El 2015 cierra con broche verde… cito

Concluyen las dos semanas más importantes del año y con ellas se consolida por fin el Acuerdo de París. El 2015 cierra con broche verde, ¿más o menos? El Acuerdo es un tratado internacional vinculante [1] que persigue la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera para frenar el aumento de la temperatura global a no más de 1.5º C por encima de los niveles per-industriales [2]. El 2015 es histórico puesto que es la primera vez que 196 países signatarios (en otras palabras, casi el mundo entero, países desarrollados y en vías de desarrollo) se comprometen a trabajar juntos hacia una eliminación gradual de las energías basadas en los combustibles fósiles para llegar a un mundo de bajas emisiones de carbono y con resiliencia al clima.

Sin embargo, aunque la voluntad internacional apunta hacia economías y sociedades limpias de emisiones cero, es muy probable que a nosotros no nos toque ver los resultados finales de este acuerdo, que no nos toque vivir en un mundo con 100% de energías renovables. ¡Pero “pa’ allá vamos”! En el gran panorama de las cosas, los resultados de esta conferencia son positivos, haciendo que ambientalistas, activistas, funcionarios de gobierno, diplomáticos alrededor del mundo (y yo) celebren el que se haya comenzado la carrera por salvar el planeta —literalmente— de una catástrofe ambiental.

Todavía hay quienes desean extender lo más que se pueda los beneficios que trae la extracción de este tipo de recursos para su economía.

The catch, como dicen, la “trampa” de este acuerdo es que existen países y economías que aún quieren sacar el máximo provecho económico de explotar sus recursos de carbono, y tienen todo el derecho de hacerlo. Digo, no a todos les tocó el boom industrial al mismo tiempo. A lo que en décadas pasadas a los países desarrollados les tocó el boom de la explotación de sus recursos de carbono, algunos países a penas se encuentran en su propio boom. En otras palabras, todavía hay quienes desean extender lo más que se pueda los beneficios que trae la extracción de este tipo de recursos para su economía. Estos países “frenan” la necesidad de muchas naciones y poblaciones vulnerables de hacer la transición hacia las energías renovables. Y para estas naciones, el fin de la cumbre no da muchos motivos por qué celebrar.

Como el cambio climático es uno de los temas más complejos de la humanidad, por supuesto que el diálogo es mucho más grande de lo sucedió en París. Aún así, los pros y los contras de este acuerdo se pueden resumir (amplia e imperfectamente) en los siguientes puntos:
¥ Lo primero es que hace unos meses se hablaba de mantener las temperaturas globales por debajo de los 2º C, y ahora se firmó una meta de no más de 1.5º C.
¥ Las Metas de Contribuciones [3] Determinadas Nacionalmente (mi traducción de Intended Nationally Determined Contributions o INDCs) propuestas por los países previo a las negociaciones fueron mucho más ambiciosas, comprometedoras y específicas que hace seis años, cuando se acordaban por primera vez nuevas metas post-Protocolo de Kioto, y post-2020. Pero, de acuerdo a los expertos climáticos, aunque hubo progreso y se estipula que los nuevos compromisos mantengan las temperaturas dentro de un rango de 2.7 a 3.7º C (a diferencia de los casi 5º calculados con un modelo de business as usual), este rango no es lo suficiente bueno como para evitar catastróficas consecuencias medioambientales y sociales. Además, las INDCs seguirán siendo voluntarias y sin consecuencias jurídicas de no cumplirse.
¥ Por otro lado, el nuevo sistema de chequeo de las INDCs cada 5 años, implementado en el nuevo acuerdo y referido en las negociaciones como el mecanismo de “trinquete” de los compromisos, es el que se espera continue empujando a una mayor ambición por país para la reducción de emisiones.

Los países también lograron establecer una línea del tiempo para llegar a las emisiones cero, y se espera alcanzar entre los años 2050 y 2100.

