#EspacioPúblico: “Los verbos y la ley de movilidad”

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Espacio público. ¿Qué sería de una ciudad sin espacio público? ¿Qué sería de una ciudad sin reglas de operación en su espacio público? ¿Qué sería de una ley de movilidad para el estado de Nuevo León sin un articulado claro y preciso en el tema?

Tres preguntas que me hago al mismo tiempo que se discute la ley de movilidad del estado de Nuevo León en lo que parece su recta final. Me era necesario leer el proyecto y entender cómo había sido tratado el concepto, así que lo busqué en la pagina oficial de Congreso.

Al buscar los artículos que hablan del tema del espacio público me encontré con un escueto capítulo que me deja claro que no ha sido tomado con la importancia necesaria y que, los legisladores, simplemente lo incluyeron dentro del proyecto por cumplir con una demanda realizada por organizaciones de la sociedad civil.

Mi primera preocupación, parece de forma, pero realmente es de fondo. Los verbos utilizados en el documento no generan ningún tipo de acción específica ni garantizan formas claras de protección al espacio público

Promoverá, facilitará, valorará y contemplará definitivamente no son obligará, ni realizará ni deberá.

Me preocupa que una ley que busca establecer las bases, conceptos y normas para movernos en la ciudad deje tan abierto y a criterio de los ejecutantes lo que debe ser tratado como obligaciones con reglas claras y estándares de calidad.

Los verbos utilizados, al ser aplicados en el documento, dejan la puerta abierta a los mismos criterios de operación que hasta ahora se han tenido y que ya conocemos los resultados. “Procurará su cumplimiento” no garantiza nada, “deberá promover los derechos humanos” no significa que lo haga y “facilitará ascensos y descensos de transporte público” no me asegura nada en términos de inclusión para personas con discapacidad ni obliga a aplicar en el espacio público ni en las unidades de transporte criterios de accesibilidad.

También me preocupan las omisiones. Una en particular: la perspectiva de género. No se puede hablar de espacio público sin asegurar que se realice bajo criterios de perspectiva de género. Y no solo es una omisión del capítulo, lo es de todo el documento, no se incluye la palabra género ni siquiera en glosario.

Y, por último, me preocupan los verbos no escritos en la ley, pero necesarios en la labor legislativa. Verbos que, si regresara en el tiempo, aplicaría en el articulado de un reglamento de trabajo para que fuera leído por el equipo legislativo previo al inicio del trabajo de ley de movilidad.

El reglamento diría lo siguiente: 

Artículo 1. Los presidentes de comisiones resolverán diferencias entre bancadas para que las “comisiones unidas” realmente estén unidas.

Artículo 2. Las recomendaciones recibidas por asesores profesionales externos en mesas de trabajo serán aplicadas y se comprobará su destino.

Artículo 3. Se tendrá la claridad de estar trabajando una ley de movilidad y no solo una ley de transporte.

Artículo 4. Se dejará de pensar en resolver problemas presentes causados por una mala planeación en el pasado y se establecerán las bases para un futuro que no repita los mismos errores.

Artículo 5. En caso de tener diferencias con el Gobierno del Estado por temas presupuestales, los legisladores encontrarán la manera de resolver esas diferencias por ser un tema de utilidad y trascendencia pública.

¿Ven la diferencia con los verbos y su aplicación?

Está en juego el futuro de la movilidad, especialmente en el área metropolitana de Monterrey. La claridad con la que se construya la ley es clave.

Ya para finalizar, incluiría un artículo más al reglamento que menciono con el fin de garantizar un buen proyecto:

Artículo 6. Tanto el Congreso como el Gobierno del Estado, tendrán la voluntad política y moral de construir una ley que su prioridad sea beneficiar siempre a los usuarios del transporte y del espacio público.

Monterrey vs. Santiago de Chile

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Por un lado, tenemos a diez activistas exhortando al Congreso de Nuevo León a acelerar la Ley de Movilidad y por otro lado tenemos a más de un millón de personas protestando en las calles de Santiago de Chile tras el anuncio del incremento en las tarifas del Metro. ¿Cuál de los dos eventos es más preocupante? 

Yo estaría más preocupado por el pequeño grupo que por la manifestación masiva.

Los dos responden a una serie de acontecimientos que, con el tiempo, han tomado características de crisis. Son la manifestación de solicitudes sociales de cambiar lo que ya no funciona y marca un deterioro en la economía de más de la mitad de la población. 

Un millón de personas protestando parece de cuidado. Yo pondría atención en lo que simboliza un pequeño grupo de personas exhortando a diputados locales. 

Además, no veo una sola crisis, veo cuatro y lo veo así: 

Crisis de movilidad: La sencilla de ver. Se vive a diario un transporte caro, ineficiente, incómodo y que todo apunta a que será aun más caro y sin expectativas claras de mejora. La lucha entre el gobierno y los intereses de transportistas parecen no tener fin ni arreglo justo para los usuarios. Sumemos el uso desmedido del auto privado como problema que no se enfrenta de manera adecuada y el desarrollo urbano que sigue expandiendo la mancha urbana sin planeación de transporte. Hoy tenemos el nada honroso primer lugar en contaminación en el país, de seguir así lograremos el mismo puesto a nivel Latinoamérica. 

