La complicada ética de los carros autónomos

Imagina que vas manejando a alta velocidad en las calles de tu ciudad con tu hijo de copiloto cuando de repente de la nada se te atraviesan dos personas. La calle es de un solo carril y si tratas de esquivarlos chocarás contra un muro de contención, así que tus opciones son limitadas: seguir tu camino y atropellar a los peatones o salvar a los peatones y chocar contra el muro de contención lo que posiblemente te deje con graves lesiones o incluso mueras. ¿Qué elegirías? Ahora imagina que son 10 personas las que se te atraviesan, ¿tu respuesta sigue siendo la misma?

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Se han realizado estudios en donde se les presenta esta situación a las personas a evaluar y más del 50% de las personas elige salvar a los peatones ya que es el bien común y lo consideran una decisión moral.

Este es el tipo de decisiones para las cuales tienen que estar preparados los vehículos autónomos.

Recuerda que un vehículo autónomo trabaja con una pequeña inteligencia artificial la cual recibe señales de los sensores puestos alrededor del vehículo como cámaras, sonares y el GPS. Con esta información recibida puede tomar decisiónes en milésimas de segundo logrando esquivar obstáculos o frenar dependiendo de la situación que se le presente

 

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Tan solo en EUA 10,000 personas mueren cada año por accidentes de carros, según datos del Departamento de Transporte y más de 1,000,000 terminan con heridas graves.

La mayoría de estos accidentes son provocados por errores humanos, es por eso que los científicos y programadores creen que se puede evitar hasta un 90% haciendo a los vehículos autónomos.

Imaginemos que el carro decide salvar al conductor, ¿quién se haría cargo de las personas lesionadas? ¿El conductor que compró el carro? ¿La empresa que programó el vehículo? Hay muchas preguntas que podemos hacernos y aun no tienen respuesta por ser una tecnología que está emergiendo. Los vehículos autónomos tienen que ser regulados inteligentemente y no prohibirles su crecimiento.

Ya podemos ver algunos vehículos en las calles que utilizan este tipo de tecnología, cómo los Tesla, el carro de Google y algunas otras marcas en menor medida.

Siento que esta tecnología ayudará muchísimo a la humanidad, ya que reducirá los tiempos de traslado, evitará demasiados accidentes, además de que mejorará las condiciones del tráfico en las ciudades.

¿Tú te subirías a un vehículo autónomo? ¡Yo sí y ya quiero que lleguen a México!

Espero te haya gustado la columna. Nos leemos la siguiente semana.

@TonioRenteria – Making the Future come Faster

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Nosotros mexicanos…

En México se vive alrededor de la impunidad, donde la aplicación de las leyes solo es para unos, haciendo a un lado el estado derecho, por el cual los abogados deben de realizar bien su tarea, para ejercer la democracia. Sabemos que el país cuenta con un sin fin de problemas y debilidades políticas, sociales, económicas, entre muchas otras, pero por otro lado se necesita resaltar sus fortalezas y que estas son mucho mas grandes, pero no se han dado a conocer o simplemente están echas a un lado.

Como mexicanos, debemos darnos el lujo y privilegio de aspirar a un mejor país, destacando sus bondades, su cultura, esencia y educación. Nos encontramos en un México donde sus instituciones van degradándose y junto con la sociedad mexicana poco a poco también. Estamos sobre un México donde el ejecutivo no dialoga, comunica, debate, platica o habla con el legislativo, y eso que nos encontramos en un país civilizado. Se vive un choque entre los tres poderes del país y junto con ellos se llevan de encuentro a la sociedad, como anteriormente mencioné.

Estamos sobre un México donde el ejecutivo no dialoga, comunica, debate, platica o habla con el legislativo, y eso que nos encontramos en un país civilizado. Se vive un choque entre los tres poderes del país y junto con ellos se llevan de encuentro a la sociedad, como anteriormente mencioné.

Un partido político no debe decidir sobre sus propios intereses ni por los representantes de su mismo partido, porque es ahí donde falla el país. La busca del bien común, va mas allá de los colores o principios de un partido político, sino con el apoyo de distintas perspectivas, con el cual se puede llegar a una mejor solución. Venimos de un presidencialismo exagerado, y como mejor ejemplo pongo a: Luis Echeverría. Él como presidente, era el líder real del partido, teniendo una gran influencia sobre el personal político, hasta decía que la economía se mandaba desde Los Pinos.

