En el camino rumbo a 2027 ya hay suficientes tiradores que aspiran a la silla que hoy ocupa Samuel García. Sin embargo, hay uno que, por su historia y por su perfil, parece representar la verdadera antítesis del gobernador.
Hablo de Andrés Mijes, un político que ha construido su carrera paso a paso, desde el escalón más bajo hasta convertirse en dos ocasiones en alcalde de Escobedo y en uno de los aspirantes más sólidos de Morena para gobernar Nuevo León.
Y cuando hablo de antítesis, no me refiero a que uno sea necesariamente mejor que el otro. Me refiero al contraste entre dos perfiles que parecen representar caminos opuestos para llegar al mismo destino: gobernar Nuevo León. Más que dos políticos, Samuel García y Andrés Mijes parecen encarnar dos maneras distintas de entender el ejercicio del poder.
El primer contraste es la experiencia. No la que simplemente otorgan los años, sino la que se acumula recorriendo cada etapa del servicio público. Esa que se construye aprendiendo durante décadas antes de tomar las decisiones más importantes.
Casos como el de Samuel García, que en apenas ocho años de carrera política llegó a la gubernatura, son excepciones a la regla. Ese recorrido acelerado proyecta atributos como renovación y capacidad para romper inercias, pero también puede implicar desafíos derivados de un menor trayecto institucional. Quizá por ello varios de los errores que ha cometido no respondan necesariamente a una falta de capacidad, sino a la ausencia del temple que solo el tiempo y la experiencia terminan por formar.
El segundo elemento tiene que ver con la forma de comprender a los ciudadanos. No basta con imaginar cómo viven; hay que haber conocido una parte de esa realidad para comprenderla. Ahí encuentro una diferencia clara entre ambos perfiles. Venir de abajo ofrece un termómetro distinto para entender las necesidades de la gente y definir el rumbo de un gobierno.
El tercer factor es la forma de ejercer la política. Los años y las vivencias enseñan que la política puede construirse desde la confrontación o desde los acuerdos. Samuel ha privilegiado con frecuencia un liderazgo disruptivo y de alto impacto público. Mijes, en cambio, ha construido una imagen más asociada al diálogo, la conciliación y la construcción de puentes.
En seis años como alcalde, Andrés Mijes ha tendido puentes con actores de distintos partidos y visiones. Esa característica ayuda a explicar por qué muchos lo identifican como un perfil conciliador en un momento en el que la política de Nuevo León parece haber relegado el valor de los acuerdos.
Estas son las razones por las que considero que Andrés Mijes representa la antítesis política más clara de Samuel García. No porque uno invalide al otro, sino porque ambos parecen encarnar formas distintas de construir liderazgo, ejercer el poder y entender la política.
Lo demás, como siempre, quedará en manos de los ciudadanos de Nuevo León.
La pregunta queda sobre la mesa: ¿qué tipo de liderazgo necesita Nuevo León para enfrentar los desafíos rumbo a 2027?
Lo escrito, escrito está.