México, las tasas y el otro México

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El miércoles pasado, la Reserva Federal (FED) —el banco central— de Estados Unidos anunció el esperado incremento de su tasa de interés, debido, según ellos, a que se percibe un mejoramiento en el ambiente económico del país del norte [1]. A la par de esta decisión de la FED, y con el objetivo de paliar los efectos negativos de esta decisión en la economía nacional como la depreciación del peso e inflación, el Banco de México también anunció ayer el aumento de su tasa [2].

El anuncio del incremento gradual de la tasa de la FED marca el inicio ‘oficial’ de una paulatina recuperación de la economía estadounidense y mexicana.

Después de 7 años (2008) de que Estados Unidos cayera en una de las peores crisis financieras de la historia —y como consecuencia, contagiara a gran parte del mundo, incluyendo a México—, el anuncio del incremento gradual de la tasa de la FED marca el inicio ‘oficial’ de una paulatina recuperación de la economía estadounidense y mexicana.

Aunque en el resto del mundo se sigue percibiendo un ambiente de debilidad económica, el precio del petróleo continúe en picada y el anuncio de aumentar las tasas sirva, por experiencia, como preámbulo de una inminente depreciación de las monedas de las economías emergentes, México se ha mantenido fuerte ante estos choques externos.

Las expectativas de que se realizaría el alza de la tasa por parte de la FED en algún periodo del año vigente y la caída de los precios mundiales del petróleo por la sobreoferta de éste, depreciaron el peso mexicano paulatinamente en los meses pasados, llegando a un nivel actual de alrededor de 17 pesos por dólar. El reciente anuncio de la FED de elevar la tasa no hizo mucho efecto en esta paridad, debido a que ya se esperaba desde hace algunos meses y por lo que el mercado cambiario tuvo tiempo de ajustarse sin generar choques bruscos e improvistos.

México es fuerte y estable a nivel macroeconómico. A pesar de los choques externos ha podido mantener el nivel de precios en mínimos históricos y el crecimiento de la economía ha estado por encima de lo esperado.

México es fuerte y estable a nivel macroeconómico. A pesar de los choques externos ha podido mantener el nivel de precios en mínimos históricos y el crecimiento de la economía ha estado por encima de lo esperado. En días pasados la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) incrementó la expectativa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México en 2015 de 2.2% a 2.5%, y para 2016 espera un crecimiento de 2.6% [3].

Ese es el México a nivel macroeconómico, fuerte y estable en los últimos años, con una industria de exportación que crece a niveles sin precedentes y con un mercado interno que se fortalece, ese México que desentona con el México de los problemas políticos y sociales. Por un lado tenemos al México con instituciones como Banxico y el INEGI, y por el otro lado, el México con falta estado de derecho e incapacidad para hacer frente a problemas como el de los maestros disidentes y el problema del narcotráfico.

El México bueno, el de la fortaleza macroeconómica, es al que tenemos que seguir, al que tenemos que imitar para que el México malo, el de la corrupción y exiguo estado de derecho, se pueda fortalecer.

El México bueno, el de la fortaleza macroeconómica, es al que tenemos que seguir, al que tenemos que imitar para que el México malo, el de la corrupción y exiguo estado de derecho, se pueda fortalecer, mejorando así las instituciones que se encuentran en este patíbulo, dándoles autonomía, alejándolas de la politización.

México es fuerte ante los choques externos, lo que antes nos tumbaba, ahora sólo nos hace tambalear, éste se ha hecho de una coraza. Pero son sus enfermedades, los virus que pululan en el sistema, en las instituciones, lo que nos debilita y nos impide poder franquear esa gran barrera que nos mantiene como país ‘pobre’, ‘subdesarrollado’, ‘emergente’, ‘corrupto’. La fortaleza macroeconómica del país ante el reciente incremento de las tasas y otros choques externos son un ejemplo del contraste de estos dos Méxicos.

