El pecado mayor

Comparte este artículo:

Creó el Señor a los animales.

Hizo al tierno elefante, al dulce león, al humilde rinoceronte.

Le dio forma a la ballena para que no estuviera tan sola la inmensidad del mar.

Hizo también a las aves y les dio por casa el cielo, a fin de que lo habitaran con su vuelo y su canto.

Finalmente, el Señor hizo al Hombre.

Entonces, todos los animales dijeron con tristeza:

-¡Desde ahora todos somos especies en vías de extinción!

Este fragmento y el que está al final de esta columna mis lectores, los obtuve del libro “Teologías para Ateos” de Armando Fuentes Aguirre mejor conocido como Catón y el que es, sin duda, el columnista más leído de México.

Comenzando el año, considero importante reflexionar sobre nuestra naturaleza y de nuestro comportamiento como sociedad. Nuestro país está pasando por situaciones complejas que han traído como resultado una gran polarización de la sociedad; los que piensan que una decisión gubernamental está bien tomada, los que piensan que está mal, los que atacan a los que piensan de una manera y, por último, los que defienden a los que son atacados. Hoy en día, todos estamos peleando por tener la razón absoluta utilizando los mejores argumentos e incluso inventándolos. 

Hablamos del desabasto de gasolina, de la cancelación del aeropuerto, de la respuesta del Bronco, de los huachicoleros, de inseguridad, de incertidumbre, de la contaminación, de maltrato animal, hablamos de muchas cosas y resulta que, en esos temas, todos somos expertos o más bien, eso queremos demostrar.  

Y el problema no es que seamos o no expertos, que tengamos o no todo el conocimiento sobre un tema, sino que ahí nos quedamos, en el debate, en la crítica, en el señalamiento, en la superficie y la mayoría de las veces, sólo en el comentario publicado en las redes sociales.

Pero, ¿cuántas veces esa búsqueda de la razón se transforma en acción? ¿Cuántas veces los debates entre grupos de amigos tienen como resultado acciones concretas? ¿Cuántas veces nos hemos quejado de una decisión del gobierno y no hemos hecho nada?

Desde mi punto de vista, hoy México necesita que participemos más que nunca, pero me refiero a una participación que sea capaz de transformar el fondo y modificar la vida pública, de esa participación que llega a la raíz y transforma el rumbo, de esa transformación que empieza en cada uno y se refleja en nuestras familias y, sobre todo, en la sociedad.

Quizá ya es tiempo para comenzar a pensar en el “otro”, y no me refiero a que dejemos nuestra vida para dedicarnos al servicio voluntario, sino más bien, a que debemos entender que vivimos en una sociedad conformada por muchas personas, dónde nuestros derechos se terminan cuando empiezan los del “otro”, dónde nuestras acciones pueden beneficiar o perjudicar a los demás, quizá ya es tiempo de entender que no podemos ser indiferentes ante todo lo que está sucediendo.

Tenemos que entender que nuestro país va a cambiar el día que cambiemos en lo individual. Tenemos que cambiar desde lo micro para poder transformar lo macro. 

Tenemos que entender que si cambio YO, cambia México.

En una charla del Padre Soárez con el Cristo de su iglesia, le preguntó:

-Señor, ¿Cuál es el mayor pecado?

Respondió Jesús:

-Los hombres como tú piensan que el pecado mayor es la lujuria. Se equivocan. La lujuria es cosa de la carne, esa pobre infeliz tan calumniada por ustedes. No pueden ser tan grandes los pecados que acaban con los años.

-Entonces -arriesgó el padre Soárez-, ¿el pecado más grande es la soberbia?

-Tampoco- replicó el Señor-. La soberbia más bien es una forma de estupidez.

-Entonces- vaciló el padre Soárez, desconcertado- ¿cuál es, entre todos, el mayor pecado?
Dijo Jesús: -El pecado mayor es la indiferencia.

Se vale debatir…

La narrativa del poder

Comparte este artículo:

En julio de 1830 estalló en París una revolución que obligo al rey Carlos X a abdicar. Se reunió a una comisión, compuesta por las máximas autoridades del país con el fin de designar a un sucesor, y el hombre elegido fue Luis Felipe, duque de Ornelas.

