Del puente a la Alameda

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A la flor de la canela, menudo pie la llevaba por la vereda que se estremecía al ritmo de su cadera. Así inmortalizó la compositora peruana Chabuca Granda en su canción “La flor de la canela” a una mujer que veía caminar felizmente y con elegancia por las calles de Lima a mediados del siglo pasado.

Una mujer caminando, un río, una banqueta, que en Perú le llaman vereda, y un espacio público. Hasta la fecha, la ecuación se repite en muchas ciudades de América Latina y Monterrey no es la excepción. 

¿Qué pasa si a la ecuación le quitamos una o algunas de sus variables? 

En días reciente, sobre la Avenida Constitución, se inició la demolición de los puentes Cuauhtémoc y Pino Suárez en su cruce con el río Santa Catarina.  Este trabajo ha generado molestias y cambios de ruta entre automovilistas. Para los que se mueven en auto se eliminó una de las variables de la ecuación, para otros, la ecuación estaba incompleta desde hace años.  

A diario, cientos de personas, que desde el auto son invisibles, cruzaban a pie, principalmente por el Puente Pino Suárez, de la Colonia Independencia al centro de la ciudad con destino a trabajos, paradas de transporte público, compras y diversas actividades que se pueden satisfacer en el centro de Monterrey, incluyendo ir a pasear a la Alameda. 

El recorrido, desde antes de la demolición de los puentes, no era romántico como en una canción. 

Para llegar a la Alameda, una persona caminando, tenía que esquivar autos y camiones por el arroyo vehicular del puente ya que en tramos se esfumaban las banquetas. Después, si optaba por utilizar un terrible y olvidado puente peatonal, tenía que incrementar más de trescientos metros el recorrido, subir y bajar escaleras y pasar por zonas oscuras, sucias, llenas de matorrales y tramos inaccesibles para algunas personas. Y al final, le esperaba un crucero continuo de autos a toda velocidad sin ninguna consideración por peatones. De las banquetas y cruces peatonales para llegar a la Alameda ni siquiera hablaré. 

Uno de los efectos de la pandemia por COVID19 en muchas ciudades del mundo, incluyendo ciudades del país, ha sido modificar la movilidad y dar mayor importancia al espacio peatonal, al transporte no motorizado y reducir el uso del auto privado. Algunas ya lo estaban haciendo y la pandemia sólo aceleró el proceso.

Ampliar banquetas para mejorar la sana distancia, implementar ciclovías temporales y permanentes que ayuden a reducir la saturación en el transporte, reducir la velocidad en las calles y propiciar el comercio y el trabajo de cercanía han sido algunas de las medidas tomadas en diversas ciudades como preparación para una nueva normalidad. 

Los puentes de Pino Suarez y Cuauhtémoc se construirán de nuevo, la pregunta es si serán de nuevo con una marcada preferencia a mover autos o se aprovechará el momento para reconstruir con justicia social y se dará preferencia a peatones y ciclistas para unir con dignidad dos zonas de la ciudad que tan solo las divide un río. 

En rediseñar los puentes para conectar de manera segura, a pie o en bicicleta, la colonia Independencia con el centro de la ciudad puede estar la bienvenida a una nueva visión de movilidad o regresar a la miopía urbana que solo sabe mover autos y olvida que las ciudades se pueden conectar de manera sostenible. 

Si los nuevos puentes no se pueden cruzar de manera segura caminando, no habrá nueva normalidad, será la misma que ya conocemos y se habrá perdido la oportunidad de probar que una ciudad caminable es posible. 

En el aprovechamiento correcto del espacio público está la posibilidad de tener un feliz recorrido del puente a la Alameda en cualquier medio de transporte o que siga siendo un privilegio para los que van en auto, imposible si se quiere hacer en bicicleta o un suplicio para quienes lo hacen a pie. 

#EspacioPúblico: “Te doy la mano, sin miedo”

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“Oye Lalo, tenemos una lista de cosas que necesitamos hacer y ya sabes que el médico nos tiene prohibido salir. ¿Nos podrías dar la mano?”.  Esa fue la llamada que recibí hace unos días.

Mis tíos Güero y Juany viven solos, son adultos mayores, sus hijos viven en otras ciudades y no tienen más familiares en la ciudad. Razones suficientes para salir de mi aislamiento social con las debidas precauciones y regresarles la paz.

Sin preguntar de manera específica cuáles eran sus necesidades por resolver, definimos una hora para mi visita. Llegué a la hora justa y ya mi tío me esperaba afuera de su casa con mascarilla, guantes, un bote de gel antibacterial, otro bote con cloro rebajado en agua y una lista de pendientes que incluían transacciones bancarias, pagos de servicios y, por supuesto, medicamentos y la lista del supermercado. Mi tía permaneció en el interior de la casa siguiendo al pie de la letra las instrucciones de su médico. 

