rechace, lo que lo convierte en un blanco ideal de los insultos de Trump.

En algún momento me pasó por la mente hacer un esfuerzo consciente  para ignorar al  Trump. La mejor táctica es no alimentar ese ego. Pero aquí estoy, apenas dos semanas después de su juramento como Presidente, haciendo exactamente lo contrario.

Lo acepto: la realidad alternativa me ganó. Como intelectual, estoy convencido que es mi responsabilidad unir mi voz para contribuir a contener esta amenaza. Hacer otra cosa es irresponsable e inconsciente. ¿No es extraño que ahora Arnold Schwarzenegger y Kim Jong-un se perciban ahora, de un momento a otro, como chicos casi decentes?

Bienvenidos a la era Trump.

Fernando A. Chinchilla

Cholula (México), enero de 2016

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Ahora sí, es el #MomentoMexicano

Tal y como alguien ayer decía, “bastaron unos cuantos tuits de Donald Trump para que los mexicanos se unieran”. Es la verdad, después de los constantes ataques de la semana pasada, los mexicanos han hecho un frente de unidad contra las políticas anti inmigrantes y mexicanas de Trump.

Pero creo yo que debemos ir más allá, en especial los funcionarios de la administración de Peña, más que crear pactos con el gobierno de Trump, deben de reforzar el poder geopolítico de México en el continente americano. Se debe de buscar en verdad el #MomentoMexicano.

Lamentablemente el gobierno mexicano está dejando ir la oportunidad. La llamada de la semana pasada entre Trump y Peña reafirma la debilidad del gobierno ante la amenaza que es Trump. Aceptar negociar y pactar el tema del muro en lo oscurito, es claramente una propuesta del presidente estadounidense a su homólogo mexicano, mismo que acostumbrado a tratar todo fuera del ojo público acepto la medida.




¿Por qué Trump propuso hablar de muro en privado y no en público? Sus propuestas de poner un impuesto del 20% a las importaciones mexicanas solo afectarán a los consumidores estadounidenses y negocios de nuestro vecino del norte.

Igual la propuesta de que sean los carteles de droga los que paguen por el muro es una idea totalmente absurda. La realidad es que, en cuanto al muro, Trump no tiene forma de obligar a que México pague y es aquí donde nuestro gobierno debe de poner presión en la herida.

La primera semana del gobierno del empresario neoyorkino no ha sido fácil, y esta segunda, que recién comienza, pinta para estar peor. Si el gobierno mexicano toma una posición firme ante los embates de Trump, es muy probable que su mandato se debilite, y México tome una posición de mucha fortaleza geopolítica. Tal y como lo dijo el ex Presidente de México, Vicente Fox, “chiquitos pero picosos”.

Lamentablemente, la administración peñista está optando por seguir con la posición de diálogo, algo que considero erróneo. Ante un “bully”, se debe de afrontar con firmeza y sin darle opciones de salida, se le debe de debilitar y humillar.




Si Trump quiere cerrar el TLCAN, que lo cierre. Si quiere, poner un impuesto sobre las importaciones mexicanas, que lo haga. Al final de cuentas él también termina disparándose en su propio pie, lo que lo llevará cada vez más cerca de la “revocación de mandato” mejor conocida como impeachment.

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Pégame Pero no me Dejes

La relación entre México y Estados Unidos ha sido, políticamente, el esposo machista y ventajoso y la mujer sumisa y cobarde.

Económicamente, ha sido una mujer hermosa que nos puede dejar en cualquier momento y nosotros un hombre inseguro que cree que no se puede conseguir a alguien mejor. Triste pero cierto.




La realidad es que ni como país ni como mexicanos hemos hecho lo necesario para desligarnos de Estados Unidos. Por nombrar sólo unos factores, nuestras exportaciones han sido por años dependientes en más de 80% del país vecino.

