#EspacioPúblico: “Minutos que salvan vidas”

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10 de la mañana, jueves, avenida Lázaro Cárdenas. Recorro en mi auto la avenida desde su inicio en el municipio de San Pedro Garza García hasta su incorporación con la Avenida Eugenio Garza Sada en el municipio de Monterrey para después tomar un corto tramo de la carretera nacional.

Me traslado solo. Es buen momento para realizar un ejercicio de mindfulness: observación consciente de los límites de velocidad.

El ejercicio consiste en tomar el carril central y sin tener distractores como radio o llamadas telefónicas, tratar de mantener  una velocidad constante de 70 kilómetros por hora, la máxima marcada en las señales de tránsito, y observar lo que sucede.

Resultado: Fui rebasado por ambos lados por prácticamente todos los autos que circulaban alrededor, algunos de ellos a una velocidad altísima marcándome su prisa con las luces. Mantener la velocidad marcada fue difícil. Quitaba el pie del acelerador al ver que la velocidad empezaba a superar el límite y el auto tardaba mucho en reducirla. Las características de la calle propiciaban la velocidad. Empecé a sentir estrés al por ser el automovilista distinto que simplemente va a una velocidad constante sin buscar rebasar a los demás. A pesar de seguir las indicaciones de tránsito, no era bien recibido entre los que se sentían afectados por mi manera de usar la calle. 

Al llegar a mi destino descansé de la tensión vial y me di cuenta de cosas que veo a diario como algo cotidiano y que deben ser tratadas con mayor rigor.  

No es coincidencia que Lázaro Cárdenas y Garza Sada sean de las avenidas con más colisiones viales en la ciudad.  Las características de calle y el exceso de velocidad son una combinación que lo propicia. Y no son las únicas calles en la ciudad con estas características, somos una ciudad que más que avenidas tiene autopistas. 

Ahora veo con más claridad algunas razones por las que somos Estado líder en estadística vial. De acuerdo a estudios del INEGI somos el estado con mayor número de choques, y por mucho. Se necesitan sumar las cifras de los siguientes 4 estados para igualar lo que sucede en Nuevo León. Un nada honroso liderazgo.

Mi recorrido fue de aproximadamente 20 kilómetros y el tiempo que hice a la velocidad permitida fue de 17 minutos. Si lo hubiera realizado a 100 kilómetros por hora lo hubiera hecho en 12. Muchos de los autos que me rebasaron superaban esa velocidad.

¿Qué significan 5 minutos a exceso de velocidad? 

Esos minutos incrementan exponencialmente las probabilidades de fallecer en una colisión o causarle la muerte a alguien más. De acuerdo a estudios realizados en el Reino Unido la probabilidad de sobrevivir en un choque a una velocidad de 100 kilómetros por hora es solo del 2 por ciento. A 70  kilómetros es del 20 por ciento.

Hacer este ejercicio de observación plena me dejó con aprendizajes importantes que podría resumir en tres puntos que tienen que ver con nuestra cultura: No hay conciencia  de las consecuencias del exceso de velocidad, no hay respeto por el reglamento de tránsito y no se respeta  a quienes si lo cumplen.  Pero también me deja un cuarto punto que tiene que ver con la infraestructura: contamos con avenidas pensadas como carreteras que propician velocidad sin las características de seguridad que requiere la movilidad de una zona urbana.

Quizás no podamos resolver todo lo necesario para que las avenidas de la ciudad sean más seguras pero si podemos empezar por lo más básico que es respetar los límites de velocidad y eso mucho tiene que ver con nuestra administración del tiempo. 

Una cosa es vivir de prisa y otra manejar con prisa. Es mejor tomar tiempo para llegar temprano. El estrés de llegar tarde tiene consecuencias. Por cada minuto que se busque llegar más temprano se corren riesgos exponenciales de sencillamente no llegar.

#EspacioPúblico: “Segundos pisos. Por encima del problema.”

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La alcaldía de Monterrey se une a la moda de las consultas públicas.  Y al igual que otras consultas realizadas, esta es poco confiable. En una breve encuesta invita a la ciudadanía a opinar sobre lo que considera puede ser la solución para aligerar el tráfico en avenidas saturadas de autos: segundos pisos vehiculares.

Lo llaman alternativas ordenadas de crecimiento. Yo difícilmente lo veo como una alternativa si no se ofrecen más opciones y no podría hablar de orden cuando se está invitando a incrementar la cantidad de autos circulando.

La consulta plantea si a la gente le gustaría tener autopistas urbanas en avenidas como Churubusco, Morones Prieto, Gonzalitos y la Carretera Nacional.

Hasta aquí todo está bien. No está mal consultar, al contrario, me parece un gran ejercicio, pero debemos cuestionar las preguntas, la metodología y la información recibida para poder decidir y entender el alcance de la consulta.

