#HojaDeRuta: “¿Perdida de memoria?”

“Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo…Mis sueños son como la vigilia de ustedes”, así describía el jovenzuelo Irineo Funes la magnífica maldición de tener una memoria perfecta, imparable, incontrolable: “Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro”.

Quizá Borges nos hablaba a través de Funes, el memorioso, acerca de cómo observar la realidad de las cosas es labor que fatiga y pesa, y que recordar puede ser doloroso. La memoria perfecta de su personaje no dejaba lugar a la imaginación: las cosas son lo que son, o mejor dicho, fueron lo que fueron. Memoria, dolorosa y necesaria memoria. Cada cual lleva consigo su versión de lo vivido, eso que literal e imaginariamente puede llamarse punto de vista: la dirección de la mirada para grabar lo sucedido, la construcción e interpretación que hacemos del mundo.

“Cuando un hombre entra a una habitación, trae su vida entera consigo. Tiene un millón de razones para estar en cualquier parte, solo pregúntale”, dice Matthew Winer a través de Don Draper, el enigmático publicista que protagoniza “Mad Men”. A cada momento cargamos la vida entera con nosotros, la vida que recordamos, nuestra versión de la película: la memoria. Cada historia es única, pero hay partes que nos son comunes: el tiempo (vivir una época), el espacio (el pueblo, la ciudad, el país), las circunstancias (un temblor, un presidente, un golazo). Existe tal cosa como el pasado público: las cosas que nos marcaron como colectividad – muchas veces, antes de nuestra propia existencia.

Tan marcados estamos por la colonia y su división racial, como por la sangre de Tlatelolco y el levantamiento de Chiapas. Tan marcados estamos por el desarrollo empresarial como por la Liga 23 de septiembre. Personajes y sucesos, con luces y sombras (que en buena medida dependen del cristal con que uno lo mire, o la perspectiva desde donde se coloque) que han alterado la realidad que hoy nos toca transitar.

El maestro Eric Hobsbawm advertía con agudeza que la juventud de este siglo ha crecido en una suerte de presente permanente que carece de cualquier relación orgánica con el pasado público de los tiempos que viven. De ahí, decía, que la labor de los historiadores más esencial que nunca, pues su trabajo es recordar lo que otros olvidan. Es lugar común escuchar la queja de la “corta memoria” de “la gente” como amasijo abstracto.

La memoria colectiva, el pasado público implica compromiso, el más elemental: el interés por quiénes somos, dónde estamos y dónde queremos ir como comunidad. Implica acción: interés de saber y reflexionar. A Funes le dolía la memoria, pues “discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad”. No es cosa fácil asomarse a nuestro pasado público, pero es vital: ¿cómo saber que no hay mal que dure cien años, si no podemos recordar lo que ocurrió hace diez?

#HojadeRuta: “Nuevo León ¿Ingobernable?”

La reciente polémica sobre la reforma electoral obliga a una reflexión: pareciera que los cauces democráticos y la división de poderes están comenzando a mostrar disfuncionalidad, al menos en su etapa rutinaria. Toda organización funciona con base en rutinas, y cuando estas sufren disrupción (sobre todo si esta no es planeada) pueden experimentar inestabilidad.

Podría argumentarse que el hecho de que una disputa entre el poder legislativo y el ejecutivo sea resuelta por una instancia del poder judicial es normal, ya que es un mecanismo de control diseñado para tal efecto. Eso es cierto. Sin embargo, estamos observando un comportamiento inusual propio de una situación inusual: es la primera ocasión en nuestro sistema político moderno que un gobernador no tiene un solo diputado en el Congreso. Lo anterior es circunstancia de la reciente adición de la posibilidad de competir por puestos de elección popular por la vía independiente, por lo que el escenario presente era una consecuencia lógica y previsible.

Cuando se elige al máximo representante popular en cualquier sistema democrático, siempre se analiza cómo gobernará el nuevo líder dependiendo de la composición legislativa que le toque. Por ejemplo, el recién electo presidente de Francia, Emmanuel Macron, logró colocar 314 escaños de su partido, La République En Marche!, de un total de 577. Esto le permitirá gobernar con la mayoría absoluta y, en consecuencia, empujar con relativa facilidad su programa de gobierno.

Un gobernante que no tiene representación legislativa alguna, inevitablemente iba a enfrentarse a una situación desventajosa, lo cual exigiría una alta capacidad de negociación, que hasta el momento no ha sido el sello de la actual administración.