El petróleo, uno de nuestros mayores recursos naturales, lejos de saberlo explotar lo hemos usado como caja chica para el gobierno federal, y tan absurdo como suena, importamos gasolina de Estados Unidos, lo que ha hecho al país cada vez menos competitivo y, una y otra vez, dependiente.

No obstante, la falta de cuidado a nuestro país nos ha puesto en una deplorable situación que al mismo tiempo nos brinda una oportunidad. Si quiere Donald Trump construir su muro, que lo construya. Si quiere salirse del TLCAN, que se salga.

Como líder del país más poderoso del mundo él puede tomar tantas inadecuadas decisiones como quiera, pero éstas traerán consecuencias que sólo el tiempo podrá juzgar si fueron acertadas o erróneas. Sin embargo esto no se trata de lo que Trump diga o haga, sino de lo que como nación vamos a implementar para preservar nuestro futuro.

Iniciativas como promover la compra de productos mexicanos y evitar el consumir productos importados son buenas pero sólo son unas de muchas acciones que debemos implementar como sociedad y como país para comenzar a ser una nación realmente libre y soberana.




Lo he repetido en muchas ocasiones: el cambio está dentro de nosotros y comienza con nuestro actuar diario. La corrupción, en todos los niveles y tan pequeña como sea, sigue siendo nuestro mayor lastre y el más apremiante por combatir; por otro lado la inversión en desarrollar tecnología mexicana y el voto de confianza en el mercado mexicano deben ser reforzados.

En concordancia con lo anterior, en una reciente conferencia, Carlos Slim apuntó acertadamente que “ante la negociación con EU debemos volcarnos al desarrollo de la economía interna”, y es precisamente lo que como país tenemos que buscar, el no depender de Estados Unidos ni de nadie, el diversificar nuestros acuerdos comerciales y nuestros aliados económicos.

El multimillonario también propuso varias estrategias para combatir a Trump, entre las que destacan el crear un programa de sustitución de importaciones moderno, es decir el incentivar a producir en México los bienes que hoy en día requerimos traer del extranjero; y consumir lo que se produce en suelo mexicano independientemente si lo hacen compañías mexicanas o  extranjeras.

Esto nos dice que tenemos que combatir la arraigada actitud del “pégame pero no me dejes”, y en contraparte, darnos cuenta que nosotros podemos sin ayuda de nadie.

Será un camino doloroso y tardado, pero necesario y que al final traerá los resultados que como país merecemos. La insensatez de Donald Trump es una oportunidad para México y para los mexicanos. Es un llamado para despertar and Make México great (not again) por primera vez.

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Dimes y Diretes: “México: La Corrupción Nos Empino”

Hoy por hoy México está en una posición difícil e incómoda con los Estados Unidos. Aunque podemos culpar que lo que actualmente sucede es culpa de los gringos por dejar que Donald “Pelos de Elote” Trump ganará la elección, la realidad es que México está en la posición que esta, por culpa de tantos años de malos gobiernos.




El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) representó en su momento una oportunidad de crecimiento económico para nuestro país, así como también lo fue el petróleo o “la gallina de los huevos de oro” como lo dijo recientemente el Presidente Enrique “Henry Monster” Peña Nieto.

Es cierto, el TLCAN le daba más ventajas a Estados Unidos, considerando el tamaño de economía que tiene, pero también fue el momento para que el gobierno mexicano se pusiera las pilas y apoyará a las pequeñas y medianas empresas a salir adelante y competir con las empresas estadounidenses, sucedió todo lo contario.

Hace unos días un reconocido comunicador mexicano decía que cómo no queríamos que los estadounidenses nos vieran como corruptos y ladrones, si nuestros políticos era lo que representaban, y en eso tiene razón. La verdad es que el sistema político quebrado que tiene México lo ha llevado a la posición en la que hoy esta.




Si en lugar de desviar dinero para beneficio propio, lo hubieran utilizado en verdad para mejorar la situación económica de nuestro país, otra historia sería.