Por el lado de las preguntas es muy limitado cerrar a opciones que únicamente beneficiarían al auto y que de sobra hay evidencias que no son soluciones. Más que probado está que este tipo de autopistas, además de ser una muy costosa inversión, genera demanda inducida, es decir, al dar más espacio para autos se incentiva a más vehículos de transporte individual y sus consecuencias como son más congestión vehicular y una mayor contaminación. 

Me parece que faltó preguntar, para que realmente se hablara de alternativas, por temas como mejorar el transporte público tipo ecovía, infraestructura ciclista o peatonal o utilizar de otra manera la infraestructura ya existente como podría ser para carriles de alta ocupación. 

Poco claro queda el tema de los recursos, solo se pregunta si deben ser públicos o privados sin entrar a detalle que si se vota por recursos privados el servicio será de cuota para usuarios. 

Se habla de una inversión de miles de millones de pesos sin especificar que el municipio no cuenta con esa suma, esto implicaría deuda y la ejecución de nueva obra pública que requerirá mantenimiento. No podemos pasar por alto que la actual infraestructura vial es cuestionable y se sigue hablando de temas tan básicos sin solución como son los baches.

La metodología es muy simple: no existe y además está sesgada.

Invita a votar a usuarios vía electrónica sin filtros ni restricciones o en centros comerciales que casualmente están enclavados en avenidas de alto tráfico a las que los usuarios llegan obviamente en auto. Con estas características, los usuarios de transporte público difícilmente votarán y representan casi el 50 por ciento de la movilidad de la ciudad.

 La información que se da a los votantes es limitada. No se dan ejemplos recientes de otras ciudades con proyectos similares ni se habla de la tendencia mundial a eliminar las autopistas urbanas, los enormes costos de mantenimiento que generan, su endeudamiento ni los problemas sociales que causan al segregar comunidades con vías imposibles de cruzar. 

¿Es posible tomar decisiones con esta consulta?

Me parece que con la información que se brinda y la metodología aplicada solo sirve para justificar decisiones de las que nos podemos arrepentir en un futuro no muy lejano. 

Yo más bien replantearía la situación para generar nuevos y mejores cuestionamientos.

¿El problema es mover autos?  Por supuesto que no, el problema es no tener alternativas adecuadas para mover personas que hoy dependen por completo de un auto para sus traslados.  Estamos pasando por una transición en que la gente está cambiando su manera de pensar y existen vecinos cada vez más informados, cómo son los de Carretera Nacional que ya en varios de sus grupos vecinales muestran su desacuerdo a tener en su zona un viaducto elevado y prefieren pensar en alternativas de transporte público eficiente. 

¿Se puede hablar de vanguardia con este tipo de proyectos? Definitivamente no. Los primeros proyectos de este tipo se hicieron hace más de treinta años y muchos están en proceso de demolición para convertirse en espacio público.

Sería más vanguardista preguntar a los jóvenes que empiezan a moverse en la ciudad de qué manera lo quieren hacer. Pueden surgir grandes sorpresas. 

En conclusión, veo la oportunidad de abrir la conversación sobre la movilidad en la ciudad para encontrar verdaderas alternativas con visión de futuro. Consultar modelos que ya probaron su vida y su decadencia nos pone lejos de que esto suceda.

Segundos pisos para mejorar la movilidad en su concepto tiene su penitencia. Es un recurso que solo pasa por encima del problema.

Eduardo Quintanilla

Junio 30, 2019 

#EspacioPúblico: “Sin respeto a la ley”

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‘Hacer cumplir la ley es la mejor manera de reducir los hechos de tránsito’. Con esa frase nos dejó reflexionando Pere Navarro, Director de la Dirección General de Tráfico de España, al terminar su ponencia en el primer foro internacional de seguridad vial celebrado en Monterrey.

No debe ser solo una frase que se escucha en una conferencia sin llevarla a la práctica; recordemos que somos el estado con la mayor cantidad de muertos por hechos viales. Afortunado momento para exponer la realidad de la ciudad ante la presencia de directores y oficiales de tránsito de diversos municipios del Estado. La zona metropolitana en número de personas fallecidas en sus calles es tan alarmante como el número de faltas cometidas al reglamento de tránsito que se quedan sin sanción.

A diario vemos exceso de velocidad en calles y avenidas, en zonas escolares y hospitales, autos circulando sin hacer uso de direccionales al cambiar de carril, autos bloqueando banquetas y cruces peatonales y a toda hora vemos autos ocupando indebidamente cajones para personas con discapacidad sin que se reciba una sanción. 

Desafortunadamente lo vemos como algo habitual y hemos hecho de la cultura de la impunidad y la supremacía del auto privado la única regla vigente en las calles.

Yo veo un problema desde tres perspectivas:

Por un lado una falta de conocimiento de la ciudadanía del reglamento de tránsito y en especial por la jerarquía de movilidad que en el reglamento homologado del área metropolitana de Monterrey establece:

ARTÍCULO 2.- El uso del espacio público en los diferentes modos de desplazamiento marcará las prioridades conforme a la siguiente jerarquía:

     Peatones;

     Ciclistas;

     Motociclistas;

     Usuarios y prestadores del servicio de transporte público individual o           colectivo;

    Usuarios de transporte particular automotor; 

     y Usuarios y prestadores del servicio de transporte de carga.

