El Secuestro de la Viva Libertad

Vivimos años de terror, una guerra que transformó a nuestra sociedad y que por momentos secuestró nuestra libertad; seguimos aquí buscando memoria y una libertad real.

En Nuevo León, los hechos violentos fueron particularmente dramáticos. Nuestra sociedad se vio en vuelto en medio de un contexto que era aún desconocido, una violencia inusitada que destruyó la vida cotidiana de los habitantes neoloneses, quienes reaccionaron con enojo y molestia al ver que justamente cuando esta situación golpeaba al estado, se contaba con un gobierno inepto y corrupto.

Vivíamos una época de depresión psicológica, nos adaptamos a la ola de inseguridad atrincherando en sus casas, abandonando esa boyante vida nocturna de la capital del estado, donde ver en los noticieros decapitados colgados en puentes se volvió nuestra verdad; “errores” del estado al confundir estudiantes con sicarios; y la joya de la corona, narcoterrorismo enmarcado en el caso del casino Royale, hecho que aún no se olvida en el estado.

En Nuevo León el sufrir ciudadano fue constante, durante casi 4 años vivimos una de las épocas más sangrientas y sangrientas en el capítulo nacional de la batalla del Estado en contra del poder del narcotráfico.

Los cientos de desaparecidos y muertos en Nuevo León son solo una muestra de los miles de mexicanos que nunca volvieron a su morada.

La violencia que se vivía en todo México era para muchos regiomontanos la pre-sala de la pesadilla que vendría a tocar a casa. Una pesadilla que miles de regiomontanos no queremos volver a vivir.

Durante los primeros años de la ofensiva declaratoria de guerra por parte del gobierno federal, se vivía en Nuevo León, aun una tranquilidad, nuestro día a día seguía siendo común, caminábamos por las calles de la ciudad, tomando y apoderándonos de lo que era de nosotros, nuestras calles. Salíamos con la familia, los amigos, los hermanos. Íbamos y veníamos de un lugar a otro siempre acelerado, como todo regio en su vivir, sin embargo, llegaría un día donde simplemente la tranquilidad se fue.

Llegó el 2009 y todo parecía ser diferente, nos despertábamos por la mañana con la noticia de ejecuciones en Juárez, Nuevo León, balaceras en Apodaca, cuerpos colgados en Monterrey, secuestrados en San Nicolás… Simplemente, el terror llegó a la ciudad.

2009 solo sería el inicio de un periodo de años donde la sociedad regiomontana cambiaría su modo de vivir. Dejamos de salir con la familia, nos convertimos en seres desconfiados, luchábamos por sobrevivir, nos adaptamos a la situación, muchos otros se fueron de la ciudad. Nos quitaron todo, se llevaron el miedo, nuestra libertad.

Monterrey se convirtió en una ciudad fantasma. Al caer la noche, la vida nocturna de la ciudad se vio muerta, muerta ante el miedo de ya no volver con tu familia, miedo a la violencia generalizada que no distinguía edad, sexo o religión, la violencia que acabaría con el turismo por un momento, violencia que tomaría la ciudad, una ciudad que solo esperaría el momento para renacer.

Del año 2009 al 2011 Nuevo León sufriría una de sus etapas más violentas de todo su existir.

Durante el 2011 Monterrey sufrió una serie de episodios que ponían en tela de duda el poder gubernamental.

A principios de año sucedería uno de los sucesos que más marcaron al estado, el 22 de mayo, el café iguana, lugar icono de la ciudad sufriría un atentado a manos del crimen organizado, accionando 49 balas en la fachada del lugar y matando a 4 civiles, esto significaría el inicio del fin de la vida nocturna en la metrópoli regia.

Sin embargo, este episodio solo sería el suceso de una constante de capítulos que manchaban con terror a la ciudad, y aun no veíamos el terror a su máxima expresión. Pasarían 3 meses y 3 días para ver la barbarie con la que mercenarios a sangre fría acabarían con la vida de 52 inocentes.

