#EspacioPúblico: “Guadalajara en un llano, Monterrey en un bache”

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¿Guadalajara en un llano? Al menos en términos urbanos no. Entre lo que se ve y lo que no se ve, parece estar preparando el terreno para el futuro. 

Hace unas semanas visité la ciudad de Guadalajara y me pareció interesante recorrer algunas zonas con ojos interesados en el tema urbano y la movilidad.

Monterrey y Guadalajara por años han sido ciudades con características muy similares pero también con diferencias muy significativas. Muy parecidas en tamaño, crecimiento e infraestructura, pero diferentes en estilo de vida.

Pero es en años recientes que las ciudades han tomado decisiones muy distintas en temas urbanos y se empiezan a notar las direcciones que cada una está tomando.

Visité la zona de las colonias Americana y Laffayette que son colonias de mediados del siglo pasado en franca recuperación; algo parecido a lo que se busca hacer con el Distrito Purísima Alameda pero con más años de intervención de manera orgánica.

La primera gran diferencia que encontré fue la conservación y el respeto al patrimonio arquitectónico.  Mientras que aquí son demolidas muchas construcciones valiosas por considerarse viejas y obsoletas, Guadalajara ha conservado, renovado y dado nuevos usos a muchos inmuebles. El sabor característico de cada colonia se siente y se respira. 

Y eso no es exclusivo de las grandes casonas de la zona, también es muy afortunado que conservaran el camellón de Avenida Chapultepec y hoy sea un importante espacio público para eventos culturales. Tristemente en Monterrey se le dio mayor importancia a mover autos y en los años 80’s “ampliamos” la Calzada Madero, nuestra gran Rambla perdida. 

Encontré una buena cantidad de estaciones de bicicletas de renta ocupando los que antes eran cajones de estacionamiento, ciclovías en donde solían estar carriles para autos, muchas calles de prioridad ciclista y calles de circulación vehicular de máximo 30 kilometros por hora.

En los días que estuve no vi un número significativo de ciclistas y si  escuché muchas quejas de automovilistas por la falta de usuarios y haber reducido carriles para autos. Celebro el hecho que exista la alternativa y que se tuviera la voluntad política para soportar críticas y darle el tiempo necesario al proyecto para que funcione.

Y esto es solo lo que se ve. Para lograr estos cambios existe el Instituto Metropolitano de Planeación que trabaja en encausar las acciones de desarrollo urbano y movilidad hacia el futuro de toda la zona metropolitana y no por municipios aislados.

Viajar y ver lo que pasa en otros lugares nos ayuda a entender nuestra propia ciudad. Si bien, ambas ciudades tienen problemas diarios de seguridad, contaminación y tráfico, Guadalajara está siguiendo un plan estratégico de área metropolitana a 20 años y nosotros seguimos escuchando propuestas de candidatos a alcaldes que parecen no querer perder el control absoluto de sus feudos.  

En esta temporada electoral, hace falta escuchar propuestas de largo plazo y de valor metropolitano que nos lleven a una ciudad más compacta y de escala humana en lugar de aceptar propuestas reactivas a errores pasados que nos llevarán a los mismos problemas pero en mayor escala. 

Es un buen momento para pensar si queremos seguir tapando baches o poner las bases para la ciudad del 2030, estamos a tiempo. 

#EspacioPúblico: “Monterrey de parques y ríos”

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Había una vez un terreno del centro de Monterrey en el que los miembros del Congreso del Estado quisieron construir un estacionamiento.

Pero surgió una sociedad civil organizada que al ver que uno de los pocos espacios verdes sería convertido en un bloque de cemento decidió ejercer resistencia para que no sucediera. Hoy es un parque.

En esa misma ciudad había un espacio utilizado como estacionamiento, canchas deportivas, mercado y muchos otros usos. Un buen día, un huracán arrasó con todo y por casi ocho años no se volvió a hacer ninguna intervención en él. Hoy es un río.

El hoy llamado Parque Ciudadano es el ejemplo de una sociedad civil organizada que logra acuerdos con gobierno para obtener beneficios públicos.

