El contenido y la forma en el quehacer político

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En múltiples aspectos de la vida social se ha priorizado la forma sobre el contenido, lo formal sobre lo material. En filosofía, Kant generó una revolución epistemológica: el entendimiento se fundamenta en categorías apriorísticas que le otorgan forma a las percepciones. Asimismo, la moralidad kantiana no es otra cosa que un receptáculo que moldea las circunstancias concretas para transformarlas en leyes morales.

El derecho moderno, resultado de un largo proceso histórico, fomenta el procedimiento y demerita el contenido: la validez de la creación de una ley se sustenta en el estricto seguimiento de un proceso determinado previamente. Al derecho no le interesa el contenido de una ley -siempre y cuando no atente contra una ley jerárquicamente superior-, sino el fiel cumplimiento del procedimiento.

Para una rama de la teoría económica ortodoxa, existe una estructura general y a-histórica que rige la acción de los agentes económicos. Sin importar qué bien se consuma o en qué circunstancia se encuentre el agente, siempre obtendrá una menor utilidad de la segunda unidad consumida con respecto a la primera. Por lo cual, estará dispuesto a pagar un precio más alto por la primera que por la segunda. 

El mismo método científico no es más que un envase en el cual se vierte algún fenómeno de la realidad, y si adquiere la forma del envase, es decir, si cumple con cada requisito, al conocimiento producido se le otorga el vanagloriado término de científico.

El amor por la forma no es exclusivo de la racionalización de la vida social que se dio en la modernidad, sino que proviene desde sociedades tradicionales. La misma religión católica se fundamenta en los ritos, los cuales no son otra cosa que el cumplimiento de prácticas previamente establecidas para la consecución de un fin. En el sacramento de la Eucaristía, la transubstanciación -convertir el pan y el vino en cuerpo y sangre de Jesucristo- no se concreta sin toda la estructura de ritos que le precede.

El carácter formal de algunos elementos de la vida social son comprensibles y hasta deseables: la gran contribución del derecho moderno es que es auto-determinante, es decir, que contempla en sí mismo el mecanismo a partir del cual es capaz de modificarse sin la necesidad de recurrir a otros elementos, como lo económico o lo político.

Sin embargo, existen otras esferas sociales en las cuales es conveniente priorizar el contenido sobre la forma; ese es el caso de la política. En un sistema político de corte democrático, el contenido de las reformas importa más que su dimensión formal, ya que es el contenido el que generará las consecuencias materiales positivas o negativas en la sociedad. 

Hace unas semanas, Jesús Silva-Herzog criticó a López Obrador por priorizar el símbolo por encima de las consecuencias: el cambio debe ser producido y no meramente representado. A ello, yo apuntaría que la forma del quehacer político de AMLO es en sí misma un símbolo. Reconoce que representa una transformación de alcance nacional, por lo cual adquiere un conjunto de modos, formas y maneras de actuar que lo revindiquen como tal. Empero, en ese proceder suyo se olvida del contenido: busca la reconciliación como forma de gobernar sin reparar en lo que implica Bartlett para la democracia mexicana; desea incluir a las masas en la estructura del poder, como es el caso de la consulta popular para la construcción del nuevo aeropuerto sin contemplar la magnitud del proyecto; exige austeridad fiscal como forma de combate a la corrupción dispersando las dependencias gubernamentales sin prever las consecuencias económicas y sociales.  

López Obrador se sabe el líder de un movimiento que marca un hito en la historia política del país, por lo cual reproducirá formas y modos que lo legitimen como la figura del cambio. Empero, debe de reparar en el contenido de su quehacer político y no solamente preocuparse por el aspecto formal, si es que desea ser recordado como tal.

La ciencia y el Brexit

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En estos días hemos visto a todos los politólogos y comunicadores del mundo hablar del famoso Brexit. Bien cita Hector Aguilar Camín en Milenio a Borges diciendo “La democracia es la exageración de la estadística”.

Y cierto es, al final, el peso de unos cuantos decidieron por otros, algo intrínseco de la democracia. Ahora que el resultado ya está y el ultranacionalismo está en boga hay que analizar las lecciones que nos deja.

El primer punto es el abrir el debate sobre el mecanismo de contabilizar los votos en un referéndum de tan alta importancia. El simple hecho de que Inglaterra tenga una mayor población que Irlanda del Norte, Escocia y Gales pone a estos países más pequeños en una posición inferior y aunque si bien es cierto, el voto popular británico fue quien decidió el resultado, no tomó en cuenta que el voto del galés y el inglés no está supeditado a los mismos intereses aún y siendo británicos los dos.

