#HojaDeRuta: “El colapso de la confianza”

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Si en el verano, en medio del fervor de una elección presidencial votó el 56% del padrón elegible en la elección ordinaria para la alcaldía de Monterrey ¿Qué porcentaje sería realista esperar que acuda a un proceso extraordinario que tendrá lugar un 23 de diciembre? Razones sobran para suponer que será considerablemente más bajo, pero todas tienen un hilo conductor: la desconfianza.

Zygmunt Bauman definió la crisis de la democracia como “el colapso de la confianza”, agregando que la gente ya no creía en el sistema porque este no cumple sus promesas. La grieta es profunda: ¿Cómo creer en un sistema que promete seguridad cuando se vive con miedo y no paran los asesinatos? ¿Cómo creer en un sistema que asegura que mejorará la calidad de vida, pero se trabaja más y el salario vale menos? ¿Cómo creer en representantes que prometen honestidad, y acaban desfalcando el dinero público?

La principal promesa rota del proceso electoral fallido del verano pasado, en el caso de la capital neoleonesa, es la misma que por años se ha vejado en México: la de respetar la voluntad popular. No sorprenda entonces que la decepción venga por partida doble: de aquellos que creen que su voto no fue respetado, y de quienes sienten que su trabajo como funcionarios de casilla no sirvió de nada.

Un dato adicional para dimensionar mejor la decepción: en México, el 50% de las personas que han participado en una actividad política, se han decepcionado del resultado, de acuerdo al Informe País para la Calidad de la Ciudadanía en México publicado por el INE en colaboración con el Colegio de México. La misma cantidad de ciudadanos dijo no creer en la democracia.

Lo anterior en un contexto de una ciudadanía esencialmente despolitizada y desmovilizada. De acuerdo al mismo estudio del INE, hay tres razones por las que la ciudadanía en nuestro país es débil: 1. La desconfianza que existe entre la ciudadanía, y de la ciudadanía hacia la autoridad; 2. La desvinculación en redes que vayan más allá de la familia, amistades o religión y 3. La decepción ante los resultados de la democracia.

Despolitizados, porque participamos poco y cuando lo hacemos, nos decepcionamos. Desmovilizados porque tenemos baja capacidad y espacios de organización política, por lo que la presión que puede ejercerse desde la ciudadanía hacia los poderes formales o fácticos es muy limitada, al estar usualmente dispersa. De pronto hay olas en coyunturas clave, pero igual que en la playa, alcanzan la cresta y rompen con rapidez.

Lo ocurrido y por ocurrir en la elección de Monterrey trasciende el resultado del 23 de diciembre: es ahondar la percepción de que la democracia no funciona, que no cumple sus promesas, que no se puede creer en ella. 

Ni hablar de la innecesaria participación de todos los candidatos minoritarios, pues aunque legalmente es una elección extraordinaria que repone el mismo proceso, su presencia resulta intrascendente. 

La elección será una segunda vuelta de facto, pero con menos participación y por tanto, mayor peso de las estructuras tradicionales. También representará un reto en términos de legitimidad, pues supongamos que participa un 30% del padrón. Aún obteniendo la mitad de los votos, quien resulte electo tendría el apoyo de apenas el 15% de las personas en posibilidad de sufragar.

El rescate de la confianza en los procesos democráticos no pasará entonces por lo que ocurra en un par de semanas, sino en reforzar la capacidad de politización, organización y movilización para empujar agendas concretas y ganar espacios. Si el sistema no cumple sus promesas, quizá sea en gran medida porque no tiene mucho apuro en cumplirlas.

#HojaDeRuta: “AMLO: 5 claves del arranque de su gobierno”

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López Obrador dice la verdad. Ante un clima de polarización creciente, tal aseveración es polémica instantánea. Hay que tomarla en un sentido literal: el hombre que será Presidente de México a partir del próximo sábado cree en lo que dice, y dice lo que cree. Así lo aseveró el Dr. Mauricio Merino, quien compartió una lúcida charla a periodistas y líderes de opinión y periodistas el pasado martes a convocatoria de Consejo Nuevo León.

Este factor aparece como una excepcionalidad: es un político que dice lo que piensa, es decir, en el que el doble discurso no es común. El juicio sobre sus posturas o propuestas es un segundo debate. También, dice Merino, aparece como uno de los líderes políticos más relevantes en la historia de México, característica que no deja de tener sus riesgos, pues su personalidad avasalla de tal forma que las discusiones pueden acabarse centrando más en lo que dijo o dejó de decir, que en el problema público en sí mismo.

El largo camino al primero de diciembre de 2018 está a punto de culminar (uno de casi dos décadas para el propio Andrés Manuel). Se habrá cerrado una etapa e inmediatamente dará comienzo otra en la historia nacional. A partir de ese momento, comenzará oficialmente la administración del Presidente López Obrador, y estará a merced de aquello que Benito Juárez llamó: el fallo tremendo de la historia.