Crisis política: La que no creemos nuestra. La lucha de poder entre bancadas legislativas, gobierno del estado, municipios y partidos ha llegado al nivel en que ponerse de acuerdo por el bien común es el último punto en la agenda. Y si a esto sumamos que empieza la carrera política al 2021, las cosas se ponen peor. Los ojos están puestos en el futuro sin solucionar el presente. Parece un buen momento para que los ciudadanos nos involucremos más en la política y las decisiones que tomamos en una elección; nosotros somos quienes votamos por quienes nos representan, por cierto ¿Recuerdan al diputado local de su distrito? ¿El trabajo que ha realizado?

Crisis social: La que nos negamos a ver. La ciudad se encuentra polarizada, los problemas de unos no significan gran cosa para otros y los más afectados son los que menos recursos tienen. Los problemas de los usuarios de transporte público son de poco interés para los que se mueven en auto, para ellos la preocupación está en las condiciones de las calles y sus baches. Mientras los que más tienen se preocupan por mejorar el medio ambiente haciendo carpool sin bajarse de sus autos privados, los que no contaminan, porque caminan y usan el trasporte público, tienen que gastar más en transporte y caminar por banquetas en pésimo estado.  Complicado entender lo que es realmente el bien común. 

Crisis sistémica: La difícil de entender. No se están viendo los verdaderos problemas ni soluciones de fondo.  Se da más importancia a soluciones reactivas de problemas inmediatos que seguir procesos para lograr objetivos de largo plazo, que dudo se tengan. Se aplican las mismas soluciones que nos han llevado a la situación actual. Subir tarifas de transporte, más carriles para autos, concesionar el río para una autopista privada, salir en la foto inaugurando obras que pronto serán olvidadas, son solo algunos ejemplos.  

Por todo lo anterior es que veo una crisis silenciosa en la ciudad que preocupa más que una estruendosa. 

Hay que abrir bien los ojos y pensar que quizás la crisis chilena, con cientos de miles de manifestantes en las calles, empezó con 10 activistas haciendo un exhorto al gobierno y en su momento no se les dio importancia.

#EspacioPúblico: “Accesibilidad ¿universal?”

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¿Es útil una rampa para personas con discapacidad que topa con una escalera? 

En días recientes a través de la cuenta de Twitter de La banqueta se respeta nos compartieron el reporte de la construcción de una rampa con esas características. Una rampa mal construida que da “acceso” al camellón con andador de una colonia residencial de Monterrey.  Los comentarios fueron desde la burla hasta la incredulidad y el enojo. No era para menos, a simple vista era notorio que el trabajo realizado era inútil y si los usuarios lo tuviéramos que evaluar, definitivamente el municipio saldría reprobado. Respondiendo al reporte, a los pocos días estaban corrigiendo la rampa. Doble trabajo inútil. Seguía siendo una rampa sin ningún estándar de calidad que asegurara su funcionamiento.

No es la primera vez que nos comparten fotos con estas características, ni tampoco la primera en que vemos soluciones que tampoco sirven. Cruces peatonales que se topan a medio camino con una barrera que protege un semáforo, guías táctiles que llevan a zonas de riesgo a invidentes, rampas que no cumplen con la pendiente establecida por manuales de accesibilidad o puentes peatonales con escaleras o rampas interminables en calles semaforizadas y de tráfico moderado que no justifican su instalación más que para fines publicitarios, son algunos de los ejemplos más comunes. 

Aquí hay un serio problema. Los responsables de la obra pública en la ciudad están haciendo lo mínimo indispensable para pasar su clase de urbanismo sin haber estudiado para el examen y simplemente aplican recursos económicos e intelectuales muy limitados a conceptos que alguna vez leyeron o escucharon que eran necesarios incluir, poniendo a consideración de la suerte la aprobación de sus jefes que, al parecer, tampoco tienen claros los elementos de evaluación. 

Es preocupante escuchar a diario discursos sobre accesibilidad, inclusión, calles completas y ciudades para todas las personas cuando la manera de construir sigue siendo la misma o se va adecuando de una manera limitada. 

¿Por qué suceden estas cosas? En primer lugar, por la cadena de responsabilidades: de lo que se conceptualiza en un plano arquitectónico a lo que se ejecuta hay un abismo de diferencia y la capacitación necesaria en todos los niveles para detectar problemas y poder corregir errores es prácticamente nula. 

En segundo lugar, en el mismo diseño. Diseñar de manera universal parece ser todavía algo complicado y se prefiere corregir los errores realizados en el trabajo terminado a evitarlos desde el origen. 

Y si me pusiera estricto, existe un tercer error, más grave que los anteriores, que me parece que quienes construyen la ciudad no lo tienen claro: No entienden quién evaluará el trabajo.
Sienten que al tener un visto bueno de sus superiores en el gobierno ya lograron aprobar cuando al final del día el evaluado final será su jefe de más alto nivel y será evaluado por los usuarios del espacio público. Si reprueba el alcalde ante la ciudadanía reprueban todos sus funcionarios. 