Entre sucursales bancarias cerradas, tener que buscar cajeros multiservicios funcionando, ir a una farmacia específica que surte su arsenal de medicamentos y hacer una lista de supermercado con productos que no son los que habitualmente compro, la tarea me llevó casi tres horas. 

Entregué los pendientes resueltos y me puse a la orden para ayudar en cualquier otra preocupación. Me despedí sin los abrazos habituales, pero viendo que la tranquilidad regresaba a los azules ojos de Güero. 

¿Cuántas personas habrá en la ciudad que requieran ayuda en estos momentos y no lo sabemos?
¿Cuántas personas habrá que estén dispuestas a ayudar y tampoco lo sabemos?

No solo las personas mayores están pasando por momentos difíciles. Hay mucha gente sin empleo, los negocios pequeños sufren la falta de clientes, las familias pueden pasar momentos de ansiedad, la violencia doméstica se pude agravar y la desinformación en la que se vive la pandemia puede llevar a malas decisiones. 

Personas y organizaciones con estas preocupaciones, se han dado a la tarea de enfocar su tiempo y recursos para crear diversas alternativas que mitiguen los efectos de la pandemia.

Por ejemplo, por parte de la sociedad civil,  www.ayudamutuamty.mx surge como una plataforma ciudadana para conectar a quienes necesitan ayuda y a quienes pueden darla, https://apoya.cic.mx/ recibe apoyos en especie y promueve el voluntariado y https://comunidar.org/unirydar/ llega como la respuesta del empresariado regiomontano para afrontar la crisis, apoyando con equipo médico, ayuda económica a personas en situación vulnerable y, en su momento, buscará reactivar la economía lo más pronto posible.

Por el lado de gobierno, el municipio de Escobedo implementa www.escobedoencasa.com como una opción para apoyar el comercio local entre los mismos vecinos del municipio y pone a disposición una herramienta de emergencia para que mujeres que lo requieran estén seguras en casos de violencia doméstica. 

Me pareció muy importante saber de estas iniciativas, pero lo más valioso fue ver que se siga dando valor a lo comunitario independientemente del asilamiento que impide las interacciones en centros de trabajo o en el espacio público cercano como son la cuadra, el barrio o la colonia. 

Este es un buen momento para saber si conocemos a nuestros vecinos, para llamar a quienes tenemos tiempo de no saber de ellos, para buscar alternativas de ayuda y para poner en marcha la creatividad. Las contingencias no se resuelven de manera individual, siempre han sido una labor colectiva. 

Güero y Juany hoy están tranquilos en su casa y yo estoy tranquilo en la mía sabiendo que no les falta nada y que cuando necesiten resolver algo me pueden llamar. Y también estoy tranquilo sabiendo que existe una comunidad que está dispuesta a ayudar y se están creando los medios para hacerlo. Cuando el contacto físico pone en riesgo la salud, dar la mano cobra su verdadero sentido.

#EspacioPúblico: “Susana Distancia no viaja en camión”

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Mantener la distancia y evitar el contacto físico. Así de sencillas son las recomendaciones internacionales para reducir la propagación del coronavirus. Acciones básicas y sencillas de entender, pero en ocasiones parecen difíciles de ejecutar. 

En México, para hacer mas sencilla la comprensión de estas nuevas reglas básicas de convivencia en tiempos de pandemia, se creo el personaje de Susana Distancia. Una especie de super heroína que representa a cualquier persona responsable.  Al extender sus brazos de forma lateral, nuestra heroína hecha en México logra una distancia adecuada con otras personas para evitar el contagio. 

Gracias a Susana Distancia se han realizado marcas en el piso de las filas de los supermercados, tiendas de conveniencia, bancos, y otros negocios para mantener una separación entre las personas y lograr evitar posibles contactos con personas contagiadas, muchas de ellas sin saber que lo están. 

Pero Susana pierde sus poderes al momento de subir al transporte público del área metropolitana de Monterrey. 

Las rutas urbanas, la Ecovía y el Metro de la ciudad lucen a diario con unidades llenas, con gente amontonada sin respetar espacios sugeridos y las estaciones muestran filas enormes de personas sin aplicar distancia para tomar las unidades, en especial en horas pico. 

El problema no es sencillo. Por un lado, tenemos una considerable población a la que le es imposible dejar de laborar y quedarse en casa porque depende de lo que generan diariamente con sus trabajos, muchos de ellos informales que no cuentan con ningún patrón ni seguro social que responda por ellas y ellos. Para este segmento está primero obtener el recurso que les dará de comer que cualquier otra cosa.