¥ Los países también lograron establecer una línea del tiempo para llegar a las emisiones cero, y se espera alcanzar entre los años 2050 y 2100.
¥ El financiamiento destinado a ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático y la transición a la energía limpia se estableció también, por lo menos hasta el 2025 se movilizará colectivamente un flujo de $100 mil millones de dólares, y a partir de ese año, los 100 mil millones serán tan sólo un “piso” a partir del cual se debe de escalar. Por otro lado, los países más pobres, los más afectados por el cambio climático y quienes más necesitan este financiamiento no celebran este punto, puesto que esta parte del acuerdo se ha movido a la sección de “texto de decisión”, o la sección jurídicamente no vinculante. Esto se considera por muchos una especie de concesión a los Estados Unidos, cuyo senado podría volver a impedir que el país firmara el acuerdo, como sucedió con el Protocolo de Kioto.

Numerosos grupos indígenas y de defensa a los derechos humanos levantan la bandera roja de protesta, con toda razón, alegando que, de nuevo, las negociaciones resultaron de nuevo en un acuerdo meramente “comercial”.

¥ Numerosos grupos indígenas y de defensa a los derechos humanos levantan la bandera roja de protesta, con toda razón, alegando que, de nuevo, las negociaciones resultaron de nuevo en un acuerdo meramente “comercial”, permitiendo a las naciones desarrolladas “mercantilizar y vender tierras boscosas como compensaciones de carbono en esquemas fraudulentos […] que proporcionan un mecanismo de lavandería financiera en el traspatio, en los países del sur”. El acuerdo sí contempla las necesidades de estos grupos, así como las cuestiones de género y de derechos humanos, pero las “movió” a una parte del acuerdo en donde no están operacionalizadas, es decir, que no describen mecanismos lo suficientemente claros como para proteger a estos grupos y no existen consecuencias claras para quienes no aborden estas cuestiones en sus compromisos.

¿Avances? Los hubo. ¿Suficientes? Por supuesto que no. Este acuerdo es un comienzo, es el inicio de la carrera hacia un mundo totalmente limpio.

¿Avances? Los hubo. ¿Suficientes? Por supuesto que no. Este acuerdo es un comienzo, es el inicio de la carrera hacia un mundo totalmente limpio y en donde las personas más afectadas por el cambio climático están siendo asistidas por quienes son los mayores responsables. Como comentaba en contribuciones pasadas a Altavoz, por lo menos ya hay consenso de que es posible llegar a este mundo en donde las energías renovables y el crecimiento económico van de la mano. Tal vez no todos lleguemos a ver el mundo en el año 2100, cuando hayamos hecho la transición completa hacia un mundo libre de emisiones de gases de efecto invernadero y en donde los mayores riesgos de un aumento en las temperaturas se hayan evadido, pero ya vamos entendiendo que es posible, y por lo pronto nos vemos en cinco años para “checarnos” a ver cómo vamos en la labor que nos toca a todos.

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[1] Que otorga a los signatarios responsabilidades con consecuencias legales (de derecho internacional).
[2] Los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero que tenía el mundo previo a la revolución industrial.
[3] Contribuciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera por país.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Recuento de la Primera Semana de la COP21

En su fiesta de 21º aniversario, las Partes (los países miembros) de la Comisión Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático parecen estar pasándola genial. En la COP21 reina un ambiente de optimismo tras la primera semana, pues se completó el borrador del acuerdo, hay cooperación entre países tradicionalmente antagonistas, los intereses están alineados y existe un sentido de urgencia compartido. Pero como todo rito de pasaje, incluyendo el de cumplir 21 años y tomar más responsabilidades que antes, para algunos puede ser muy significativo, pero otros tantos creen que nada cambia.

