La importancia de los organismos constitucionales autónomos

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En entrevista con Carmen Aristegui, el ex ministro José Ramón Cossio Díaz señaló el cambio institucional y normativo en el cual se dio la aparición de los organismos constitucionalmente autónomos. Siguiendo un sistema napoleónico, la Constitución de 1917 implicaba una concentración de poder en la rama del Poder Ejecutivo, sobre todo en la figura del Presidente. Se buscaba la centralización del poder ante las fuerzas centrífugas de poder regionales bajo los denominados caciques o caudillos. De esa manera, el Estado adquiría una influencia preponderante y las decisiones políticas se generaban a partir de un complejo e ineficiente entramado burocrático.

En cambio, en los años noventa y siguiendo un modelo estadounidense, el Estado comenzó a delegar algunas funciones técnicas. Los organismos constitucionalmente autónomos transformaron, mas no anularon, la teoría tradicional de la división de poderes. 

Dichos órganos representan un cuarto poder en tanto no se encuentran sujetos a ninguno de los tres anteriores. Sin embargo, ello no implica que se encuentren fuera del Estado, en tanto están regulados por la Constitución misma.

Según una tesis de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los órganos autónomos poseen cuatro características esenciales: 1) deben estar establecidos directamente por la Constitución; b) deben mantener relaciones de coordinación con los otros poderes; c) deben contar con independencia financiera y funcional; y 4) deben atender funciones primarias u originarias del Estado para el beneficio de la sociedad.

Esas funciones son aquellas que poseen un alto grado de especialización y complejidad. Es decir, funciones que no deben encontrarse bajo el juego político, sino concentrarse en aspectos meramente técnicos.

Ello implica que sus funciones no se encuentran supeditadas a las visiones ideológicas o políticas, sino que se rigen por parámetros científico-técnicos o formales. 

Sin embargo, existen algunos, sobre todo entre la izquierda, que argumentan que las teorías y metodologías denominadas liberales se encuentran sesgadas ideológicamente. Inclusive existen argumentos absurdos como que el lenguaje matemático es un mecanismo ideológico usado para justificar las políticas liberales y extender la dominación burguesa. 

No niego que los sistemas teóricos en las ciencias sociales pueden encontrarse influenciados por elementos personales y sociales. Siguiendo el pensamiento kuhniano, reconozco que los conceptos y las teorías en las ciencias sociales carecen de universalidad y representan una cierta cosmovisión.

Asimismo, de forma extraordinaria Marx definió a la ideología de la siguiente manera: una visión parcial de la realidad. Sin embargo, el mismo Marx argumentaba que existía una verdad única acerca de la realidad, vislumbrada a través del materialismo histórico y la filosofía dialéctica. 

A mi parecer, las teorías sociales, incluyendo el marxismo, incluyen elementos políticos e ideológicos. Sin embargo, siguiendo a Schumpeter, pienso que existe una objetividad en las herramientas analíticas de las ciencias sociales y por ello es posible hablar de una evolución ascendente. Es decir, existen herramientas, métodos y técnicas que no dependen de la filiación política o ideológica, sino que expresan un elemento pragmático. 

Esas herramientas se traducen en funciones que se rigen por estrictos parámetros de tecnicidad y que no deben contaminarse con intereses políticos. Por ello, la autonomía de estos organismos es fundamental para cumplir sus precisas funciones. 

Hablaré de la importancia de los dos organismos que, a mi parecer, más han contribuido a la resolución de problemas y a justificar la edificación de un cuarto poder. 

El Banco de México fue una institución creada en 1925 para dar solución a dos problemas generados por el conflicto revolucionario: crear un clima de certeza de precios que atrajera  la inversión nacional y extranjera y un mecanismo de financiamiento para que el gobierno cumpliera las promesas sociales estipuladas por el Constituyente. 

Desde sus inicios, el Banco central planteó una postura conservadora en cuanto a la política monetaria y al financiamiento concedido al gobierno. El mismo Rodrigo Gómez a lo largo de su gestión (1952-1970) señaló que nunca sacrificaría la estabilidad de los precios por el crecimiento económico. 

La necesidad de su autonomía técnica -dejar de estar obligado a financiar mediante emisión de dinero al gobierno- fue evidenciada en las crisis de 1982 y 1994.

La función principal del Banco es velar por la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional. Ello lo logra a partir del control de la masa monetaria en circulación. Si bien existen críticas de su existencia -desde la izquierda hasta los denominados libertarios de la derecha liberal- no puede haber duda de su necesidad.

El otro organismo es el INEGI el cual tiene la función de generar y procesar datos estadísticos. Esta función es fundamental no sólo para el gobierno, sino para consumidores y productores. Como alguna vez señaló Friedrich Hayek, el sistema de precios es el invento involuntario más grandioso de la humanidad. Los consumidores y productores toman sus decisiones a partir de los precios de mercado con el fin de maximizar sus utilidades. Ello permite generar certeza en torno a las expectativas racionales. 

