La (In)Justicia Mexicana

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A inicios de los años 60s, el activista y premio Nobel de la Paz, Martin Luther King, dijo que “la injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todas partes”, esto me parece íntimamente ligado con uno de los grandes pendientes en nuestro país: el acceso a la justicia y la impunidad. En ese sentido y ante la relevancia del fenómeno, la organización México Evalúa publicó los hallazgos 2019 del seguimiento y evaluación del sistema de justicia penal en México. 

Dicho estudio resulta fundamental para saber cuales son los retrocesos o avances en la consolidación del sistema de justicia penal acusatorio y adversarial o llamados comúnmente como “Juicios Orales”. Ello tiene como origen una reforma constitucional en el año 2008 que tenía el objetivo de transformar profundamente los principios, procesos, operadores y prácticas del sistema penal mexicano, para establecer uno que disminuya los altos estándares de impunidad y violaciones a derechos humanos tanto de víctimas como de acusados y procesados. 

Del mencionado estudio, resalta que en 2019 afirma que existe un rezago a nivel nacional en la consolidación de este sistema de justicia penal, ya que de los datos recabados en cada entidad federativa, ninguna pudo alcanzar los estándares mínimo para el cumplimiento de dicha reforma y el objetivo o intención de este modelo judicial. Me parece fundamental que el principal indicador que este estudio utiliza son los índices de impunidad, ya que esta ausencia de actos de investigación y una incapacidad del Estado en resolver los máximos conflictos en una sociedad, que generan diversas violaciones a derechos humanos. Cabe mencionar que la media nacional del índice de impunidad en 2019 fue de un 92.4%, uno de los mayores de continente en términos comparativos, reflejando la gravedad del problema así como el fracaso rotundo de este nuevo sistema penal. 

Un dato preocupante fue la reducción del presupuesto en el sistema de procuración de justicia en 2019 asignado a las entidades federativas que de $172,036,947,408.02 pesos, el cual tuvo una disminución del 15% respecto al año pasado, lo cual generó que las instituciones no puedan contar con los recursos suficientes para alcanzar las metas, si bien, el estudio hace énfasis en que un presupuesto no garantiza el éxito, también se plasma que estos recursos deben ir orientados a obtener mejores resultados a través de un ejercicio racional. Este problema también se repite en los presupuestos de los poderes judiciales y las comisiones estatales de atención a víctimas. 

Un retroceso grave fue el sentido garantista sobre la prisión preventiva, ya que  debe ser vista como una medida extraordinaria que no debe violar la presunción de inocencia, sin embargo, en el Diario Oficial de la Federación el 12 de abril de 2019 se publicó la reforma al artículo 19 constitucional con la cual se anexaron 10 delitos graves más para la prisión preventiva, ello como una supuesta respuesta, sin embargo, aumentar el catálogo de delitos graves no está ligado al mejoramiento del sistema de justicia y sólo concibe la prisión ante la falta de una política de paz, justicia y prevención del delito. Esto genera que existan enormes cargas de trabajo, como bien plasma el estudio, por cada defensor, el promedio nacional fueron 163 asuntos, y en asesor jurídico son 95 asuntos por cada uno, lo que tiene como consecuencia tasas elevadas de carpetas de investigación saturaras con el 44.5% en promedio que no tienen respuesta. 

También hay que señalar las llamadas “señales de esperanza” mencionadas en dicho informe, ya que al momento de la detención de una persona, sólo el 27.9% fueron calificadas como ilegales, que en comparación con el año anterior, presupone una tendencia de avance en este rubro. De la misma manera, los estados han hecho mayor de uso de la justicia alternativa, como la mediación para arreglar un asunto entre las partes y no tener que llegar a un juicio. Otro dato esperanzador esta la duración promedio de un proceso penal, ya que en promedio nacional es de 291 días para una persona imputada, lo cual a diferencia del anterior sistema resulta un avance significativo. 