Lo importante de analizar es el respeto al orden constitucional, a la división de poderes y al orden republicano. Cuando comienza a abusarse del instrumento del veto, se vuelven práctica común tácticas dilatorias para buscar evitar la publicación de la legislación y hay un sentimiento de imposición de parte del legislativo, el sistema se está tensando.

No es normal que un Ejecutivo se niegue a publicar una legislación, ni que tenga que venir una orden de un tribunal para que se acate. Menos normal es que un Ejecutivo decida abiertamente desacatar la orden de un tribunal. El debate es interesante, pues plantea preguntas fundamentales: ¿El Ejecutivo está en su derecho a defender su postura e intereses ante su indefensión legislativa, usando cuanta herramienta o táctica tenga a la mano (dentro de la ley, por supuesto)? O por el contrario ¿La actitud de negarse a aceptar las decisiones que toma el congreso vulnera la más esencial soberanía, dado que su composición fue producto de un proceso electoral aceptado por todos los actores en cuestión?

Mientras sigue desenvolviéndose la rocosa relación entre el Ejecutivo y Legislativo locales, es evidente que el Gobernador deberá buscar como primera prioridad de 2018 contar con representación legislativa. Solamente conformando una fuerza política propia podría empujar su programa de gobierno, lo cual, para todo fin práctico, constituiría un partido político, aunque no tenga registro ni reciba recursos. Su finalidad sería la misma: un grupo que compite por obtener y conservar el poder con una agenda común. Esto es normal, así le sucedió a En Marche! en Francia y a Podemos en España. De ahí a que nos lleve a cerrar este espacio con otra pregunta que exigirá futura reflexión: Hoy en México ¿Se rechaza al sistema de partidos, o a los partidos y gobernantes que tenemos?

#HojaDeRuta: “Cálculos Políticos rumbo al 2018”

“Los guerreros victoriosos ganan primero y después van a la guerra. Los guerreros derrotados primero van a la guerra, luego buscan ganar” – Sun Tzu.

 

Una de las máximas habilidades en el arte del general, o estrategia, es la capacidad de cálculo. La guerra y la política guardan una relación íntima, vital en su esencia: la noción amigo-enemigo; el conflicto; la lucidez al tomar decisiones; la moral de la tropa; el espionaje; el engaño. Hitler erró en su cálculo de abrir múltiples frentes y buscar invadir Rusia en el invierno. Nixon erró en su cálculo de permitir y posteriormente negar el infame escándalo de espionaje de Watergate. El desafuero contra Andrés Manuel López Obrador fue calculado como una estrategia para destruirlo, y terminó por colocarlo como el principal personaje opositor al “sistema” y fortaleciendo su primera candidatura presidencial. Nos dice Sun-Tzu: “No hay más de cinco notas musicales, sin embargo, estas cinco crean más melodías de las que podrán ser escuchadas”. El cálculo estratégico requiere de un elemento primordial: la imaginación, y cuando esta falta, se nota.

“La reputación de McConnell como un maestro de la táctica recibe un golpe” fue un titular de ayer del New York Times tras el revés que sufrió el Senador republicano Mitch McConnell, que se vio obligado a posponer la votación de la ley de salud que echaría por la borda el famoso “Obamacare”, que provocaría que millones de personas pobres perdieran su servicio de salud y beneficiaría a quienes más tienen. McConnell apostó a que todos los senadores republicanos se unirían a la que quizá sea la principal promesa del llamado “Grand Old Party”: echar abajo el sistema de salud construido por Obama. Se equivocó.

Senadores de diversos estados se echaron para atrás por la razón más lógica del mundo: la (contra) reforma afectaría gravemente a muchísimos de sus electores, que en campaña vitorearon rabiosamente los dichos de Trump, muchas veces sin la conciencia de que estos cambios les afectarían también a ellos. Quizá los republicanos acaben pasando una versión regresiva (aunque menos agresiva) de la ley, pero el error de cálculo fue evidente.

