Sobre el contraste, el automovilismo y la ceguera institucional.

Estoy de acuerdo con que pretender realizar un juicio basado únicamente en uno de los polos de cierto acontecimiento es algo totalmente equívoco, pues al limitar nuestra visión de los hechos contribuimos a generar un sesgo en el conocimiento y la información que queremos transmitir, aunque existen ciertas ocasiones en que lo evidente no puede dejar de realzarse y que la primera justificación que se encuentra respecto a una problemática es lo que llega a definir nuestra postura sobre lo sucedido. Como bien dice el dicho popular, “la primera impresión es la que cuenta”. La tensión entre los juicios parciales crece cuando se tocan temáticas o instituciones sensibles. Cuando se habla acerca de temas de los que creíamos la postura común era bastante clara o cuando al hacer un juicio existe un evidente responsable de los hechos. ¿Por qué hablar de un tema así? Pues porque ha sucedido algo que fue evidente y que debe ser comentado.

Como es de conocimiento general, el Gran Premio de México se llevó a cabo este fin de semana y ello representó la vuelta de la justa más importante del automovilismo a nuestro país. Aunque este deporte no es uno de los más seguidos por la afición mexicana, contamos con un muy buen exponente, quien por cierto se llevó el octavo lugar y alcanzó algunos cuantos puntos dada su clasificación: Checo Pérez. Con toda sinceridad puedo declararme un neófito sobre la pasión por los autos, pero de lo que sí puedo hablar es acerca de una de las particularidades que tiene este deporte, y es que para poderlo practicar se requiere (por así decirlo) de una “inversión inicial” bastante fuerte, lo que implica que el número de corredores en nuestro país —y si mencionamos por enésima vez que existen alrededor de 20 millones de mexicanos que viven en pobreza extrema y que estos van en aumento— es bastante limitada.

Nuestro país se puso en el ojo del mundo dada la gran cobertura por medios nacionales e internacionales de las más grandes cadenas deportivas del planeta.

De acuerdo con la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco-Servytur), esta justa dejó una derrama económica de alrededor de 3200 millones de pesos, lo que se traduce más o menos al costo total de la nueva casa Rayada, el BBVA Bancomer (por dar un ejemplo). La ocupación hotelera evidentemente sufrió un incremento anormal para la época, la exposición de las marcas y anuncios publicitarios estuvo a la alza, y nuestro país se puso en el ojo del mundo dada la gran cobertura por medios nacionales e internacionales de las más grandes cadenas deportivas del planeta. Obtener toda esta cantidad de ingresos es algo que a cualquier país le encantaría. Muy probablemente por eso los eventos deportivos cada vez más se han vuelto escaparates para las corporaciones multinacionales y por eso, a manera general, podría decir que poco a poco la calidad deportiva va en declive.

El acontecimiento que viene a redondear toda esta situación tiene origen en las sierras oaxaqueñas y una herencia cultural mixe. Y es que para la inauguración del evento, los organizadores lograron conseguir que un grupo de niños de esta población acudiera al recién remodelado recinto, el Autódromo Hermanos Rodríguez, para entonar el himno nacional mexicano. Lo hicieron, y lo hicieron usando vestimentas típicas, apoyándose de la banda de guerra y siendo dirigidos por uno de los profesores de su escuela. Al terminar el evento, el grupo estudiantil regresó con un obsequio de parte de la presidencia: una tableta electrónica, misma que los niños disfrutaron mucho al encontrarse en la Ciudad de México, pero que se han visto obligados a olvidar un poco al regresar a sus casas pues en la comunidad donde habitan no hay servicio de Internet.

¿Cómo queremos dar una imagen de pluralidad y rico patrimonio cultural al mundo si tenemos desatenciones con nuestra propia población?

¿Cómo podemos pretender unificar a la sociedad mexicana si ni siquiera conocemos en la situación en la que se encuentra? ¿Cómo queremos dar una imagen de pluralidad y rico patrimonio cultural al mundo si tenemos desatenciones con nuestra propia población? Y es que realmente la controversia no la genera la tableta, sino la evidente lejanía entre los altos mandos del poder en México para con su población. La lejanía entre quienes ven la problemática de México desde la comodidad de un informe y por ello no pueden emitir un juicio claro sobre un hecho en particular. La ceguera institucional ha provocado que tengamos el tiempo suficiente para replicar grandes modelos de negocios, eventos, instituciones, pero no la calidez requerida ni la sensibilidad para entender a los más desfavorecidos.

México, como siempre he acostumbrado a decir, es un país de contrastes. Un país donde la desigualdad y la inequidad se logran ver al caminar por las calles.

México, como siempre he acostumbrado a decir, es un país de contrastes. Un país donde la desigualdad y la inequidad se logran ver al caminar por las calles, que se observa desde lo alto de un edificio o que se puede ver en los espacios públicos y centros recreativos. El contraste está a flor de piel, y para quienes nos encontramos en una situación de privilegio, probablemente nunca lleguemos a comprender (y mucho menos experimentar) lo difícil que es pasar de un extracto social a otro. Probablemente nunca lleguemos a comprender lo que significa que nuestro máximo deseo sea tener un techo y comida para subsistir, pero lo que sí podemos hacer es fomentar programas que desarrollen e impacten positivamente a este tipo de comunidades, fortaleciendo su calidad de vida y alejándolos de su enemigo más grande: la discriminación.

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