CNTE: Enemigo Público

El miércoles pasado hubo otra marcha de maestros en el centro de Monterrey. Cerca de las 18:00 las calles aledañas a la macroplaza fueron cerradas y cientos de policías fueron desplegados para mantener el orden público. Naturalmente el caos vial se acrecentó en cuestión de minutos y el enojo de los automovilistas hizo lo propio.

Al escuchar sobre estas movilizaciones apurado salí de la oficina (ubicada en el centro) para asistir a mis clases de maestría y por unos cuantos minutos estuve cerca de quedar atrapado entre las calles del centro y en consecuencia faltar a clases.

Afortunadamente lo logré. Pero qué ironía que por culpa de los bloqueos y manifestaciones de los “maestros” no iba a poder llegar a la universidad, ¿no?

Es tiempo de usar la fuerza pública sin inhibiciones ni remordimientos. Cuando el diálogo no es suficiente, cuando no se entienden razones, cuando el inconforme adopta una actitud violenta y salvaje para expresar o defender sus ideas, el siguiente paso para poder garantizar el bien general de la población es la fuerza pública. Estas personas deben ser tratadas como los criminales que son.

No podemos seguir permitiendo que gente como ésta violente nuestro entorno. Para los pseudo activistas que su argumento contra lo anterior será que “el gobierno opresor violenta nuestro derecho de manifestarnos, el ejército reprime al pueblo con violencia” y un largo etcétera de posiciones sofistas, deben saber que los enfrentamientos entre Gobierno y CNTE no se han dado por el simple hecho de ser maestros, como muchos ilusos argumentan.

Las pugnas se dan porque estos “educadores” han violentado, incendiado, bloqueado, golpeado. Su derecho de manifestarse acaba cuando transgreden el derecho de la educación, del circular sin bloqueos, del disfrutar un país sin violencia.

La fuerza pública actúa y actuará cuando los “manifestantes” dan razones para hacerlo. Cuando se trata de plantones con violencia y la afectación de miles de personas ajenas al problema, por supuesto que el ejército y la policía tendrán que actuar con violencia. El hecho de ser ciudadano no te exime del cumplimiento de la ley.

¿Dónde está el derecho de los niños de asistir a la escuela? ¿Dónde quedan los padres de familia que quieren educación de calidad para sus hijos? ¿Por qué tenemos que soportar bloqueos y violencia que afectan nuestra vida diaria? ¿Qué pasa con los miles de personas que no pueden llegar al aeropuerto, al hospital o a su oficina por culpa de los manifestantes?

El pasado conflicto en Oaxaca dejó pérdidas de $150 millones de pesos (mdp) para el sector hotelero y $28 mdp para el restaurantero, de acuerdo al Gobierno de Oaxaca. Conforme a la Asociación Guatemalteca de Exportadores, los bloqueos carreteros que impiden la llegada de productos de países centroamericanos a Oaxaca y otros estados del sur han generado pérdidas de $10 millones de dólares (mdd).

La Cámara de Comercio Servicios y Turismo de la CDMX reportó la afectación a 2,833 comercios y pérdidas de $35 mdp diarios. En Michoacán el Consejo Económico y Social de ese estado cuantifica en $680 mdp la merma durante el primer semestre de este año. ¿Por qué nuestra economía tiene que soportar esto?

Además, en los últimos tres años de inconformidades de la CNTE los estragos han sido numerosos bloqueos al aeropuerto de la CDMX, en detrimento de las miles de personas que viajan por placer o negocios; un plantón de cinco meses en el zócalo capitalino, afectando el turismo y el comercio de esa zona; incendio a las oficinas del PRI en Chilpancingo y una del INE en Oaxaca, amenazando vidas y pérdidas de infraestructura.

El diálogo terminó. Se debe tratar a quien atente contra la nación con todo el peso de la ley y la fuerza del Estado mexicano.