El desconocimiento de las reglas nos ha llevado a considerar que cualquier sanción sea un abuso de autoridad o una práctica recaudatoria, pero lo más preocupante es que nos lleva a ejercer acciones que ponen en peligro a otros y a las consecuencias mortales derivadas les llamamos ‘accidentes´, sin tener claro que se pudieron evitar al cumplir con la ley.

Desde  otra perspectiva veo una autoridad rebasada que con recursos y personal limitado, le es difícil hacer cumplir la ley en especial ante la recurrencia de infractores que imponen su comodidad, su falta de respeto a la autoridad  y su falta de empatía con los más vulnerables sin importarles la existencia de la ley.  

Y por último veo una ciudad que se sigue construyendo sin entender la jerarquía de movilidad en donde la mayor parte del presupuesto y la planeación siguen siendo para favorecer al auto dejando desprotegidos a peatones, ciclistas y personas con discapacidad. 

Esta combinación de ciudadanía que desconoce o no respeta las reglas, de autoridad que no se da abasto para sancionar y gobierno que no construye una ciudad para las personas son los temas a corregir.

¿Por dónde empezar?

La ciudadanía podría empezar por conocer el reglamento de tránsito, entender que existen prioridades en el espacio público, descubrir cuantas faltas se cometen por desconocimiento de las reglas y entender las consecuencias de cometer faltas al no atenderlo. 

Los departamentos de tránsito podrían aplicar programas de comunicación que vayan directo a las principales causas de hechos mortales, en específico los relacionados con la velocidad. 

Los gobiernos municipales necesitan reenfocar sus recursos y su planeación hacia la construcción de entornos que promuevan mejor transporte público y movilidad no motorizada. 

Pero me parece que lo más importante es que independientemente de tener una mala infraestructura y autoridades de tránsito rebasadas en su desempeño, todos los que habitamos esta ciudad nos podemos dar ya a la tarea de mejorar la calidad en la seguridad vial con solo respetar señalamientos  y reportar las faltas que se cometan. No podemos seguir viendo a la impunidad como lo habitual. Sin respeto a la ley no se salvan vidas. 

 

#EspacioPúblico: “Movilidad para usuarios, por derecho y con Ley”

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En las últimas horas del periodo legislativo y enmarcado por una terrible crisis en el transporte público, la bancada del PAN entregó su iniciativa de una Ley de Movilidad para el estado de Nuevo León. Feliz día del niño, se ganaron su estrellita, pero otros ya habían hecho su labor y no hay que perderlos de vista.

A la iniciativa presentada por el PAN se suman otras tres. Una presentada por el Gobierno del Estado, otra por la fracción de MORENA y una más presentada por organizaciones de la sociedad civil.

¿Qué nos dice todo esto?    

Con la misma relevancia yo veo cuatro puntos. 

En primer lugar que el sistema que regula el transporte público tiene que cambiar.

Meses de fallidas negociaciones con concesionarios y dejar a la ciudad una mañana sin transporte afectando a cerca de 800 mil usuarios y daños a la economía en más de 500 millones de pesos son señales de la ineficiencia de un arcaico sistema manejado por unos cuantos sin tener en cuenta las necesidades de miles de usuarios. 

En segundo lugar, vemos la presencia de organizaciones de la sociedad civil presentando una iniciativa de Ley de Movilidad.  Dejó de ser una sociedad que exige al gobierno soluciones y se convierte en una sociedad que propone, critica, construye y aporta la perspectiva de usuarios para ser analizada y ser la base para generar una propuesta final que logre cambiar de manera radical la movilidad en el estado.

La propuesta de la sociedad civil organizada se entregó hace meses y en términos populares en estos tiempos, no tengo pruebas pero tampoco dudas que sirvió para que las fracciones de MORENA y el PAN consideraran puntos importantes en sus iniciativas.

El tercer punto relevante de este análisis es en lo que siempre se debió beneficiar: Usuarios primero.

Una ley basada en los usuarios puede hacer la diferencia para cambiar de ahora en adelante la movilidad en el área metropolitana de Monterrey.  Tres propuestas ven claramente a la movilidad como un derecho para cualquiera que se mueva en las calles y con eso hablamos de peatones, personas con discapacidad, ciclistas, motociclistas, usuarios de transporte público, transporte de carga y automóviles. Deja de verse como una ley de transporte que se preocupa por que los concesionarios den un servicio y se convierte en una ley que asegure la movilidad de las personas con las mejoras que esto implique. 

Y como cuarto y último punto vemos un gobierno del estado reactivo pero poco estratégico y muy lejano a ‘la raza’  tratando de solucionar una crisis con acciones que no cambian el problema de fondo y tarde o temprano repetirán los problemas actuales. 

Y esto apenas comienza.  El Congreso entra en receso unos meses y tendrá tiempo suficiente para estudiar, reflexionar y organizar las prioridades del siguiente período legislativo. No hay duda que esta ley es de altísima prioridad.