Los meses siguientes serán fundamentales en términos de cálculo para actores locales y nacionales: ¿Tiene sentido para Jaime Rodríguez volverse el principal enemigo de la prensa, desde el gobierno, antes de una posible candidatura presidencial? ¿Le conviene al PAN y PRD una candidatura presidencial conjunta, o perderían credibilidad y acabarían allanando el camino a AMLO? ¿El PRI debería impulsar una candidatura propia competitiva y al mismo tiempo pensando en apuntalar la de otro partido o coalición, dada su baja reputación? ¿Debería AMLO considerar la posibilidad de construir un gobierno de coalición? ¿Las organizaciones civiles de Nuevo León deberían dedicar su tiempo y esfuerzo a construir base social, más que a participar en consejos o espacios tradicionales?

Vienen tiempos que exigen cálculos complejos, y por ende, de las mentes que puedan realizarlos.

 

#HojaDeRuta: ¿Segunda Vuelta Electoral es necesaria?

Decir que la democracia se trata de mayorías es una obviedad, pero decir que un sistema político democrático se trata montar un entramado legal institucional para construir mayorías legítimas, nos acerca más al meollo del asunto. México tiene un serio problema en su forma de construir mayorías consecuencia directa de décadas de autoritarismo expresadas a través del que por mucho tiempo fuera el partido hegemónico y un férreo sistema presidencialista. Pasamos de las mayorías aplastantes pero falsas, propias de un sistema de simulación democrática, a la fragmentación pragmática.

Es cierto que el sistema ha venido cambiando: la oxigenación del legislativo a través de las reformas políticas; estados que comenzaron a vivir alternancia (aunque aún hay otros que tienen casi un siglo sin conocerla); la separación del ejecutivo de la instancia encargada de organizar y vigilar las elecciones; el cambio de sistema político en la capital del país; la existencia de organismos descentralizados como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y, sobre todo, la alternancia a nivel presidencial y una mayor separación de poderes. Pero esa luna tiene un lado oscuro que inevitablemente parte de la incertidumbre respecto a la legalidad y, por ende, legitimidad de los procesos electorales. Aunado a esto, los ganadores de las últimas tres elecciones presidenciales han alcanzado un umbral de victoria de 38% en promedio, lo que en términos reales significa que únicamente cerca del 20% de los mexicanos acaban eligiendo a nuestra máxima autoridad.

En este contexto, por supuesto que tiene sentido discutir el establecimiento de la segunda vuelta, pero no por sí misma. Una segunda vuelta no solamente se trata de crear una mayoría más realista y, por ende, legitima. Se trata también de negociar apoyos que se vuelvan coaliciones, lo que en sistemas semi-presidenciales y parlamentarios implica compromisos programáticos e incluso el control de ciertas áreas del gabinete por otras fuerzas políticas. De ahí viene la idea de “formar” gobierno. En un escenario donde el PRI, aun debilitado, logra triunfos con poco más de 30%, la necesidad de cambio es evidente.

Un sistema que acepta mayorías débiles no da incentivos para coaliciones sólidas y hace casi imposible cambiar de gobernantes dentro de los periodos establecidos (que un presidente o un gobernador en México pierdan su puesto es más que difícil). Además este tipo de sistema inevitablemente favorece a la política del dinero y la movilización electoral clientelar sobre la de las ideas y el convencimiento.

Aunque es muy poco probable observar cambios del sistema político de alto calado antes de la elección de 2018, la realidad está marcando el paso a las fuerzas políticas exigiendo la formación de alianzas sustanciosas que no dependan de la coyuntura ni tengan como fin último la mera supervivencia.

Como país urge comenzar a perder el miedo a destruir gobiernos y armarlos de nuevo. Dice un viejo principio taoísta que la rama verde, aunque sea más suave y débil en apariencia, resiste más que la rama seca en apariencia fuerte, pero que se quebrará a la primera ventisca. Este sistema político endurecido, rígido y, sobre todo, drenado de legitimidad, quizá no vaya a romperse de buenas a primeras, pero de seguir por el mismo camino continuará secándose y haciéndose más débil, hasta que un día el viento no le perdonará

#HojaDeRuta: “Golpes a la Sociedad Civil Organizada”

Durante el último mes la sociedad civil organizada de Monterrey ha recibido un par de duros golpes por parte de las autoridades: el desaguisado y distanciamiento de los ediles metropolitanos a la plataforma Alcalde Cómo Vamos, y el rechazo del gobernador Jaime Rodríguez al Sistema Estatal Anticorrupción que diversas agrupaciones ciudadanas trabajaron junto al congreso. Aunque han abundado señalamientos e intentos de justificaciones por todas las partes involucradas, se ha debatido poco la lógica y cálculo de estas maniobras políticas. Aventuremos una explicación.