Si es necesario recurrir a la violencia para asegurar la seguridad y derecho de los millones de ciudadanos afectados por estos haraganes así tendrá que ser. CNTE, su teatro se ha terminado, nuestra policía y ejército debe acabar con quien siga alentando estas actitudes retrógradas. Gobierno Federal, es tiempo de utilizar sin pudor alguno la competencia de la fuerza pública.

El avance y transformación de México está en el aula de clases para las futuras generaciones, no en los pretextos para no impartir la educación.

http://expansion.mx/empresas/2016/07/07/bloqueos-en-oaxaca-provocan-perdidas-millonarias-a-exportadores-centroamericanos

http://expansion.mx/economia/2016/07/05/las-protestas-de-la-cnte-han-dejado-perdidas-de-680-mdp-en-morelia

http://expansion.mx/nacional/2016/07/06/maestros-contrarios-a-la-reforma-educativa-protestaran-en-la-cdmx

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LA POLICÍA EN MÉXICO YA NO EXISTE

¿Quién le cree a los policías? En esta época causan temor a la población en lugar de brindar tranquilidad, son tachados de corruptos y algunos les llaman “los títeres sangrientos” del gobierno federal.

Ya es una cuestión cultural el relacionarlos con moches, el creer que los robos a casa habitación son estratégicamente planeados por ellos y que forman parte no-oficial de las bandas delictivas.

¿Habrá alguien que considerando esto, elija ser policía? Aunque se han realizado esfuerzos para mejorar la calidad de vida profesional de nuestros cuerpos policiacos, la realidad es que reciben un sueldo poco competitivo comparado con un trabajo que en teoría demanda arriesgar la vida cada día.

La sociedad los repudia sin importar quiénes son, si han actuado de buena fe o no en su profesión; la etiqueta de policía esta denigrada en esta época y esto va directamente ligado con la seguridad endeble que existe en México.

En un año caracterizado por la violencia y el descontento social, a los policías les ha tocado combatir buenos y malos. Aparecen portando armas, utilizando escudos y sometiendo a cientos de personas que atentan contra la civilidad y la moral social. En ninguna de ellas se ha mencionado un “gracias policías por proteger nuestra seguridad” o “héroes que salvaguardan la tranquilidad del país” y tampoco digo que todos lo sean. Pero soy de la idea que, como en toda profesión, existen elementos buenos y malos.

No tengo duda que existen policías que efectivamente arriesgan su vida día con día, que protegen a los desfavorecidos, que buscan resguardar la seguridad de niños y mujeres, que aman y ejercen su profesión con pasión. Pero, ¿les respondemos a su esfuerzo? La respuesta es no. Y el problema radica en que nosotros como sociedad tampoco les ayudamos a hacer su trabajo. Nos es más fácil ceder a los moches e incluso tomar la batuta para ofrecerlos, nos parece divertido romper la ley aunque sea “un poquito” y adoptamos malas prácticas bajo el lema “todos lo hacen”.

Los policías combaten lo mal que educamos a nuestros hijos, el vómito social ofreciendo los peores ciudadanos que delinquen, combaten la ignorancia y el repudio de un país que no tiene calidad moral para exigir casi nada.

El problema de la inseguridad, de la corrupción, de los malos gobiernos, de la contaminación y de los miles de problemas que causan una de las peores crisis que hemos vivido en nuestro país es causado por todos nosotros. Policías, gobernantes, delincuentes y maestros: todos somos respuesta a una sociedad que se está destruyendo sola.

¿Quién le cree a los policías? Yo decido comenzar a creerles.

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Más respeto para los criminales

Cuando el video de la tortura de Elvira Santibañez Margarito se hizo público, muchos criticaron que se castigara a los culpables. Sí, Santibañez era miembro del crímen organizado, pero esto no justifica lo que le hicieron. El rol de la policía y de los militares no es el de saciar la sed de venganza de la sociedad, sino procesar y castigar a los culpables con apego a la ley.

