Corrupción, impunidad e inseguridad: el legado de Peña Nieto

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Ante la proximidad del relevo presidencial, resulta necesario dar un recuento general de lo que fue el sexenio de Enrique Peña Nieto a partir de tres ejes centrales: político, económico y social. 

En términos políticos, Peña Nieto apareció en un principio como un gran negociador; como un pragmático que para los primeros años de su sexenio ya tenía avalado un paquete de reformas estructurales en distintos rubros. 

En un sentido bonapartista, fue capaz de posicionarse por arriba de los conflictos partidistas de antaño y pactar con las fuerzas de ambos polos del espectro político. 

Las reformas representaban la continuación del proyecto de desarrollo económico emprendido en la década de los ochenta: la integración mexicana en el sistema económico mundial a partir de su apertura comercial y su liberación financiera. 

Si las reformas de primera generación se concentraron en reducir el manejo de los instrumentos de producción por parte del Estado, bajo el apotegma la iniciativa privada es más eficiente que el gobierno, las reformas de segunda generación buscaron crear las instituciones que permitieran el óptimo despliegue de las fuerzas del mercado -reformas laboral, en telecomunicaciones y en competencia económica- y el aumento de la productividad, lo que se traduce en un aumento en el salario real de los trabajadores -reforma educativa. 

Empero, si se puede aplaudir su capacidad negociadora, la implementación de dichas reformas es lamentable. Una modificación a la Constitución no se traduce mecánicamente a una transformación de la realidad social. Por el contrario, hace falta desplegar mecanismos políticos e institucionales para verlas materializadas. 

A ello, sumemos los casos de corrupción de la Casa Blanca, Malinalco, la estafa maestra, Odebrecht y el ramo 23. Estos sin duda son indignantes, pero más el intento de burlarse de la población mexicana al designar a un subordinado que investigara el posible conflicto de interés en los primeros dos casos. 

En el aspecto económico, el saldo no parece claro si matizamos. Por un lado, es cierto que aunque el crecimiento económico fue sostenido (2.5 por ciento anual en lo primeros cinco años de su administración), éste resulta insuficiente para comenzar a revertir los problemas de pobreza y desigualdad. 

Por otro lado, hasta marzo de este año la divisa mexicana se había depreciado 30.2 por ciento; cifra significativa, sin embargo, la pérdida del poder adquisitivo del peso se debió principalmente por factores externos -la elección presidencial de Trump, la renegociación del TLCAN, la caída del precio del petróleo, etc.- y no por distorsiones internas. 

En cuanto a la inflación, el promedio anual de este sexenio (4.1 por ciento en los primeros cinco años) ha sido la más baja desde los últimos ocho sexenios. Empero, como señala Jonathan Heath en su columna del miércoles en el periódico Reforma, ello es mérito del Banco de México más que del gobierno federal. 

Por último, en términos de cuenta corriente, entre 2013 y 2018 el país tuvo un déficit comercial de 2.21 por ciento, cifra significativa sobre todo si consideramos la estructura de dicho balance -superavitario frente a Estados Unidos y Canadá y deficitario frente países asiáticos. 

En términos macroeconómicos, la economía mexicana parece encontrarse relativamente estable, más si la comparamos con otras economías emergentes como Turquía, Argentina y Brasil. 

Finalmente, en cuanto al aspecto social no existe la menor duda de que el sexenio de Peña Nieto fue infame. Principalmente por dos cuestiones: Ayotzinapa y la violencia. 

En el primer caso, el uso del Ejército y la Policía Federal y estatal para el levantamiento y el posible asesinato de estudiantes recuerda el viejo autoritarismo represor de los años sesenta y setenta.

En el segundo caso, Peña Nieto decidió continuar la guerra contra el crimen organizada que empezó Calderón. Sin ningún análisis previo y sin contemplar enfoques alternativos, el gobierno mantuvo a las fuerzas armadas en las calles, priorizando el combate frontal como única estrategia. Ante ello, se extiende uno de los periodos más sombríos de la historia reciente del país y se agrava la descomposición del tejido social. 

Aunque existan algunos aspectos que rescatar, el periodo de Enrique Peña Nieto será recordado como el sexenio de la corrupción, la impunidad y la inseguridad.   

