El Mercado da Like a Trump

El 9 de noviembre los mercados financieros reaccionaron dramáticamente a la victoria de Donald Trump como Presidente de Estados Unidos. Lo que los inversionistas globales anticiparon ante el triunfo del multimillonario fue un contexto de crisis y desaceleración económica que afectaría negativamente las ganancias de compañías y el crecimiento económico en general.

Los mercados financieros (bolsas de valores, commodities, divisas, instrumentos derivados) reaccionan de forma “sentimental” ante eventos económicos, políticos o sociales que afecten el precio de los activos que en ellos se negocian. Por lo tanto, el impacto que tendrá un determinado evento en el valor de un activo moverá hacia arriba o hacia abajo a los mercados, aún y cuando los resultados de dicho evento no se hayan materializado.




Un ejemplo de lo anterior es la reacción del mercado ante el Brexit, donde el viernes 24 de junio las bolsas de valores de los cinco continentes cerraron con pérdidas de hasta 13%. Si bien, las consecuencias económicas del Brexit no habían surtido efectos en ese momento, los inversores de todo el mundo anticiparon dichas consecuencias y decidieron vender sus posiciones para invertir su dinero en activos menos riesgosos. Por consiguiente, el valor de las bolsas de valores comenzó a decaer ante el miedo del público inversionista que observaba un futuro incierto.

Si bien actualmente existe incertidumbre global por las consecuencias que traerá la victoria de Trump, los mercados financieros han asimilado, al menos en Estados Unidos, un futuro más promisorio.

A un mes de las elecciones los índices accionarios norteamericanos han aumentado su valor ante una nueva expectativa de que las decisiones del próximo presidente traerán crecimiento a la economía del país americano. Del miércoles 9 de noviembre al viernes 9 de diciembre el Dow Jones aumentó 7.85%, el NASDAQ 5.84% y el S&P 500 6.00%, como resultado de un optimismo ante estímulos económicos, menos regulaciones y menores impuestos, lo que deriva en un mejor ambiente para las empresas instaladas en suelo estadounidense.

Además, una de las promesas de campaña fue la creación de más empleo para los norteamericanos, lo cual, de materializarse, se traducirá en más consumo e inflación que ayudarán a reactivar la economía del país vecino.

Sin embargo, esos resultados contrastan con los de países emergentes, los cuales se verán afectados por las acciones que emprenda el nuevo presidente. Por ejemplo, el índice MSCI Emerging Markets ha retrocedido 3.86%, la divisa japonesa ha perdido 7.81% y el Real brasileño 5.11%.

De concretarse los planes económicos de Donald Trump, los beneficios para Estados Unidos serán lo contrario para países como México, donde el IPC (índice de la bolsa mexicana de valores) perdió 3.17% y el peso se ha depreciado 9.40% ante el dólar.

Nos encontramos ante una situación ambigua, donde hay optimismo un día y pesimismo el otro. Por un lado, un mayor crecimiento de Estados Unidos beneficia a México de forma indirecta al ser nuestro mayor aliado comercial. De forma coloquial se podría decir que si les va bien a ellos, nos va bien a nosotros aun y cuando imponga las barreras comerciales que tanto ha prometido.




Es importante recordar que en un mundo tan globalizado será difícil que Trump aísle económicamente a su país y se sostenga únicamente de la producción y consumos locales. Por lo tanto una mezcla entre fortalecimiento de la economía local pero sin cerrar sus tratados comerciales podrán dar como resultado un crecimiento para todos sus socios comerciales incluido México.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Dimes y Diretes: “¿Qué nos esconden sobre Pemex?”

Las últimas tres semanas no han sido positivas para la empresa estatal, Petróleos Mexicanos (Pemex), ya que ha sufrido una serie de recortes presupuestales y todo parece indicar que el Gobierno Federal comienza a perder la fe en esta empresa, o más bien, ya vieron que está por colgar los zapatos, pues la semana pasada también el Presidente Enrique “el Copetudo” Peña Nieto anunció que se adelantaría el permiso para importar gasolina y diésel del extranjero del año 2017 al próximo mes. ¿Qué nos están ocultando?

Ayer se adelantaba en varios medios de comunicación que las pérdidas en 2015 de Pemex fueron mayores a las que tuvo en el 2014. Ahora, que no nos vengan con la sorpresa de que esta situación es “de todos los mexicanos”, pues Pemex siempre ha operado en números rojos y nunca en números negros, ¿por qué sucede esto? Muy fácil, por toda la corrupción que existe dentro de la misma empresa, comenzando por los líderes sindicales como Carlos Romero Deschamps.