El Congreso del estado de Nuevo León tiene varios retos  en sus manos. Tiene el reto de incluir a la sociedad civil en el trabajo legislativo, el reto de dejar los egos partidistas buscando quién tiene su mejor propuesta, el reto de hacer un trabajo transparente que promueva la participación de usuarios de la movilidad, pero sobre todo tiene el reto de demostrar que entre todas y todos se pueden lograr cambios de fondo en la manera de movernos.

En sus manos está  ser la legislatura que desde su trinchera cambie la movilidad en el estado o simplemente ser otra más que aprueba leyes bajo presión de tiempo para ser corregidas por un futuro grupo legislativo.  

#EspacioPúblico: “Peatones seguros en una ciudad de autos”

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Desde hace cerca de seis años, la organización a la que represento se ha dedicado al tema de movilidad peatonal. En un inicio se enfocó al tema más recurrente que encuentra un peatón en la ciudad: autos estacionados sobre el espacio público dedicado al peatón. Pero pronto nos dimos cuenta que el problema era mayor.

Con el tiempo hemos expandiendo nuestra participación hasta formar parte de consejos consultivos ciudadanos, como miembros de la plataforma de evaluación “Alcalde, ¿Cómo Vamos?, sugerir reformas a reglamentos municipales, apoyar en proyectos distritales y académicos y hoy aquí participando en este foro exponiendo nuestra perspectiva de cómo se vive hoy esta ciudad y poder ayudar en el proceso de este proyecto de ley.

Ser peatón en una ciudad como Monterrey es un reto que muchos realizan cada día, pero que también es una situación que muchos se niegan a ver. Una ciudad que por años ha dado preferencia a todo aquello relacionado con el automóvil privado difícilmente voltea a ver las necesidades de peatones , no entiende que la infraestructura es para cualquier usuario de la calle, que la ciudad mueve personas y no está hecha únicamente ( aunque así lo parezca) para trasladar autos.

En esta ciudad se aplauden los proyectos que privilegien la velocidad, el flujo continuo de autos y pone en duda la efectividad de proyectos que favorezcan a peatones y ciclistas y con mayor razón si eso implica quitar carriles, cajones de estacionamiento o incluir semáforos.

Peatones a diario caminan por banquetas en malas o muy malas condiciones, cruzan calles sin pasos peatonales claramente marcados, esperan el transporte público en lugares riesgos y en ocasiones bajan del transporte en segunda o hasta tercera fila de una avenida para después esquivar autos que invaden banquetas, espacios para personas con discapacidad, esquinas y rampas.

Ayer me quedé tarde leyendo el documento de la Ley General de seguridad vial con el que hoy estamos trabajando. Lo considero valioso por ser una ley enfocada a salvar vidas, quisiera compartir algunas de las experiencia que hemos tenido en estos años y que de alguna manera, espero, sean vistas para enriquecer el proyecto.

Algunas cifras nos ayudan a visualizarlas las condiciones de seguridad para el peatón. Siendo concretos, de acuerda a la última encuesta “Así vamos 2018”, realizada por la plataforma “Alcalde, ¿Cómo vamos?”, en la ciudad de Monterrey alrededor del 85% de los encuestados consideró que las banquetas se encuentran dañadas y con obstáculos y solo un 35 % percibe cruces peatonales adecuados para los traslados a pie.

De acuerdo al Informe sobre la Seguridad vial 2017, la gran mayoría de los hechos de tránsito que involucran fallecidos en el estado, más del 90 %, se dan en el área metropolitana de Monterrey. Pero el caso específico de la ciudad de Monterrey es alarmante ya que cerca del 56% de las personas fallecidas en hechos de tránsito fueron Peatones. Y por otro lado la mayor parte de los egresos hospitalarios son generados por ocupantes de medios motorizados, especulando un poco, los peatones ni siquiera llegan al hospital.

La seguridad para el peatón, en la actualidad, es una carrera de obstáculos muchas veces ocultos, en la que muchos participan para llegar a sus casas, trabajos o escuelas y algunos no llegan a la meta.

La seguridad vial es un tema prioritario si queremos que esta ciudad cambie en su estilo de vida y realmente se vean acciones acordes a la jerarquía de movilidad que hoy ya está por escrito en manuales y reglamentos pero poco llevada a la práctica.

Un tema que veo de gran importancia en la ley es la parte de la gestión de infraestructura, en específico la municipal. Muchos de los temas que la ley marca ya se tratan en reglamentos locales o se manejan en los discursos de ejecución de obras.

Calles completas, accesibilidad, jerarquía de movilidad, ciclovías, escala humana no es algo nuevo.

Pero que se conozcan los temas no quiere decir que se ejecuten correctamente.

La falta de estándares de calidad al ejecutar obras públicas, falta de empatía con los usuarios, presión por finalizar una obra y recursos limitados que siguen siendo aplicados con prioridad al enfoque automovilista da como resultado obras que en lugar de favorecer la seguridad la pueden dejar peor.

