Ebrard relata travesía de Evo en avión mexicano para salir de Bolivia

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Este martes, el presidente Andrés Manuel López Obrador dedicó su conferencia de prensa matutina para contestar las preguntas de los periodistas luego de que el Gobierno sujeto a su administración concedió asilo político a evo Morales, el presidente depuesto de Bolivia tras un golpe de Estado.

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, explicó que el presidente dio la orden de mandar a un avión del Ejército mexicano a recoger a Morales en Bolivia. Siendo que se enfrentaron a una serie de problemas legales con los trámites para sobrevolar el espacio aéreo de carios países.

A raíz de ello se instruyó que se trasladara una aeronave de la Fuerza Aérea para pasar a Bolivia por Evo Morales“, añadió el canciller. “Ha sido un periplo por distintos lugares y decisiones políticas“, concluyó.

El relato de la travesía contada por el canciller fue el siguiente:

El avión viajó desde México a Perú. Aquí hizo escala para luego viajar a Bolivia, pero en el caos político en la nación boliviana provocó que se negara el permiso para recoger a Evo. Esto provocó que la nave tuviera que regresar a Perú para esperar una autorización para ingresar a Bolivia.

El canciller mexicano indicó que fue complicado sacar a Evo Morales pues no hay claridad de quién toma las decisiones en el país; no fue hasta que la Fuerza Aérea de Bolivia permitió la entrada del avión mexicano.

La ruta que se había previsto para trasladar a Evo era viajar a Perú para luego tomar aguas internacionales y llegar a México. Originalmente se tenía el permiso de Perú, sin embargo ya con Evo a bordo, el canciller peruano notificó a Ebrard que por decisiones políticas se les cancelaba el acceso.

Tras esta negativa, el canciller mexicano se comunicó con su homólogo paraguayo, quien accedió a que el avión mexicano descendiera en la ciudad de Asunción para poder cargar combustible, lo cual era urgente.

Al tener al expresidente abordo, se realizó la escala en la capital paraguaya, este país declinó de último minuto la salida del avión de la Fuerza Aérea Mexicana; sin embargo, las gestiones de la embajadora mexicana en Paraguay permitieron la salida.

Por último, a través de la embajada de México en Brasil se logró sacar a Evo casi “milagrosamente” por la frontera con Bolivia.

El canciller indicó que aún no se sabe dónde residirá, pues será una decisión que él tome. Además, indicó que han aumentado las solicitudes de asilo serán informadas hasta que las personas estén en un sitio seguro, a fin de no ponerlas en riesgo.

Con información de MSN

Análisis del acuerdo Mercosur-Europa

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Después de años de estancamiento el Mercosur ha revivido, el bloque comercial integrado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela (actualmente suspendido) llegó a un histórico acuerdo con la Unión Europea durante la Cumbre del G-20 en Japón. 

Lo de revivir no es para menos, tras la caída de la marea rosa en Sudamérica y la incertidumbre de los mercados financieros, el Mercosur experimento una debacle que llevo a que los propios países miembros redujeran las transacciones entre ellos mismos, así como la penosa suspensión de Venezuela tras el desastre del proyecto bolivariano que obligó a Uruguay a no cederle la presidencia pro témpore. El Mercosur estaba, decían, próxima a su resquebrajamiento.

Pero el nuevo acuerdo le da nuevo aire al proyecto de integración, el hecho de contar ahora con un tratado comercial con su símil europeo muestra una imagen renovada, da el mensaje que la integración sigue siendo viable y traerá beneficios para estos países no solo en el terreno económico-comercial, también en el político (para los jefes de Estado en turno y sus partidos).

Respecto a lo primero, la evidencia internacional demuestra que cuando un país en desarrollo firma un acuerdo con la Unión Europea, en el período posterior se registra un fuerte incremento en los flujos de inversión extranjera directa, como fue el caso de México tras la aprobación del TLCUEM. En este caso, la creación de un mercado de 770 millones de personas que conforman los países de ambos bloques crea una alta expectativa para los inversores sobre tierras sudamericanas. 

Así mismo, tanto argentinos, brasileños, paraguayos y uruguayos verán beneficiadas sus exportaciones minerales y del sector agropecuario, principales productos de la región para el mercado europeo, haciendo hincapié en el cárnico. 