En el caso de la plataforma Alcalde Cómo Vamos, las señales de tensión y desgaste no son nuevas. La inconformidad de los alcaldes había sido expresada en anteriores ocasiones, la verdadera pregunta es: ¿por qué los alcaldes pueden con tal ligereza amenazar con abandonar la plataforma o condicionar su permanencia? La respuesta es simple: porque tienen el capital político de su lado, y por tanto, el costo político de poner en entredicho, o incluso abandonar la plataforma, es relativamente bajo. Esto es debido a que las múltiples organizaciones que la conforman tienen larga trayectoria y defienden causas loables, pero en términos de real politik, cuentan con una muy limitada base social.

En este sentido, la sociedad civil organizada se conforma como una élite que está más cerca de la clase política que de la ciudadanía en general. Su arma principal es la vocería con resonancia mediática, la cual ejerce presión, pero como cualquier otro recurso, su efecto es limitado. Los esquemas tradicionales de consejos o conjunción de organizaciones suelen surtir efectos positivos, pero mantienen la participación limitada a las instituciones (sociales y privadas) tradicionales, por lo tanto limitando la representación. Por supuesto que la labor que estas organizaciones realizan es fundamental y de alto valor, el tema es que sus plataformas no se socializan lo suficiente.

Tomemos como ejemplo el Informe País para la Calidad de la Ciudadanía en México, realizado por el INE y el Colmex. Al medir el índice de confianza, el estudio encontró que solo el 30% de los mexicanos confía en los gobiernos municipales, y en las organizaciones de la sociedad civil, la cifra sube apenas a 40%. Esto da una idea de la distancia que existe entre la ciudadanía general tanto con las autoridades como con las organizaciones de la sociedad civil.

También podríamos tomar como ejemplo la elección de gobernador de 2015: se dio un fenómeno social hacia una opción alternativa que consiguió una votación inusitada, pero fue un tsunami, una gran ola que rompió rápido. Esto es lógico, la enorme mayoría de la ciudadanía está desorganizada. El citado estudio del INE aventura una hipótesis con tres elementos para explicar la debilidad ciudadana:

1. La desconfianza que existe entre la ciudadanía, y de la ciudadanía hacia la autoridad.

2. La desvinculación en redes que vayan más allá de la familia, amistades o religión.

3. La decepción ante los resultados de la democracia.

Una de las respuestas podría estar en impulsar una mayor organización y politización ciudadana, por ejemplo, mediante los Comités Ciudadanos contemplados en la Ley de Participación Ciudadana estatal, cuestión que organizaciones como Alianza Cívica han visualizado e impulsado.

La clase política tienen recursos, herramientas, espacios y estructuras para generar cuadros, mantener organización y empujar su agenda. La sociedad civil flaquea en este aspecto, a pesar de ser mayoría. Ahí radica hoy su debilidad, y al mismo tiempo, el enorme poder por desarrollar.

 

#HojaDeRuta: Panorama de las elecciones del domingo

El evidente rechazo a los partidos tradicionales está generando nuevas dinámicas en la política nacional, entre las que destacan tres: la creación de las candidaturas independientes (con limitados éxitos); el surgimiento de Morena como fuerza política de izquierda y el uso de la estrategia de coaliciones entre PAN-PRD -que en otra época hubiesen sido impensables, casi heréticas. Todo lo anterior en un contexto muy particular: el decepcionante regreso del PRI a la presidencia, que pasó del reformismo triunfalista al rechazo unánime y aislamiento político de Enrique Peña Nieto.

Desmenucemos las tres dinámicas mencionadas: la creación de las candidaturas independientes obedeció, primero, al reconocimiento del derecho constitucional de que cualquiera en este país puede votar y ser votado. Después, como alternativa de acceso a los puestos de elección popular, lo cual significa una vía para brindar mayor pluralidad en los cuerpos legislativos, además de proyectos puntuales para puestos ejecutivos. Sin embargo, lo “independiente” es una categoría, no un movimiento, mucho menos una doctrina. Por el contrario, si empieza a darse una organización que “postule” candidatos independientes con discurso e imagen similares, en esencia estaremos ante un partido, aunque no tenga registro ni reciba recursos públicos.

