Carta de un estudiante




¿Sabías que más de 4 millones 749 mil personas no saben leer ni escribir? Al darme cuenta de esto logré ver lo afortunados que hemos sido al poder contar con el nivel educativo en el cual nos encontramos actualmente ya que solamente 3 de cada 10 jóvenes tienen la oportunidad de hacerlo.

En lo personal, creo que la importancia de la educación se ha ido desvalorizando porque tenemos ejemplos de empresarios y multimillonarios famosos que sin terminar sus estudios han llegado a donde están.

Lamentablemente, el porcentaje de personas que llegan ahí sin estudios, es mínimo y creo que es algo de lo cual deberíamos estar conscientes.

Nos encontramos en una época en la cual es socialmente correcto o quizás se considera hasta “moda” quejarnos de ir a la escuela, de estudiar, de las clases, del horario que tenemos, entre otras cosas. Cuando realmente es un privilegio estar en la universidad y creo que no nos hemos dado cuenta del beneficio que tenemos.




Para entender cuantas personas concluyen sus estudios, se puede decir que si en un salon de primero de primaria hay 100 estudiantes, en tercero de primaria solamente quedarian 62, en bachillerato 46 y solo 25 cerrarian ese ciclo, para terminar solo 13 estudiantes llegan a concluir la licenciatura.

Hemos faltado a clases por flojera, somos indiferentes al tema que se enseña en clase, no mostramos interés en las materias o actividades de la escuela. Hemos sido tan afortunados desde pequeños, al siempre haber tenido la oportunidad de estudiar que hemos ido acostumbrándonos y hemos dejado de valorarlo, mientras que más de 357 mil niños de 6 a 11 años no pueden asistir a la escuela debido a la pobreza y 556 mil niños de esas edades, trabajan.

La indiferencia que tenemos ante las oportunidades que se nos han dado, es impresionante. El estar interesado en la educación y el valorar esas oportunidades que se nos han dado, encasilla a las personas a incluso tener apodos.

En qué momento comenzó a ser bien visto el ser apartico a la escuela? ¿Desde cuándo se convirtió en mal visto estar agradecido con las oportunidades que se nos ofrecen?

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

LA EDUCACIÓN QUE QUIERO PARA MIS FUTUROS HIJOS

Para un joven de 23 años que, como todos, quiere comerse al mundo lleno de adrenalina y sin miedos profundos, resulta complejo el detenerse a reflexionar sobre su pasado y cómo fue que repercutió en lo que ahora soy y sobretodo en mis expectativas de quién o qué quiero ser. Además, como un recién egresado, mi preocupación debería ser la misma que la de mi madre: ¿ahora qué sigue? Pero afortunadamente mi vida no es nada común.

En la escuela siempre fui uno de esos niños aplicados que además podía disfrutar la vida sin necesidad de estar pegado a un libro o ‘macheteando’ cada concepto que mis maestros repetían para obtener una calificación agradable a los ojos de mi familia; me bastaba con escuchar, comprender y poner en práctica lo que pensaba, jamás fui un niño que aceptaba todo lo que sus maestros o mayores decían, no sé si por rebeldía o curiosidad, pero necesitaba entender el porqué de las cosas. Cierto es que a medida que avanzaba de grado o nivel educativo mi interés hacia la escuela era menor, consideraba que el aula estaba muy alejada del mundo real, por lo tanto, no le prestaba mayor atención. De ser un niño excelencia de primaria y secundaria pase a bachillerato como un estudiante promedio y en licenciatura me bastaba con acreditar las materias para concluir mi ciclo académico.

Entendí entonces que la escuela era una simulación poco cercana de la vida real llena de obstáculos que no se solucionan con conceptos repetidos para salvar un examen.

Afortunadamente mi habilidad en el mundo real era mucho mayor a la que desarrollaba en el aula, comencé, a como mis ideas me daban a entender, en el mundo empresarial cuando apenas cursaba mi segundo semestre de carrera. Entre triunfos y fracasos iba forjando una experiencia llena de retos, entre más avanzaba más conectado estaba con un mundo muy distante de la escuela tradicional; entendí entonces que la escuela era una simulación poco cercana de la vida real llena de obstáculos que no se solucionan con conceptos repetidos para salvar un examen.

Mi pasión por la educación es producto de mi rebeldía y los huecos constantes que tuve en mi camino por las escuelas oficiales de mi país que, sin culparlos, hacían lo que podían con los recursos que tenían a la mano. También es un homenaje a todos esos maestros que tuve; de esos buenos maestros que, por un sueldo no competitivo, daban su vida porque aquellos niños que consideraban como sus hijos, para que algún día lograran ser alguien en este mundo. Es resultado de 6 años de trabajo, investigación y esfuerzo fungiendo como maestro y asesor de los modelos educativos en escuelas privadas que contaban con una infraestructura cinco veces mejor a las escuelas públicas pero que tampoco resultaba un diferenciador real entre los alumnos con capacidad de pagar contra los que su condición económica les obligaba a estudiar en la escuela más cercana a su casa. La educación entonces necesitaba un plus de manera urgente.