Desde el primer momento resultó claro que Luis Felipe sería un rey diferente, no porque provenía de una rama distinta de la familia real, ni porque no había heredado la corona. La principal diferencia radicaba más bien, en el hecho de que detestaba los ceremoniales y los atavíos de la realeza, su estilo no aspiraba a crear un nuevo tipo de dominio real, como lo había hecho Napoleón, sino a pasar lo más inadvertido posible, para poder mezclarse mejor con los hombres.

De ahí, los símbolos que terminaron por representar a Luis Felipe no fueron el cetro ni la corona, sino el sombrero gris y el paraguas con el que paseaba con orgullo por las calles de París como si fuera un burgués más de paseo. 

A lo largo de la historia de la humanidad los símbolos han sido parte fundamental y más, si hablamos del poder ejercido por los mandatarios, muchas de las veces han sido representados con espadas, cetros, coronas, tronos, entre muchas otras figuras que han adornado las narrativas sociales. 

Para muchos de nosotros quizá ya no tengan el mismo impacto o no lo podamos apreciar en la actualidad, pero están presentes más de lo que imaginamos, lo están en los guardias personales de algún funcionario o los vehículos blindados, los aviones privados, las residencias oficiales o el distintivo en sus trajes, todos son símbolos que dan un mensaje muy concreto sobre la jerarquía del poder.

Pero, ¿Qué pasaría si tuviéramos a un presidente que se transportara en un vehículo compacto? ó ¿Qué pasaría si ya no hubiera residencia oficial donde se reciba a los personajes importantes de otros países? ó ¿qué una nación como la nuestra no tuviera un avión presidencial?

Quizá para muchos, sería muy bueno poder prescindir de estos símbolos, ya que estamos cansados de los abusos, de la ostentación material que ha sido pagada con el sudor de la clase trabajadora y de que sólo algunos, puedan tener esos beneficios.

Pero la historia nos ha demostrado que no siempre funcionan esos mensajes de austeridad e igualdad en el pueblo. Al ejerce el poder, se cuenta una narrativa y los símbolos deben de estar presentes siempre ya que ayudan a dar orden y legitimar las acciones del gobernante.

Al principio, el sombrero burgués y el paraguas del rey fueron muy agradables para los franceses, pero pronto pasaron a ser elementos irritantes. La gente sabía bien que Luis Felipe no era igual a ellos y que el sombrero y el paraguas constituían un truco para alentar en ellos, la fantasía de que el país se había vuelto más igualitario, cosa que la gente sabía no era cierta.

Que no nos engañen, si se vende un avión o se transporta en un vehículo compacto no son símbolos de humildad o igualdad, ya que más pronto de lo que imaginamos estos símbolos nos irritarán como sociedad.

El 23 de febrero de 1830 una muchedumbre de parisienses rodeo el palacio. Con mucha celeridad que tomo a todos por sorpresa, Luis Felipe abdico aquella misma noche y huyó a Inglaterra. No dejó sucesor ni surgió nadie que lo sustituyera; todo su gobierno levanto campamento y se disolvió, como un circo ambulante que abandona la ciudad.

Se vale debatir…

El mal presagio

Comparte este artículo:

Ese día, Francisco Fernando archiduque de Austria-Hungría estaba de visita junto a su esposa Sofía en la ciudad de Sarajevo, sin embargo, la visita no era vista con buenos ojos, para muchos era una acto de provocación.

Hacían un recorrido en el automóvil mientras la multitud los recibía con gritos, de pronto una granada fue lanzada hacia la pareja, pero el proyectil no cumplió con su cometido, la Guardía Real hizo maniobras para sacar de ahí a Francisco y a su esposa pero no recorrieron muchas calles cuando de frente se encontraron con un tirador que acertó en el cuello del archiduque y en el abdomen de Sofía. Para muchos, este fue el suceso que detonó la Primera Guerra Mundial donde perecieron más de 23 millones de personas.

El 11 de noviembre del 2018 se cumplieron cien años de la conclusión de la Primera Guerra Mundial, en esa misma fecha se llevó a cabo el “Foro de Paris para la Paz”, con el objetivo de reflexionar sobre los retos de la humanidad y recordar que la paz no es solamente la suspensión de la guerra, sino toda acción que contribuye a disminuir cualquier conflicto.

