Juventud al Servicio Público

Hace días conversaba con un grupo de jóvenes sobre sus inquietudes acerca de la administración pública, me dio gusto constatar que las nuevas generaciones tienen el entusiasmo y la intención de formar parte activa en la solución de los retos que enfrentamos en México, en cualquiera de sus órdenes de gobierno. Es un deber de quienes forman parte de la administración pública incluir a las nuevas generaciones en el trabajo que hacemos y darles la oportunidad de que sus ideas sean escuchadas y tomadas en cuenta.

Es un deber de quienes forman parte de la administración pública incluir a las nuevas generaciones en el trabajo que hacemos y darles la oportunidad de que sus ideas sean escuchadas y tomadas en cuenta.

Los jóvenes tienen la gran cualidad de inyectarle energía, dedicación y creatividad a todo lo que hacen. Estas cualidades, si se combinan con la experiencia de alguien que durante años ha visto aciertos y desaciertos en las decisiones que se han tomado, pueden derivar en muy buenos resultados. Considero que el secreto no está en poner a competir a nuestras generaciones, sino en sumar esfuerzos entre ellas. Siempre he pensado que un equipo de trabajo funciona mejor cuando es posible realizar un análisis de la situación desde diversos puntos de vista, es por ello que dentro de mi equipo más cercano cuento con el apoyo de hombres y mujeres con gran experiencia, pero también con jóvenes que aportan ideas novedosas y enriquecen el trabajo que hacemos de manera cotidiana.

Dentro de mi equipo más cercano cuento con el apoyo de hombres y mujeres con gran experiencia, pero también con jóvenes que aportan ideas novedosas y enriquecen el trabajo que hacemos de manera cotidiana.

El sector público no sólo es un espacio para aquellos jóvenes que tienen gusto por la política, hay un grupo de nuestros jóvenes que no busca ingresar al sector público porque piensa que para estar dentro de la administración gubernamental hay que pertenecer a un partido político, pero esto no es así. En el Gobierno conviven ingenieros, financieros, arquitectos, abogados, economistas y un sinnúmero de personas que no necesariamente tienen que simpatizar con un partido político, pero que si deben de tener una cualidad en común, me refiero al gusto por servir a nuestra sociedad.

En el Gobierno conviven ingenieros, financieros, arquitectos, abogados, economistas y un sinnúmero de personas que no necesariamente tienen que simpatizar con un partido político.

En la administración pública, como en el sector privado, se trata de maximizar el beneficio, pero mientras en una empresa se persigue el beneficio económico, en Gobierno también se busca beneficio y rentabilidad sociales. Para lograr esto, utilizamos herramientas económicas que nos permiten ponerle un valor a la disminución del tiempo de traslado cuando se construye un puente; el beneficio de tener otra escuela primaria y aumentar nuestro número de estudiantes; incrementar nuestra capacidad de atención médica con la ampliación de un hospital; o reforzar nuestros cuerpos policiales para tener una ciudad más segura.

Es importante que los jóvenes conozcan las áreas que tiene el Gobierno y se den cuentan que tienen un espacio donde, además de desarrollarse profesionalmente, pueden contribuir activamente en la solución de los retos que tenemos. El sector público brinda la oportunidad de formar parte activa en grandes proyectos que requieren solidez en la parte técnica, financiera y legal debido al gran impacto que estos tienen en la economía de nuestra nación. La administración pública no sólo es para quien tiene gusto por la política, también hay profesionistas exitosos que han encontrado en el sector gubernamental un espacio ad hoc para contribuir mediante el diseño e implementación de políticas públicas la construcción de un país cada día mejor.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Millennials, o, bolas aceleradas de frustración

Quienes recientemente hayan visto la película “The Intern” (Pasante de Moda) con Robert De Niro y Anne Hathaway, seguro encontraron que los sacos que se vendían a través de “About The Fit”, a todos nos quedaron muy bien, pun intended.