Por el lado político, Argentina y Uruguay vivirán procesos electorales para la presidencia en este año y la bandera del acuerdo será ondeada por los negociadores durante toda la campaña.

Macri, presidente de Argentina y actual presidente pro temporé del Mercosur venderá al máximo su liderazgo internacional en la negociación, el mensaje del liberalismo económico logrado con el acuerdo y las posibilidades que tendrá la población con este, en contraste al pasado cerrado y localista del kirchnerismo. 

En Uruguay, Tabaré Vásquez no disfrutaría beneficio político salvo para alguna medición de popularidad, pues se auto descartó para una eventual reelección, sin embargo, a su partido el Frente Amplio le viene bien este suceso histórico para sacudirse el desgaste de 14 años en el gobierno y presentar una imagen de apertura al mundo (una demanda que ha ganado terreno sobre todo en los jóvenes), internamente los moderados se verán beneficiados y podrían tener mano para elegir candidato oficial. 

Para Brasil es una muestra de que Bolsonaro va fuerte en su proyecto de reformar todo lo que hizo el PT durante su estadía en el Palacio del Altiplano, sobretodo en el modelo económico, apostando a una mayor exposición al libre mercado. 

Cabe destacar que si bien el acuerdo ha sido firmado por las partes, aún falta la aprobación legislativa en cada país involucrado, los resultados políticos serán inmediatos, los económicos podrían tardar un tiempo.

Después de 20 años de negociaciones, la UE y el Mercosur logran acuerdo de libre comercio

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Después de una demora de 20 años, el Mercosur y la Unión Europea finalmente llegaron a un acuerdo para establecer un tratado de libre comercio entre ambos bloques. Este proyecto, en contracorriente con la tendencia internacional, establecería un mercado que compone casi un cuarto del PIB global.

El 93% de los productos exportados del Mercosur ya no tendrían arancel alguno, mientras que el 7% restante mantendría un trato preferencial. Al mismo tiempo, tanto a bienes industriales como a los agrícolas, Europa liberalizaría sus productos en cuanto el tratado entre en vigor. El bloque sudamericano, por otra parte, tendría un plazo de 15 años para aplicar porcentajes arancelarios similares o iguales.

Las negociaciones, llevadas a cabo en Bruselas, fueron arduas por las preocupaciones de países con importantes industrias agrícolas, como lo son España y Francia. De hecho, el presidente Emmanuel Macron fue de los participantes más escépticos del tratado, tanto por el tema de agricultura como la desconfianza de Brasil ante sus obligaciones y compromisos medioambientales.

“La UE no puede ceder el paso a argumentos populistas y proteccionistas sobre la política comercial”

Aún falta que el texto final sea aprobado tanto por los Estados Miembros como por el Parlamento Europeo, por lo que las ganancias hechas por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay podrían reducirse.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, aprovechó la reunión del G20 en Osaka para verse con los líderes del Mercosur y celebrar el cierre de las negociaciones. Afirmó ante medios que “la UE no puede ceder el paso a argumentos populistas y proteccionistas sobre la política comercial”, efectivamente poniendo a Europa en un lugar antitético al proteccionismo visto por los EE.UU por ahora.

(Fuentes: El Clarín y El País)

#ElTalónDeAquiles: “Maduro inmaduro”

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Afirma el conocido animador de televisión peruano, Jaime Bayly, que Nicolás Maduro, lejos de ser un dictador de verdad, de los que da miedo, es un payaso: sus excursiones lingüísticas Shakespearianas, los pajarillos que lo sobrevuelan, y los “Back from the future”, son algunos ejemplos de sus excentricidades. Hoy, el régimen da sus últimos aleteos en un triste aislamiento. La situación va más allá de la tradicional oposición de derecha, la cual sigue denunciando la intención de cubanizar Venezuela (como si Cuba hubiera vivido la hiperinflación y Fidel Castro hubiese sido el hazmerreir de amigos y enemigos). No. En Venezuela, la realidad superó al peor de los temores. 

