La guerra entre Uber y taxistas

El otro día me platicaba un conductor de Uber el miedo que le provocaban los ataques a sus colegas en el Aeropuerto Internacional de Monterrey, enfatizando que los recientes decrementos en las tarifas de la aplicación encolerizarían aún más a los taxistas. Y es que Uber ahora es igual o más barato que un taxi ruletero y de base.

Lo que le reclaman a Uber con esos desplantes violentos es la ecuanimidad en el pago de licencias, permisos y concesiones.

Muchos de los taxistas llevan casi toda la vida dependiendo de su taxi y han encauzado sus recursos al pago de éste y al pago de permisos, licencias y demás gastos burocráticos. Lo que le reclaman a Uber con esos desplantes violentos es la ecuanimidad en el pago de licencias, permisos y concesiones. Aderezado con el temor a perder parte del mercado.

Uber y demás aplicaciones son un servicio privado que han creado su propio mercado, en donde los únicos involucrados deben ser el conductor y el pasajero a través de la plataforma digital.

Uber no es un taxi porque no puedes parar con señas a uno en medio de la calle, ni un servicio público al cual le puedan justificar el pago de una licencia, permiso o concesión para que pueda operar. Uber y demás aplicaciones son un servicio privado que han creado su propio mercado, en donde los únicos involucrados deben ser el conductor y el pasajero a través de la plataforma digital. Y que hasta ahora, en muchas ciudades del mundo, ha funcionado muy bien.

Estas aplicaciones ya pagan impuestos y emiten facturas electrónicas a su clientela, y el sistema de calificaciones de conductores cumple con creces el propósito de mantener el servicio a cierto nivel de calidad.

Estas aplicaciones ya pagan impuestos y emiten facturas electrónicas a su clientela, y el sistema de calificaciones de conductores cumple con creces el propósito de mantener el servicio a cierto nivel de calidad (por ejemplo: en Uber se les califica con una a cinco estrellas, y si un conductor no cumple con cierta calificación mínima, se le da una orientación o se le da de baja de la aplicación).

Cualquier persona con acceso a un Smartphone y una cuenta bancaria puede hacer uso de estas aplicaciones y contratar a un conductor privado para poder ser trasladado a donde se desee por un precio módico y similar al que cobraría un taxi. Contando con la ventaja tecnológica de poder utilizar un mapa GPS, conocer el nombre del chofer, la marca y el modelo del coche antes de emprender el viaje y tener la seguridad de que se cobrará la tarifa acordada.

Otra genialidad de Uber (u otras plataformas similares) radica en su sistema de oferta (conductores) y demanda (pasajeros) y sus tarifas dinámicas. Que a través éstas nos brindan información sobre el exceso de demanda por traslados o la escasez de choferes. Las tarifas aumentan cuando hay muchas personas solicitando un traslado, lo que incentiva a los choferes que en ese momento no se encuentren en operación, a salir por pasajes y aprovechar las tarifas altas, equilibrando al final la demanda y la oferta de traslados y volviendo las tarifas originales. Lo que hace difícil que uno se quede sin pasaje.

Son tristes las agresiones por parte de taxistas y del gobierno estatal hacia los que hacen uso de estas aplicaciones. Éstas no hacen más que beneficiarnos como consumidores. El gobierno no necesita intervenir para controlar precios o la calidad de estas aplicaciones. Finalmente la misma competencia entre las diferentes aplicaciones que existen en el mercado mantendrá los precios bajos y la calidad intacta.

La “legalidad” de Uber y demás aplicaciones en el estado es uno de los principales temas a discutir en el congreso y en las próximas semanas se definirá el futuro de éstas. Esperemos que no se sobreponga el corporativismo y se pueda llegar a un acuerdo en donde podamos utilizarlas libremente.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

ARMAS ILEGALES

Uno de los problemas sociales que más se han tocado en los medios y que más impacto han tenido en nuestra sociedad sin duda es la inseguridad. En años recientes en nuestro país se detonó un gran aumento de la violencia; la estrategia utilizada en contra del crimen organizado durante el sexenio de Felipe Calderón fue uno de los factores desencadenantes.