Emmanuel Macron fue el anfitrión de este evento y en su discurso inicial mencionó que hay que evitar que el mundo descienda hacia el caos, que hay que acompañarlo en el camino de la paz y dijo también; que tenemos que tener el coraje de abrir un nuevo capítulo de la historia, superando nuestros hábitos y rompiendo los tabúes. Angela Merkel, canciller Alemana, y Antonio Gutierres, Secretario General de la ONU fueron los oradores iniciales del evento e hicieron un llamado efusivo a la cooperación internacional y la búsqueda de la paz.

Hoy en día estamos viendo situaciones a nivel mundial que pintan para ser  malos presagios, vemos a un presidente estadounidense haciendo prácticas militares en sus fronteras y criminalizando a todos sus opositores. 

En México, tenemos un mandatario electo que pretende crear una guardia nacional que estará al mando de la milicia dándole fuerza constitucional. En Brasil, Bolsonaro el presidente electo, considera que el calentamiento global es sólo un “dogma” que se ha utilizado para justificar el aumento del poder de los Estados sobre la economía, aún y cuando este tema es el más importante de la agenda global y que Brasil, tiene en la selva del amazonas, lo que se considera “el pulmón del mundo”.

Hoy en día estamos viviendo dos realidades una en el “viejo mundo” donde los líderes están enfocados en conciliar, enmendar los errores históricos de sus naciones, en mejorar la calidad de vida del mundo y la otra realidad, está enfocada en todo lo contrario, en fortalecer a los ejércitos, cerrar las fronteras y minimizar problemas que ya nos afectarán a todos.

Este conflicto lo único que está haciendo es polarizar más a la humanidad y cada vez que eso sucede, cosas malas pasan.

Meses antes de que asesinaran al archiduque Francisco Fernando, el mundo se alineó en dos bandos: por un lado los aliados de la Triple Entente y por otro las potencias centrales de la Triple Alianza. 

El asesinato quizás fue solo una excusa, para que la gran guerra comenzara.

Dicen que el que no conoce la historia está condenado a repetirla…

Espero esto no sea un mal presagio.

Se vale debatir…

Reto

Comparte este artículo:

Cuenta una historia que durante la Segunda Guerra Mundial hubo una reunión de generales de alto nivel, dónde uno de ellos comenzó su discurso diciendo sobre la tragedia de tener a miles de soldados muriendo de hambre. Comenzó a enumerar las cifras de muerte y finalizó diciendo que lo mejor era rendirse… En ese momento, el general de mas alto rango lo interrumpió para decir: “Si un solo hombre muere de hambre, eso es una tragedia. Si mueren miles, eso solo es una estadística”

Este sábado pasado durante un mitin, el presidente electo Andrés Manuel dijo: “Se va acabar la corrupción, a esos incrédulos los reto para que pronto me digan si hay o no, corrupción en el gobierno”

Que bueno que lanzo un reto presidente, quizá sumándose a los populares “challenges” de las redes sociales. Pero, desde mi punto de vista el reto no debe de ser para la ciudadanía, ni para los “incrédulos” como usted lo menciona.

El reto principal, debe de ser para los funcionarios que formarán parte de su gabinete, el reto de cero corrupción, es para ellos. 

Si nosotros somos los incrédulos, es porque ya hemos escuchado tantas veces lo mismo, que cada vez que llega alguien nuevo diciéndolo, no le creemos y sabemos que es muy poco probable que suceda.

Sin duda la corrupción en el ámbito publico es un problema que nos ha golpeado como sociedad. Pero siendo realistas, la responsabilidad no solo será de usted como primer mandatario de la nación. También como sociedad, tenemos nuestra responsabilidad. Debemos de cambiar y son esas pequeñas acciones las que realmente van a transformar nuestro entorno. Tenemos que evitar a toda costa la micro corrupción, en lo individual, en nuestras familias, desde el niño que copia una tarea, hasta la “mordida” ante cualquier infracción y lo más importante es enseñarle a nuestros hijos que ser honesto, si nos hace avanzar, que el ser honesto, si reditúa y que solo así podremos mejorar nuestra sociedad.

No es lanzar un reto a los ciudadanos presidente, es que las condiciones sociales en nuestro país cambien, para que la primer solución ante cualquier situación, no sea la corrupción.