El aislamiento de Caracas es triste porque incluye, de manera clara y evidente, críticas de izquierda, que ven impotentes cómo las oportunidades de cambio y de justicia se fueron por la cloaca discursiva. Es decir, a los opositores tradicionales del chavismo, como lo son la derecha colombiana (hoy en la presidencia, de la mano de Iván Duque), y opositores menos tradicionales (como el recientemente electo Jair Bolsonaro, en Brasil), se les une líderes de centro-izquierda, como Alvarado (Costa Rica) y Trudeau (Canadá). Además, el heteróclito Grupo de Lima, compuesto por Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, y Santa Lucía, intenta desde 2017, a pesar de Caracas, encontrar una salida pacífica a la crisis. En fin, democracias europeas como Francia y España decidieron recientemente no seguir siendo indiferentes ante la parodia revolucionaria. El gobierno de Maduro sigue siendo reconocido por Bolivia, China, Cuba, Turquía, y otros tantos, pero ya no es reconocido por muchos otros.

Los demócratas progresistas nunca perdonaremos a la nomenclatura petro-chavista el haber fracasado en su intento por cambiar el destino de su país. Habrían podido desmontar el corporatismo creado por el Pacto de Punto Fijo, invertir en el futuro creando un sistema educativo competitivo, y poner la renta petrolera al servicio de la diversificación económica. Pero no. En vez de lanzar la revolución más radical que siempre ha requerido América Latina, la democracia, sustituyeron a los viejos receptores de las dádivas petroleras por nuevos actores. Ya no son los ricachones de los partidos políticos tradicionales los que se aprovechan del sistema, sino los nuevos líderes, prontamente corrompidos, del Partido Socialista Venezolano. Y en vez de educar y desarrollar, se fortaleció el clientelismo, fomentando así la dependencia económica de las clases sociales menos favorecidas a un sistema que no da herramientas para sobrevivir. Entonces, en vez de hacer germinar la democracia, se transformó el autoritarismo: se pasó de un corporatismo de centro-derecha a un confuso gobierno despojado de toda agenda izquierdista. Por su obstinada resistencia al cambio, el grupo fiel a Maduro es hoy más reaccionario que progresista. 

La última vez que escribí sobre Venezuela señalaba que la situación seguía degradándose en una certera descomposición de la revolución bolivariana. En mayo de 2017, se cumplían varias semanas de movilización social que había producido decenas de muertos. El gobierno argumentaba que la principal amenaza era la contrarrevolución (golpista) de derecha. Desde ese entonces, poco cambió pero todo empeoró: Maduro fue reelecto en un proceso electoral muy cuestionado a nivel nacional e internacional. Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, se autoproclamó presidente legítimo del país. Mientras tanto, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) pronostica que la economía venezolana se contraerá el 10 % en 2019 mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé una astronómica hiperinflación de 10,000,000%.

Maduro es inmaduro. Se aferra al poder y asegura que no hay crisis humanitaria en su país. Cree que todavía puede gobernar. Es posible que el dirigente bolivariano no tenga la sofisticación de líderes autoritarios como Vladimir Putin, y sí, es posible que sea un payaso. Pero sus excentricidades ya no hacen gracia y su testarudez es peligrosa, no solo para Venezuela, sino para toda la región latinoamericana. La invitación es clara: salir del poder ahora que todavía puede hacerlo. 

Fernando A. Chinchilla

Winnipeg (Canadá), febrero de 2019

México y 13 países de Latinoamérica desconocen reelección de Maduro

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Los países integrantes del Grupo de Lima desconocieron el proceso electoral desarrollado en Venezuela, por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente.

Así, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, acordaron reducir el nivel de sus relaciones diplomáticas con dicho país.

Para ello, llamarán a consultas a los embajadores en Caracas y convocarán a los embajadores de Venezuela para expresar su protesta.

Los 14 países reiteraron su preocupación por la profundización de la crisis política, económica, social y humanitaria que ha deteriorado la vida en la nación venezolana.

Lo cual, dijeron, “se ve reflejada en la migración masiva de venezolanos que llegan a nuestros países en difíciles condiciones y en la perdida de la instituciones democráticas, el Estado de derecho y la falta de garantías y libertades políticas de los ciudadanos”.

En ese sentido, el Grupo de Lima decidió presentar en el marco del 48 periodo de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) una nueva resolución sobre la situación en Venezuela.

Asimismo, consideraran la posibilidad de realizar contribuciones financieras a los organismos internacionales competentes para fortalecer las capacidades institucionales de los países en la región, especialmente los países vecinos, para atender el flujo migratorio de venezolanos.