Fue preciso detener una obra que se construiría sobre un espacio público que ambicionaba ser privilegio para unos cuantos. Después esperar a que cambiara el grupo parlamentario que pretendía construir un estacionamiento y por último llegar a acuerdos y planes de trabajo para construir un parque.  Resistencia, paciencia y acción. 

En el caso del Río Santa Catarina el proceso después del huracán Alex fue más sencillo. No hacer intervenciones.  Había una preocupación tan grande por ejercer acciones sobre la vialidad aledaña que el río paso a segundo plano. Las vialidades resultaron un desastre. El río y la cuidad agradecieron que no se le tocara.

Quizás hoy se requiera el estudio y trato adecuado de especialistas en ríos urbanos, pero la base que hoy se tiene es la de un ecosistema que se ha regenerado por casi una década y que desconocíamos su potencial por haber siempre estado intervenido.

Esto es solo el principio del cuento.  Para que se tenga un final feliz no se necesita de hadas ni príncipes de cualquier color. Se necesita haber hecho consciencia de las lecciones aprendidas.

Por un lado aprendimos que la sociedad civil organizada puede lograr grandes cambios cuando hay objetivos claros  y por otro lado aprendimos que la naturaleza puede lograr grandes beneficios para la ciudad cuando la apartamos de fines políticos que suelen ser presentados como beneficio público.

La ciudad necesita más ciudadanas y ciudadanos organizados para crear nuevos parques y espacios para la gente. La ciudad necesita más ríos, cañadas, montañas y cerros tratados con respeto. Aprender es reproducir los procesos y acciones con los que se logran buenos resultados y dejar de hacer lo que nos lleva repetir errores.

En ocasiones lo mejor es hacer, pero a veces lo valioso es dejar ser. 

#EspacioPúblico: “La ley de la calle”

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En días reciente me tocó cruzar una céntrica calle en la que había una escuela y me quedé sorprendido al ver los autos a velocidad que excede lo permitido y haciendo caso omiso de la preferencia peatonal.

Al caminar un poco me di cuenta  que las señales que marcan la zona escolar estaban grafiteadas o cubiertas por ramas de árboles.

Al caminar un poco más me topé con autos estacionados en esquinas que impiden el cruce peatonal, banquetas convertidas en cajones de estacionamiento, vueltas continuas en calles de gran flujo peatonal y ausencias de pasos cebra en casi todas las calles. En todos los casos las señales para indicar las reglas no existen, están dañadas o no son visibles.  

El comentario habitual es que la gente opine que no existe cultura vial.

La pregunta sería: ¿se puede tener cultura sin infraestructura que la apoye?

Me parece que así como los libros son importantes para la educación y la cultura. La infraestructura es importante para la cultura vial sin olvidar que el tema intermedio es la educación.

¿Conocemos el reglamento de tránsito y lo aplicamos? 

No conocer las reglas del juego nos ha generado una sociedad en la que la cultura vial se rige bajo usos y costumbre y no bajo un reglamento.  Además, la costumbre nos ha llevado a favorecer a quienes van en un auto dejando a peatones y ciclistas desprotegidos y a la defensiva.

No es sencillo modificar hábitos sin la información necesaria que nos ayude a entender por qué lo debemos hacer. Dejar privilegios cuesta trabajo hasta que entendemos la importancia y el beneficio del bien común.

Un primer paso podría ser leer un sencillo libro que nos ayude a entender nuestras calles: el Reglamento Homologado de tránsito para el área metropolitana de Monterrey *. 

Por otro lado las autoridades locales podrían ponernos un examen que demuestre nuestra educación teniendo la adecuada señalización en las calles que indique lo marcado en el reglamento y algunos agentes de tránsito bien preparados señalando nuestras fallas.

Y lo último sería transformar lo aprendido en cultural al ver el beneficio en menores hechos de tránsito,  saber compartir la calle, mejorar las condiciones de peatones y ciclistas y hacer de una ciudad hostil una ciudad humana.

Hoy en día es común escuchar al transitar por las calles de Monterrey quejas y argumentos de automovilistas como: ‘es recaudatorio’, ‘ lo que no está prohibido está permitido’, ‘al cabo todos lo hacen’, ‘aquí no hay agentes de tránsito’ o ‘ ve nada mas a ese peatón cruzando, qué no ve que aquí vamos a mucha velocidad’.

