¿Los estereotipos…Un problema del pasado?

Creemos que vivimos en una sociedad con equidad pero el problema es que seguimos con los estereotipos del pasado. La mujer tiene que tener una imagen perfecta y estar al tanto de las necesidades de su pareja, mientras que el hombre debe de ser exitoso en el ámbito laboral.

Al momento de ver una revista, puedes notarlo. Con el simple hecho de ver la portada de esta, sabrás a que publico se dirigen. Si vez una imagen de un hombre en traje o una mujer en ropa interior con temas en los cuales se enfocan en la imagen del hombre poderoso o de mujeres siendo explotadas, evidentemente, será una revista para los hombres. Si vez una imagen de una mujer con vestido y temas a los lados hablando de que ropa y maquillaje usar será una revista para mujeres.

Hoy en día ambos sexos siguen siendo víctimas de los estereotipos de la sociedad. Lo podemos ver en simples imágenes, la mujer siendo incentivo de publicidad al mostrar su cuerpo desnudo junto al producto que se quiera vender, en revistas tanto de hombres como en las de mujeres. En algunos casos, se pone a la mujer sin ropa o poca ropa esta debajo de una silla mientras el hombre está en traje sentada en esta, como si la mujer fuera su sirvienta. En otros, se fomenta la violencia a la mujer al mostrarla desnuda con las manos atadas y un reloj en su mano con el título “Juguetes para hombres”. Creerán que son ejemplos radicales pero no es el caso, estos ejemplos son de simples revistas que pude observar la semana pasada y como estos ejemplos, existen muchos más. Otras imágenes que se pueden mostrar son de la imagen definida de la mujer. En estas revistas se muestra, siempre, a una mujer alta de complexión delgada, de piel clara, tonos de cabello normalmente uno claro junto a unos ojos claros y sobre todo el maquillaje ideal para esta.

No nos damos cuenta de lo peligroso que pueden ser estos estereotipos y en lugar de desestimular esta tendencia que tienen las revistas y del prototipo de perfección, los fomentamos al seguir comprando esta mercancía y al promover la imagen dada de perfección para querer llegar a verse o ser como estos…

Hablando del contendido textual, en las revistas de hombres se fomenta el trabajo, el éxito, el poder y las mujeres ideales para estos. Se habla de éxito ajeno, de hombres a lo que estos puedan admirar. Se muestran objetos tales como autos, relojes, lentes o trajes que el hombre debe de usar para llegar al mismo lugar donde están estos que se muestran en los artículos. En las revistas de mujeres, se mencionan artículos de como complacer al hombre en la vida sexual, de la forma en la cual la mujer puede conseguir el cuerpo perfecto y como o no vestirse. De igual forma, se muestran imágenes de ropa, bolsas, carros y objetos que esta mujer necesite para ser la definición de perfecta que da la sociedad.

Hoy en día ambos sexos siguen siendo víctimas de los estereotipos de la sociedad. Lo podemos ver en simples imágenes, la mujer siendo incentivo de publicidad al mostrar su cuerpo desnudo junto al producto que se quiera vender, en revistas tanto de hombres como en las de mujeres.

No nos damos cuenta de lo peligroso que pueden ser estos estereotipos y en lugar de desestimular esta tendencia que tienen las revistas y del prototipo de perfección, los fomentamos al seguir comprando esta mercancía y al promover la imagen dada de perfección para querer llegar a verse o ser como estos, con el fin de tener la vida de lujos que se estimula ocasionando el consumismo de productos altamente caros. Debemos dejar de buscar esta perfección dada por la sociedad y empezar a evaluar la persona con sus ideales y principios, dejando a un lado la imagen física que nos vende la sociedad. Al abandonar este prototipo de vida soñada diseñada por los medios, podremos darnos cuenta de lo que realmente importa en la vida y dejaremos tanto los clichés de perfección como el consumismo, ahora sí, en la historia.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

El Talón de Aquiles: “ROM-POM-POM-POM 2015”

¡Incrédulo! si eres uno de esos científicos que requieren información pública de entidades creíbles y reconocidas, visita la página del North American Aerospace Defense Command (NORAD), un sistema de vigilancia aeroespacial creado en 1956 para fomentar la seguridad aérea civil y militar en Norteamérica: http://www.noradsanta.org. ¿Sabías que NORAD lleva 60 años siguiendo a Santa Claus? Si ellos dan espacio a la magia… ¿Por qué nosotros no?