Es posible mejorar calificaciones. Como todo examen, si se quiere hacer con méritos, es necesario buscar bibliografía adicional a lo que se recibe en clase; por ejemplo, ya existe un Manual de calles mexicanas con un estudio amplio y conceptos precisos de cómo construir una ciudad, pero al no ser lectura obligatoria, pocas veces se consulta y se aplica.  Es una lástima, si se usara se evitaría muchos errores. 

Para pasar el examen de urbanismo se necesita algo más que conocer conceptos, se necesita un taller práctico para lograr la correcta aplicación de la teoría basándose en la empatía con los usuarios.  No sería mala idea que para el examen final un alcalde acompañado de usuarios con distintas necesidades de ayudas técnicas, recorriera en silla de ruedas o con los ojos vendados una obra pública nueva. Quizás con eso se motiven a estudiar un poco más para el examen o cambien su manera de evaluar el trabajo e incluyan verdaderamente a las y los usuarios. 

#EspacioPúblico: “Regreso a clases, regreso al caos”

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Se inicia un ciclo escolar y como cada año, muchos volvemos a acomodar nuestras actividades de acuerdo con el tráfico que se genera en las calles de la ciudad, principalmente en las mañanas y a la hora de salida de escuelas. 

Durante el verano olvidamos que la realidad de la ciudad es la de una metrópoli dependiente del auto en la que miles de personas lo utilizan para llevar a sus hijos a sus escuelas. Con el crecimiento de la ciudad, las escuelas han quedado lejos del lugar que habitan las personas con hijos en edad escolar y se requieren traslados de largas distancias y planeación del tiempo. 

Si a esto sumamos que vivimos una crisis de movilidad en la que el transporte público pasa por los peores momentos que tenemos memoria, la situación general se complica. Si hablamos de estudiantes que se trasladan en un auto privado recordemos que un gran porcentaje de la población requieren del servicio publico de pasajeros para llegar a sus planteles educativos y hoy la capacidad de servicio está rebasada, los transportistas exigen aumentar tarifas y el gobierno no muestra soluciones claras al problema.

¿Qué se está haciendo para mejorar la movilidad escolar en la ciudad? 

Hay algunos esfuerzos como lo que realiza el municipio de San Pedro Garza García con su Plan de Movilidad Escolar con el que se ha promovido, en la mayoría de sus colegios privados, el uso del carpool y transporte colectivo para reducir la cantidad de autos que a diario llegan con tan solo un estudiante por auto a los colegios del municipio.  Otros municipios participan con los ya conocidos operativos de tránsito a la hora de entrada y salida de las principales escuelas de sus municipios y con algunas actividades aisladas los primeros días de regreso a clases.

¿Es suficiente?

Parece ser solo un pequeño respiro para de nuevo inhalar el aire contaminado que nos genera esta condición de falta de planeación en la que vivimos, desafortunadamente, sin exhalar soluciones. 

El problema es grave y más grave es ver que la atención mediática esté tan enfocada en solo ver las soluciones en quienes lo hacen en auto en el municipio de mayores ingresos del área metropolitana. Ese es solo un pequeño segmento de la población. 

El problema se centra en que no existe realmente un plan estratégico para el tema a nivel metropolitano. 

Podemos empezar por cuestionarnos en primer lugar si es posible llegar de manera segura caminando a las escuelas o con facilidades de trasporte público. Para la gran mayoría de la población esa es la realidad.  Hoy vemos contextos escolares en condiciones precarias y recorridos de horas en transporte público para llegar a un destino académico. 

En segundo lugar, si se tiene el privilegio de poder pagar colegios privados y moverse en auto, vale la pena cuestionar si los hábitos en movilidad son sustentables o simplemente son cómodos. Exceso de velocidad para llegar a tiempo, filas interminables de autos a la hora de entrada a los colegios, autos en doble fila esperando la salida, invasión de banquetas y cruces de calles son hábitos que se han dejado de ver como lo que son: faltas al reglamento de tránsito. 

Y por último cuestionaría si la comunicación por parte del gobierno estatal y los gobiernos municipales en la concientización de nuestra responsabilidad en temas de movilidad y medio ambiente es efectiva. Una simple invitación a tomar tiempo porque de nuevo habrá trafico no parece ser una gran estrategia de largo plazo para reducir tiempos de traslado y contaminación. 

La movilidad escolar es solo uno de los muchos temas a considerar en la planeación de una ciudad. El gobierno tiene mucho trabajo por hacer, pero, al menos en este tema, podemos ayudar por empezar a cuestionar si nuestros hábitos privados ayudan o no al bienestar público. Somos parte del problema, también de buscar la solución.

#EspacioPúblico: “Minutos que salvan vidas”

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10 de la mañana, jueves, avenida Lázaro Cárdenas. Recorro en mi auto la avenida desde su inicio en el municipio de San Pedro Garza García hasta su incorporación con la Avenida Eugenio Garza Sada en el municipio de Monterrey para después tomar un corto tramo de la carretera nacional.