Sin embargo, surgió una nueva generación libre de ataduras, atreviéndose a modificar el “establishment” del país, y como consecuencia viene la alternancia en el año 2000. Vivimos en una generación que ya no se cree lo que se dice en una televisión abierta, debido a las influencias políticas que han caído sobre ella. Por otro lado, se necesita una sociedad mas proactiva, generando mas democracia en el país, defendiendo los valores que aún esta todavía tiene y conserva.

Vivimos en una generación que ya no se cree lo que se dice en una televisión abierta, debido a las influencias políticas que han caído sobre ella. Por otro lado, se necesita una sociedad mas proactiva, generando mas democracia en el país, defendiendo los valores que aún esta todavía tiene y conserva.

El gobierno no se debe de considerar como un negocio de político, sino como una instancia de servicio a una nación. El debilitamiento de las instituciones es una de las razones de donde surgen los problemas, sin embargo se pueden hacer mejores las cosas. Además, me atrevo a decir que el gobierno mexicano se encuentra un con déficit de capacidad de atender a las necesidades de su propia población, generando así inestabilidad en la misma.

Por último, contamos con una sociedad abierta y viva, que quiere más democracia en el país, que sea escuchado, que proclama sus derechos. Y con una juventud mexicana que sale de la comodidad para salir a contribuir con lo que es de todos, que no se queda callada, sino que alza la voz.

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Corrupción como problema de todos

Hace unos días, en el seminario: “México 2016: el desafío anticorrupción”, se tuvo como invitado a Daniel Carrillo, dialogando sobre “Corrupción: el reto de comportamiento y el caso de Nuevo León”. A lo largo de la plática, nos presentó la corrupción con un enfoque diferente, aterrizándola a la sociedad.

Como sociedad nos es difícil aceptar, o llegar a darnos cuenta de que la corrupción es un problema de todos, cuando ésta solo culpa a las autoridades por su existencia. El tema de la corrupción es un muy amplio puesto que lo podemos definir como uso indebido de la información, soborno, fraude, extorsión, y un sin fin de palabras que se nos vienen a la mente cuando se nos menciona.

Como sociedad nos es difícil aceptar, o llegar a darnos cuenta de que la corrupción es un problema de todos, cuando ésta solo culpa a las autoridades por su existencia.

La corrupción en el país ha estado igual desde hace 30 o 40 años, pero ahora la conocemos mas, por eso está siendo un tema de moda y posiblemente el mas hablado por la sociedad. Actúa de manera ineficiente, porque no se logra alcanzar el bien común de los mexicanos. Además el debilitamiento de las instituciones dentro del sistema político, colabora para que la corrupción aumente y así deslegitima al mismo gobierno. La sociedad esta cansada del abuso del poder público para el bienestar privado, y de ver como se despilfarra el dinero originalmente para el beneficio de la ciudadanía. Pero aquí es donde entra un tema debatible, ¿el gobierno es el único que realiza actos de corrupción?

Nosotros como sociedad fallamos a nuestros valores civiles, donde todo se critica pero no se corrige. Trabajamos en conjunto para quebrantar la ley, pues es más fácil quebrarla que hacerla cumplir. El problema esta en que la misma sociedad no ha recuperado los valores, que buscan darle fin a la impunidad en México, a la desigualdad que se vive, a la discriminación, a abandonar nuestras raíces. Donde a las autoridades no se les puede culpar o no son responsables de nuestros valores, porque esos se aprenden en el hogar. Sin olvidar que el país vive con un problema de justicia y a la vez de democracia.

…el debilitamiento de las instituciones dentro del sistema político, colabora para que la corrupción aumente y así deslegitima al mismo gobierno. La sociedad esta cansada del abuso del poder público para el bienestar privado…

Les hago un llamado para que ustedes mexicanos no se sientan solos, que cuenten con esa responsabilidad de desempeñar el papel de un buen ciudadano y no dejarse llevar por la mayoría. Nosotros mexicanos solo estamos siendo habitantes y no ciudadanos. Ser un ciudadano va mas allá de solo pertenecer a un país, sino de ser un miembro activo dentro de este. Involucrarse en asuntos de la sociedad, velar por los intereses de los mismos y no solo ser un miembro más.

La corrupción ha crecido debido a nuestra falta de confianza y credibilidad en nosotros mismos. Puesto que es mas fácil hacer lo correcto cuando se te esta viendo, pero cuando no, es mas fácil faltar a tus principios, actuando con una doble moral. No culpemos a las instituciones o al mismo gobierno por los malos manejos administrativos, sino darnos cuenta que es lo que le hace falta a este país para que el habitante se sienta ciudadano y actúe como este.