Si la opinión pública le da el pase a las autoridades en esta ocasión solo porque se trata de una criminal, entonces implícitamente se le está dando un pase para que torturen a otras personas que no han sido procesadas y que por lo tanto son potencialmente inocentes. Cuando esto sucede (porque se da seguido en este país), entonces esas mismas voces que aplauden la tortura de esta mujer, protestan ante la tortura de los detenidos inocentes.

Si la opinión pública le da el pase a las autoridades en esta ocasión solo porque se trata de una criminal, entonces implícitamente se le está dando un pase para que torturen a otras personas que no han sido procesadas y que por lo tanto son potencialmente inocentes.

Este problema no es endémico, hace poco más de un año la CIA se vio envuelta en un escándalo cuando se publicó que se recurría a éstas prácticas. Muchos pensarán que la tortura es necesaria, que es la única forma en la que se puede sacar información a los detenidos, pero la realidad es que la mayoría de la gente tiene una noción equivocada de lo que se logra a través de la tortura.

John Oliver argumenta que las series de televisión y las películas nos hacen pensar que es una forma de extraer información legítima, pero en la vida real, la evidencia indica lo contrario. Ningún caso documentado por la CIA prueba que se haya obtenido información relevante después de torturar a los detenidos. De hecho, hasta se menciona que uno de los torturados “confesó” sobre una acción de reclutamiento terrorista, que al final de cuentas resultó ser falsa. [1]

No es nada difícil imaginar que las confesiones que son extraídas bajo tortura sean falsas, ¡y es que uno diría cualquier cosa! Recordemos que hace unos siglos muchas mujeres fueron obligadas de esta manera a confesar que eran brujas… ¡Confesaron algo físicamente imposible con tal de no ser torturadas! Entonces, por ejemplo, cuando el GIEI dice que hubo tortura de testigos en el caso Ayotzinapa, ¿cuál es la credibilidad de estas declaraciones?

John Oliver argumenta que las series de televisión y las películas nos hacen pensar que es una forma de extraer información legítima, pero en la vida real, la evidencia indica lo contrario. Ningún caso documentado por la CIA prueba que se haya obtenido información relevante después de torturar a los detenidos.

La tortura y las matanzas extrajudiciales perpetradas por las autoridades les restan legitimidad y credibilidad y afectan la imagen de nuestro país a nivel internacional. Pero, ¿cuáles son los métodos alternos? Jack Cloonan, ex-agente del FBI, argumenta que la mejor forma de lograr que un detenido coopere es ofrecerle una alternativa; hacer que acepte que no puede volver a su vida anterior, pero que al ayudarle a las autoridades podría, por lo menos, llegar a un compromiso. [2]

Nuestras autoridades deben de seguir las reglas hasta cuando se trata de asesinos. El imitar las tácticas inservibles de otros criminales (un ojo por ojo), no logra más que una sensación de desquite temporal. La tortura no funciona, está comprobado y ellos deben estar entrenados para seguir las tácticas más efectivas y no brincarse los procesos legales. Porque, nunca sabes… si te llegas a ver en un malentendido ¿qué garantiza que no se los vayan a brincar contigo?

[1] LastWeekTonight, Last Week Tonight With John Oliver: Torture (HBO), YouTube, https://www.youtube.com/watch?v=zmeF2rzsZSU.

[2] Ibid.

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Las implicaciones del Mando Único Policial

Hace poco más de un año el Ejecutivo envió al Legislativo una propuesta para la creación de un mando único policial en cada uno de los estados, con esto se busca crear economías de escala para alcanzar mayor equipamiento y capacitación, así como mantener una sola línea que dirija los esfuerzos de combate del crimen organizado y prevención del delito. La consolidación del mando único se ha dificultado porque actualmente existen más de 1800 grupos policiales, operados por los municipios del país, lo que implica un esfuerzo importante de coordinación en el interior de los estados.