Por otro lado, tenemos un transporte que poco tiene de público y mucho de intereses privados que no es capaz de abordar una emergencia de salud con las acciones adecuadas para mantener la integridad de sus usuarios y se limita a seguir dando el servicio sabiendo que puede tener consecuencias fatales, pero buscando la forma de no llegar a la quiebra financiera. Se le ha cuestionado a autoridades y transportistas sobre las acciones ejercidas para evitar una propagación de contagios y básicamente no hay respuestas ni alternativas. 

Por un tercer flanco hay un gobierno rebasado que invita a la población a quedarse en casa sin dar alternativas a las personas más necesitadas que les es imposible mantener el aislamiento por motivos de sobrevivencia.  Llevar despensas y kits de entretenimiento son más acciones de foto que de prevención de salud. 

Y para cerrar el cuadrado perfecto del contagio está un sistema de salud estatal con autoridad limitada a recomendar y no a dar solución a los latentes focos de transmisión masiva del virus.  En otros países los responsables de salud limitaron el transporte público a solo personas sentadas dentro de las unidades, no tener contacto con conductores y no reducir las frecuencias; aquí se ha visto poco o nada de cambios. 

Estamos ante una situación nunca vista y se ha tenido que improvisar en muchos aspectos de nuestra vida. En ocasiones ha costado trabajo por significar cambios en nuestro estilo de vida.  Para otras personas hacer cambios significa la vida y necesitan la ayuda del gobierno para poder estar seguros. 

Esperemos que se empiecen a tomar acciones urgentes para mitigar los riesgos de contagio en el transporte antes que se propague en sectores vulnerables que será difícil controlar. 

Susana Distancia lucha adentro del transporte público pero sus poderes se pierden cada vez que alguien la empuja, la avienta y le baja los brazos para quedar atrapada entre la gente.  Mejor baja del transporte y se enfoca en los lugares que la ven con respeto.  Necesita la ayuda de Memo Evo Seguro como aliado en el transporte. Pero aún no sabemos dónde está.

#EspacioPúblico: “Banquetas ¿para todos?”

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Recorrer la ciudad caminando puede ser una carrera de obstáculos entre la gran cantidad de defectos que encontramos en sus calles y banquetas.  Escalones, banquetas dañadas, cruces mal señalados, mobiliario urbano inútil y objetos obsoletos olvidados son algunas de las principales barreras para una movilidad peatonal ágil y segura. Si no estás acostumbrado, es complicado, cansado y frustrante caminar unas cuadras. Ahora imaginemos la misma situación siendo una persona con algún tipo de discapacidad. 

En días recientes acompañé a personas con discapacidad motriz por las recién ampliadas banquetas de la calle Juárez en el centro de Monterrey. En solo tres cuadras de recorrido nos dimos cuenta de que, a pesar de la ampliación de banquetas, las características necesarias para hacer un espacio público accesible no se cumplen. Las rampas en las esquinas no cuentan con una pendiente adecuada para que una persona en una silla de ruedas pueda subir y bajar sin sobrepasar el esfuerzo que regularmente significa esta acción. Los semáforos no tienen fases adecuadas y no ayudan a generar espacios seguros al cruzar las calles en las que los conductores olvidan que la preferencia en el espacio público es de peatones. 

Nos topamos con la sorpresa que la pendiente natural de la calle en algunos tramos es tan pronunciada que requiere de espacios de descanso que no fueron planeados y hacen peligroso el recorrido para alguien en silla de ruedas e incluso para quienes lleven una carriola con un bebé y que por alguna razón la dejen de sujetar. 

Esto es solo lo que detectamos en caso de personas con discapacidad motriz, en el caso de invidentes y persona con discapacidad auditiva también se encuentran fallas que pueden poner en riesgo su integridad al circulan por esa calle. 

Con este ejercicio nos dimos cuenta de que no solo basta con realizar un proyecto que cambie el contexto urbano. Es necesario hacerlo bien. Existen manuales, documento, reglamentos y normas para construir espacios accesibles, pero parece que siguen siendo letra muerta en la construcción de calles y banquetas en esta ciudad. 

En algún punto entre la planeación y la ejecución de obra algo está fallando que el resultado no es el correcto.

Quiero pensar que organismos como el Consejo para Personas con Discapacidad no son invitados a dar su opinión en el proyecto y mucho menos en el momento de supervisar una obra que dará servicio a toda la ciudad.
Y también asumo que muchas fallas de ejecución se deben a desconocimiento de las verdaderas necesidades de los usuarios y se resuelven los problemas de la manera más simple para cuidar un presupuesto, sin una supervisión y tratando de cumplir con tiempos de entrega. 