A grandes rasgos, existen tres objetivos por cumplirse de aquí a 2050 con ayuda del nuevo acuerdo que saldrá de estas negociaciones; 1) detener el aumento de la temperatura global hasta 1.5º C por encima de los niveles pre-industriales; 2) aumentar la capacidad de los países para adaptarse a los efectos adversos del cambio climático; y 3) perseguir una transformación hacia un desarrollo sustentable, que promueva sociedades y economías resilientes y de bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

El primer borrador del acuerdo comprende todos estos puntos, reconoce la vulnerabilidad que tienen las naciones insulares ante los efectos adversos de los cambios, prevé la necesidad de checar cada cinco años los compromisos establecidos, considera permitir a los países en desarrollo cubrir su demanda de energía por unos años más y no obstaculizar su crecimiento económico basado en energías hidrocarburos, contempla la posibilidad de establecer un comité de revisión de los compromisos, entre muchos otros puntos que hacen a la negociación una cosa muy compleja. El documento borrador consta, hasta hoy, de 26 páginas aproximadamente, con muchos paréntesis y opciones de compromisos aún por negociarse.

La parte difícil de la negociación, la que puede estar atrasando el proceso, como suele suceder en toda negociación, es la de las finanzas: quién paga qué.

La parte difícil de la negociación, la que puede estar atrasando el proceso, como suele suceder en toda negociación, es la de las finanzas: quién paga qué. Por ejemplo, se había establecido un monto por 100 mil millones de dólares para un fondo destinado a acciones de adaptación cuya distribución sería de 50/50 entre los asistidos y los asistentes. Este monto, así como el porcentaje de distribución, están cambiando y son inciertos aún. Los Estados Unidos y China demandan que más países contribuyan al fondo para comprometerse, porque se reconoce 100 mil millones serán tan sólo una base para el fondo, no una cantidad fija.

De entre los haters de la “fiesta” se encuentran algunos científicos que han revisado las propuestas de reducción de gases de efecto invernadero de los países. Desconcertantemente, afirman que estas no serán suficientes para evitar que la temperatura global pase de los 1.5º C estipulados y desafortunadamente sobrepasarán los 3º o casi 4º C con temibles consecuencias para la vida como la conocemos.

Recordemos que un 95% de los países asistentes ya habían entregado sus propuestas voluntarias, en lo que llaman las responsabilidades comunes pero diferenciadas, uno de los nuevos elementos clave de este acuerdo.

Otros analistas políticos argumentan que no habrá mucha diferencia entre esta conferencia y las de años pasados. Términos que se usan para describir este acuerdo han sido: evasivo, completamente voluntario, no vinculante. Recordemos que un 95% de los países asistentes ya habían entregado sus propuestas voluntarias, en lo que llaman las responsabilidades comunes pero diferenciadas, uno de los nuevos elementos clave de este acuerdo. Aunque, vaya, consideremos también que algunos de estos analistas también se apoyan en la idea de que los efectos del calentamiento global ¡no se sentirán tan gachos como nos imaginamos! Que son una exageración, y que todo está basado en inciertos. Mientras estos supuestos sí son sólo eso, supuestos… estudiados, no creo que nos podamos dar el lujo de una actitud de brazos cruzados (o de haters, valga el chiste), y el ímpetu que cargan estas negociaciones es importante fomentar y mantener.

El problema del cambio climático nos concierne a todos los humanos en todos los niveles de acción.

Los últimos haters son miembros de la sociedad civil (que no figuraron como invitados a la misma, ¡bah!) quienes argumentan que lo que está sucediendo dentro de las instalaciones de la COP21 es una pérdida de tiempo. Comentan que los países que contribuyen con la mayor parte de las emisiones están en una actitud de business as usual, que son sólo una bola de políticos de alto nivel sentados y aburridos. Estos activistas realizan simultáneamente una COP simbólica, alternativa, con una diversidad de actividades, desde exposiciones de arte, un foro alternativo sobre el clima, un mercado campesino y demás. Con estas actividades buscan demostrar que es la sociedad civil, empoderada a través de su conocimiento y el consumo local y verde, la que puede traer el mayor cambio. Aplausos, aplausos libres de sarcasmo. El problema del cambio climático nos concierne a todos los humanos en todos los niveles de acción.