Con  la educación de leer y aprender un reglamento podría cambiar a una cultura en la que se  escuche: ‘reduce la velocidad’,  ‘si otros lo hacen mal yo no tengo por qué hacerlo’,  ‘respetemos al agente de tránsito’ o ‘hay que dar paso al peatón’. 

* El reglamento homologado de tránsito está disponible de manera gratuita en la siguiente liga: 

http://www.guadalupe.gob.mx/reglamento-de-transito-homologado.pdf

#EspacioPúblico: “La trampa de la percepción”

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¿En qué condiciones están las calles de Monterrey?

Es muy probable que la primera respuesta sea: llenas de baches.

En fechas recientes la plataforma Cómo Vamos Nuevo León, presentó su encuesta anual de percepción ciudadana Así vamos 2017*. En este estudio, habitantes del área metropolitana de Monterrey, entre otras cosas, destacaron la mala calidad de la infraestructura vial y de manera específica los baches.

En contraste, municipios como Monterrey y Guadalupe, llevan dos años trabajando en programas de pavimentación de sus calles, pero sobre todo han hecho una intensa campaña de comunicación de estos trabajos en medios tradicionales, digitales y redes sociales.

¿Por qué si los municipios comunican un trabajo intenso reparando baches, el problema sigue siendo mencionado por la ciudadanía?

Aquí empieza la trampa de la percepción. 

El ciudadano recibe a través de estímulos una interpretación de la realidad. A diario ve calles y avenidas con bache y hundimientos. Siente el golpeteo en su auto o transporte público en movimiento, esquiva baches, registros y defectos de construcción que lo ponen en riesgo de un percance y escucha el claxon de otros automovilistas desesperados.

Por otro lado, el municipio comunica los trabajos, la inversión y su buena voluntad. Y es probable que el ciudadano vea en las calles y en los medios de comunicación que se están realizando estos trabajos.

Sin embargo, el resultado es que la ciudadanía sigue dando más peso a los baches que al trabajo realizado; o al menos a lo que es comunicado.

Entran muchos factores para entender que sucede: Quizás la gente está viendo que son trabajos similares a los que se han hecho en otros años y conoce los resultados. Quizás lo está viendo en muy pocas calles. Tal vez no ve algo nuevo o ya no cree lo que el gobierno dice que hace y las administraciones municipales siguen pensando que comunicar acciones a través de los medios es suficiente para que sean avalados sus programas.

La realidad que cuenta es la que se percibe y no la que se comunica.

Aquí la importancia de una encuesta de percepción. Es un diagnóstico. Mediante la participación ciudadana se puede verdaderamente entender la ciudad. La encuesta Así vamos 2017 puede servir, si se ve con humildad, para evaluar los resultados de programas de gobierno. Sirve para analizar la efectividad de las acciones y cambiar la dirección de ser necesario. Si las gestiones no están cambiando la percepción, es un foco rojo que se debe de atender.

Con un buen dictamen, se puede saber si la ciudadanía está recibiendo los programas de gobierno como un verdadero medicamento o como paliativos que al paso de un corto tiempo vuelven a dejar a la vista los síntomas de la enfermedad. O peor aún, ya sabe que son paliativos y nunca deja de sentir los dolores del padecimiento.

Para salir de la trampa de la percepción hay que escuchar a quienes reciben las acciones y los mensajes. Hacer un buen diagnóstico y  modificar lo que sea necesario para que percepción y realidad estén en la misma dirección.

Cuando la percepción es realidad, las acciones y la comunicación que busques cambiarla deben presentar nuevas y mejores realidades.

* La encuesta Así Vamos 2017 está disponible a través de la página de la plataforma Cómo Vamos Nuevo León:  www.comovamosnl.org

#EspacioPúblico: “Mindfulness urbano”

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Atender el momento presente de manera intencional, sin juicios mentales y con total aceptación es la base de lo que se conoce como Mindfulness. Su  práctica, basada en la meditación, nos ayuda a quitarnos el piloto automático con el que actuamos a diario.

Uno de los grandes beneficios del Midfulness es la reducción de estrés. Se reducen angustias por lo que aun no sucede y nos deja de enfadar lo que ya no podemos cambiar.

