#EspacioPúblico: “El reto de Miguel”

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‘Los siguientes 3 años de trabajo tendrán como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas en el espacio público’. Esa fue la frase que me pareció más importante en el mensaje de Miguel Treviño al rendir protesta como presidente municipal de San Pedro Garza García. Y me parece importante porque es una frase llena de lecturas, de interpretaciones y de muchas preguntas empezando por cuestionar ¿de quién y para quién es el espacio público de San Pedro?

Quizás para los habitantes de Garza García, Miguel está hablando de mejores parques y espacios de recreo, pero San Pedro ya no es ‘La colonia’.  Dejó de ser un pequeño municipio de carácter residencial de alto nivel económico con un crecimiento disperso,  a ser sede de grandes corporativos empresariales, centros comerciales, hoteles, espacios de entretenimiento y a incrementar rápidamente su crecimiento residencial de manera vertical en condominios de alto valor. 

Bajo estas condiciones, el espacio público se convierte en mucho más que el espacio de recreo de sus habitantes.  El espacio público de San Pedro deberá ser el punto de encuentro y convivencia de miles de personas que destinan una gran cantidad de su tiempo al día sin necesariamente ser sus habitantes.

Será importante generar espacios en los que se pueda caminar y conectar destinos a los que hoy es difícil llegar a pie.  Tener parques en los que se pueda convivir, hacer deporte o simplemente descansar, reducir la velocidad para que las calles que se puedan cruzar con seguridad y reinventar la movilidad de una ciudad que hoy es dependiente del automóvil.

Se tendrá que pensar que hacer con las calles y avenidas del municipio que hoy están saturadas por autos que entran, salen o simplemente lo cruzan; pero habrá que ser creativos, ya hemos visto que mas calles y más carriles sólo nos han llevado a tener más calles y más avenidas saturadas. Se necesita estudiar nuevos medios de transporte público y se requieren medios no motorizados estudiados y con orden que complementen los viajes que hoy sólo se hacen en auto. Además no hay que olvidar que es un municipio en el que  las modas llegan rápidamente, es indispensable poder anticiparse antes que se vuelvan problema,  como las patinetas que se empiezan a ver circular por las banquetas y ya son un dolor de cabeza en otras ciudades que cuentan con más años transformando sus espacios públicos.

Será de gran importancia ejercer de manera más estricta el reglamento de tránsito para liberar banquetas y espacios dedicados al peatón, de autos y otros obstáculos que hoy los invaden en completa impunidad.  Y por supuesto, se agradecerá  mejorar las condiciones físicas de banquetas, accesibilidad, señalización y seguridad peatonal. 

Y a todo este inmenso trabajo habrá que estar atentos a no perder de vistas esas zonas del municipio que requieren integrarse de manera digna en servicios y espacio público para que realmente se hable de un solo San Pedro. 

Un gran reto y una gran responsabilidad. Estamos en un proceso interesante en el que los municipios que forman el área metropolitana de Monterrey deben cambiar su forma de pensar y dejar de ser feudos para pasar a ser parte integral de una metrópoli. Si se hace de manera correcta, San Pedro será el gran ejemplo.

Quienes votaron por Miguel fueron los sampetrinos, pero el reto al que hoy se enfrenta es el de hacer que el espacio público de San Pedro sea eficiente para todos aquellos que viven la ciudad a distintas horas del día. Muchos que no somos residentes, lo vamos a agradecer. 

#EspacioPúblico: “¿De quién es la banqueta?”

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Tu Banqueta, mi banqueta, su banqueta. Parece un ejercicio de adjetivos posesivos que no llega al plural.

¿De quién es la banqueta en esta ciudad?

Hace unos días realicé un ejercicio para comprender a quién le corresponde la responsabilidad de mantener en buenas condiciones el espacio público en diferentes versiones.

Realicé dos reportes a través del CIC (Centro de Integración Ciudadana), organismo del cual tengo una extraordinaria opinión como vínculo entre ciudadanía y gobierno.

