La Taquería

El camino para evitar el colapso de MORENA en Nuevo León

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Lo que parecía una oportunidad histórica para MORENA de conquistar la gubernatura de Nuevo León hoy enfrenta un riesgo que hace unos meses parecía impensable: que el proyecto se fracture antes siquiera de llegar a las urnas.

A unos meses de que se defina quién sucederá a Samuel García, el partido guinda atraviesa una crisis interna que amenaza con convertir una disputa por la candidatura en un conflicto de mayores dimensiones: una ruptura entre sus propios grupos, el distanciamiento de sus aliados y la posibilidad de que cuadros relevantes busquen acomodo en otras fuerzas políticas.

El nombramiento de Clara Luz Flores como coordinadora o eventual abanderada -según la etapa y el carácter formal del proceso- encendió los ánimos al interior de MORENA. El problema no parece limitarse a quién obtuvo la designación, sino a cómo se tomó la decisión y a la percepción de que el proceso no convenció a quienes participaron en él.

Las encuestas, que debían funcionar como el mecanismo para ordenar la competencia y legitimar una candidatura, terminaron bajo cuestionamiento. Meses de recorridos, trabajo territorial y posicionamiento político quedaron atravesados por la inconformidad de quienes consideran que el resultado no refleja de manera convincente el esfuerzo realizado.

Y cuando un proceso interno deja más dudas que certezas, el problema ya no es solamente la candidatura: es la confianza.

Las primeras consecuencias de esa inconformidad comienzan a hacerse visibles. A ello se suma la postura de los partidos aliados, que cada vez parecen menos dispuestos a desempeñar un papel secundario dentro de la coalición. El Verde y el PT buscan hacer valer su peso político y su capacidad de negociación, tanto en la construcción de candidaturas como en la integración de mayorías legislativas.

En política, los aliados dejan de ser aliados cuando sienten que no son escuchados. Y una coalición que no logra ponerse de acuerdo sobre cómo competir difícilmente puede ofrecer certezas sobre cómo gobernar.

El problema de MORENA en Nuevo León es que la disputa por el poder amenaza con desplazar la discusión sobre cómo construir un proyecto común.

Frente a este escenario, hay tres caminos sobre la mesa. Todos tienen costos; ninguno puede ejecutarse sin voluntad política.

1. Mantener la candidatura y reconstruir la unidad.

MORENA puede respaldar la decisión tomada y apostar por que las inconformidades se disipen con el tiempo. Pero eso exige algo más que llamados públicos a la disciplina: requiere acuerdos, interlocución con los grupos inconformes y garantías de participación. Una candidatura puede conservarse formalmente y, aun así, llegar debilitada por la falta de cohesión interna.

2. Revisar el proceso y construir una salida acordada.

Reponer o revisar el procedimiento podría abrir la puerta a una solución que atienda los cuestionamientos de los aspirantes. Sin embargo, no bastaría con repetir una encuesta. Si las reglas, los criterios y los mecanismos de validación no generan confianza, un nuevo ejercicio podría reproducir el mismo conflicto. La clave sería acordar las condiciones antes de conocer el resultado y comprometer a todos a respetarlo.

3. Permitir que cada partido tome su propio camino.

Una ruptura entre MORENA, el Verde y el PT modificaría el tablero político y obligaría a cada fuerza a calcular sus posibilidades por separado. Pero competir sin una estrategia compartida también implica asumir los costos de la fragmentación, tanto en la contienda por la gubernatura como en las elecciones legislativas.

Las tres rutas tienen una dificultad en común: ninguna funcionará si los actores involucrados siguen privilegiando su posición individual por encima de cualquier acuerdo colectivo.

Y aquí aparece la pregunta de fondo: ¿MORENA está concentrado en construir una candidatura competitiva o en evitar que su propia estructura se desmorone antes de la elección?

Porque el riesgo no termina en una eventual ruptura con sus aliados. También está la posibilidad de que liderazgos, operadores territoriales y cuadros con presencia local decidan buscar espacios en Movimiento Ciudadano o en las fuerzas que integran el bloque opositor. Una fractura interna puede convertirse, así, en una redistribución de activos políticos que modifique el equilibrio de fuerzas en el estado.

Serán semanas decisivas. Pero quizá la primera discusión que MORENA necesita resolver no es quién debe encabezar el proyecto, sino cómo evitar que la disputa por esa posición termine destruyéndolo.

¿Qué pensará Claudia Sheinbaum de lo que ocurre en Nuevo León? ¿Cómo se evaluará desde la dirigencia nacional una crisis que pone a prueba la capacidad del partido para procesar sus diferencias y mantener cohesionada a su coalición?

Y cabe otra pregunta: ¿qué lectura haría Andrés Manuel López Obrador de un movimiento que construyó buena parte de su fuerza alrededor de la unidad, pero que ahora enfrenta el desafío de resolver sus propias contradicciones?

MORENA todavía tiene decisiones por tomar. Puede convertir este conflicto en una oportunidad para corregir sus mecanismos internos, establecer reglas más claras y reconstruir la confianza. O puede permitir que las diferencias escalen hasta volver irrelevante cualquier intento posterior de reconciliación.

En política, equivocarse es parte del oficio. Lo que resulta más difícil de explicar es tropezar varias veces con la misma piedra y esperar un resultado distinto.

Ay, MORENA… lo que está en juego no es solamente una candidatura. Es la capacidad de demostrar que puedes gobernar un estado sin perder primero el control de tu propia casa.

Lo escrito, escrito está.

Acerca de César Ulloa
Es Lic. en Ciencias Políticas con acentuación en Mercadotecnia política por la UANL y Master en Ciencia Política en la misma institución. Es titular del programa Dile+ en Altavoz MX y fundador de la consultora Stratella MX.