Sin embargo, el INEGI también genera datos en otros rubros, que permiten guiar y evaluar las políticas públicas del gobierno en turno. Por ello, cancelar catorce encuestas debido al recorte en el presupuesto designado al organismo puede ser nocivo para determinar la eficacia de las políticas del gobierno de López Obrador.

Como dijo el ex ministro Cossío Díaz, López Obrador propone el regreso a la ampliación de las funciones del Estado. Integrar nuevamente funciones especializadas y complejas en el Poder Ejecutivo implicaría exponerlas al vaivén de la política. 

López Obrador, quien ha aludido a una versión histórica acotada, debería reconocer la atrofia estatal cuando se busca centralizar funciones altamente especializadas.

El Fracaso de la Izquierda: Latinoamérica

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Durante la década de los 90´s el mundo se encontraba dividido por dos grandes bloques que se repartían y pugnaban la hegemonía política: el Capitalismo y el Comunismo, pero la disolución de grandes potencias comunistas como lo fue la URSS arrinconó la ideología socialista-comunista, y apartada de los reflectores políticos, se mantuvo ausente, casi inexistente, creyéndose finiquitada.

Por el otro lado una vertiente del capitalismo, que data sus inicios en los 80´s, propuso una formula distinta al sistema político como solución a sociedades modernas y cambiantes que la nueva revolución tecnológica transformó a finales del siglo, logrando posicionarse en cada rincón del mundo occidental con marcada tendencia económica, social y política: el Neoliberalismo.

Y cuando el mundo convergía hacia una nueva y prospera época de bienestar el sistema económico colapso a finales del siglo XX, dejando expuesto las debilidades de esta corriente económica, forjando inconformidad social y cuestionamiento de la eficiencia del Neoliberalismo en Latinoamérica, alentando un cambio en el panorama político que enmendara las fallas que el capitalismo había dejado a su paso.

La llamada izquierda política, el Socialismo, resistió el avasallante crecimiento del Neoliberalismo Latinoamericano hasta su colapso sistémico con las crisis de sus principales exponentes –México 1994; Brasil 1999; Argentina 2001/2002– propiciando una revolución sociopolítica que intento alejarse de los efectos negativos del Neoliberalismo y cómo un efecto dominó, la izquierda se esparció por toda América Latina, con tal rapidez dentro del periodo de una década, similar a una epidemia ideológica propagándose por toda la región, la llamada Marea Roja o en palabras del periodista Larry RohterNew York Times-, una Marea Rosa, al no verse influenciada con tendencias extremistas del Comunismo y acercarse más a un sistema Social-Demócrata, es decir, un Socialismo más light.




Un movimiento sociopolítico, nombrado por algunos expertos como el Socialismo del Siglo XXI, aunado a una serie de eventos que marcaron el inicio del período izquierdista, dieron cabida a la constitución de la Izquierda como la principal fuerza política hegemónica de toda la región, y como reacción en cadena, el fantasma del Socialismo –en palabras de Karl Marx– se propagó a lo largo del continente, Hugo Chávez en Venezuela (1999), Ricardo Lagos en Chile (2000), Lula da Silva en Brasil (2003), Néstor Kirchner en Argentina (2003), Tabaré Vázquez en Uruguay (2005), Evo Morales en Bolivia (2006), Rafael Correa en Ecuador (2007), Fernando Lugo en Paraguay (2008) y Ollanta Humala en Perú (2011).

Toda Latinoamérica se repartió entre partidos de ideas marxistas o similares. Creando un conglomerado geopolítico, sin precedentes, fortificando y estrechando las relaciones comerciales, económicas y políticas entre los países latinos.

El auge izquierdista de Latinoamérica se vio acompañado de un amplio crecimiento económico y un gran desarrollo social en todos los países que alinearon su postura a la tendencia política, pero este apogeo debe su razón de ser a dos factores: 1) la alta demanda del mercado mundial de materias primas, petróleo principalmente, y al 2) fracaso sistémico del Capitalismo.

Y así como su rápida propagación, el final de la izquierda llegó velozmente, la caída de los petroprecios y los abundantes casos de corrupción, liquidaron el desarrollo de los países y crearon en las sociedades un hartazgo social con individuos apolíticos y antisistémicos, cansados de una economía fallida y gobiernos de ideologías carentes.

Concluyendo que el crecimiento económico que los países alcanzaron durante la primera década del siglo XXI, no se debe a que los gobiernos latinoamericanos hayan adaptado una postura populista, sino que el crecimiento mismo creo las condiciones ideales para el aumento de regímenes con dicha personalidad, similar a una moda, con la finalidad de integrarse a la ola de beneficios que la tendencia produjo.