De acuerdo con un artículo publicado en el diario El País (http://internacional.elpais.com/internacional/2015/01/13/actualidad/1421168394_615309.html), en México circulan 15 millones de armas de las cuales 13 millones son armas ilegales. Además, cada día ingresan 2,000 armas a nuestro país, las cuales ingresan desde los Estados Unidos. Más del 85% de las armas existentes en nuestro país son ilegales.

En un estudio de la Universidad de San José, California, se calculó que las ganancias del tráfico ilegal de armas a México son de alrededor de 127 millones de dólares al año.

En un estudio de la Universidad de San José, California, se calculó que las ganancias del tráfico ilegal de armas a México son de alrededor de 127 millones de dólares al año. En los estados fronterizos con México se localizan 8,000 comercios dedicados a la venta de armamento.

La grave crisis de seguridad que padecimos se vio reflejada en el incremento de lesionados por arma de fuego. La mayor parte de los crímenes que involucran el uso de armas de fuego se comenten con armas que no son registradas debidamente en la SEDENA, es decir con armas ilegales.

La lucha en contra del crimen organizado se ha centrado principalmente en el combate del narcotráfico, el cual sin duda es un grave problema, pero hace falta reforzar las leyes para controlar la posesión y el porte de armas de fuego.

La lucha en contra del crimen organizado se ha centrado principalmente en el combate del narcotráfico, el cual sin duda es un grave problema, pero hace falta reforzar las leyes para controlar la posesión y el porte de armas de fuego. Para las personas que se dedican a actividades criminales es muy fácil adquirir armas de fuego sin registro o las llamadas de uso exclusivo para el ejército.

Frecuentemente vemos en las noticias que se detienen a personas sospechosas de haber cometido algún delito, las cuales son detenidas en posesión de armas ilegales, también frecuentemente nos enteramos que estas personas son liberadas en un corto plazo por diferentes tecnicismos legales.

Debemos generar una discusión con nuestros legisladores para buscar que se eleven las penas para las personas que sean sorprendidas en posesión de armas no registradas o de calibres no permitidos fuera del ámbito militar.

Uno de los temas que como sociedad debemos llevar al debate es precisamente el control de las armas entre la población. Debemos generar una discusión con nuestros legisladores para buscar que se eleven las penas para las personas que sean sorprendidas en posesión de armas no registradas o de calibres no permitidos fuera del ámbito militar.

Debemos combatir el tráfico de armas con mayor fuerza incluso que la utilizada en contra del narcotráfico, no solamente debemos reforzar las sanciones en contra de los traficantes de armas sino también debemos combatir el tráfico de los cartuchos y municiones para las armas de uso exclusivo del ejército. La mayor parte de los delitos cometidos son usando este tipo de armas y municiones. En México casi el 70% de los homicidios son cometidos por disparos de arma de fuego, muy superior a la media mundial que ronda en el 42% de los homicidios.

Otro de los temas importantes es el acceso a estas armas por parte de los menores de edad, debemos aplicar más duramente la ley en contra de las personas que ponen este armamento a disposición de los jóvenes. Solamente podremos tener una reducción de los delitos graves en la medida que podamos controlar el mercado de las armas ilegales.

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El discurso estadounidense en la lucha contra el terrorismo

El concepto de “guerra” en la política exterior de Estados Unidos ha estado presente desde hace décadas con las Guerras Mundiales, la Guerra Fría, la guerra contra el narcotráfico, las guerras en Irak, y la más reciente, la Guerra del Terror. En cada una, el discurso fue utilizado por el gobierno estadounidense para mitigar los factores que amenazaban su seguridad e intereses nacionales.

El discurso ha sido construido y transformado según la situación del sistema internacional, tal fue el caso con la “amenaza” del comunismo, los movimientos nacionalistas árabes, la Primavera Árabe, y la más actual, la lucha contra Daesh.

El discurso es tan importante que se ha decidido comenzar a llamarlos Daesh, un término que en árabe puede ser interpretado como ofensivo, ya que al llamarlos ISIS se está reconociendo que son un Estado.

Hoy en día, en su lucha contra este grupo, el discurso es un elemento que resulta fundamental para reforzar el rol que desea tener Estados Unidos como poder hegemónico y para legitimar sus acciones contra el terrorismo, mismas que preceden desde los ochenta. El discurso es tan importante que se ha decidido comenzar a llamarlos Daesh, un término que en árabe puede ser interpretado como ofensivo, ya que al llamarlos ISIS se está reconociendo que son un Estado.