Existen opiniones diversas referentes a las implicaciones de la consolidación de las policías municipales en las entidades.

Por un lado están quienes opinan que esto puede fortalecer a las fuerzas policiales, aplicando los recursos en una misma dirección y combatiendo con mayor fuerza las infiltraciones dentro de estos grupos. Pero hay quienes opinan que los municipios son los que conocen de cerca los problemas de seguridad que enfrenta la población y por lo tanto son ellos quienes deben de tener a su cargo la administración de la policía.

Considero que tener un mando único otorga ventajas importantes para los estados, pero es importante no perder de vista las implicaciones económicas que esto puede tener. Muchos municipios del país no cuentan con los recursos necesarios para capacitar y equipar a sus elementos policiales y la creación del mando único exigirá que los estados destinen dinero para estos conceptos. Las entidades no tendrán los beneficios que esperan con la creación del mando único si no están preparados económicamente para asumir el gasto que representa la consolidación de las policías municipales.

En Nuevo León hemos sido testigos de los buenos resultados que se obtienen cuando a nivel estatal se tiene una policía equipada, capacitada y con estrictos procesos de reclutamiento.Pero esto ha representado un importante gasto para el Gobierno del Estado, que no sólo se detona en el momento de la implementación, sino que se mantiene como parte del gasto corriente de año con año.

Para la creación de un mando único en Nuevo León, los municipios tendrían que ceder al Estado la operación de sus policías municipales y los recursos con los que actualmente operan.

No obstante, estos recursos de los municipios no bastarían para alcanzar el nivel de calidad que se espera que tenga el cuerpo policial estatal, por lo que el Estado tendría que encontrar la forma de destinar mayores recursos que los que actualmente se aportan para el tema de seguridad.

La creación de 32 grandes grupos policiales en el país no será posible sin el apoyo económico de los tres órdenes de gobierno, no solo se trata de unificar los grupos policiales de los municipios, sino de crear toda una estrategia para mejorar las condiciones que tienen estos grupos. El establecimiento de un mando único en cada estado es una estrategia de seguridad de mediano y largo plazo que puede mejorar el nivel de seguridad de las entidades, pero para ello es importante que los gobiernos estén preparados para el impacto que tendrá sobre las finanzas de los gobiernos subnacionales.

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El policía y el ciudadano. La confianza ciudadana en las instituciones para el éxito del trabajo policiaco

Como respuesta ante el incremento de la violencia, tanto Fuerza Civil como los diversos cuerpos de seguridad pública municipales han buscado incrementar su estado de fuerza como estrategia a fin de contener (no reducir ni incidir en la comisión de delitos) los delitos y la inseguridad que se presenta en la entidad.

La Procuraduría General de Justicia en el Estado y Fuerza Civil, así como las dependencias encargadas de la pública municipales, han presumido de la detención de presuntos involucrados (inocencia hasta que un juez determine su situación jurídica) como resultado de su actuar, justificando con esto la necesidad de incrementar su estado de fuerza, así como capacidades, señalando que a mayor número de elementos mayor efectividad.

Sin embargo, esto no ha incidido en la percepción de la ciudadanía ante los cuerpos policiales, lo cual influye indirectamente en su actuar. ¿Cómo incide la percepción de la ciudadanía en estos casos?

Citando un ejemplo de participación e involucramiento de la ciudadanía a la denuncia anónima, como se ha visto al menos en casos a nivel nacional, ésta ha sido fundamental para el combate a la delincuencia, ya que es a través de ésta que se ha podido realizar acciones concretas que han mermado la operación de organizaciones delictivas (es común leer en los comunicados de fuerzas armadas y autoridades federales, la sintaxis: “derivado de trabajos de inteligencia y por medio de una denuncia anónima…)

Sin la confianza de la ciudadanía en las instituciones de seguridad, el trabajo de la policía se ve mermado y en cierta manera, limitado.