La historia sobre el choque cultural de los baby boomers y los millennials en sus hábitos y expectativas profesionales toca terrenos muy cercanos, pero más la historia de nuestros deseos frustrados. À propos de recapitular quién es quién, los baby boomers son aquellos nacidos aproximadamente entre los años 1946 y 1964 quienes experimentaron una época de expansión económica y aumento del poder adquisitivo tras la Segunda Guerra Mundial. Los millennials somos (yo incluida, por supuesto) los hijos de los baby boomers, nacidos entre los años ochenta y 1995; conformamos más de un tercio de la fuerza laboral en muchos países (porcentaje que obviamente va en crecimiento), somos conocedores de las tecnologías y los que afortunada/desafortunadamente fuimos adoctrinados para pensar que somos capaces de cambiar al mundo. Consecuentemente, los millennials somos unos bultos frustrados y acelerados. Me explico…

La historia sobre el choque cultural de los baby boomers y los millennials en sus hábitos y expectativas profesionales toca terrenos muy cercanos, pero más la historia de nuestros deseos frustrados.

Las empresas hoy en día se encuentran en una batalla constante por atraer y mantener al talento millennial. Esto es real, ya que la mayoría de los jóvenes optamos por aquellas oportunidades que ofrecen un balance entre trabajo y calidad de vida, posibilidades de progreso, capacitación y desarrollo, a veces a costa de ganar más. Si nosotros creemos que podemos hacer una diferencia, sabemos que tenemos las herramientas y el know-how tecnológicos, necesitamos flexibilidad de horarios y espacios porque tenemos mucha movilidad y energía, y ante todo queremos sentirnos valorados y apreciados; el problema es éste: no encontramos oportunidades laborales en línea con nuestros deseos y potencial.

Las empresas hoy en día se encuentran en una batalla constante por atraer y mantener al talento millennial.

Para ejemplificar nuestra contienda, puedo relatar lo que me sucedió la semana pasada cuando asistí a una entrevista para una oportunidad de trabajo en una empresa multinacional, gigante y de mucho prestigio. Tras un vistazo a mi CV (que por cierto está hecho al pie de la letra de las recomendaciones de numerosos asesores vocacionales, reclutadores profesionales, amigos y familia), unas cuantas preguntas típicas sobre las expectativas de sueldo y demás detalles, se me dijo que “aquí entra la gente porque quiere crecer rápido, o sea, ganar dinero rápido”, y cuando expresé que mi meta a mediano plazo era la de concluir una maestría se me dijo que “aquí hay chavos que han trabajado y estudiado su maestría, y no te puedo explicar como se quejan de que ya no aguantan.” En otras palabras, se me dijo que el trabajo sería tan absorbente —de 8 a 8 nomás— que no me quedaría tiempo para hacer eso… ni ninguna otra cosa.

Así, a medida que la entrevista avanzaba y yo explicaba mis intereses y aspiraciones, que en resumidas cuentas tienen que ver con que mi trabajo tenga un marcado impacto social y que de preferencia tenga una posición de investigación, notaba que mi entrevistador iba cancelando mi potencial. Fui decorosamente “rechazada” por tener un propósito que va más allá del de sólo acumular capital estable en mi juventud. No bromeo cuando digo que el entrevistador utilizó las palabras “romperíamos tu corazón” al explicarme que oportunidades como las que yo busco no son posibles en esta empresa, ni en ninguna otra que él conciba. Lo que es más, eso que yo busco, independencia económica e impacto social a la vez, no es posible, que hay que hacer un trueque entre las cosas que deseamos. Y pensar que mi perfil en LinkedIn fue lo que los instó a buscarme. Creo que no pude reflejar con mucha claridad mis objetivos “hippies” y les hice perder su tiempo.

Así, a medida que la entrevista avanzaba y yo explicaba mis intereses y aspiraciones, que en resumidas cuentas tienen que ver con que mi trabajo tenga un marcado impacto social y que de preferencia tenga una posición de investigación, notaba que mi entrevistador iba cancelando mi potencial.

