Misa de cuerpo presente: PEMEX

Otra vez ocurrió una tragedia donde el nombre de Petróleos Mexicanos está metido y ahora no fue otro despilfarro del sindicato o tráficos de influencia, fueron víctimas humanas, trabajadores que murieron víctimas de la negligencia de la dirigencia de la planta y de Mexichem.

La existencia de accidentes no es algo extraño en la industria petrolera, pero la incompetencia en el manejo y en el mantenimiento es algo tan mexicano que nos hemos acostumbrado a solo agachar la cabeza y llorar por las víctimas como en todos los temas que impactan negativamente la nación.

No tengo la más mínima confianza en lo que vaya a o deje de hacer José Antonio Gonzalez como director de PEMEX, que simplemente es un sepulturero más que tratará de que el cajón fúnebre luzca de buena madera. Con privatización o no, el anuncio de la muerte de la petrolera tarde o temprano llegará y a decir verdad quizás ya estamos preparados para el funeral.

Esto es parte de la sistemática degradación de PEMEX, poco a poco ha ido avanzando el cáncer; desde tiempos del infame Joaquín Hernández Galicia alias “La Quina” que se robó hasta las tuercas de las refinerías para llegar a la dictadura actual del otro traidor de la clase obrera llamado Carlos Romero Deschamps que por salud mental no quiero pensar cuánto se ha robado. Aquella empresa nacional creada a bien por el General Cárdenas ahora es solo un recuerdo de algo que fue y no volverá a ser. Una empresa que mataron, sí , Pemex no murió por el mercado internacional, no fue la OPEP, no fue el “imperialismo yankee”. Fueron Los Pinos, su sindicato ruin y los compadres del presidente en turno que han manejado la empresa.

Como es una costumbre muy mexa, todo lo que toca el gobierno lo termina empeorando, ejemplos no faltan: Pemex, Conasupo, CFE, Luz y Fuerza, Concarril, etc. Ustedes, la clase política mataron a la empresa, tú, Carlos Romero… ustedes son los traidores, vendidos, ratas, ladrones, cobardes, anti-obreristas, ustedes que son los que se van a enriquecer con la venta no van a poner ni un peso por los trabajadores muertos en los accidentes, no pusieron ni pondrán un peso por las ciudades petroleras como Minatitlán o Coatzacoalcos que van a terminar temblando para ver que hacen en el “after Pemex”.

Hoy en Coatzacoalcos perdieron muchos no solamente Pemex; perdieron el trabajador a pie, su familia, los proveedores, las tiendas de autoservicios hasta el que vende tacos afuera de las plantas, el impacto a la cadena económica es terrible y nadie ha salido a dar la cara por esta bronca que tiene a la ciudad paralizada.

La existencia de accidentes no es algo extraño en la industria petrolera, pero la incompetencia en el manejo y en el mantenimiento es algo tan mexicano que nos hemos acostumbrado a solo agachar la cabeza y llorar por las víctimas como en todos los temas que impactan negativamente la nación.

De los discursos bonitos de los 54980965 directores que ha tenido PEMEX a largo de su historia no come la gente, no come el trabajador que arriesga su vida bajo condiciones paupérrimas solo por la “hueva política” de ponerse a trabajar como empresa que es y no como concesión de poder del presidente.

No tengo la más mínima confianza en lo que vaya a o deje de hacer José Antonio Gonzalez como director de PEMEX, que simplemente es un sepulturero más que tratará de que el cajón fúnebre luzca de buena madera. Con privatización o no, el anuncio de la muerte de la petrolera tarde o temprano llegará y a decir verdad quizás ya estamos preparados para el funeral.

Estimado lector, sobre Pajaritos hay que llorar, pero las lágrimas son para los obreros, los que si amaron a PEMEX, no para el gobierno, ellos no merecen nada.

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- "Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros."

Uber a Taxi, Moët a Tonayán

Siempre tenemos que ver los dos lados de la moneda, las implicaciones de una y otra postura. A diferencia de otros temas polémicos, en la disputa unilateral de taxistas contra el servicio de chofer “privado”, sólo he visto una opinión social y ésta defiende a Uber. La sociedad en general, incluyéndome, encontramos en Uber un servicio efectivo, pulcro, ético y que entiende las necesidades y exigencias de sus clientes. La novedosa idea de Travis Kalanick y Garret Camp fue un game changer en la industria del transporte y el traslado de personas que la gente “ama”. Quizá exista algún novedoso que defienda al taxi, pero en general, la sociedad se pronuncia a favor del servicio privado por las mil y un razones que ya todos conocemos, y que por supuesto han ocasionado que más de dos taxistas reaccionen de manera poco cordial.

Tal vez no se ha entendido que son productos similares pero consumidos por clientes distintos.

Tal vez no se ha entendido que son productos similares pero consumidos por clientes distintos. El usuario de la aplicación móvil no es el mismo que el de un taxi. En términos generales, y con el debido respeto, el que usa a menudo un taxi no puede acceder a un Uber, y en contraparte, el que usa este servicio privado no va a utilizar un taxi común y corriente cotidianamente. Uno no le quita clientes al otro.

Los transportistas tienen que pagar una cuota al aeropuerto para poder brindar el servicio a los viajeros; y la pregunta es válida: ¿por qué el taxi del aeropuerto paga dicha cuota y Uber da el mismo servicio sin tener que hacerlo?

No obstante, es justo ponerse en los zapatos del gremio taxista. Para obtener las placas de estos autos se tiene que pagar un derecho para poder ejercer el servicio de transporte, tener taxímetro, pintar el vehículo, estar afiliado a un padrón y cumplir con ciertos requisitos marcados por la ley. En caso contrario, Uber no tiene que erogar cantidad alguna por concepto de impuesto o afiliación para brindar este servicio a la gente. De la misma forma, los ingresos que este último recibe no son fiscalizados de la misma manera que los de un taxi común y, en algunos casos, el Uber ni siquiera paga lo que por ley corresponde de ISR o IVA toda vez que es una actividad comercial que genera impuestos. Las agresiones e inconformidades de los taxistas del aeropuerto contra los choferes de Uber son legítimas (lo cual no justifica su comportamiento animal) dado que los transportistas tienen que pagar una cuota al aeropuerto para poder brindar el servicio a los viajeros; y la pregunta es válida: ¿por qué el taxi del aeropuerto paga dicha cuota y Uber da el mismo servicio sin tener que hacerlo? Nuevamente, todos estamos a favor de este último, pero tenemos que considerar dichos asegunes.

Aunque para efectos legales y comerciales no debería regularse al taxi y al servicio privado como productos idénticos, sí se deben establecer reglas que permitan se desarrollen estos dos gremios de la misma manera.

En este sentido, no es totalmente justo que el mismo servicio de traslado de personas (con sus diferencias y similitudes) en unos casos pagué licencias y derechos y en otros no. Desde un punto de vista económico, es una competencia en desigualdad de circunstancias que sería conveniente regular de una forma equiparable y justa para todas las partes. Aunque para efectos legales y comerciales no debería regularse al taxi y al servicio privado como productos idénticos, sí se deben establecer reglas que permitan se desarrollen estos dos gremios de la misma manera.

La lucha de los taxistas contra Uber es ilógica. De la misma forma como Moët no se vende en la tiendita de la esquina ni Tonayán en el antro de moda, Uber no le quita clientes a los taxistas.

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