Ciudadanos de primera

En todos lados escuchamos que tenemos a los políticos que merecemos. Eso se acabará cuando la ciudadanía esté más activa, organizada y sea menos permisiva. Estudios recientes del Instituto Nacional Electoral reflejan la frecuencia y el tipo de participación que está teniendo la sociedad y los resultados son poco alentadores.

Solamente un 20% de la gente participativa ha generado contenido o compartido información política en sus redes sociales (Facebook Twitter principalmente), un 18% ha participado en campañas políticas o de algún partido político, únicamente el 15% ha asistido a reuniones en cabildo municipal y sólo el 3% de la gente ha intentado convencer a terceros de votar sobre el candidato de su elección.

El éxito de la participación ciudadana dependerá principalmente de la experiencia previa y el involucramiento en asuntos del interés público. Mientras que tengamos ciudadanía desinteresada y sin experiencia, se abren las posibilidades de tener que seguir aguantando malos gobiernos. Hoy en el estado de Nuevo León tenemos ya una Ley de Participación Ciudadana que se verá reflejada en todos los reglamentos municipales a más tardar en septiembre, lo cual nos dará herramientas para fomentar y fortalecer el papel que deberá ir tomando la ciudadanía sin necesidad de estar condicionados al humor o apertura del gobernante en turno.

Una de las formas clásicas de ver cómo se da la participación ciudadana en las democracias es mediante la observación de la participación electoral. Los niveles de participación electoral en México son comparables o incluso mayores que los de algunas democracias consolidadas como Canadá, Estados Unidos, España o Francia. Sin embargo, lo que resulta preocupante para nuestro caso en México, siendo una democracia joven, es que sigue creciendo el abstencionismo, quizá gracias al descrédito en las instituciones y especialmente en los partidos políticos. ¿Cómo esperamos tener políticos de primera si no ejercemos nuestro voto?

“El que no habla, Dios no lo oye” y nada vale más que un ciudadano bien informado con ganas de aportar a su comunidad. Si somos ciudadanos de primera, merecemos políticos de primera y para eso tenemos que empezar por sumar, aportar y lograr lo que la mayoría queremos, un lugar con la mejor calidad de vida y oportunidades. Ciudadanos de primera elegirán candidatos de primera; no populistas y oportunistas.

Década perdida y desconfiada

Hoy cohabitamos y estamos activos al menos cuatro generaciones en simultáneo; los “Baby Boomers”, la “Generación X”, la “Generación Y”Millenials) y la “Generación Z”. Todos tenemos acceso a mucha información, sin embargo lo que todos tenemos en común es que nadie confía en nadie ni en nada y lo que es peor, tenemos intereses y estilo de pensamiento muy distinto.

Estudios recientes nos dicen que la confianza en las instituciones, ONG´s, la prensa, gobiernos y los partidos políticos está en su punto más bajo de credibilidad y lo que es peor, en todos los casos sigue disminuyendo año con año.

Son pocos los países que se escapan y están bien calificados, por ejemplo Singapur o algún otro que está bien calificado gracias al orden y respeto que se tiene a sus leyes. Lo más preocupante es que México, además de estar mal calificado (solo 1 de cada 4 mexicanos confían en el gobierno), sigue a la baja año con año y la tendencia no parece estar próxima a cambiar; de ahí el gran riesgo de ingobernabilidad.

Nuestra oportunidad de salir adelante como sociedad es a través de la participación ciudadana y la innovación social. Recientemente tuve la oportunidad de exponer en universidades públicas y privadas del área metropolitana de Monterrey y me llamó especialmente la atención el comentario de una alumna que destacaba la innovación social como una necesidad para transformar las nuevas generaciones de mexicanos.

La analogía más sencilla y que ayuda a entender el objetivo de esto es, imaginar la diferencia de visión que tenemos al usar lentes ya sea de sol o correctivos, son los mismos ojos, pero con una herramienta que nos ayuda a ver las cosas más claras. Lo que es cierto, es que nadie es dueño de la verdad y tenemos que aprender a construir juntos como sociedad.