La corrupción ha carcomido por completo las bases de nuestro país, créanlo o no, México en este momento no tiene una verdadera ruta de escapatoria en la renegociación del TLCAN. La gran parte de la inversión extranjera directa (IED) en nuestro país se debe a nuestra cercanía con los Estados Unidos, al TLC que tenemos con ellos, sin ese tratado millones de trabajos se perderán.

Hacer nuevas relaciones comerciales como lo propone Peña Nieto, no es una solución a corto plazo, es una solución a mediana y hasta largo plazo. En pocas palabras los gringos nos agarraron en curva.

La visión de nuestros políticos tampoco fue a largo plazo. Su enfoque en los últimos años y en especial después de la firma del TLCAN, fue atraer capital golondrina, es decir inversión que hoy está aquí y mañana puede que no este. Esto en lugar de fortalecer el mercado interno, estimulándolo. Ahora, esta falta de visión nos costará caro muy caro.

Pero bueno, sigamos votando por gobernantes que poco les importa la ciudadanía y el bien del país, y que solo les importa sus bolsillos y sus intereses.

¡Ahí Se Leen!

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Los primeros 100 días de Trump

De ahora en adelante, será solamente, América primero. América primero.” Estas fueron las palabras del ahora Presidente de los Estados Unidos Donald J. Trump, en uno de los discursos más pobres en la historia de tomas de protesta de mandatarios de Estados Unidos.

Pero con esas simples palabras, Trump ha dejado algo en claro, Estados Unidos se volverá un país proteccionista, el país que ha sido el ejemplo perfecto del capitalismo y la globalización, se cerrará al mundo y mucho de esto lo podremos ver en los primeros 100 días del gobierno de Trump.

Desde el primer minuto de la Presidencia de Trump la página web de la Casa Blanca ya dejo en claro que acciones se tomaran en los primeros 100 días, al igual que cuales van a ser las ideologías que van a guiar su mandato. Lo primero es que quedaron eliminados todos los temas relacionados con el cambio climático, esto no debe de sorprender.




La idea de Trump y la gente que lo rodean es que el cambio climático es un mito creado por los chinos, quienes buscan obtener una ventaja manufacturera. También se eliminó las secciones en el idioma español de la página, dándole así prioridad 100% al inglés y excluyendo a una importante parte de la población en los Estados Unidos.

En lo que concierne a la relación que tendrá Estados Unidos y México, Trump no ha cambiado su lenguaje y sus ideas, al contrario, su retórica contra nuestro país sube de nivel. Ayer anunció que Estados Unidos oficialmente buscará la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con México y Canadá.

Ahora, según la administración de Trump, si sus socios comerciales no quieren renegociar, o el tratado no beneficia a sus trabajadores, Estados Unidos se podría retirar por completo del tratado.




En el tema del muro, también ya viene incluido en el plan de los 100 días de Trump. Aunque en la página de la Casa Blanca no especifica que México pagará por el muro, de algo podemos estar seguros, será un tema que hablaran Enrique Peña Nieto y Donald Trump el próximo 31 de enero.

Aunque muchos analistas difieren en que el nuevo Presidente de Estados Unidos, pueda obligar a nuestro país a pagar por el muro, la realidad es que el señor sí lo puede hacer.

Por ejemplo, podría poner un arancel a los productos de exportación de México a Estados Unidos, también retener las remesas de los migrantes o cancelar visas de visitante y cobrar una cuota mucho más alta por ellas.

Entramos a la era Trump en medio de la incertidumbre, aunque para muchos la entrada del empresario estadounidense daría más tranquilidad y certeza de lo que venía, la realidad es que las actitudes del nuevo presidente de la nación más poderosa del mundo no ayudan.

Para México podemos esperar tiempos muy difíciles, sobre todo si nuestros mandatarios no son firmes en las renegociaciones del TLCAN y claro en la posición de no pagar el muro que planea construir Trump para protección de su país. De lo que sí podemos estar seguros es que para el mundo viene una época de inestabilidad geopolítica.

