Incremento del salario mínimo: una revisión teórica de sus efectos

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El pasado miércoles 1 de enero entró en vigor el acuerdo de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) que establece un incremento del salario mínimo de 20% en términos reales – de 102.68 a 123.22 pesos diarios. 

El gobierno federal ha señalado que el alza general en el salario mínimo no tendrá repercusiones inflacionarias. Si bien es cierto que la relación puntual entre los salarios y los precios no es directa, el aumento se da en un contexto de estancamiento económico. Las consecuencias en la economía no son fáciles de predecir, dada la multiplicidad de factores.

Por ello, conviene precisar algunos postulados teóricos que simplifican el análisis de los efectos que tiene un aumento en los salarios. De esa manera, podremos dar cuenta de efectos opuestos a los que señala la teoría económica ortodoxa. 

La escuela neoclásica de economía establece que el salario real que reciben los trabajadores en una industria debe ser equivalente a la productividad marginal, es decir, a la aportación de la última unidad de trabajo utilizada en la producción. 

El problema con esta teoría es que dicha equivalencia ocurre exclusivamente en equilibrio, un estado de la economía que tiene más relevancia teórica que una existencia fáctica. La economía se encuentra constantemente en movimiento, por ello el análisis debe ser a partir de un enfoque dinámico, no estático. Ante ello, esta escuela de pensamiento toma como simultáneo lo temporalmente heterogéneo. 

Si se acepta este enfoque reduccionista y atemporal, un aumento en el salario real no implica un incremento en la productividad laboral; por el contrario, si se fija un salario mínimo por arriba del equilibrio – ahí donde las funciones de oferta y demanda se cruzan -, las empresas contratarán menos unidades de trabajo respecto al punto de equilibrio, lo que implicaría desempleo. 

Bajo este enfoque existen dos cuestiones que la teoría no toma en cuenta y es consecuencia de la rigidez simultánea que impone entre la remuneración del trabajador y su productividad. En primer lugar, la teoría no prevé que el aumento en las remuneraciones salariales puede generar un mayor esfuerzo, lo que deriva en una mayor productividad. Los trabajadores perciben un estímulo por parte del empleador y lo traducen en un mayor compromiso laboral. Esto no solo se reduce al salario, sino también al acceso a seguridad social, prestaciones, mejor ambiente de trabajo, etc. 

En segundo lugar, la escuela neoclásica define una función de oferta laboral estrictamente creciente, lo que genera un solo equilibrio de mercado. Sin embargo, si pensamos en un hogar con familia extensa que incluya a los abuelos, con salarios muy bajos, todos los integrantes del hogar buscarán trabajar, pero a medida que incrementa el salario y los padres de familia perciben una mayor remuneración, los abuelos pueden dejar de trabajar para cuidar a los nietos, lo que revierte la función de oferta y la vuelve decreciente. Por último, si el salario continúa creciendo, los abuelos tendrán nuevamente incentivos para ofrecer su fuerza laboral dada una mayor remuneración. 

Con ello, se busca señalar que pueden existir más de un equilibrio de mercado, por lo cual, fijar un salario mínimo por arriba de un equilibrio puede conducir al mercado a otro equilibrio, superando el problema de desempleo que la escuela ortodoxa dogmáticamente profesaba. 

A lo anterior, vale la pena agregar los problemas de información que existen en el mercado laboral y que conducen a equilibrios subóptimos. Si bien desde finales de la década de los setenta ya se hacía alusión a escenarios con asimetría de información –moral hazard y adverse selection-, podemos añadir otro de carácter sociológico: la asimetría de poder entre el oferente y el demandante de fuerza de trabajo. 

El empleador, en muchos casos, conoce la situación de necesidad que tiene la persona de ser contratada, por lo cual éste está dispuesto a aceptar el trabajo por una remuneración posiblemente inferior a su productividad. El demandante obtiene una ventaja de la posición de precariedad que tiene el oferente. Por ello, la política pública del candidato presidencial del PAN, Ricardo Anaya, de establecer un ingreso universal no era una locura; si bien financieramente poco viable, el ingreso le otorgaría al oferente un respaldo económico que evitaría vender su fuerza de trabajo a cualquier precio.

Con esto no buscamos argumentar que el aumento de los salarios debe ser por mandato gubernamental; por el contrario, estamos de acuerdo en que el aumento sostenido de los ingresos laborales solo es posible con un incremento sostenido de la productividad. Si bien no de forma puntual, el salario y la productividad poseen un relación estrecha y positiva, por lo cual más allá de un aumento por mandato del salario mínimo, el gobierno debe de solucionar el mayor problema para la economía mexicana y que ha provocado el estancamiento del salario y una caída de la productividad: la informalidad. 

¿Qué representa el aumento en el salario mínimo para la inflación y el poder adquisitivo?

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El día de ayer 16 de diciembre integrantes del sector privado, de los trabajadores y del gobierno federal que conforman la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) llegaron a un acuerdo por unanimidad de incrementar el salario mínimo en proporción de 20% para el inicio del 2020, con lo que en la República este pasaría de 102.68 pesos a 123.22 pesos diarios así como un aumento de 5% en la frontera Norte colocando el salario mínimo de 176.72 pesos a 185.56 pesos en esta región.