¿Qué conlleva la participación ciudadana en el combate a la delincuencia y su incidencia en los cuerpos de policía para la efectividad de los mismos? Sin la confianza de la ciudadanía en las instituciones de seguridad, el trabajo de la policía se ve mermado y en cierta manera, limitado.

El distanciamiento entre sociedad y policía lleva a tener una institución en la que no se confía y por tanto, con la que no se colabora. Esto genera más que un sentimiento de seguridad al ver a los policías, un recelo y una desconfianza generalizada.

La confianza en la ciudadanía se debe ir recobrando un paso a la vez, a través de un cuerpo policiaco profesional y capacitado, donde los controles de confianza sean para el bien de la corporación y no como una forma y justificación para despedir elementos.

La confianza en la ciudadanía se debe ir recobrando un paso a la vez, a través de un cuerpo policiaco profesional y capacitado, donde los controles de confianza sean para el bien de la corporación y no como una forma y justificación para despedir elementos.

Se debe de tener una policía más cercana a la gente, donde se privilegie un trato cercano y humano, dejando a elementos como los de Fuerza Civil, una policía de reacción, a hechos de violencia de mayor intensidad y privilegiando el uso de modelos de policías de proximidad, más cercanos a la gente.

El binomio policía-ciudadano propiciará un flujo de información constante entre autoridad y ciudadanía, que permitirá detectar los problemas de delincuencia previos a que se realicen, y así poder disuadirnos, y en su caso, prevenirlos.

El fracaso de las actuales políticas de seguridad tiene su base en que privilegian la reacción antes que la prevención. El ciudadano necesita de su policía, tanto como la policía necesita del ciudadano.

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LA CULTURA DE LA DISCRIMINACIÓN Y CORRUPCIÓN

Es tan cotidiano ser víctima o victimario de la discriminación en México que se ha arraigado en la esencia más profunda de nuestra cultura. Somos constantes “defensores” de los derechos humanos, pero de los que mejor nos parecen o se acomoden a nuestra situación.

Defendemos a las mujeres, pero en casa sólo ellas pueden hacer el aseo. Buscamos la igualdad, pero existe un tabú enorme cuando una mujer percibe un sueldo mayor al de su esposo.

Defendemos a las mujeres, pero en casa sólo ellas pueden hacer el aseo. Buscamos la igualdad pero existe un tabú enorme cuando una mujer percibe un sueldo mayor al de su esposo. Las mujeres son fuertes y capaces pero alcanzan un porcentaje menor de oportunidades ante los hombres, hombres que no pueden ser sensibles porque irremediablemente se relaciona con “debilidad” o “mariconería”.

La religión es pureza y unión hasta que comienza el debate entre “fieles” católicos que critican en nombre de Dios la decisión de otro grupo llamado “agnóstico” de no creer en algo que no pueden ver. Creemos en Dios mientras no se interponga en un pecado carnal de fin de semana, y si se interpone lo olvido un momento y al día siguiente acudo a misa. Una misa donde la iglesia se ha convertido en una de las empresas más rentables del mundo mientras la mayoría de sus creyentes viven a veces no tienen para comer.

Nos quejamos del policía corrupto hasta que nos detienen a nosotros y lo solucionamos con un “moche” rápido. El gobierno es la corrupción andando hasta que para sacar la licencia de conducir preferimos “agilizar” el trámite con un dinerito extra que nos permite el sistema. Nos pasamos cualquier cantidad de semáforos en rojo hasta que cruzamos la frontera y recordamos que en algún lugar del mundo la cultura positiva existe.

La cultura de la discriminación y la corrupción está tan profunda en nuestra sociedad que resulta complicado hacerle frente. Vivir con ella ha significado enormes pérdidas económicas y un estancamiento constante en el tercer mundo.

La cultura de la discriminación y la corrupción está tan profunda en nuestra sociedad que resulta complicado hacerle frente. Vivir con ella ha significado enormes pérdidas económicas y un estancamiento constante en el tercer mundo. ¿México está destinado a convivir con esta cultura?