Esta discusión la he tenido muchas veces con mi familia, la de que no debería esperar que mis primeros trabajos sean en ninguna manera satisfactorios y que me estoy haciendo sonsa imaginando que un ‘proyectucho’ del tipo de la iniciativa de la sociedad civil, concebido en un Starbucks por unos cuantos jóvenes de mi edad pueda ser algún día autosustentable. ¿Mande? Por esto me han recomendado muchas veces buscar trabajo en la comedia, perdón, en el área de responsabilidad social de las empresas. ¿Cómo les explico que esos departamentos que supuestamente quieren hacer la diferencia trabajan bajo el mismo modelo que rechazamos los millennials?

Finalmente, estas discusiones con los baby boomers se vuelven absolutamente fútiles cuando se trata de alguien con mi perfil, una millennial internacionalista viviendo en un país en vías de desarrollo. ¡Ay, dolor! Debido a que los internacionalistas estudian a profundidad los problemas más complejos, persistentes y extendidos alrededor del mundo —la hambruna, el cambio climático, los conflictos bélicos en todas sus escalas, las desigualdades y las crisis económicas, los movimientos sociales, entre muchos otros— la necesidad millennial de hacer una diferencia es doblemente fuerte en mí. Sumémosle a estas circunstancias el vivir en un país cuyo ambiente emprendedor/startup es a lo sumo… ¿incipiente? Y con tanta necesidad social, conformo entonces el perfil más frustrado de los frustrados de nuestra generación. ¡Ah! Y soy a la que llaman la “intensa” de mis hermanas, pa’ terminarla de acabar.

Eso sí, creo que los millennials, más que frustrados y acelerados, estamos algo asustados, pues constantemente tratamos de darle sentido a lo transitorio de nuestra existencia.

Eso sí, creo que los millennials, más que frustrados y acelerados, estamos algo asustados, pues constantemente tratamos de darle sentido a lo transitorio de nuestra existencia. Sabemos que los modelos económicos y laborales están cambiando, sabemos que aún habiendo crecido de la mano de las nuevas tecnologías, éstas nos van a lograr superar y que hay una tremenda necesidad de estar a la vanguardia. Sabemos que gozamos de más opciones y libertades que nunca, no sabemos si querremos hijos o un matrimonio estable. A final de cuentas ¿qué significa todo eso hoy por hoy? Así que mamá, papá, sorry, no se trata de una angustia adolescente extendida, se trata de que me toca hacer esfuerzos extra para encontrar aquellos ‘proyectos’ (ya no les llamaré oportunidades laborales) de los cuales me pueda enamorar.

A final de cuentas ¿qué significa todo eso hoy por hoy? Así que mamá, papá, sorry, no se trata de una angustia adolescente extendida, se trata de que me toca hacer esfuerzos extra para encontrar aquellos ‘proyectos’ (ya no les llamaré oportunidades laborales) de los cuales me pueda enamorar.

Batallaré un poco más de lo que esperaban para encontrar el medio que me vaya a hacer más independiente y feliz. Disculpen que lo que ustedes dicen que tengo: “una carrera, hablas inglés y sabes usar la computadora”, no es ni remotamente suficiente para lo que ustedes me criaron ni para el acelere del mundo de hoy. Eso sí, no duden de que en medio de todo el caos, los millennials seguiremos sorprendiendo, a nosotros mismos también.

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Con Una Basta

Mucho se conoce sobre la doble moral del mexicano. Incluso hoy en día, continúa incidiendo lamentablemente en nosotros los jóvenes; ya ni hablar de generaciones más atrás. No hace falta explicar ni definir el concepto, según entiendo es muy básico: la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y es que al mexicano se nos da mucho eso de ser bien defensores, de adoptar posturas que en el momento consideramos apropiadas pero que luego no siempre nos gusta, beneficia o conviene aplicarlas a nosotros mismos, porque ahí sí decimos: “una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”.

