#HojaDeRuta: “Del miedo a la furia”

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“La emoción más antigua y fuerte de la humanidad es el miedo. Y el más antiguo y fuerte tipo de miedo es el miedo a lo desconocido” -H.P. Lovecraft

La velocidad de la información, el peso del presente y la desconexión del pasado público parecen conjugarse para hacernos olvidar que México es un intento de democracia. Un intento que, además, tiene relativamente poco tiempo de serlo.

Tras el estruendo de la revolución mexicana, y un periodo de inestabilidad, el sistema político moderno se fundó con base en el principio de aceptar el autoritarismo a cambio de garantizar la estabilidad, siempre bajo un manto de democracia simulada.

Algo muy extraño sucedió: una suerte de autogamia donde el propio sistema dio a luz al partido que habría de garantizar su permanencia. Carne de mi carne, vida de mi vida. Una simbiosis política que logró mantener el poder por casi siete décadas.

Tan único fue el caso mexicano que mereció una categoría propia en el análisis de Giovani Sartori: la del partido hegemónico, es decir, aquél sistema político donde había diversos partidos, pero solo uno tenía el control, y por tanto, la posibilidad real de ganar elecciones y gobernar.

En el 2000 quizá había más miedo en México a la posibilidad del cambio político que al famoso Y2K o error del milenio que supuestamente provocaría una falla masiva en todo lo eléctrico y digital, enviándonos de golpe a la edad de piedra.

Sin embargo, la alternancia ocurrió, y con ella, la decepción. Aquél México que inició el siglo XXI con la esperanza de volverse una democracia verdadera, alcanzar la justicia y avanzar hacia el desarrollo, enfrenta menos de dos décadas después un desaliento prácticamente en todos los frentes: las garras de la pobreza aprisionan a la mitad de la población; la corrupción goza de cabal salud (México ocupa el lugar 135 de 180 países medidos en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional); la desigualdad crece mientras el salario pierde poder adquisitivo (el peor de América Latina, de acuerdo a la OIT) y, por si fuera poco, una crisis de violencia que ha dejado cientos de miles de muertes y quebranto social.

En entrevista reciente para el diario El País, la historiadora Soledad Loaeza resumió lo que parece ser el espíritu de los tiempos que corren en el país: “En México tenemos más rabia que susto”, y abunda: “Sin instituciones no hay gobierno que funcione, ni de izquierda ni de derecha. Estamos muy fragmentados y en esa fragmentación no hay posibilidad de entenderse”.

El momentum internacional ha probado la confiabilidad de la vieja herramienta del miedo: el Brexit en Reino Unido; Trump en Estados Unidos; LePen en Francia (que afortunadamente no ganó). Sin embargo, en el caso mexicano el miedo viene jugando un rol central desde hace más de una década. La campaña de “El peligro para México” implementada en 2006 fue exitosa en términos de comunicación política, pero sembró odio y discordia, elementos que nunca son sanos para la democracia.

Pero el tiempo pasó, y no perdona. Ante el correr de los calendarios, la mayoría de las ideas, obras y cosas o se desvanecen o se consolidan. Se olvidan o se vuelven clásicos. La emoción del miedo parece estar siendo sustituida por otra igual o más potente: la rabia. Una rabia generada por la diaria crueldad de una realidad que no mejora.

Hoy el miedo a lo desconocido parece verse superado por las ganas de castigo a las opciones tradicionales y la voluntad de tomar una ruta inexplorada. En la más reciente encuesta de Grupo Reforma hay hallazgos que sorprenden además de la ventaja de más de veinte puntos que registra AMLO, en particular, se pregunta qué candidato es un peligro para México, y en este rubro, el principal “peligro” identificado es el candidato del PRI.

Aunque la tendencia electoral está dibujada con claridad, un país que ha transitado del miedo a la rabia en medio de la precariedad institucional, corrupción desatada y crisis de violencia se encontrará en un momento delicado política y socialmente. De consolidarse la tendencia, la rabia de una población que, en lo general está ausente de lo público, tendrá que volverse una energía de reconciliación, reencuentro, recomposición. El miedo y la rabia movilizan, pero no construyen. Ahí estará el reto del futuro inmediato.

#HojaDeRuta: “Espectacular de elecciones”

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“Todo cambia, todo se transforma: todo sigue igual” -Monsiváis

Una sola cosa es segura en las elecciones presidenciales mexicanas: el espectáculo está garantizado. Usted o se ríe, o se sorprende, o se sulfura, o se descorazona, peligro y se desmaya, pero impasible no se queda. En este país las elecciones lo estremecen o le devolvemos su dinero (es un decir, naturalmente, ese ya está gastándose). Si no podemos confiar en la democracia, cuando menos matemos el aburrimiento, parece ser la consigna.

Apenas si van a cumplirse un par de semanas y ya tenemos candidatos acusados de lavado de dinero, páginas y carteles de campaña sucia que misteriosamente aparecen en la red y en las calles, muertos que firmaron por candidatos independientes en homenaje a la época de oro de la simulación electoral, ladrones de nuestro yo digital que operan desde Facebook, lluvias de memes, candidatos descartados y resucitados al tercer día por la autoridad electoral, Trump escupiendo fuego y soldados contra nuestra frontera.

Vivimos en el país de no pasa nada en términos de consecuencias, y sin embargo, tanto pasa que nuestra capacidad de asombro llega a límites insospechados, incluso contra nuestra propia voluntad. Cada que pensamos que como mexicanos ya nada puede sorprendernos, nuestro realismo tragicómico-mágico nos demuestra lo contrario.