Aún con cinco días para la conclusión de la COP, y con toda la incertidumbre aquí comentada, hago hincapié en que no se debe de subestimar el progreso de los últimos años hacia energías, economías y sociedades más sustentables. En palabras del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, el año pasado la economía global creció mientras que las emisiones globales de hidrocarburos se mantuvo “plana”. Hemos roto ya con la antigua creencia de que un fuerte crecimiento económico y un medio ambiente más saludable son términos incompatibles. Estaré al pendiente de los avances del acuerdo a medida que cierran las negociaciones. Les cuento más tarde, por lo pronto, peace out.

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Reflexiones tras la marcha climática más grande de la historia

El día de ayer, domingo, se celebró una marcha a nivel mundial a favor del clima en nuestro planeta. Más de 130 organizaciones de la sociedad civil conforman la Coalition Climat 21, alianza que convocó a más de medio millón de personas en 175 países, a marchar para exigir a nuestros gobernantes que se reúnen a partir de hoy en la COP21[1] en Francia que se comprometan, con más vigor que nunca, a garantizar una rápida transición de los combustibles fósiles a las energías renovables, para preservar el clima como lo conocemos y mitigar el calentamiento global.

Lo importante es que ésta califica como la marcha más grande de la historia en nombre del clima, ha roto todos los records y por ello hará eco en los discursos y compromisos de los países más influyentes en la cumbre de cambio climático.

La marcha tuvo muchos nombres, Marcha por la Justicia Climática, la Marcha de la Gente por el Clima, Marcha Mundial por el Clima, entre otros. Lo importante es que ésta califica como la marcha más grande de la historia en nombre del clima, ha roto todos los records y por ello hará eco en los discursos y compromisos de los países más influyentes en la cumbre de cambio climático.

En una plaza pública de París, se colocaron simbólicamente miles de pares de zapatos donados para visualizar la voluntad del pueblo francés ante la cumbre.

Ha sido terrible ver que uno de los países que más ha hecho por aumentar la conciencia climática, Francia, haya estado limitado para marchar el día de ayer. El gobierno francés, en su estado de alerta nacional tras los ataques terroristas del 13 de noviembre, prohibió las demostraciones públicas y las protestas en masa. De acuerdo a los números de avaaz.org, la principal convocante de este movimiento global, unos 400,000 parisinos hubieran marchado en vísperas de la COP. Las tecnologías de información, sin embargo, llegaron de nuevo a esperanzarnos, y fue gracias a ellas que muchas personas alrededor del mundo pudieron conectar con quienes no pudieron marchar a través de una iniciativa llamada #March4Me (marcha por mí), y llevar sus nombres en la marcha. Asimismo, en una plaza pública de París, se colocaron simbólicamente miles de pares de zapatos donados para visualizar la voluntad del pueblo francés ante la cumbre.

Aquí en Monterrey también se celebró la marcha, pero como era de esperarse, fue muy pequeña y su mensaje fue extremadamente disperso. Los voceros hablaban de la conservación de las especies y la contaminación en los mares, otros del uso excesivo de pesticidas, otros más del campo y las sequías, pero parecía que nadie comprendía la verdadera razón por la cual el mundo se levantó, y es para exigir justicia climática y ejercer presión.

Se marcha por la justicia climática, porque los países industrializados, los culpables históricos del aumento de las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera y el consecuente aumento de las temperaturas globales, son quienes menos sufren los efectos del cambio climático e, irónicamente, son quienes están más preparados (en recursos económicos, en tecnologías y en conocimiento) para adaptarse a los mismos. Al mismo tiempo, son los países menos desarrollados, los que no han contribuido casi nada en las emisiones de CO2, los peores golpeados y los menos capaces de adaptarse.

El protocolo impuso metas de reducción de emisiones sólo a los países desarrollados, dando a las naciones en desarrollo como China, India y Brasil un pase libre.