Sin duda estos datos invitan a tomar medidas urgentes, ya que los niveles de impunidad son más que cifras y son vidas de millones de personas en nuestro país a la espera del derecho a la verdad, a la certeza jurídica, a que se respeten sus derechos humanos, y términos generales, a una justicia efectiva y no sólo simulaciones. Más allá de reformas, necesitamos cambiar las malas prácticas de los operadores del sistema de justicia penal para que sus actos atiendan cabalmente a la ley y el reconocimiento de los derechos que se ven involucrados en este tipo de asuntos. Urgen estrategias locales y coordinación entre los estados para compartir prácticas exitosas con el ánimo de compartir con otras entidades federativas, conformando redes exitosas para mejorar y consolidar nuestro sistema de justicia penal. También los poderes legislativos deben frenar esta corriente política de engrosar los códigos penales y catálogos de delitos graves de manera innecesaria, esto sólo nos deja ver la ausencia de una política criminal real que atienda a los orígenes y prevención del delito, así como políticas públicas para reducir la impunidad y garantizar el acceso a la justicia. No podemos dejar que el tiempo siga corriendo, dejando pasar miles de crímenes en la total impunidad, porque la injusticia en México parece la regla. 

¿Cómo se atreven?: Greta Thunberg

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Mucho se ha comentado esta semana sobre la intervención de Greta Thunberg en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas. Justo después de su discurso, las críticas se acentuaron y los elogios se vieron diluidos entre tanto cuestionamiento. ¿A qué se debe este cambio?

La activista Greta Thunberg cuenta con una serie de premios y reconocimientos de entre los cuales figura incluso un doctorado honoris causa. Thunberg, que comenzó sus protestas en favor de la acción contra el cambio climático hace un año frente a su escuela, se volvió todavía más famosa al aceptar la invitación de las Naciones Unidas para participar en la Cumbre de 2019, realizando un viaje transatlántico en velero y que tardó dos semanas. 

A su llegada en EEUU fue recibida con mucho cariño y ha atendido a los medios de comunicación en múltiples ocasiones e incluso fue a un talkshow al más puro estilo de las celebridades. En sus intervenciones siempre anteponía la causa y agradecía a todos los participantes. En la protesta global del pasado viernes 20 de septiembre, Thunberg se planteó no hablar en público y trató de pasar desapercibida, lo que obviamente resultó imposible. 

Si hasta ahora había sabido mantener su imagen distanciada de las críticas, ¿por qué pareciera ser como si hubiera más gente que cuestiona su legitimidad como activista? Por un descuido en su comunicación y una negligencia de los medios.

Al inicio de su discurso, alude a situaciones netamente personales que contrasta con todo lo que venía haciendo. Y peor aún: tuvo la mala fortuna de que este fuera el clip que los medios decidieron hacer viral. “No debería estar aquí. Debería estar en la escuela al otro lado del océano […] (los políticos) se robaron mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías”.

Mi generación (millennials) y los centennials creemos en el activismo. Creemos en las causas justas y en que nuestras acciones tienen un impacto multiplicador, lo cual es muy positivo, por supuesto, pero también nos gusta la gratificación y el reconocimiento.

Algunos de los movimientos sociales y revoluciones más importantes del siglo XX tuvieron a un único líder a la cabeza: Gandhi, Martin Luther King, Fidel Castro. Desde la imagen del líder se desprendía todo el movimiento. Al líder no se le cuestionaba nada, se le mitificaba y sólo se le seguía. Todo esto suena muy “viejo” y la modernidad y el siglo XXI no son así. ¿Quién es la líder del movimiento #MeToo? ¿Quién lidera la defensa de los derechos de la comunidad LGBT? ¿Y qué hay de los derechos de los animales y el veganismo? Todo colectivos, todo grupos; ninguno con liderazgos unipersonales.

Quienes (muy pobremente, cabe recalcar) critican a Thunberg, lo hacen aludiendo a que tiene privilegios por ser una chica blanca, originaria de un país desarrollado e hija de artistas bohemios. Intentan minimizar sus logros mostrando una imagen de ella en un tren comiendo alimentos empacados en plástico o llamándola “un producto del ecocapitalismo y las corporaciones” que “amenaza la diversidad e invisibiliza las acciones de los verdaderos activistas”.