Decía Monsiváis que como todos creemos en las décadas, al pasado no le queda más remedio que dividirse en diez. Pues bien, hace varias décadas que se habla de la espectacularización de la política para referirse al fenómeno surgido en Estados Unidos que básicamente parte de la imagen, el performance y el manejo del mensaje para tocar las fibras precisas del respetable.

En la sociedad del espectáculo, como diría Guy Debord, lo que importa no es lo que se tiene o lo que se es, sino lo que se percibe y lo que se aparenta ser. La política inherentemente tiene elementos teatrales, histriónicos. Existe tal cosa como la persona pública, esa versión de un individuo que se presenta a la colectividad.

La lógica no ha cambiado aunque se refinen técnicas y tecnologías. Aún estamos buscando en quien confiar, aún estamos buscando en qué y en quién creer. Aún deseamos ser entretenidos. Lo esperamos, incluso. En un país obsesionado con la sucesión presidencial, no podía ser de otra manera. Es quizá la migaja sabrosa que nos queda: “esto se va a poner bueno”.

Si también de dolor se canta cuando llorar no se puede, cómo no nos vamos a divertir. José Agustín captó parte de esa esencia al nombrar en el concepto de “Tragicomedia Mexicana”. 

Como pueblo, nunca dejaremos de reírnos de nuestra desgracia ni de bailar de cachetito con la muerte. Así somos. Pero eso no significa que estemos dispuestos a sentarnos en el hormiguero hasta ser beatificados ¿la diferencia? Dos cosas: el sentido crítico y la voluntad de participación. 

La política o se mueve, o no es. Tenemos que mover nuestros hábiles deditos digitales para buscar información fidedigna. Tenemos que mover la mente para preguntarnos si un planteamiento tiene sentido o apesta a fake news. Tenemos que mover los ojos leer sobre quiénes son las personas y qué nos están proponiendo. Tenemos que mover la boca y sacar la voz rompiendo aquella vieja máxima de que en la mesa mexicana ni de política ni de religión.

Le voy a contar un secretito: disentir no es de mal gusto, ni debatir de mala educación. Sin diálogo no hay democracia posible. Y finalmente, tenemos que mover el cuerpecito hacia las casillas el primero de julio ¿Qué el sistema tiene muchas partes podridas? Ni cómo negarlo. Pero a puro coraje interno y agitando con furia la cuchara del café no se va a arreglar. Hay que moverse.

Y si de plano la angustia le invade, recuerde que la suprema corte dio otro paso hacia legalizar la mota recreativa para cuando a la realidad se le pase la mano.

#HojaDeRuta: “Elección 2018 y el Factor Trump”

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La elección presidencial 2018 está marcada por un distingo inusual: la relevancia de la política exterior ante la beligerancia de Donald Trump. Los efectos se han sentido: la cancelación de inversiones de capital norteamericano en México; la renegociación (incluso amenaza de disolución) del TLCAN; la oposición frontal al DACA (la ley de los “dreamers” o migrantes que llegaron al país durante su niñez) y, sobre todo, la insultante insistencia en la construcción del muro, para el que aún no hay presupuesto, aunque sí prototipos.

El escenario exige repensar el rol de México en el mundo: ¿Cuál será la dinámica económica y política de América del Norte? ¿Es momento de profundizar la relación con China? ¿Qué rol jugará México en América Latina? Y sobre todo, la visión de estado mexicano en el siglo XXI en medio de una crisis social marcada por la mitad del país en pobreza y la creciente violencia, así como una crisis política ante el descrédito de la mayoría de las instituciones y clase política.

Una coyuntura comienza a dibujarse: Donald Trump parece regresar a su discurso de campaña, endureciendo sus posturas, apelando a su base y al aislacionismo que tan bien le funcionó como candidato. La razón es obvia: para él también ha comenzado el tiempo de campaña, pues habrá elecciones de medio término el próximo noviembre en Estados Unidos, donde estarán en juego los 435 escaños del Congreso y 34 de los 100 escaños del Senado.

La elección es de relevancia estratégica para la administración Trump, pues actualmente los republicanos tienen mayoría en ambas cámaras. Si los demócratas logran afectar ese balance, incluso ganar la mayoría en alguna de las cámaras, el tablero cambiaría sustancialmente, pues Donald Trump enfrentaría por primera vez en su gobierno una verdadera oposición legislativa, y por tanto, se vería obligado a negociar en una posición que desconoce y repudia: la desventaja.

Inevitablemente, la elección de medio término se leerá como un referéndum a Donald Trump y su Gobierno. De ahí que haga sentido el endurecimiento de su discurso y posturas. En apenas un par de semanas, Trump inició una abierta guerra comercial con China que ha sacudido los mercados; denunció la caravana de migrantes centroamericanos que se dirigía a la frontera norteamericana, y declaró que, mientras no exista el muro, desplegará a la Guardia Nacional en la frontera con México.

Ante este última declaración de Trump, el Senado mexicano aprobó por unanimidad un pronunciamiento que solicitó a la Secretaría de Relaciones Exteriores haga llegar a la oficina del presidente norteamericano y a todos los legisladores de aquél país. El pronunciamiento de la Cámara Alta mexicana tiene un poco de la dignidad esperada: exige respeto a Trump, condena sus expresiones y rechaza categóricamente su intención de militarizar la frontera. 