Además de coordinar acciones para que los organismos financieros internacionales y regionales procuren no otorgar préstamos al Gobierno de Venezuela, por la naturaleza inconstitucional de adquirir deuda sin el aval de su Asamblea Nacional.

Así como intensificar y ampliar el intercambio de información de inteligencia financiera, a través de los mecanismos existentes, sobre las actividades de individuos y empresas venezolanas que pudieran vincularse a actos de corrupción, lavado de dinero u otras conductas ilícitas.

#ElTalónDeAquiles: “Parteaguas electorales”

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Durante años, se han analizado las olas de cambio político que dibujaron y redibujaron América Latina. Al populismo de primera parte del siglo XX, el de Perón (Argentina) y Vargas (Brasil), siguieron líderes autoritaros: Pinochet (Chile), Stroessner (Paraguay), y Videla (Argentina), entre otros. La década 1980, sin embargo, trajo cambios. Por un lado, una ola de democratización barrió la región. Por el otro, la izquierda radical, sobre todo la centroamericana, se organizó en frentes guerrilleros. Ambos bandos prometieron justicia y bienestar, pero ambos quedaron debiendo. En el primer caso, el neoliberalismo, que nos habrá tal vez sacado de la crisis económica, disipó los beneficios que eventualmente podían resultar del nuevo marco democrático. De hecho, la centro-izquierda de Duarte (El Salvador), Alwyin, Frei, y Lagos (Chile), terminó siendo también victima del neoliberalismo, confundiénsose con la centro-derecha de Menem (Argentina), Arias, Calderón, Figueres, Rodríguez, Pacheco, y Chinchilla (Costa Rica), y Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, y Peña-Nieto. En el segundo caso, mucha de la izquierda radical impulsó luego el llamado “socialismo del siglo XXI”, que llevó al poder a Chavez (Venezuela), Morales (Bolivia), Correa (Ecuador), los Kishner (Argentina), Lula (Brasil), Lugo (Paraguay) y Zelaya (Honduras), pero cuyos resultados en materia de calidad de vida de las poblaciones, siguen siendo, con la plausible excepción de Brasil y de Ecuador, debatibles.

Estudiar el cambio en el mapa político latinoamericano que acontece en 2018 amputado de este marco histórico es incapacitante pues sin él, es imposible identificar las diferencias entre las elecciones en donde hay procesos de inercia, de aquellas con potencial de convertirse en parteaguas. Por ejemplo, fuimos testigos en abril de la asención al poder de Miguel Díaz Canel en Cuba. Es refrescante ver, por primera vez desde 1959, a un no-Castro al frente de la isla. Pero más allá del simbolismo, el nuevo presidente ha multiplicado sus declaraciones a favor del sistema de partido único. Además, Raúl Castro sigue siendo jefe del Partido Comunista. También en abril, en Paraguay, el Partido Colorado, bajo el liderazgo de Mario Abdo (hijo del exsecretario privado de Stroessner), triunfó sobre la alianza de centroizquierda GANAR (Gran Alianza Nacional Renovada) de Efraín Alegre. Abdo se declaró contra el matrimonio homosexual y el aborto. Hoy, en Brasil, Lula está en la cárcel, y Jair Bolsonaro, un exmilitar, homofóbico, favorable a la tortura, puede ganar. ¿Y qué decir de las elecciones en Venezuela? En este caso, quien vaticine el triunfo opositor, demuestra las virtudes y excesos de la imaginación. 