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Trump ganó, ¿ahora qué sigue?

Ganó. Aquel excéntrico, misógino, egomaníaco, xenófobo e impredecible hombre de negocios que al inicio concebíamos como la más imposible opción para ocupar la candidatura republicana a la presidencia, es hoy el ejecutivo de los Estados Unidos.

Subestimado por sus contrincantes precandidatos del partido político con el símbolo del elefante, favorecido por los sentimientos racistas que sobreviven en nuestros días e igualmente tomando ventaja del descontento de diversos jóvenes que veían a Bernie Sanders como su candidato ideal, Trump explotó (consciente o inconscientemente) estos factores.

Con esta victoria, no solo se ve cercano un retroceso en lo referente a la lucha social por la igualdad de las minorías étnicas que integran EUA, sino también un posible desmantelamiento de la seguridad social lograda por el presidente anterior.

Ahora bien, pasando a uno de los temas más preocupantes, cabe preguntarse ¿qué será de México, ahora que el hombre que prácticamente nos culpaba de todos los males y que juraba construir un muro pagado por la nación mexicana, es ahora “el hombre más poderoso”?

 




Pues bien, considero que dadas las circunstancias, nuestra zona de confort se ha terminado, y por lo mismo, tenemos dos opciones: o nos emancipamos (de una vez por todas) de los Estados Unidos y comenzamos a ver nuevos horizontes junto a otros países (como nuestra gente de Latinoamérica), o bien, doblamos rodilla y dejamos que el cuasi fascista que ya habita en la Casa Blanca, imponga sus lineamientos respecto a la inmigración y al TLCAN , y nos deje en un mayor desahucio del que hoy se encuentra gran parte del país.

No hay duda del paso que significa optar por la primera opción, la cual desde mi punto de vista, representa un coraje similar al que tuvieron las personas que lucharon la revolución; representa esa actitud temeraria que todos los mexicanos guardamos en nuestro interior, que si bien, la hemos olvidado en algunas ocasiones, esta siempre prevalecerá para hacernos plantar cara a las situaciones más adversas.

 




Sé que, por otra parte, los negocios y el comercio son parte fundamental para el desarrollo económico del país, sin embargo ¿quién dijo que EUA es la única nación con la cual se puede comerciar? Hay que abrir los ojos: hay muchísimos más países con los cuales se pueden entablar relaciones comerciales, solo es cuestión de tener la iniciativa suficiente, tanto del gobierno como de la sociedad, para comenzar con dicho cambio. Ya no nos puede ser posible continuar en la posición que estuvimos durante tantos años, pues de continuar en ella y con el ahora electo presidente, terminaríamos por perder la soberanía de manera total.

Finalmente, pienso que donde impere la iniciativa, el coraje, el razonamiento y el amor hacia la nación, no debería de haber una probabilidad grande de caer, a diferencia de quedarnos en el posicionamiento, que nos da por sentada, la caída del país.

Por lo tanto, no veamos este escenario como una derrota, sino como la más grande oportunidad que hemos tenido: la de emanciparnos, y reclamar de una vez por todas nuestra herencia como pueblo latinoamericano que somos, junto a nuestros demás países vecinos que integran una de las regiones con mayor riqueza del mundo.

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La renegociación del TLCAN

Después de más de 20 años de que el TLCAN entró en vigor, se han elevado voces que piensan que es necesario renegociar los términos bajo los cuales está redactado. Con la contienda electoral de los Estados Unidos, se ha comenzado a discutir la posibilidad de modernizar el tratado.

En México, la principal incógnita sobre el futuro del TLCAN son las posibles consecuencias negativas o positivas que esto pueda tener en nuestra economía, y la capacidad de nuestro país de tener un poder real de negociación en el tema.

Con las recientes declaraciones de los candidatos presidenciales de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump, la canciller mexicana Claudia Ruiz Massieu expresó la disposición del gobierno mexicano de modernizar el TLCAN de manera que beneficie a México, buscando el mejor escenario para los tres países.