Esto aplica para los individuos pero vale la pena explorarlo en lo colectivo por una sencilla razón: La ciudad está estresada.

El estrés de la ciudad, al menos en el tema urbano, se deriva de un pasado lleno de decisiones que nos llevaron al caos y de soluciones que quisiéramos nos ayudaran con nuestra angustia personal y no ven un cambio colectivo de forma y fondo.

A diario estamos entrampados culpando a otros de las vialidades que tenemos, cuando nosotros mismos hemos pedido a gritos mas avenidas y más pasos a desnivel que sólo han provocado más carros y más caos.

Comparamos nuestra situación con la de otras ciudades del extranjero cuando tenemos ejemplos de cambio en nuestro país que no volteamos a ver porque seguimos pensando que somos una ciudad ejemplar.

Enfocamos nuestra energía a la queja y no a la propuesta de soluciones y mucho menos a cambiar hábitos que nos alejen del privilegio de la comodidad que nos da un auto privado. Suficientes causas, motivos y razones para ser una ciudad estresada.

Si aplicáramos algunas de las técnicas de Mindfulness en lo colectivo podríamos alejar a los generadores de estrés por un momento y estar en total plenitud atendiendo el presente.

Podríamos empezar por ejercicios informales como manejar de manera consciente sin atender llamadas al celular y respetando límites de velocidad.  Respirar en esos momentos de embotellamiento nos ayudará a aceptar nuestra realidad.

También se puede practicar la empatía y hacer las actividades de un día en algún medio de transporte distinto al auto privado y entender lo que viven otras personas que no cuentan con ese privilegio.

Y por último hacer un recuento escrito durante una semana de los eventos desagradables que pasamos en el tráfico, reconocer los estados de ánimo que nos provoca y al final pensar en cambios que reduzcan los sentimientos negativos.

El estrés urbano al igual que el estrés personal es algo que tiene que ver con nuestros propios hábitos; lo hacemos de manera automática. Por no ver lo que nos está afectando no somos capaces de ejercer cambios.

Hacer un alto en el día para simplemente respirar y dejar a un lado todo aquello que nos enmaraña la cabeza nos ayudará a tener consciencia de nuestra situación urbana sin hacer juicios, sin buscar culpables y con mayor capacidad de entender el pasado para no repetir en el futuro.

Practicar Mindfulness urbano nos ayudará a dejar de preocuparnos por ver constantemente el reloj y nos abrirá la opción de ver en la brújula la dirección que estamos tomando.

#EspacioPúblico: “2018, año de propósitos y promesas de campaña”

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Empieza un año y seguramente iniciaremos con los habituales propósitos que muy pronto dejaremos de cumplir.  También empieza un año electoral lleno de promesas de campaña que si tomamos malas decisiones  tampoco se lograrán.

¿Qué tienen en común estos dos casos? 

Que pasados unos meses y pasadas las elecciones todo queda en el tintero por una sencilla razón: las metas no son realistas.

Podemos hacer que el 2018 pinte distinto si ponemos metas realistas a nuestros propósitos personales y será distinto para la ciudad si escuchamos con atención las promesas de candidatos y elegimos las que realmente se puedan lograr.

Recordar el resultado de propósitos poco realistas nos ayuda a no emprender de nuevo acciones atractivas que no cumpliremos.

Entender los resultados de promesas de campaña de años anteriores nos ayuda a eliminar definitivamente a candidatos que proponen lo mismo y dar la oportunidad a nuevos aspirantes y nuevas propuestas.

El tema urbano está tomando gran importancia en las promesas de campaña y es aquí donde debemos saber escuchar y analizar nuestro voto.

Seguramente todos los candidatos prometerán ‘mejores vialidades’ y la gran mayoría hablará de más avenidas, segundos pisos, más pasos a desnivel y más vías rápidas.  Por años esa ha sido la promesa y el resultado ha sido calles nuevamente congestionadas, mal servicio de transporte público y calidad de infraestructura peatonal en constante deterioro.  ¿No parece que ya deberíamos dejar de creer en esa promesa? ¿Por qué seguir creyendo en algo que con hechos ha demostrado que solo empeora la calidad de vida de la ciudad? 