Se marcha para ejercer presión a los gobiernos, pues el Protocolo de Kyoto, tratado histórico de reducción de GEI originado en la conferencia de Rio de Janeiro de 1992 y que terminó en 2012, fracasó. El protocolo impuso metas de reducción de emisiones sólo a los países desarrollados, dando a las naciones en desarrollo como China, India y Brasil un pase libre. En los últimos años, a estos países los ha caracterizado un crecimiento muy acelerado de industrias basadas en los combustibles fósiles. Y también se marcha porque la última conferencia global en donde se trató de imponer un nuevo acuerdo, Copenhague en 2009, la discrepancia entre países fue casi derrotadora.

Hasta el momento, más de 170 países, que representan más del 90 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero han presentado sus compromisos y aún más pueden surgir estas semanas en París.

Reitero mi entusiasmo sobre la COP21 en París, porque sé que los organizadores han aprendido mucho de los errores del pasado. En lugar de volver a perseguir un acuerdo con el enfoque de “arriba hacia abajo” (top-down approach) con objetivos fijos, esta vez han pedido a todos los países a presentar un plan nacional que establezca cómo y por cuánto planean reducir sus emisiones en los próximos años. Hasta el momento, más de 170 países, que representan más del 90 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero han presentado sus compromisos y aún más pueden surgir estas semanas en París.

También es éste el momento en que tres elementos cruciales para las negociaciones conjugan ahora y no lo hacían antes: 1) una mayor conciencia global sobre el problema, 2) las tecnologías y las energías renovables son más accesibles que nunca, y 3) una voluntad política fuerte, sobre todo de dos de los jugadores más importantes, China y los Estados Unidos.

La preservación del clima como lo conocemos hoy es un derecho humano por el cual se debe luchar. El cambio climático tiene todo que ver con el futuro de nuestra seguridad alimentaria, con la oferta de empleos de calidad, con las diferentes fuentes de energía y con la erradicación de la pobreza. El tema del cambio climático es uno de los más intersectoriales que existen. Quizás sea por ello, por la complejidad del tema, que no se pudo articular un mensaje claro en la marcha en Monterrey. Me aseguraré de seguir luchando por esclarecer la importancia del tema.

En efecto, este ha sido otro caso en el que, como entusiasta de las conferencias de este tipo, fui retada con alegaciones como “no va a servir para nada”, o “no creo que una marcha haga nada”. Y aunque mis conocidos y amigos sí tuvieron razón sobre la marcha en Monterrey, es decir, se comprueba que un evento que resuena con mucha fuerza en muchísimas otras ciudades parece un chiste en mi Monterrey, me emociona saber que no estuvimos solos.

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[1] 21º Coferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC)

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

LA HORA CERO CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO – PARTE 2

En el caso de México, más allá de que la población no sepa qué es el cambio climático o que no haya voluntad política por contribuir a la mitigación, la población aún no sabe muy bien a quién y cómo le afecta. El cambio climático simplemente aún no se ve, o por lo menos no se nos presentan historias de individuos directamente afectados por él. Si bien el fenómeno de Patricia logró advertir que las poblaciones costeras en México son vulnerables a fenómenos naturales que van aumentando en fuerza y frecuencia, no existen investigaciones suficientes de todas las implicaciones humanas y económicas del cambio climático en nuestro país. ¿Qué tal acerca de los pescadores acapulqueños y el peligro de quedarse sin sustento? ¿O de las ciudades veracruzanas cuya principal actividad económica es el ecoturismo? ¿Qué si los arrecifes del caribe se mueren por completo? ¿Y si los tarahumaras se ven obligados a dejar por completo sus tierras porque ya no son fértiles? ¿Qué tal si la falta de lluvias en Sonora detiene fábricas enteras por falta de suministro de agua?

En el caso de México, más allá de que la población no sepa qué es el cambio climático o que no haya voluntad política por contribuir a la mitigación, la población aún no se sabe muy bien a quién y cómo le afecta.