Decía el escritor Francés Marcel Proust: “Aunque nada cambie, si yo cambio…todo cambia” y quizá esto es lo que más necesita nuestro país hoy en día, que cada uno, en lo individual, cambiemos.  

Y si aplicamos en este momento la frase que dijo el general quedaría de la siguiente manera “Si en nuestro país hay un solo acto de corrupción, eso es una tragedia. Si hay miles, eso es solo una estadística”

Se vale debatir…

Decía mi abuelo…

Comparte este artículo:

Decía mi abuelo que “lo más sagrado que tiene un hombre es su palabra.”

Lo conocí poco, pero me cuentan que era una persona de carácter fuerte, de convicciones férreas y con sus prioridades bien definidas, la primera de ellas, la familia.

Hoy en día, es difícil encontrar a esos hombres de “antes”, aquellos a quiénes no les hacía falta la firma de un papel para cumplir las cosas, sino la palabra misma.

Actualmente, vivimos una crisis de credibilidad en la política mexicana, vemos a candidatos que prometen cosas, muchas de ellas firmadas ante notario público, y aún así, no las cumplen.

A nivel nacional, fuimos testigos de una campaña de contrastes; lo que es, contra lo que debiera ser, frases cortas que cumplían objetivos meramente electorales, la mayoría de ellas sin viabilidad económica o política. Hoy, a unos meses después del 1 de julio las cosas son diferentes, aquellas propuestas revolucionarias y de transformación -ya se nos está avisando-, no se podrán cumplir porque lo que se dijo, no es tan sencillo.

Quizá, la clase política ha encontrado en las propuestas una opción para “encantar” a sus electores y utilizarlos a su gusto ó quizá nosotros como ciudadanos, no hemos sido capaces de exigir que las promesas se cumplan. O tal vez, debemos de revalorar nuestra palabra ya que esto nos fortalecía como sociedad.

Mi abuelo fue maestro rural y me cuentan que caminaba largas distancias para llegar a dar clases, no le importaba nada más que cumplir.

Él decía: “la responsabilidad, es la responsabilidad.”

Se vale debatir…

La campaña del Diablo

Comparte este artículo:

Cuentan que un político mexicano murió y, cuando llegó a las puertas del cielo, se encontró en la entrada a San Pedro, este le pregunto su nombre y… ¡oh sorpresa! no estaba en la lista, al Santo se le hizo muy raro, comenzó a pensar y hasta consultó con Dios (cosa que no hacía regularmente), cuando Dios escuchó a Pedro le dice: “dale una oportunidad para que él decida en dónde quiere quedarse”. En ese momento San Pedro le comenta lo que Dios planteó, dijo: “Mira hijo no estás en ninguna lista, ni en la del cielo ni en la del infierno, esto nunca pasa así que te daremos la oportunidad de que tu decidas; a partir de este momento pasarás 24 horas en el cielo y 24 en el infierno y al final tendrás que tomar una decisión ¿entendido?” Así es, respondió el político, y te comento que quiero iniciar en el cielo.

San Pedro le dio entrada, le regaló un arpa con la que comenzó a volar entre todas las nubes, tocaba y cantaba muy alegre, todo lo que veía era armonía y paz, pasaron las 24 horas y San Pedro lo mandó llamar, le dijo: “tu tiempo aquí termina”. Lo acompañó hasta un elevador y presiono un botón, sin decir nada más, las puertas se cerraron, y repentinamente se abrieron; lo reciben el mismísimo diablo (muy bien vestido por cierto) y dos mujeres muy elegantes le dicen: “Señor Político es un gusto que nos acompañe, durante su estancia, usted podrá tomar cualquier bebida, bailar con cualquier mujer, jugar golf, apostar y caminar libremente por donde usted desee” -¡esto es el paraíso!- exclamó el político; comenzó a disfrutar todas las atracciones, se encontró con viejos amigos, tomaron juntos y se divirtieron a lo grande. “Se terminó el tiempo” -le dijo el diablo. El político tuvo que subir al elevador, no había mucho que pensar, su decisión estaba tomada se quedaría en el infierno.