Repasemos entonces 5 claves del arranque de su gobierno:

– La irrupción y fuerza de Morena está transformando el sistema de partidos. En la más reciente encuesta de Alejandro Moreno para El Financiero, realizada a días del inicio del nuevo gobierno, se registra una realidad contundente: Morena es el partido con mayor simpatía en México. 22% de los mexicanos declaró apoyar al partido de AMLO, por apenas un 9% al PRI, 6% al PAN y 2% al moribundo PRD. Para dimensionar, en 2016 apenas un 8% declaraba su simpatía por Morena, mientras que el PRI tenía un 27% y el PAN un 12%. Entre fines de los ochenta y durante los noventa, México transitó de un régimen de partido hegemónico a un régimen plural con tres partidos principales. El escenario actual parece dibujar un partido principal, acompañado de dos partidos de mediana simpatía cuyos bonos van a la baja y el resto de partidos pequeños. Los resultados de las elecciones venideras, en particular las intermedias de 2021, definirán la transformación del sistema de partidos. Un dato importante cierra el estudio de Alejandro Moreno: la verdadera mayoría, en términos de identificación, son los apartidistas: han pasado del 40% en 2016 al 57% a fines de 2018.

– La oposición se está reconfigurando, y podrían no ser los partidos. Ante el desprestigio y debilitamiento de los partidos tradicionales, la oposición al gobierno de AMLO podría venir de otros espacios. Un ejemplo evidente son los Gobernadores: Enrique Alfaro desde Jalisco ya pronunció un fuerte discurso contra los coordinadores estatales del nuevo gobierno, y Silvano Aureoles ha roto el pacto educativo desde Michoacán. Esto también, señaló Merino, es síntoma de un problema que viene: la tensión del federalismo y de la repartición de los recursos federales. Sectores de la Iniciativa Privada y grupos conservadores que sientan sus intereses afectados podrían ser otros polos de oposición. 

– Su agenda inicial está clara. Los proyectos que AMLO y su equipo han puesto a consulta, a pesar de los cuestionamientos metodológicos, marcan con claridad buena parte de su agenda prioritaria: la cancelación del aeropuerto de Texcoco; la construcción del Tren Maya en la península de Yucatán; de la Refinería Dos Bocas en Tabasco; del Tren del Istmo de Tehuantepec y la renovación portuaria de Salina Cruz y Coatzacoalcos; además de ampliar la cobertura de Internet gratuito son los temas de infraestructura. En política social están el aumento a la pensión de adultos mayores, la siembra de un millón de árboles maderables y frutables (que será en sí misma un programa de empleo) y las becas a jóvenes sin trabajo ni estudio, así como a jóvenes de bachillerato. En seguridad, se consultará en marzo la conformación de la guardia nacional. 

– Habrá un enfoque progresista impulsado desde la SEGOB. Aunado a lo anterior, el nuevo Presidente parece haber dado cancha abierta a la Ministra Olga Sánchez Cordero para encabezar transformaciones profundas que están ligadas al objetivo de pacificación y justicia transicional, como lo son la legalización de la mariguana y probablemente de la Amapola. También, el proceso de justicia transicional que tendrá que comenzar con una Ley de Amnistía. De esta manera, la SEGOB se quedará como brazo político y operador del proceso de paz, perdiendo todas las facultades de seguridad, que serán trasladadas a la nueva Secretaría de Seguridad Pública y a las Fuerzas Armadas. No debe descartarse que la Ministra también promueva en el corto plazo el avance de los derechos de las mujeres en temas como la interrupción legal del embarazo.

– La concepción del Estado está dando un giro. En lo político, López Obrador tiene claro que el poder político debe regresar al Estado y no depender de poderes fácticos o de los mercados. En lo social, se plantea la ampliación de un Estado de Bienestar con temas como las pensiones a adultos mayores, la creación de infraestructura, los programas de empleo y las becas a jóvenes sin oportunidades de estudio ni trabajo. El nuevo Presidente parece querer recuperar terreno y marcarlo para dejar claro aquello que es del ámbito público. 

Llegamos así al umbral de un nuevo sexenio, donde la consecución de la paz, la erradicación de la pobreza y la lucha contra la corrupción serán los grandes retos a vencer. Comenzamos.

#HojaDeRuta: “Oponerse con razón”

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Era bien sabido que vendrían reformas a la ley orgánica previas al inicio del nuevo gobierno federal. Es lógico que una nueva administración busque cambiar la arquitectura institucional del aparato federal para que este se adecúe al plan de gobierno que se ejecutará. De hecho esto suele suceder cada sexenio.

Si bien es natural que la oposición polemice con la naturaleza de estos cambios, no deja de sorprender el encuadre político que se ha buscado darle en este caso: el de prevenir una dictadura. 

Los legisladores de Acción Nacional tomaron la tribuna previo a la aprobación de estas reformas, sosteniendo una manta que rezaba “No a la Dictadura Obradorista”, acompañada de una imagen del presidente electo con uniforme militar y una bandera venezolana de fondo, obviamente referenciando al ex mandatario de ese país, Hugo Chávez.

Como táctica, la comparación de AMLO con Chávez dio excelentes dividendos al PAN, pues desde 2006 buscó hacer un símil entre ambos personajes bajo un discurso del miedo, en aquella infame campaña del “Peligro para México”, a pesar de que las supuestas similitudes no resistían el escrutinio. 

En el proceso electoral de 2018 se buscó nuevamente generar una liga similar, que no funcionó ante un electorado lleno de hartazgo y enojo hacia las opciones tradicionales y las agudas problemáticas del país, desde la corrupción hasta la violencia.

Como cualquier tema público, la creación de la figura de los delegados federales y cualquier otra decisión que tome la administración de AMLO -y cualquier otra, para ese propósito- es debatible. Sin embargo, afirmar que estas reformas están llevando al país hacia una dictadura es un exceso que carece de responsabilidad institucional hacia la República.