En ciudades como Monterrey, una urbe protegida por las montañas y lo suficientemente poderosa como para asegurarse recursos energéticos e hídricos por décadas (Ahem, ¿Monterrey VI?), el cambio climático sólo se vuelve real cuando tu abuelita te dice en diciembre que “ni te quejes, porque el frío estaba más gacho en mis tiempos, mijita”. Eso es todo. Debido a que los efectos del cambio climático son globales, dispersos, irregulares, y en general están teñidos por la incertidumbre, pensar en que debemos de actuar con urgencia, y sobre todo invertir recursos y cambiar comportamientos ante un problema tan invisible, es una idea que roza lo ridículo.

Para ejemplificar cómo el cambio climático golpea más fuerte en algunos sitios que en otros, podemos aprender de una actual campaña por Human Rights Watch, que evidencia los golpes a los derechos humanos de los pobladores de una región dependiente de un lago al norte de Kenya. Estas personas han estado más susceptibles que nunca a patrones de lluvia impredecibles, a la reducción del flujo del río que abastece a su lago, la consecuente salificación de estas aguas y la pérdida de bancos de peces, a la pérdida del ganado por la falta de pastizales, todo a consecuencia de una prolongada sequía y la construcción de una mega presa en el país colindante de Sudán del Sur que está reduciendo sustancialmente el flujo del agua a su lago. Los kenianos también encuentran su propia seguridad e integridad en peligro, pues habitantes de poblaciones cercanas se acercan a la región para desplazarlos con amenazas mortales a manos de metralletas y machetes, todo porque no hay agua suficiente para todos.

Ante un escenario como este, ¿quién puede asistirles? El gobierno de Kenya es el único con los medios para proteger a estas personas impulsando negociaciones con Sudán del Sur para que repartan el flujo de manera más equitativa, organizando campañas de protección civil ante los enfrentamientos violentos, así como campañas de abastecimiento de alimentos, semillas más resistentes a la falta de agua, entre otras soluciones. Pero como sucede en muchos países en desarrollo, el gobierno tiene muchas otras necesidades que cubrir y pocos recursos para todas.

Hoy, más que nunca, hay una gran necesidad de conectar las evidencias globales con las locales para estar mejor preparados para los cambios que se avecinan.

Platicando con la Dra. Angelina Valenzuela, directora de los programas del posgrado en derecho en la UDEM y con experiencia en temas de derecho ambiental, comentaba ella que investigaciones sobre la migración climática[1] a nivel local son prácticamente inexistentes, pero muy necesarios. Esto es un ejemplo de cómo estamos aún en pañales en cuestión de hacer propio un problema global aún lejano, pero que sin duda ya comienza a afectar a poblaciones vulnerables en Nuevo León, y que de una manera u otra, comienza a afectarnos indirectamente también; lo que pasa es que no comprendemos cómo. Hoy, más que nunca, hay una gran necesidad de conectar las evidencias globales con las locales para estar mejor preparados para los cambios que se avecinan. La academia necesita también poner de su parte para llenar estos huecos. Es la única manera de apropiarnos de las soluciones.

Muy lamentable ha sido también que, a nivel internacional, existen pocos especialistas políticos dedicados a investigar sobre los avances en regulación sobre cambio climático. Su apoyo pudiera ser crucial para avanzar más rápido hacia más y mejores políticas públicas de mitigación. Curioso que en décadas pasadas hubo extensas publicaciones sobre otras amenazas a la seguridad internacional como la guerra nuclear, y ahora, a pesar de tanta certeza y el gran alcance de este perverso problema, no haya avances en estos estudios. Dependiendo de los resultados de este evento, quizás se logren canalizar más recursos para este tipo de investigaciones.