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Hace 18 años fui por primera vez, en invierno, a Quebec City. Al llegar al viejo casco de la ciudad, comprendí que sin proponérmelo, tal vez había llegado al pueblo en donde vive un viejo regordete de unos 120 kg que baja por las chimeneas sin ensuciarse ni quemarse una vez por año para repartir regalos a los que se portan bien. En realidad, se afirma que Santa Claus, o mejor dicho, San Nicolás, no desciende por las chimeneas. ¿Verdad o ficción? La verdad es que en esta época de globalización y de internet, de reggaetón y de deriva de la democracia representativa, ya no se sabe qué es cierto. Por ello, una divagación histórico-conceptual dividida en dos episodios no necesariamente interconectados, puede ser oportuna.

¿Cómo se transformó en un anciano fortachón con un índice de grasa corporal superior al 30% que una vez al año olvida sus triglicéridos y colesterol para despegar en un trineo volador durante una loca noche?

Acto primero: occidentalismo. Tal vez pueda parecer una evidencia, pero hay que recordar que Papa Noël es un símbolo cultural occidental que encuentra su origen en un obispo cristiano, nacido en una familia bien acomodada de Anatolia (actual Turquía), del siglo IV. Es decir, el viaje ultrasónico en trineo se concentra Norteamérica y Europa, pero deja en las márgenes a Asia y África. De hecho, en algunos países los regalos los trae el “Niño Dios” o los “Reyes Magos”. Se dice que los cristianos pudieron apenas sacar sus reliquias hacia Italia cuando los musulmanes se asentaron en Turquía. Por eso es que en oriente se conoce a este personaje como San Nicolás de Mira mientras que en occidente se hace referencia a San Nicolás de Bari. ¿Y como llegaron los regalos a la historia? Conmovido por las consecuencias de la peste, continua la historia, Nico repartió bienes entre los más necesitados. Poco después en su vida se convirtió en sacerdote y después en un obispo. ¿Cómo se transformó en un anciano fortachón con un índice de grasa corporal superior al 30% que una vez al año olvida sus triglicéridos y colesterol para despegar en un trineo volador durante una loca noche? En 1624, cuando los holandeses fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam (actual Nueva York), importaron al continente Americano sus costumbres, entre ellas las de Sinterklaas (festividad iniciada en 343 DC, que se celebra el 5-6 de diciembre en Alemania, Austria, Bélgica, Países Bajos, Polonia, República Checa, y Suiza, y que se basa, precisamente, en un personaje que trae regalos a los niños: el famoso San Nicolás de Bari). En 1809, el escritor Washington Irving pronuncia en inglés, de forma un tanto burlona, Sinterklaas, transformándolo de hecho en “Santa Claus”. Siempre lo digo: sin contexto histórico es imposible entender el presente. Claro, tal vez no lo comprendamos todo, pero al menos ahora sabemos que aquel enano flacucho se convirtió en un gordis bonachón barbudo en 1863, cuando el caricaturista alemán Thomas Nast así lo ilustró para la historieta Harper’s Weekly.

¡Oh, nostalgia pura, natural, auténtica, y espontánea!… ¿O no? De hecho, sociólogos contemporáneos argumentan que se trata de un fenómeno económicamente construido por la sociedad de consumo, que encuentra su mayor expresión durante lo que en occidente conocemos como “Navidad”.

Acto secundo: el poder de la nostalgia. La nostalgia es una condición inventada en el siglo XVII, diagnosticada inicialmente en soldados suizos, y que fue considerada como una enfermedad. Científicos concluyeron luego que se trataba de un sentimiento humano normal. ¡Oh, nostalgia pura, natural, auténtica, y espontánea!… ¿O no? De hecho, sociólogos contemporáneos argumentan que se trata de un fenómeno económicamente construido por la sociedad de consumo, que encuentra su mayor expresión durante lo que en occidente conocemos como “Navidad”. ¿Cuántos padres explicaron a sus hijos por qué hay que ir a ver el sétimo episodio de Star Wars en este fin de año? ¿Cuántos nietos compraron la colección remasterizada de The Beatles a sus abuelos? La máquina de consumo es tal que aunque no se crea en la navidad, aunque se piense que se trata de un show de consumismo, por el “bien” de lo niños, de su imaginación, y de la magia en ella envuelta, se debe mantener el mito. O sea, no se permite ser un amargado. Cuando sus hijos crezcan, podrán entonces reproducir y heredar esta dulce nostalgia. Y todos veremos por los siglos de los siglos las mismas películas y escucharemos los mismos villancicos de siempre, porque eso es lo que debemos hacer. ¡Rom-pom-pom-pom, Rom-pom-pom-pom! El sarcasmo es mi fuerte, como también lo es la crítica positiva. En este vacío contemporáneo de modelos sociales alternativos, debemos encontrar la forma de criticar el modelo imperante para proponer algo más, ojalá algo más humano. ¿Es el consumo y la repartición de bienes materiales la única forma de expresar amor, empatía, y simpatía en esta época de fin de año?