Cuando llegó al cielo San Pedro le preguntó, ¿En dónde te quedarás por el resto de la eternidad? Sin pensarlo dijo: “sabes algo Pedro, esto del cielo es muy agradable, hay mucha paz, pero la verdad en el infierno me sentí parte, me encontré con muchos de mis amigos políticos de la tierra y prefiero quedarme ahí para siempre” San Pedro dijo: “hijo que tengas buen viaje”.

Se cerraron las puertas del elevador, el político se frotaba las manos esperando el momento de su llegada, cuando finalmente se detuvo el elevador se abrieron las puertas y lo que vio fue algo completamente diferente; había un desierto, mucho sol, la gente sufriendo, los más fuertes abusaban de los más débiles, el político desesperado buscó al diablo y cuando lo encontró le preguntó: ¿qué pasó? ¿Dónde está la fiesta que había visto antes? ¿Las mujeres dónde están? Sonriendo el diablo contestó: “amigo ayer estábamos en campaña, hoy, ya que decidiste por nosotros, esta es la realidad”…

Estamos por entrar a un proceso electoral único en la historia de México, este 2018 se llevarán a cabo las elecciones más grandes de nuestro país. En las elecciones presidenciales será la primera vez que aparezcan candidatos independientes en la boleta, ante ello, nuestro verdadero sentido crítico y racional tiene que predominar, como mexicanos tenemos que ver que los “políticos” que lleguen a cargos de elección popular sean las mejores personas, que no nos vendan espejos y sobretodo, que nos muestren el “cómo” de cada una de sus propuestas.

México va a cambiar, no tengo duda. Pero cambiará más pronto si elegimos a las mejores personas capaces de transformar la realidad con hechos. Valoremos nuestro poder ciudadano y lo más importante involucrémonos en este proceso electoral, ya llegó el momento. México nos necesita.  Se vale debatir

Era su obligación y cumplió…

Comparte este artículo:

Después de un jueves largo y cansado llegamos al departamento, estaba a punto de dormir y a las  11:49 de la noche, se escuchó ese fuerte sonido, era la alerta sísmica, sin pensarlo tome mis cosas y comencé a descender por las escaleras, todos caminábamos muy tranquilos pero a prisa, como lo marcan los protocolos, cuando llegamos a la calle se podían escuchar los vidrios quebrándose, pude observar que la luz se había cortado y después de algunos segundos el sismo se detuvo y el susto fue pasando.

Después de un jueves largo y cansado llegamos al departamento, estaba a punto de dormir y a las  11:49 de la noche, se escuchó ese fuerte sonido, era la alerta sísmica, sin pensarlo tome mis cosas y comencé a descender por las escaleras, todos caminábamos muy tranquilos pero a prisa, como lo marcan los protocolos, cuando llegamos a la calle se podían escuchar los vidrios quebrándose, pude observar que la luz se había cortado y después de algunos segundos el sismo se detuvo y el susto fue pasando.

Este 7 de septiembre hubo un hecho sin precedentes en nuestro país, un sismo de 8.2 grados en la escala de Richter que tuvo su epicentro en Tonalá, Chiapas. Hasta el momento se ha determinado que 95 personas fallecieron debido al movimiento telúrico por lo cual el Presidente de la Republica declaró 3 días de luto nacional.                                                                                    

Minutos después del terremoto, a las 12:08 a.m. para ser exactos, Enrique Peña Nieto emitió su primer comunicado a través de Facebook; a los 42 minutos del suceso, el Presidente da una rueda de prensa con gran parte del gabinete en las instalaciones de Centro Nacional de Prevención de Desastres. Ahí comentó los hechos y compartió la información que tenía el gobierno de la república sobre el sismo. En esa rueda de prensa comunicó la decisión de suspender las actividades académicas en los estados de Chiapas, Tabasco y Oaxaca con el fin de salvaguardar la integridad de los estudiantes hasta que se pudiera determinar el estado físico de las escuelas.

Al día siguiente, el Presidente recorrió las zonas afectadas de Juchitán de Zaragoza en Oaxaca. En las imágenes de diversos medios informativos se puede ver a un mandatario cercano a la gente, escuchando las necesidades y, lo más importante, dando instucciones a los Secretarios de Estado para resolver las problemáticas de la población. La destrucción fue tanta que el New York Times publicó un ártículo que llevó por nombre “Juchitán golpeada por el terremoto: ‘Es como si la ciudad hubiera sido bombardeada'” La pronta respuesta del Gobierno Federal, la coordinación evidente y el apoyo inmediato del ejército mexicano es la más fehaciente prueba del liderazgo efectivo del presidente en esta nación.