Para dimensionar los cambios que están ocurriendo, por ejemplo, con la nueva Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, habrá que recordar que en 2012, al entrar la administración del Presidente Peña Nieto, también se hicieron reformas a la Ley Orgánica que desaparecieron la Secretaría de Seguridad Pública y crearon la Comisión Nacional de Seguridad dentro de la Secretaría de Gobernación. Esta dependencia quedó como responsable tanto de la política interior como del aparato de seguridad no militar del Estado Mexicano, es decir, reunió en un solo ente la operación política y la seguridad pública.

En aquél momento se criticó de diversos sectores la maniobra, pero no se habló de una dictadura. Cabe también traer a la memoria pública el exposé que publicó el New York Times en junio de 2017, cuando dio a conocer que el Estado Mexicano, a través del software Pegasus (en el que habría gastado alrededor de 80 millones de dólares), estaba espiando a activistas de Derechos Humanos y periodistas, cuando se suponía que esa herramienta solo debería ser utilizada para investigar a criminales y terroristas. Esa sí que era una práctica propia de una dictadura: espiar a quienes un régimen considera enemigos políticos.

La oposición tiene derecho de ejercer crítica y presión política como mejor le parezca, dentro del marco de la ley, pero también de un marco ético: el de no desinformar ni tergiversar la realidad, pues vivimos una época donde los hechos comprobables son cada vez más frágiles, mientras se fortalecen percepciones políticas basadas en la desinformación y la discordia.

Una dictadura implica la desaparición de garantías, censura a la prensa, represión ante la disidencia, la utilización del aparato estatal para amedrentar e incluso asesinar. Significa la destrucción de las instituciones democráticas y el imperio de la ley. 

La tragedia es que, aunque no de forma generalizada, estas atrocidades han venido ocurriendo durante los últimos años en México: se violan Derechos Humanos; se asesinan periodistas; se espía a activistas; se realizan ejecuciones extrajudiciales; se cometen actos de corrupción y fraude de forma sistemática; se pisotea la ley.

Personajes como Bolsonaro en Brasil, Duterte en Filipinas y el mismo Trump significan una regresión hacia fantasmas del pasado que creímos expiados en el siglo XX, pero retornan de las sombras de donde se escondían. Hoy México tiene el reto compartido desde el nuevo gobierno federal, las autoridades a todos los niveles, la oposición, la prensa y la sociedad en su conjunto, de conducir la vida democrática dentro de la institucionalidad.

Más valdría concentrarse en fortalecer nuestra frágil democracia para evitar la polarización, que andar azuzando y sembrando la sedición sin fundamentos. Puede estarse de acuerdo o no con la agenda del Presidente electo, pero no existe ningún elemento objetivo para afirmar que se está avanzando hacia un régimen totalitario.

Vivimos un momento complejo, donde las polarizaciones pueden agudizarse y mutar en extremismos. Lo mejor que puede hacer la oposición es precisamente serlo, de manera crítica, responsable y con la dureza que considere necesaria, pero dentro de un marco democrático, es decir, con hechos y dentro de la ley.

gilberto@altiusconsultores.com

#HojaDeRuta: “Elecciones en EEUU: un nuevo tablero”

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Las elecciones de medio término en Estados Unidos estaban siendo observadas por el mundo entero, y por México en particular, pues sus resultados tendrán impacto directo sobre la presidencia y agenda de Donald Trump.

En general, se considera que las elecciones de medio término suelen tener un elemento de referéndum hacia el presidente en turno, pues la ciudadanía decide si aumenta, mantiene o retira el apoyo legislativo a su administración.

A continuación, cinco consideraciones sobre los resultados.

– Fue una victoria demócrata, y por tanto, un golpe a la administración Trump. El partido azul recuperó el control de la cámara baja (House of Representatives), lo cual significará un claro freno al actual presidente, además de aumentar la presión para intensificar investigaciones existentes y abrir nuevas. Como lo habían señalado las encuestadoras serias, el Senado fue retenido por los republicanos, pero en el ámbito de las gubernaturas también avanzaron los demócratas, quienes ganaron 7 nuevos estados, mientras que el partido del presidente perdió 6.

– Hubo un crecimiento general de la votación demócrata, incluso en distritos donde ganaron los republicanos. En 317 distritos se dio una mayor votación demócrata respecto a 2016, y en promedio nacional la votación para este partido creció 10 puntos. Esto puede leerse como síntoma de inconformidad hacia la administración de Trump, además de un fortalecimiento de su oposición para pelear la presidencia en 2020. Sin embargo, la llamada “ola azul” de los demócratas fue de menor intensidad que la lograda en 2006. Este excelente gráfico del New York Times explica los datos anteriores: https://www.nytimes.com/interactive/2018/11/07/us/politics/how-democrats-took-the-house.html

– La división entre lo urbano y lo rural se mantiene. La fortaleza de los demócratas se concentra en los grandes centros urbanos, mientras que los votantes de poblaciones pequeñas tienden a votar republicano. Esto configura un país cuya división ideológica, que es cada vez más profunda, también tiene una clara expresión territorial. El apoyo urbano fue factor decisivo para que el partido de oposición lograra recuperar el control de la cámara baja. 