Reconozco el esfuerzo y el trabajo en la ampliación de banquetas, era algo que se pedía a gritos, pero también hay que recalcar que este cambio en la forma de hacer calles aún requiere de mejores prácticas para que se cumpla con el objetivo de ser accesible para cualquier usuario. 

Planear y construir una ciudad con accesibilidad universal no solo beneficia a personas con discapacidad, las hace más sencillas para todas las personas.
Hacer una ciudad dando preferencia a los más vulnerables, es más útil y menos costoso que sobre la marcha hacer adecuaciones. 

La ciudad es una fiesta a la que se invita a todas las personas que la habitan y debe contar con los espacios y facilidades necesarias para que cualquiera la disfrute. Hoy las condiciones de la ciudad hacen que algunas personas no se sientan invitadas a la fiesta.

#EspacioPúblico: “¿A dónde vamos?”

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La plataforma Cómo vamos Nuevo León presentó en día recientes los resultados de la encuesta anual de percepción “Así vamos”. No es la primera vez que asisto a conocer los resultados de esta investigación y como ya es costumbre, varias cosas llamaron mi atención.

En primer lugar, es importante destacar la labor realizada con esta encuesta. Desde la sociedad civil surge un excelente diagnóstico de percepción de lo que sucede en el estado, con énfasis especial en el área metropolitana de Monterrey. Es notoria la evolución del instrumento, así como la incorporación y análisis de nuevos contenidos que se han ido descubriendo con el tiempo y son de gran importancia en día a día de la población.

En el caso específico de movilidad, ha sido de gran importancia ver como al incluir la perspectiva de género podemos ver diferencias importantes en la manera que se mueven hombres y mujeres y cómo sienten la seguridad en las calles. Gracias a esto, se pudo identificar que es mayor la cantidad de mujeres que se mueven a sus destinos principales a pie bajo condiciones adversas de seguridad física de banquetas, acoso callejero y deficiente seguridad en cruces peatonales.

La movilidad en el área metropolitana de Monterrey sigue siendo un tema de gran relevancia. Las banquetas continúan siendo de los elementos con más baja calificación, considerándolas dañadas, con obstáculos y angostas. Si sumamos que los cruces peatonales también son mal evaluados, tenemos como resultado una nada alentadora invitación a ser peatones en la ciudad.

Todos los municipios muestran importantes áreas de oportunidad en movilidad peatonal tanto en banquetas como en cruceros y elementos de seguridad. Si hay un elemento común en el área metropolitana de Monterrey que requiere atención especial y coordinada es este.

Cabe destacar que los cruces peatonales mejor evaluados están en el municipio que la gente menos se traslada caminando: San Pedro Garza García. Y también destacando, pero de manera preocupante, es que los peores evaluados están en municipios que tienen mayor número de peatones ya sea por residencia o por destino. Yo pondría un foco rojo en Monterrey. La capital del estado recibe muy bajas calificaciones en banquetas, cruces peatonales y accesibilidad, contrastando con una comunicación que ha destacado en los últimos años el gran presupuesto aplicado en su programa de vialidades regias.  Al parecer es un gran monto solo aplicado en calles y sus baches, cuando la movilidad peatonal también es vialidad.

Y al hablar de trasporte público las cosas no están mejor. Cada año, los niveles de satisfacción que muestra la ciudadanía con relación al transporte son cada vez más bajos y nos muestra la gran disparidad que existe en el uso del tiempo de los usuarios de automóviles con relación a quienes se transportan en camiones, metro y ecovía. Llegar a un mismo destino requiere prácticamente el doble de tiempo si se hace en transporte público que al hacerlo en un auto privado.  Mal síntoma en una ciudad que reconoce padecer un serio problema de contaminación, congestión vehicular y seguridad vial.

Por último, me causa una especial atención la ausencia de quienes deberían estar atentos a los resultados de su check-up anual: alcaldes, alcaldesas y el gobernador.

No solo es su ausencia, la falta de interés en los resultados me es preocupante.

No es una primera encuesta presentada, ya es su cuarta emisión. Hay muchos elementos para ver en su evolución a través de los años para poder detectar si las acciones que se toman desde el gobierno provocan cambios en la percepción ciudadana.  No es una evaluación personal de gobernantes, aunque hay un rubro que evalúa sus funciones, va más allá de eso. Es una buena forma de saber si las decisiones y acciones que se toman desde el gobierno ayudan a mejorar la salud de la ciudad o empeoran síntomas que pueden hacerse crónicos.

La encuesta “Así Vamos” es un buen diagnóstico que no se debe tomar a la ligera. Ignora o negar los síntomas de una enfermedad no es la solución. Puede poner en mayor riesgo la ya dañada salud del área metropolitana de Monterrey.