Los encargados de Pemex pueden decir que estas pérdidas se han dado por el precio del dólar y que el precio del barril de petróleo también ha tenido sus consecuencias negativas en la empresa. Pero el factor que algo raro y turbio está sucediendo con la empresa que es “en teoría” uno de los pilares de la economía de nuestro país, no puede ser ignorado.

Resulta muy extraño adelantar la medida para permitir la importación de gasolina y diésel a México. Sabemos que es uno de los objetivos de la Reforma Energética, pero entonces, ¿dónde está quedando todo ese crecimiento y producción de gasolina de Pemex que debería estar puesto en marcha desde ahora?

Al parecer en Pemex lo único que esta sucediendo es que se refinaron la lana, entre Deschamps y todos los demás corruptos que están sirviéndose con la cuchará grande con dinero que debería de ir a los trabajadores y no nada más a ellos sino a misiones de exploración y aumentar la producción, que por cierto se anunció ayer que serían recortados.

Dejemos de buscarle tres pies al gato, el Gobierno de “el Copetón” lo logró, Pemex está en estado vegetativo y probablemente en unos años lo desconecten.

La crisis de Metrorrey

La cuenta oficial del gobernador acaba de confirmar una noticia: se acaba la gratuidad del servicio del Metro los domingos. Metrorrey ha sido uno de los casos más notorios de la decadencia de las empresas gubernamentales en las últimas décadas. Es el ejemplo local, muy nuestro, de que el gobierno de Nuevo León es mal administrador de servicios como otros estados. Es una empresa que ha sufrido cambios, transformaciones… pero sólo en el plano administrativo. Operativamente, Metrorrey está en crisis permanente debido a sus recortes presupuestarios, problemas para financiar las obras de nuevas líneas, problemas laborales, problemas logísticos y un equipo cercano a la obsolescencia que constantemente falla.

Metrorrey ha sido uno de los casos más notorios de la decadencia de las empresas gubernamentales en las últimas décadas. Es el ejemplo local, muy nuestro, de que el gobierno de Nuevo León es mal administrador de servicios como otros estados.

Fundada en 1987, ha sido usada como botín para algunos exfuncionarios y como arma electoral para otros (caso Rodrigo Medina).
Según la versión oficial, la “promoción” se cancela debido a que ya no es rentable para Metrorrey el seguir manteniéndola y a una necesidad urgente de fondos para el mantenimiento y mejora del servicio.

Metrorrey está en crisis permanente debido a sus recortes presupuestarios, problemas para financiar las obras de nuevas líneas, problemas laborales, problemas logísticos y un equipo cercano a la obsolescencia que constantemente falla.

Metrorrey opera en números rojos desde tiempo atrás, su problema de solvencia no es nuevo; sin embargo, no hemos visto publicado en prensa alguna declaración de Jorge Arrambide, director de Metrorrey, donde se tenga un plan definido para revivir dicha empresa pública.

Metrorrey opera en números rojos desde tiempo atrás, su problema de solvencia no es nuevo.

Metrorrey forzosamente necesita agregar vagones, mejorar los sistemas de cobro en estaciones, un programa integral donde asegure sostenidamente la energía necesaria para operar, incrementar el número de rutas transmetro o metrobús ante las demoras en la construcción de nuevas líneas. Según el plan maestro del año 2000 debería tener al menos 84 kilómetros de vía férrea con 4 líneas dando servicio hasta el aeropuerto, Santa Catarina y el sur de Monterrey. Actualmente, los 32 kilómetros resultan una ridícula cantidad que no se da abasto.

Privatizar al Metro no es una opción pero permitir el cofinanciamiento en obras como son la creación de nuevas líneas, estaciones y la compra de vagones no debería desecharse. El Metro está navegando en la incertidumbre y la pasividad.

Si no se realiza un cambio drástico en Metrorrey, el primer efecto será incrementar tarifas, el otro la disminución de vagones y finalmente el cierre de estaciones por fallas medulares. Esperemos que ese panorama apocalíptico sólo sea especulación de quien escribe, sin embargo, el problema está ahí, sigue ahí y la moneda sigue en el aire.