Aunque en 2015 hubo notables resultados a través de la figura con triunfos como el de Jaime Rodríguez en Nuevo León, Pedro Kumamoto en Jalisco y Manuel Clouthier en Sinaloa, 2016 fue un balde agua fría, pues prácticamente ningún candidato independiente fue competitivo en los múltiples procesos de ese año. Hasta ahora, ningún candidato independiente parece tener fuerza suficiente para una candidatura presidencial, aunque queda apenas tiempo suficiente para la emergencia de algún fenómeno.

Respecto al segundo factor, el surgimiento de Morena como fuerza de izquierda está reconfigurando el sistema de partidos. En un principio se habló de que dividiría el voto de izquierda, pero pudiera ser que lo acabe concentrando. La creación del partido fue un paso lógico para AMLO, pues es el único líder político con tintes sociales que podría acercarse a la noción del partido de masas, debido a su constante contacto y convocatoria popular.

En su primera elección federal, Morena obtuvo el 9% de la votación nacional, lo que lo convirtió en la cuarta fuerza política, además de acceder al 8% de los escaños en la Cámara Baja. Otro dato de primera importancia fue su desempeño en la capital del país: se estableció como primera fuerza en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ahora Ciudad de México) y ganó 5 delegaciones de la Ciudad. El próximo domingo podría dar el campanazo en el Estado de México, lo que cambiaría el tablero electoral 2018 y daría un fuerte impulso a López Obrador, que sigue apareciendo como puntero presidencial en las distintas encuestas.

Morena no solo parece el rival a vencer en la carrera presidencial, sino que buscará ampliar exponencialmente su representación legislativa ahora que ambas cámaras están en juego, aunque difícilmente le alcanzará para generar mayorías, por lo que tendrá que generar alianzas al interior del congreso, pues AMLO no solo debe estar pensando en ganar, sino en cómo gobernará. Sobra decir, ningún “independiente” se acerca siquiera a este avance político en tan corto tiempo.

Tercer factor: la fórmula de coaliciones PAN-PRD. 2016 fue un año de “éxito” para Acción Nacional, pues consiguió 7 gubernaturas para llegar a un total de 11, un máximo histórico para el partido. 4 de ellas fueron en alianza con el PRD. Entrecomillamos “éxito” debido a que esta “ola azul” pareció deberse más a un voto de castigo y una reacción provocada por el tremendo rechazo que enfrenta el Presidente Peña y que habría pasado factura al PRI, que a propuestas frescas o gobiernos exitosos del PAN.

Quizá podría atribuirse a Agustín Basave el impulso a la fórmula de coalición, pues la precaria realidad del partido del sol azteca y su comprensión del parlamentarismo le llevaron por ese camino, que ha resultado un salvavidas para el PRD. De tal magnitud fue el efecto que hace unos días Ricardo Anaya y Alejandra Barrales anunciaron un “frente común” entre ambos partidos rumbo a 2018, que es, para todo fin práctico, la antesala de una candidatura presidencial conjunta.

Veremos cómo los resultados de este domingo 4 de junio mueven las piezas. El juego está abierto.

 

#HojaDeRuta: “No se mata la verdad matando periodistas”

Consigna máxima, potente en estas horas bajas para una de las profesiones más hermosas del mundo y oxígeno necesario para cualquier democracia. Dice Elena Poniatowska que en América Latina se hace periodismo desde la indignación porque la realidad entra en tu casa, te ahorca. La frase también podría invertirse con los sucesos actuales: en México el periodismo digno se hace desde el miedo.

Trágicamente, el dato no es nuevo: vivimos en el país más peligroso del continente para ejercer el oficio. Las balas que derrumbaron a Javier Valdez en Sinaloa han perforado también al gremio entero, estremeciendo al país a tal grado que el Presidente EPN ─a menos de 72 horas del suceso─ convocó a una reunión especial de la CONAGO para abordar la crisis. El mandatario anunció diversas acciones como fortalecer la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Contra la Libertad de Expresión (instancia que, bien se sabe, ha tenido magros resultados) y fortalecer la estructura y presupuesto del mecanismo de protección para personas defensoras de derechos humanos, entre las cuales más de un tercio son periodistas.

Si bien el Estado Mexicano está obligado a garantizar el derecho constitucional a la libre expresión y la integridad de los periodistas, el debate es mucho más hondo. Un grupo de medios y Organizaciones de la Sociedad Civil entre los que están Article 19, Animal Político, Vice México, Horizontal y Amnistía Internacional, han propuesto una agenda de discusión inmediata sobre medidas urgentes para la protección a periodistas.