Bien sabido es que la manera en que se ha abordado universalmente la problemática —como un problema de mitigación, y no de prevención ni adaptación— ha provocado en los países una maligna inactividad o lo que es conocido como el freerider problem. Este dilema, el de los “acarreados”, consiste en que todos los países son afectados por el mismo problema, pero impera ambigüedad acerca de a quién le afecta más, entonces los países deciden que es mejor esperar a que el otro incurra en los costos de tratar de solucionar el problema que solucionarlo ellos mismos, pues a fin de cuentas, cualquier esfuerzo que haga el otro país será beneficioso para el propio. Expertos declaran que esta cumbre será decisiva en este sentido, ya que introduce oficialmente las Contribuciones Intencionadas y Nacionalmente Determinadas (INDC por sus siglas en inglés), que son los compromisos impuestos por cada país de acuerdo a sus posibilidades económicas y planes políticos que definirán en gran medida si se logran los objetivos de reducción de impuestos en este nuevo acuerdo de 2015 o no.

En Altavoz hemos tocado varias veces el tema de la tecnología cívica, el caso de la COP21 también tiene que ver con ella. Se nos presenta la oportunidad de involucrarnos a través de numerosas herramientas a nuestra disposición para conectarnos con la problemática.

Ahora, no quiero despedirme de este artículo dejando la idea de que las maneras de involucrarse en la problemática son aún muy opacas, poco a poco iremos viendo con más claridad cómo contribuimos a la problemática y qué soluciones son más efectivas. Pero por lo pronto, recomiendo visitar el sitio oficial de la COP21 para estar presentes en este evento histórico. Singularmente, los organizadores de esta cumbre han puesto especial atención en utilizar las tecnologías para educar a la mayor cantidad de personas posible sobre la importancia de este evento. En otras palabras, todos hemos sido invitados a la gran fiesta. En Altavoz hemos tocado varias veces el tema de la tecnología cívica, el caso de la COP21 también tiene que ver con ella. Se nos presenta la oportunidad de involucrarnos a través de numerosas herramientas a nuestra disposición para conectarnos con la problemática, concientizarnos sobre nuestro papel dentro de ella y apropiarnos de las soluciones. Aplicaciones que nos retan y nos acompañan por 90 días para hacer nuestra “transición verde” en hábitos de consumo, plataformas que permiten geolocalizar a los principales emisores de GEI, y muchas más. Estas oportunas herramientas nos ayudan a jalar un tema de escala internacional al plano doméstico. Hora de sentir el cambio climático en nuestras vidas. Hora de asistir a esta fiesta de la COP21, por lo menos virtualmente. Hora de hacer el cambio nosotros.

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[1] Movimientos migratorios causados por los efectos directos e indirectos del cambio climático: sequía, malas cosechas, pérdida de tierra arable, desplazamiento de especies nativas, enfermedades, entre otros.

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LA HORA CERO CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO – PARTE 1

Nos encontramos a 20 días de la inauguración de la COP21, o la 21ª reunión anual de todos los países que quieren tomar acción por el clima. En esta ocasión se llevará a cabo en Le Bourget, Francia, y no podría estar más emocionada. Sucede que los decisivos días del 30 de noviembre al 11 de diciembre, aún cuando existen muchas y muy grandes diferencias entre quiénes estamos informados sobre el cambio climático y quiénes no, entre cómo nos afecta diferentemente a unos y a otros (que explicaré a lo largo de esta contribución que consta de dos partes, por aquello de que me emociono), deberían de celebrarse como si fuera la llegada de los humanos a la luna, porque por primera vez en la historia, la ambición por mitigar el calentamiento global coincide con el tiempo en que es rentable reducir las emisiones gases de efecto invernadero.

Por primera vez en la historia, la ambición por mitigar el calentamiento global coincide con el tiempo en que es rentable reducir las emisiones gases de efecto invernadero.