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[1] El aumento de la tasa de la FED fue a un rango objetivo de 0.0-0.25% a 0.25-0.50%. La declaración de la FED: http://www.federalreserve.gov/newsevents/press/monetary/20151216a.htm

[2] El aumento de la tasa del Banco de México fue de una tasa objetiva de 3.0% a un 3.25%. La declaración del Banco de México referente a esta decisión: http://www.banxico.org.mx/informacion-para-la-prensa/comunicados/politica-monetaria/boletines/%7BFB58F8DF-E437-9CAE-C1F9-3557CB7D3EFF%7D.pdf

[3] CEPAL. Actualización de Proyecciones de América Latina y el Caribe, 2015 – 2016. http://www.cepal.org/sites/default/files/pr/files/tabla_balancepreliminar2015_esp.pdf

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

¿Y si suben las tasas qué pasa?

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Este miércoles, la Reserva Federal de Estados Unidos (el equivalente al Banco de México) tendrá una reunión donde decidirán si se sube o permanece igual la tasa de interés de referencia. Esta tasa es en términos conceptuales el costo del dinero, la tasa de interés de la cual parten todas las demás tasas del mercado. De esta forma, los intereses que pagas por la hipoteca de tu casa o los que te paga el banco al invertir en sus pagarés dependen de la tasa de referencia que los bancos centrales fijan.

Esta decisión se toma con base en la política monetaria que cada país requiere para conseguir sus objetivos de inflación y crecimiento económico, principalmente.

Esta decisión se toma con base en la política monetaria que cada país requiere para conseguir sus objetivos de inflación y crecimiento económico, principalmente. Es así que, cuando un banco central mantiene tasas bajas, abarata el costo del dinero, buscando incentivar a que la gente pida prestado para invertir en negocios y generar actividad económica. En contraparte, cuando existe alta inflación en la economía, elevar las tasas hace más atractivo para el mercado el ahorrar en instrumentos financieros que les paguen buen rendimiento en lugar de consumir en productos y servicios.

Hoy en día, con mejores cifras de crecimiento económico y el desempleo a la baja, se espera que en la junta del miércoles se decida aumentar la tasa de referencia.

Desde hace nueve años la Reserva Federal, o Fed, ha mantenido su tasa de referencia en niveles de entre 0 y 0.25%, con el objetivo de despertar la economía, tan dañada entre otras cosas por la crisis de 2008, y disminuir los niveles de desempleo. Hoy en día, con mejores cifras de crecimiento económico y el desempleo a la baja, se espera que en la junta del miércoles se decida aumentar la tasa de referencia.

¿Cuál es la consecuencia directa de que Estados Unidos aumente su tasa de interés? Que el dólar suba de precio. ¿Por qué? Porque al haber tasas más altas en el país del norte los inversionistas internacionales retirarían su dinero de México.

Ahora bien, ¿cuál es la consecuencia directa de que Estados Unidos aumente su tasa de interés? Que el dólar suba de precio. ¿Por qué? Porque al haber tasas más altas en el país del norte los inversionistas internacionales retirarían su dinero de México para invertirlo en donde existan mejores rendimientos. Si bien en términos absolutos los bonos mexicanos pagan más que los estadounidenses, la relación riesgo/rendimiento es más atractiva en Norteamérica. Un inversionista que busca colocar su dinero en bonos sin riesgo preferirá el país que tenga la mejor tasa de rendimiento. Es por esto que en los últimos años una gran cantidad de dólares (al ser la divisa más comercial) han llegado a países como México y Brasil debido a que ofrecen a estos inversionistas una atractiva rentabilidad a un riesgo casi nulo. Sin embargo, partiendo del hecho que Estados Unidos es considerado por los mercados mundiales como el país más seguro para inversiones bursátiles, el ligero aumento de las tasas de interés supone a los inversionistas globales una oportunidad de obtener un buen rendimiento a un riesgo mucho menor del inherente a países emergentes.

Dicho lo anterior, cuando los inversionistas retiran su dinero de México para comprar bonos de Estados Unidos, esto ocasiona que haya menos dólares en nuestro país, y dado que a menor oferta, mayor precio, el tipo de cambio USD/MXN (dólar/peso) sube.