Por lo que el decremento económico de toda la zona y los fuertes golpes que ha sufrido la izquierda en los últimos años: la muerte de sus principales defensores, Chávez y Castro, la perdida de la hegemonía política de la zona, reelecciones frustradas (AMLO, México 2006/2012), crisis económicas (Hipotecaria 2008), casos de corrupción (Lula da Silva/Dilma Rousseff, Brasil; Cristina Fernandez de Kirchner, Argentina), han sido los parteaguas del desplome de la marea ideológica.




Dejando a su paso concluida una etapa de fugaz beneficio y un sinfín de interrogantes e inquietudes del futuro que le espera a esta región, de potencial mal aprovechado y esclavizado por las grandes potencias que, de algún modo, se favorecen manteniendo a Latinoamérica en limitado desarrollo.

En la actualidad, el cambio de postura, el fracaso de la izquierda, ha quedado muy claro, la mayoría de los países que hace no más de diez años poseían gobierno populistas (Imagen) han puesto en la mira distintos horizontes políticos dejando atrás posturas ideológicas de carácter populista y centrando sus políticas públicas en tendencia más conservadoras, intentando aminorar los efectos negativos que el fantasma izquierdista causó.

Y exponiendo ante el mundo entero, que una vez más, un gobierno con personalidad socialista, carece de lo necesario para posicionarse como una potencia mundial por tiempo indefinido.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El despertar de México

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El pasado domingo 5 de junio se llevó a cabo en nuestro país, México, una jornada electoral histórica, en la cual se eligieron, mil 819 cargos de elección popular, entre Gubernaturas, Alcaldes, Diputados locales y Asambleístas del Constituyente de la Ciudad de México. Destacan las gubernaturas de los 12 estados, en donde hubo algunas “sorpresas” para el partido oficial, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Por lo anterior tenemos que realizar un breve análisis de lo que fue la participación ciudadana en la jornada electoral. La participación ciudadana o la posibilidad de participación ciudadana es la esencia de la democracia, que actualmente se ve exigida por una ciudadanía más consciente de sus derechos y obligaciones, plural y que busca presencia y participación activa en la formulación de soluciones para las problemáticas sociales. El político de hoy en día debe de modificar la estrategia de hacer política. Ya no se deben de convertir en personajes que salen a la calle para pedir el voto cuando son candidatos y posterior a la elección se transforman en personas inalcanzables para la sociedad y gobernantes solo para sus círculos cercanos o para beneficiar sus intereses partidistas.

El político de hoy en día debe de modificar la estrategia de hacer política. Ya no se deben de convertir en personajes que salen a la calle para pedir el voto cuando son candidatos y posterior a la elección se transforman en personas inalcanzables para la sociedad y gobernantes solo para sus círculos cercanos o para beneficiar sus intereses partidistas.

El político que exige la sociedad debe de conocer los problemas de la sociedad cuando tiene el poder de la toma de decisiones, para que pueda elaborar políticas públicas que solucionen los problemas o prevengan ciertas problemáticas que se pueden presentar en la comunidad, el municipio o el estado y que vengan a fortalecer el desarrollo del país. Nuestros políticos tienen que entender que ya no somos una sociedad pasiva, que poco a poco, los mismos políticos nos convertido en una sociedad activa, porque nos hemos dado cuenta que no han hecho bien las cosas.

Las participación ciudadana marcó la diferencia en las votaciones del pasado 5 de junio, lo que es un mensaje para los actores políticos y sus partidos de que se tienen que reinventar, o de lo contario, tienden a la desaparición. El ciudadano, hace algunos años, castigaba al político y partidos políticos, no participando en las elecciones, y eso en vez de perjudicarlos los beneficiaba, porque ganaba con porcentajes menores en las urnas.

Las participación ciudadana marcó la diferencia en las votaciones del pasado 5 de junio, lo que es un mensaje para los actores políticos y sus partidos de que se tienen que reinventar, o de lo contario, tienden a la desaparición.

El voto es la herramienta para la sociedad de reconocer el trabajo de los gobernantes o recomponer el camino a través de la alternancia en el poder. Es muy importante recalcar que la democracia no es solamente ir a votar y elegir a nuestros gobernantes o representantes, con esa acción solo se inicia con la democracia, tenemos que participar en la toma de decisiones y exigir que nos rindan cuentas de los recursos públicos que manejan y que salen de nuestros bolsillos.

Karl Marx aseguraba que toda forma de gobierno hasta la época representaba a una clase dominante, y esa clase dominante desde mi particular punto de vista, debe de ser la sociedad civil organizada. El político debe entender que se hace política para buscar el bien común. Al parecer el país empieza a despertar y entender que los funcionarios públicos son trabajadores de quien los elige.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”