– El discurso cargado de odio y discriminación de parte de Donald Trump generó nuevos liderazgos progresistas que reflejan diversidad. Por primera vez habrá al menos 100 mujeres en la cámara baja, entre ellas, latinas, afroamericanas, musulmanas, indígenas y LGBT. Justamente, en esta elección ganaron más personas abiertamente LGBT que nunca, por ejemplo Jared Polis, que será el primer gobernador abiertamente gay y dirigirá el estado de Colorado.

– Los republicanos tendrán que evaluar si la base de Trump será suficiente para competir en 2020. Hacia adentro del partido en el poder existen tensiones respecto al mensaje compartido, pues mientras había voces que advertían los peligros de seguir polarizando, Trump insistió en las semanas previas a la elección con azuzar a través del tema de la caravana migrante, con alusiones racistas y discriminatorias. El aumento generalizado en votación demócrata podría poner en jaque la estrategia de mantener la lealtad de la base, sobre todo si votantes moderados que apoyaron a Trump en 2016 se han desencantado al no compartir sus posturas radicales, y prefirieron apoyar a los demócratas.

De esta manera, Trump enfrentará la segunda mitad de su mandato con un escenario más adverso, ya que ha sufrido el desgaste de gobernar, alienado a votantes moderados y sobre todo, tendrá una oposición que ha recuperado los dientes a través de la cámara baja. Ha perdido el terreno alto para negociar. Un nuevo tablero se dibuja, y con esta realidad comenzará el gobierno de AMLO y de su canciller, Marcelo Ebrard.

#HojaDeRuta: “¿Incertidumbre en Monterrey?”

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¿Es negativa la incertidumbre generada por la elección extraordinaria para decidir la alcaldía de Monterrey? A la luz de la teoría de los sistemas, no necesariamente. 

La teoría de los sistemas tiene su origen en la biología, es decir, en aquello que está vivo, y es por tanto cambiante y está expuesto a múltiples influencias. Fue el biólogo austriaco Ludwig Von Bertalanffy quien le diera cuerpo inicial.

Tiempo después, David Easton la aplicó a los sistemas políticos, estipulando que las demandas (insumos) entran al sistema (imaginado como una caja negra, pues nunca se sabe con certeza qué pasa ahí dentro) para convertirse en decisiones y acciones (salidas). Su modelo toma un factor adicional en cuenta: el ambiente, es decir, las influencias externas. “Nada sucede en el vacío”, decía Ortega y Gasset.

En general un sistema es exitoso cuando logra conservar la estabilidad. Un cuerpo sano es estable, y la disfunción del sistema (enfermedades o heridas, por ejemplo) le lleva a perder estabilidad, a veces hasta llegar al colapso.

Navegar aguas no exploradas siempre será inquietante. Es natural que un escenario inédito como la anulación y llamado a nuevas elecciones para decidir el gobierno de la capital del Estado genere desasosiego. Pero hay de incertidumbres a incertidumbres.

El cruce de acusaciones entre los candidatos, las volteretas y la decisión final tomada por la autoridad electoral apenas unas horas antes de la toma de protesta, ciertamente generaron una incertidumbre que minó la credibilidad del proceso. Una incertidumbre negativa.

Sin embargo, la decisión de la Sala Superior del Tribunal de convocar a elecciones extraordinarias abre la oportunidad de reponer un proceso sumamente cuestionado, que al ser el único a realizarse, tendrá la completa atención de autoridades electorales, medios de comunicación, actores políticos y la opinión pública en general.

Otra oportunidad también se dibuja en la instalación de un Concejo Municipal, que al momento de que se publiquen estas líneas probablemente ya haya sido definido por el legislativo local. Si los partidos leen adecuadamente el momento, podrían sorprender al colocar a ciudadanas y ciudadanos reconocidos para encabezar la ciudad por un par de meses, enviando un mensaje de institucionalidad.

Si existen leyes y mecanismos, así como instituciones para implementarlos, la incertidumbre existente debiera ser manejable. Es una prueba para todos los involucrados. Debemos perder el miedo a que las cosas se salgan de lo normal, siempre y cuando se mantengan en el cauce institucional. 

En los sistemas parlamentarios los gobiernos pueden deshacerse y rehacerse en cualquier momento, lo que acaba por brindar a las crisis políticas un margen de maniobra tal que la incertidumbre que generan es controlable. Esta flexibilidad acaba por volverse fortaleza, como aquél viejo adagio taoísta, que nos recuerda que la rama seca, de apariencia rígida, es quebrada por el viento con facilidad, mientras que la rama verde, que se dobla con facilidad, resiste la ventisca.

¿Qué la elección extraordinaria saldrá cara? Ciertamente tendrán que erogarse considerables recursos ¿pero cuánto cuesta la legitimidad democrática?

Los comicios del 16 de diciembre se convertirán en una segunda vuelta de facto, con la salvedad de que podrán participar todos los candidatos que se presentaron el pasado verano, lo cual deja lugar a otros escenarios.

Dos factores más para finalizar este análisis: 1. El PRI tuvo a nivel nacional la peor derrota de su historia. Competir bajo sus siglas es un negativo complejo de manejar. Adrián de la Garza tendrá que enfrentar esa realidad. 2. La ciudadanía podría desanimarse a votar por dos razones: habrá algunos que no irán por decepción, quizá sintiendo que su voto no fue respetado o no es confiable votar; otros podrían no acudir por la cercanía de las fiestas navideñas, optando por salir de la ciudad, el descanso o simple y llanamente no poner atención al proceso electoral, cuya campaña será solamente de dos semanas.