Este anuncio, se presume, es parte de la estrategia del gobierno federal que forma parte de una política que busca recuperar el poder adquisitivo del ingreso de los trabajadores en la segunda mayor economía de Latinoamérica como es la mexicana.

Sin embargo, este tipo de acciones no exime posibles consecuencias en el entorno macroeconómico, ya que de acuerdo a diversos expertos como Gabriel Lozano y Steven Palacio, economistas para México del banco estadounidense JPMorgan afirman que: “La política salarial del gobierno es uno de los principales riesgos en el proceso de la formación de precios“. Agregan que “en el pasado, el crecimiento de los salarios reales estuvo alineado con la productividad, como dicta la teoría; la nueva política salarial abrió una brecha entre los dos, que podría causar al final desequilibrios económicos“.

No obstante, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha reiterado que el pasado ajuste salarial 16% salarial del 2019 no presionó la inflación como anticiparon algunos sectores y ha dicho que su gestión busca cerrar la brecha salarial en un país donde casi la mitad de la población vive en la pobreza.

Inflación

Hasta ahora, la recuperación del poder de compra del salario mínimo tan solo para este año ha sido la más grande para un periodo similar en los últimos 20 años. Se destaca que en este periodo, los salarios reales de los trabajadores asegurados en el IMSS han aumentado en 4.6%, su mayor recuperación desde 2002, cuando aumentaron 3.97%. Esto en la frontera norte ha representado un aumento real de los salarios de 8.5% de acuerdo a las cifras del mismo instituto.

Durante la presentación del incremento del salario mínimo para 2020, Luisa María Alcalde, secretaria del Trabajado, indicó que el primer incremento del salario mínimo en el mes de enero del año en curso sacó de la pobreza salarial a 1.23 millones de mexicanos este año. En el mismo sentido añadió que este año, tras la instrumentación de la nueva política de salarios mínimos, la inflación no solo no se ha disparado sino que ha sido de las más bajas en los últimos cuatro años, lo que rompe con el mito con el cual se solía justificar el estancamiento del poder adquisitivo de las y los trabajadores.

La mayor prueba de que el aumento al salario mínimo no tuvo efectos inflacionarios es que en las principales ciudad de la zona libre de la frontera norte, donde el salario mínimo se incrementó al doble, se observaron menores tasas de inflación que en el resto del país“, explicó Alcalde Luján.

Dijo que el 10 por ciento de los trabajadores que menos ganan, ya que su ingreso aumentó alrededor de 72 por ciento en la zona libre de la frontera norte y en 8.5 por ciento del país.

En cuanto a la inflación se refiere, de acuerdo al cálculo presente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en términos anuales, el crecimiento sostenido de los precios se ha colocado hasta el mes de noviembre en 2.97%, colocándose dentro del rango establecido por el Banco de México de 3% (+/- 1%); inclusive, la inflación acumulada hasta el mismo mes de noviembre del presente año ha sido de 2.26%, por lo que se estima se coloque al final del mismo en un rango inferior al 3%.

¿Qué representa este aumento en el salario para los consumidores?

El líder de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Gustavo de Hoyos, se congratuló por la noticia, comentando que este aumento representa un avance integrado, referencial del 20%, pero que en términos reales se ubica en 17.1%, el más alto en las últimas tres décadas.

Por otro lado, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), Carlos Salazar, añadió que se está trabajando por recuperar el poder adquisitivo del salario mínimo.

Creo que es una buena noticia y una intención del empresariado mexicano, de juntos ir trabajando por recuperar el poder adquisitivo del salario mínimo y llegar a la línea de bienestar“, comentó.

Finalmente, durante la presentación de este aumento, el presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), Francisco Cervanes, explicó que el incremento salarial “sin duda contribuye al abatimiento del rezago histórico en materia de sueldos, ya que está por encima del nivel inflacionario estimado del próximo año.”

Cabe destacar que dado el comportamiento reciente en la alza de los precios, Banxico ha estimado que la tasa de inflación para el cierre del próximo año se coloque cerca del 3%, es decir, dentro de su rango objetivo, aunque no se descartan presiones inflacionarias.

Poder de compra

Adentrándonos de manera más profunda al impacto que tiene este aumento en los salarios en el tema del poder adquisitivo, es de suma importancia tomar en cuenta que para realizar este análisis se necesita una comparativa por lo que expertos han considerado que el año de 1970 logró el nivel más alto de salario mínimo, real al final de un sexenio, y con mayor poder adquisitivo de la historia, conservando la inflación bajo control. Traído a valor presente, el poder de compra del salario mínimo en ese entonces era de $260.11 pesos. Por lo que los incrementos en consenso, así como la procuración de una inflación estable a través de una política monetaria efectiva, ha representado un incremento paulatino en el poder de compra durante los últimos años, esto a pesar de que claramente no se ha llegado a esa capacidad de compra mencionada anteriormente.