Me traslado solo. Es buen momento para realizar un ejercicio de mindfulness: observación consciente de los límites de velocidad.

El ejercicio consiste en tomar el carril central y sin tener distractores como radio o llamadas telefónicas, tratar de mantener  una velocidad constante de 70 kilómetros por hora, la máxima marcada en las señales de tránsito, y observar lo que sucede.

Resultado: Fui rebasado por ambos lados por prácticamente todos los autos que circulaban alrededor, algunos de ellos a una velocidad altísima marcándome su prisa con las luces. Mantener la velocidad marcada fue difícil. Quitaba el pie del acelerador al ver que la velocidad empezaba a superar el límite y el auto tardaba mucho en reducirla. Las características de la calle propiciaban la velocidad. Empecé a sentir estrés al por ser el automovilista distinto que simplemente va a una velocidad constante sin buscar rebasar a los demás. A pesar de seguir las indicaciones de tránsito, no era bien recibido entre los que se sentían afectados por mi manera de usar la calle. 

Al llegar a mi destino descansé de la tensión vial y me di cuenta de cosas que veo a diario como algo cotidiano y que deben ser tratadas con mayor rigor.  

No es coincidencia que Lázaro Cárdenas y Garza Sada sean de las avenidas con más colisiones viales en la ciudad.  Las características de calle y el exceso de velocidad son una combinación que lo propicia. Y no son las únicas calles en la ciudad con estas características, somos una ciudad que más que avenidas tiene autopistas. 

Ahora veo con más claridad algunas razones por las que somos Estado líder en estadística vial. De acuerdo a estudios del INEGI somos el estado con mayor número de choques, y por mucho. Se necesitan sumar las cifras de los siguientes 4 estados para igualar lo que sucede en Nuevo León. Un nada honroso liderazgo.

Mi recorrido fue de aproximadamente 20 kilómetros y el tiempo que hice a la velocidad permitida fue de 17 minutos. Si lo hubiera realizado a 100 kilómetros por hora lo hubiera hecho en 12. Muchos de los autos que me rebasaron superaban esa velocidad.

¿Qué significan 5 minutos a exceso de velocidad? 

Esos minutos incrementan exponencialmente las probabilidades de fallecer en una colisión o causarle la muerte a alguien más. De acuerdo a estudios realizados en el Reino Unido la probabilidad de sobrevivir en un choque a una velocidad de 100 kilómetros por hora es solo del 2 por ciento. A 70  kilómetros es del 20 por ciento.

Hacer este ejercicio de observación plena me dejó con aprendizajes importantes que podría resumir en tres puntos que tienen que ver con nuestra cultura: No hay conciencia  de las consecuencias del exceso de velocidad, no hay respeto por el reglamento de tránsito y no se respeta  a quienes si lo cumplen.  Pero también me deja un cuarto punto que tiene que ver con la infraestructura: contamos con avenidas pensadas como carreteras que propician velocidad sin las características de seguridad que requiere la movilidad de una zona urbana.

Quizás no podamos resolver todo lo necesario para que las avenidas de la ciudad sean más seguras pero si podemos empezar por lo más básico que es respetar los límites de velocidad y eso mucho tiene que ver con nuestra administración del tiempo. 

Una cosa es vivir de prisa y otra manejar con prisa. Es mejor tomar tiempo para llegar temprano. El estrés de llegar tarde tiene consecuencias. Por cada minuto que se busque llegar más temprano se corren riesgos exponenciales de sencillamente no llegar.

#EspacioPúblico: “Segundos pisos. Por encima del problema.”

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La alcaldía de Monterrey se une a la moda de las consultas públicas.  Y al igual que otras consultas realizadas, esta es poco confiable. En una breve encuesta invita a la ciudadanía a opinar sobre lo que considera puede ser la solución para aligerar el tráfico en avenidas saturadas de autos: segundos pisos vehiculares.

Lo llaman alternativas ordenadas de crecimiento. Yo difícilmente lo veo como una alternativa si no se ofrecen más opciones y no podría hablar de orden cuando se está invitando a incrementar la cantidad de autos circulando.

La consulta plantea si a la gente le gustaría tener autopistas urbanas en avenidas como Churubusco, Morones Prieto, Gonzalitos y la Carretera Nacional.

Hasta aquí todo está bien. No está mal consultar, al contrario, me parece un gran ejercicio, pero debemos cuestionar las preguntas, la metodología y la información recibida para poder decidir y entender el alcance de la consulta.

Por el lado de las preguntas es muy limitado cerrar a opciones que únicamente beneficiarían al auto y que de sobra hay evidencias que no son soluciones. Más que probado está que este tipo de autopistas, además de ser una muy costosa inversión, genera demanda inducida, es decir, al dar más espacio para autos se incentiva a más vehículos de transporte individual y sus consecuencias como son más congestión vehicular y una mayor contaminación. 

Me parece que faltó preguntar, para que realmente se hablara de alternativas, por temas como mejorar el transporte público tipo ecovía, infraestructura ciclista o peatonal o utilizar de otra manera la infraestructura ya existente como podría ser para carriles de alta ocupación. 