Y seguro estará quien ‘comprometido con el peatón’ prometa más puentes (anti)peatonales cuando el resultado serán zonas segregadas por avenidas que promueven más velocidad, reducen banquetas, generan más hechos de tránsito mortales, dejan en el olvido a personas con discapacidad y son solo  grandes negocios publicitarios que contaminan visualmente la ciudad.  ¿Queremos seguir entregando nuestro espacio público para beneficio privado? 

También seguramente habrá quien prometa eliminar incómodas sanciones de tránsito como las fotomultas sin incluir en sus argumentos el número de muertes que se evitan al reducir la velocidad.  Al parece prometer impunidad genera votos; y muertes en las calles. ¿Queremos calles inseguras que privilegian solo al que va en un auto a exceso de velocidad? 

Estamos en el mejor momento de escuchar a aspirantes a puestos de elección popular con propuestas distintas. Necesitamos escuchar propuestas realistas que apuesten por una ciudad con visión metropolitana que integre un mejor transporte público, una eficiente y segura movilidad peatonal y ofrezca alternativas de movilidad sostenibles. 

Pero todo con cuidado, hay que cuestionar las promesas y conocer la solvencia profesional y moral de las y los candidatos; siempre hay falsos profetas que con o sin partido político, buscan alimentar su ego y aprovechan el discurso sin entender el fondo ni tener la capacidad para cumplir lo que ofrecen.

Que nuestro propósito colectivo del 2018 sea tener mejores gobernantes y legisladores. Siendo críticos, analíticos y participativos será una meta alcanzable.

Feliz 2018.

#EspacioPúblico: “Calles que matan”

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Bienvenidos a Monterrey, ciudad en la que más del 40% de las personas fallecidas en hechos de tránsito son peatones. Esa no parece la mejor invitación a caminar una ciudad pero es nuestra realidad.

En fechas recientes se publicó la situación actual de colisiones viales del área metropolitana de Monterrey y una engañosa estadística que primero nos dicen que las colisiones se han reducido en el último año, guarda una triste realidad: los muertos se han incrementado.

Estos datos se hacen aún más alarmantes al enterarse que pese a que los hechos de tránsito en los que se involucran peatones y ciclistas son los menos, es ahí donde se concentra el mayor número de muertos.

¿En qué se está fallando? ¿Qué queremos, mover más autos o salvar más vidas? Parece que tenemos un serio problema de definición de objetivos.

Por muchos años se nos ha vendido la idea que mejorar una vialidad consiste en tener más avenidas, más pasos a desnivel, más vías rápidas; mover más autos y de preferencia a mayor velocidad. Mientras que los cruces peatonales seguros, semáforos para peatones y mejores banquetas quedan es segundo o incluso nulo plano; son simples complementos a los que no se les veía su relevancia.

Aquí empieza a entenderse el problema. El objetivo has sido mover más y más rápido automóviles pensando que al mejorar la circulación se pueden reducir colisiones de tránsito. Pero eso no significa que se tenga un enfoque en reducir los fallecidos en estos eventos.

Visión cero debe ser el objetivo. La visión cero busca eliminar las muertes en las calles por hechos de tránsito. Eso implica cambios importantes en el diseño de las calles, en la manera en que nos comportamos en ellas, en las reglas que se deben aplicar y en la manera de distribuir la inversión en proyectos de movilidad.

Cruceros seguros a nivel de calle, semáforos peatonales, calles de velocidad moderada, orden en el transporte público, señalética adecuada, calles de prioridad peatonal y ciclista son inversiones poco costosas que salvan vidas. Avenidas de alta velocidad, pasos a desnivel y segundos pisos viales son caros, solo mueven autos y hace las calles más peligrosas al que no se transporta en un auto.

Las calles son de todos y debemos sentirnos seguros en ellas independientemente de la manera en que decidamos movernos en ellas recordando siempre que los peatones pueden ser los más vulnerables si no compartimos el espacio público de la manera correcta.

Sería injusto criticar de manera negativa las acciones tomadas en el pasado en temas viales, en su momento parecía la mejor opción; pero ahora que sabemos los resultados también sería injusto seguir tomando  las mismas acciones.

#EspacioPúblico: “El vicio del estacionamiento”

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Fumar en aviones, restaurantes, escuelas e incluso hospitales sin grandes restricciones era algo posible hasta mediados de los años 90’s.