La renegociación del tratado representa una oportunidad para nuestro país de mejorar los términos, dada las condiciones actuales de nuestro comercio, las cuales difieren a las que prevalecían en los 90´s.

Una de las principales razones de la posible modificación es enmendar y rectificar aquellos errores o puntos débiles que el tratado tiene. Una de las críticas que se presentaron después de la firma del TLCAN fue el poco crecimiento del mercado laboral en México, resultado contrario a lo esperado con la firma del tratado.

Con la modificación se podría regularizar la competitividad entre las PyMES mexicanas y las transnacionales extranjeras, lo cual puede representar un logro importante para el sector productivo y laboral de nuestro país.

Derivado de la firma del tratado, gran parte de las importaciones y exportaciones mexicanas son con el país norteamericano, siendo éste uno de los principales socios comerciales de nuestra nación. Si Estados Unidos se llegara a retirar del TLCAN, se correría el riesgo de la imposición de barreras arancelarías con México, afectando fuertemente nuestro comercio internacional.

De ser así, nuestro país estaría obligando a fomentar una apertura global y desarrollar relaciones más estrechas con otros países del mundo, lo cual podría fortalecer las relaciones con China y con la Unión Europea.

Una ruptura comercial con los Estados Unidos, supone un golpe negativo a la economía mexicana y norteamericana, lo cual desestabilizaría el sector productivo de ambas naciones.

Por lo anterior, es poco probable que esto ocurra, los países que integran el TLCAN tienen intereses compartidos en la permanencia del tratado. Sin embargo, es importante la postura que asuma México en la renegociación, lo cual representa una gran oportunidad para adecuar los términos a las condiciones actuales de nuestro comercio.

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EPN, ¿pasivo al defender a los mexicanos o preparándose para Trump?

El pasado 22 de julio el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, recibió al presidente Enrique Peña Nieto. Esta fue la última vez que Obama se reunió con el mandatario mexicano debido a las próximas elecciones en los Estados Unidos.

Temas como el nuevo TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), el intento de golpe de Estado en Turquía, y claro, las próximas elecciones presidenciales en Estados Unidos, fueron algunos de los temas que se trataron en la reunión de los presidentes de México y de Estados Unidos.

Durante su discurso, el Presidente de México Enrique Peña Nieto abordó el tema de las próximas elecciones en noviembre de este año en los Estados Unidos. Muchos mexicanos –vía sus comentarios en redes sociales- esperaban que Peña Nieto tomara una postura en contra de Donald Trump, debido a los comentarios racistas que ha hecho durante toda su campaña hacia los mexicanos. Sin embargo, la postura del Presidente de México fue de apoyo y respeto a ambos candidatos en sus campañas y en sus posibles términos presidenciales.

Aunque muchos podrían sentirse abandonados y podrían culpar a Peña Nieto de otro error en su presidencia, el paso que ha dado al dar su “apoyo” a ambos candidatos va más allá de abandonar a los mexicanos.

La candidatura de Donald Trump para presidente de los Estados Unidos es una realidad, y aunque cualquier presidente se declarara en contra de su candidatura, esta no se detendría. Por otro lado, es verdad que las relaciones comerciales entre Estados Unidos y México son de suma importancia para ambos gobiernos y que, sin importar quien gane las elecciones en Estados Unidos, tendrán que encontrar un fin común.

Por otro lado, esto no significa que el presidente ceda ante cualquier otro mandatario y que tenga que aceptar cada uno de sus deseos a la hora de acordar tratados. Sin embargo, sí es importante saber que al ser el presidente es de suma importancia tener cuidado con las palabras para futuras relaciones.

Enrique Peña Nieto sigue siendo criticado por su pasividad al hablar sobre Donald Trump y no “defender” a los mexicanos, sin embargo, podría ser que sólo está tratando de calmar las aguas y de prepararse a una posible presidencia de Trump.

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