Por ello, urge diseñar y construir la escuela en la que queremos que nuestros hijos estudien.

Soy un joven de alma vieja, de esos que se preocupan de cómo vivirán sus hijos que aún no nacen. Por ello, urge diseñar y construir la escuela en la que queremos que nuestros hijos estudien; pero no para cumplir con un requisito social que culmina con la entrega de un título universitario sino porque desde el aula se encuentre la manera en la que solucionaremos los problemas sociales de mi país y del mundo; la escuela que prepare a nuestros hijos para crear lo que su imaginación les permita enfocado a disminuir la pobreza, activar económicamente a las comunidades menos favorecidas y a vivir más felices. Porque a eso llegamos al mundo, ¿no?, a dejar un legado y a ser muy felices.

El día que nos demos cuenta que la educación es el factor que puede detonar y hacer crecer nuestra economía entonces los grandes empresarios entenderán que es un gran negocio; y le apostarán a mejorar la educación… aunque sea sólo por negocio.

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Reflexión: El trabajo ideal

Cuando elegimos la carrera que queremos cursar, antes de entrar a la universidad, muchos no tenemos una idea clara de qué es a lo que nos dedicaremos después de graduarnos. Podemos conocer bien el contenido de la carrera, nos puede encantar y saber bien qué oportunidades laborales existen para los egresados, idealizar algunas de éstas, pero no todos podemos adelantarnos a saber en dónde, ni con quiénes nos gustaría trabajar.

Conforme pasa el tiempo, apruebas las materias y aprendes de algunas experiencias es cuando te vas formando una idea opaca de a lo que quieres enfocar tu vida laboral (depende de la carrera que decidiste la gama y diversidad de oportunidades laborales que existen en el mercado), pero aún es difícil saber en dónde y con quiénes.

Todas esas dudas comienzan por aclararse desde que entramos a nuestro primer o segundo trabajo, en estas primeras andanzas nos vamos haciendo más conscientes de lo que buscamos. Ya sea que busquemos algunas de estas tres premisas: ganar mucho dinero sin importar si te entusiasma lo que haces, que prefieras hacer lo que amas pero sacrificar algo de ingresos, que quieras trabajar pocas horas con solo un salario suficiente o alguna combinación de éstas. A partir de estas primeras experiencias vamos a comenzar a aterrizar lo que sería nuestro trabajo ideal, lo que buscamos dedicarnos y aprender una gran parte de nuestras vidas; y así sabremos mejor en dónde y con quiénes nos gustaría trabajar.

El trabajo ideal —ideal conforme a la definición de “que se acopla perfectamente a una forma o arquetipo”— es aquel en donde nos sintamos que podemos aprender y desarrollarnos mejor, en donde nuestras habilidades se ajusten con las responsabilidades…

El trabajo ideal —ideal conforme a la definición de “que se acopla perfectamente a una forma o arquetipo”— es aquel en donde nos sintamos que podemos aprender y desarrollarnos mejor, en donde nuestras habilidades se ajusten con las responsabilidades a realizar, en donde tengamos la seguridad de que alcanzaremos nuestros objetivos en un futuro, que nos guste y nos motive lo que hagamos, que pague una buena remuneración y/o que nos inspire a salir adelante, depende de la visión que cada uno tengamos a futuro.

A grandes rasgos debemos de buscar un lugar, ya sea sector privado o público, en donde no se nos impida crecer y explotar todas nuestras capacidades, en donde haya suficientes responsabilidades y retos que nos enriquezcan.

La búsqueda de este trabajo ideal puedes ser un calvario y tardado. En dónde y con quiénes varia con cada persona, pero a grandes rasgos debemos de buscar un lugar, ya sea sector privado o público, en donde no se nos impida crecer y explotar todas nuestras capacidades, en donde haya suficientes responsabilidades y retos que nos enriquezcan y que el día a día no sean sólo un proceso fútil, monótono y burocrático que nos haga sentir que todo el trabajo es en vano. Para encontrar este trabajo ideal probablemente debamos sacrificar ciertas características y sopesar lo que más converja con nuestros objetivos: ya sea dinero contra pasión o tiempo contra experiencia.

Debemos de tratar de buscar jefes y compañeros con liderazgo, que incentiven el conocimiento, nos den la confianza de poder expresarnos abiertamente y que nos impulsen a salir adelante y a aprender.

¿Con quiénes debemos de buscarlo? Debemos de tratar de buscar jefes y compañeros con liderazgo, que incentiven el conocimiento, nos den la confianza de poder expresarnos abiertamente y que nos impulsen a salir adelante y a aprender.
Todo lo anterior, claro, poniendo siempre lo mayor de nuestra parte, esforzándonos al máximo, siendo autodidactas, sabiendo aprender de los errores y ser constantes con todo esto.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”