Una rampa de accesibilidad mal aplicada, falta de señalética en calles, incorrecta aplicación de colores en los cruces de una ciclovía, la mala ubicación de una parada de transporte o la falta de mantenimiento físico y la impunidad en el cumplimiento del reglamento de tránsito en una calle peatonal son algunos ejemplos de lo que al realizarse inadecuadamente, en lugar de ayudar a salvar vidas las pueden poner en riesgo. Estas cosas suceden, lo hemos visto en muchas ocasiones, siempre buscamos la forma de hacer las observaciones a quienes las realizan, sin embargo al señalar las fallas es común escuchar justificaciones como: “es con lo que contamos”, “lo sabemos pero no teníamos material”, “había que salir en los tiempos marcados” ó “Ya después se corregirá” (cosa que rara vez sucede) .

Este me parece el reto más importante de esta ley. Que al llegar a la gestión de infraestructura por parte de los municipios se cuente con los candados necesarios para que estándares de calidad se cumplan y se logren los objetivos de generar infraestructura segura a los usuarios del espacio público y de no ser cumplidos , se ejerzan sanciones.

Y lo anterior no lo cerraría únicamente al trabajo de obra pública municipal. Hay también un reto importante para los departamentos de Desarrollo Urbano con la construcción privada, que olvida integrar a sus proyectos el espacio público marcando diferencias entre lo que está al interior de un predio, cómo si los usuarios de la obra jamás usaran el exterior, especialmente en zonas preexistentes, en las que se promueven proyectos que generen mayor número de peatones cómo son los proyectos para El Centro de Monterrey.

Así es esta ciudad, así la hemos construido y en nosotros está también cambiarla. No será sencillo pero lo que vale la pena rara vez es fácil.

Hoy somos un estado, y en específico “Un área metropolitana”, con un alto número de hechos viales en los que se pierden vidas a pesar de contar con infraestructura, reglamentos y programas de prevención. 

Mi conclusión es que no hay ley que por sí sola salve vidas. Para que se salven vidas se requiere de una ley clara y precisa y ésta lleva buen camino, procesos auditables que ayuden a que la ejecución de la ley no pierda en el camino el espíritu para el cual fue hecha, reglamentos en los que quepa la certeza que sus usuarios han entendido y serán verdaderamente cumplidos y de ser necesario se sancione debidamente, pero sobretodo se necesita de ciudadanas y ciudadanos conscientes que al seguir reglas de convivencia en las calles se convierten en agentes de seguridad . Las vidas no se salvan por escrito, se salvan con actos.

Texto Presentado por Eduardo Quintanilla, representante de la Organización La banqueta se respeta en el Foro Regional de la Ley General de Seguridad Vial realizado en Monterrey el 4 de Marzo de 2019.

#EspacioPúblico: “Así vamos. Así nos movemos: Peatones haciendo camino”

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Si en la pasada entrega inicié con una frase del cantautor Jorge Drexler, ahora lo haré con una de Serrat inspirada en versos de Antonio Machado: ‘Caminante no hay camino, se hace camino al andar’.

Inspiradora frase si eres peatón en esta ciudad. En Monterrey no hay banquetas, se improvisan al andar. 

La encuesta “Así vamos 2018” nos da un panorama de cómo es la movilidad peatonal en el área metropolitana de Monterrey. Los hallazgos no son los más favorables pero son terribles si vemos en específico el municipio de Monterrey.

El 82.5% de los encuestados considera que las banquetas del municipio están en malas condiciones, el 85.2% las considera llenas de obstáculos,  apenas un 34% considera que los cruces peatonales son adecuados y solo el 28% encuentra las rampas para personas con discapacidad en buen estado.

¿Es en serio? ¿Una capital de estado está prácticamente olvidada en términos de movilidad peatonal? Los datos dicen que así es. 

Otro dato revelador, obtenido de otra fuente de información complementa este breve análisis. De acuerdo al Informe sobre la seguridad vial 2017, el 56% de las personas fallecidas en Monterrey por hechos de tránsito fueron peatones.

Datos como los reflejados en la Encuesta Así vamos y el Informe sobre la seguridad vial, nos ayudan a entender las consecuencias de decisiones tomadas en el pasado. Una ciudad que prefirió enfocar sus recursos a mover autos olvidó que lo que mueve son personas y las está poniendo en peligro.  Salir a las calles de la ciudad es parecido a ir a la guerra, los de infantería siempre están en mayor peligro que los que van adentro de un tanque, solo que aquí no se requiere estar atentos al enemigo, hay que cuidarse de tanques amigos.

Es preocupante ponerle cifras a la situación actual de la ciudad, pero sobre todo es preocupante ver que se siguen tomando decisiones que pueden incrementar el peligro de quienes deciden ejercer parte o la totalidad de sus  trayectos caminando. 

