Crónica de una tragedia

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Han pasado más de seis meses desde aquél sábado 28 de marzo en donde un personaje que más tarde daría mucho de qué hablar afirmaba que había llegado la hora cero. La vida y la integridad de los mexicanos habrían llegado a su riesgo máximo. Hoy, tras 193 días de confinamiento, por lo menos 80 mil personas no podrán contar con la suerte de lo que será hablar en un futuro de lo vivido durante un año tan extraño pero tan trascendente para la humanidad.

Fue el 28 de febrero cuando la enfermedad pisó territorio nacional, cuando oficialmente se registró el primer caso; y un par de semanas después, el 18 de marzo sucedería el primer fallecimiento por el nuevo SARS-CoV-2 en México. Aquél primer deceso se trató de un hombre de 41 años que estaba internado en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), y que además padecía de diabetes. A los dos días, la Secretaría de Salud, por medio del Dr. Epidemiólogo José Luis Alomía, habría confirmado la segunda muerte por COVID-19. Un hombre que habría regresado de California y padecía problemas de hipertensión.

Así, poco a poco el virus avanzó a lo largo y ancho de los casi 2 millones de kilómetros cuadrados de la República, ganando múltiples batallas dentro y fuera de los hospitales. Tanto, que al término de marzo, al menos la mitad de las entidades federativas contaban ya con al menos una vida perdida.

El saldo mortal de la pandemia puede resumirse de la siguiente manera: 423 muertes cada 24 horas; aunque sabemos que esta cantidad deriva día con día. Marzo cerró con 80 fallecimientos; en abril se comenzaba a percibir la complejidad del problema, llegando a 3,546; para mayo, se habría por lo menos triplicado la cifra con 12,450 fallecidos, llegando a 17,516 durante el mes de junio; y el punto más alto de la pandemia con 19,839 fallecimientos durante el mes de julio; para posteriormente mantener el número de letalidades registradas para el mes de agosto, llegando a 15,451. A falta de la actualización de datos, hasta el momento septiembre ha cerrado con 9,880 defunciones, por lo que es probable que el ajuste a la alza sea bastante significativo, así como con los datos para octubre.

Por supuesto, la distribución territorial de las víctimas no es pareja, en ciertas entidades del país tanto los contagios como los decesos son más intensos que en otros. Desde la llegada de la pandemia, es innegable y completamente esperada la concentración de la misma en entidades como el Estado de México, la Ciudad de México, y Veracruz, estados con una gran cantidad de población y que en su conjunto representan a por lo menos una de cada tres defunciones por coronavirus en nuestro país. Así es, uno de cada tres fallecidos durante esta pandemia residía en cualquiera de estos tres estados.

El Estado de México es la entidad en donde el 15.03% de los fallecimientos ha sido registrado, en segundo lugar se encuentra la Ciudad de México, concentrando al 12.39%, seguido de Veracruz, en donde han sucedido el 5.64% de las letalidades. A estos los siguen Puebla, Baja California, Jalisco, Sinaloa, Nuevo León, Guanajuato y Sonora; en ese orden se sitúan los 10 estados en donde el 62.59% de los fallecimientos han sucedido.

Han sido más de 6 meses en donde se ha visto a personajes despegar en popularidad, pero con esa misma aceleración caer en la infamia. Tal es el caso del Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, en quien ha caído la responsabilidad, ahora sabemos que inmerecida, del manejo de una situación que rebaza a cualquier hecho histórico que haya sucedido en nuestro país durante los últimos 100 años.

Las nuevas desigualdades

Seis meses en los que se ha evidenciado al país en sus fortalezas, pero sobretodo en sus carencias. En las desigualdades y en los muy amplios temas en los que cojea la nación. Un país que se ha visto obligado a confinarse sin la capacidad para hacerlo.

La discusión sobre las desigualdades ha revelado hoy en día dimensiones que hasta el momento parecen necesidades básicas para un sector reducido de la población. En México hay 18.3 millones de hogares que disponen de Internet mediante conexión fija o móvil, 52.9% del total nacional. La mayoría de las viviendas que no cuentan con acceso (16.4 millones de hogares) corresponden a la población con menores recursos. En este punto, el golpe a la educación será inconmensurable, con clases forzosas a la distancia, el acceso al internet ahora forma para de otra de las tantas desigualdades en nuestro país.