Al momento de entender el daño que generaba esta práctica a otros y a la salud misma de los fumadores, se tomaron medidas más estrictas para limitar los espacios en que se permitía fumar. Los establecimientos lucharon contra la prohibición de fumar porque pensaban que afectaría a los negocios y los fumadores se sintieron privados de derechos. Por años, el beneficio individual que generaba una acción estaba por encima del daño que esa misma acción generar en lo público.

En fechas recientes hemos visto como ha tomado por sorpresa la campaña de liberación de banquetas de autos mal estacionados realizada por el municipio de San Pedro Garza García. De un día para otro se exige a automovilistas retirar sus autos de lugares en los que por años indebidamente se les ha permitido.

Por años se permitieron cajones de estacionamiento que claramente invadían la banqueta alegado la necesidad de espacios para propietarios, empleados y clientes. También por años hemos visto crecer esta situación sin ningún control.

Como el fumar en espacios públicos, el estacionamiento en lugares prohibidos por el reglamento de tránsito se convirtió en un vicio socialmente aceptado porque no se ha hecho conciencia que el exceso de su consumo genera un gran daño en lo público.

 ‘Por aquí ni camina nadie, además no hay donde estacionarse’, es la egoísta explicación que escuchamos de automovilistas dejando claro que es más importante estacionar su auto que la libertad de paso de peatones por donde les corresponde.

‘Vamos a estar trabajando para darle prioridad al peatón’, es lo que dice el gobierno municipal cuando por años lo tuvo olvidado dando preferencia a autos, ignoró los abusos que se hacían con banquetas y evadió responsabilidad para poner orden.

La impunidad ha regido sobre el reglamento de tránsito y ha dejado a la vista la corrupción en el control urbano que ha permitido que proliferen cajones de estacionamiento que claramente utilizan parte o toda la banqueta.

Como el fumar y sus restricciones, la responsabilidad es compartida. El estacionamiento en banquetas se convirtió en un vicio cotidiano porque quién pone las restricciones no las aplicó y quién se podía beneficiar abusó.

Ahora es momento de hacer conciencia y erradicar un mal hábito que nos tiene alejados de la realidad urbana de la ciudad.

Al igual que las restricciones a fumar en espacios públicos, el proceso tardará tiempo en ser parte de la conciencia colectiva. Habrá usuarios molestos y establecimientos que quieran burlar la ley.  Lo importante es no dar marcha atrás.  Los malos hábitos que se convierten en vicios son fáciles de volver a ellos si no hay las restricciones y la aplicación efectiva de sanciones que los desincentiven.

 

#EspacioPúblico: “La magia de unas rayas en la calle”

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¿Quién debe proponer y ejecutar soluciones a un crucero peatonal complicado en la ciudad?

Si la propuesta la hacen los mismos peatones y la ejecución la realiza el municipio con la supervisión de los usuarios, el resultado puede ser extraordinario.

Para las organizaciones que trabajamos el tema urbano en la ciudad, la Semana de la movilidad era el momento de hacer actividades pero también era la oportunidad de gestionar con los municipios acciones que difícilmente lograríamos sin su colaboración.

Por esa razón invitamos al municipio de Monterrey a ser parte de un ejercicio de urbanismo táctico en unos de los cruceros más conflictivos para los peatones de la ciudad: Simón Bolívar y Moisés Sáenz en la colonia Mitras Centro.

Por urbanismo táctico nos referimos a proyectos de pequeña escala, bajo costo y a menudo temporales para mejorar un barrio, una intersección o una calle.

Lo importante era lograr que un proyecto surgido de la sociedad civil involucrara al municipio para su realización y sirviera de referencia y análisis para una futura ejecución permanente. Y así fue.

Con ayuda de elementos móviles se ampliaron y se definieron banquetas obstruidas y ocupadas por autos mal estacionados, se aplicaron multas simbólicas a malas prácticas viales, pero el mejor resultado inmediato surgió con lo más sencillo: Pintar los pasos cebra sobre las líneas de deseo marcadas por peatones.