#HojaDeRuta: “Como hablarle a la pared”

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“Como hablarle a la pared”, solían decir madres y padres cuando se referían a peticiones o instrucciones ignoradas por los hijos. Seguramente la frase seguirá siendo usada en las aulas cuando los docentes desesperan con la clase. “Te sale por un oído y te entra por el otro”, es otra del arsenal de amonestaciones. 

La inhabilidad de comunicarse lleva a la desesperación. No ser escuchado por otros resulta frustrante, pero esta cerrazón se ha vuelto un elemento cada vez más común al momento de entender y transmitir lo político.

Actualmente surgen cada vez más grupos de lo que denomino “audiencias pared”, es decir, aquellas donde los mensajes no pasan, donde las ideas rebotan, donde los hechos se estrellan. El consumo y reproducción de las noticias falsas tiene un importante componente de ignorancia y falta de sentido crítico, pero el apoyo a la “posverdad” y sus personajes podría tener un trasfondo moral.

¿De qué manera puede explicarse que un personaje como Donald Trump, acusado de faltas como fraude fiscal, misoginia, racismo y abuso sexual -por listar algunas- haya ganado la presidencia de la principal economía del globo? ¿Cómo puede ser que Jair Bolsonaro, un político abiertamente misógino, homófobo y partidario de la tortura y el autoritarismo esté a un paso de ganar la presidencia de Brasil?

La respuesta podría encontrarse en parte en la teoría de que la mente funciona a base a encuadres (frames), que son básicamente las ideas con las que entendemos el mundo, y esas ideas son en esencia postulados morales. 

Uno de los principales estudiosos del framing político es George Lakoff, profesor de lingüística de la Universidad de California en Berkeley. Lakoff argumenta que la derecha ha venido ganando la batalla del discurso a la izquierda (entendida en el contexto norteamericano como el pensamiento progresista) porque esta última ha cometido el error de intentar correrse a un centro que realmente no existe, debilitándose en el proceso. 

En contraste, los conservadores son más audaces y duros al expresar su visión, primordialmente debido a que hablan desde una posición moral y apelan a los valores de sus votantes. Los progresistas buscan usar las armas de la razón y los hechos, pero estas no funcionan ante personas que están siendo atraídas e inspiradas por postulados morales.

De esta manera, puede explicarse que haya una audiencia que defienda a capa y espada la Guerra contra el Narco de Felipe de Calderón, ignorando o justificando las muertes y violaciones a derechos humanos: quizá consideraban que las personas que estaban muriendo “se lo buscaron”, “son criminales”, “se lo merecían”. Alguna vez escuché decir a un supuesto líder de la sociedad civil que “los derechos humanos son para las personas derechas” ¿Qué es eso, sino un postulado moral?

Lakoff explica la visión conservadora de la política estadounidense bajo la figura del “padre estricto”, donde la autoridad es vista como vertical, la disciplina como necesaria e incluso parte de una expresión “amorosa”, el mundo como un lugar peligroso que se explica por jerarquías: ricos sobre pobres; adultos sobre niños; occidente sobre el resto del mundo; hombres sobre mujeres; heterosexuales sobre homosexuales. Este tercio de la población que se identifica con esta lógica constituye casi en su totalidad la base Trumpista, volviéndose inmunes a hechos y datos, pues estos se estrellan contra la pared de una visión moral llevada cada vez más al extremo.

¿No habrá una escalofriante similitud con la reacción virulenta de una buena parte de la opinión pública mexicana ante la caravana de migrantes centroamericanos? Resulta vergonzante ver cómo se espetan insultos y agresiones que son casi un espejo de los insultos que en su momento Trump lanzó contra los mexicanos, para nuestra indignación generalizada ¿Cuál es el encuadre político-moral de las personas que consideran que los migrantes son flojos, pobres, morenos, de un país pequeño y quién sabe qué características más que los vuelven, a sus ojos, inferiores?

El Maestro Eric Hobsbawm tituló a su estudio del Siglo XX “la edad de los extremos”, analizando las catástrofes causadas por el socialismo de Estado, los nacionalismos fascistas y el capitalismo. Esos “extremos” parecen despertar de nuevo, pues todo indica, nunca fueron erradicados, sino que entraron a un sueño profundo que esperaba las condiciones oportunas para resurgir. 

La batalla por el pensamiento progresista, por el humanismo, la ciencia, los hechos y la verdad; por la razón misma, pasa en gran medida por el encuadre, es decir, las palabras que elijamos para articular nuestro pensamiento y posturas políticas. 

Tenemos que comunicarnos conectados con nuestros valores, asumiendo sin miedo la defensa de la moralidad progresista, de otro modo, le seguiremos hablando a la pared. Como lo escribió Alfonso Reyes: “Defended, contra las nuevas barbaries, la libertad del espíritu y el derecho a las insobornables disciplinas de la verdad”.

#HojaDeRuta: “Días de Radio”

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“Al Aire” la voz, al aire las ideas, al aire las historias. Palabras que vuelan dibujando ondas, cruzando montes y valles. La añeja radio goza de cabal salud. Quizá ya no le creeríamos a Orwell que la guerra de los mundos ha comenzado, quizá ya no usamos la imaginación para saber qué pasó con “el ojo de vidrio”, ni nadie espera a que la noche cambie de color para disfrutar, copa en mano, de la hora que Agustín Lara pintaba de azul: “si tienes un hondo penar, piensa en mí…”.