Movidos por el asesinato de Javier Valdez y en aras de reforzar la solidaridad del gremio, proponen 6 elementos como punto de partida de la discusión:

1. Corrupción y/o ineficiencia de instancias locales de procuración y administración de justicia.

2. Inoperancia de mecanismos nacionales de seguridad para periodistas.

3. Publicidad oficial excesiva y opaca. Falta de recursos económicos, operativos y de seguridad de organizaciones sociales de protección a periodistas.

4. Autocensura de medios locales como reacción a la violencia.

5. Informalidad y desprotección laboral de periodistas.

6. Falta de involucramiento de dueños y cuerpos directivos de medios de comunicación.

Cada uno de estos elementos será abordado en una mesa de discusión, para las que ya existen preguntas detonadoras: ¿Cómo construir un sistema de mapeo de riesgo eficaz, colaborativo y de acceso público? ¿Cómo garantizamos que la consecuencia de una agresión no sea el silencio, sino la multiplicación de la información? ¿Cómo favorecer el surgimiento de organizaciones locales de protección a periodistas? ¿Qué responsabilidad tienen los dueños y directores de los medios? ¿Qué deben hacer las instituciones de seguridad pública para desincentivar el asesinato de periodistas, tanto en términos tácticos como de comunicación? ¿Qué representa socialmente la violencia contra periodistas?

Este esfuerzo constituye el principal corpus que existe actualmente para iniciar el vital debate de forma sustancial. Sería fundamental que la solidaridad y diálogo se repliquen por toda la república para que esta coyuntura se traduzca en conciencia, agenda y acciones concretas.

El debilitamiento del periodismo crítico es una daga que se hunde en la sociedad entera, sobre todo ante el espejismo de las redes sociales como supuesto sustituto de la labor periodística profesional. Nada más falso. Hoy más que nunca requerimos información verificada para formar criterio, y sobre todo, la linterna periodística para echar luz sobre las acciones de los poderosos, haciéndolos responder ante sus actos.

Javier Valdez, en uno de sus últimos tuits (recogido por el portal Sin Embargo), escribió: “Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”. El silencio del periodismo es el paraíso de la corrupción, la impunidad y el abuso de poder. De ahí que el Washington Post haya acertado en la definición de su nuevo lema, inspirado por los tiempos que corren: “La democracia muere en la oscuridad”. No dejemos que este país se nos oscurezca más.

(Puedes consultar la agenda VIOLENCIA CONTRA LA PRENSA en esta liga: http://horizontal.mx/violencia-contra-la-prensa/)

#HojadeRuta: “72 años de V-E Day: Reflexiones para el mundo”

¿Qué tan lejos está la guerra, el estruendo de la bomba, la quietud de cuerpos muertos? ¿Cuántas películas, libros y documentales después que nos acercan al gas letal y las playas de marea roja?

Esta semana se cumplieron 72 años de la rendición de la Alemania Nazi, el día 8 de mayo, conocido como el Día V-E, o de la victoria en Europa. La máxima guerra que ha conocido la humanidad: en muertes, en costo, en producción, en extensión, en romper la historia.

Las muertes derivadas del conflicto se estiman entre 50 y 85 millones de personas. Nunca habrá de saberse de cierto. Recuerdo que en la adolescencia solía pensar que era demasiado el material sobre la segunda guerra: de Casablanca al Soldado Ryan, las historias parecían inagotables. Pasa el tiempo y las ideas sobre uno y empieza a comprender cosas como la paradoja del máximo conocimiento y proezas técnicas del ser humano puestas al servicio de su propia destrucción. El odio ciego, inconmensurable que existe detrás de una creencia como la supremacía racial.

Caminé en silencio las playas de Normandía donde quedan como piezas arqueológicas los bunkers de batería anti aérea alemana que resistieron el desembarque aliado (la mayor operación marítima jamás intentada) como caparazones secos que no reciben más que el rumor de las olas.




Vi los gigantescos muelles flotantes donde fueron colocadas tropas, tanques, armas y vehículos; mismos que hoy están encallados a unos metros de la playa, como esqueletos de bestias innombrables. Alguna vez escuché los solemnes lamentos desde el anillo roto que conmemora los 900 días y 900 noches del cerco de Leningrado, donde las fuerzas nazis aprisionaron a una ciudad entera por casi tres años que en medio del frío más crudo sufrieron de hambre y la violencia a escalas casi imposibles de imaginar.