El primero de mis reportes fue un bache en una calle secundaria del centro de Monterrey y el segundo una banqueta en pésimas condiciones frente a una casa aparentemente abandonada también en el centro de Monterrey.

Del primero recibí un agradecimiento por el reporte, un número de ticket para dar seguimiento y la canalización de la petición al departamento de servicios públicos de la ciudad.

Del segundo recibí un simple “Buenas tardes Eduardo, el dueño del predio es quien debe encargarse del mantenimiento de la banqueta”. En ese momento me imaginé tocando la puerta de cada casa, negocio u oficina cuando me topara con una banqueta en mal estado; en tres cuadras me convertiría en el loco de las banquetas al que la gente no le quiere abrir la puerta.

Es preocupante descubrir que el trato que se le da al espacio público en esta ciudad es abismalmente distinto, en especial cuando te das cuenta que la atención a privilegios está por encima de la aplicación de derechos.  

De acuerdo al reglamento homologado de tránsito del área metropolitana de Monterrey, calles, avenidas y baquetas entran en la misma categoría de vía pública y están destinadas al libre tránsito de personas y vehículos. 

En la práctica, los baches, que son la principal queja de sólo un sector de la población con el poder adquisitivo para tener un auto, son atendidos con especial atención por tener una repercusión mediática importante. Con los años se ha logrado que el privilegio de moverse en auto se trate como un derecho y se destinen todos los recursos al mantenimiento de calles, muchas veces, de manera deficiente.

Las banquetas, que son el derecho más simple de movilidad de toda la población, son ignoradas y se deslinda la responsabilidad sobre su estado a miles de privados que bajo ninguna guía, supervisión o sanción, las han atendido con el carácter de espacio público y si las han convertido en extensión de sus predios, las han transformado en rampas de acceso privado, las decoran con materiales inadecuados o simplemente las han dejado en el olvido por años. ¿Se puede dejar en manos de privados el espacio público? Ya vemos que se hace y ya vemos también los resultados. 

Esto no puede seguir así. No podemos estar hablando del trabajo de planeación que se hace en Monterrey para crear una ciudad más compacta, de repoblar el centro de la ciudad y de desarrollos orientados al transporte si no hay claridad sobre tener condiciones óptimas de movilidad peatonal, con responsables, regulaciones, manuales y sanciones. 

No podemos seguir pensando de manera aislada en la movilidad. Peatones, ciclistas, usuarios de transporte público y privado, requieren tener los espacios adecuados para moverse de forma multimodal. Se necesita cambiar la distribución de recursos para la inversión en el espacio público de acuerdo a la jerarquía de movilidad que marca la ley, es decir, dando prioridad a los usuarios más vulnerables y estos son peatones y personas con discapacidad.

A la banqueta no lo podemos seguir dando adjetivos posesivos en singular porque no es tuya ni es mía; es nuestra.  Tan nuestra como cualquier otro espacio público y merece tener reglamentos, presupuestos, manuales de construcción y de accesibilidad que la ejecuten, respeten y mantengan.

La banqueta es de todos, aunque hoy es de nadie. 

#PulsoUrbano: “De baches, banquetas destruidas y luminarias rotas”

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Tres son los síntomas escritos en este título que reflejan si hay o no hay gobiernos competentes en las Ciudades. La razón es sencilla. Las evidencias físicas de infraestructura no mienten.

Es difícil que aceptemos que todo está bien cuando esos detalles que hacen la diferencia entre una ciudad con calidad de vida para sus habitantes y otra que no, son la mejor muestra de que no es posible que así sea si los elementos básicos de las calles están en tales condiciones.

¿Por qué importan esas evidencias? porque la calle es la célula del espacio público. Es ahí en donde hacemos la mayoría de los tránsitos que no son de la vida privada. Por ahí pasamos, comemos, convivimos, nos detenemos a descansar, vamos hacia el trabajo o la casa… Vaya, las condiciones de salud, seguridad, servicios públicos de las calles importan en tanto ahí hacemos también la vida.