Poco claro queda el tema de los recursos, solo se pregunta si deben ser públicos o privados sin entrar a detalle que si se vota por recursos privados el servicio será de cuota para usuarios. 

Se habla de una inversión de miles de millones de pesos sin especificar que el municipio no cuenta con esa suma, esto implicaría deuda y la ejecución de nueva obra pública que requerirá mantenimiento. No podemos pasar por alto que la actual infraestructura vial es cuestionable y se sigue hablando de temas tan básicos sin solución como son los baches.

La metodología es muy simple: no existe y además está sesgada.

Invita a votar a usuarios vía electrónica sin filtros ni restricciones o en centros comerciales que casualmente están enclavados en avenidas de alto tráfico a las que los usuarios llegan obviamente en auto. Con estas características, los usuarios de transporte público difícilmente votarán y representan casi el 50 por ciento de la movilidad de la ciudad.

 La información que se da a los votantes es limitada. No se dan ejemplos recientes de otras ciudades con proyectos similares ni se habla de la tendencia mundial a eliminar las autopistas urbanas, los enormes costos de mantenimiento que generan, su endeudamiento ni los problemas sociales que causan al segregar comunidades con vías imposibles de cruzar. 

¿Es posible tomar decisiones con esta consulta?

Me parece que con la información que se brinda y la metodología aplicada solo sirve para justificar decisiones de las que nos podemos arrepentir en un futuro no muy lejano. 

Yo más bien replantearía la situación para generar nuevos y mejores cuestionamientos.

¿El problema es mover autos?  Por supuesto que no, el problema es no tener alternativas adecuadas para mover personas que hoy dependen por completo de un auto para sus traslados.  Estamos pasando por una transición en que la gente está cambiando su manera de pensar y existen vecinos cada vez más informados, cómo son los de Carretera Nacional que ya en varios de sus grupos vecinales muestran su desacuerdo a tener en su zona un viaducto elevado y prefieren pensar en alternativas de transporte público eficiente. 

¿Se puede hablar de vanguardia con este tipo de proyectos? Definitivamente no. Los primeros proyectos de este tipo se hicieron hace más de treinta años y muchos están en proceso de demolición para convertirse en espacio público.

Sería más vanguardista preguntar a los jóvenes que empiezan a moverse en la ciudad de qué manera lo quieren hacer. Pueden surgir grandes sorpresas. 

En conclusión, veo la oportunidad de abrir la conversación sobre la movilidad en la ciudad para encontrar verdaderas alternativas con visión de futuro. Consultar modelos que ya probaron su vida y su decadencia nos pone lejos de que esto suceda.

Segundos pisos para mejorar la movilidad en su concepto tiene su penitencia. Es un recurso que solo pasa por encima del problema.

Eduardo Quintanilla

Junio 30, 2019 

#EspacioPúblico: “Sin respeto a la ley”

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‘Hacer cumplir la ley es la mejor manera de reducir los hechos de tránsito’. Con esa frase nos dejó reflexionando Pere Navarro, Director de la Dirección General de Tráfico de España, al terminar su ponencia en el primer foro internacional de seguridad vial celebrado en Monterrey.

No debe ser solo una frase que se escucha en una conferencia sin llevarla a la práctica; recordemos que somos el estado con la mayor cantidad de muertos por hechos viales. Afortunado momento para exponer la realidad de la ciudad ante la presencia de directores y oficiales de tránsito de diversos municipios del Estado. La zona metropolitana en número de personas fallecidas en sus calles es tan alarmante como el número de faltas cometidas al reglamento de tránsito que se quedan sin sanción.

A diario vemos exceso de velocidad en calles y avenidas, en zonas escolares y hospitales, autos circulando sin hacer uso de direccionales al cambiar de carril, autos bloqueando banquetas y cruces peatonales y a toda hora vemos autos ocupando indebidamente cajones para personas con discapacidad sin que se reciba una sanción. 

Desafortunadamente lo vemos como algo habitual y hemos hecho de la cultura de la impunidad y la supremacía del auto privado la única regla vigente en las calles.

Yo veo un problema desde tres perspectivas:

Por un lado una falta de conocimiento de la ciudadanía del reglamento de tránsito y en especial por la jerarquía de movilidad que en el reglamento homologado del área metropolitana de Monterrey establece:

ARTÍCULO 2.- El uso del espacio público en los diferentes modos de desplazamiento marcará las prioridades conforme a la siguiente jerarquía:

     Peatones;

     Ciclistas;

     Motociclistas;

     Usuarios y prestadores del servicio de transporte público individual o           colectivo;

    Usuarios de transporte particular automotor; 

     y Usuarios y prestadores del servicio de transporte de carga.

El desconocimiento de las reglas nos ha llevado a considerar que cualquier sanción sea un abuso de autoridad o una práctica recaudatoria, pero lo más preocupante es que nos lleva a ejercer acciones que ponen en peligro a otros y a las consecuencias mortales derivadas les llamamos ‘accidentes´, sin tener claro que se pudieron evitar al cumplir con la ley.