Y es que al mexicano se nos da mucho eso de ser bien defensores, de adoptar posturas que en el momento consideramos apropiadas pero que luego no siempre nos gusta, beneficia o conviene aplicarlas a nosotros mismos, porque ahí sí decimos: “una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”.

Hoy, como todos los días, percibo muchísimas formas de hartazgo, mismas que se hacen cada vez más evidentes en redes sociales: videos, memes, gifs, tweets, el uso de Photoshop, etc., y ¡vaya que tenemos creatividad para ello! La mayoría muy graciosas y hasta albureras, otras cuantas iracundas y sarcásticas. Más reciente ésta del 12 de octubre, en conmemoración a Cristóbal Colón y su “descubrimiento” de las Américas, (espero que a estas alturas, ya todos sepamos lo que realmente pasó) por poner un ejemplo.

Me doy cuenta que lo que publicamos y compartimos es en función de lo que se festeje en ese día, lo que está en trending topic, juicios de valor, una que otra opinión, y demás chuchería que nos mostramos partidarios pero que definitivamente no reflejan nuestro actuar diario.

Las redes sociales vienen a ser un fenómeno que no muchos terminamos de comprender, saber leer o anticipar… o más bien, todo lo contrario. Se han convertido —en la mayoría de los casos— el epítome de la incongruencia social o mejor dicho, la práctica de la doble moral. Lejos de hacer alusión a falsas apariencias, complejos y adicciones que los humanos podamos tener (por supuesto que me subo al carrito), razones por las cuales necesitamos de las redes sociales como una forma de catarsis, me doy cuenta que lo que publicamos y compartimos es en función de lo que se festeje en ese día, lo que está en trending topic, juicios de valor, una que otra opinión, y demás chuchería que nos mostramos partidarios pero que definitivamente no reflejan nuestro actuar diario.

Cabe aclarar que para nada estoy satanizando el uso de las redes sociales y pareciera que no, pero me divierten más de lo que me gustaría aceptar. Más bien considero que es sumamente desalentador comprobar que aquel perfil defensor de los pueblos americanos brutalmente colonizados en Facebook, no coincide con la realidad de su hostilidad y discriminación hacia extranjeros latinoamericanos que radican en la ciudad; también, por poner un ejemplo.

Este tema tiene mucha tela de dónde cortar, si bien, me remitiré a contestar una pregunta que seguro yo le haría al autor del texto si fuese de alguien más: “bueno, ¿y tú qué haces?, ¿a poco nunca has pecado de doble moral?” Yo hago lo que puedo conmigo. Trato de ser clara y transparente en mis ideas, en el trato con los demás, en mis expresiones. Escribo en espacios como este. Me esfuerzo en construir y practicar honestidad y coherencia en mi quehacer del día a día y en todos los ámbitos de mi vida: con mi familia, en el trabajo, con mis amigos, con mi pareja, con la ciudad (con todo y sus leyes y habitantes, eh) y voilà, tan sencillo y al alcance como eso. Sí que he pecado de doble moral y bastantes veces, probablemente (espero que ya no) aún lo haga inconscientemente. Pero trato todos los días de entrenar esa maña muy mexicana que tengo —tenemos— a la hora de actuar para erradicarla de una vez por todas.

Ojalá que al leerme, no suene como una especie de pseudo-Yoda chafa de librito de autoayuda, pero si les gusta la idea de grandeza, comencemos a practicar una sola moral: más ciudadana, más cívica, más participativa.

Quizá mis escritos parecieran ser repetitivos y hasta choteados, pero mi forma de insistir en la ética y moral, no radica en la búsqueda del hilo negro ni idear soluciones colectivas tan fabricadas que serían difíciles de llevar a cabo (aunque no imposibles jeje). Sí que es verdad que la unión hace la fuerza, pero también la fortaleza que encontramos en nosotros mismos, lleva a la unión. La implementación de los cambios que necesita y le urgen a este país, comienzan de a mucho, con granotes de arena. Ya no piensen en poquito, piensen en grande pero al hacerlo, piensen en ustedes, ¡qué más grande que eso!