Pero es el tercer punto el que más llama la atención: “Solicita al Gobierno de la República suspender la cooperación bilateral con los Estados Unidos de América, en materia de migración y de lucha contra la delincuencia organizada trasnacional, en tanto el presidente Donald Trump no se conduzca con la civilidad y el respeto que el pueblo de México merece”.

Este último punto es fundamental, pues reconoce una obviedad que la tibieza del gobierno federal y su esperanza en los buenos oficios de Jared Kushner parecen haber ignorado: México tiene elementos para presionar a Estados Unidos, tanto en el tema seguridad como en el comercial.

Con tino, López Obrador eligió la frontera simbólica de Ciudad Juárez como punto de arranque de su campaña, y desde ahí lanzó el mensaje que más ha resonado en medios internacionales en este inicio de campaña presidencial: “México no va a ser piñata de ningún gobierno extranjero… no es con muros ni uso de la fuerza como se resuelven problemas sociales. La paz y la seguridad son fruto de la justicia”.

Aunque AMLO ganó el ser el primero en oponerse a Trump durante la campaña, Anaya ha buscado presentarse como hombre de “mundo”, lo mismo que Meade con sus credenciales académicas y curriculares. Sin embargo, la pregunta que estará en la mente del electorado será: ¿quién tendrá mayor temple para enfrentarse a la amenaza de Trump?

#HojaDeRuta: “Remendar la confianza”

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La falsedad está al acecho. Confundir, engañar y sembrar discordia son tácticas de guerra tan viejas como el mundo. Sun-Tzu dedica en su milenario tratado una sección al uso de espías y la importancia vital de la presciencia (información anticipada) para resultar victorioso. 

La información es poder, siempre lo ha sido ¿y la desinformación? Una forma de restar poder, de desestabilizar a un sistema o afectar a un enemigo. Si el bolígrafo es más poderoso que la espada, aquél que escribe mentiras convincentes es como una daga con la punta envenenada.

Para consumar el engaño, muchas veces no basta con la mentira a secas: se requiere teatralidad. Tal como el buen histrión nos convence y conmueve a pesar de que sabemos que representa una ficción, la información falsa intenta parecerse a la realidad. Al igual que muchas representaciones artísticas, intenta apelar a nuestros sentidos y emociones.

Ahí radicó el genio de la intromisión rusa en la elección estadounidense de 2016: encontraron y curaron el contenido que despertaba pasiones y rabia, para entonces mostrarlo quirúrgicamente a la audiencia deseada mediante perfiles falsos que encarnaban sentimientos reales.

Hoy, afortunadamente, el fenómeno de las noticias falsas (Fake News ya es un concepto del imaginario político contemporáneo) se reconoce como un grave problema público. Sin embargo, poco se reflexiona acerca del porqué de la proliferación de la información falsa, y más importantemente, de la credulidad que puede llegar a tener.

En una reciente entrevista publicada en el diario El País, Noam Chomsky ofrece una explicación: “La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie ¿por qué habrías de confiar en los hechos? Si nadie hace nada por mí, por qué habría de creer en nadie”.

El diagnóstico coincide con el de Zygmunt Bauman: “Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza… la gente ya no cree en el sistema democrático porque no cumple sus promesas.”

Recientemente, la encuesta “Así Vamos” realizada por Cómo Vamos Nuevo León y la Facultad de Economía de la UANL, arrojó un dato coincidente: la principal razón por la que la población no confía en sus gobernantes es porque estos no cumplen sus promesas de campaña.

En la línea del pensamiento de Bauman, lo que antes era sólido y firme, se derrite hasta volverse líquido. La confianza en instituciones y vocerías que antes significaban certidumbre se difumina: lo mismo gobiernos, empresas, medios de comunicación e incluso asociaciones de la sociedad civil, como puede constatarse en el Barómetro de la Confianza de Edelman 2017.

Decir que ya no se cree en nada ni nadie sería caer en el reduccionismo. Quizá sea mejor partir la reflexión desde un punto distinto: ya no se cree en lo que tradicionalmente se creía, pero eso no significa que no deseemos creer en algo o alguien ¿por qué proliferan entonces las noticias falsas? ¿Cómo explicar el advenimiento de los llamados  influencers que lo mismo recomiendan un par de zapatos que un destino turístico con impresionante impacto?

Apenas en febrero pasado se dio un ejemplo escalofriante del poder de esta “influencia”: Kylie Jenner, modelo y estrella de Reality TV, declaró su disgusto con las actualizaciones a la aplicación Snapchat a través de un tuit: “Entonceees ¿alguien más dejó de abrir Snapchat? O solo soy yo… ugh, esto es tan triste”. Menos de 20 palabras disparadas a sus casi 25 millones de seguidores tuvieron un efecto devastador: las acciones de Snap Inc. bajaron más de 6% en unas horas, significando una pérdida de $1.5 billones de dólares para la compañía.

El Barómetro de la confianza de Edelman antes mencionado, también señala que una de las pocas vocerías con credibilidad es la de “alguien como yo” ¿Qué significa eso? Cualquier cosa: el amigo de la preparatoria que no he visto en años; la prima que vive en otra ciudad y hace mucho no veo; el vecino con el que nunca hablo pero tengo en redes. Si todo lo “oficial” me miente, entonces las personas comunes son el último resquicio de verdad, pareciera ser la lógica.