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El valor social del trabajo

Mucho tendemos a demeritar nuestra principal actividad cotidiana que es el trabajo; a ver con ojos de alcance inmediato nuestra principal oportunidad de trascendencia; a limitar nuestra visión y nuestros esfuerzos en la lucha de cada día en pensar que nuestro empeño, y el sudor de nuestra frente, conlleva como único resultado y finalidad, el pago de un salario justo y remunerador —en los mejores casos— o de una simple retribución —como sucede en muchos otros—.

El trabajo dignifica y santifica. La satisfacción de darnos cuenta que participamos de algo grande, es igualmente, grande. Desempeñar el trabajo que sea es una oportunidad para formar comunidad; para proveer a la sociedad de nuestra porción de esa ayuda recíproca, a la que idealmente todo contribuimos para alcanzar el bien común como organización colectiva y solidaria. No trabajar —aclaro que trabajar en el hogar es un trabajo— es dejar de tomar parte activa en el sentido de comunidad que debemos individualizar para entender el verdadero significado de servir al prójimo.

La actividad que implica la prestación de un servicio o la elaboración de un producto, no es correctamente conceptualizada si en términos teleológicos —es decir, valorada de acuerdo a su finalidad— se vislumbra como un medio para acrecentar nuestro patrimonio (los bienes materiales no son un fin en sí mismos). El trabajo va mucho más allá. Las actividades laborales deben de tenerse en alta estima. Su correcta valoración, estriba en función de la plusvalía social que encausar correctamente nuestros esfuerzos resolviendo una necesidad de los demás de manera adecuada, genera para la colectividad.

Es una conducta ética, y por lo tanto, una obligación moral poner lo mejor de nuestra preparación, conocimiento y habilidades en favor del mejor resultado que nos sea posible generar en nuestras actividades profesionales de todos los días.

Hay que reconocer, como un deber básico ciudadano, un principio de esmero y esfuerzo en el trabajo. Es una conducta ética, y por lo tanto, una obligación moral poner lo mejor de nuestra preparación, conocimiento y habilidades en favor del mejor resultado que nos sea posible generar en nuestras actividades profesionales de todos los días.

Las formas de organización que ha adoptado el ser humano giran, en términos económicos, en torno a la satisfacción de las crecientes e ilimitadas necesidades del hombre. El desempeño del trabajo, cuando va alineado a los objetivos de la sociedad, debe buscar su utilidad en esta dinámica de consumo, participando con calidad y conciencia de lo que sucede en la comunidad.

Puede concebirse una forma de participación ciudadana efectiva, simple y sencillamente procurando generar valor social a través del trabajo; esto es ayudando con nuestras actividades profesionales a que como comunidad alcancemos, recíprocamente, un mayor nivel de bienestar.

Creo que entendido el contexto anterior, puede concebirse una forma de participación ciudadana efectiva, simple y sencillamente procurando generar valor social a través del trabajo; esto es ayudando con nuestras actividades profesionales a que como comunidad alcancemos, recíprocamente, un mayor nivel de bienestar.

Debemos hacernos partícipes de las causas sociales desempeñando nuestro trabajo, que es la principal actividad del ciudadano, de forma ética y con conciencia de nuestros deberes colectivos. Esa es participación ciudadana auténtica.

Me parece, que en la mente de nuestra sociedad, el activismo en las organizaciones de la sociedad civil se ha difundido y publicitado como participación ciudadana. Esa conceptualización es errónea por inexacta e incompleta. Participar de las causas de la sociedad civil es participación ciudadana en un segundo plano. En primer plano, y con especial prioridad, debemos hacernos partícipes de las causas sociales desempeñando nuestro trabajo, que es la principal actividad del ciudadano, de forma ética y con conciencia de nuestros deberes colectivos. Esa es participación ciudadana auténtica.
Naturalmente, cada individuo dentro de la organización social, ante la imposibilidad de producir todo, asume un rol para proveer un satisfactor a una necesidad de él y de los otros, quienes a la vez proveen al primero de bienes y servicios que sirven para satisfacer necesidades de aquél, de ellos mismos y de los demás. Eventualmente, se determina que deben de haber reglas a fin de salvaguardar el orden en las relaciones humanas y encausar el desarrollo de la sociedad. Entonces se crea el gobierno.

Si así se estructura la sociedad, participación ciudadana, pura y dura, es entendiendo ese propósito, ayudar con nuestro trabajo a generar valor agregado a la sociedad para que esta cumpla su finalidad de alcanzar el bien común.

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