#ElTalónDeAquiles: “Maduro inmaduro”

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Afirma el conocido animador de televisión peruano, Jaime Bayly, que Nicolás Maduro, lejos de ser un dictador de verdad, de los que da miedo, es un payaso: sus excursiones lingüísticas Shakespearianas, los pajarillos que lo sobrevuelan, y los “Back from the future”, son algunos ejemplos de sus excentricidades. Hoy, el régimen da sus últimos aleteos en un triste aislamiento. La situación va más allá de la tradicional oposición de derecha, la cual sigue denunciando la intención de cubanizar Venezuela (como si Cuba hubiera vivido la hiperinflación y Fidel Castro hubiese sido el hazmerreir de amigos y enemigos). No. En Venezuela, la realidad superó al peor de los temores. 

El aislamiento de Caracas es triste porque incluye, de manera clara y evidente, críticas de izquierda, que ven impotentes cómo las oportunidades de cambio y de justicia se fueron por la cloaca discursiva. Es decir, a los opositores tradicionales del chavismo, como lo son la derecha colombiana (hoy en la presidencia, de la mano de Iván Duque), y opositores menos tradicionales (como el recientemente electo Jair Bolsonaro, en Brasil), se les une líderes de centro-izquierda, como Alvarado (Costa Rica) y Trudeau (Canadá). Además, el heteróclito Grupo de Lima, compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, y Santa Lucía, intenta desde 2017, a pesar de Caracas, encontrar una salida pacífica a la crisis. En fin, democracias europeas como Francia y España decidieron recientemente no seguir siendo indiferentes ante la parodia revolucionaria. El gobierno de Maduro sigue siendo reconocido por Bolivia, China, Cuba, Turquía, y otros tantos, pero ya no es reconocido por muchos otros.

Los demócratas progresistas nunca perdonaremos a la nomenclatura petro-chavista el haber fracasado en su intento por cambiar el destino de su país. Habrían podido desmontar el corporatismo creado por el Pacto de Punto Fijo, invertir en el futuro creando un sistema educativo competitivo, y poner la renta petrolera al servicio de la diversificación económica. Pero no. En vez de lanzar la revolución más radical que siempre ha requerido América Latina, la democracia, sustituyeron a los viejos receptores de las dádivas petroleras por nuevos actores. Ya no son los ricachones de los partidos políticos tradicionales los que se aprovechan del sistema, sino los nuevos líderes, prontamente corrompidos, del Partido Socialista Venezolano. Y en vez de educar y desarrollar, se fortaleció el clientelismo, fomentando así la dependencia económica de las clases sociales menos favorecidas a un sistema que no da herramientas para sobrevivir. Entonces, en vez de hacer germinar la democracia, se transformó el autoritarismo: se pasó de un corporatismo de centro-derecha a un confuso gobierno despojado de toda agenda izquierdista. Por su obstinada resistencia al cambio, el grupo fiel a Maduro es hoy más reaccionario que progresista. 

La última vez que escribí sobre Venezuela señalaba que la situación seguía degradándose en una certera descomposición de la revolución bolivariana. En mayo de 2017, se cumplían varias semanas de movilización social que había producido decenas de muertos. El gobierno argumentaba que la principal amenaza era la contrarrevolución (golpista) de derecha. Desde ese entonces, poco cambió pero todo empeoró: Maduro fue reelecto en un proceso electoral muy cuestionado a nivel nacional e internacional. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se autoproclamó presidente legítimo del país. Mientras tanto, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) pronostica que la economía venezolana se contraerá el 10 % en 2019 mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una astronómica hiperinflación de 10,000,000%.

Maduro es inmaduro. Se aferra al poder y asegura que no hay crisis humanitaria en su país. Cree que todavía puede gobernar. Es posible que el dirigente bolivariano no tenga la sofisticación de líderes autoritarios como Vladimir Putin, y sí, es posible que sea un payaso. Pero sus excentricidades ya no hacen gracia y su testarudez es peligrosa, no solo para Venezuela, sino para toda la región latinoamericana. La invitación es clara: salir del poder ahora que todavía puede hacerlo. 