Nuestro presidente ha sido muy criticado en distintas situaciones, la mayoría de ellas sin argumento sólido; simplemente, pareciera que siguen tendencias generadas por la desinformación de las redes sociales.

Pero lo que se percibió este fin de semana fue diferente, Peña Nieto estuvo al frente de la nación; su discurso acertivo, sus acciones congurentes y su liderazgo evidente. Con esta columna no pretendo elogiarlo, solo deseo reconocer que en los momentos de crísis e incertidumbre tuvimos a un presidente firme y con decisión.

Vale la pena mencionar que Trump se tardó 4 días para llegar a la ciudad de Houston despues del huracán “Harvey” y a pesar del tiempo fue reconocido por los ciudadanos.

Lo que hizo Peña Nieto no es ajeno a sus responsabilidades, es su obligación y la cumplió. Con su presencia y su discruso apoyó y dio confianza al pueblo mexicano cuando más la necesitaba. Es lamentable que tenga que pasar una tragedia de esta magnitud para observar la empatía, la decisión y la acción de nuestro presidente.

Es válido criticarlo, pero tiene más valor reconocer las decisiones acertadas que ha tomado. Tiene más valor, reconocer lo positivo que ha realizado. Tiene más valor, construir y engrandecer a nuestra nación que el  buscar dividir y destruir. Nuestro país necesita que todos nos sumemos a un mejor proyecto de nación; debemos entender que si no somos nosotros los que trabajemos por nuestro México, nadie lo hará.

Cuando subimos al departamento después del sismo observamos que no todo estaba en su lugar, pero eso no importaba porque estábamos bien…estábamos vívos. Al día siguiente, al despertar, vímos el gran desastre que causó este terremoto, mucha gente sin hogar y eso nos ayudó a valorar lo que tenemos.

Y como siempre,
Se vale debatir…

El cuarto de hospital

Comparte este artículo:

Y ahí estaba, en ese lugar con las paredes blancas, el olor tan peculiar, a lo lejos, escuchaba voces, no entendía lo que decían, y yo en ese cuarto, sólo podía ver una ventana que daba a la ciudad, los vehículos pasaban pero se veían tan pequeños. En ese momento se abre la puerta y entra una persona con bata blanca y le pregunte ansioso, ¿Cuál es el problema? Hubo silencio después de mi pregunta, fueron segundos que parecieron eternos, suspiró y después me contestó “El diagnóstico es más complejo de lo que parece…”  estaba desesperado porque no entendía nada, después el doctor volvió a hablar y me dijo “Lo que usted tiene es una enfermedad muy común que afecta a una gran cantidad de la población, pero en sus resultados encontramos que hay algo atípico, son varios los factores que desafortunadamente han contribuido a que se llegara a esta gravedad…

Hoy en día, nuestro país pasa por situaciones difíciles, lo que vemos en las calles o lo que leemos y escuchamos en medios de comunicación es poco alentador, los temas de todos los días sobre inseguridad, impunidad, corrupción, desigualdad entre muchos otros; y al reflexionar sobre todo esto, surgen preguntas como: ¿Qué pasa en nuestro país? ¿Qué pasa en nuestra sociedad? ¿Qué estamos haciendo? o ¿Qué dejamos de hacer?

Quizá, es prudente decir que nuestra sociedad está enferma, tenemos síntomas que han ido empeorando con el paso del tiempo, nos hemos alejado de la vida comunitaria por un sentido de protección, en nuestras casas cada vez ponemos más barrotes protegiéndonos del exterior, cediendo espacio, -y pensar que eso mismo pasa cuando uno está enfermo-, nos aislamos del exterior para protegernos de los daños del ambiente.

Haré una comparación con una de las enfermedades más comunes en México, la diabetes mellitus tipo dos, por cierto, desde el año 2000 es la primera causa de muerte en mujeres y la segunda en hombres, según el Instituto Nacional de Salud Pública; y en el panorama internacional, la Organización Mundial de la Salud menciona que al día de hoy, más de 180 millones de personas la padecen, cifra que se duplicará en el año 2030 según los estimados de esta organización.