Me gusta creer en que el rumbo puede cambiar de destino. Me agrada la gente que respeta aún sin recibir lo mismo. Me fascina las personas que sueñan con la transformación de esta cultura pero que sueñan haciendo. Me gusta creer y hacer, aunque me consideren iluso; que México, tarde o temprano, dará el salto que tanto necesitamos. ¿Te gusta creerlo?

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La Seguridad Pública: ¿Una estratégica política?

Últimamente, está en boca de la mayoría de la población el incremento de los brotes de violencia en el Estado, sobretodo en la Zona Metropolitana de Monterrey.

Últimamente, está en boca de la mayoría de la población el incremento de los brotes de violencia en el Estado, sobretodo en la Zona Metropolitana de Monterrey.

Y es que la cosa no da a menos. En 26 días del año 2016 (contados al día de hoy martes), ha habido un total de 37 personas sin vida, documentadas en fuentes abiertas, entre ejecuciones por parte de la delincuencia organizada así como en hechos delictivos del fuero común.

De estos hechos destaca la ejecución de 7 personas, en un mismo hecho, el día 9 de Enero en el municipio de Santa Catarina, atribuida según la Procuraduría de General de Justicia en el Estado (PGJE) a la disputa entre pandillas involucradas en actividades de narcomenudeo.

Pero, ¿cómo es esto tomado por las autoridades? Hemos visto que en lugar de hacer labores de coordinación e inteligencia, en materia de seguridad pública, se ha tomado como un estandarte político por parte del gobierno en turno.

Esto lo podemos ejemplificar de manera sencilla: cuando suceden brotes de violencia, como los que están ocurriendo, lo más común por parte de las autoridades es referir que es debido a que en equis administración pasada “se bajó la guardia”; o bien, que estas acciones obedecen a un reacomodo por parte de los cárteles de la delincuencia o incluso que son hechos aislados que son reacción de lo bien que se está haciendo el trabajo en seguridad pública.

Es más fácil “echarle la pelotita a otro” que aceptar que hay fallas que se pueden solventar en nuestras acciones.

Este discurso repetitivo, sin un sustento pero con gran aceptación por parte de la ciudadanía, ha sido la principal forma de justificación de los hechos que se registran en la entidad. Y es que es más fácil “echarle la pelotita a otro” que aceptar que hay fallas que se pueden solventar en nuestras acciones.

Pero, y ¿cuál es la estrategia política en todo esto? Hemos podido observar que se trata de una estratagema donde se busca responsabilizar a las nuevas administraciones de los hechos violentos, señalándose que estos “nuevos” funcionarios no son capaces de controlar y solventar el problema de seguridad. Es mejor regresar a lo que ya teníamos y a lo que estamos acostumbrados, justificando que la problemática delictiva que se presente al momento, no es particular de la entidad y que es parte de un entramado de la mismas organizaciones delictivas, que se “pelean el control” del trasiego y venta de estupefacientes en el Estado. Es problemática general y no es un caso particular del Estado.

¿No sería más efectivo mantener un efectivo control de las policías a reestructurarlas cada 3 ó 6 años? Financieramente, así será más sano, y estructuralmente, también; sin embargo, políticamente, no lo es.

¿Cuál ha sido la respuesta de las actuales administraciones? El minimizar los hechos delictivos, como ya se mencionó antes. Por otra parte, la creación, reestructuración, depuración, incremento, etc. de los cuerpos de seguridad pública. ¿No sería más efectivo mantener un efectivo control de las policías a reestructurarlas cada 3 ó 6 años? Financieramente, así será más sano, y estructuralmente, también; sin embargo, políticamente, no lo es.