Otra pregunta y quizá la fundamental es conocer el “mindset” del voto. Considero que el tema del Brexit debe verse desde el punto de vista de cada británico y no del que mejor le convenga a México o a determinado país. El ciudadano británico cayó en el discurso populista nacionalista de una Bretaña para los británicos, un discurso aislacionista que en pleno siglo XXI suena arcaico y retrógrada aun y con todas las consecuencias anunciadas que esto pudiera traer según expertos y analistas de todo el mundo.

Sin embargo, respecto a esto, Jesús Silva-Herzog escribe “Los tercos quieren pintar el voto británico como la victoria de los tontos, la imposición de los ignorantes, el triunfo del resentimiento”. En su perspectiva, que me parece válida, nos hace buscar entender el razonamiento del ciudadano común, en un concepto, el rechazo a las élites y a su ciencia. Se votó contra los dominantes, fue un triunfo moral para muchos negando la realidad científica planteada por expertos.

Silva-Herzog sentencia diciendo “El desprestigio de los datos abre la puerta a las peores demagogas”, una verdad contundente que resume esa negación de los datos, ese rechazo a los economistas y su mundo, ese rechazo a los analistas de la burocracia. El apego a la identidad, el nacionalismo, la desconfianza y la inseguridad minaron las conciencias de muchos votantes a tomar tan drástica decisión.

El Brexit constituye el hecho histórico más transcendental en Europa desde la caída del Muro de Berlín. Las consecuencias no me atrevo a pronosticarlas, ni para bien ni para mal, sigo pensando que la ciencia de la economía nos dará el mejor consejo, al menos ella no está sujeta ni a votos ni al gusto de nadie.

Lo dicho, dicho está.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El inmaculado señor López y su Morena de fuego

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En estas elecciones, hemos visto como Morena se ha encumbrado en una fuerza política nacional de consideración con una soberbia exacerbada de que nada ni nadie los detiene. El lopezobradorismo institucionalizado nos recuerda que la política nacional no tiene antídoto contra el populismo retrógrada del siglo pasado.

Hace meses el mesías de Tabasco afirmaba en un acto casi bíblico que “Todo el que está en el PRI, pero se arrepiente de todo lo que hizo mal y decide pasarse a Morena, puede ser perdonado. Al momento que se sale del PRI se limpió”. Luego, uno de sus patiños, Martí Batres pedía a militantes de otros partidos votar por Morena en otro gesto de expiación de pecados.

Hace meses el mesías de Tabasco afirmaba en un acto casi bíblico que “Todo el que está en el PRI, pero se arrepiente de todo lo que hizo mal y decide pasarse a Morena, puede ser perdonado. Al momento que se sale del PRI se limpió”.

Jesús Silva Herzog comenta “El mundo no tiene más eje para el tabasqueño que su dicotomía entre el bien (que él encarna) y la mafia del poder (que representan todos los que se le oponen).”

El que Morena haya sacado resultados tan interesantes en estados como Veracruz y la CDMX nos hace una señal de lo mal que está nuestra izquierda, que se cuelga de tanta retórica se pueda, que desconoce, luego se deslinda y después llama traidor a todo aquel que no comulgue con sus ideas fanáticas.

El que Morena gane posiciones importantes es un grave golpe al avance del país pues es darle voz y voto a fanáticos que de por sí ya tienen spots gratis contaminando las mentes de todos los mexicanos.

Ahora que la CNTE firma un pacto de alianza con Morena nos damos cuenta que el lopezobradorismo pacta con quien sea, como sea y cuando sea, no importan las críticas. Morena bien hoy puede pactar con la CNTE, mañana con los Zetas y pasado mañana con el PRI. Recordemos que el soberano líder perdona los pecados políticos si se toca su sagrado manto, entonces, no hay posibilidad de autocrítica o de cuestionamiento.

Ahora que la CNTE firma un pacto de alianza con Morena nos damos cuenta que el lopezobradorismo pacta con quien sea, como sea y cuando sea, no importan las críticas. Morena bien hoy puede pactar con la CNTE, mañana con los Zetas y pasado mañana con el PRI.

La izquierda mexicana tiene que unirse y desconocer a Andrés por su nulo aporte al progresismo de vanguardia, su predilección por el charrismo sindical y sus alianzas con personajes oscuros…

Este fin de semana, los ciudadanos tuvieron en sus manos no darle el poder a este remedo del echeverrismo, traidor a la verdadera izquierda y manipulador de masas, allá aquellos que votaron por él, la democracia es justa y nos da lo que merecemos.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”