¿Por qué está mal decir #AllLivesMatter?

La homofobia [1] , la transfobia y la bifobia son expresiones del miedo a lo diverso. En su nivel más tenue, invisibilizan a las personas queer por medio del lenguaje heteronormativo y de la “neutralidad” [2] ante las situaciones de injusticia que viven. En su nivel moderado, violentan psicológicamente a estas personas, realizando campañas de odio, negándoles derechos, señalándoles y humillándoles. En su nivel más peligroso, les violentan sexual y físicamente o les asesinan.

El 12 de junio del presente año fueron asesinadas 49 personas, en su mayoría homosexuales, y resultaron heridas otras 53 más, también en su mayoría homosexuales, en el Pulse, un bar gay en Orlando, Florida, Estados Unidos, a manos de Omar Mateen, un estadounidense de 29 años de edad. El asesino murió en un enfrentamiento con la policía local ese mismo día.

La tragedia del Pulse dio pie a muchas reacciones homofóbicas, transfóbicas y bifóbicas a lo largo y ancho del globo. Sin embargo, en este texto me referiré exclusivamente a la homofobia.

Los comentarios homofóbicos variaron de lo más violento a lo más o menos moderado. Un ejemplo de comentario excesivamente violento fue el discurso del pastor Roger Jimenez, de una iglesia bautista en Orlando, en el que expresó que la muerte de “50 pedófilos y pervertidos” no era una tragedia, sino algo “genial” y “positivo para la sociedad” [3].

Ejemplos de comentarios moderados son los múltiples tweets que surgieron para condenar los hechos, pero al mismo tiempo negar los derechos de los gays y las lesbianas (decir que no deben contraer matrimonio, adoptar, donar sangre y/o besarse o tomarse de la mano en público).

Sin embargo, se ha demostrado que el amor y la solidaridad vencen al odio y a la violencia homofóbica, ya que hubo mucho apoyo para la comunidad homosexual, el cual se vio materializado en redes sociales a través del hashtag #GayLivesMatter [4].

Pero las personas homofóbicas no pudieron guardarse su homofobia y resurgió [5] el hashtag #AllLivesMatter, utilizado ahora como respuesta al #GayLivesMatter (como si fuera necesario aclarar que las vidas de todas las personas son importantes o como si alguien hubiese dicho lo contrario).

El que se recalque que las vidas de las personas homosexuales son importantes no significa que se piense que las vidas de las personas cis y heterosexuales no lo son. Simplemente significa que se reprueba la homofobia que propaga la idea de que las vidas de homosexuales, en específico, no son importantes.

Aunque se trate de homofobia leve o moderada, el discurso de fondo es el mismo que el de la homofobia más grave: las vidas de homosexuales no valen lo mismo que las vidas de heterosexuales. Esta última les mata y aquéllas dos se burlan y niegan sus derechos, pero todas son violentas.

El #AllLivesMatter conlleva un discurso ignorante y homofóbico. ¿Por qué? Porque la clásica frase “por ser seres humanos somos igual de importantes” lo único que hace es dejar la situación injusta igualmente injusta, ya que no visibiliza las desventajas y los abusos de los que la comunidad homosexual es víctima.

Todo movimiento por la igualdad (como el abolicionismo, el feminismo, etcétera), debe de tomar la bandera del grupo oprimido y sus luchas particulares con la injusticia para lograr la igualdad de dicho grupo oprimido respecto del grupo privilegiado correspondiente.

Así, debemos visibilizar a las personas homosexuales en específico, puesto que vivimos en un sistema patriarcal y heteronormativo que los invisibiliza por default. Visibilizarles y apoyarles es necesario para que puedan posicionarse en un plano de igualdad respecto de las personas cis y heterosexuales.

Hacer esto no significa de ningún modo que se piense que las personas cis y heterosexuales no son importantes o son menos importantes que las personas homosexuales, pero no hacerlo (y utilizar el #AllLivesMatter) es invisibilizarles y, por ende, es un acto homofóbico [6].

La cultura, la religión, el lenguaje, las leyes, la sociedad y las familias repiten constantemente que todas las vidas importan. El problema es que en la práctica no funciona así: institucionalmente, históricamente, culturalmente y socialmente las vidas de las personas homosexuales son minusvaloradas.