Una noche antes de la intervención de calles, se pintaron los cruces peatonales de acuerdo a la sugerencia que hicimos basándonos en que es un mito que los cruces peatonales siempre deben ser en la esquina. Se pintaron donde veíamos que la gente buscaba su seguridad, en donde se hacían más cortos sus recorridos y no se provocaban conflictos con autos.

El día de la intervención era notoria la diferencia. Los autos se paraban al ver los cruces peatonales marcados. Pensamos que se debía a la presencia de agentes de tránsito que estaban apoyando el evento pero fuimos unos días después al crucero y ya sin personal del tránsito los autos seguían respetando los pasos cebra, los peatones los buscaban y la calle dejo de ser un caos.  Unas rayas pintadas en la calle hicieron la magia urbana. 

Es frecuente escuchar que en la ciudad no se tiene cultura vial, pero eso es como culpar de falta de cultura general al que no ha tenido acceso a un libro.

Para llegar a tener una buena cultura urbana hay que leer la ciudad.

Su historia se cuenta en su señalética, sus pasos cebra, sus semáforos, la nomenclatura de sus calles y el reglamento de tránsito, entre otros.

El ejercicio que hicimos pintando los cruces peatonales fue nuestra pequeña aportación al libro de ciudad que quizás hoy está incompleto, le faltan palabra y algunos capítulos, pero que todos podemos ayudar a escribir.

Aún así, incompleto, hoy se puede entender y hacer cultura siempre y cuando se empiece por lo básico: leer.

Leer hace magia.

#EspacioPublico: “El huevo y la gallina urbanos”

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¿Regenerar un barrio para promover la densidad o densificar para impulsar la regeneración de la zona?

Esto parece el eterno dilema de si fue primero el huevo o la gallina y termina siendo que no hay gallina sin huevo y viceversa.

¿Qué ha pasado en Monterrey en estos temas a través del tiempo?

A finales de los años 60’s del siglo pasado se densificó una zona despoblada del oriente de la ciudad: Los Condominios Constitución. 

Mucha gente viviendo en un espacio compacto y cerca del centro. Proyecto innovador para su época que no trabajó en la regeneración de barrios aledaños y más tarde tampoco logró acciones en la regeneración de los mismos edificios. Con una imagen pública muy deteriorada, por años se ha tenido un espacio de gran potencial sin un plan efectivo.

En los 80’s se regeneró El Barrio Antiguo. Barrio tan antiguo como el resto del primer cuadro de la ciudad pero que tenía el potencial turístico y comercial de estar cerca de la recién construida Macroplaza. El detalle fue que no se promovió vida habitacional y actividad diurna. Hoy sigue siendo una zona llena de proyectos, pocos habitantes, protestas, polémica y antros, muchos antros.

También se regeneró la Calzada Madero de acuerdo a lo que el urbanismo de la época dictaba: eliminar el camellón peatonal y dar cabida a más autos. Se abandonaron las casas, llegaron más negocios; se perdió el carácter recreativo del espacio público. Perdimos nuestra Rambla para dar paso a una avenida. Lo que fue el espacio público recreativo más largo de la ciudad hoy es una avenida descuidada, solitaria y con percepción de peligro.

Hoy se están dando proyectos de incrementar la densidad habitacional en lo que se empieza a llamar Distrito Purísima Alameda. Sin embargo, las calles, banquetas y servicios siguen siendo los mismos. Desde el edificio en construcción que albergará alrededor de 150 departamentos, es una verdadera carrera de obstáculos entre obscuridad y autos que usan las banquetas como estacionamiento llegar a la tienda de conveniencia de la esquina.

¿Esa es la invitación a dejar el auto para vivir un céntrico barrio a pie? 

Se avecinan importantes cambios y ajustes a la ley de desarrollo urbano y seguramente de nuevo vendrá el dilema de la densidad y la regeneración. Pero al parecer la incógnita no es descubrir que debe ser primero. No hay huevo ni hay gallina.  Hay elementos de una mezcla que requieren estar juntos para funcionar.  Incluso puede estar faltando algún elemento para que la mezcla funcione.  Elementos como investigación cualitativa, socializar con vecinos, participación ciudadana y colaboración público-privada pueden incluirse en la mezcla y cambiar los resultados en el largo plazo.

A veces en una buena ensalada una pequeña pizca de sal es el secreto.