Como diría King Elvis: “a little less conversation, a little more action please.”

Ojalá que al leerme, no suene como una especie de pseudo-Yoda chafa de librito de autoayuda, pero si les gusta la idea de grandeza, comencemos a practicar una sola moral: más ciudadana, más cívica, más participativa. Como diría King Elvis: “a little less conversation, a little more action please”. O si quieren platiquen bastante, a mí en lo personal me encantan las palabras, sólo recordemos siempre llevarlas a la práctica amigos.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

FECHA DE CADUCIDAD

Nuevos proyectos, ideas, cambios, mejoras, adaptaciones, entre muchos otros factores conjugados dentro de un grupo de personas con el ímpetu de emprender y crear, pero sobre todo de innovar. Esto sucede cada vez más en la actualidad: “Haz lo que más te guste y ningún día tendrás que trabajar”. ¿Quién no ha escuchado esta frase? Personalmente me inspira para continuar creando mi camino hacia esa dirección donde las actividades como profesionista representan gozo y disfrute en su totalidad; al menos es lo que me imagino.

Hace días escuchaba de distintas personas el cambio en el pensamiento de muchos jóvenes sobre iniciar empresas propias, en lugar de ser empleados de una empresa. Esta ola de emprendimiento a tempranas edades, digo esto debido a que en grandes compañías de hoy en día, sus fundadores dieron el comienzo en edades entre 40-50 años. Hoy vemos a jóvenes de 25-30 años con empresas exitosas, haciendo la transición mencionada anteriormente.

La innovación es un factor obligatorio de hoy en día, empujado por el desarrollo tecnológico y las exigencias del modelo de consumo en la mayoría de los países en el mundo. Sin embargo, ¿la innovación tendrá fecha de caducidad? Los jóvenes se esfuerzan por establecer bajo raíces y bases sólidas sus empresas, teniendo como meta: “a los 40 años podré retirarme a disfrutar lo que he cosechado”. Hay una tendencia donde grandes empresarios/emprendedores, una vez que conformaron un proyecto exitoso, sustentable y rentable, deciden retirarse. Pareciese una decisión inteligente y acertada después de haber invertido varios años de su vida a un proyecto que alguna vez soñó y formuló.

La innovación es un factor obligatorio de hoy en día, empujado por el desarrollo tecnológico y las exigencias del modelo de consumo en la mayoría de los países en el mundo. Sin embargo, ¿la innovación tendrá fecha de caducidad?

¿Pero dónde quedarán aquellos ideales de 10 años atrás?, ¿se alcanza un nivel de satisfacción tan basto como para no seguir innovando? Si las aportaciones sociales son de regocijo para muchas familias, o hasta regocijo personal, deberían continuar innovando sobre las mismas. Seguramente habrá quién los sustituya y dé un valor agregado. ¿Pero dónde quedarán aquellos ideales de 10 años atrás?, ¿se alcanza un nivel de satisfacción tan basto como para no seguir innovando? Las transformaciones en el mundo de hoy son muy comunes; lo que hace dos semanas tenía valor, el día de hoy está obsoleto.

No dejar que la satisfacción monetaria detenga todas las capacidades a desarrollar y poner en práctica. Hay otros que nos están viendo, que pueden verse inspirados por nuestras acciones, o que pueden aunar su ímpetu a nuestros proyectos. Hablo mucho del “hoy” con el objetivo de enfocarnos en el presente, para que el pasado no empañe nuestra visión y que el futuro sea una hoja en blanco sobre la cual vamos añadiendo esos proyectos, ideas, cambios, mejoras, adaptaciones.

Hay otros que nos están viendo, que pueden verse inspirados por nuestras acciones, o que pueden aunar su ímpetu a nuestros proyectos.