Desde  otra perspectiva veo una autoridad rebasada que con recursos y personal limitado, le es difícil hacer cumplir la ley en especial ante la recurrencia de infractores que imponen su comodidad, su falta de respeto a la autoridad  y su falta de empatía con los más vulnerables sin importarles la existencia de la ley.  

Y por último veo una ciudad que se sigue construyendo sin entender la jerarquía de movilidad en donde la mayor parte del presupuesto y la planeación siguen siendo para favorecer al auto dejando desprotegidos a peatones, ciclistas y personas con discapacidad. 

Esta combinación de ciudadanía que desconoce o no respeta las reglas, de autoridad que no se da abasto para sancionar y gobierno que no construye una ciudad para las personas son los temas a corregir.

¿Por dónde empezar?

La ciudadanía podría empezar por conocer el reglamento de tránsito, entender que existen prioridades en el espacio público, descubrir cuantas faltas se cometen por desconocimiento de las reglas y entender las consecuencias de cometer faltas al no atenderlo. 

Los departamentos de tránsito podrían aplicar programas de comunicación que vayan directo a las principales causas de hechos mortales, en específico los relacionados con la velocidad. 

Los gobiernos municipales necesitan reenfocar sus recursos y su planeación hacia la construcción de entornos que promuevan mejor transporte público y movilidad no motorizada. 

Pero me parece que lo más importante es que independientemente de tener una mala infraestructura y autoridades de tránsito rebasadas en su desempeño, todos los que habitamos esta ciudad nos podemos dar ya a la tarea de mejorar la calidad en la seguridad vial con solo respetar señalamientos  y reportar las faltas que se cometan. No podemos seguir viendo a la impunidad como lo habitual. Sin respeto a la ley no se salvan vidas. 

 

#EspacioPúblico: “Movilidad para usuarios, por derecho y con Ley”

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En las últimas horas del periodo legislativo y enmarcado por una terrible crisis en el transporte público, la bancada del PAN entregó su iniciativa de una Ley de Movilidad para el estado de Nuevo León. Feliz día del niño, se ganaron su estrellita, pero otros ya habían hecho su labor y no hay que perderlos de vista.

A la iniciativa presentada por el PAN se suman otras tres. Una presentada por el Gobierno del Estado, otra por la fracción de MORENA y una más presentada por organizaciones de la sociedad civil.

¿Qué nos dice todo esto?    

Con la misma relevancia yo veo cuatro puntos. 

En primer lugar que el sistema que regula el transporte público tiene que cambiar.

Meses de fallidas negociaciones con concesionarios y dejar a la ciudad una mañana sin transporte afectando a cerca de 800 mil usuarios y daños a la economía en más de 500 millones de pesos son señales de la ineficiencia de un arcaico sistema manejado por unos cuantos sin tener en cuenta las necesidades de miles de usuarios. 

En segundo lugar, vemos la presencia de organizaciones de la sociedad civil presentando una iniciativa de Ley de Movilidad.  Dejó de ser una sociedad que exige al gobierno soluciones y se convierte en una sociedad que propone, critica, construye y aporta la perspectiva de usuarios para ser analizada y ser la base para generar una propuesta final que logre cambiar de manera radical la movilidad en el estado.

La propuesta de la sociedad civil organizada se entregó hace meses y en términos populares en estos tiempos, no tengo pruebas pero tampoco dudas que sirvió para que las fracciones de MORENA y el PAN consideraran puntos importantes en sus iniciativas.

El tercer punto relevante de este análisis es en lo que siempre se debió beneficiar: Usuarios primero.

Una ley basada en los usuarios puede hacer la diferencia para cambiar de ahora en adelante la movilidad en el área metropolitana de Monterrey.  Tres propuestas ven claramente a la movilidad como un derecho para cualquiera que se mueva en las calles y con eso hablamos de peatones, personas con discapacidad, ciclistas, motociclistas, usuarios de transporte público, transporte de carga y automóviles. Deja de verse como una ley de transporte que se preocupa por que los concesionarios den un servicio y se convierte en una ley que asegure la movilidad de las personas con las mejoras que esto implique. 

Y como cuarto y último punto vemos un gobierno del estado reactivo pero poco estratégico y muy lejano a ‘la raza’  tratando de solucionar una crisis con acciones que no cambian el problema de fondo y tarde o temprano repetirán los problemas actuales. 

Y esto apenas comienza.  El Congreso entra en receso unos meses y tendrá tiempo suficiente para estudiar, reflexionar y organizar las prioridades del siguiente período legislativo. No hay duda que esta ley es de altísima prioridad.

El Congreso del estado de Nuevo León tiene varios retos  en sus manos. Tiene el reto de incluir a la sociedad civil en el trabajo legislativo, el reto de dejar los egos partidistas buscando quién tiene su mejor propuesta, el reto de hacer un trabajo transparente que promueva la participación de usuarios de la movilidad, pero sobre todo tiene el reto de demostrar que entre todas y todos se pueden lograr cambios de fondo en la manera de movernos.

En sus manos está  ser la legislatura que desde su trinchera cambie la movilidad en el estado o simplemente ser otra más que aprueba leyes bajo presión de tiempo para ser corregidas por un futuro grupo legislativo.  

