¿Realmente necesitamos la Ruta Ecológica?

La contaminación en Monterrey y su área metropolitana es alarmante, tenemos la peor calidad del aire de todo el país. Los regiomontanos ahora somos mucho más propensos a padecer cáncer de pulmón y enfermedades respiratorias. Todos estamos de acuerdo en que debemos hacer algo para remediar la situación que actualmente vivimos.

En las últimas semanas el plan de las Rutas Ecológicas en el municipio de San Pedro Garza García ha dado mucho de qué hablar.

Estas rutas ofrecen integrar a la comunidad entre sí; los lugares de trabajo con las ecuelas, centros comerciales y culturales, además de ser un pulmón urbano y fomentar la convivencia y actividad física de los habitantes del municipio.

Las Rutas Ecológicas de Conectividad Urbana (RECUs) forman parte de un proyecto integral de conectividad peatonal que vincula 8 parques, escuelas, centros comerciales a través de 6 rutas con una extensión de 24.4 kms, se lee en la página del municipio de San Pedro.

Al empezar las obras, los vecinos de San Pedro no tardaron en protestar por este nuevo proyecto municipal. Que si va a generar más tráfico, que quién va a limpiar las hojas que se caigan de los árboles, que quién la va a usar si para eso están las banquetas, en fin, todos tienen sus opiniones al respecto y son válidas. Las protestas hicieron que el municipio pusiera en pausa una parte del proyecto, específicamente en Lomas del Valle, por un tiempo.

Quisiera compartirles una experiencia personal que viví a finales del año pasado. Yo, al igual que muchos de los habitantes del municipio manejaba todos los días de ida y vuelta al trabajo. Si tenía una cita, una visita al banco o alguna reunión con amigos en la tarde; hacía lo mismo, usaba mi carro para desplazarme como lo he estado haciendo desde que me acuerdo.




Transcurría un día normal de un caluroso agosto mientras me dirigía a mi casa para la hora de comida. En la cuadra de mi casa, me chocaron y yo terminé en la peor posición en un choque de 3 carros; en medio. A esto le siguieron los trámites del seguro, una visita al hospital y meter el vehículo al taller.

Por diversas razones el carro estuvo ocho semanas en el taller. ¡Wow, casi dos meses sin carro, cómo le hiciste? Muy fácil; me vi forzada a cambiar la manera en que me transportaba. Fueron ocho semanas en las que aprendí a caminar las banquetas y calles del municipio a diario para ir a trabajar, una vez a la semana para la reunión con las amigas, y a eficientar mi tiempo y pendientes fuera de la oficina, todo esto con las temperaturas de agosto y septiembre en Monterrey.

Reconozco que también acudí a Uber cuando eran distancias largas, y a pedir aventón a familiares o amigos. Pero la mayoría de los días de esas ocho semanas, caminé por las banquetas de San Pedro, los primeros de ellos con collarín.

Agradezco que pasé por esta incómoda experiencia ya que pude ver que es precisamente eso, una Ruta Ecológica Urbana, lo que le hace falta a San Pedro. De qué sirve cuidar y usar Calzada del Valle si cuando salimos de ella para caminar por la banqueta de las calles aledañas, éstas están hechas un desastre.

Banquetas rotas e incaminables, banquetas tan arquitectónicamente hermosas pero tan peatonalmente inútiles, árboles enormes JUSTO EN MEDIO de la banqueta. Sí, en medio de ella, sin espacio suficiente por atrás o por adelante de ellos para continuar con el traslado. Al ir caminando sola, me bajaba hacia la calle, caminaba unos cuantos metros y me volvía a incorporar a la banqueta, así, sencillo. Si hubiera ido empujando una carreola o silla de ruedas, mi experiencia hubiera sido todo lo opuesto.

Transcurridas varias semanas, empecé a notar una diferencia en cómo me quedaba la ropa. Ese pequeño cambio de moverme en carro a moverme yo, hizo que perdiera unos cuantos kilos, contribuyera al medio ambiente y encontrara en caminar diario una fuente alternativa para transportarme.




Y me gustó tanto que aún después que salió el carro del taller, sigo caminando varias veces por semana hacia el trabajo o a mis compromisos. De esta manera, pongo mi parte en disminuir el tráfico vehicular y la contaminación ambiental.

Los vecinos deberíamos protestar que 24.4 kms son demasiado pocos para la cantidad de contaminación que hay en San Pedro.

Deberíamos estar buscando más espacios verdes, de convivencia y medios de transporte alternativos al automóvil, para mejorar nuestra calidad de vida y la del municipio. Quien sabe, igual y en algunos meses además de mejorar la calidad del aire que respiramos, también logremos bajar los índices de sobrepeso que actualmente tenemos en México.