El #AllLivesMatter es una forma de silenciar a quienes protestan por ello. Así como en su momento se utilizó para callar a las personas que promovieron el #BlackLivesMatter, ahora se utiliza para contrarrestar el #GayLivesMatter. Pero lo que hacen es lo mismo: callar a quienes señalan un problema social, ignorar este y hacer nada por resolverlo.

Es un hecho que las personas homosexuales son asesinadas, violentadas, ignoradas y humilladas sistemáticamente, por lo que es importante recalcar su situación injusta (el #GayLivesMatter es una forma digital de protestar).

La verdad es que el #AllLivesMatter lo que propaga es el mensaje #My(Privileged)LifeMatters, porque lo único que hace es ignorar y silenciar a quienes protestan por la homofobia en el mundo sin hacer algo por resolver dicho problema, viendo así únicamente por sí mismas y sin estar conscientes de sus propios privilegios como personas cis y heterosexuales.

En resumen, obviamente el #GayLivesMatter no significa que solamente las vidas de personas homosexuales importan y que las de personas heterosexuales no; significa que las vidas de homosexuales también importan. Lamentablemente, es necesario decirlo, puesto que vivimos bajo el yugo de un sistema patriarcal, heteronormativo y homofóbico.

Por lo anterior, decir #AllLivesMatter es ignorar el problema de la homofobia que mata… E ignorar un problema es equivalente a ser parte de él.

[1] No digo lesbofobia también porque la lesbofobia es un subtipo de la homofobia, ya que las mujeres lesbianas también son homosexuales, al igual que los hombres gay.

[2] “Si eres neutral en situaciones de injusticia, haz elegido el lado del opresor.” – Desmond Tutu, al recibir Premio Nobel de la Paz, 1984.

[3] Huffington Post. Preacher gives shockingly repulsive sermon: “Orlando is a little safer”. 2016. Disponible en línea: <http://www.huffingtonpost.com/entry/baptist-preacher-praises-orlando-shooting-says-city-is-safer_us_5762b0f3e4b0df4d586f5d37?>.

[4] En el idioma inglés, la palabra “gay” se utiliza para referirse tanto a los gays como a las lesbianas.

[5] El hashtag #AllLivesMatter se creó originalmente para “combatir” el #BlackLivesMatter.

[6] Una analogía es el #NotAllMen como respuesta al feminismo que visibiliza la violencia de género, los estereotipos y los micromachismos que violentan a las mujeres.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

MÉXICO: UN PAÍS EN LLAMAS

Es realmente increíble la facilidad que tiene el mexicano para enojarse, indignarse o resignarse cada semana con un sin número de sucesos que marcan la pauta para el ‘decrecimiento’ de las esperanzas en nuestro país.

Desde la mal votada Ley 3 de 3 que sufrió una rasurada importante por los Senadores y Diputados del PRI que decidieron darle la espalda a más de 630 mil ciudadanos (a los cuales deben su sueldo y su carrera) hasta la humillante actuación de la selección mexicana de fútbol en la Copa América, considerando que somos un país fanático de este deporte.

El mexicano promedio tiene verdaderas razones para sentirse decepcionado, enojado y frustrado. Recibe uno de los salarios mínimos más bajos del mundo por lo cual tiene que trabajar prolongadas jornadas laborales; convive con niveles de corrupción e inseguridad realmente altos e incluso vive en una sociedad donde la discriminación y el lenguaje despectivo son el pan de cada día.

El mexicano promedio tiene verdaderas razones para sentirse decepcionado, enojado y frustrado. Recibe uno de los salarios mínimos más bajos del mundo por lo cual tiene que trabajar prolongadas jornadas laborales; convive con niveles de corrupción e inseguridad realmente altos e incluso vive en una sociedad donde la discriminación y el lenguaje despectivo son el pan de cada día.

México es el país de las etiquetas: el gordo, el flaco, el joto, el pobre, la puta, la fea, la mantenida y demás calificativos sin un gramo de sensibilidad. Aunque nuestra constitución lo demande, no hay verdadera libertad de expresión. La comunidad LGBT sufre una de las épocas más difíciles en el mundo con masacres como la de Orlando o los asesinatos en Veracruz, ¿dónde está la libertad?

Somos un país hipócritamente religioso, y digo hipócritamente porque para nuestra cultura la religión sirve para limpiar nuestra mente los domingos de todos los “pecados” que cometemos el resto de la semana, ah, y para castigar y señalar a los impuros que se alejan del camino de Dios.