Decía el gran Eric Hobsbawm -considerado por muchos como el más sabio historiador del siglo XX- que hay un grave riesgo en perder la conexión con el pasado público: ese que está compuesto por los sucesos que moldearon la realidad que hoy nos toca transitar, pues al vivir en una suerte de presente perpetuo, se corre el grave riesgo de olvidar las duras lecciones, incluso banalizarlas y caer en el mayor riesgo posible: el de creer desterrados los males y sombras que dieron pie al nefasto episodio.

Hoy que la ultra derecha despide tufos fascistas y avanza en distintas partes del globo; hoy que se acusa a una religión de ser inspiración y causa de terrorismo; hoy que el racismo y xenofobia muestran que estuvieron guardados por largo tiempo y vuelven como Pedro Páramo, siendo rencores vivos; hoy es de vital importancia comprender que múltiples riesgos acechan, y que solo pueden ser contrarrestados con fuertes dosis de humanismo, tanto en las ideas, como en la realidad de los millones y millones que viven en precariedad, o que sienten perdida la bonanza que alguna vez conocieron.

Decía Asimov que la única guerra que la humanidad puede permitirse es aquella contra su propia extinción, por lo que hoy habrá que luchar contra el hambre, la injusticia, la violencia, la intolerancia, el racismo, la desigualdad, la miseria, la discriminación. Ahí está la batalla que nos toca.




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#HojadeRuta: “Los Temas Presidenciables”

A poco más de un año de distancia, merece la pena preguntarse de qué se va a tratar la elección presidencial. La guerra sucia ya se hizo presente y no hará más que intensificarse conforme pasen los meses, pero la agenda y las narrativas siguen definiéndose. Algunas ideas de agenda:

1. Pobreza y desigualdad.

De acuerdo al último reporte de CONEVAL, la pobreza subió de 45.5% a 46.5% de 2012 a 2014 en el país, lo que significa un aumento de más de dos millones de personas en esa condición y el mantenimiento de condiciones precarias de vida en básicamente la mitad de la población. Más allá de discursos, la sensación del bolsillo pesará en la decisión de muchísimos votantes. Esto necesariamente llevará a cuestionar el modelo económico que ha imperado por las últimas tres décadas y a plantear alternativas.




2. Inseguridad.

Una de las estrategias iniciales de la presidencia de EPN en el rubro de seguridad fue quitar el tema del centro de la agenda nacional, lo cual marcó una clara diferencia con la administración Calderón. La narrativa de muerte y destrucción fue sustituida por el triunfalismo reformista, y funcionó por un tiempo considerable.

Sin embargo, la obstinada realidad se encargó de echar por tierra la supuesta bonanza que vendría con las reformas y desnudó que el monstruo de la violencia jamás se fue, aunque no se hablara de él. Casos brutales como el asesinato ocurrido hace unos días en la carretera México-Puebla y la psicosis que impera en la ciudad fronteriza de Reynosa son prueba de ello. El enfoque de enfrentar la inseguridad con una estrategia de fuerza pública seguramente será seriamente cuestionado.

3. Combate a la corrupción.

Ante el agudo desprestigio del Presidente Peña, los escándalos simbólicos apilados (desde la “casa blanca” hasta OHL, pasando por Duarte) y la creación del Sistema Nacional Anticorrupción que podría terminar en una simulación (o cuando menos, con dientes mucho menos afilados de lo que se esperaba), la promesa de combate “real” a la corrupción. La autoridad federal ya ha comenzado su campaña de “castigo” a diversos personajes señalados y la oposición fustigará al oficialismo por las fuertes sospechas de encubrimiento y tardía reacción en casos flagrantes.




4. Política Exterior.

El fenómeno Trump sacudió al globo entero, pero ha tenido particular impacto en México. El país y sus migrantes fueron uno de los principales “villanos” que el hábil magnate sin escrúpulos construyó en el imaginario de su electorado. La timorata y torpe respuesta de la administración Peña a las agresiones del hoy presidente norteamericano desde que era candidato, y la sensación de amenaza latente que representa, configuran un factor de especial relevancia para la elección presidencial ¿quién tiene el liderazgo para hacerle frente? ¿Con qué ideas y propuestas lo hará? ¿Se tenderán puentes con otros países para reconfigurar la estrategia geopolítica y comercial del país?