Ciertamente la radio ya no es (exactamente) lo que era, pero definitivamente es. Goza de sorprendente salud, pues en la época de la inmediatez informática, sigue siendo fiel acompañante de una multiplicidad de audiencias. No es tanto que la radio se haya aferrado a irse, más bien el público nunca ha querido que se vaya.

Algunas cosas cambian, otras no tanto. Antes se tomaban llamadas en vivo, hoy la gente pide canciones, manda saludos y cuenta sus penas a través de mensajes de voz de Whatsapp. Un medio que alimenta de voces a otro. Pero nosotros somos los mismos: los que quieren escuchar y ser escuchados.

Aprendí a amar el bolero porque mi abuelo jamás movió la estación que sonaba en aquella vieja vagoneta Dodge: 101.3, AW, “el prestigio del gran radio”. Cuando le acompañaba a las ferreterías de la Calzada Madero (seguramente su idea de un paseo) sonaban Los Tres Ases, Pepe Jara, Los Tres Caballeros.  

En aquél noviembre de 1991 Luis Miguel volvía nuevas las piezas que tantos corazones viejos habían tocado. Recuerdo tomar de niño aquél disco que a la postre sería mi favorito, y ver en su contraportada la clara intención de tender un puente al pasado: “1954. No Me Platiques Más”; “1957. La Barca”; “1952. Contigo En La Distancia”. “Más allá de tus labios, del sol y las estrellas…”

Dicen que aquella placa revivió el bolero. Ahora sé que jamás estuvo muerto. Empolvado quizá, ausente, jamás. La cofradía de bohemios, aunque tuvo horas bajas, nunca dejó de cantar.

Como universitario hice radio por más de dos años. Junto a colegas en formación construimos un espacio que tuvo resistencias (¿Cómo que esos estudiantes de Ciencia Política quieren hablar de política?), pero gracias  a los buenos oficios de la maravillosa Dra. Lucrecia Lozano pudimos hacer aquellos primeros análisis y debates, que seguramente carecían de profundidad, pero lo compensaban en pasión.

Eventualmente vino la oportunidad de pasar un tiempo en el cono sur. Dolió dejar aquellos micrófonos, no sentir esa atmósfera. Afortunadamente, desde entonces en Frecuencia Tec siempre ha habido un programa de política conducido por estudiantes.

Cuántas canciones no llegaron a mí por el azar necesario de la radio: encenderla en el momento en que una “oldie” de los sesenta o setenta pasaba, y enseguida buscar cualquier papel donde anotar un pedazo de la estrofa con la esperanza de encontrarla, en tiempos donde ese oráculo llamado Google apenas asomaba.

Ahí escuché y sigo escuchando interminables noticias, casi siempre en los traslados. Quién diría: el desastre de la urbe y sus embudos garantiza que cientos de miles de automovilistas sean radioescuchas. La radio es compañía.

Esta mañana volvió a sonar Carmen Aristegui a través de la radio. Recordé cuando en 2006 me volví adicto a su mesa con los coordinadores de las campañas presidenciales, sus entrevistas punzantes, momentos clave del país relatados a través de su voz. Necesaria presencia en tiempos donde la censura y el peligro de ejercer el periodismo son desoladora realidad.

Nuestros días, como los de nuestros padres y nuestros abuelos, siguen siendo días de radio, que sobrevive y convive con las nuevas formas lo mediático ¿calidad? Ese es otro debate, necesario sin duda. Pero las señales siguen y al aire, en el aire, ondean palabras y melodías. “Une tu labio al mío, y estréchame en tus brazos, y cuenta los latidos, de nuestro corazón…”

#HojaDeRuta: “Mucha risa”

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Tenemos derecho a reírnos del poder. No está consagrado en la constitución ni alguna ley secundaria a la letra, pero la mofa de quienes mandan está protegida por la solidaridad de los burlones y por la libertad de expresión.

El cartón político ha sido históricamente uno de los estandartes donde se plasma el derecho a la risa. Por mucho tiempo fue una de las únicas vías de escape a la opresión, un acto de rebeldía y además, una forma de pedagogía, pues simplificaba la complejidad de la realidad política para que cualquiera pudiese entenderla.

Corría noviembre del 2010 cuando en una entrevista para La Jornada preguntaron al Maestro Naranjo a cuántos presidentes había hecho enojar con sus cartones: “Pues que yo sepa, desde que empecé a dibujar, a todos”, respondió.

El Maestro consideraba la caricatura política un medio de comunicación, pero no uno cualquiera, pues tenía la virtud de permitir la cercanía con la gente. Los monos tienen un poder enorme: bajar a los de arriba de su altar, desnudar sus intenciones, mostrar sus verdaderos colores, así se publique a blanco y negro.

A este respecto el Maestro Naranjo (que después de más de 20 mil cartones algo sabía del oficio) abundó: “La caricatura los ridiculiza (a los políticos) y es algo que no soportan, porque todos tienen una apreciación de sí mismos como si ya estuvieran en el Olimpo; piensan que son intocables, buenos. Los políticos en México creen que son benéficos e imprescindibles, los de antes y los de ahora, tienen un ego impresionante. Entonces, cuando hacemos dibujos en los que los ridiculizamos, pues imagínate. Pero han aprendido a aguantarse, ya no les queda de otra”.