El ataque al casino Royale en Monterrey, es considerado en la escala de lo denominado narcoterrorismo, siendo un acto que impactara a Nuevo León, a México y al mundo. La capital de la industria se veía superada por el poder del narcotráfico, la sociedad regiomontana ya no estaba segura, ya nadie podía tener su viva libertad, esta era la máxima expresión de terror hacía la ciudadanía, una ciudadanía agonizada por la guerra, una sociedad sin fuerza, una sociedad que se colapsó y que evolucionó su forma de vivir.

Se sobrevivió a momentos difíciles, momentos que tenemos que recordar todo el tiempo, una memoria que no puede morir, esa memoria que tiene que ser firme al casquillo de bala accionado ante una fallada de un negocio, ante la bala perdida que acabaría con la vida de un inocente, ante el estruendo constante de balas que derrumbaban la ciudad, esa memoria es la que nos fortalece como sociedad. Una sociedad que bajo la idea del progreso constante ha podido salir de catarsis que parecían no tener fin, ese progreso y esa fortaleza es la que nos hace más humanos.          

Recuerda quién eres y de dónde eres, por qué solo así entenderemos el hacia dónde ir.

Cinco años de Lucha: Reforma Constitucional de Derechos Humanos

El pasado 10 de junio se cumplieron cinco años de la publicación de la reforma constitucional de derechos humanos. Se trata de una de las reformas constitucionales más importantes de la historia y pudiera llegar a ser la más importante, aunque eso depende de que realmente se lleve a la práctica.

La importancia de la reforma radica no sólo en sus contenidos, sino en que por primera vez, quizá desde la propia expedición de la Constitución en 1917, se plantea una reforma estructural al catálogo de derechos humanos. Hasta antes de la del 2011, las reformas de derechos humanos se caracterizaban por ser adiciones puntuales para incorporar o reglamentar uno o varios derechos, en forma aislada y a veces inconsistente.

La reforma de 2011, en cambio, intenta estructurar en un sistema coherente y funcional, los múltiples derechos ya reconocidos. Lo hace a través de poner en el mismo nivel a los que reconocen la Constitución y los tratados internacionales. Pero también estableciendo principios que obligan a las autoridades a interpretar los derechos en forma coherente, considerando su interdependencia y garantizando la mayor protección.

Sin embargo, reformar la Constitución no implica automáticamente cambiar la realidad. A cinco años de la reforma la realidad de los derechos humanos en México ha continuado deteriorándose. La desaparición de los estudiantes en Ayotzinapa, las ejecuciones en Tlatlaya, las masacres de los penales de Cadereyta y el Topo Chico y del Casino Royale en Nuevo León, son sólo algunos ejemplos de hechos atroces de violación a derechos humanos ocurridos bajo la vigencia de la reforma.

A ello habría que sumar la situación de amenaza constante en la que periodistas y defensores de derechos humanos ejercen su trabajo, la cooptación política de las ombudsperson, la crisis financiera del Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, generada por el desinterés de los Estados –entre ellos México– que se traduce en aportaciones económicas raquíticas para su sostenimiento y un largo etcétera.

¿Quiere esto decir que la reforma es un fracaso? A mi modo de ver no. Al contrario, la reforma es en sí misma valiosa y mucho puede contribuir a que saquemos al país de esta grave crisis. En todo caso, la realidad que enfrentamos pone en evidencia que la reforma es insuficiente por sí sola para revertir el deterioro en la situación de los derechos humanos en México.

Para ello, un aspecto clave y que hasta ahora se ha descuidado es la educación para generar una cultura de derechos humanos en autoridades y ciudadanos. Es esta, me parece, la única estrategia que ataca el problema de raíz y la que en el mediano y largo plazo puede dar los mejores resultados.

En este sentido son sumamente destacadas resoluciones protectoras de derechos humanos dictadas por organismos y tribunales internacionales, federales y locales; la capacitación en derechos humanos a funcionarios públicos que llevan a cabo instancias como la Secretaría de Gobernación y los esfuerzos de organizaciones de la sociedad civil como el CEEAD que promueven cambios en la educación jurídica para fortalecer la enseñanza de los derechos humanos. Sin embargo, son todavía esfuerzos aislados que necesitan potencializarse a partir de un mayor compromiso de autoridades y ciudadanos con la causa de los derechos humanos.