La capacidad de ver magia y de pensar con humor desaparece con el tiempo, a menos que tomemos acciones explícitas para evitarlo.

Conclusión: magia. ¿Sabías que las luces navideñas instaladas en Estados Unidos consumen 6.63 billones de kilovatios-hora? Eso es más que la energía que consume en todo el año países como El Salvador (5,35 billones), Etiopía (5,30 billones) o Tanzania (4,81 billones). Pero dejemos las estadísticas de lado y vayamos a lo esencial. ¿Cuál es mi punto en esta columna? Nunca sabré empíricamente si Québec City es el pueblo de San Nicolás. Pero mi alma de niño dice que sí lo es. La capacidad de ver magia y de pensar con humor desaparece con el tiempo, a menos que tomemos acciones explícitas para evitarlo. Es por ello que durante este tiempo de fin de año, no solo los niños sino también nosotros, los a veces mal llamados “adultos”, debemos prestarnos a animar este espíritu inocente y juguetón, pero siempre con la conciencia sociológica de parar bien los pies en donde se debe, para ser capaces de medir bien el terreno y transmitir así lo que sí vale la pena traspasar.

¡Felices fiestas!

Fernando A. Chinchilla
San José (Costa Rica), 23 de diciembre de 2015

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¡Feliz Navidad!

Al igual que para muchas personas, para mí esta es una de las mejores épocas del año. La Navidad representa muchos de los valores que, como padre, quiero inculcar a mis hijos; son días en los cuales lo más importante es la unión de la familia. En nuestro país, esta época se vuelve aún más emotiva por la gran cantidad de connacionales que trabajan en otros países, principalmente en Estados Unidos, y regresan a México para pasar estas fechas con sus familiares y amigos.

Los valores presentes en esta época van más allá de la religión que se practica, son días en los cuales cada persona se esfuerza por ser un mejor ser humano.

Para quienes son cristianos, la Navidad es una época muy importante de origen religioso, pero para quienes no siguen esta religión, la Navidad también cobra un significado importante porque simboliza el amor y la unión familiar. Los valores presentes en esta época van más allá de la religión que se practica, son días en los cuales cada persona se esfuerza por ser un mejor ser humano.

La Navidad es un evento muy importante para los mexicanos; sin embargo, si no nos preparamos con tiempo, esta época del año puede tener aspectos negativos. Muchas personas tienen que viajar para pasar la noche del 24 con el resto de su familia y amigos, los aeropuertos y terminales de autobús están tan congestionados que es posible que el trayecto sea incómodo. Lo mismo pasa con las carreteras del país, aunque el gobierno se prepare para la gran afluencia de vehículos, el índice de accidentes puede subir en estos días del año. Además, las compras de regalos y comida en las horas previas a Noche Buena pueden hacernos perder muchas horas del día.

Es importante que la navidad no se convierta en una deuda más para las familias mexicanas. Debemos recordar que el verdadero valor de la navidad no radica en la cantidad de regalos que seamos capaces de repartir.

El gran consumismo que se da durante todo el mes de diciembre hace que se incrementen considerablemente los ingresos por venta de bienes y servicios, los cuales muchas veces son adquiridos para ser pagados a plazo, sin considerar la carga financiera que pueden significar. Es importante que la navidad no se convierta en una deuda más para las familias mexicanas. Debemos recordar que el verdadero valor de la navidad no radica en la cantidad de regalos que seamos capaces de repartir en esta época del año, sino en la demostración de afecto que tengamos con las personas que nos rodean.

Diciembre es un mes para cerrar ciclos, analizar los logros que hemos tenido y replantear nuevas metas. Esta es una época en la cual intentamos olvidarnos de cualquier problema y tratamos de enfocar nuestra energía en disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos. Lo verdaderamente importante de esta época no es el lugar en el que festejemos, sino las personas con las que podamos compartir un buen momento.

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