Estos son algunos de los temas que hasta ahora parece serán de los más relevantes. Pronto abordaremos las narrativas de los probables candidatos y fuerzas políticas, pues cada uno partirá de condiciones muy particulares en la lucha por convencer a la ciudadanía.

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#HojadeRuta: “Entre la República y la pared”

La elección francesa resulta de altísima relevancia para el globo entero. Tras la primera vuelta, el candidato de centro-izquierda Emmanuel Macron y la candidata de extrema derecha Marine Le Pen se medirán en las urnas nuevamente el próximo 7 de mayo.

Dos fenómenos destacan: la creación de un “frente republicano” y la profunda división que dibujan los resultados electorales de la primera vuelta, en un reflejo que sigue en línea con los fenómenos de populismo, xenofobia y nacionalismos de extrema derecha que se han presentado recientemente en casos como Inglaterra y Estados Unidos.

La idea misma del “Frente Republicano” es fundamental: al llegar a una segunda vuelta, las fuerzas derrotadas negocian su apoyo con alguna de las dos opciones en competencia, comprometiendo agendas concretas y formando lo que se conoce como gobierno de coalición, pero es tal la percepción de amenaza que representa Marine Le Pen para el corazón de Francia, que la mayoría de las fuerzas políticas han manifestado su apoyo a Macron, no porque crean en su liderazgo o proyecto, sino porque consideran que es un momento de emergencia, un deber republicano evitar una victoria del Frente Nacional.

Este escenario ya se había presentado en 2002, cuando Jean-Marie Le Pen (padre de Marine) llegó a la segunda vuelta contra el conservador Jacques Chirac. En aquél momento el sistema político en su conjunto se unió creando un frente común que resultó en una victoria de Chirac con 82%. Pero las cosas han cambiado mucho desde entonces, y así lo revelan los resultados de estas elecciones: por primera vez desde la posguerra, ninguno de los dos partidos principales de Francia (Socialistas y Republicanos) lograron colocar un candidato en la segunda vuelta, lo que habla de una sacudida considerable al establishment y un sentimiento generalizado de decepción y búsqueda de cambio, aunque se exprese de muy distinta manera.




En su análisis, el diario británico The Guardian calificó los resultados electorales como “un golpe de realidad”, al mostrar lo profundamente fracturado que se encuentra el país: el Frente Nacional ganando importantes franjas de las zonas desindustrializadas del norte, el este y el sur; mientras que Macron ganó el oeste.

Tal como sucedió en la elección de Trump, la opción de extrema derecha encontró mayor fortaleza en poblaciones pequeñas y zonas rurales, mientras que Macron tuvo éxito en las ciudades cosmopolitas. Además, apunta el rotativo, Le Pen ganó 9 de los 10 departamentos con las tasas más altas de desempleo, mientras que Macron tuvo gran fortaleza en París.

Preocupante fragilidad no solo para el sistema político francés, sino para los valores que le sustentan. La idea de fuerzas políticas coincidiendo que hay un bien mayor en la idea del salvamento de la República es algo poco común y de enorme valor, aunque también puede verse desde la óptica de las élites salvaguardando la estabilidad del sistema, desde la teoría del gremio.

Preocupante fragilidad, porque los sentimientos de abandono, coraje, racismo y división van creciendo envueltos en el nocivo nacionalismo que enarbola Le Pen.

En el fondo del debate encontramos que el mundo-sistema del capitalismo global deja decepción, desesperación y ultimadamente un sentimiento de abandono, de pérdida de privilegios. La paradoja es que ante la falta de alternativas políticas (que son, a fin de cuentas, visiones del mundo) la extrema derecha se nutra de la precarización y coraje de las clases trabajadoras que sienten el suelo resquebrajarse bajo sus pies, y culpan primero al mísero migrante o la supuesta amenaza a su identidad que a la hiriente concentración de la riqueza y desigualdades que por décadas han venido expandiéndose.




Aunque la lógica indica que Le Pen será derrotada, la realidad es que su movimiento ha ganado terreno, y mucho. Francia es una alarma más para el mundo entero, pues perversas ideas que se creían desterradas, comienzan a abandonar las tinieblas donde por largo tiempo se ocultaron.

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