Y es que esto implica que la reestructuración o renovación de los cuerpos policiacos, buenos y malos elementos por igual, es debido a que estos arrastran viejos vicios, y con las modificaciones en curso, podrán resarcirse el daño que se ha tenido, y de no ser así, se podría justificar al señalar: “Es una nueva policía, que se afronta a nuevos retos. Sin embargo, hay que darles tiempo para dar resultados.”

La seguridad pública ha sido utilizada como un factor político más al servicio de los gobernantes. La tendencia de los gobiernos, no sólo a nivel local si no también nacional es la de militarizar los cuerpos policiales.

La seguridad pública ha sido utilizada como un factor político más al servicio de los gobernantes. La tendencia de los gobiernos, no sólo a nivel local si no también nacional es la de militarizar los cuerpos policiales.

El incrementar el número de policías (sin una estrategia definida, pensando que un mayor número de elementos pueden disuadir a los criminales) y el colocar mandos de extracción militar y la construcción de cuerpos policiales semi militarizados, si bien han dado resultados en un corto plazo, no son la estrategia que se debe de seguir para combatir este mal que está por resurgir de nuevo. No obstante, es una carta política que es bien aceptada por la población en general.

La descomposición de los cuerpos policiacos, debido a los controles laxos y a la infiltración del crimen organizado, así como al poco interés que se les ha brindado al considerárseles como uno de los últimos eslabones para generar simpatía, ha generado una desconfianza general hacia las policías.

El haber tenido congelado por tanto tiempo temas tan importantes que son base para las efectivas políticas públicas y sociales como lo son las reformas en materia de seguridad, la importancia de la prevención del delito, la importancia de la participación de la ciudadanía dentro de las políticas, entre otros menesteres, solo sirvió para que la inseguridad se fuera desbordando hasta el punto de no poder contenerla efectivamente.

Si bien, los mandos militares han dado resultado en ciertos escenarios, está claro que la militarización de los cuerpos de seguridad no es el camino. La formación castrense no puede ser impuesta a los cuerpos policiales, cuya esencial es que son civiles.

Esta propuesta surge a razón que las fuerzas armadas son las que tienen una mejor percepción ante la ciudadanía, y es a través de su estructura y formación estricta, privilegiando el uso de la fuerza, como se reducirá la delincuencia.

Se debe de incidir más en el diseño de políticas de seguridad donde se privilegie la participación ciudadana desde un punto de vista multifactorial, donde se vea a la delincuencia desde un punto de vista multicausal, donde se hagan efectivas las reformas en materia seguridad y donde el trabajo policiaco se dignifique.

Hay que dejar de lado a la seguridad pública como estandarte político a favor o en contra de cierta administración.

Hay que dejar de lado a la seguridad pública como estandarte político a favor o en contra de cierta administración. Hay que construir con base en lo que ha dado resultado, reestructurar lo que no ha funcionado como se esperaba, adaptarse a los cambios propios de la dinámica del Estado y crear una coordinación entre corporaciones, donde el protagonismo pase a segundo plano, y los resultados sean los que hablen por sí solos. La mejor manera para conocer la percepción de seguridad, es cuando no se comenta de la misma (incongruente, pero cierto).

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Chapo: Sálvanos de ISIS.

La semana pasada se dijo que “El Chapo” amenazó a ISIS. Todo surgió de una nota falsa creada a manera de sátira por la página Thug Life Videos que, para no variar, fue tomada como auténtica por diversos medios de información supuestamente serios.

Durante días pasados también circularon enlaces a sitios web de apariencia poco fidedigna que aseguraban que los narcotraficantes habían advertido a los terroristas que no se acercaran a México.

Durante días pasados también circularon enlaces a sitios web de apariencia poco fidedigna que aseguraban que los narcotraficantes habían advertido a los terroristas que no se acercaran a México.

Como de costumbre, sin cuestionar mucho la fuente, las notas se hicieron virales. (¿No les pareció cuando menos cuestionable la posibilidad de que “El Chapo” se pusiera a escribir correos electrónicos desde donde quiera que esté?)