El cuadro clínico de esta enfermedad es el siguiente: ceguera debido a las lesiones en los vasos sanguíneos de los ojos, daño en el sistema nervioso y en los casos más avanzados amputaciones.

Hoy en día, nos hemos cegado ante el dolor ajeno, la indiferencia ha marcado nuestra manera de vivir y el individualismo nos hace pensar sólo en nosotros mismos sin importar lo que le pase al de enfrente, el interés personal por encima del interés de la comunidad; también estamos paralizados por el daño en nuestro sistema nervioso, son pocos los que se mueven para transformar el entorno,  preferimos quedarnos inmóviles y esperar a que el mal pase; y lo más grave es que nosotros mismos nos amputamos para no hacer nada, nos callamos para no causar ruido, guardamos las manos para no levantarlas, nos quitamos los oídos para no escuchar los gritos del otro.

No podemos continuar  viviendo así, tenemos que cambiar nuestro estilo de vida como sociedad y quizá, revertir la enfermedad, algo de lo que podemos hacer es tener una buena alimentación, pero es muy importante recordar que no es sólo lo que llega a nuestro estómago, sino también lo que entra en nuestra mente y a nuestro espíritu. Hacer ejercicio nos ayuda a recuperar el espacio público, -que es nuestro-, el espacio de los ciudadanos, salir a la calle para dejar los barrotes que protegen nuestras casas, nos ayuda a mantenernos vivos y observar la realidad, y lo que es fundamental, consultar al médico periódicamente, pero ese doctor que encontramos frente al espejo, ese que es el único capaz, de mejorar nuestra vida, mejorar la sociedad y transformar el entorno, si seguimos estos pasos podremos entender que si cambio YO, cambia México.

“Le debo de decir (aquí va su nombre) que todavía estamos a tiempo, a tiempo de que el diagnóstico sea positivo si usted así se lo propone” en ese momento el doctor dejó el cuarto y yo, me quedé pensando…

Se vale debatir.

El héroe de los desprotegidos

Comparte este artículo:

“Sucedió que una mañana, después de ayudar a unos peones de la hacienda a reconstruir el techo de una casa, regresé de improviso con mi ama. Ah, que escena tan cabrona la de ver a mi madre muerta de miedo, dando explicaciones a Don Agustín de por qué no podía llevarse a mi hermana, él por supuesto exigía el derecho a desvirgarla, con el permiso de su madre o a la fuerza o por la mala. Como venía de fueras corrí a la parte trasera de nuestra casa tan pobre, donde colgaba junto a las palas, el fusil, nomás porque mi mamacita no podía ver las armas en el mismo lugar donde dormía. Sin pensarlo, corté cartucho y entré como alma que lleva el diablo a apuntarle a Don Agustín en el meritito pie. Al momento se desplomó con la mano sobre la hebilla del cinturón; Martina se quedó salpicada de sangre, petrificada y sin poder emitir una palabra” Según el libro de Pedro Ángel Palou, No me dejen morir así, de esa manera empezó la vida de fugitivo de José Doroteo Arango Arámbula mejor conocido como Pancho Villa.

Casi a todos, alguna vez nos vistieron con sombrero, botas negras, pistola de juguete y carrilleras en el pecho, representando lo que ha sido una de las narrativas políticas más grandes, duraderas, interesantes y universales del siglo XX.

El héroe de los desprotegidos, el hombre que encabezó la mayor fuerza revolucionaria en América Latina, Pancho Villa representó el sueño de la lucha contra el más fuerte, del que se levanta en armas contra el invasor y contra el rico en defensa de sus hermanos más pobres.

Hoy, a poco más de 94 años de su muerte (20 de Julio del 1923), ya no encontramos a hombres o mujeres con convicciones tan arraigadas capaces de cambiar el rumbo de una nación, o si los hay, poco se sabe de ellos.

Durante los años que el General Villa estuvo al frente, se escuchaban historias y leyendas de sus hazañas; los pueblos estaban ansiosos de pelear al lado del “Centauro del Norte” hombre que luchaba por la libertad de los mexicanos, fue protagonista en una revolución que dejó un ordenamiento público y sentó las bases de lo que hoy es la democracia en nuestro país.