Otra consecuencia, menos inmediata, es que el Banco de México probablemente decida subir igualmente la tasa de referencia nacional, en línea con la Fed, logrando por una parte que el tipo de cambio baje (efecto inverso al del párrafo anterior) y presionando a que las tasas de interés del mercado suban levemente, traduciéndose en mejores rendimientos para los inversionistas pero mayores costos para quien paga un crédito.

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Depreciación de mercado vs devaluación deliberada

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“Defenderé el peso como un perro.”
-López Portillo

En 1982 el ambiente económico del país era de crisis: El país se endeudó a niveles sin precedentes, los precios del petróleo se desplomaron, la inflación aumentó a niveles de dos cifras, el dólar salía del país a caudales y las reservas internacionales se agotaban. El ánimo nacional era lúgubre y el presidente de ese entonces, José López Portillo, con su distinguida retórica populista y su sentimentalismo nacionalista, salió a decirles a los ciudadanos, que a deliberación de él, el peso no se devaluaba: ‘Presidente que devalúa, Presidente que se devalúa’, dijo López Portillo.

Situaciones como la anterior sucedieron en varias ocasiones en el país antes de 1994, cuando el gobierno aún mantenía bajo su control el tipo de cambio. En ese entonces, la coyuntura económica y política del país y la volatilidad de los mercados internacionales provocaron una gran salida de capitales que terminaron con las reservas internacionales, haciendo insostenible mantener la paridad, objetivo del gobierno. A una pérdida del valor de la moneda respecto a otras divisas en este régimen deliberado se le llama devaluación, un aumento de su valor se le dice revaluación.

Bajo este régimen de tipo de cambio controlado, la paridad se determina a deliberación de un jefe de estado, una junta de gobierno o un banco central, éste o estos ajustan el valor de la moneda local a una o varias divisas de referencia (en nuestro caso el peso con el dólar), ya sea que determinen una paridad específica o la mantengan dentro de un intervalo controlado. Los mecanismos que funcionan aquí son que el gobierno vende o compra la divisa de referencia en el mercado a un precio determinado manteniéndola así a un nivel que previamente se ha impuesto por decreto, o utiliza su política monetaria para maniobrar con la paridad a que converja con sus objetivos macroeconómicos, o en casos desesperados, deteniendo o limitando la venta de la divisa al público e impone un precio oficial[1].

Uno de los problemas a nivel internacional que genera el control del tipo de cambio es que los gobiernos tienden a devaluar su moneda a capricho para fomentar sus exportaciones (el caso más conocido es el de China) y hacer de estas, artificialmente, más competitivas, sin que necesariamente los productores hayan mejorado sus procesos de producción. Creando así una guerra de divisas entre las naciones, en donde se generan roces políticos y dumping.

Uno de los problemas a nivel internacional que genera el control del tipo de cambio es que los gobiernos tienden a devaluar su moneda a capricho para fomentar sus exportaciones.

A nivel nacional, este régimen de tipo de cambio puede generar certidumbre sobre la volatilidad en los mercados de divisas; los empresarios o inversionistas pueden sentir la seguridad de que se mantendrá una paridad fija, o que va a estar dentro de un intervalo —esto solo si hay confianza en la administración y suficientes reservas con qué respaldar la moneda—, así como poder hacer la planeación de su empresa o endeudarse en moneda extranjera sin el temor de que la pérdida de valor de la moneda nacional encarezca sus insumos importados o sus deudas.

No obstante, esta política va en contra del comportamiento del mercado. Se gastan enormes cantidades de recursos para poder mantener la paridad fija o el intervalo controlado; y en caso de que las reservas internacionales se agoten, y le sea imposible al gobierno mantener esa paridad; o el gobierno pierda credibilidad; puede esto generar incertidumbre y pánico que deriven en una crisis, como las de México en el pasado. Además de crear una dependencia en la población sobre las decisiones administrativas del estado, y creando conflictos de intereses: ¿a quién favorezco, exportadores o importadores?