No hay reto mayor para personajes políticos, medios de comunicación, empresas y organismos civiles que comenzar a reconstruir la confianza. Hoy el sentimiento generalizado es de perdida: deslealtad, traición, quebrantamiento de la fe debida.

Pero nadie quiere vivir en el engaño. La decepción nunca es lo deseable. Hoy que las Fake News se han problematizado se abre una ventana de reconciliación del periodismo profesional con las audiencias. Ya se dio un gran primer paso en este sentido con la iniciativa verificado.mx donde participan más de 60 medios, universidades y organizaciones de la sociedad civil para desenmascarar las noticias falsas que estén surgiendo durante el proceso electoral.

La desconfianza aleja. En la soledad que encubre el engañoso espejo de las redes sociales, resulta vital para las aspiraciones de nuestra maltrecha e inacabada democracia encontrar vías para remendar la confianza en los hechos, que son fundamento de la sanidad en el debate público.

#HojaDeRuta: “Combatir la desmemoria”

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La memoria crítica es flamable: indaga, escarba, alumbra, incendia. Hace las preguntas incómodas, alborota el gallinero. Resulta, en una palabra, peligrosa para el establishment. De ahí que la historia muchas veces pretenda ser reducida a la inofensiva dureza del bronce o a la mesa de los best-sellers.

No hay cirugía reconstructiva, ni mucho menos estética, para las heridas históricas. La única forma de sanarlas en exponerlas al sol. Curarlas lenta y dolorosamente al observarlas, analizarlas, conversarlas, socializarlas. Visitarlas una y otra vez, escuchar a quienes las vivieron, explicarlas a quienes no, pero están marcados por ellas.

En Monterrey parece haber un sistemático miedo a la memoria: mejor barrer la suciedad bajo la alfombra. Para qué hacer escándalo, si ya lo pasado, pasado. El más reciente episodio de esta deliberada desmemoria intentada desde el poder corresponde al Ayuntamiento de Monterrey que dirige Adrián de la Garza.

Por alguna razón, el Ayuntamiento de Monterrey borró el mural dedicado a la memoria de Jorge Mercado Alonso y Javier Arredondo Verdugo, estudiantes del Tec de Monterrey asesinados por efectivos del Ejército Mexicano la noche del 19 de marzo de 2010. La obra no tenía alto valor pictórico, pero su valor social era tremendo, pues era el único vestigio público del crimen ocurrido a unos metros de ahí. Un crimen que hoy sigue impune.

Recuerdo que originalmente en ese lugar -los bajos de la joroba ubicada en el cruce de Garza Sada y Luis Elizondo- el mural estaba dedicado a los deportistas del Tec, destacando los Borregos Salvajes de futbol americano. Tras aquella fatídica noche, quedaron impactos de bala incrustados sobre el mural. La metáfora lastimaba: una de las instituciones más emblemáticas de la ciudad era quebrantada por la ola de violencia. Aunque la pregunta no fuera formulada, flotaba sobre el colectivo: si asesinan a estudiantes del Tec ¿quién podía estar seguro en esta ciudad? A las pocas semanas, los hoyos dejados por los proyectiles fueron resanados. Urgía rellenar los huecos hirientes, como si las tinieblas pudieran cubrirse con yeso.

El movimiento “Todos somos Jorge y Javier”, encabezado por las familias de los deudos y por personas de la comunidad del Tec ya envió una carta dirigida al Alcalde, donde le recuerdan (o quizá, le informan, uno ya no sabe) que el mural fue hecho por el movimiento en coordinación con las familias y el Instituto de la Juventud Regia durante la pasada administración. Lo definen como “un espacio público vivo que recuerda los grandes retos que la sociedad mexicana enfrenta en materia de derechos humanos, enviando al mismo tiempo un mensaje de esperanza y apoyo por la justicia”.

Quizá el alcalde de formación policiaca no conozca que las sociedades que atraviesan episodios oscuros solo pueden avanzar si hacen las paces con su pasado. Por eso se puede visitar el horrendo campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau en Polonia. Por eso el Estadio Nacional de Chile en Santiago recuerda los crímenes ahí cometidos durante la dictadura de Augusto Pinochet bajo el proyecto: “Estadio Nacional, Memoria Nacional”. El inmueble, donde la selección chilena juega sus partidos de local, tiene inscrito en una de sus tribunas emblemáticas: “Un pueblo sin memoria no tiene futuro”. Por eso la plaza de Tlatelolco tiene una pequeña estela que recuerda la masacre ocurrida en 1968 y sigue siendo un epicentro de la concentración sociopolítica. Por eso existen tours en los barrios de Medellín donde se cometieron las peores atrocidades durante la época más violenta de esa ciudad. Existen, alcalde, porque el intento de olvidar es estéril, como querer ignorar una infección bajo la piel.

El maestro Hobsbawm decía que la función de la historia era ser un dolor de cabeza para los mitos nacionales. Se refería a que la historia, aunque sea impuesta por vencedores y poderosos, nunca es absoluta, y que es producto de transformaciones sociales, no de los designios de nadie.

Defender la memoria pública es nuestro derecho, pero también nuestra responsabilidad. La ausencia, el fingir demencia nos ha costado muy caro. La justicia para Jorge y Javier no depende de ese muro, pero sí de lo que ese muro representa: la necesaria terquedad por exigir justicia.

