En los próximos meses, Movimiento Ciudadano tendrá que tomar una de las decisiones más importantes de su historia política en Nuevo León: definir quién encabezará su proyecto rumbo al 2027.
Muchos creen que la gran apuesta es retener la gubernatura. Y sí, lo es. Pero detrás de la disputa por la candidatura hay una batalla mucho más profunda: quién tendrá el control de Movimiento Ciudadano y quién moverá los hilos del partido durante los próximos años.
Para nadie es un secreto que, desde que llegó al Palacio de Gobierno, Samuel García se convirtió en el principal hombre de poder de MC en Nuevo León. En los hechos, nada se mueve dentro del partido sin su aprobación. Las candidaturas, los acuerdos y las decisiones políticas más relevantes han pasado, directa o indirectamente, por su escritorio.
Hasta ahora, el gobernador ha tenido la última palabra.
Pero el 2027 es otra historia. Y esta vez, la disputa no será únicamente por ganar una elección, sino por definir quién manda en las filas naranjas.
De un lado está Samuel García, con una candidata abiertamente declarada: Mariana Rodríguez. Su eventual postulación representaría mucho más que una apuesta electoral; sería la confirmación de que el proyecto político del gobernador tiene la intención de trascender su sexenio y conservar el control de la estructura naranja.
Del otro lado aparece Dante Delgado, fundador y líder nacional de Movimiento Ciudadano, con una ruta propia y un perfil que comienza a tomar fuerza: Héctor García, alcalde de Guadalupe.
Dante, recuperado de salud y con energías renovadas, entiende perfectamente el riesgo de dejar que el poder estatal termine por absorber las decisiones del partido nacional.
No necesita mirar demasiado lejos para encontrar un ejemplo: Jalisco.
Ahí, el grupo político que gobierna el estado ha consolidado una influencia determinante sobre las decisiones de Movimiento Ciudadano. Una especie de franquicia política en la que el poder local tiene un peso enorme y la dirigencia nacional no necesariamente lleva las riendas.
Ese modelo también ha funcionado en Nuevo León. Al menos hasta ahora.
Porque el poder es temporal, se construye, se ejerce y, tarde o temprano, se pone a prueba. Los gobiernos duran seis años, pero los partidos sobreviven a sus gobernantes. Y es precisamente en esa transición donde Dante Delgado podría encontrar la oportunidad de recuperar el control de una estructura que, durante los últimos años, ha girado alrededor de Samuel García.
Aquí está el verdadero fondo de la disputa.
Si Mariana Rodríguez es la candidata, el mensaje será contundente: Movimiento Ciudadano en Nuevo León tiene dueño político y se llama Samuel García.
Pero si Héctor García consigue la candidatura con el respaldo de Dante Delgado, el mensaje será otro: la dirigencia nacional todavía tiene capacidad de decisión y puede reconfigurar el mapa de poder dentro del partido.
No se trata solamente de Mariana contra Héctor. Tampoco de una simple diferencia de perfiles o estrategias electorales.
Se trata de Samuel contra Dante. De dos visiones de partido, dos proyectos políticos y dos formas de entender quién debe tener la última palabra.
La gubernatura es el premio electoral, pero el control del partido es el verdadero botín político.
En 2027 no solamente estará en juego quién gobierna Nuevo León durante los próximos seis años. También se definirá quién tendrá las llaves de Movimiento Ciudadano, quién decidirá las candidaturas y quién podrá construir el siguiente capítulo del proyecto naranja.
Porque una cosa es ganar la gubernatura y otra muy distinta es quedarse con el partido.
Y en esa batalla, ninguno de los dos parece dispuesto a ceder.