Por supuesto que este asunto de las nuevas desigualdades es digno de hacerle otro relato, no obstante, en el marco de la pandemia y de la crónica de una tragedia, existe una en especial, una vieja desigualdad que ha vivido varios años bajo la sombra de la verdad: La calidad de los servicios de salud.

A pesar de los esfuerzos e instituciones que han dado ciertos resultados, esta desigualdad explica lo que hoy en día ha sido la tragedia de morir en una crisis por la negligencia, la falta de profesionalismo, corrupción, entre otras culpas.

Un reciente estudio publicado por Nexos confirma lo que en este sentido se comenta. Mientras que en recintos e instituciones privadas, la tasa de sobrevida, o el porcentaje de pacientes supervivientes a la enfermedad una vez en terapia intensiva fueron de 84.3%; en instituciones del Instituto Mexicano del Seguro Social, la misma tasa es de apenas el 55.4%. 4.5 de cada 10 pacientes hospitalizados en el IMSS han fallecido, contra 3.1 en hospitales de la Secretaría de Salud o 1.6 del sector privado. Este fuerte contraste entre el sector público y privado, se traduce en decenas de miles de vidas.

Si bien, esta diferencia debe incluir sin lugar a dudas el tipo de pacientes que están siendo atendidos por cada sector, es innegable que otro factor que explica este resultado es la calidad hospitalaria-institucional. Por ejemplo, diferencias en infraestructura hospitalaria, equipo, disponibilidad y capacitación del personal, protocolos de atención, etcétera. Algunas de estas diferencias son, por supuesto, estructurales. La pandemia ha hecho más visibles a las fragilidades, las insuficiencias presupuestales y, por supuesto, a las desigualdades arraigadas, que en la práctica condicionan el derecho a la salud.

La tragedia

En cuanto a las muertes reportadas por millón de habitantes, se ha volteado a ver a México con gran preocupación, ubicándolo en el 9no lugar con 633, recientemente superando al Reino Unido.

Ni la infamia, ni los decesos, ni los casos, ni las desigualdades, ni siquiera los más de 1,500 médicos que han muerto en el frente de batalla han sido nota suficiente para esta crónica. No habrá justicia suficiente, sino la historia la que colocará la verdad. Y lo peor en esta crónica, es que la tragedia aún no culmina.  

 

Saturan muertos al IMSS en la CDMX

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Ante el repunte de casos de COVID-19 y la tardanza de los familiares en recoger los restos de sus muertos, algunos hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el Valle de México registran saturación de cuerpos.

Algunos testimonios recabados en diversos hospitales como el de La Raza, El General de Zona 27, así como en hospitales de infectología y de Especialidades, todos del IMSS, se conicide en que las zonas de Patología lucen desbordadas y los cuerpos se quedan en pasillos contiguos.

Se explicó para el diario “El Reforma” que estos pasillos suelen almacenar hasta 30 cuerpos, no obstante para esta primera semana de mayo fueron insuficientes. No obstante, de acuerdo a los mismos testimonios, esto también obedece a que los familiares tardan en recoger los cuerpos, alegando que se es igual de lento encontrar una forma de cremar o sepultar al defunto.

Un chofer de la funeraria Funeza asegura que La gente no tiene dinero, buscan lo más barato, los hornos públicos están saturados y por lo mismo están haciendo negocio, cobran hasta 6 mil por cremación, cuando deberían cobrar 2 mil (…) Los particulares cobran hasta 12 mil pesos, es un problema encontrar lugar en los hornos y ahora hay que buscar panteones, eso tarda“.

Ante esta situación trabajadores del Seguro Social comentan que: “Existen días de saturación, pero los cuerpos no es que estén ahí abandonados, como se va desocupando Patología se van acomodando los cuerpos; todo el personal toma precauciones para evitar contagios y la verdad es que tardan mucho las decisiones de los familiares”.

Con información de Reforma