Como siempre, soy todo oídos.

https://www.sanpedro.gob.mx/rutas/rutasecologicas.asp

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

 

 

LA CULTURA DE LA IMAGEN CORPORAL 2ª. PARTE

Como revisamos en el artículo anterior, la obesidad es causada por muchos factores (genética, neuroquímica, hormonal, metabólica, celular, psicológica, social y cultural). Revisamos también la importancia de abordar el problema de una manera completa, y no sólo enfocarnos en el manejo del sobrepeso. Como se mencionó anteriormente, las dietas enfocadas en el peso, en restringir las calorías, son dietas con un alto porcentaje de falla y provocan un desequilibrio metabólico con severas consecuencias para la salud de las personas que se someten a ellas.

La obesidad constituye uno de los principales “estigmas sociales” de la actualidad con una marcada repercusión a nivel psicológico individual. Si bien la obesidad no es, en sí misma, un trastorno psiquiátrico, si es una condición que se acompaña en muchas ocasiones de trastornos psicológicos muy importantes.

Los principales trastornos psicológicos que acompañan a la obesidad son el estrés crónico, la ansiedad y la depresión; sin embargo, no son los únicos ni es sencillo su abordaje. La “estigmatización” de las personas con sobrepeso les reduce sus oportunidades de empleo y educación, esta discriminación de la que son objeto tiene un fuerte impacto en su autoestima.

Esta “cultura de la imagen corporal”, sin embargo, nos envía muchos mensajes contradictorios entre sí; por un lado nos dice que debemos cuidar nuestro cuerpo y por el otro nos envía el mensaje de que nuestro cuerpo es nuestro enemigo, y que debemos controlarlo a toda costa para mantener ciertos parámetros de tallas, volumen y peso.

Desde principios del siglo XX se “institucionalizó” la cultura del cuerpo bello, inicialmente en los Estados Unidos, y posteriormente en la mayor parte del planeta. Esta “cultura de la imagen corporal”, sin embargo, nos envía muchos mensajes contradictorios entre sí; por un lado nos dice que debemos cuidar nuestro cuerpo y por el otro nos envía el mensaje de que nuestro cuerpo es nuestro enemigo, y que debemos controlarlo a toda costa para mantener ciertos parámetros de tallas, volumen y peso.

Esta frase tan común nos revela mucho de la realidad que enfrentan día a día las personas que padecen el sobrepeso, describe un trastorno psicológico llamado hiperfagia al estrés: la ingesta excesiva de alimentos no relacionada con el hambre.

Esta ambivalencia de información tiene un grave impacto social. Las personas se sienten culpables cuando sus medidas y peso se encuentran fuera de los parámetros establecidos. Existen un sinfín de anécdotas de personas que dicen: “Yo sé que comer tanto dulce me hace daño, pero no puedo dejar de comerlo porque me hace sentir bien”. Esta frase tan común nos revela mucho de la realidad que enfrentan día a día las personas que padecen el sobrepeso, describe un trastorno psicológico llamado hiperfagia al estrés: la ingesta excesiva de alimentos no relacionada con el hambre. La hiperfagia al estrés es una conducta común de las personas con obesidad, y es derivada de esta cultura contradictoria de la que hablamos. Por un lado las personas viven angustiadas por padecer el sobrepeso, y su vía de escape es ingerir más calorías para buscar aliviar su ansiedad, volviendo de esta manera la acción de comer en un “autocastigo” a su propio cuerpo.

Los padres de familia que tienen hijos con este problema sufren una gran ansiedad por sentirse con la responsabilidad de la salud de sus hijos, y frecuentemente se equivocan en la estrategia que toman para que sus hijos mantengan un peso saludable. Al intentar mantener delgados a sus hijos se enfocan en restringirles los alimentos y, muy comúnmente, culparlos por su sobrepeso. Lo único que logramos al intentar poner “mano dura” o “disciplina” de esta manera es generarles más ansiedad a niños o adolescentes que seguramente están padeciendo ya mucha ansiedad. El exceso de disciplina puede complicar mucho a los menores el salir de su problema de salud, e incluso llevarlos a padecer severos “trastornos alimenticios” que son muchas veces de más graves consecuencias para la salud que el mismo sobrepeso.

Lo único que logramos al intentar poner “mano dura” o “disciplina” de esta manera es generarles más ansiedad a niños o adolescentes que seguramente están padeciendo ya mucha ansiedad.

En el manejo del sobrepeso los criterios de éxito deben contemplar no sólo la reducción de peso como producto final, sino que como un proceso continuo con resultados positivos en la calidad de vida, estilo de vida menos sedentario, integrando activamente el ejercicio, una mayor aceptación de su imagen corporal y un cambio de hábitos de alimentación, junto con una conciencia de enfermedad que conduzca a una evitar las recaídas, tan frecuentes en este proceso, pero que no significan obligatoriamente un fracaso absoluto del tratamiento.

El próximo viernes trataremos, es este espacio, más ampliamente los “trastornos alimenticos”, su gravedad y su impacto en nuestra sociedad.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”