Hoy en día, nuestra sociedad necesita hombres y mujeres capaces de sentir empatía y buscar el bienestar común, tenemos que dejar a un lado el individualismo que tanto daño nos ha hecho, hay que reconocernos como parte de una sociedad y entender que no somos los únicos en la tierra, hay que dimensionar el impacto de nuestras acciones u omisiones.

Cada vez es más frecuente escuchar que la clase política toma decisiones por su beneficio propio, sin pensar en la ciudadanía que los eligió, quizá, ya llegó el momento en que las convicciones, los valores y las fortalezas de las buenas personas lleguen a los puestos de decisión pública.

No queremos a un nuevo Pancho Villa sino a muchos; a personas convencidas de transformar su entorno, cada quién, desde su trinchera. No es levantarnos en armas para buscar la paz sino vivir la paz para guardar las armas.

En la navidad de 1913, la revista Leslie´s, una de las más populares de la época en Estados Unidos, dedicó su portada al “audaz líder” Pancho Villa, en ese entonces se imprimieron 400,000 ejemplares promoviendo al feroz mexicano.

Quizá, ya es momento que los ojos del mundo volteen a ver a México por las hazañas que podemos lograr.

Somos más los buenos, pero quizá, no hemos hecho tanto ruido.

Se vale debatir.

La Piel de Lobo

Comparte este artículo:

“¿Quién es?” Preguntó la abuelita. “Caperucita Roja,” contestó el lobo. “Traigo pastel y vino, ábreme por favor.” – “Mueve la cerradura y abre tú,” gritó la abuelita, “estoy muy enferma y no me puedo levantar.” El lobo movió la cerradura, abrió la puerta y sin decir una palabra más, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado se la tragó. 

Todos conocemos este cuento y haciendo memoria podemos recordar, que la principal estrategia usada por el antagonista fue el engaño.

Pero en la actualidad, ¿Qué nos dice este relato escrito por los hermanos Grimm?

El domingo pasado se publicó una encuesta sobre el nivel de aprobación del presidente Donald Trump durante sus primeros seis meses al frente del gobierno, de la cual resultó que sólo el 36 por ciento de los estadounidenses respaldan su desempeño, esto lo posiciona como el peor evaluado en los últimos 70 años. En la encuesta realizada por el diario The Washington Post se muestra que su aprobación ha disminuido en un promedio mensual de 1.5 puntos porcentuales desde el mes de abril a la fecha.

Al día de hoy, casi la mitad de los estadounidenses (48 por ciento para ser exactos) ven que ha disminuido el liderazgo del país ante el mundo, esto desde que llegó el magnate a la presidencia.

Durante el tiempo que Donald Trump fue candidato, su lema de campaña era Make America Great Again” (que América vuelva a ser grande) en este momento se puede observar que no se ha cumplido lo que tanto repetía el hoy presidente de Estados Unidos, que quizá fue sólo una frase de campaña o su más grande promesa, o tal vez, un engaño que utilizó para llegar a su objetivo, de la misma manera que lo hizo el lobo cuando se tragó a la abuelita de caperucita.

Como ciudadanos, tenemos que observar a nuestros candidatos, evaluar sus propuestas, revisar sus antecedentes, pero lo más importante, conocer su personalidad ya que ésta determinará la manera de ejercer el poder.

No podemos ver a lobos con piel de oveja y creerles por más fuerte que imiten el balido. No permitamos que los lobos se vistan de abuelitas, de mesías, de caballos, de inocentes o de patos. No podemos caer rendidos ante una estrategia de mercadotecnia política. Cada imagen o símbolo que se utiliza, busca abonar a un objetivo concreto, el triunfo electoral.

En nuestro país muchas veces los “lobos” han devorado a la “Caperucita Roja” o a su “abuelita”, no dejemos que ellos controlen el poder público a costa del bienestar de la ciudadanía, evaluemos, reflexionemos y participemos para transformar la realidad.

No es el poder por el poder, es el Poder para Servir.

Como Caperucita, que enfrentó los riesgos para ir ayudar a su abuelita.

Se vale debatir…