#HojaDeRuta: “Mucha risa”

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Tenemos derecho a reírnos del poder. No está consagrado en la constitución ni alguna ley secundaria a la letra, pero la mofa de quienes mandan está protegida por la solidaridad de los burlones y por la libertad de expresión.

El cartón político ha sido históricamente uno de los estandartes donde se plasma el derecho a la risa. Por mucho tiempo fue una de las únicas vías de escape a la opresión, un acto de rebeldía y además, una forma de pedagogía, pues simplificaba la complejidad de la realidad política para que cualquiera pudiese entenderla.

Corría noviembre del 2010 cuando en una entrevista para La Jornada preguntaron al Maestro Naranjo a cuántos presidentes había hecho enojar con sus cartones: “Pues que yo sepa, desde que empecé a dibujar, a todos”, respondió.

El Maestro consideraba la caricatura política un medio de comunicación, pero no uno cualquiera, pues tenía la virtud de permitir la cercanía con la gente. Los monos tienen un poder enorme: bajar a los de arriba de su altar, desnudar sus intenciones, mostrar sus verdaderos colores, así se publique a blanco y negro.

A este respecto el Maestro Naranjo (que después de más de 20 mil cartones algo sabía del oficio) abundó: “La caricatura los ridiculiza (a los políticos) y es algo que no soportan, porque todos tienen una apreciación de sí mismos como si ya estuvieran en el Olimpo; piensan que son intocables, buenos. Los políticos en México creen que son benéficos e imprescindibles, los de antes y los de ahora, tienen un ego impresionante. Entonces, cuando hacemos dibujos en los que los ridiculizamos, pues imagínate. Pero han aprendido a aguantarse, ya no les queda de otra”.

A la riquísima tradición de monos mexicanos se ha sumado en los últimos años una nueva forma de humor gráfico: el meme. Este fenómeno de la informática funciona para cualquier ámbito. Hay memes de cine, ciencia, deporte, arte, filosofía, literatura, letras, países, culturas, ciudades, comida, tradiciones, historia, comida. 

Los memes no tienen una sola forma y son un complejo fenómeno cultural, o, como lo define la Guía de Memes de la revista Wired: los memes son instantáneas de la cultura. Pueden presentarse en forma de macros (una plantilla base que se reusa), GIFs, videos y hashtags, por nombrar algunas formas.

De acuerdo a la guía de Wired, el término “meme” fue acuñado en 1976 por el biólogo evolucionista Richard Dawkins bajo una premisa fascinante: las ideas culturales no son distintas de los genes, en el sentido de ser conceptos que tenían que pasarse de cerebro a cerebro, replicándose, y mutando en el proceso: “pedazos de ADN cultural que codifican las experiencias compartidas de la sociedad mientras evolucionan constantemente”.

Aunque el concepto surgió antes de la era de la informática, su principio de carga cultural permanece. Como prácticamente todos los usuarios de Internet, soy un asiduo consumidor de memes, incluso ya existe tal cosa como una Real Academia de los Memes que entrega premios en nuestra ciudad, incluso me atrevería a hablar de personas con una sensibilidad particular para realizar una curaduría de memes, como mi amigo el escritor Jonathan Gutiérrez-Hibler, que se ha convertido en una suerte de sommelier del humor digital.

Pero hay un debate importante que hay que tener: nuestro derecho a reír es sacrosanto, pero llevar todo al terreno de lo cómico pudiera estar banalizando ciertas situaciones, mejorando la imagen de ciertos personajes e incluso normalizando ideas que son completamente reprochables.

La guía de Wired reflexiona al respecto: “Dejar que todos disfruten sus chistes en paz no suena tan mal, y hasta cierto punto, no lo sería. Pero tanto el Estado Islámico como la llamada alt-right (nueva extrema derecha) están usando memes para reclutar nuevos seguidores. Bromas caricaturescas resultan ser un punto de entrada amable y efectivo para las ideologías más extremas”.

El otro caso se desenvuelve en estos mismos momentos: la imagen de EPN parece estar siendo redimida, o cuando menos, tolerable, justamente por el aprovechamiento de la ridiculización extrema de sus frases, comportamientos y pifias. No es casual que en el último año EPN contestó preguntas sobre sus memes en Instagram y ha comenzado a “contestar” desde sus cuentas oficiales en Facebook y Twitter a comentarios humorísticos.

El riesgo de convertir a Peña Nieto en un meme viviente es que se vuelve un objeto de gracia, una pieza de humor cultural compartido de la que muchos preferirán tener una selfie que reclamarle su Casa Blanca o el esclarecimiento de Ayotzinapa. No dejemos de reír, pero sin olvidar que así como la burla desarma al poder, el poder puede usar la burla para sus fines.

Aquí los mejores memes que nos dejaron el segundo #DebateINE

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¿Qué es lo mejor que nos deja el segundo #DebateINE? Definitivamente no son las propuestas de los candidatos, ya que de esas no hubo muchas o casi ninguna, lo mejor que nos dejo fueron los memes. Por lo tanto el equipo de Altavoz MX te hace un resumen de los mejores:

  1. “Ricky, Riquin, Canallin…” ¿El viejito de oro se gancho con el bebé?