A la riquísima tradición de monos mexicanos se ha sumado en los últimos años una nueva forma de humor gráfico: el meme. Este fenómeno de la informática funciona para cualquier ámbito. Hay memes de cine, ciencia, deporte, arte, filosofía, literatura, letras, países, culturas, ciudades, comida, tradiciones, historia, comida. 

Los memes no tienen una sola forma y son un complejo fenómeno cultural, o, como lo define la Guía de Memes de la revista Wired: los memes son instantáneas de la cultura. Pueden presentarse en forma de macros (una plantilla base que se reusa), GIFs, videos y hashtags, por nombrar algunas formas.

De acuerdo a la guía de Wired, el término “meme” fue acuñado en 1976 por el biólogo evolucionista Richard Dawkins bajo una premisa fascinante: las ideas culturales no son distintas de los genes, en el sentido de ser conceptos que tenían que pasarse de cerebro a cerebro, replicándose, y mutando en el proceso: “pedazos de ADN cultural que codifican las experiencias compartidas de la sociedad mientras evolucionan constantemente”.

Aunque el concepto surgió antes de la era de la informática, su principio de carga cultural permanece. Como prácticamente todos los usuarios de Internet, soy un asiduo consumidor de memes, incluso ya existe tal cosa como una Real Academia de los Memes que entrega premios en nuestra ciudad, incluso me atrevería a hablar de personas con una sensibilidad particular para realizar una curaduría de memes, como mi amigo el escritor Jonathan Gutiérrez-Hibler, que se ha convertido en una suerte de sommelier del humor digital.

Pero hay un debate importante que hay que tener: nuestro derecho a reír es sacrosanto, pero llevar todo al terreno de lo cómico pudiera estar banalizando ciertas situaciones, mejorando la imagen de ciertos personajes e incluso normalizando ideas que son completamente reprochables.

La guía de Wired reflexiona al respecto: “Dejar que todos disfruten sus chistes en paz no suena tan mal, y hasta cierto punto, no lo sería. Pero tanto el Estado Islámico como la llamada alt-right (nueva extrema derecha) están usando memes para reclutar nuevos seguidores. Bromas caricaturescas resultan ser un punto de entrada amable y efectivo para las ideologías más extremas”.

El otro caso se desenvuelve en estos mismos momentos: la imagen de EPN parece estar siendo redimida, o cuando menos, tolerable, justamente por el aprovechamiento de la ridiculización extrema de sus frases, comportamientos y pifias. No es casual que en el último año EPN contestó preguntas sobre sus memes en Instagram y ha comenzado a “contestar” desde sus cuentas oficiales en Facebook y Twitter a comentarios humorísticos.

El riesgo de convertir a Peña Nieto en un meme viviente es que se vuelve un objeto de gracia, una pieza de humor cultural compartido de la que muchos preferirán tener una selfie que reclamarle su Casa Blanca o el esclarecimiento de Ayotzinapa. No dejemos de reír, pero sin olvidar que así como la burla desarma al poder, el poder puede usar la burla para sus fines.

#HojaDeRuta: “El que se va y el que llega”

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¿Cómo pasó la administración de EPN de ser una locomotora del reformismo a tener el presidente más repudiado en la historia contemporánea del país? ¿La narrativa de la Cuarta Transformación funcionará como un vehículo inspirador durante todo el gobierno de AMLO?

En el marco de la Cuarta Semana de la Comunicación, llevada a cabo en la Facultad de la disciplina de la UANL, tuve oportunidad de moderar un diálogo sobre la comunicación política de dos gobiernos federales: el que se va, comandado por EPN; y el que está por llegar, encabezado por AMLO.

Participaron Víctor Martínez, Director de Noticieros de Multimedios; Alejandra del Toro, ex candidata a Diputada Local y consultora en comunicación, y Luis Mendoza, también consultor en comunicación y articulista.

A continuación, algunos de los puntos que destaco de la charla:

– El sexenio de EPN tuvo un inicio a todo vapor basado en la narrativa reformista, para después derrumbarse por completo. Inició con el Pacto por México como gran gesto simbólico-político, logrando destrabar dos sexenios de letargo legislativo y buscando un relato de “salvamento” del país desde la prensa internacional. Se tomó la decisión estratégica de sacar la seguridad del centro de la comunicación, después de un sexenio de “guerra” como fue el de Calderón. El encanto duró poco. Los puntos de inflexión fueron la infame “casa blanca” y la masacre de Ayotzinapa, así como la pila de casos de corrupción de gobernadores de extracción priista.

– La narrativa del reformismo no era cautivadora ni emocionante, y la reacción a las crisis fue terrible. Angélica Rivera dando la cara para explicar la “casa blanca”; la “verdad histórica” y el “ya me cansé” de Jesús Murillo Karam en el Caso Ayotzinapa, así como la falta de condena y acción contundente ante la corrupción de los gobernadores, fueron factores que consolidaron la percepción de la administración peñista como corrupta.

– EPN desperdició la mejor oportunidad de recuperación de capital político e imagen: en lugar de enfrentar a Donald Trump, le ayudó. En el marco de la campaña presidencial norteamericana en 2016, el gobierno federal mexicano tomó la aún hoy inexplicable decisión de invitar a Donald Trump al país, dándole tratamiento de Jefe de Estado. Esto fue percibido no solo como una humillación al presidente, sino a las y los mexicanos. Aunque se trató de justificar la medida una vez que triunfó el magnate norteamericano, el repudio popular al acto y la actitud fue generalizado.