Fernando A. Chinchilla

Winnipeg (Canadá), febrero de 2019

De Trump y el ejército europeo

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Esta semana se reunieron más de 60 líderes en Francia para conmemorar el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial. Entre las personalidades presentes en el evento se encontraban Donald Trump, Angela Merkel, Justin Trudeau, Vladimir Putin y desde luego Emmanuel Macron. 

Como era de esperarse, Trump escribió una serie de tweets hablando sobre su visita y específicamente de como Europa, necesita empezar a protegerse a sí mismo, al ser Estados Unidos quien paga su protección militar a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). 

 Y al parecer Macron y Merkel decidieron hacerle caso, y ambos durante sus discursos, propusieron la creación de un ejército europeo para dejar de depender de EUA, a lo que Trump respondió: 

 

No sé que me sorprende más, que Trump se haya molestado porque tomaron su sugerencia o que en verdad hay una posibilidad que haya un ejército europeo. Cabe aclarar que no es la primera vez que se habla sobre esto, pues en los años cincuenta se intentó crear una Comunidad de Defensa Europea, que nunca entró en vigor. Y hace 3 años el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker también propuso algo similar por la tensión con Rusia. Más allá del tiempo, dinero y apoyo de los demás países, este ejército conlleva una gran significativa carga.

Que Alemania y Francia declaren que ya no pueden confiar en otros países, es un reflejo de la falta de fe que le tienen a Estados Unidos con Trump a cargo. Para Europa podría ser una oportunidad para tener una autonomía estratégica y una cooperación real entre los países miembros; sin embargo, esta solidaridad también puede causar inquietud entre distintas naciones, al ver a la Unión Europea como un nuevo poderío militar en la sociedad internacional. Al final, es una idea que va a muy largo plazo y puede que sea poco realista, pero pensar que fue generada por la tensión que hay entre los líderes de las potencias europeas con EUA, preocupa y abre paso a un nuevo orden global.

Confirma Kremlin posible reunión entre Putin y AMLO

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Yuri Ushakov, asesor del Presidente de Rusia Vladimir Putin, confirmo este martes una posible reunión entre el mandatario ruso y el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador.

Ushakov, aseguró a la prensa que se están evaluando dos opciones, que son la asistencia a la investidura del mandatario electo, o en Argentina, en el marco de la cumbre del G20.

“Existe la posibilidad de un breve viaje a México o un encuentro en Argentina, ambas opciones se están estudiando”, dijo el asesor para asuntos internacionales de Putin.

Tras la victoria del político tabasqueño el pasado 1 de julio, el mandatario ruso lo felicitó y destacó las relaciones de amistad que unen a ambos países.

Putin también exhorto a López Obrador a prestar la debida atención a la cooperación entre México y Rusia.

El presidente electo tomará protesta el 1 de diciembre, mientras que la Cumbre del G20 será en Buenos Aires entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre.

Trump pide invitar a Putin a Casa Blanca

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Donald Trump pidió al consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, invitar al presidente ruso, Vladímir Putin, a Washington este otoño.

El presidente de Estados Unidos pidió a John Bolton invitar al mandatario de Rusia este otoño.

Al respecto, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders comunicó que las discusiones “ya están en marcha”.

Asimismo, Sanders anunció que en Helsinki, Trump acordó llevar a cabo un diálogo regular de trabajo entre los consejos de seguridad de ambos países.

Putin visitó el país norteamericano en siete ocasiones. Su visita más reciente tuvo lugar en septiembre de 2015, según datos del Departamento de Estado, cuando se reunió con el entonces presidente Barack Obama en el marco de la reunión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

La Cumbre de Helsinki y la inesperada tibieza de Trump

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Desde el triunfo de Donald Trump en las elecciones del 2016, sus decisiones y acciones han suscitado bastante polémica. En su política exterior, esto no es una excepción. Se ha rodeado de distintos escándalos y posturas que rompen con la línea política que normalmente llevaban los EEUU. La pasada reunión con Vladimir Putin en Helsinki, es un claro ejemplo de cómo Trump sigue estando lleno de sorpresas.