#EspacioPúblico: “Peatones seguros en una ciudad de autos”

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Desde hace cerca de seis años, la organización a la que represento se ha dedicado al tema de movilidad peatonal. En un inicio se enfocó al tema más recurrente que encuentra un peatón en la ciudad: autos estacionados sobre el espacio público dedicado al peatón. Pero pronto nos dimos cuenta que el problema era mayor.

Con el tiempo hemos expandiendo nuestra participación hasta formar parte de consejos consultivos ciudadanos, como miembros de la plataforma de evaluación “Alcalde, ¿Cómo Vamos?, sugerir reformas a reglamentos municipales, apoyar en proyectos distritales y académicos y hoy aquí participando en este foro exponiendo nuestra perspectiva de cómo se vive hoy esta ciudad y poder ayudar en el proceso de este proyecto de ley.

Ser peatón en una ciudad como Monterrey es un reto que muchos realizan cada día, pero que también es una situación que muchos se niegan a ver. Una ciudad que por años ha dado preferencia a todo aquello relacionado con el automóvil privado difícilmente voltea a ver las necesidades de peatones , no entiende que la infraestructura es para cualquier usuario de la calle, que la ciudad mueve personas y no está hecha únicamente ( aunque así lo parezca) para trasladar autos.

En esta ciudad se aplauden los proyectos que privilegien la velocidad, el flujo continuo de autos y pone en duda la efectividad de proyectos que favorezcan a peatones y ciclistas y con mayor razón si eso implica quitar carriles, cajones de estacionamiento o incluir semáforos.

Peatones a diario caminan por banquetas en malas o muy malas condiciones, cruzan calles sin pasos peatonales claramente marcados, esperan el transporte público en lugares riesgos y en ocasiones bajan del transporte en segunda o hasta tercera fila de una avenida para después esquivar autos que invaden banquetas, espacios para personas con discapacidad, esquinas y rampas.

Ayer me quedé tarde leyendo el documento de la Ley General de seguridad vial con el que hoy estamos trabajando. Lo considero valioso por ser una ley enfocada a salvar vidas, quisiera compartir algunas de las experiencia que hemos tenido en estos años y que de alguna manera, espero, sean vistas para enriquecer el proyecto.

Algunas cifras nos ayudan a visualizarlas las condiciones de seguridad para el peatón. Siendo concretos, de acuerda a la última encuesta “Así vamos 2018”, realizada por la plataforma “Alcalde, ¿Cómo vamos?”, en la ciudad de Monterrey alrededor del 85% de los encuestados consideró que las banquetas se encuentran dañadas y con obstáculos y solo un 35 % percibe cruces peatonales adecuados para los traslados a pie.

De acuerdo al Informe sobre la Seguridad vial 2017, la gran mayoría de los hechos de tránsito que involucran fallecidos en el estado, más del 90 %, se dan en el área metropolitana de Monterrey. Pero el caso específico de la ciudad de Monterrey es alarmante ya que cerca del 56% de las personas fallecidas en hechos de tránsito fueron Peatones. Y por otro lado la mayor parte de los egresos hospitalarios son generados por ocupantes de medios motorizados, especulando un poco, los peatones ni siquiera llegan al hospital.

La seguridad para el peatón, en la actualidad, es una carrera de obstáculos muchas veces ocultos, en la que muchos participan para llegar a sus casas, trabajos o escuelas y algunos no llegan a la meta.

La seguridad vial es un tema prioritario si queremos que esta ciudad cambie en su estilo de vida y realmente se vean acciones acordes a la jerarquía de movilidad que hoy ya está por escrito en manuales y reglamentos pero poco llevada a la práctica.

Un tema que veo de gran importancia en la ley es la parte de la gestión de infraestructura, en específico la municipal. Muchos de los temas que la ley marca ya se tratan en reglamentos locales o se manejan en los discursos de ejecución de obras.

Calles completas, accesibilidad, jerarquía de movilidad, ciclovías, escala humana no es algo nuevo.

Pero que se conozcan los temas no quiere decir que se ejecuten correctamente.

La falta de estándares de calidad al ejecutar obras públicas, falta de empatía con los usuarios, presión por finalizar una obra y recursos limitados que siguen siendo aplicados con prioridad al enfoque automovilista da como resultado obras que en lugar de favorecer la seguridad la pueden dejar peor.

Una rampa de accesibilidad mal aplicada, falta de señalética en calles, incorrecta aplicación de colores en los cruces de una ciclovía, la mala ubicación de una parada de transporte o la falta de mantenimiento físico y la impunidad en el cumplimiento del reglamento de tránsito en una calle peatonal son algunos ejemplos de lo que al realizarse inadecuadamente, en lugar de ayudar a salvar vidas las pueden poner en riesgo. Estas cosas suceden, lo hemos visto en muchas ocasiones, siempre buscamos la forma de hacer las observaciones a quienes las realizan, sin embargo al señalar las fallas es común escuchar justificaciones como: “es con lo que contamos”, “lo sabemos pero no teníamos material”, “había que salir en los tiempos marcados” ó “Ya después se corregirá” (cosa que rara vez sucede) .