Ahora, otros procesos electorales, que también acontecen actualmente en la región, sí tienen potencial de inyectar nuevas formas de hacer política. En Costa Rica, el oficialismo consolidó una ruptura casi milagrosa con el bipartidismo tradicional. Con una minoría parlamentaria y un sistema multipartidista que no termina de consolidarse, el nuevo presidente debió formar un gabinete multipartidista llamado a generar gobernabilidad. El cambio es vulnerable, pero prometedor. En Colombia, de los resultados de la elección de mayo depende el futuro del proceso de paz, el cual está a medias en la tarea de acabar con un conflicto armado que duró más de medio siglo, y que a duras penas avanza con el Ejército de Liberacion Nacional (ELN). Le toca a Gustavo Petro, exmilitante del M-19 y líder de la coalición “Colombia Humana”, la misión de derrotar a Ivan Duque, candidato uribista, quien dirige la alianza “Gran consulta por Colombia”, y que defiende esa forma de ver y de hacer la política que eternizó el conflicto en ese país por décadas. El legado de Juan Manuel Santos es frágil. En fin, México está poniendo término al gobierno de Enrique Peña Nieto. Si el candidato de la “Coalición Juntos haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), logra llegar a Los Pinos, existe potencial, por lo menos más que si llega Anaya (PAN) o Maede (PRI), de que suceda algo diferente a lo que ha sido la historia de ese país desde 1982. De lo contrario, para bien o para mal, será más de lo mismo. 

Hoy, América Latina se debate entre regresar al pasado o aventurarse en el siglo XXI. No hay más olas: la región se parte en trayectorias diversas. El regreso al pasado, o la defensa de lo existente, es propuesto en algunos países con fuerza, sin complejos. Y en aquellos casos en donde progreso hay, el mismo es endeble, no solo porque la derecha es experta en recordar las catástrofes de la izquierda radical y en matizar los éxitos de la izquierda democrática, sino también porque a pocos les gusta salirse de su zona de confort. Y sin embargo, la aspiración por justicia social, el desencanto con élites políticas poco creativas, a menudo corruptas, e insensiblemente tecnocráticas, nutren un voto que penaliza más de lo mismo ante un pasado en el cual todos quedaron debiendo. 

La lucha ya no es hoy ni entre izquierda y derecha, ni entre populismo y tecnocracia, sino entre conservadurismo y progresismo. Conservador es quien objeta el cambio, sea este de izquierda o de derecha; progresista es quien cree que el cambio tiene el potencial de ser positivo, sobre todo cuando las recetas probadas y reprobadas del pasado, han dado suficientes muestras de no satisfacer las expectativas sociales. Y entonces yo me pregunto: ¿Si insatisfacción hay, cómo esperar resultados diferentes eligiendo siempre a los mismos?

Fernando A. Chinchilla

Montreal (Canadá), mayo de 2018

Cae México en índice global de corrupción

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Por segundo año consecutivo, México cayó seis lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2017 publicado por Transparencia Internacional, al pasar del lugar 129 al 135 -entre 180 países- y obtuvo una calificación de 29 en una escala del cero al 100, donde cero es el país peor evaluado en materia de corrupción.

El año pasado, en el informe anual 2016, México había descendió 28 posiciones con respecto a informe de 2015, que ubicó al País en la posición número 95 de los evaluados en materia anticorrupción.

La calificación de México en el Índice de Percepción de la Corrupción empeoró; los niveles percibidos por los ciudadanos son iguales a países como República Dominicana, Honduras, Kazajistán, Laos, Nueva Guinea, Paraguay y Rusia.

A nivel regional, México se encuentra entre las peores posiciones de América Latina y el Caribe, por debajo de Brasil, lugar 96, con una calificación de 37 puntos; Argentina, lugar 85, con una calificación de 39 puntos, y Colombia, lugar 96, con 37 puntos.

México es además el país peor evaluado tanto del G20, grupo de las economías más ricas y emergentes del mundo, así como de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).

De acuerdo con Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana esos resultados se explica por las “resistencias” para instalar el Sistema Nacional Anticorrupción en todo el país, y la ausencia de una Fiscalía Anticorrupción independiente que conduzca las investigaciones.
“Estos resultados ponen de manifiesto, una vez más, que la transparencia, por sí sola, no necesariamente lleva a una reducción de la corrupción. De acuerdo con el Índice de Transparencia Presupuestaria 2017, publicado por la Open Budget Partnership, México ocupó el sexto lugar de 102 países, posicionándose como el mejor país del continente americano, incluso por encima de Canadá y Estados Unidos.

#ElTalónDeAquiles: Hasta luego Venezuela

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Se cumplen varias semanas de movilizaciones contra el presidente venezolano, Nicolás Maduro. En marzo, catorce países de las Américas solicitaron a Caracas liberar sus presos políticos, permitir la creación de un canal humanitario para luchar contra la escasez, respetar la autonomía del Parlamento, y establecer un calendario electoral. Al 15 de mayo, más de 30 muertos y de quinientos heridos eran el saldo provisorio de este nuevo ciclo de conflicto social.