Y es que, esta cumbre tenía expectativas muy altas y era de suma importancia para ambos países. Para Rusia, después de una Copa del Mundo exitosa, con la que se logró mejorar la opinión pública de occidente sobre el país anfitrión, este encuentro representaba un acercamiento y una posible alianza, tal vez algo desesperada, buscando beneficios económicos. Para Estados Unidos, el espacio codiciado desde hace tiempo para hacer frente y cuestionar de manera crítica las acciones de su cuasi-adversario.

Aunque la Copa del Mundo haya brindado una imagen cálida, festiva y amigable del país, esto no permite olvidarse del régimen autoritario y de las faltas a derechos humanos cometidas en el gobierno de Putin. Y, el Presidente de Estados Unidos debería de tener bastante claro esto.

Si bien, era esperado que el evento fuera un diálogo pacífico y constructivo, en el que se podría mejorar la deteriorada relación bilateral, pocos esperaban la tibieza que reflejó Donald Trump. La agenda para la reunión incluía temas como la anexión de Crimea, la situación en Siria, el desarme nuclear, y la injerencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales de EEUU. 

Trump se expuso tibio, sin mostrarse crítico, sin cuestionar a Putin y su régimen, sin acusarlo de las acciones anti-democráticas en otros países. No se mencionó Crimea (más que por el mismo Putin, justificando a Rusia); sobre Siria se resolvió trabajar en conjunto para limitar la presencia iraní y “garantizar la seguridad de Israel”; y, en cuanto a la injerencia en las elecciones de 2016, Trump afirmó que confía en la contundente negativa brindada con Putin, al mencionar que Rusia no tendría ningún motivo para realizar tal acusación. 

Especialmente esto último es lo que desconcertó a muchos, incluso de los suyos. Con estas declaraciones, invalida las investigaciones hechas por las agencias de investigación de su propio país, y desalienta la esperanza que muchos tenían de comenzar a ver reconfiguraciones del actual orden mundial. 

Aunque estamos acostumbrados a ver a Trump rodeado de polémica y opiniones encontradas, en esta ocasión su postura causó indignación incluso entre sus seguidores y los mismos Republicanos. Ya distintos líderes de gran importancia en el partido como John McCain, Bob Corker y Paul Ryan han externado su decepción sobre lo declarado en la conferencia de prensa, incluso considerando que el evento marca uno de los puntos más bajos en la historia presidencial del país. 

 Como mencioné, no es que se esperara una actitud belicista del encuentro. La relación bilateral entre Rusia y Estados Unidos definitivamente tenían que tomar otro rumbo en el que se incluyera cooperación y trabajo conjunto. Pero nadie esperaba esto. Fue una oportunidad totalmente desperdiciada para confrontar con un mensaje claro a un régimen autoritario y culpable numerosas faltas a los derechos humanos, bajo el mando de un líder autoritario, ante el que, el pasado martes 16 de julio, se cedió mucho terreno.

Donald Trump califica a Rusia entre los ‘enemigos’ de Estados Unidos

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump calificó este domingo a Rusia como uno de los “enemigos” de Estados Unidos, la víspera de una cumbre histórica con su homólogo ruso Vladimir Putin en Helsinki, empañada por la investigación sobre la injerencia rusa en las presidenciales estadounidenses de 2016.

Trump llegó este domingo de tarde a Helsinki en el avión presidencial Air Force One, que aterrizó en el aeropuerto internacional de la capital finlandesa proveniente de Escocia.

Antes de iniciar su gira europea, Trump había predicho que la etapa de Helsinki, donde se reunirá con Putin, sería la “más sencilla”. Pero sus últimas declaraciones podrían atenuar las esperanzas de distensión entre Washington y Moscú.

En una entrevista el sábado en la cadena CBS, difundida el domingo, Trump estimó que Rusia, la Unión Europea (UE) y China eran por diversas razones “enemigos.

“Creo que tenemos muchos enemigos. Creo que la Unión Europea es un enemigo, por lo que nos hacen en comercio”, dijo Trump a CBS.

Rusia es un enemigo en ciertos aspectos. China es un enemigo económicamente, ciertamente son un enemigo. Pero eso no significa que sean malos. No significa nada. Significa que son competitivos”, explicó.