Un ejemplo es el centro de Monterrey. Cada día vemos nuevos proyectos habitacionales, de oficina, comerciales y mixtos surgir en la zona centro, sin ver cambios que mejoren las condiciones de banquetas que cientos o quizás miles de personas utilizarán al ocupar esos espacios. 

Se habla de ciudades más compactas pero no se invierte en el espacio público que ese concepto de ciudad requiere y se habla de repoblar zonas abandonadas sin recordar que la falta de infraestructura fue una de las causas del abandono. 

No todo está perdido, se empiezan a ver proyectos para mejorar las condiciones de movilidad en zonas de alto tráfico peatonal como son las avenidas Juárez y Juan Ignacio Ramón. Sabemos que siempre quedará  la duda en proyectos que se planean por etapas. Esperamos que tengan continuidad y que no queden como refugios de guerra urbana. 

Por años la ciudad se ha dedicó a dar prioridad a calles, avenidas y pasos a desnivel para mover autos, hoy le toca hacer banquetas para que peatones en Monterrey cuenten con camino al andar. 

#EspacioPúblico: “Así vamos. Así nos movemos”

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‘Si quieres que algo se muera, déjalo quieto’.  Así se expresa el cantautor Jorge Drexler al hablar del fenómeno migratorio y de la constante movilidad de las personas.

Moverse no solo es migrar de ciudad o país. En Monterrey nos movemos a diario por motivos laborales, escolares o personales y también a diario la gente expresa sus molestias por el intenso tráfico, el deficiente transporte público, los tiempos de traslado y la contaminación ambiental.

En días recientes fue presentada la Encuesta de percepción ciudadana Así vamos 2018; un trabajo de la plataforma “Cómo Vamos Nuevo León” para mostrar la situación del área metropolitana de Monterrey desde distintos ángulos incluyendo la movilidad.

Encontré dos datos reveladores:  

El primer dato alarmante es que el 41.3% de población realiza su principal viaje del día mediante auto privado, con una ocupación promedio de 1.4 personas por auto y su principal razón de viaje es el trabajo.

El uso del transporte público sigue cayendo y el camión urbano apenas se posiciona con un 27.6 % y sus principales razones para no usarlo son carencias en comodidad, tiempos de traslado de casi el doble comparados con el auto y la falta de rutas que lleven al destino.  

El segundo dato revelador: Casi el 37 % de los encuestados expresó no haber salido de casa el día anterior a realizada la encuesta. Terrible realidad no tener nada a qué salir y convivir en el espacio público.

No todo es problema de transporte, también el desarrollo urbano ha contribuido a que esta ciudad se mueva así. Hoy tenemos desarrollos habitacionales para las personas de menores ingresos en la periferia sin planear transporte y espacio público de esparcimiento en su cercanía y desarrollos habitacionales de mayor nivel económico en zonas con limitadas vías de comunicación en donde el único medio para trasladarse es el auto privado.

Bajo ese contexto, ¿Ustedes creen que un habitante de García o Juárez no anhela comprar un auto que le reduciría sus tiempos de traslado a la mitad? Por supuesto que lo desea y lo hace.

¿Ustedes creen que un habitante de Cumbres o la Carretera Nacional deje su auto para trasladarse a sus trabajos en Monterrey o San Pedro en el transporte público actual?  Dudo que conozcan las rutas de trasporte que puedan utilizar.

¿Creen que para amas de casa, personas jubiladas o de la tercera edad exista algo que los motive a salir de casa si la ciudad no les ofrece alternativas de su interés en la proximidad de sus hogares?  Al parecer, si no se trabaja, estudia o se va de compras, no hay razón para salir.

Así nos movemos. Principalmente a trabajar, en auto individual, utilizando más de una hora en los traslados y si no tenemos a que salir mejor nos quedamos en casa.  

La ciudad con su tráfico, sus horas pico y su contaminación parece moverse pero en realidad está quieta.

Está quieta sin planes de desarrollo urbano que logren compactar la ciudad y así reducir los tiempos de traslado e incentivar los medios no motorizados.  Está quieta sin políticas que incentiven a tener más y mejores espacios públicos atractivos y accesibles para la convivencia. Y está quieta preocupándose solo por las tarifas de transporte público cuando lo que necesita es una ley de movilidad con visión de largo plazo que revierta la actual tendencia que incentiva el uso desmedido del auto privado y busque nuevas y mejores opciones de movilidad colectiva para toda la población.

No queremos que la ciudad se muera. Hay que moverla de manera disruptiva y propositiva y no solo de manera reactiva a problemas causados por la planeación pasada, ya sabemos los resultados. 

Y ni hablar de mover a la ciudad a pie, está casi en estado de coma, pero de eso platicaremos en una siguiente entrega. 

 

Eduardo Quintanilla
Febrero 5, 2019 

#EspacioPúblico: “2019. Contingencia total”

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Llega el 2019.  Quedó atrás el 2018 lleno de emociones políticas.  Un año en el que nos enfrentamos a campañas electorales, toma de protesta presidencial, impugnaciones a resultados locales y campañas extraordinarias. Ahora llega el nuevo año con un claro mensaje de bienvenida: Contingencia ambiental.