Mientras mantenemos los peores índices de seguridad los policías a su vez son de los que más tememos; aún con un rezago educativo preocupante y un analfabetismo en crecimiento, nuestros maestros se encuentran en las calles luchando por sus intereses sindicales mientras son reprimidos por el gobierno.

Somos un país hipócritamente religioso, y digo hipócritamente porque para nuestra cultura la religión sirve para limpiar nuestra mente los domingos de todos los “pecados” que cometemos el resto de la semana, ah, y para castigar y señalar a los impuros que se alejan del camino de Dios.

Sin olvidar que hasta hace poco vivimos una de las peores masacres a los normalistas de Ayotzinapa, los coches bomba y el narcotráfico en Tamaulipas, los fraudes millonarios de empresarios y políticos sin olvidar las casas blancas y los contratos multimillonarios a KIA.

Hoy, como ayer y mañana, la única posibilidad de cambiar la realidad de nuestro país es en base al trabajo de los ciudadanos, a las iniciativas sociales, al castigo participando en las urnas y a la transformación de nuestro propio entorno. A México solo lo salvamos los mexicanos de a pie, los que día a día sufrimos y soportamos un país en llamas.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Masacre de Orlando

Hago propio el comunicado oficial del día de ayer emitido por la Dirección de Derechos Humanos y Atención a Grupos Vulnerables de la Secretaría General de Gobierno, y a título personal me uno en la pena de los cientos de familiares de las 50 personas asesinadas (de entre los cuales hubo tres mexicanos), y 53 heridas, el día de antier, 12 de junio de 2016, en una discoteca gay ubicada en la ciudad de Orlando, en el Estado de Florida, en Estados Unidos.

Esta tragedia no es una que deba afligir únicamente al país en donde aconteció, sino que por su magnitud trasciende a constituir una verdadera pena para el mundo entero dadas las motivaciones de intolerancia, odio, terror y deshumanización que la provocaron, pues lamentablemente no solo suceden en Estados Unidos, sino en todo el mundo.

El solo hecho de advertir en redes sociales que existe una cantidad considerable de personas que hasta celebraron estos hechos de odio, es un claro indicador de que el problema de raíz no le es ajeno ni a México, ni a Nuevo León en lo particular.

Esta tragedia no es una que deba afligir únicamente al país en donde aconteció, sino que por su magnitud trasciende a constituir una verdadera pena para el mundo entero dadas las motivaciones de intolerancia, odio, terror y deshumanización que la provocaron…

La discriminación hacia las personas con preferencias y orientaciones sexuales diferentes a la concepción tradicional de la heterosexualidad es una realidad que lamentablemente impera en nuestra sociedad, pues a pesar de que el marco jurídico vigente establece que cualquier acto discriminatorio tiene el carácter de ilícito (inclusive en el Código Penal), lo cierto es que en distintos grados de intensidad se cometen a diario e intensifican la fractura social que desde muchos años padecemos en torno a esta problemática.

Debemos reconocer que las modificaciones legislativas al respecto, si bien son positivas para erradicar la problemática, jamás serán suficientes si las ideas de tolerancia, respeto y armonía social que las motivan no generan la consciencia colectiva suficiente para permear en nuestra cultura y ser adoptadas por cada uno de quienes componemos el engranaje social de nuestra comunidad.

Debemos reconocer que las modificaciones legislativas al respecto, si bien son positivas para erradicar la problemática, jamás serán suficientes si las ideas de tolerancia, respeto y armonía social que las motivan no generan la consciencia colectiva suficiente para permear en nuestra cultura y ser adoptadas por cada uno de quienes componemos el engranaje social de nuestra comunidad.

Los hechos ocurridos en Orlando, y las ideas que los motivaron, no deben de indignar solamente a las personas integrantes de la Comunidad LGBTTTI, sino a todo el resto de nosotros, pues son atentatorias de la cultura de respeto, tolerancia y la paz social que debe imperar en toda sociedad civilizada.

Es innegable que las preferencias y orientaciones sexuales distintas a la concepción tradicional de la heterosexualidad son una realidad mundial, y el odio, la intolerancia y la discriminación que las rodean no van a provocar que éstas dejen de existir, sino que únicamente tendrán como efectos el polarizar a la sociedad y generar el elemento más dañino para la paz colectiva: La violencia.

Invito a la sociedad a reflexionar sobre estos hechos, y reitero mi solidaridad y pronta resignación a las familias de los occisos y heridos de esta terrible tragedia.

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