Antes de partir de Escocia, el presidente estadounidense aseguró en su cuenta de Twitter: “Espero reunirme con el presidente mañana”, lunes. Y agregó: “Desafortunadamente, sean cuales sean los resultados que yo obtendré en la cumbre (…) se me harán críticas a mi regreso diciendo que no fue suficiente”.

Aprobación de Mandatarios y Proceso Electoral

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El domingo pasado, como era de esperarse, Vladimir Putin se llevó la victoria en las elecciones presidenciales de Rusia con el 76% de los votos captados con lo cual amarró su 4to mandato que lo mantendrá en el poder mínimo hasta el 2024. Aún considerando las irregularidades en el proceso vale la pena mencionar que Putin es uno de los mandatarios mejor evaluados del mundo con más del 80% de la aprobación popular con cifras de finales del año pasado lo cual explica en gran medida porque su contrincante más cercano sacó un lejano 12% de los votos totales.

La aprobación de Putin contrasta con la del resto de los mandatarios que rondan en la mayoría de los casos entre 30 y 40%, siendo los mejor evaluados por su pueblo Angela Merkel de Alemania con 51% y Emmanuel Macron con 50%, muy lejano al 39% de Donald Trump, al 19% de Enrique Peña Nieto o al 5% de Michel Temer en Brasil. En los últimos años la mayoría de los presidentes latinoamericanos se han ubicado por debajo del 50% y por lo regular ha habido transiciones de gobierno y de sistema de izquierda a derecha como en Argentina de Cristina Fernández a Mauricio Macri, en Chile de Michelle Bachallet a Sebastián Piñeyra, en Perú de Ollanta Humala a Pedro Pablo Kuczynski o de derecha a izquierda como se pronostica pudiese ocurrir en Colombia y en México en las elecciones de este 2018.

Si hablamos de los niveles históricos de aprobación de los presidentes mexicanos vemos el gran contraste, Salinas tuvo un promedio sexenal de 73.1, Zedillo de  54.9, Fox de 57.9 y Calderón de 56.6 mientras que Peña Nieto pinta para ser el presidente peor evaluado en la historia moderna de México, aún y con los logros y reformas que se lograron sacar adelante gracias a la visión y capacidad de consenso de su gobierno. ¿Porqué ocurre esto?, ¿Es un error de comunicación o hay algo que opaca estos logros? Al final yo pienso que es una combinación de ambas. Por ejemplo, han habido varios gobiernos estatales que han dado buenos resultados en varios estados de la república pero que en 2015 y 2016 vivieron derrotas históricas como es el caso de Querétaro donde el gobernador saliente Pepe Calzada era el mejor evaluado a nivel nacional.

En este proceso electoral no cabe la menor duda que hay que considerar tendencias mundiales que existen en la política contra el establishment, que en este caso es representado por el PRI, y que hay gobiernos que por mejor estrategia de comunicación que tengan y logros que presuman la realidad es que unos cuantos o muchos escándalos de corrupción de ese gobierno o de ese mismo partido terminan por hacer impresentable mucha de la oferta electoral que pudiesen presentar.

El fenómeno no es exclusivo de un solo partido, pero termina por afectar sobre todo a las fuerzas políticas tradicionales, el problema es que independientemente del resultado nadie de los que gane triunfará con una amplia mayoría si consideramos que la mitad de las personas no vota, por lo cual habría un problema consiguiente de gobernabilidad y falta de representatividad en los gobiernos estatales, federales y en las propias cámaras del congreso. Si logramos dejar a lado algunas de nuestras diferencias políticas después del proceso electoral y los ciudadanos además de razonar su voto se involucran en las labores de los gobiernos entonces podremos ver avances en temas de gobernabilidad en nuestro país, si seguimos con la tendencia del hartazgo generalizado hacía la política sin generar aportaciones reales podríamos llegar a un escenario de inestabilidad que podría trasladarse de lo político a lo social y a lo económico.

Zarismo 2.0

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Si creíamos que la época imperial había terminado el siglo pasado, Rusia nos pone otro ejemplo de que estábamos equivocados, aunque con nuevos matices donde el capitalismo, el nacionalismo y la democracia reafirman un modelo autoritario, pero eficiente. 