#HojaDeRuta: “Precampañas: cuatro conclusiones”

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El tiempo avanza implacable hacia el 29 de marzo, cita para comenzar la última etapa de una carrera que hace mucho comenzó. La precampaña terminó y removió. Los cuartos de guerra de los tres principales aspirantes presidenciales estarán sacando sus conclusiones y velando armas. 

El maestro Cosío Villegas dejó claro que la sucesión presidencial ha sido el gran motor histórico de este país y 2018 no ha sido la excepción. Mientras llega la hora marcada, analicemos el estado de las cosas.

1. Tiempos electorales y la formación de mayorías débiles. La introducción del periodo denominado “inter-campañas” parece resultar de bajo valor y practicidad. En México hace buen tiempo que debería haber segunda vuelta electoral, pues además de elecciones cuestionadas, estamos generando mayorías débiles.

La presidencia se gana aproximadamente con un 35% con una participación aproximada del 60% del padrón. Lo anterior significa que poco más del 20% de la ciudadanía con derecho a votar acaba decidiendo la presidencia. Inevitablemente, esto debilita la legitimidad de quien resulte electo. 

Es el tema que se encuentra en la espina dorsal de nuestro sistema político, pues como advertía Zygmunt Bauman, la crisis de la democracia puede definirse como el colapso de la confianza. En este sentido, el periodo de precampañas funciona en los hechos como una segunda vuelta camuflada, donde se van dibujando quiénes serán los dos principales contendientes. Del periodo inter-campañas, baste decir que es el equivalente a calentar para un partido y después volverse a sentar por una hora antes que comience.

2. Se dibujó una tendencia en los finalistas. Si bien no puede descartase a ninguno de los tres punteros, el primer tiempo de esta campaña sí dejó una tendencia. El agregado de las principales encuestas nacionales realizado por el proyecto Oraculus arroja como puntero a AMLO con un promedio de 38 puntos, a Ricardo Anaya como el más cercano perseguidor con un promedio de 29 puntos y José Antonio Meade en tercer sitio con 22 puntos. 

Las cifras mencionadas cobran mucho más relevancia al ser vistas en su tendencia temporal. Tras la prolongada e intensa presencia pública y exposición en medios tradicionales y digitales, AMLO se mantuvo estable, creciendo un par de puntos entre noviembre y febrero. Anaya, por su parte, fue quien registró mayor crecimiento en el mismo periodo, al crecer 5 puntos en su intención de voto. Meade fue quien tuvo el peor desempeño en el periodo, pues se mantuvo estancado en el tercer puesto, incluso registrando un ligero decrecimiento.

La tendencia en términos de línea política ha resultado en que la batalla por el segundo sitio se convierta en una serie de ataques y descalificaciones, acompañadas de nuevas revelaciones mediáticas, entre los campamentos de Anaya y Meade. Si bien el candidato del Frente logró hacerse del segundo sitio, este avance probablemente tendrá un costo, pues ha enfrentado nuevas acusaciones de lavado de dinero y corrupción.

AMLO conoce lo que es ser puntero indiscutible, pero también lo que es ver una ventaja desvanecerse. En ese sentido, su estrategia ha sido la moderación para contrarrestar la nueva edición de ataques añejos, además de la evidente necesidad de crecer apelando a indecisos, decepcionados y nuevos votantes. Se le nota mucho más cómodo y sereno que en sus intentos anteriores. También habría que destacar el acierto de usar el humor para capotear ataques disparatados, como la liga con los rusos, al autonombrarse “Andrés Manuelovich”. Su precampaña no estuvo exenta de equivocaciones: se metió en un problema discursivo con el tema de la amnistía, que planteó como una suerte de proceso de paz, pero que fue hábilmente aprovechado por sus rivales para hacer un spin hacia la impunidad. La llegada de personajes polémicos, en particular el líder sindical Napoleón Gómez Urrutia, también han tenido su costo político.

3. Independientes: fuera de la competencia, dentro de la influencia. El agregado de Oraculus muestra que de noviembre a la fecha, los independientes no solo no han levantado, sino que se debilitan. Margarita Zavala sigue siendo la opción con mayor registro, pero perdió durante estos meses casi la mitad de su intención de voto. Jaime Rodríguez no ha logrado salir de un rango de entre 3 y 4 puntos. Ríos Piter no existe. Hasta ahora, la tendencia indica que ninguno de los independientes tiene oportunidad de triunfo, pero sí podrían influir ya sea restando votos a los tres punteros -siendo el caso Zavala a Anaya el más evidente- o eventualmente negociar su apoyo.

4. Una elección que tiene el conservadurismo como sello sutil. Hasta ahora, la agenda de la elección ha estado más en señalamientos y sospechas de corrupción que en temas concretos. Sin embargo, poco se ha reflexionado acerca del hecho que de las seis opciones que están en la boleta, cuatro son de derecha (Meade, Anaya, Zavala y Rodríguez), uno que quizá podría llamarse de centro (Ríos Piter) y una única opción de izquierda (López Obrador), que en términos de izquierda es bastante moderado. Habrá que ver los temas que adopten como principales banderas, pero hasta ahora, AMLO es el único que ha esbozado un proyecto de nación que combina elementos de un estado de bienestar en una economía de mercado.

#HojaDeRuta: “La ilusión del desarrollo”

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-La ilusión no se come -dijo ella. -No se come, pero alimenta -replicó el Coronel

-Gabriel García Márquez, El Coronel no tiene quién le escriba

Medirle el pulso a una sociedad nunca es cosa fácil. Sea por vía cualitativa o cuantitativa, los resultados siempre tendrán un cierto grado de subjetividad, y por supuesto, múltiples interpretaciones.