2. “Dale con lo de la honestidad morro”

3. No podía faltar el mocha manos… Que por cierto, insistió en su propuesta…

4. ❤

5. Hubo momentos en el que el #DebateINE estaba mejor que “La Rosa de Guadalupe”.

6. Pobre vato, lo dejaron en el limbo.

7. “Tromp, trompin, trompetin”

Un tuit y un SMS no bastan: Parte 1

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Los seres humanos seguimos los pasos siguientes para formarnos una idea propia del mundo. Primero, registramos nuestra experiencia diaria y directa con la realidad. Segundo, tomamos registro de lo que nos dicen los medios de información. Tercero, socializamos las noticias. Esto es, contrastamos lo que vivimos diariamente, lo que nos cuentan los medios y lo que nos dice la gente con la que convivimos como amigos, familia o colegas de trabajo, para confirmar o desechar la información que ya tenemos.

Contrastamos lo que vivimos diariamente, lo que nos cuentan los medios y lo que nos dice la gente con la que convivimos como amigos, familia o colegas de trabajo, para confirmar o desechar la información que ya tenemos.

La calidad de la democracia, entre muchas otras cosas, depende de la información que nos dan los medios de comunicación y de cómo la consumimos los ciudadanos. Son dos componentes que forman parte de un mismo problema.

Absolutamente todo impacta y moldea nuestra manera de ver y entender los problemas políticos, económicos y sociales. Por un lado, está la manera en la que los periódicos, los noticieros de radio, de televisión y sus correspondientes plataformas en internet, nos informan de los hechos más relevantes de México y el mundo. Por el otro, está cómo nosotros consumimos la información y qué hacemos con ella.

Lo ideal es que los medios de comunicación den información que nos ayude a los ciudadanos a ser críticos, a ser conscientes de lo que los rodea. El objetivo es tener una visión más completa y objetiva para tomar mejores decisiones.

Para hablar de estas aristas dividiré en dos partes este ensayo. En esta ocasión, sólo escribiré sobre los ciudadanos, en específico, los jóvenes. De acuerdo con el Imjuve, son personas entre 12 y 29 años y, en México, son los mayores consumidores del flujo de información que circula en internet.

38 millones 233 mil 665 de mexicanos se encuentran en este grupo de edad y prácticamente todas tienen un Smartphone. Potencialmente, estos jóvenes tienen la posibilidad de consultar información relevante en cualquier momento.

La Primer Encuesta Nacional sobre Consumo de Medios Digitales y Lectura confirma datos que intuíamos y aporta otros muy interesantes. Los jóvenes utilizan primordialmente el internet para “chatear”. La segunda actividad es el uso de las redes sociales (Facebook y Twitter, principalmente). De los 21 usos que se enlistan en esta Encuesta, informarse de las noticias ocupa el décimo lugar; conocer las opiniones de los demás, el doceavo.

Sus fuentes de noticias se reducen a tuits, memes y mensajes de SMS. ¿Qué calidad de ciudadanía podemos tener si dos quintas partes de los mexicanos reducen a esto el ejercicio de informarse?

La novedad, al menos para mí, es que los jóvenes consumen “información noticiosa” que ya fue interpretada y viralizada en mensajes breves, de lectura fácil y amigables para sus dispositivos móviles. Los jóvenes siguen un patrón: “casi nunca refieren a un medio informativo propiamente dicho como su fuente”. Estos contenidos simplificados tienden a ser “tendenciosos, con un alta carga de amarillismo y de sarcasmo”.

Lo peligroso es que se le da crédito a versiones parciales, falsas e incompletas de la realidad.

Es decir, sus fuentes de noticias se reducen a tuits, memes y mensajes de SMS. ¿Qué calidad de ciudadanía podemos tener si dos quintas partes de los mexicanos reducen a esto el ejercicio de informarse? Lo peligroso es que se le da crédito a versiones parciales, falsas e incompletas de la realidad. Dudo que la visión del mundo que tengan los jóvenes a partir de estos datos abone a una discusión seria y acertada sobre los problemas que enfrentamos como país.

Es claro que las generaciones anteriores fallaron al no habituar a los nuevos ciudadanos a leer un periódico todas las mañanas o a escuchar el noticiero. ¿Cómo se puede motivar a los jóvenes para que le dediquen tiempo a estas actividades?

Es necesario que como sociedad hagamos lo posible para que los jóvenes se interesen por la política y exijan mejores acciones de gobierno. Los medios de comunicación tienen el reto de hacer la información más atractiva para no desaparecer conforme estos mexicanos crezcan y se conviertan en el segmento poblacional mayoritario.

En la segunda parte de este ensayo hablaré sobre la responsabilidad que tienen los medios de comunicación respecto a la calidad de la información que generan.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”