Niblock (2006: 43), citando a Bergen (2001), menciona que el terrorismo surge como preocupación para la seguridad nacional estadounidense, a partir de la presencia militar que tuvo Estados Unidos en Arabia Saudita para detener el comunismo en la región. Esto fue considerado por los islamistas como una violación a sus tradiciones.

No obstante, el 9/11 marcó el discurso con el que se manejaría la política exterior en Estados Unidos durante los próximos años, convirtiendo al anti-terrorismo como un principio para la seguridad doméstica e internacional de este país. Su discurso se basó en la conexión entre los regímenes represivos que existían en la región y el terrorismo anti-occidente (Halabi, 2009: 3). De esta forma, el gobierno estadounidense comenzó a utilizar en sus discursos la idea de la democracia en aquellos países de Medio Oriente con que no tenían gobernantes pro-occidentales.

Durante la Guerra del Terror, la administración de Bush construyó una sensación de temor generalizado entre su población al explotar la vulnerabilidad que sentían los ciudadanos con respecto al tema del terrorismo.

Durante la Guerra del Terror, la administración de Bush construyó una sensación de temor generalizado entre su población al explotar la vulnerabilidad que sentían los ciudadanos con respecto al tema del terrorismo. El discurso de Estados Unidos mostraba la mentalidad de guerra y la idea de que era necesario sacrificar libertades para garantizar la seguridad nacional (Cameron, 2007: 78). Bush utilizó el “peligro” como un elemento que identificaba amenazas del exterior, lo cual se convirtió en parte del discurso de la política exterior durante su mandato.

El gobierno de Estados Unidos catalogó a Irak y todo lo que representaba a los árabes como “el mal”, mientras que los países de Occidente y los aliados de Estados Unidos eran visualizados como “el bien”.

La política exterior de Estados Unidos se enfocó en construir mediante sus discursos la imagen de Irak como un peligro para el bienestar del mundo, y le vendió esta idea a la sociedad estadounidense y a la comunidad internacional. El gobierno de Estados Unidos catalogó a Irak y todo lo que representaba a los árabes como “el mal”, mientras que los países de Occidente y los aliados de Estados Unidos eran visualizados como “el bien”.

Por el contrario, los discursos de Obama contra Daesh han estado encaminados hacia este grupo, y no hacia una población o grupo países, como era el caso con su predecesor de aquellos categorizados como el “eje del mal”.

La situación que se vive hoy en día después de los acontecimientos de París y las amenazas de Daesh pone en evidencia que esta imagen y sensación de peligro hacia los árabes musulmanes o no musulmanes que se creó a partir durante la administración de Bush, continúa arraigada en grandes sectores de la población mundial, principalmente en países occidentales.

Después del 9/11 y con la lucha contra Daesh, se ha presentado en los medios de comunicación una saturación de imágenes de la amenaza terrorista que pueden llegar a caer en estereotipos raciales y religiosos, y quien tenga “apariencia árabe”, sea musulmán y/o lleve puesta una burka, puede ser considerado como un posible terrorista.

La lucha contra el terrorismo seguirá, y si bien Estados Unidos ha utilizado su poder económico y militar como herramienta para cumplir sus objetivos de política exterior, el discurso continuará teniendo importancia, pues el poder que tiene ayuda a legitimar las decisiones del gobierno estadounidense, hacen la diferencia, y es un mecanismo para regular las relaciones internacionales.

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Referencias

Cameron, R. W. (2007). Self-discipline in a Time of Terror U.S. Foreign Policy and the U.S. Self. Theoria: A Journal Of Social & Political Theory, 54(114), 74-101. doi:10.3167/th.2007.5411405.

Halabi, Y. (2009). US Foreign Policy in the Middle East. Great Britain: Ashgate Publishing Group. [Versión de ebrary]. http://site.ebrary.com/lib/universidadmonterrey/docDetail.action?docID=10276587&p00=u
s%20foreign%20policy%20middle%20east

Niblock, T. (2006). The US-Saudi Alliance: A Crisis Overcome?. Journal Of Social
Affairs, 23(89), 41-59.

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