Movilidad 2020 ¿Colapso o solución?

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¿Monterrey empezará un proceso de mejora en su sistema de movilidad o seguirá su camino al colapso total? Esa es la pregunta con la que iniciamos el año.

Lo podemos analizar haciendo un balance de lo sucedido en 2019 y ver sus implicaciones para el 2020.

Terminamos el año con calles completas. En las calles Juárez y Juan Ignacio Ramón se ampliaron y se arborizaron banquetas con la finalidad de dar más espacio peatonal a las personas que se desplazan caminando y utilizando el transporte público. Un proyecto que, con áreas de oportunidad, nos da una nueva forma de visualizar cómo deben ser las calles en la ciudad pensadas en las personas y no solo en los vehículos automotores. Lo bueno es que se tiene un nuevo estándar de como deben ser las calles, lo malo es que siguen teniendo defectos de ejecución. 

El Gobierno del Estado publicó una Normativa de aceras en la que indica cómo deben ser las banquetas en los municipios del estado, principalmente en el área metropolitana de Monterrey. Buen inicio, el reto estará en que dicha normativa se convierta en reglamentos municipales durante el año. Los estándares de calidad que marquen dichos reglamentos serán decisivos para tener una buena movilidad peatonal o solo cubrir los requisitos para cumplir con la norma establecida. 

Después de meses de “trabajo” legislativo se concluyó la Ley de Movilidad. Lo digo entre comillas porque a mi entender la labor del Congreso es desarrollar leyes que su principal motivación sean los ciudadanos que representan, pero la realidad es que el trabajo es una lucha de partidos, acuerdos entre participantes, negociaciones para no afectar procesos de trabajo que requieren cambiar de manera urgente y la negación a trabajar verdaderamente bajo parlamento abierto. Esto es solo el principio, el 2020 estará marcado por muchos temas relacionados con esta ley.

El Senado realizó un cambio en la Constitución para establecer el derecho a la movilidad. Se agrega un párrafo en el artículo cuarto, que dice: “Toda persona tiene derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad”. Además, se da facultad a las cámaras de diputados y senadores para legislar en materia de movilidad y seguridad vial y a los municipios los faculta para elaborar planes en estas mismas materias.

¿Para que realizar estos cambios?  Para que durante el primer semestre del año, se tenga una Ley General en materia de Movilidad y Seguridad vial. 

Con esta ley se fijarán las bases para el diseño o modificación de calles y carreteras en el país, con la finalidad de que sean seguras para todo tipo de usuarios y disminuyan así las muertes y lesiones por hechos de tránsito. Gran reto si consideramos que Nuevo León es líder en excesos de velocidad, choques, atropellos y faltas al reglamento de tránsito. 

Con este contexto yo veo que los retos del año serán de todos y para todos. 

El reto del gobierno del Estado será lograr que su normativa llegue de manera eficiente a reglamentos municipales y que con la nueva ley de movilidad se logren cambios positivos para usuarios de la calle. 

El de los municipios será cambiar su visión de hacer calles y que el concepto de calles completas no se quede en solo una buena intención. 

El del Congreso será trabajar en nuevos proyectos como la ley de seguridad vial para el Estado y proponer reformas que nos lleven a tener calles más seguras. 

El de la ciudadanía será respetar el reglamento de tránsito que con todos los defectos de diseño vial que se tengan, sigue siendo el reglamento y hoy es casi letra muerta. 

Y el reto mayor para quienes habitamos esta ciudad será no aferrarnos a lo conocido y hacer cambios en nuestra manera de vivirla, aunque en algunas ocasiones nos implique renunciar a privilegios y malas prácticas que ya vemos como lo cotidiano. 

#EspacioPúblico: “Los verbos y la ley de movilidad”

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Espacio público. ¿Qué sería de una ciudad sin espacio público? ¿Qué sería de una ciudad sin reglas de operación en su espacio público? ¿Qué sería de una ley de movilidad para el estado de Nuevo León sin un articulado claro y preciso en el tema?

Tres preguntas que me hago al mismo tiempo que se discute la ley de movilidad del estado de Nuevo León en lo que parece su recta final. Me era necesario leer el proyecto y entender cómo había sido tratado el concepto, así que lo busqué en la pagina oficial de Congreso.

Al buscar los artículos que hablan del tema del espacio público me encontré con un escueto capítulo que me deja claro que no ha sido tomado con la importancia necesaria y que, los legisladores, simplemente lo incluyeron dentro del proyecto por cumplir con una demanda realizada por organizaciones de la sociedad civil.