El domingo pasado Vladimir Vladímirovich Putin fue reelecto con el 76.66% de los votos, seguido por el candidato del Partido Comunista, Pavel Grudinin, quedando considerablemente lejos del puntero al obtener sólo el 11,77% y un tercer sitio para Vladimir Zhirinovsky del Democrático Liberal.

Putin superó el porcentaje de votos en sus elecciones anteriores y éste será su cuarto mandato, con el que extiende su poder al 2024. Espacio de tiempo suficiente para modificar la ley y presentarse para un quinto mandato dentro de seis años.

Si regresamos a los números de la elección, podemos identificar un elemento importante del país más grande del planeta. 88% de los ciudadanos rusos prefieren vivir en un sistema autoritario, es decir, 9 de cada 10 personas consideran que la democracia liberal no tiene cabida en esta región. Con la experiencia entre la época zarista, el régimen soviético que los colocó como potencia mundial, seguido por el triste desempeño de Yeltsin en los noventa y el ‘Putinato’ que ha puesto a Rusia en los grandes planos, los rusos parecen estar cómodos con el orden que establece el autoritarismo, ceden la plena libertad por la seguridad y la estabilidad. 

Con ello podemos esperar que Vladimir Putin no sólo llegue a 2024 como uno de los líderes más poderosos del planeta, si no que extienda su mandato impulsado por la ‘voluntad’ de la mayoría de los rusos. El Zarismo 2.0 parece haber regresado a las tierras de Pedro el Grande. 

#ElNidoDelGavilán: “Andres Manuelovich I”

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En la semana trascendió el supuesto infiltración de los rusos en la próxima elección presidencial. El Canciller Videgaray ya lo había negado, pero el tema sigue ahí y desde la Casa Blanca que no es cosa menor.

Con la oleada rusa, el puntero de la contienda Andrés Manuelovich ha aprovechado de manera correcta esta noticia y en lugar de denostar a la Casa Blanca ha adoptado con humor el tema. En lo que sí ha caído es un pleito de barrio con algunos periodistas en Twitter que claramente buscan en lo que el argot futbolero se llamaría “chicharronear”, simplemente causar clickbaits y ganchar a la audiencia con escandalitos. Sin desdeñar lo publicado por León Krauze, aun faltan pruebas y denuncias formales para sostener la idea de la intromisión rusa.

De momento, Loret de Mola y algunos periodistas de Televisa también se metieron al juego del Dr John Ackerman, ideólogo, investigador de la UNAM y ahora standupero oficial de RT, canal oficialista del régimen ruso.

Lo que sí es que el efecto vodka sigue manteniendo a AMLO a la cabeza de la contienda y es una muestra del descrédito nacional a lo que Vladimir Putin pudiera decir o hacer.

En lo que sí podemos ver una LopezTroika es en la manera que MORENA está sumando gente, una apertura en la izquierda no vista desde Gorbachov, donde están desde el gran negociador Alberto Anaya hasta Cuauhtémoc Blanco y Sergio Mayer que figuran en la lista de nuevos “camaradas” del partido.

Sin duda, este 2018 podría englobarse como las campañas del desánimo, donde todos son malos, nadie cree en nadie, Fake News en todos lados y posverdad dejando de lado a la corrección política. Con un José Antonio Meade que no termina por demostrarle a la gente sus cualidades y que cada día parece un Labastida pero con estudios en Yale, un Anaya que solo le falta pelearse con Castillo Peraza y con Clouthier y unos independientes que pocos o nadie da un peso por ellos.

Probablemente Andrés Manuel si no comete otra “Cállate chachalaca” o “Al diablo con sus instituciones” estará en la silla de Juárez, su ídolo máximo, supuestamente. No sé si el pueblo de México esté preparado para un shock emocional con lo que pueda pasar con AMLO si gana o pierde. Esperemos no se venga otra Revolución de Octubre.