Recién participé en un panel organizado por Cómo Vamos Nuevo León para analizar la más reciente edición de la encuesta de percepción ciudadana Así Vamos, publicada por la plataforma y realizada por la Facultad de Economía de la UANL. 

Al reflexionar sobre la información, llegué a la conclusión de que en Monterrey vivimos una suerte de ilusión del bienestar: estamos mejor en prácticamente cualquier medición respecto a los promedios nacionales, pero eso no significa necesariamente que las personas vivan bien.

Ampliemos: los datos brindan una peculiar fotografía de la Zona Metropolitana de Monterrey dividida en las temáticas de desarrollo social y económico; desarrollo sustentable; seguridad y justicia; gobierno eficiente y confiable, y los principales problemas del gobierno.

De entrada, resulta sorprendente que en un contexto de aumento de la gasolina, encarecimiento de la canasta básica y subida del dólar, la mayoría de la ciudadanía manifieste optimismo respecto a su futuro económico. Sin embargo, el 50% de los hogares encuestados vive con menos de 10,000 pesos al mes.

En un hogar se consideran en promedio cuatro personas y, de acuerdo al costo de la canasta básica calculado por CONEVAL, en zona urbana se requieren poco más de 11,000 pesos por hogar para cubrir lo mínimo indispensable. Este es un promedio nacional, que no considera que el costo de vida cambia por ciudad, y que la nuestra es una de las más caras del país.

Lo anterior es un hallazgo que exige, antes que análisis, concientización: cuando menos la mitad de los habitantes de la ciudad viven al día y ganan menos de lo necesario para adquirir lo esencial. Un dato adicional para darle dimensión es que hace 30 años, la canasta básica costaba cinco horas de trabajo de salario mínimo; actualmente se requieren más de veinticuatro.

Sacuden también los datos de movilidad: en promedio los viajes en auto son de una hora, y en transporte público, de hora y cincuenta minutos. La mitad de las personas en la ciudad se mueven en auto. En ciertos municipios como García y Santa Catarina el tiempo que los usuarios tienen que pasar en el transporte público raya en lo inhumano. En materia de medio ambiente, el principal problema percibido es la mala calidad del aire.

De lo anterior podemos desprender interpretaciones preliminares: Monterrey es una ciudad construida desde la perspectiva de las élites para las necesidades de éstas, con desdén hacia el bienestar colectivo. Naturalmente, las mayorías aspiran a emular la vida de las élites: tener auto, vivir en ciertos lugares, asistir a otros.

¿Cómo culpar a alguien de querer comprar un auto si se reduce a la mitad el tiempo de sus viajes, y el transporte público no es una opción asequible, eficiente y atractiva?

Esto genera un círculo vicioso: una ciudad diseñada para los autos, que son la principal causa de emisiones contaminantes, donde quienes tienen auto no están dispuestos a reconocer su responsabilidad en la mala calidad del aire, con un sistema de transporte público absurdamente controlado por privados a pesar de su evidente ineficiencia.

Lo anterior abre un evidente espacio para la demagogia: evidentemente se requiere reducir el uso del auto, pero las promesas de campaña mataron la tenencia (en todos los países desarrollados tener auto es un privilegio que acarrea un costo por la infraestructura y su huella de carbono). También está el caso de la verificación, que bajo el argumento de añejas corruptelas de anteriores intentos, se rechaza, o se plantea el absurdo de que sea “gratuita”, pero la autoridad tendría que absorber su costo ¿y de dónde salen los recursos de la autoridad?

Muchos de los datos de la encuesta llevan a cuestionar la imagen de bienestar que tiene la entidad y nuestra ciudad. Por supuesto que hay mayor actividad económica, emprendimiento, salarios más altos. Pero eso no se traduce necesariamente en calidad de vida generalizada. Si algo cruza los diversos temas contenidos en la encuesta es la desigualdad y división de clases que impera en nuestra sociedad.

Que Nuevo León sea el mejor en la mayoría de las variables de desarrollo a nivel nacional, no necesariamente significa que la gente esté bien, sino muchas veces que la distancia entre unos y otros es mucha, la desigualdad impera. A veces las élites pueden caer en la ceguera de taller, o como decía un entrañable profesor: “no es que el mundo sea chico, es que la burguesía es poca”.

#HojaDeRuta: “Elegía para J.M.”

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Tenías nombre. Tenías cuerpo. Aunque nadie la oyera, tuviste voz. Rostro de carboncillo: tus ojos tristes a lápiz fueron lo único que alcanzó a llegarnos. Retrato hablado de quien no pudo hablar.

Estuviste siete años en este mundo. Siete. Inimaginable lo largos que fueron hasta que tu débil cuerpecillo terminó seco y débil como la yerba amarilla del árido final.

Cada uno de los golpes que anidaron en tu inocencia me sacude de vergüenza y rabia por el país que somos. Un país que no supo cuidar tu brillo, donde a nadie le importó tu derecho a reír, abrazar, escuchar el mar. Ahora dicen que venías de Tamaulipas ¿alguna vez habrás sentido la arena en tus pies? No sé, pero imagino que aún en medio de tanta sombra, encontraste ratitos de candor, aunque se hayan perdido como las centellas de una fogata que flotan hacia la noche.