Mi primera preocupación, parece de forma, pero realmente es de fondo. Los verbos utilizados en el documento no generan ningún tipo de acción específica ni garantizan formas claras de protección al espacio público

Promoverá, facilitará, valorará y contemplará definitivamente no son obligará, ni realizará ni deberá.

Me preocupa que una ley que busca establecer las bases, conceptos y normas para movernos en la ciudad deje tan abierto y a criterio de los ejecutantes lo que debe ser tratado como obligaciones con reglas claras y estándares de calidad.

Los verbos utilizados, al ser aplicados en el documento, dejan la puerta abierta a los mismos criterios de operación que hasta ahora se han tenido y que ya conocemos los resultados. “Procurará su cumplimiento” no garantiza nada, “deberá promover los derechos humanos” no significa que lo haga y “facilitará ascensos y descensos de transporte público” no me asegura nada en términos de inclusión para personas con discapacidad ni obliga a aplicar en el espacio público ni en las unidades de transporte criterios de accesibilidad.

También me preocupan las omisiones. Una en particular: la perspectiva de género. No se puede hablar de espacio público sin asegurar que se realice bajo criterios de perspectiva de género. Y no solo es una omisión del capítulo, lo es de todo el documento, no se incluye la palabra género ni siquiera en glosario.

Y, por último, me preocupan los verbos no escritos en la ley, pero necesarios en la labor legislativa. Verbos que, si regresara en el tiempo, aplicaría en el articulado de un reglamento de trabajo para que fuera leído por el equipo legislativo previo al inicio del trabajo de ley de movilidad.

El reglamento diría lo siguiente: 

Artículo 1. Los presidentes de comisiones resolverán diferencias entre bancadas para que las “comisiones unidas” realmente estén unidas.

Artículo 2. Las recomendaciones recibidas por asesores profesionales externos en mesas de trabajo serán aplicadas y se comprobará su destino.

Artículo 3. Se tendrá la claridad de estar trabajando una ley de movilidad y no solo una ley de transporte.

Artículo 4. Se dejará de pensar en resolver problemas presentes causados por una mala planeación en el pasado y se establecerán las bases para un futuro que no repita los mismos errores.

Artículo 5. En caso de tener diferencias con el Gobierno del Estado por temas presupuestales, los legisladores encontrarán la manera de resolver esas diferencias por ser un tema de utilidad y trascendencia pública.

¿Ven la diferencia con los verbos y su aplicación?

Está en juego el futuro de la movilidad, especialmente en el área metropolitana de Monterrey. La claridad con la que se construya la ley es clave.

Ya para finalizar, incluiría un artículo más al reglamento que menciono con el fin de garantizar un buen proyecto:

Artículo 6. Tanto el Congreso como el Gobierno del Estado, tendrán la voluntad política y moral de construir una ley que su prioridad sea beneficiar siempre a los usuarios del transporte y del espacio público.

Monterrey vs. Santiago de Chile

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Por un lado, tenemos a diez activistas exhortando al Congreso de Nuevo León a acelerar la Ley de Movilidad y por otro lado tenemos a más de un millón de personas protestando en las calles de Santiago de Chile tras el anuncio del incremento en las tarifas del Metro. ¿Cuál de los dos eventos es más preocupante? 

Yo estaría más preocupado por el pequeño grupo que por la manifestación masiva.

Los dos responden a una serie de acontecimientos que, con el tiempo, han tomado características de crisis. Son la manifestación de solicitudes sociales de cambiar lo que ya no funciona y marca un deterioro en la economía de más de la mitad de la población. 

Un millón de personas protestando parece de cuidado. Yo pondría atención en lo que simboliza un pequeño grupo de personas exhortando a diputados locales. 

Además, no veo una sola crisis, veo cuatro y lo veo así: 

Crisis de movilidad: La sencilla de ver. Se vive a diario un transporte caro, ineficiente, incómodo y que todo apunta a que será aun más caro y sin expectativas claras de mejora. La lucha entre el gobierno y los intereses de transportistas parecen no tener fin ni arreglo justo para los usuarios. Sumemos el uso desmedido del auto privado como problema que no se enfrenta de manera adecuada y el desarrollo urbano que sigue expandiendo la mancha urbana sin planeación de transporte. Hoy tenemos el nada honroso primer lugar en contaminación en el país, de seguir así lograremos el mismo puesto a nivel Latinoamérica. 

Crisis política: La que no creemos nuestra. La lucha de poder entre bancadas legislativas, gobierno del estado, municipios y partidos ha llegado al nivel en que ponerse de acuerdo por el bien común es el último punto en la agenda. Y si a esto sumamos que empieza la carrera política al 2021, las cosas se ponen peor. Los ojos están puestos en el futuro sin solucionar el presente. Parece un buen momento para que los ciudadanos nos involucremos más en la política y las decisiones que tomamos en una elección; nosotros somos quienes votamos por quienes nos representan, por cierto ¿Recuerdan al diputado local de su distrito? ¿El trabajo que ha realizado?