SISTEMA ESTATAL ANTICORRUPCIÓN

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Los fracasos del gobierno de Enrique Peña Nieto han logrado hacer consenso nacional sobre la urgencia de erradicar la corrupción y de eliminar la impunidad que es su principal soporte. Tan es así que antes de tomar posesión, él mismo anunciaba un Sistema Nacional Anticorrupción, para desactivar sus antecedentes de gobernador corrupto.

Tardó más de tres años, necesitó los escándalos de la casa blanca de la Gaviota y de la de Malinalco de Luis Videgaray, la amenaza de escándalo internacional del tren rápido a Querétaro, para finalmente darle luz verde al PAN para presentar una propuesta.

¿Era lo más adecuado pedirle al PAN, cómplice de múltiples asaltos a la moral y al erario federal, ser el portavoz del combate a la corrupción? Probablemente no. Por esto salió un Sistema Nacional Anticorrupción descolorido, sin dientes y que no asusta a ningún político medianamente capacitado en asuntos de corrupción.

Los estados deben por mandato constitucional, elaborar un Sistema Estatal Anticorrupción, “equivalente” al Nacional. Pero en Nuevo León, después de los atracos de la familia Medina y de sus amigos de los cuales varios están todavía en posición de saquear las finanzas públicas, después de un cobijagate que reveló la falta de compromiso del nuevo gobierno contra la corrupción, la Sociedad Civil se levantó en armas legales y decidió acompañar de muy cerca la elaboración del Sistema Estatal Anticorrupción.

Esto dio nacimiento a la Coalición Anticorrupción, agrupación de ONG’s, de diferentes asociaciones enfocadas al combate a la corrupción y de un buen número de individuos comprometidos a contribuir a título personal en la elaboración de un Sistema Estatal Anticorrupción bastante más sólido que la copia pálida que nació en San Lázaro.




6 meses de trabajo constante, con innumerables reuniones, con mucha paciencia, con algo de creatividad y mucha comprensión mutua, permitieron demostrar que la democracia participativa es posible cuando existe fe, particularmente buena fe, suficiente confianza, dedicación y profesionalismo de los dos lados.

Las reformas constitucionales que permitirán el nacimiento del Sistema Estatal Anticorrupción que aprobaron las Comisiones unidas de Puntos Constitucionales y de Asuntos Legislativos el día de martes en el HCNL, incluyen muchos elementos que la harán la base para diseñar el mejor Sistema Estatal Anticorrupción del país.




Falta todavía concretar la tarea con una labor titanesca de corrección y adaptación de siete leyes, que van desde la creación de la Ley del Sistema Estatal Anticorrupción, hasta las reformas al Código Penal, a la Ley de Fiscalización y la del Servicio Público y a otras tantas.

¿Se podrá realmente combatir la corrupción desde la Ley y la erradicación de la impunidad? La apuesta es muy alta. El compromiso ciudadano irrenunciable. En juego, se encuentra el deseo de restablecer una sociedad que tenga fe en si misma, en la cual el político haga política para contribuir al bien común y no para su provecho personal.

En juego, se encuentra el deseo de cambiar un sistema político fallido, pero sin violencia, en base a la Ley y a la Justicia.

¿Será posible? Sí, si todos colaboramos con nuestro granito de arena y mostramos que la Sociedad dispone de la voluntad y de los argumentos suficientes para construir un país mejor para todos.
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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Hacerse güey también cansa

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Amigas, estoy muy contenta porque regresó a casa nuestro neoliberal favorito, Luisito Videgaray. ¡Sí, nuestro querido hombre de Malinalco está de vuelta! Me da mucho uusto porque estaba muy desaprovechado vagando por ahí, es un hombre de familia y esa mansión de Malinalco no se paga sola, amigas.

Ustedes porque no han salido de San Agustín ya creen tenerlo todo y no es así, este hombre ya ha conseguido casi todo lo que un político mexicano pudiera soñar, pero no todo ha sido miel sobre hojuelas…




Después de la sacudida que le dieron de la SHCP se hablaba de la caída política de Luisito, ya lo hacían viviendo debajo del Periférico o hablando de política en algún programa nocturno de opinión y análisis que nadie ve…

Amigas, hacerse güey también cansa. Mientras no tuvo jale, Luisito, aprovechó para prepararse, aprendió a cortar el césped de su castillo personal, contar chistes en el Zócalo por algunas monedas y así mejorar sus habilidades interpersonales, hasta otomí aprendió mientras junto con la nana cuidaba a sus hijos… pero Luisito estaba para más, mínimo de maestro de inglés para el Primer Copete de la República.