¿Y si nos olvidamos de lo personal y regresamos a lo verdaderamente importante? La lucha contra el cambio climático es un tema que gracias a ella se instalando en las agendas de los partidos políticos a nivel mundial. Qué más da si es sueca, japonesa o mexicana. Qué más da si tiene 16, 30 o 50 años. Yo prefiero verla como alguien que inspira a millones, que mueve la consciencia del mundo y que demuestra que el activismo transversal.

“La gente está sufriendo. La gente está muriendo. Ecosistemas completos están colapsando. Estamos al comienzo de una extinción masiva y de lo único que pueden hablar es del dinero y cuentos de hadas de eterno crecimiento económico. ¡Cómo se atreven!”. Esto es lo que hay que escuchar.

#HojaDeRuta: “Una epidemia de violencia”

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Como chispa sobre la yesca, la furia se propaga: ¿cómo es posible que aquí, en la ciudad desarrollada y orgullosa, sea asesinada sin piedad una niña de ocho años? Hierve la sangre, pero como el agua para café, la ebullición cesa cuando se apaga la llama. El vapor se disipa, el coraje deja de burbujear. Todo volverá a la normalidad cuando el calor se haya ido.

Pero ¿qué es la normalidad hoy? Durante los días negros de 2010-2011, cuando ningún abanico bastaba para domar el calor, dormíamos a ventanas abiertas para robarle al aire nocturno un poco de alivio. A lo lejos, cuando menos un par de veces por semana, se escuchaban los estruendos. A los truenos que anunciaban las lluvias de mayo hubo que sumar los que anunciaban las lluvias de plomo.

En este país son asesinadas siete mujeres diarias. Siete. Entre la rutina del despertador, trabajo, cena y serie de Netflix, cayeron más muertas. “Se me fue rapidísimo la semana”, decimos a veces. En ese tiempo, se nos fueron 49 mexicanas cuya vida fue extinguida por el hecho de ser mujeres.

2017 registró 29 mil asesinatos en el país. Más que cualquier otro año en la historia reciente. Tratando de anclarnos a la sensatez, resulta adecuado decir que México vive una epidemia de violencia. Consideré con cuidado la palabra y sus dos significados oficiales: 1. Enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas. 2. Mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada. La definición encaja.

Al enorme riesgo que implica normalizar la violencia, habría que aunar otro: la justificación para ejercer aún más violencia. Si el hombre es el lobo del hombre (y evidentemente, de la mujer), entonces la respuesta está en la ferocidad: el más brutal habrá de ganar la partida. Así se ha justificado pisotear los derechos humanos “en nombre” de la seguridad. Así se escuchan y leen voces que entienden la justicia como un acto de venganza: “Hay que lincharlo”, “es un animal”, “deberíamos matarlo”, “no merece vivir”, “que lo torturen primero”.

¿Y muerto el perro se acabó la rabia? Por más cuerpos que cubren al país, la rabia no hace más que crecer.

Una sociedad pobre, desigual e injusta que genera desesperados y psicópatas, resuelve que la mejor manera de lidiar con el criminal es la vejación, y ultimadamente, su aniquilación, sin cuestionar las circunstancias que le orillaron a la criminalidad, a la alteración patológica de su conducta social.

¿En qué momento nos hemos detenido a pensar no solo qué hacer con la violencia, sino qué ha hecho la violencia con nosotros? ¿Quiénes somos después de niñas y niños asesinados, otros niños disparando a sus compañeros de clase, mujeres quemadas y apuñaladas, estudiantes acribillados, cuerpos colgados de puentes, cuerpos que ardieron vivos? No somos los mismos, no podríamos serlo.

Martin Luther King decía que “la violencia como vía para lograr justicia racial es tanto impráctica como inmoral. No soy ajeno al hecho de que la violencia a menudo produce resultados momentáneos. Frecuentemente, naciones han ganado su independencia en batalla. Pero a pesar de victorias temporales, la violencia nunca trae consigo paz permanente”.

Vista desde el aire, la violencia se puede disfrazarse de orden e involuntario arte abstracto. Jorge Taboada, arquitecto mexicano, comenzó a retratar fraccionamientos de interés social en sobrevuelos. Las imágenes revelaban una simetría impactante, de pronto parecen una composición digna de Escher o Mondrian. Dibujan una estética casi surreal, una belleza involuntaria.