Crisis social: La que nos negamos a ver. La ciudad se encuentra polarizada, los problemas de unos no significan gran cosa para otros y los más afectados son los que menos recursos tienen. Los problemas de los usuarios de transporte público son de poco interés para los que se mueven en auto, para ellos la preocupación está en las condiciones de las calles y sus baches. Mientras los que más tienen se preocupan por mejorar el medio ambiente haciendo carpool sin bajarse de sus autos privados, los que no contaminan, porque caminan y usan el trasporte público, tienen que gastar más en transporte y caminar por banquetas en pésimo estado.  Complicado entender lo que es realmente el bien común. 

Crisis sistémica: La difícil de entender. No se están viendo los verdaderos problemas ni soluciones de fondo.  Se da más importancia a soluciones reactivas de problemas inmediatos que seguir procesos para lograr objetivos de largo plazo, que dudo se tengan. Se aplican las mismas soluciones que nos han llevado a la situación actual. Subir tarifas de transporte, más carriles para autos, concesionar el río para una autopista privada, salir en la foto inaugurando obras que pronto serán olvidadas, son solo algunos ejemplos.  

Por todo lo anterior es que veo una crisis silenciosa en la ciudad que preocupa más que una estruendosa. 

Hay que abrir bien los ojos y pensar que quizás la crisis chilena, con cientos de miles de manifestantes en las calles, empezó con 10 activistas haciendo un exhorto al gobierno y en su momento no se les dio importancia.

#EspacioPúblico: “Accesibilidad ¿universal?”

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¿Es útil una rampa para personas con discapacidad que topa con una escalera? 

En días recientes a través de la cuenta de Twitter de La banqueta se respeta nos compartieron el reporte de la construcción de una rampa con esas características. Una rampa mal construida que da “acceso” al camellón con andador de una colonia residencial de Monterrey.  Los comentarios fueron desde la burla hasta la incredulidad y el enojo. No era para menos, a simple vista era notorio que el trabajo realizado era inútil y si los usuarios lo tuviéramos que evaluar, definitivamente el municipio saldría reprobado. Respondiendo al reporte, a los pocos días estaban corrigiendo la rampa. Doble trabajo inútil. Seguía siendo una rampa sin ningún estándar de calidad que asegurara su funcionamiento.

No es la primera vez que nos comparten fotos con estas características, ni tampoco la primera en que vemos soluciones que tampoco sirven. Cruces peatonales que se topan a medio camino con una barrera que protege un semáforo, guías táctiles que llevan a zonas de riesgo a invidentes, rampas que no cumplen con la pendiente establecida por manuales de accesibilidad o puentes peatonales con escaleras o rampas interminables en calles semaforizadas y de tráfico moderado que no justifican su instalación más que para fines publicitarios, son algunos de los ejemplos más comunes. 

Aquí hay un serio problema. Los responsables de la obra pública en la ciudad están haciendo lo mínimo indispensable para pasar su clase de urbanismo sin haber estudiado para el examen y simplemente aplican recursos económicos e intelectuales muy limitados a conceptos que alguna vez leyeron o escucharon que eran necesarios incluir, poniendo a consideración de la suerte la aprobación de sus jefes que, al parecer, tampoco tienen claros los elementos de evaluación. 

Es preocupante escuchar a diario discursos sobre accesibilidad, inclusión, calles completas y ciudades para todas las personas cuando la manera de construir sigue siendo la misma o se va adecuando de una manera limitada. 

¿Por qué suceden estas cosas? En primer lugar, por la cadena de responsabilidades: de lo que se conceptualiza en un plano arquitectónico a lo que se ejecuta hay un abismo de diferencia y la capacitación necesaria en todos los niveles para detectar problemas y poder corregir errores es prácticamente nula. 

En segundo lugar, en el mismo diseño. Diseñar de manera universal parece ser todavía algo complicado y se prefiere corregir los errores realizados en el trabajo terminado a evitarlos desde el origen. 

Y si me pusiera estricto, existe un tercer error, más grave que los anteriores, que me parece que quienes construyen la ciudad no lo tienen claro: No entienden quién evaluará el trabajo.
Sienten que al tener un visto bueno de sus superiores en el gobierno ya lograron aprobar cuando al final del día el evaluado final será su jefe de más alto nivel y será evaluado por los usuarios del espacio público. Si reprueba el alcalde ante la ciudadanía reprueban todos sus funcionarios. 