Y es que desde que se hizo público el extraño y desconcertante video supuestamente elaborado por el grupo terrorista de Medio Oriente donde aparecían múltiples banderas, entre ellas la nuestra, el tema de “la amenaza de ISIS a México” originó diversas noticias, opiniones, bromas, hipotéticos y, por supuesto, notas falsas que buscan hacerse virales.

En muchas personas ha surgido la siguiente pregunta: ¿quién nos defendería en caso de que los yihadistas llegaran a México? Aparentemente el ejército, la policía o el Estado no les generan mucha esperanza.

Imagino que más por ocio que por un verdadero temor, en muchas personas ha surgido la siguiente pregunta: ¿quién nos defendería en caso de que los yihadistas llegaran a México? Aparentemente el ejército, la policía o el Estado no les generan mucha esperanza.

Tal vez por ello, el tema de los narcotraficantes como los auténticos héroes defensores de la patria se vuelve atractivo para crear contenido falso con potencial de difusión masiva.

La pésima imagen del Estado mexicano no es precisamente sorprendente. De acuerdo con Consulta Mitofsky, la confianza en las instituciones se sitúa en su nivel más bajo desde 2004. Por ejemplo, de una escala del 1 al 10 la presidencia obtuvo un 5.7, la policía un 5.3 y el ejército un 7.1 que aunque es alto, representa su calificación más baja en los últimos 11 años.

Pero no sólo disminuye la confianza en el Estado sino que, extrañamente, parece aumentar en ciertos aspectos la que existe hacia los narcotraficantes. Aquellos que supuestamente son los enemigos de la población de pronto se transforman en esperanza y héroes; ha sido tal el fracaso de las autoridades en los últimos 10 años que la gente además de creerlas incapaces de derrotar a los criminales, parecen preferir que sean éstos quienes nos defiendan en caso de un ataque extranjero.

A falta de policía, que el ladrón me defienda de los demás ladrones.

A falta de policía, que el ladrón me defienda de los demás ladrones.

Y es que además de la población, algunas figuras públicas han hecho en el pasado algunas manifestaciones al respecto.

Recordemos aquella lamentable carta escrita por Kate del Castillo cargada de un maniqueísmo casi infantil en la que invitaba al “Chapo” a “mejor traficar con el bien” (lo que sea que eso signifique) o a Susana Zabaleta declarando que se alegraba por la fuga del mismo narcotraficante porque “él sí ayuda a la gente”.

Estos cambios en la percepción que existe del crimen organizado, además de ser en enorme medida responsabilidad de un Estado que lleva años siendo ineficaz en garantizar la seguridad independientemente del partido en el poder, me parecen un error craso de la población.

No se trata de comenzar a creer en las autoridades sin que éstas brinden resultados, sino de no olvidar a los responsables de crímenes indescriptibles. Tanto el crimen organizado como el Estado con su ineficacia y en ocasiones con abuso de poder o hasta coludidos con los delincuentes, han lesionado seriamente a nuestro país.

Tristemente ninguno de los dos bandos es heroíco, y pensar lo contrario es acercarse a perdonar lo imperdonable.

Más allá del romanticismo que pueda existir en las historias de los delincuentes, y reconociendo algunos de sus actos de altruismo, no deben olvidarse sus actos de sadismo y crueldad; más allá de los aciertos que hayan tenido las diversas autoridades del país, no deben olvidarse sus errores ni tampoco sus acciones criminales. Tristemente ninguno de los dos bandos es heroico, y pensar lo contrario es acercarse a perdonar lo imperdonable.

La esperanza de una hipotética defensa patriótica del “Chapo” Guzmán y los demás narcotraficantes en caso de un ataque extranjero, además de ser un tanto fantasiosa, representa idolatría a figuras que no deberían gozar de ella; pero principalmente es testimonio de la poca fe que los mexicanos tenemos en nuestras autoridades que han sido ineficaces, corruptas y, en muchos casos, criminales.

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