La situación venezolana viene degradándose desde hace tiempo, en una inexorable pero certera descomposición de la llamada revolución bolivariana. La trama es la misma: el proceso revolucionario bolivariano se enfrenta a una guerra económica, a un golpe continuado y fascista al poder para imponer por la fuerza una contrarrevolución de derecha. O, dicho al revés, la oposición democrática continúa resistiendo el avance de la cubanización de Venezuela dirigido por una trasnochada revolución que es todo menos progresista. Polarización. Hoy, en Venezuela, las instituciones, en vez de distribuir el poder, lo concentran, y por ello su control se convierte en el mayor baluarte de este juego de ajedrez en donde no existe posible ganador.

La crisis empeoró a fines de marzo de 2017, cuando el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en manos del oficialismo, intentó adjudicarse las funciones del Legislativo, en manos de la oposición. Se comprueba así, según la oposición, el reino de una dictadura comunista disfrazada en el país. Además de solicitar que se reanudara el calendario electoral que preveía elecciones de gobernadores en 2016, se exigió entonces elecciones presidenciales anticipadas (las próximas están previstas para 2018). La oposición está envalentonada: siete de cada diez venezolanos no apoyan el gobierno de Maduro.

El Palacio de Miraflores (Casa Presidencial) reaccionó de tres formas. Primero, decretó medidas paliativas, como el aumento del salario mínimo mensual de 150,000 a 200,000 bolívares. Se trata de una medida cosmética, pues es Venezuela el país con la inflación más elevada del mundo (el FMI estima que para el 2017, será de 720%). Segundo, planteó la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, lo cual sorprende pues admite que la Carta Magna bolivariana de 1999 debe ser sustituida. Para la oposición, que sólo parece concebir la derrota como desenlace, esta “Asamblea Nacional Prostituyente” no es un chance para revertir el declive, sino un paso en la consolidación del golpe de Estado oficialista iniciado con la suspensión a la elección de gobernadores y el intento de anulación de poderes al poder legislativo. En fin, en medio de fuegos pirotécnicos diplomáticos dignos del chavismo en su apogeo, Venezuela anunció su separación de la Organización de Estados Americanos (OEA). Para Caracas, el ente practica, por medio de su defensa al régimen democrático, una inaceptable injerencia en asuntos soberanos internos.

Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, EE.UU. Honduras, Jamaica, Guatemala, México, Panamá, Paraguay, Perú, y Uruguay, solicitaron al Consejo Permanente de la OEA, desde el 26 de abril, una reunión de cancilleres de las Américas para evaluar la situación. En medio de varios esfuerzos y de mucha decepción, el ente no ha logrado concretizar la reunión (al 15 de mayo, se esperaba que la misma tuviera lugar el último día del mes). Claro, la salida de Venezuela de la organización está lejos de ser un hecho, no solo porque Maduro no puede tomar esa decisión, al menos no en el marco constitucional actual, sino también porque en los 24 meses que tarda el proceso, mucho puede suceder, incluyendo el colapso del gobierno.

Dos signos preocupantes, creo, sin embargo, deben ser resaltados. Primero, la OEA sigue siendo fiel a su persistente incapacidad a constituirse en foro político interregional. Aplicar el artículo 19 de la Carta Democrática Interamericana de nada ayudaría a Venezuela e impondría una auto-exclusión del organismo del escenario nacional (como le sucedió con el caso hondureño en 2009). Segundo, si bien lo sé, hay que evitar ser marioneta de intereses privados (sobre todo en marcos tan polarizados como el venezolano), y soy el primero en argumentar que el primer creador del chavismo fue la miope y egoísta élite venezolana del Pacto de Punto Fijo, que vendió un proyecto de “democracia representativa” que con costos fue tal, se debe tener la lucidez de aceptar que la situación hoy no está bien en ese país: por poco no hay división de poderes, la economía es hoy más dependiente que nunca del petróleo, y el respeto de los derechos de las minorías no parece estar garantizado. ¿Hasta luego Venezuela? Esperemos que no.

Fernando A. Chinchilla

Lima (Perú) y Cholula (México), mayo de 2017