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La relación entre la representación política, los partidos y discurso

¿De qué se trata cuando se habla de “crisis de representación política”? Generalmente se hace referencia cuando la ciudadanía no ve representados sus intereses en los políticos y se diluye el respeto por los partidos o cuando éstos toman medidas poco populares. En las jóvenes democracias latinoamericanas son comunes las muestras masivas de descontento, principalmente a través de manifestaciones callejeras, que pueden ser pasivas o no, para exigir la toma de alguna medida o la eliminación de alguna otra.

Si no se ejerce desde la sociedad civil una suerte de control y llamados de atención a los representantes, se corre el riego de ser pasados por encima.

Primero debe tenerse en claro que la forma representativa de gobierno implica que los puestos de toma de decisiones serán ocupados por personas elegidas a través del voto popular en elecciones periódicas. Una vez depositado el voto en la urna muchas veces el ciudadano cree que ha concluido con su obligación y se retira a su vida privada. He aquí un problema, ya que si no se ejerce desde la sociedad civil una suerte de control y llamados de atención a los representantes, se corre el riesgo de ser pasados por encima. Muchas veces sucede que los representantes congregan en su figura mucho poder y, si no son controlados atentamente, pueden actuar en pro de sus intereses privados.

Los votantes cada vez menos parecen elegir a sus representantes siguiendo lineamientos ideológicos o partidarios sino que se inclinan por figuras conocidas, que se muestran en medios de comunicación.

Comenzando con el predominio de los personalismos, los votantes cada vez menos parecen elegir a sus representantes siguiendo lineamientos ideológicos o partidarios sino que se inclinan por figuras conocidas, que se muestran en medios de comunicación y cuyos nombres aparecen poco relacionados a sus partidos de pertenencia. Por otro lado, los partidos buscan ampliar sus bases de apoyo vaciándose de contenido ideológico y se vuelven cada vez más partidos “atrapa todo” (“Catch all party”, concepto introducido por Otto Kirchheimer en 1966). Finalmente, los medios de comunicación toman un rol cada vez más importante en la esfera pública imponiendo agenda con base en sus intereses privados. A su vez, hay enormes sectores de la población que son invisibilizados al no contar con representación política, uno de los más numerosos es el de los inmigrantes ilegales, pero también puede tratarse de minorías étnicas.

Los partidos buscan ampliar sus bases de apoyo vaciándose de contenido ideológico y se vuelven cada vez más partidos “atrapa todo”.

Si se buscan los orígenes de la representación política a lo largo de la historia, es imprescindible comenzar por la polis griega. El nomos (ley) era producido en espacios públicos como la asamblea a través del debate público y la persuasión. Por supuesto que sólo tomaban parte quienes contaban con tiempo y medios para dedicarse a dicha actividad. Ahora, nos encontramos frente a estados modernos que han construido toda una estructura de funcionamiento alrededor de la representación y los representantes del pueblo.

Un politólogo que ha tratado el tema de representación con gran puntería ha sido Bernard Manin. Estableció cuatro principios clásicos de los gobiernos representativos. Estos son: la independencia en la toma de decisiones de los representantes electos, la libertad de opinión pública, elecciones periódicas y, finalmente, el debate para la toma de decisiones públicas. Los últimos dos puntos son los que suelen funcionar mejor, mientras que los dos primeros son los que menos se respetan.

A lo largo de la evolución política, el discurso ha sido la forma predominante de comunicación de la representación. La importancia ascendente de los medios de comunicación durante el siglo XXI es innegable, no sólo como nexo entre la ciudadanía y los eventos relevantes, sino también, marcando la agenda pública de debate. El primero de ellos fue la prensa escrita, alrededor del 1800, que surge inicialmente como un vehículo complementario del discurso para luego transformarse en un discurso en sí mismo. De esta manera, la opinión se diversificó en oral y en escrita. Años más tarde, y gracias a la revolución tecnológica, apareció la radio y más tarde la televisión. El último de estos cambios ha sido el internet.

Ante todas estas transformaciones, los partidos políticos, otro elemento central que hace a la representación política, se han visto obligados a ir adaptándose a estos nuevos medios. Como punto de partida de su expansión se puede tomar a la Revolución Francesa. A partir de este momento histórico, se dio una proliferación y consolidación de partidos de todo tipo, de inspiración religiosa, integrados por diversas fuerzas sociales, etc.

Una de las maneras que la ciudadanía aplica a modo de “sanción” cuando sus representantes no cumplen son sus promesas de campaña o se desempeñan mal en sus cargos, es el denominado “voto castigo”. Así, el desempeño anterior de los políticos es tenido en cuenta a la hora de emitir el voto.

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