– La estrategia de comunicación de EPN en la segunda mitad del sexenio fue un mea culpa que no funcionó. Dos frases ejemplifican lo anterior: la oficial, que fue “lo bueno cuenta, y cuenta mucho”; y una de las que marcó el sexenio, dicha de forma espontánea, casi un pensamiento en voz alta con los dientes apretados: “Ya sé que no aplauden”. Un gobierno que realizó, más que una petición, un ruego a la ciudadanía de no ver solamente los errores, sino reconocerle algunos aciertos. Nunca sucedió.

– AMLO capitalizó haber sido el principal vocero de la lucha contra la corrupción ante una realidad que le dio la razón. La oposición en general cobró caro los errores al peñismo. El repudio ciudadano tuvo su expresión climática en el contundente resultado del primero de julio. Habrá que agregar que uno de los pocos aciertos de EPN en el cierre del sexenio vino de una inacción: se mantuvo al margen de la elección presidencial y reconoció rápidamente el triunfo, dando lugar una transición tersa que contrastó contra los conflictos y polémicas que se vivieron en 2006 y 2012.

– La narrativa de la cuarta transformación encabezada por AMLO cobró sentido en un país molesto y deseoso de cambio. El equiparar la nueva administración federal con los principales momentos de cambio histórico en el país tiene heroísmo y emoción, pero habrá de contrastarse contra la realidad y desgaste de gobernar a partir del próximo diciembre.

También se discutieron temas como la conversión de EPN en un meme, AMLO como una máquina de generación de notas, el papel de las redes y la transformación de los medios en un contexto de desconfianza. Un gran espacio para un enorme tema.

gilberto@altiusconsultores.com

#HojaDeRuta: “Atravesar el cuerpo”

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Una noche fría, a más de 7,000 kilómetros de casa, escuché una idea que no habría de abandonarme nunca: “la política también se trata de atravesar el cuerpo”. Estaba un pequeño auditorio a medio llenar en el centro de Santiago de Chile, donde atendía la clase de movimientos sociales, impartida por una profesora francesa.

¿Qué le queda a campesinos que van a ser despojados de sus casuchas más que atravesarse a los bulldozers que pretenden derrumbarlas? ¿Por qué un solitario anónimo hizo frente a una columna de cuatro tanques tras la masacre de la plaza de Tiananmén en Beijing?

Atravesar el cuerpo es la forma más primaria, más básica del ejercicio político. A veces la más precaria, y al tiempo, la más comprometida. Es la expresión máxima del albedrío: poner la integridad física al servicio de una causa, de una idea.

30 mil cuerpos se atravesaron el miércoles frente a la Rectoría de la UNAM para protestar por la violencia ejercida por grupos de porros en contra de estudiantes de preparatoria. Dos de ellos se encuentran en condición grave.

El conflicto escaló a partir del 27 de agosto pasado, cuando estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco protestaron por la presencia de porros en las instalaciones, así como la falta de docentes. Ante la falta de respuesta, el alumnado se manifestó frente a la Rectoría de la UNAM el lunes 3 de septiembre, donde fueron atacados a piedras, palos y artefactos explosivos por grupos de porros.

Tras la agresión, 41 escuelas de la UNAM (probablemente se sumen mientras se escriben estas líneas) han entrado a paro, configurando la mayor movilización estudiantil en la institución desde la huelga general de 1999. El movimiento #yosoy132 ocurrido a raíz de la campaña presidencial de 2012 había sido la más reciente expresión estudiantil de alto impacto.

La presión del estudiantado no dejará de subir en los próximos días. En la manifestación del miércoles se unieron contingentes del IPN y la UAM. Seguramente se sumarán diversas expresiones de solidaridad que desembocarán en una fuerte presión a la rectoría que encabeza Enrique Graue y múltiples problemas al interior de la Universidad, entre los que estaría la presencia de estos grupos clandestinos de choque, así como probablemente la venta de drogas.

También resulta necesario revalorar la huelga como instrumento de presión y negociación política. No dejo de pensar qué hubiese pasado si se hubiese llamado a una huelga de maestros y profesores quienes estuvimos en el movimiento que se desató tras el asesinato de Jorge y Javier por efectivos del Ejército.

¿Habría sido tan tibia la reacción de las instituciones involucradas? Probablemente no. Pero en aquél momento, como hacía mucho tiempo no ocurría, muchos hombres y mujeres jóvenes se animaron a atravesar el cuerpo marchando, manifestándose, exigiendo.

No fue en vano. Hoy los cuerpos caídos de Jorge y Javier no solo no se han olvidado, sino que la demanda de justicia fue pasando entre generaciones de estudiantes, manteniendo el latir de la memoria. 

Actualmente ha revivido el interés público por el caso gracias al documental “Hasta los dientes”, dirigido por Alberto Arnaut, que reconstruye el encubrimiento del caso. El filme estará en cartelera este fin de semana en Monterrey.

En un momento en que el país se enfila no solo a un cambio en la presidencia, sino a la exigencia de un cambio de régimen, resulta oxígeno puro que desde las y los universitarios surjan la indignación hacia la violencia y despierte solidaridad. 

A veces atravesar el cuerpo es la salida última, a veces, el primer paso. ¿Usted por qué causa atravesaría el suyo? (Este espacio estará fuera por vacaciones. Regresará antes que septiembre se haya ido)

gilberto@altiusconsultores.com