No hay sorpresas. El tema de la calidad del aire se mantuvo presente durante el 2018 sin que se lograra integrar a una agenda clara. Esa falta de acciones se hizo presente el primer día del año regalándonos un monitoreo que mostraba condiciones de calidad del aire extremadamente malas en algunas áreas de la zona metropolitana de Monterrey.

¿Qué está pasando en la ciudad?

 

No es un hecho aislado por un día de festejo, aunque muchos así lo quieran ver. La condición ambiental del primer día del año es el resultado de muchos factores acumulados. Tenemos exceso de automóviles, fábricas sin controles ambientales, transporte público contaminante, pedreras y, no conforme, para festejar la llegada del año nuevo lo hacemos prendiendo carbón y con excesiva pirotecnia.

¿Cuáles fueron las medidas de contingencia? Básicamente informar la calidad del aire. Eso no es contingencia. Eso es mera información, se toman más acciones ante la llegada de un frente frío que ante este llamado.

Y aquí está el mayor inconveniente. Todos sabemos que existe un problema pero no todos nos hacemos responsables de lo que nos corresponde para mejorar la calidad del aire que respiramos y preferimos responsabilizar a otros actores.

Desde la comodidad de un auto se pide controlar a las pedreras por su alto contenido contaminante porque pocos está dispuestos a modificar sus hábitos y reducir el uso de su automóvil privado.   Se incrementan los impuestos a propietarios de autos pero el transporte público y de carga evaden con argumentos legales cualquier tipo de verificación vehicular, mejora de sus unidades u horarios de restricción de circulación. Vemos a diario chimeneas de humo negro emanar de las fábricas en completa impunidad sin que las inspecciones lo puedan controlar.  Pero es fin de año y es tiempo de festejar, ahí la mayoría está de acuerdo que la mejor manera de hacerlo es explotando pólvora de manera desmedida dejando en las calles toneladas de basura de la que nos quejarnos al día siguiente por la falta de servicios públicos de limpieza.

Así se vive el primer día del año en Monterrey. En contingencia total. 

En contingencia ambiental por la extremadamente mala calidad del aire, pero también en contingencia política porque el trabajo legislativo, municipal y estatal está haciendo crisis ante la opinión pública al no verse acciones claras para solucionar el tema.  Y como todos somos parte del problema, también estamos en contingencia ciudadana por no hacernos responsables de los daños públicos de nuestro estilo de vida y por negarnos a perder privilegios individuales para mejorar el bien común. 

Inicia el año y lo que menos necesitamos son propósitos que se olvidan a las pocas semanas. Necesitamos empezar el año, cada uno desde nuestra trinchera,  con cambios y acciones dirigidas a mejorar la calidad de vida del lugar que habitamos. Solo así lograremos hacer frente al problema de la calidad del aire. 

Bienvenido sea el 2019, el año que nos puso el reto el primer día. 

Eduardo Quintanilla

Enero 1, 2019 

#EspacioPúblico: “El reto de Miguel”

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‘Los siguientes 3 años de trabajo tendrán como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas en el espacio público’. Esa fue la frase que me pareció más importante en el mensaje de Miguel Treviño al rendir protesta como presidente municipal de San Pedro Garza García. Y me parece importante porque es una frase llena de lecturas, de interpretaciones y de muchas preguntas empezando por cuestionar ¿de quién y para quién es el espacio público de San Pedro?

Quizás para los habitantes de Garza García, Miguel está hablando de mejores parques y espacios de recreo, pero San Pedro ya no es ‘La colonia’.  Dejó de ser un pequeño municipio de carácter residencial de alto nivel económico con un crecimiento disperso,  a ser sede de grandes corporativos empresariales, centros comerciales, hoteles, espacios de entretenimiento y a incrementar rápidamente su crecimiento residencial de manera vertical en condominios de alto valor. 

Bajo estas condiciones, el espacio público se convierte en mucho más que el espacio de recreo de sus habitantes.  El espacio público de San Pedro deberá ser el punto de encuentro y convivencia de miles de personas que destinan una gran cantidad de su tiempo al día sin necesariamente ser sus habitantes.

Será importante generar espacios en los que se pueda caminar y conectar destinos a los que hoy es difícil llegar a pie.  Tener parques en los que se pueda convivir, hacer deporte o simplemente descansar, reducir la velocidad para que las calles que se puedan cruzar con seguridad y reinventar la movilidad de una ciudad que hoy es dependiente del automóvil.

Se tendrá que pensar que hacer con las calles y avenidas del municipio que hoy están saturadas por autos que entran, salen o simplemente lo cruzan; pero habrá que ser creativos, ya hemos visto que mas calles y más carriles sólo nos han llevado a tener más calles y más avenidas saturadas. Se necesita estudiar nuevos medios de transporte público y se requieren medios no motorizados estudiados y con orden que complementen los viajes que hoy sólo se hacen en auto. Además no hay que olvidar que es un municipio en el que  las modas llegan rápidamente, es indispensable poder anticiparse antes que se vuelvan problema,  como las patinetas que se empiezan a ver circular por las banquetas y ya son un dolor de cabeza en otras ciudades que cuentan con más años transformando sus espacios públicos.