Pero a ras del suelo la realidad estruja: pequeñísimas casas de 30 metros cuadrados donde se aprietan familias enteras. Caldos de cultivo para más violencia: hacinamiento, calor, lejanía. Una de estas cápsulas fue cateada ayer en búsqueda del presunto asesino de Ana Lizbeth. Era mujer, era niña, era pobre. Todas las piedras del mundo sobre su espalda. 

Los estudios de movilidad social del Centro Espinosa Yglesias son contundentes: en este país, si naciste pobre, lo más probable es que así te mueras. El abominable crimen de Ana Lizbeth no puede quedar impune, pero ella no será la última niña a la que se le apaga la vida si esta epidemia continúa, si no se atacan las causas que la generan, desde una economía que funciona para un puñado de privilegiados y no para las mayorías, hasta las violencias machistas que destruyen.

Sartre escribió que la violencia, sin importar la forma en que se manifieste, es un fracaso. Hasta ahora, en este país y en esta ciudad, el fracaso ha sido rotundo.

Donald Trump visita al Papa Francisco

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El día de ayer, Trump continuó su primer gira internacional y su siguiente parada fue Roma, donde lo recibió el Papa Francisco en el Vaticano.

A las 8:20 am de este miércoles Donald Trump junto con Melania, su hija Ivanka y su yerno Jared Kusnher, fueron recibidos por el Pontífice.

Esta reunión tuvo lugar después de que a lo largo de la campaña de Trump y una vez que se volvió el presidente de los Estados Unidos, ambos han tenido divergencias, e incluso el Papa llego a cuestionar la cristiandad del mandatario.

A pesar de que la reunión fue un éxito, la tensión estaba presente entre ambos, en gran parte por las diferencias de opinión que han tenido sobre el cambio climático y la aceptación de los migrantes.

El Papa le sugirió a Trump que hablasen en privado, por lo que fueron a la biblioteca papal, acompañados solamente por un traductor, donde tuvieron una conversación de 29 minutos.

Siguiendo la tradición, Trump y el Papa intercambiaron regalos, el presidente estadounidense le dio una caja con libros de Martin Luther King, mientras que el Papa le entregó los documentos que ha escrito, entre ellos la encíclica Laudato si, donde habla extensivamente sobre el cuidado al medio ambiente.

El papa también le dio al mandatario una medalla con una grabación de una rama de oliva, y el Pontifice agregó dirigiendose a Trump que esta era un símbolo de paz y se la otorgaba para que él fuera un instrumento de paz también.

Al finalizar el encuentro, Trump se encontró con otros personajes importantes de la iglesia católica entre ellos el cardenal Pietro Parolin y Paul Gallagher el secretario para las Relaciones con los Estados.

 

 

Bernie Sanders: El hombre que quiso ser Presidente

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Hace un año aproximadamente, en medio de la controversia desatada tras las declaraciones xenofóbicas del (en ese entonces) pre-candidato a la presidencia del partido republicano, Donald Trump, tanto los estadounidenses, como las personas de otros países al tanto del proceso rumbo a las primarias de Estados Unidos, fuimos testigos de la creciente popularidad de un hombre que, prácticamente fungía como la antítesis del ahora candidato presidencial republicano; me refiero a Bernie Sanders.

Político independiente desde el 79 hasta el 2015, activista en su juventud y testigo del legendario discurso de Martin Luther King Jr.I have a Dream”, Sanders optó por competir por la candidatura presidencial del partido demócrata, teniendo por consecuente, a Hillary Clinton y Martin O’ Malley, como sus rivales.

A lo largo de su campaña por la nominación demócrata, se pudo observar en Sanders, una clase de político que no se había apreciado desde hace tiempo; gracias a los discursos temerarios, a los mensajes incluyentes hacía las minorías del país, así como las propuestas contrarias al tradicional capitalismo feroz que impera en su nación, el pre candidato demócrata comenzó a ganar una simpatía descomunal para un político que abiertamente se considerara “socialista”.

Asimismo, dentro de los debates con Hillary, cada televidente y espectador directo del mismo pudimos observar la capacidad de Bernie al momento de defender sus ideales frente a la esposa del expresidente Bill Clinton.