Es posible mejorar calificaciones. Como todo examen, si se quiere hacer con méritos, es necesario buscar bibliografía adicional a lo que se recibe en clase; por ejemplo, ya existe un Manual de calles mexicanas con un estudio amplio y conceptos precisos de cómo construir una ciudad, pero al no ser lectura obligatoria, pocas veces se consulta y se aplica.  Es una lástima, si se usara se evitaría muchos errores. 

Para pasar el examen de urbanismo se necesita algo más que conocer conceptos, se necesita un taller práctico para lograr la correcta aplicación de la teoría basándose en la empatía con los usuarios.  No sería mala idea que para el examen final un alcalde acompañado de usuarios con distintas necesidades de ayudas técnicas, recorriera en silla de ruedas o con los ojos vendados una obra pública nueva. Quizás con eso se motiven a estudiar un poco más para el examen o cambien su manera de evaluar el trabajo e incluyan verdaderamente a las y los usuarios. 

#EspacioPúblico: “Regreso a clases, regreso al caos”

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Se inicia un ciclo escolar y como cada año, muchos volvemos a acomodar nuestras actividades de acuerdo con el tráfico que se genera en las calles de la ciudad, principalmente en las mañanas y a la hora de salida de escuelas. 

Durante el verano olvidamos que la realidad de la ciudad es la de una metrópoli dependiente del auto en la que miles de personas lo utilizan para llevar a sus hijos a sus escuelas. Con el crecimiento de la ciudad, las escuelas han quedado lejos del lugar que habitan las personas con hijos en edad escolar y se requieren traslados de largas distancias y planeación del tiempo. 

Si a esto sumamos que vivimos una crisis de movilidad en la que el transporte público pasa por los peores momentos que tenemos memoria, la situación general se complica. Si hablamos de estudiantes que se trasladan en un auto privado recordemos que un gran porcentaje de la población requieren del servicio publico de pasajeros para llegar a sus planteles educativos y hoy la capacidad de servicio está rebasada, los transportistas exigen aumentar tarifas y el gobierno no muestra soluciones claras al problema.

¿Qué se está haciendo para mejorar la movilidad escolar en la ciudad? 

Hay algunos esfuerzos como lo que realiza el municipio de San Pedro Garza García con su Plan de Movilidad Escolar con el que se ha promovido, en la mayoría de sus colegios privados, el uso del carpool y transporte colectivo para reducir la cantidad de autos que a diario llegan con tan solo un estudiante por auto a los colegios del municipio.  Otros municipios participan con los ya conocidos operativos de tránsito a la hora de entrada y salida de las principales escuelas de sus municipios y con algunas actividades aisladas los primeros días de regreso a clases.

¿Es suficiente?

Parece ser solo un pequeño respiro para de nuevo inhalar el aire contaminado que nos genera esta condición de falta de planeación en la que vivimos, desafortunadamente, sin exhalar soluciones. 

El problema es grave y más grave es ver que la atención mediática esté tan enfocada en solo ver las soluciones en quienes lo hacen en auto en el municipio de mayores ingresos del área metropolitana. Ese es solo un pequeño segmento de la población. 

El problema se centra en que no existe realmente un plan estratégico para el tema a nivel metropolitano. 

Podemos empezar por cuestionarnos en primer lugar si es posible llegar de manera segura caminando a las escuelas o con facilidades de trasporte público. Para la gran mayoría de la población esa es la realidad.  Hoy vemos contextos escolares en condiciones precarias y recorridos de horas en transporte público para llegar a un destino académico. 

En segundo lugar, si se tiene el privilegio de poder pagar colegios privados y moverse en auto, vale la pena cuestionar si los hábitos en movilidad son sustentables o simplemente son cómodos. Exceso de velocidad para llegar a tiempo, filas interminables de autos a la hora de entrada a los colegios, autos en doble fila esperando la salida, invasión de banquetas y cruces de calles son hábitos que se han dejado de ver como lo que son: faltas al reglamento de tránsito. 

Y por último cuestionaría si la comunicación por parte del gobierno estatal y los gobiernos municipales en la concientización de nuestra responsabilidad en temas de movilidad y medio ambiente es efectiva. Una simple invitación a tomar tiempo porque de nuevo habrá trafico no parece ser una gran estrategia de largo plazo para reducir tiempos de traslado y contaminación. 

La movilidad escolar es solo uno de los muchos temas a considerar en la planeación de una ciudad. El gobierno tiene mucho trabajo por hacer, pero, al menos en este tema, podemos ayudar por empezar a cuestionar si nuestros hábitos privados ayudan o no al bienestar público. Somos parte del problema, también de buscar la solución.