La reforma penal de 2008 es un buen ejemplo de una mala práctica para su implementación. Si la implementación hubiera iniciado por la capacitación en el nuevo sistema en vez de por su infraestructura necesaria, quizá ahorita, cuando está por agotarse el plazo para su plena entrada en vigor, estaríamos afinando los detalles técnicos de las salas de audiencia en vez de estar capacitando policías.

A cinco años de la reforma de derechos humanos, estamos aún a tiempo de cambiar la estrategia para su implementación y reforzar la educación en derechos humanos como la única herramienta que permite una solución sostenible en el largo plazo a la grave crisis de derechos humanos que enfrentamos y de la que la reforma por sí sola no nos salvará.

Eduardo Román González
Investigador y Responsable del Programa de Derechos Humanos del CEEAD A.C.
eroman@ceead.org.mx

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El Royalazo de París

El día de ayer, mañana y en estos días se ha estado comentando sobre los atentados terribles y funestos que acontecieron en la ciudad de París. Las investigaciones siguen y la psicosis también. Saltan culpables, víctimas, héroes y villanos que participaron en un atentado de lo más triste e inadmisible. Ayer mismo platicaba con un familiar acerca de esto y me decía: ¿qué tanta probabilidad existía de que esto pasara en México? Yo le contesté que esto ya pasó, y sí, el Royalazo, la tragedia más hiriente, que llena de rabia y la más dolorosa en la historia de Monterrey.

El Atentado al Casino Royale guarda algunas similitudes con el ataque al teatro Bataclan. Si bien es cierto, los asesinos no mataron a sangre fría uno por uno en Monterrey, sí atentaron con alevosía y ventaja estuviese quien estuviese… La sangre fría de ambos asesinos, fanáticos islámicos o no, franceses o mexicanos… fue la misma. No importó quien estaba adentro, mujeres, hombres, embarazadas, estudiantes, médicos, ancianos, músicos, staff, edad, nacionalidad, preferencia sexual o clase social. Estos asesinos en su irracional vulgaridad atentaron contra un grupo de personas que no tenían la más mínima relación con la causa o lucha que ellos persiguieron.

El gobierno francés está accionando su artillería justificada por la opinión pública, la cual ocasionará masacres en igual o más número de personas de lo de París, que sin lugar a dudas no suma sino divide más.

Más allá de los factores que motivaron estos ataques, la respuesta debe ser la misma. Total repudio y total rechazo a actos similares. Así como respuestas frontales y prontas de las autoridades civiles encargadas de resolver estas contingencias.
El gobierno medinista respondió con una acción tibia de cancelar concesiones de casinos y prometieron resolver el problema que produjo algunas detenciones y líderes caídos del cartel de los Zetas. Por otro lado, el gobierno francés está accionando su artillería justificada por la opinión pública, la cual ocasionará masacres en igual o más número de personas de lo de París, que sin lugar a dudas no suma sino divide más.

Hay que tener cuidado de lo que uno lee en prensa porque es susceptible a distorsiones, y lo que hay que evitar a toda costa es caer en la histeria colectiva.

Hay que tener cuidado de lo que uno lee en prensa porque es susceptible a distorsiones, y lo que hay que evitar a toda costa es caer en la histeria colectiva, la histeria inquisidora que sólo genera cacerías de brujas para calmar a los más radicales.
Francia dedicará numerosos memoriales y eventos conmemorativos por los héroes y las víctimas de estos terribles hechos. Presidentes y miembros de todos los partidos tendrán que unirse en torno a esto por muchos años. En Monterrey, aún esperamos el memorial, esperamos la bandera a media asta ese día y esperamos que alguien se decida a destruir ese edificio que sólo significa un monumento a la incapacidad en la lucha contra el narco. El gobierno estatal y su prensa amiga siguieron la táctica del olvido y el sacarle la vuelta al asunto. Como dijo Cicerón: “Un pueblo que olvida su historia es un pueblo sin futuro, ya que está condenado sin remisión a repetirla”.

Como dijo Cicerón: “Un pueblo que olvida su historia es un pueblo sin futuro, ya que está condenado sin remisión a repetirla”.

Foto fuente: eldiario.deljuego.com.ar

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