Dentro de este tiempo que Sanders luchó por la candidatura presidencial del partido demócrata (y estoy seguro que más de uno concordará conmigo) pudimos apreciar lo que es un político verdadero, pues en medio de la siempre política exterior intervencionista de EUA, vimos a un hombre cuestionándose dicha costumbre; en medio de situarse en un país donde lo privado supera enormemente lo público, vimos a un hombre defender la idea de apostar por un sistema de salud público, así como la implementación de universidades de la misma naturaleza.

Cualquiera que pudiera apreciar el sistema económico y político estadounidense, no encontraría otra palabra mejor para calificar a Sanders que, “rebelde”. O bien, ¿de qué otra forma se le puede decir a un hombre que defiende sus ideales en un país donde dominan los de carácter opuesto? ¿Qué otra palabra puede ser usada para definir al individuo que se atreve a plantar cara a las ya añejadas costumbres políticas del sistema de su gobierno?

Como mencionaba el filósofo Albert Camus, el hombre rebelde es aquel que da un sí y un no, aquel que, después de atestiguar las injusticias de su época, se decide a cambiar su realidad por medio del combate por la transformación de la misma.

Es eso mismo lo que define a Sanders, y es también ese el motivo de las protestas que se han dado luego de anunciar su apoyo a Clinton, pues un hombre rebelde no puede darse el lujo de dar soporte a políticos como la antes mencionada, aun cuando se esté enfrente de la concepción física del racismo (Trump).

Confío en que Sanders retomará el rumbo, y nos seguirá dando catedra de lo que es un verdadero político que se preocupa por su pueblo y que no cae en los males que han aquejado a Estados Unidos desde su fundación, como lo es el racismo y el vicio a ser el “policía del mundo”.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Cuando se justifica el odiar

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El pasado domingo nos despertamos con una horrible noticia, Omar Siddique Mateen, decidió acabar con la vida de al menos 50 personas, y dejar heridas a otras 53, en un club nocturno de Orlando, Florida. Lamentablemente ha quedado registrado en la memoria y la historia como el peor tiroteo múltiple en Estados Unidos.

¿La razón? Aún no se ha podido aclarar. El Presidente Barack Obama manifestó que se trato de un “acto terrorista y de odio”, el Estado Islámico se atribuyó el hecho, y la comunidad LGBTI, protestó que era un crimen innegable de odio por homofobia. Yo pienso que, claro que es un crimen de odio por homofobia específicamente por la comunidad que se decidió atacar, así como terrorista por las secuelas y consecuencias que dejó a su paso.

Creo que después de leer un poco, conocer otro tanto y debatir hasta el cansancio, he descubierto: lo que nos ha matado como sociedad y humanidad, es querer imponer nuestras ideas sobre las de los demás; “lo que a mi me enseñaron es lo correcto”, suelen decir, pero nunca cuestionar. Es cierto, cada persona tendrá sus ideologías, creencias, costumbres, tradiciones, en fin su propia forma de ver el mundo. Pero es no nos exime de la responsabilidad de observar y ser empáticos con el mundo de los demás.

Descubrir que existen otras cosas además de nuestro contexto y situación.

Creo que después de leer un poco, conocer otro tanto y debatir hasta el cansancio, he descubierto: lo que nos ha matado como sociedad y humanidad, es querer imponer nuestras ideas sobre las de los demás; “lo que a mi me enseñaron es lo correcto”, suelen decir, pero nunca cuestionar.

La homofobia y transfobia, son una realidad, puede ser cierto, que muchas personas por más que estén en desacuerdo con algo o alguien, no llegan a materializar su odio tratando de acabar a un grupo social, ¿pero qué pasa con los que si?.

En la historia, la discriminación, ha dejado centenares de cuerpos tirados, a miles de familias destrozadas y a grupos sociales destruidos. En nuestras clases de historia, nos enseñaron a condenar los actos reprochables e inhumanos de Hitler en la Alemania Nazi, hacía los judíos; sentenciar la historia de represión, discriminación y racismo con las personas afrodescendientes en Estados Unidos; recordar los años del apartheid como uno de los peores episodios, y a indignarnos por la denegación de los derechos civiles y políticos de las mujeres. Basándose, en el terrible daño que nos había hecho como humanidad, y sobre todo recalcando el valor y la dignidad que tiene cada persona. Pero ahora digo yo, ¿cuándo nos enseñaran qué no respetar las diferencias y el amor sin importar el género, también nos destruye como sociedad?.