El pasado nos enseña que cada vez tenemos un mejor hoy, y que la participación de los ciudadanos dentro de la esfera local está haciendo eco en lo regional, federal, y, ¿por qué no?, internacional.

No disminuyo el impacto de los proyectos de emprendedurismo, fortalezco la relevancia de continuarlos con el paso de los años, adaptarlos, innovarlos y mantenerlos hasta donde nos sea posible.

No dejemos que en la formulación de propuestas, inicio de proyectos, mejora de implementaciones… exista una fecha de caducidad.

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¿A qué nos atrevemos?

Hoy como todas las mañanas, luego de revisar los correos cotidianos y demás pendientes laborales, ingresé irrevocablemente a Facebook, Instagram, YouTube, Twitter. No hace falta recalcar la tendencia actual de nosotros los jóvenes: “los hípsters”, “los millennials”, y cuanta subcultura existe. El texto de hoy, no hace referencia a ninguna noticia del día ni a hechos políticos relevantes. Creo que ni siquiera podría definir muy bien sobre que escribo hoy o el tema que se desarrolla en estas breves líneas, pero eso sí: sé por qué lo hago. Sin ánimos ni afán de sonar como la niña hippie-ñoña, luego de varios días de disque análisis sociológico en redes sociales (tan chafo o poco aspiracional como eso pueda sonar) me di cuenta que hoy por hoy, los jóvenes nos atrevemos.

Así, tal cual. Nos atrevemos. Nos atrevemos a hacer lo que mucha gente considera inconcebible, innecesario, muy “mainstream”, incluso hasta como sin chiste. Pero, ¿saben qué me causa algo de problema, honestamente? Que cada vez veo a más gente haciendo lo que yo no me quise atrever por el famoso miedo al qué dirán, por no sentirme suficientemente preparada. Y que flojera la verdad. No tengo la menor duda de que los jóvenes mexicanos somos talentosos y si no lo somos, seguimos intentando hasta en verdad serlo, porque la vida no es más que eso, creer en sí mismo. Y sí, ya sé que suena cursi pero vaya que los clichés por algo son clichés. Lejos de que si la gente se la cree o no, considero que lo mejor sería primero trabajar en lo que sí sabes y crees de tí, porque al final termina por potenciar incluso muchos de nuestros talentos ocultos o dormidos. El chiste es atreverse.

Ahora bien, pienso también que es sumamente importante y esencial una cosa: ser honesto consigo mismo. Y es que no es nada diferente a estar a gusto con lo que se dice y lo que se ha hace. Tener una especie de paz y satisfacción con las acciones propias y la congruencia de ellas, las cuales inevitablemente se ven reflejadas en la sociedad que se construye día a día. Tener la tranquilidad y serenidad de hacer las cosas bien porque se encuentra intrínsecamente ligado a nuestra personalidad. Atrevernos a elegir querer hacerle un bien a nuestro prójimo porque queremos, y no sólo por tratarse de alguna imposición social, ley o norma.

Me parece que lo que hacemos a partir de nuestra verdadera esencia como seres humanos, es lo más cercano a experimentar la calma y despreocupación de la que hablo. He llegado a pensar que la forma más pura de rebeldía radica en el nivel de fidelidad y lealtad que nos proveemos personalmente, y en la capacidad de saber distinguir, identificar, de señalar y denunciar lo que se encuentra podrido, corrupto e impune en la sociedad.

Atrevámonos a pensar colectivamente, como mexicanos, como jóvenes que ya están cansados de pan con lo mismo y que saben que pueden cambiar el rumbo del país.

Me parece más que extraordinario que los jóvenes se atrevan a soñar, a crear, a innovar para sí mismos, para desarrollar sus talentos y vida profesional; pero creo que es imperativo hoy por hoy también atrevernos a diseñar, y construir el México que sabemos nos merecemos. Atrevámonos a pensar colectivamente, como mexicanos, como jóvenes que ya están cansados de pan con lo mismo y que saben que pueden cambiar el rumbo del país. No por moda, si no por convicción.

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