Este me parece el reto más importante de esta ley. Que al llegar a la gestión de infraestructura por parte de los municipios se cuente con los candados necesarios para que estándares de calidad se cumplan y se logren los objetivos de generar infraestructura segura a los usuarios del espacio público y de no ser cumplidos , se ejerzan sanciones.

Y lo anterior no lo cerraría únicamente al trabajo de obra pública municipal. Hay también un reto importante para los departamentos de Desarrollo Urbano con la construcción privada, que olvida integrar a sus proyectos el espacio público marcando diferencias entre lo que está al interior de un predio, cómo si los usuarios de la obra jamás usaran el exterior, especialmente en zonas preexistentes, en las que se promueven proyectos que generen mayor número de peatones cómo son los proyectos para El Centro de Monterrey.

Así es esta ciudad, así la hemos construido y en nosotros está también cambiarla. No será sencillo pero lo que vale la pena rara vez es fácil.

Hoy somos un estado, y en específico “Un área metropolitana”, con un alto número de hechos viales en los que se pierden vidas a pesar de contar con infraestructura, reglamentos y programas de prevención. 

Mi conclusión es que no hay ley que por sí sola salve vidas. Para que se salven vidas se requiere de una ley clara y precisa y ésta lleva buen camino, procesos auditables que ayuden a que la ejecución de la ley no pierda en el camino el espíritu para el cual fue hecha, reglamentos en los que quepa la certeza que sus usuarios han entendido y serán verdaderamente cumplidos y de ser necesario se sancione debidamente, pero sobretodo se necesita de ciudadanas y ciudadanos conscientes que al seguir reglas de convivencia en las calles se convierten en agentes de seguridad . Las vidas no se salvan por escrito, se salvan con actos.

Texto Presentado por Eduardo Quintanilla, representante de la Organización La banqueta se respeta en el Foro Regional de la Ley General de Seguridad Vial realizado en Monterrey el 4 de Marzo de 2019.

#EspacioPúblico: “Así vamos. Así nos movemos: Peatones haciendo camino”

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Si en la pasada entrega inicié con una frase del cantautor Jorge Drexler, ahora lo haré con una de Serrat inspirada en versos de Antonio Machado: ‘Caminante no hay camino, se hace camino al andar’.

Inspiradora frase si eres peatón en esta ciudad. En Monterrey no hay banquetas, se improvisan al andar. 

La encuesta “Así vamos 2018” nos da un panorama de cómo es la movilidad peatonal en el área metropolitana de Monterrey. Los hallazgos no son los más favorables pero son terribles si vemos en específico el municipio de Monterrey.

El 82.5% de los encuestados considera que las banquetas del municipio están en malas condiciones, el 85.2% las considera llenas de obstáculos,  apenas un 34% considera que los cruces peatonales son adecuados y solo el 28% encuentra las rampas para personas con discapacidad en buen estado.

¿Es en serio? ¿Una capital de estado está prácticamente olvidada en términos de movilidad peatonal? Los datos dicen que así es. 

Otro dato revelador, obtenido de otra fuente de información complementa este breve análisis. De acuerdo al Informe sobre la seguridad vial 2017, el 56% de las personas fallecidas en Monterrey por hechos de tránsito fueron peatones.

Datos como los reflejados en la Encuesta Así vamos y el Informe sobre la seguridad vial, nos ayudan a entender las consecuencias de decisiones tomadas en el pasado. Una ciudad que prefirió enfocar sus recursos a mover autos olvidó que lo que mueve son personas y las está poniendo en peligro.  Salir a las calles de la ciudad es parecido a ir a la guerra, los de infantería siempre están en mayor peligro que los que van adentro de un tanque, solo que aquí no se requiere estar atentos al enemigo, hay que cuidarse de tanques amigos.

Es preocupante ponerle cifras a la situación actual de la ciudad, pero sobre todo es preocupante ver que se siguen tomando decisiones que pueden incrementar el peligro de quienes deciden ejercer parte o la totalidad de sus  trayectos caminando. 

Un ejemplo es el centro de Monterrey. Cada día vemos nuevos proyectos habitacionales, de oficina, comerciales y mixtos surgir en la zona centro, sin ver cambios que mejoren las condiciones de banquetas que cientos o quizás miles de personas utilizarán al ocupar esos espacios. 

Se habla de ciudades más compactas pero no se invierte en el espacio público que ese concepto de ciudad requiere y se habla de repoblar zonas abandonadas sin recordar que la falta de infraestructura fue una de las causas del abandono. 

No todo está perdido, se empiezan a ver proyectos para mejorar las condiciones de movilidad en zonas de alto tráfico peatonal como son las avenidas Juárez y Juan Ignacio Ramón. Sabemos que siempre quedará  la duda en proyectos que se planean por etapas. Esperamos que tengan continuidad y que no queden como refugios de guerra urbana. 

Por años la ciudad se ha dedicó a dar prioridad a calles, avenidas y pasos a desnivel para mover autos, hoy le toca hacer banquetas para que peatones en Monterrey cuenten con camino al andar.