#AlebrijesPolíticos: “Andrés Manuelovich y el ‘soft power’ ruso”

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El periodista y escritor León Krauze, se vio envuelto en la controversia esta semana por su columna en el periódico El Universal, donde advierte, utilizando información de agencias de inteligencia, del gobierno de Estados Unidos y de la Unión Europea, una posible intervención de Putin y Rusia en las elecciones de México este año. Aunque coincido con Krauze, creo que en su texto hizo falta un término más exacto para describir esta intervención, presuntamente, a favor del precandidato de Morena y eterno aspirante a la Presidencia, Andrés Manuel López Obrador, las palabras son soft power, en español, poder blando. A continuación me explico.

En la teoría de las relaciones internacional hay dos tipos de poder entre los Estados, “hard power” o “soft power”. El primero lo podemos relacionar con la política del regalo o castigo, es decir, estas conmigo, te doy beneficios, estas contra mi, intervengo militarmente para meterte en línea a la mala. El mundo ha pasado de usar usualmente el poder duro a usar más el poder blando, que es influir poco a poco en un país, hasta que terminas incluyéndolos en tu bando o en su caso, ser títeres tuyos.

John Ackerman, académico muy cercano a AMLO, dice de manera correcta que la “Guerra Fría” ha acabado, argumentando que Putin es capitalista y no socialista, lo que es correcto, pero desde mi punto de vista la “Guerra Fría” no acabó, sino que tuvo un cambio. Paso de ser una lucha de ideologías (comunistas vs. capitalistas) a una guerra de ver quien tiene más influencia en los países más pequeños y débiles.

Rusia, entendió que en el nuevo sistema mundial, no puede ir a invadir a la diestra y siniestra otros países, pero los rusos, y sobre todo Vladimir Putin, entendieron en la perfección como podrían usar el poder blando a su beneficio, esto con el fin de influir internamente en los países y manipularlos.

No nos podemos engañar, Rusia lleva tiempo haciendo esto, el ejemplo más reciente es Estados Unidos, donde manipulando, creando noticias falsas y propaganda, han logrado polarizar a la Unión Americana e incluso hacer que Trump llegue al poder. México y su democracia no están exentos de que suceda lo mismo.

Desde hace más de un año, yo he venido argumentando, que Russia Today (RT) es un medio de comunicación del estado ruso, que por medio de la propaganda, ha logrado denigrar al gobierno federal y señalar puntualmente lo muchos errores de la administración de Enrique Peña Nieto, siento yo que hay que ir más allá de RT.

Las redes sociales se han vuelto una de las herramientas más usadas por los rusos para influir en las naciones y polarizarlas. Las páginas que promueven #FakeNews o noticias falsas, son en muchas ocasiones promovidas por rusos, tal como fue el caso en los Estados Unidos durante el 2015 y 2016. También, es de llamar la atención, la cantidad de imágenes y memes que veneran a Putin, llamándolo como un ejemplo de líder y hasta “el líder que necesitamos en México”, un error garrafal.

Putin es pésimo ejemplo de buen líder, Rusia siempre externará una imagen de fuerza, pero la realidad es muy diferente. El país es extremadamente corrupto (como México), la libertad de expresión no existe, la opresión a grupos minoritarios es constante (no olvidemos que ser homosexual en Rusia es prácticamente un pecado), y hay indicios de que el líder ruso ha mandado asesinar a adversarios políticos.

Burlarnos y decir que Rusia no busca influir en México, es ingenuo. Dudo mucho que la campaña de AMLO, tenga un contacto directo con los rusos, como fue el caso de la campaña de Trump. Pero de algo podemos estar seguros, Rusia quiere que gané un personaje como el morenista, no por qué considere que este sea radical, pero ciertamente va a desestabilizar más la ya turbulenta relación con Estados Unidos y por ende con nuestro principal socio comercial.

León Krauze tiene razón, la amenaza rusa es real, y de hecho desde mi punto de vista ya tiene mucho tiempo en nuestro país. Por otro lado, decir, que Rusia ya es capitalista y que por esto no es una amenaza, es inocente, ya que como lo digo antes, esto ya no es una batalla de ideologías económicas y sociales, es una batalla de influencias. La pregunta es, ¿AMLO se deslindará de Ackerman y su esposa? Esperamos que sí y pronto.