Hablando del salario actual de 102.68 pesos, a comparación de 1970, representa apenas un 39.48% que es el poder de compra. O a su vez que el salario de 2018 ha perdido el 60.52% de su poder adquisitivo en dicho período.

Por lo tanto, manteniendo la expectativa de inflación para el próximo año como estable, es destacable concluir que el aumento de 20% en el salario mínimo de los mexicanos sí representará un aumento, aunque si bien no perfecto, en el poder adquisitivo de aquellos trabajadores que ganan esta cifra de dinero.

Cabe resaltar que en México, casi 11 millones de trabajadores reciben un ingreso equivalente a un salario mínimo, que en la actualidad, reiterando, se ubica en 102.68 pesos al día (5.4 dólares); por otro lado, en la franja fronteriza con Estados Unidos, en 2019 había tenido una alza de 100% colocándose 176.72 pesos diarios (unos 9.2 dólares); estos cambios se propusieron e implementaron a principios del presente año, por lo que ocurrió a partir del 1 de enero del 2019.

De acuerdo al presidente López Obrador, este incremento pondrá fin a la caída en el poder adquisitivo y beneficiará a por lo menos 3.44 millones de trabajadores inscritos de manera formal en el país.

Esto no se veía desde hace más de cuatro décadas. No se daba un aumento así. Es importante y ojalá sigamos recuperando todo lo que perdió el salario mínimo.” Sentenció.

Con el aumento, los asalariados estarán por encima de las líneas de bienestar establecidas por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). De acuerdo con el organismo, la línea de pobreza extrema por ingresos se ubica en mil 117.79 pesos mensuales por persona en zonas rurales y mil 576.06 en zonas urbanas; cantidad apenas suficiente para cubrir el costo de la canasta básica alimentaria que comprende productos como tortillas, pasta para sopas, galletas, leche, huevo, aceite, verduras, frutas, azúcar, leguminosas y bebidas no alcohólicas.

Con información de Milenio, El Universal, El Financiero y Expansión

Las trabajadoras del hogar y su logro histórico

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Abril ha sido un mes de buenas noticias para uno de los grupos más vulnerables de la sociedad mexicana: las trabajadoras del hogar. Población particularmente en riesgo por la intersección de distintas formas de marginación. En primera instancia, por ser mujeres, y por su posición socioeconómica. Y en segunda, se agregan -en muchas ocasiones- otros elementos como etnicidad, analfabetismo, o grupo etario (tanto menores de edad como adultas mayores). Transversal a todo esto, su ocupación: estigmatizada, menospreciada, en la informalidad.

Estos factores, al impedir el goce de sus derechos laborales, materializan la violencia estructural vivida por las trabajadoras del hogar. Un Estado que no las contemplaba en discurso, normatividad, o programas; y una opinión pública que las relegaba a los márgenes de lo relevante. Personas sin apellido, sin historia, sin cabida en la esfera pública, y con poca participación en la privada. 

En México, 2.3 millones de personas son empleados domésticos. De estos, el 90% son mujeres, y se estima que un tercio recibe menos del salario mínimo (Conasami, 2019). Con las condiciones previas, la Ley Federal del Trabajo contemplaba que hasta el 50% del sueldo podía ser en especie, lo que justificaba un sueldo insuficiente, a cambio de alojamiento y comidas “gratis”. Además, según la Enadis (2010), solo el 4% contaba con un contrato, el 6.8% recibía aguinaldo, el 6.7% tenía Seguro Social, y el 5.3% disfrutaba de días de vacaciones establecidos. Estas circunstancias pueden llevar a un escenario de explotación laboral, en el que las jornadas laborales superan las 8 horas diarias, no se cuenta con prestaciones de la ley y no se recibe un salario suficiente. Por ende, se perpetúan los círculos de pobreza y marginación.

Ahora, el panorama parece mejorar. El Senado aprobó unánimemente una serie de modificaciones a la Ley Federal del Trabajo y a la Ley de Seguro Social, para que vaya acorde a los compromisos de derechos humanos nacionales e internacionales. Se estableció principalmente que se deberá de contar con un contrato -escrito y registrado ante las autoridades-, jornadas de 6 horas diarias con horas extra remuneradas, pago no menor a dos salarios mínimos, acceso al Seguro Social, alojamiento y alimentos gratuitos (si aplica) y prestaciones de ley como vacaciones y aguinaldo. Además, prohíbe la contratación de menores de 15 años y el despido por embarazo.  

Un sector que hasta hace poco había sido invisible (o invisibilizado), ha tenido una racha de buenas noticias. Desde el diálogo que surgió en la opinión pública a partir de la película Roma, hasta el fallo de la Suprema Corte, el Programa Piloto del IMSS y la votación en el Senado. Aún queda mucho por recorrer, y de esperar para que esto se traduzca en cambios reales, con una implementación efectiva. Espero que pronto haya espacios en los que participen distintas voces, y se sigan visibilizando las necesidades de grupos que han sido silenciados, ignorados y olvidados sistemáticamente. Es algo necesario, y es una manera de intentar mitigar la deuda histórica por la injusticia social.