Es la última gran oportunidad que tenemos para establecer compromisos y frenar el aumento de la temperatura global hasta los 2º establecidos por expertos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) como el límite de temperatura a la que nos podemos adaptar sin significativas pérdidas ni peligros y evitar los temibles 4º o más predichos si continuamos operando a los niveles actuales de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Aquí algo de contexto: con 196 Partes (países), la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) —que es casi universal en su composición y es el marco jurídico en el que se aprobó el Protocolo de Kyoto de 1997— es la organizadora de las COP. Para recordar qué es la CMNUCC, yo opto por la siguiente mnemotecnia: “Cómo Madres Nos Ultrajamos al Cambio Climático”, pero esa soy yo.

Este año se espera que naciones que tradicionalmente no se habían suscrito a los compromisos de reducción de GEI lo hagan, y con más fuerza que nunca.

El último objetivo de los tratados resultantes de la CMNUCC (el Protocolo de Kyoto y el nuevo por firmarse en Francia) es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias humanas peligrosas en el sistema climático. Este año se espera que naciones que tradicionalmente no se habían suscrito a los compromisos de reducción de GEI lo hagan, y con más fuerza que nunca. Además de esto, hay sinnúmero de iniciativas que acompañan a este monstruo de acuerdo que ha tomado más de 5 años en concretarse. A final de cuentas, lograr que el mundo entero se ponga de acuerdo para ver quién paga los tamales y quién se los va a comer puede llegar a ser complicado.

Si usté es de aquellos que aún consideran al cambio climático antropogénico (causado por los humanos) como pura herejía, atentamente le refiero al meta estudio publicado en Mayo de 2013 en la revista Environmental Research Letters que reunió más de 11,944 investigaciones sobre “cambio climático global” de 1991 a 2011 para cuantificar el consenso científico sobre el tema. El estudio determinó que 97.1% de esas publicaciones respaldan que el calentamiento global actual está siendo causado por nosotros los humanos. ¡Sí! ¡La ciencia nos respalda!

Alrededor del 40% de los adultos en todo el mundo nunca han oído hablar del cambio climático.

Pero alto ahí… también es real que alrededor del 40% de los adultos en todo el mundo nunca han oído hablar del cambio climático, de acuerdo a los resultados de un estudio reciente por la Universidad de Yale sobre percepciones de esta problemática. Dicha cifra se eleva a más del 65% en algunos países en desarrollo como Egipto, Bangladesh y la India. Esta ignorancia se presenta también en México, pero eso no es todo. Aún cuando la población conoce sobre cambio climático, muchas veces no entiende cómo se relaciona este con su vida diaria, principalmente porque la mayoría no siente sus consecuencias, y no son las mismas para unos que para otros. Si es así de invisible, entonces, ¿cómo y por qué estarían igual de emocionados que yo de este gran e histórico evento?

Cómo se limite al cambio climático a nivel global no sólo depende de cuántos países firmen el nuevo acuerdo, sino que va a depender de grandes cambios a las políticas públicas y del comportamiento de las personas en cuestiones de uso de energías, transportación, consumo y demás… chanfles. De igual manera, adaptarse al cambio climático va a requerir cambios en las prácticas actuales. Ambas tareas, colosales en su naturaleza, requerirán de un amplio apoyo por parte de los individuos para llevarse a cabo con éxito, por lo que los gobiernos necesitan desarrollar estrategias de educación y comunicación sobre cambio climático adaptadas a su economía, cultura, niveles de educación y muchos otros factores. Es una cuestión de caso por caso, país por país. Pero la COP21 es especial porque países con determinantes grados de influencia política y líderes en las tecnologías sustentables y energías renovables como los de la Unión Europea, los Estados Unidos y China se unen a la firma de compromisos vinculantes, lo que nos da la esperanza de que quizás en tan sólo 5 años de compromisos iniciales más países aceleren sus políticas de transición hacia energías limpias.

Hasta aquí la contribución de hoy. Espero haber podido dejar en claro por qué esta reunión es tan significativa. Mañana les explico cómo es que los efectos del cambio climático se sienten más en algunos sitios que otros y qué nos falta para entender mejor cómo nos afecta a nivel individual.

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