Ya pocas cosas que tengan que ver con morirse violentamente llaman la atención, pero tu partida no pasó desapercibida. Fuiste portada de diarios en incontables ciudades, ocupaste largos minutos en la imagen de los televisores, brotabas en las líneas temporales de las redes. Todo para preguntar lo que ya no podías responder: ¿quién eras?

Nadie preguntó si te gustaba la leche con chocolate, si preferías ser portero en las cascaritas de tu barrio o te emocionaban los cuentos. Tampoco si ya soñabas con ser bombero o, cuando menos, escaparte del tormento y tener espacio para hacer de tus sueños lo mínimo que debían ser: las ganas de una vida mejor.

Hoy vi un comercial que promocionaba una nueva serie de un canal de tele inglés. Imagínate: dos hombres y una mujer expertos en arte recorrieron 31 países del mundo para apreciar obras de todo tipo y tiempo, tejidas por un hilo común que nos une: la necesidad humana de crear. Me hubiera encantado que la vieras. Que cuando menos así viajaras entre exquisitos tallados africanos, hermosas geometrías árabes, alegres colores latinoamericanos. Seguro te estoy confundiendo, pero lo que quiero decirte es que tenías derecho a toda esa belleza: sentirla, apreciarla y después crear la propia.

En cambio eres un universo al que de pronto le cerraron la cortina, como la hora de dormir en un rancho cuando uno quería seguir viendo las estrellas ¿se veían muchas desde tu casa? Espero que hayas tenido algunas noches tranquilas donde pudiste disfrutarlas antes de que nos enterásemos de que existías porque un transeúnte miró tu mano pequeña ya sin vida.

Entonces te rodearon sirenas, uniformes, cintas amarillas, cámaras. Llegaron tarde para lo que importaba, que era tu vida, como tantas cosas a las que llegamos tarde últimamente.

Hace ya muchos años, un señor que escribía muy bien puso en un papel: “Según parece ya nos viene de a derecho la de malas. Nada de que hay que echarle nudo ciego a este asunto. Nada de eso. Desde que el mundo es mundo hemos andado con el ombligo pegado al espinazo y agarrándonos del viento con las uñas. Se nos regatea hasta la sombra, y a pesar de todo así seguimos: medio aturdidos por el maldecido sol que nos cunde a diario a despedazos, siempre con la misma jeringa, como si quisiera revivir más el rescoldo. Aunque bien sabemos que ni ardiendo en brasas se nos prenderá la suerte”.

Chamaco: lo tuyo es parecido. Tenemos tanta gente pobre que acabamos por volverlos fantasmas. Rencores vivos, diría ese señor del que te contaba. Se llamaba Juan.

No pasará mucho antes que se olvide tu pelo crespo y rostro a blanco y negro. Hoy, J.M.E.T., no encuentro otra cosa que decirte más que pronuncio tu nombre, lo escribo y reconozco que exististe. Que fuiste niño mexicano, que tenías derecho a todo, aunque todo te fuese negado. Que todo daño hecho a tu pequeñez debería rompernos el alma. Ciertamente jode la mía. Que tu tragedia no es tuya nada más, sino que viene de un largo camino de pobres.

Lo escribió mejor el señor Juan, ese que te decía hace rato: “el mundo está inundado de gente como nosotros, de mucha gente como nosotros. Y alguien tiene que oírnos, alguien y algunos más, aunque les revienten o reboten nuestros gritos”.

J.M.: aunque la voz se te apagó, yo te hubiese querido oír.

(Dedicado a la memoria de J.M., niño asesinado que fue encontrado el martes 30 de enero en un baldío de la colonia La Alianza, en Monterrey) 

#HojaDeRuta: “Meade y los pobres”

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México es un país medio pobre, literalmente. Básicamente la mitad de los habitantes viven -o mejor dicho, sobreviven- en esa condición. Revisar las cifras desconsuela: de acuerdo al  Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 1992 y 2014 la tasa de pobreza alimentaria se mantuvo prácticamente igual.

Por más de veinte años, poco más del 20 por ciento de los mexicanos ha padecido hambre. Lo mismo ocurre en términos de pobreza patrimonial, pues durante el periodo mencionado, el 53 por ciento de la ciudadanía la ha padecido. Encontrar exactamente la misma cifra en ese indicador en 1992 y 2014 resulta escalofriante.

Durante 2016 los reportes del INEGI y Coneval anunciaron una leve disminución de la pobreza, que se atribuyó a bajas tasas de inflación y a la homologación del salario mínimo a nivel nacional durante el periodo en que fueron recogidos los datos. A esto hay que sumar la polémica entre INEGI y Coneval que se dio durante 2016 por los cambios en la metodología de medición de la pobreza, que merecieron duras críticas de voces que sospecharon un intento de “borrar” pobres.

La pequeña reducción de la pobreza observada recientemente ha sido tomada con escepticismo por organismos como el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp), órgano asesor del Consejo Coordinador Empresarial. Apenas el pasado septiembre, el Ceesp señaló que, de seguir el razonamiento de la reciente mejora, es probable que los niveles de pobreza hayan aumentado en 2017 y probablemente lo hagan en 2018, dado el repunte de la inflación, que llegó a 6.6 por ciento el pasado agosto, la tasa más alta en 16 años. Lógicamente, señalan, esto afectará el poder adquisitivo de las familias.

En el marco de la elección presidencial que se avecina, llama la atención que el precandidato del PRI, José Antonio Meade, ha formado parte del gobierno federal prácticamente durante el mismo periodo en que Coneval tiene disponibles mediciones de pobreza (1992 – 2014).