En la historia, la discriminación, ha dejado centenares de cuerpos tirados, a miles de familias destrozadas y a grupos sociales destruidos.

¿En qué momento vamos aprender que odiar esta mal? y ¿hasta cuándo vamos a dejar de justificar el odio? Hoy por hoy, existen una infinidad de grupos que han decidido oponerse al matrimonio homosexual, a la adopción, y sobre todo han realizado actos tajantes a la segregación e invisibilización de la comunidad LGBTI, tachándola de antinatural, rara, y en algunas ocasiones señalándola como “gente chiflada”. ¿Cómo se sentirían si les prohibieran el amor y la felicidad?

Ustedes se preguntaran ¿qué tiene que ver la matanza del domingo pasado con el matrimonio y la adopción? Pues yo creo que todo tiene conexión, el no reconocer derechos fundamentales a un grupo de la sociedad, los deja apartados de la misma y además los coloca inmediatamente en una situación de discriminación ante los demás. Los grupos opositores infunden y generan odio, alegan y defienden una supuesta normalidad. Me tocó leer opiniones en donde manifiestan: “lamentamos muchísimo la muerte de las personas en el bar y todo acto de violencia”, sin embargo, en ningún momento se aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni las conductas sexuales, pues son tachadas de desviadas y antinaturales. Determinar que una persona es anormal, el negarle ser feliz, simplemente por no ser igual a ti, ¿eso no es el primer paso para crear e infundir odio?

Ustedes se preguntaran ¿qué tiene que ver la matanza del domingo pasado con el matrimonio y la adopción? Pues yo creo que todo tiene conexión, el no reconocer derechos fundamentales a un grupo de la sociedad, los deja apartados de la misma y además los coloca inmediatamente en una situación de discriminación ante los demás.

Algunas veces las formas más simples de discriminación terminan siendo las más profundas y mortales, sino recordemos las palabras de la profesora Erin Gruwell cuando describió el dibujo de uno de sus alumnos, en el cual se burlaba de un compañero por sus facciones raciales: “Una vez vi una foto como esta en un museo. Sólo que no era un hombre negro, era un judío. Y en lugar de grandes labios tenía una gran nariz, al igual que un rata. Pero no era un dibujo en particular, sino representaba a todos los judíos. Tú te haces cargo de tus barrios, ellos se hicieron cargo de los países ¿cómo? Simplemente exterminaron a los demás. Realizaron pruebas científicas en donde demostraban que los judíos y los negros eran más como animales, y como eran animales no importa si vivían y morían. De hecho, la vida sería mucho mejor si todos estaban muertos. Así fue como sucedió el holocausto.

A veces se puede llegar a creer que un dibujo no pasará a mayores consecuencias, el lenguaje despectivo y ofensivo que utilizamos, la denegación de ciertos derechos, pero no se percatan del mensaje que le están enviando a la sociedad. Cuando se está en contra de la violencia y discriminación, es en todas sus formas y presentaciones, aplica para toda las personas, sin antes pensar en su género, orientación o preferencia sexual. En vez de buscar que prevalezcan nuestras ideologías, debemos abrir la puerta a la diversidad y la oportunidad de que ambas puedan coexistir. Tenemos que dejar de buscar excusas para odiar y apartar, ya es hora de reconocer la humanidad en todos las personas.

Cuando se está en contra de la violencia y discriminación, es en todas sus formas y presentaciones, aplica para toda las personas, sin antes pensar en su género, orientación o preferencia sexual.

Alguna vez se creyó que los judíos, los afrodescendiente y las mujeres, no se les debía reconocer sus derechos, no los merecían, no eran normales, no eran personas. ¿Si los reconoces después qué van a querer?, argumentaban.

Seamos como Martin Luther King, y decidamos seguir al amor, ya que el odio es una carga demasiado pesada que soportar.

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