#HojaDeRuta: “El futuro del sistema”

Comparte este artículo:

Más allá del resultado electoral, el 2 de julio alguna versión del país seguirá existiendo. Los pobres amanecerán igual de olvidados, los corruptos igual de impunes, los desaparecidos igual de ausentes. Iniciará entonces un nuevo ciclo de seis años que no solamente enfrentará enormes problemáticas, sino un Estado con un sistema disfuncional.

Quien tome las riendas del aparato federal se encontrará con un andamiaje institucional débil y sobre todo, con apenas unas gotas en el tanque de confianza. Por supuesto, la precaria situación no se limita a la federación. La más reciente muestra de la disfuncionalidad institucional la dio el Tribunal Electoral al permitir un lamentable desaseo en el proceso de firmas de las candidaturas independientes.

Los propios partidos políticos, como sujetos clave del proceso democrático, se encuentran en una grave crisis de credibilidad por la falta de resultados y múltiples escándalos, además de un desvanecimiento de ideologías y programas que los identifiquen y sobre todo, los diferencien. 

A esto hay que sumar la debilidad de las mayorías que se construyen actualmente al no contar con una segunda vuelta electoral. De hecho, si la tendencia actual continúa y AMLO se confirma como el vencedor, igualaría o incluso superaría el umbral del 40%, cifra que no se alcanza desde la victoria de Vicente Fox en el año 2000.

Gobernadores al por mayor perseguidos por corrupción y/o ligas con el crimen organizado, desfalcos gigantescos documentados que no parecen tener mayores consecuencias como el increíble caso de “La Estafa Maestra”, candidatos presidenciales acusados de lavado de dinero, asesinato tras asesinato de candidatos a alcaldías y diputaciones locales por todo el país. Ejemplos de disfuncionalidad sobran.

En un tiempo donde el enojo y la indignación son los mayores movilizadores políticos, suele cubrirse de bilis la visión de lo público y se condena todo lo existente, empezando por los partidos y sus miembros. Ante este tipo de posturas, cabe la pregunta: ¿estamos en contra del sistema de partidos, o de los partidos que tenemos? 

La destrucción por sí misma no garantiza renovación. Al escribir sobre los partidos políticos, Michels acuñó el concepto de “Ley de Hierro de la Oligarquía”, que estipula que tanto en una autocracia como en una democracia el gobierno acaba recayendo en una minoría, incluso después de una revuelta o proceso revolucionario.

Según Michels, los líderes de un proceso revolucionario responden a la masa, pero una vez instalados en el poder, se alejan de ella y acaban por volverse conservadores, pues buscarán retener y fortalecer su posición a cualquier precio.

Es decir, sin un cambio en la cultura política, sin nuevos incentivos, sin contrapesos suficientes, sin vigilancia y presión de medios y grupos de interés, el cambio se antoja lejano, incluso si mañana desapareciese la clase política entera, pues las condiciones que la crearon seguirían ahí.

Para buscar dirección habrá que partir de una realidad: el sistema mexicano no es una democracia que se volvió disfuncional, sino un sistema autoritario que, en su intento aún incompleto y fallido de ser democracia, no ha logrado funcionar. Esta distinción es fundamental, pues obliga a reconocer la precariedad de las instituciones, la cultura autoritaria de las decisiones y la debilidad ciudadana por su falta de reflexión e involucramiento de lo público. 

El sistema político mexicano se encuentra en estado precario. La coyuntura del nuevo sexenio abrirá, como es tradicional nacional, una coyuntura de posible cambio, pero este será insuficiente si la clase política no hace un alto en el camino, pues la estructura que insisten en dinamitar es la misma que los sostiene.

México he perdido su capacidad de indignación

Comparte este artículo:

El próximo lunes 7 de mayo, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, se entregará el Premio Ortega y Gasset de periodismo a los periodistas Daniel Moreno, Salvador Camarena, Miriam Castillo, Nayeli Roldán y Manuel Ureste por “La estafa maestra“, una investigación sobre el desvío de fondos públicos en México publicada en Animal Político. Animal Político es un periódico electrónico mexicano. 

Al publicar la noticia, el gran periódico español El País titulaba:  “La investigación que debió sacudir a México (pero no lo hizo)”, y en sub título destacaba: La estafa maestra, ganadora del Ortega y Gasset, documenta una maquinaria de corrupción que mueve. Cientos de millones de dólares y por la que nadie ha pisado la cárcel. Sigue el comentarista de El País: “La aritmética de La estafa maestra es sorprendente. 517 de solicitudes de información, más de 100 entrevistas y largas jornadas de reporterismo en zonas marginales y entornos hostiles. El resultado es el descubrimiento de un fraude de más de 7.760 millones de pesos (unos 420 millones de dólares) en el que están involucrados 11 dependencias del Gobierno mexicano, ocho universidades públicas y más de 50 funcionarios. Pero quizás el dato más impresionante que ha arrojado este trabajo periodístico es una cifra que enciende las alarmas en México: cero responsables. 

Lo que asombra al periodista español es un ejemplo entre muchos otros de lo que es la impunidad en la república de Peña Nieto. “No te preocupes, Rosario, no pasa nada”. Es un ejemplo de lo que significa la corrupción cómo sistema de gobierno. Un ejemplo de las herramientas puestas a disposición de altos funcionarios y allegados para saquear a sus anchas el erario de México. Para robar a los mexicanos lo que es producto de sus impuestos, por lo tanto de su trabajo y de sus ahorros. 

En realidad el periodista asume que la noticia enciende las alarmas en México. Las encendieron un par de semanas y ya esto fue asimilado al igual que la casa blanca, que el fraude del tren rápido, que los 43 desaparecidos y ahora que los tres disueltos en ácido. Después de un sexenio de corrupción, de impunidad, de mentiras y de narco gobierno, los mexicanos nos hemos vueltos insensibles a esta categoría de noticias. Las tragamos sin manifestar mayor inconformidad. Las digerimos sin señales de rechazo. Es la población entera de un país que resulta anestesiada por seis años de fraudes, robos, mentiras y sinvergüenzas  perpetradas desde todas las instancias y todos los niveles del poder. 

México está intoxicado. Tal cómo el rey Mitrídates el Grande, en el primer siglo antes de Cristo, hemos absorbido tanto veneno a lo largo de este sexenio y de los anteriores que ninguna noticia nos indigna. Esto es muy preocupante: México está perdiendo su capacidad de indignación. Esto resulta bastante peligroso: cualquier estafador nos puede embaucar. Algo para reflexionar en tiempos electorales.