Década perdida y desconfiada

Hoy cohabitamos y estamos activos al menos cuatro generaciones en simultáneo; los “Baby Boomers”, la “Generación X”, la “Generación Y”Millenials) y la “Generación Z”. Todos tenemos acceso a mucha información, sin embargo lo que todos tenemos en común es que nadie confía en nadie ni en nada y lo que es peor, tenemos intereses y estilo de pensamiento muy distinto.

Estudios recientes nos dicen que la confianza en las instituciones, ONG´s, la prensa, gobiernos y los partidos políticos está en su punto más bajo de credibilidad y lo que es peor, en todos los casos sigue disminuyendo año con año.

Son pocos los países que se escapan y están bien calificados, por ejemplo Singapur o algún otro que está bien calificado gracias al orden y respeto que se tiene a sus leyes. Lo más preocupante es que México, además de estar mal calificado (solo 1 de cada 4 mexicanos confían en el gobierno), sigue a la baja año con año y la tendencia no parece estar próxima a cambiar; de ahí el gran riesgo de ingobernabilidad.

Nuestra oportunidad de salir adelante como sociedad es a través de la participación ciudadana y la innovación social. Recientemente tuve la oportunidad de exponer en universidades públicas y privadas del área metropolitana de Monterrey y me llamó especialmente la atención el comentario de una alumna que destacaba la innovación social como una necesidad para transformar las nuevas generaciones de mexicanos.

La analogía más sencilla y que ayuda a entender el objetivo de esto es, imaginar la diferencia de visión que tenemos al usar lentes ya sea de sol o correctivos, son los mismos ojos, pero con una herramienta que nos ayuda a ver las cosas más claras. Lo que es cierto, es que nadie es dueño de la verdad y tenemos que aprender a construir juntos como sociedad.

¿Qué hay de la confianza en las autoridades de seguridad?

Los recientes indicadores presentados por México Evalúa en su análisis Justicia a la Media para Nuevo León son un reflejo de cómo el vínculo de confianza entre la población y las autoridades se mantiene fracturada.

Y es ese punto que nos trae a este análisis. En retrospectiva, en este contexto ya habíamos transitado y superado de alguna manera, pero ¿qué nos ha pasado?, ¿se dejaron a un lado las buenas prácticas? o ¿por qué desconfiamos tanto?

México Evalúa, utilizando estadísticas del INEGI, reportó que entre 2015 y 2016 la confianza entre la policía estatal pasó de 13.1 a 5.5%, una caída significativa. Mientras que para el Ministerio Público el nivel de confianza pasó de 10.5 a 2.5%, hacia la Policía Ministerial retrocedió de 9.2 a 5.3% de un año a otro.

En la pérdida de la confianza es precisamente donde creemos que existe un área de oportunidad necesaria que atender para construir la ciudad, y el Nuevo León que necesitamos para nuestras familias. Esta confianza es la base, incluso, para que las víctimas de delitos se animen a denunciar, delimitar estrategias más efectivas y combatir la cifra negra que es superior al 90% para la entidad [Envipe 2015].

 




 

La desconfianza, no sólo nace de la percepción que comúnmente los gobernantes suelen catalogar como información poco objetiva. Y si bien es subjetiva porque es percepción, la realidad es que los índices delictivos se han incrementado según las propias estadísticas de la Procuraduría de Justicia del Estado.

Ya reportes periodísticos han evidenciado que en los 12 meses recientes frente a los últimos 12 meses del sexenio anterior, la incidencia de delitos patrimoniales y los homicidios aumentaron. En el caso de robo a negocios el incremento es de 57%, mientras que en homicidios el alza es de 33% [El Norte, octubre 04, 2016].

De estos y otros delitos de alto impacto ya se había advertido en los más recientes reportes del Observatorio Ciudadano de Nuevo León, que analiza la incidencia delictiva cada trimestre. Desde ese entonces lanzamos llamados a municipios y Estado para un trabajo conjunto e integral con el fin de reforzar la seguridad y fortalecer las estrategias en prevención de los delitos.

Así llegamos al primer año desde que el gobierno estatal y los ediles metropolitanos asumieron sus administraciones públicas. Y llegamos con los reportes del Observatorio Ciudadano de Nuevo León y el Pulso Metropolitano de Seguridad, próximos a presentar parte de organismos civiles y cámaras empresariales.

 




En suma, creemos que más allá del rechazo de estos análisis o la aceptación de la crítica, las autoridades deben tomar estos recursos, lanzados desde la sociedad civil organizada, como materia prima para redoblar esfuerzos en la procuración de nuestra seguridad. Desde este lado estamos dispuestos a construir comunidad para recuperar esa confianza que tanta falta nos hace.

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