Actualmente en México el tipo de cambio se determina por la oferta y la demanda de divisas en el país bajo un régimen de libre flotación: Mayor demanda de dólares, deprecian el peso (fugas de capital); mayor oferta de dólares, aprecian el peso (entradas de capital). Este mecanismo de libre flotación se decretó a partir del 22 de diciembre de 1994. (Noten que devaluación-revaluación y depreciación-apreciación son conceptos diferentes.)

Se involucran muchos factores en la determinación del tipo de cambio bajo el régimen de libre flotación, y éstos obedecen al comportamiento del mercado: oferta y demanda. En la oferta y la demanda de divisas influyen circunstancias externas e internas: la certidumbre de la población, la especulación de los inversionistas, el desempeño de la economía nacional y mundial, la política monetaria de un banco central (en el caso de México éste es autónomo[2]), y muchas otras cosas que no involucran el arbitrio o directamente la aprobación de la administración del gobierno en turno.

Esa idea sobre el presidente deliberando a capricho el tipo de cambio, o que la administración de éste influya de manera considerable en la determinación del tipo de cambio, prevalece en el encono hacia los malos manejos de la economía mexicana de los gobiernos anteriores en donde éste sí tenía un control directo sobre el tipo de cambio, y en el temor de que las crisis mexicanas pasadas hayan explotado a partir de la pérdida de valor de nuestra moneda.

Las depreciaciones del peso mexicano contra el dólar en los últimos meses se han debido en gran medida a la volatilidad de los mercados internacionales, en especial al esperado y aún desconocido incremento de las tasas de Reserva Federal de Estados Unidos. Cada vez que el Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal se reúne para decidir su política monetaria (subir o no las tasas de interés), hay una tormenta en el mercado de divisas. Un incremento de las tasas ocasionaría una avalancha de capitales que se refugiarían en el dólar, provocando grandes salidas de capitales en los países emergentes como México, depreciando así su moneda.

Las depreciaciones del peso mexicano contra el dólar en los últimos meses se han debido en gran medida a la volatilidad de los mercados internacionales, en especial al esperado y aún desconocido incremento de las tasas de Reserva Federal de Estados Unidos.

La depreciación no es toda mala, si es moderada. La pérdida de valor de la moneda favorece a nuestra industria exportadora, que es uno de los mayores motores que mueven nuestra economía, y esta pérdida de valor podría solo ser un ajuste en los mercados. El problema es cuando se genera gran volatilidad y pánico y hay grandes salidas de capitales, esta súbita pérdida de valor de la moneda distorsionaría los mercados: generaría efectos inflacionarios por medio del aumento en el precio de los insumos importados.
Paradójicamente, desde principios de año hasta la fecha (06 de Octubre de 2015) en donde el peso se ha depreciado nominalmente en 12.53% frente al dólar[3] y se ha llegado a una paridad nunca vista, no se han percibido los efectos inflacionarios como podrían esperarse y, de hecho, la inflación se mantiene en mínimos históricos.

¿Por qué sigue subiendo el dólar y no le ha pegado a la inflación? Ese es otro tema mucho más controversial que después platicamos…

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[1] Recientemente en Venezuela se aplicó esta medida extrema, y lo único que ha creado es un mercado
[2] Bajo este régimen de tipo de cambio de libre flotación, el Banco de México no interviene en el mercado de divisas para tratar de mantener una paridad fija o dentro de un intervalo, por lo que las reservas internacionales sólo sirven como respaldo de la moneda. No obstante, en los últimos meses y debido a la alta volatilidad en el mercado de divisas, el Banco de México ha estado vendiendo dólares en el mercado para contener una súbita caída del peso frente al dólar, pero no tiene como objetivo mantener la paridad peso-dólar dentro de un intervalo o en un nivel fijo.
[3] En 1994 el peso perdió más de 60% de su valor nominal frente al dólar. Fuente: Banco de México.

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