Luisito estaba viendo muy a gusto su programa Sabadazo cuando le llegó la llamada del teléfono rojo para presentarse al día siguiente a trabajar.

De ahí que haya salido con esa barba a medio rasurar y diciendo que él venía a aprender, seguro que no sabía ni a que puesto lo habían llamado, Relaciones Exteriores, Sagarpa, Fundación Colosio… lo que sea es bueno, a quién le importa.

No faltan esos resentidos hijos del lopezportillismo y esos imberbes millennials que aun traen la leche en los bigotes que me lo acusan de ser oscuro, corrupto, gris, tecnócrata, neoliberal y derechoso.

¿A quién querían? Las únicas opciones eran Luisito y Mario “el Chueco” Villanueva, que en sus años en el bote gringo ya aprendió inglés. Estos millennials aparte de gueyes, ilusos… esto es México, si no nos gustara tanto la improvisación política, seríamos suizos…

No queridos, Luisito aparte de ser egresado del MIT tiene el Whatsapp del cabeza de queso Oaxaca que todos sabemos quién es y eso ni Obama.

Luisito es brillante, abusadillo, nadie sabe y quizás nadie sabrá que negoció con Trump para hacer aquella famosa visita.

Aun así, estoy segura que Luisito aplicando la vieja confiable del folclor priista tan divertido le prometió a don Trump, lavadores de coche, cocineras, jardineros, boleros, franeleros para la Casa Blanca, tortillitas recién salidas del nixtamal 24/7 y sus quesadillitas de huitlacoche light para doña Ivanka y doña Melania.




Caray, si paisanos sobran para hacer esos trabajos y la filosofía lopezportillista inventó más castas y tipos de servidumbre que ni los de House of Cards imaginan.

Grande Luisito, en mi tienes una amiga y las chicas del té canasta de la Nati siempre estaremos contigo.

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Dimes y Diretes: “Siguen con las mismas”

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Ayer durante la reunión del Consejo Político Nacional de PRI, el tema principal, para sorpresa de muy pocos, fue la corrupción. Según palabras de Enrique “Henry Monster” Peña Nieto, en el PRI no hay espacio para la corrupción, y que quien sea corrupto debe de salirse del partido, pues no va con los ideales del mismo.

Muy bonitas las palabras, pero a la mera hora el Consejo Político Nacional fue renovado con personajes de muy, muy dudosa reputación.

Empezamos con el ex gobernador de Coahuila y ex Presidente Nacional del PRI, Humberto Moreira. Aunque se sabe que este señor endeudo a su estado y que claro, su hermano, Rubén Moreira, está haciendo lo mismo, el PRI ha decidido dejarlo en el CPN del partido.

 




Por otro lado, también han puesto al senador Emilio Gamboa, el mismo que aterrizó un helicóptero en una reserva natural protegida en Yucatán, y que después del escandalazo, se habló mucho sobre los contratos y privilegios, que le dio el senador, a un amigo suyo que es empresario.

No podría faltar en el CNP, personajes del gabinete presidencial. Aurelio “Ler” Nuño fue integrado al CNP, uniéndose de esta manera a la lista de nombres de funcionarios que tienen al partido muy metido en la sangre, pues del gabinete también están: Osorio “El Chino” Chong, Alfonso Navarrete, y claro el ex Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

 




Que, por cierto, también ha sido cuestionado por posibles actos de corrupción, no olvidemos la casa que tiene el ex secretario en Malinalco, Estado de México, misma que le regalo Grupo Higa, a cambio de unos buenos contratitos.

Por último, Roberto Madrazo permanecerá en el CNP, pero al igual que todos los anteriores tiene su historia oscura, no olvidemos que fue descalificado de un Maratón en Berlín después de hacer trampa.

Ahora imagínense, que con esta súper planilla, el PRI busca que los ciudadanos volvamos a confiar en ellos. ¡Háganme el mentado favor! Definitvamente no aprenden, hablan de combatir la corrupción pero su CNP está formado por gente que tiene dudosa reputación, hablan de que el partido no acepta corruptos, pero dejaron ir a Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge, ¿dónde están? Nadie sabe. Nuevamente tienen toda la intención de verle la cara a la ciudadanía, y simular una lucha contra la corrupción, ¡no manchen!

Ahí Se Leen.

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