En este ámbito destacan, naturalmente, sus dos participaciones como Secretario de Hacienda y su periodo al frente de la Secretaría de Desarrollo Social. Aunque sería absurdo cargar todos los males del país a la figura del pre-candidato tricolor, la problemática trasciende su desempeño personal: Meade ha sido parte del elenco principal de un sistema que no ha parado de generar pobres y aumentar desigualdades.

Su figura simboliza una ideología que involucra una concepción particular de la economía, la política pública y el Estado mismo. La continuidad de este sistema no es una condición de su candidatura: es su candidatura.

El escenario no mejorará para el candidato oficial. La Organización Internacional del Trabajo recién anunció que durante 2018 la tasa de desempleo crecerá y habrá más personas con empleo vulnerable en el país. La realidad, necia como es, se impone.

Meade está atrapado en un laberinto cuya salida resulta casi imposible, pues no podrá renegar de un pasado que contribuyó a forjar, ni podría plantear mayores innovaciones, porque las preguntas obvias estallarían: ¿por qué no lo dijo, por qué no lo hizo eso cuando estuvo ahí?

Toda elección parte de la tensión entre continuidad y cambio. El problema del PRI es que esa tensión vive dentro del propio precandidato, y nadie puede escapar de sí mismo.

#HojaDeRuta: “Trump: ¿inmune al escándalo?”

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Al norte de la frontera la presión se acrecienta para la Casa Blanca de Donald Trump. En unas cuantas semanas, el libro “Fire and Fury” se ha vuelto la comidilla política en aquél país; se dio un rompimiento total con Stephen Bannon, quien fuera el artífice de la estrategia de ultraderecha que cimentó la victoria del magnate; el propio Bannon se ha visto obligado a declarar en la investigación sobre la intromisión rusa en las elecciones norteamericanas; el general John Kelly, Jefe de Gabinete de la Casa Blanca y la única figura que ha puesto un poco de orden al aparente manicomio que significa la administración de Trump, acaba de reconocer que México no pagará por el muro fronterizo, agregando que hay posibilidades de que los jóvenes “dreamers” indocumentados permanezcan en EEUU.

En medio del vendaval, un nuevo escándalo aparece: la relación extramarital de Donald con la actriz porno Stormy Daniels durante 2006. El silencio de la actriz habría sido comprado por los abogados de Trump por la friolera de 130,000 dólares.

Un análisis del caso en el Washington Post tiene como encabezado: “La nota de Stormy Daniels es un recordatorio de la inmunidad de Trump ante los escándalos tradicionales”. Ahí se afirma que al menos seis medios (sí, seis) conocían de la relación extra-marital de Trump con la estrella de filmes para adultos desde la campaña presidencial, y ninguno decidió publicarla.

Algunos porque Daniels no estaba dispuesta a salir en público, otros porque no pudieron confirmar la existencia del “Non-disclosure agreement” que le prohibía a la actriz declaraciones públicas. Pero Slate tuvo una razón más pragmática: en las semanas finales de la campaña Trump enfrentaba múltiples acusaciones de abuso sexual, y creyeron que la nota se perdería.

Para los estándares norteamericanos, es casi absurdo el razonamiento, pues los escándalos de índole moral -y particularmente, los maritales- suelen ser de tal impacto que dañan gravemente o incluso aniquilan la carrera de políticos.

Esta “inmunidad” de Trump a los escándalos ha sido una de las principales características de su inusual vida política. Un cambio tan abrupto de estándares obliga al análisis: ¿Se redefinieron los límites de lo permisible? ¿Es Trump, su estilo y lo que representa lo que los está redefiniendo? ¿Aplica solo para su figura o será un fenómeno cada vez más común?

Hace algunas semanas, Carlos Maza propuso en su videocolumna de Vox una explicación: la ventana de Overton. También llamada “La ventana discursiva”, es una teoría de ciencia política que busca explicar el rango de ideas que son toleradas en el discurso público.

La ventana define los grados de aceptación pública de las ideas como: política pública; popular; sensible; aceptable; radical e impensable. En este sentido, la estrategia política en términos discursivos indica que si el discurso público empieza a poblarse con ideas radicales e impensables, la ventana de lo que consideramos “normal” comienza a desplazarse.

Por ejemplo, quizá México no pague por el muro, pero la aberrante idea de su construcción ya se ha repetido hasta el cansancio, de manera que su realización dejó de ser una locura y se ve cada vez más como algo creíble y probable. Lo mismo podría decirse del comportamiento nefasto y sexista de Trump: se conduce con tal desfachatez soportado en la idea de la supremacía racial y el privilegio económico, que su presunción de abusar de mujeres y largo historial de misoginia hagan que un affair con una actriz porno no derrumbe su presidencia, cuando podría haber sido equivalente al caso Lewinsky.

Es innegable que la ventana discursiva se ha desplazado hasta extremos preocupantes, pero esto no significa que Trump sea inmune a todo, ni que pueda mantener un ritmo de escándalo tras escándalo político durante toda su gestión.

“Una cosa es hacer campaña y otra es gobernar. Es muy difícil”, declaró John Kelly en una entrevista reciente, reconociendo tácitamente que aunque su presidente siga en campaña, el desgaste de cada error, desvergüenza y alboroto que sucede alrededor de Trump tienen su costo. Al cabo del tiempo, la gota de agua agujera la piedra. Veremos.