Será de gran importancia ejercer de manera más estricta el reglamento de tránsito para liberar banquetas y espacios dedicados al peatón, de autos y otros obstáculos que hoy los invaden en completa impunidad.  Y por supuesto, se agradecerá  mejorar las condiciones físicas de banquetas, accesibilidad, señalización y seguridad peatonal. 

Y a todo este inmenso trabajo habrá que estar atentos a no perder de vistas esas zonas del municipio que requieren integrarse de manera digna en servicios y espacio público para que realmente se hable de un solo San Pedro. 

Un gran reto y una gran responsabilidad. Estamos en un proceso interesante en el que los municipios que forman el área metropolitana de Monterrey deben cambiar su forma de pensar y dejar de ser feudos para pasar a ser parte integral de una metrópoli. Si se hace de manera correcta, San Pedro será el gran ejemplo.

Quienes votaron por Miguel fueron los sampetrinos, pero el reto al que hoy se enfrenta es el de hacer que el espacio público de San Pedro sea eficiente para todos aquellos que viven la ciudad a distintas horas del día. Muchos que no somos residentes, lo vamos a agradecer. 

#EspacioPúblico: “¿De quién es la banqueta?”

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Tu Banqueta, mi banqueta, su banqueta. Parece un ejercicio de adjetivos posesivos que no llega al plural.

¿De quién es la banqueta en esta ciudad?

Hace unos días realicé un ejercicio para comprender a quién le corresponde la responsabilidad de mantener en buenas condiciones el espacio público en diferentes versiones.

Realicé dos reportes a través del CIC (Centro de Integración Ciudadana), organismo del cual tengo una extraordinaria opinión como vínculo entre ciudadanía y gobierno.

El primero de mis reportes fue un bache en una calle secundaria del centro de Monterrey y el segundo una banqueta en pésimas condiciones frente a una casa aparentemente abandonada también en el centro de Monterrey.

Del primero recibí un agradecimiento por el reporte, un número de ticket para dar seguimiento y la canalización de la petición al departamento de servicios públicos de la ciudad.

Del segundo recibí un simple “Buenas tardes Eduardo, el dueño del predio es quien debe encargarse del mantenimiento de la banqueta”. En ese momento me imaginé tocando la puerta de cada casa, negocio u oficina cuando me topara con una banqueta en mal estado; en tres cuadras me convertiría en el loco de las banquetas al que la gente no le quiere abrir la puerta.

Es preocupante descubrir que el trato que se le da al espacio público en esta ciudad es abismalmente distinto, en especial cuando te das cuenta que la atención a privilegios está por encima de la aplicación de derechos.  

De acuerdo al reglamento homologado de tránsito del área metropolitana de Monterrey, calles, avenidas y baquetas entran en la misma categoría de vía pública y están destinadas al libre tránsito de personas y vehículos. 

En la práctica, los baches, que son la principal queja de sólo un sector de la población con el poder adquisitivo para tener un auto, son atendidos con especial atención por tener una repercusión mediática importante. Con los años se ha logrado que el privilegio de moverse en auto se trate como un derecho y se destinen todos los recursos al mantenimiento de calles, muchas veces, de manera deficiente.

Las banquetas, que son el derecho más simple de movilidad de toda la población, son ignoradas y se deslinda la responsabilidad sobre su estado a miles de privados que bajo ninguna guía, supervisión o sanción, las han atendido con el carácter de espacio público y si las han convertido en extensión de sus predios, las han transformado en rampas de acceso privado, las decoran con materiales inadecuados o simplemente las han dejado en el olvido por años. ¿Se puede dejar en manos de privados el espacio público? Ya vemos que se hace y ya vemos también los resultados. 

Esto no puede seguir así. No podemos estar hablando del trabajo de planeación que se hace en Monterrey para crear una ciudad más compacta, de repoblar el centro de la ciudad y de desarrollos orientados al transporte si no hay claridad sobre tener condiciones óptimas de movilidad peatonal, con responsables, regulaciones, manuales y sanciones. 

No podemos seguir pensando de manera aislada en la movilidad. Peatones, ciclistas, usuarios de transporte público y privado, requieren tener los espacios adecuados para moverse de forma multimodal. Se necesita cambiar la distribución de recursos para la inversión en el espacio público de acuerdo a la jerarquía de movilidad que marca la ley, es decir, dando prioridad a los usuarios más vulnerables y estos son peatones y personas con discapacidad.

A la banqueta no lo podemos seguir dando adjetivos posesivos en singular porque no es tuya ni es mía; es nuestra.  Tan nuestra como cualquier otro espacio público y merece tener reglamentos, presupuestos, manuales de construcción y de accesibilidad que la ejecuten, respeten y mantengan.

La banqueta es de todos, aunque hoy es de nadie.