Por eso indigna tanto que no se pueda atender si quiera esos “detalles” que se vuelven relevantes una vez que ocurren “accidentes” derivados de una banqueta rota, por ejemplo. O, nosotras como mujeres cuando pasamos en espacios poco iluminados donde sabemos que algo podría suceder por cada luminaria que no funciona.

Entonces, de ahí que haya grupos sociales que defienden su pedazo de infraestructura a “muerte”. Producto de la ineficiencia, son las luchas más absurdas en pleno siglo XXI, pero existen… Los de las banquetas, los que tapan baches, los que reportan luminarias rotas. Y, así.

Debemos, Gobierno y ciudadanía, entender que poco podemos avanzar en el diseño de futuro de una ciudad a menos que se resuelvan estos mínimos de los que ni siquiera deberíamos estar preocupados. Porque los temas importantes de una urbe no son ni las banquetas (que de hecho ese concepto está por desaparecer) ni las luminarias ni los baches. Los problemas de las ciudades en el mundo hoy son discusiones muchos más profundas sobre energía, pobreza y exclusión social, contaminación del agua y aire, nuevas tecnologías, entre otros.

Ese es el debate al que debemos avanzar, una vez que gobierno y ciudadanía asumamos con responsabilidad el futuro que ya nos alcanzó y rebasó porque lo mínimo en infraestructura no es lo óptimo ni lo seguro.

#EspacioPúblico: “El vicio del estacionamiento”

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Fumar en aviones, restaurantes, escuelas e incluso hospitales sin grandes restricciones era algo posible hasta mediados de los años 90’s.

Al momento de entender el daño que generaba esta práctica a otros y a la salud misma de los fumadores, se tomaron medidas más estrictas para limitar los espacios en que se permitía fumar. Los establecimientos lucharon contra la prohibición de fumar porque pensaban que afectaría a los negocios y los fumadores se sintieron privados de derechos. Por años, el beneficio individual que generaba una acción estaba por encima del daño que esa misma acción generar en lo público.

En fechas recientes hemos visto como ha tomado por sorpresa la campaña de liberación de banquetas de autos mal estacionados realizada por el municipio de San Pedro Garza García. De un día para otro se exige a automovilistas retirar sus autos de lugares en los que por años indebidamente se les ha permitido.

Por años se permitieron cajones de estacionamiento que claramente invadían la banqueta alegado la necesidad de espacios para propietarios, empleados y clientes. También por años hemos visto crecer esta situación sin ningún control.

Como el fumar en espacios públicos, el estacionamiento en lugares prohibidos por el reglamento de tránsito se convirtió en un vicio socialmente aceptado porque no se ha hecho conciencia que el exceso de su consumo genera un gran daño en lo público.

 ‘Por aquí ni camina nadie, además no hay donde estacionarse’, es la egoísta explicación que escuchamos de automovilistas dejando claro que es más importante estacionar su auto que la libertad de paso de peatones por donde les corresponde.

‘Vamos a estar trabajando para darle prioridad al peatón’, es lo que dice el gobierno municipal cuando por años lo tuvo olvidado dando preferencia a autos, ignoró los abusos que se hacían con banquetas y evadió responsabilidad para poner orden.

La impunidad ha regido sobre el reglamento de tránsito y ha dejado a la vista la corrupción en el control urbano que ha permitido que proliferen cajones de estacionamiento que claramente utilizan parte o toda la banqueta.

Como el fumar y sus restricciones, la responsabilidad es compartida. El estacionamiento en banquetas se convirtió en un vicio cotidiano porque quién pone las restricciones no las aplicó y quién se podía beneficiar abusó.

Ahora es momento de hacer conciencia y erradicar un mal hábito que nos tiene alejados de la realidad urbana de la ciudad.

Al igual que las restricciones a fumar en espacios públicos, el proceso tardará tiempo en ser parte de la conciencia colectiva. Habrá usuarios molestos y establecimientos que quieran burlar la ley.  Lo importante es no dar marcha atrás.  Los malos hábitos que se convierten en vicios son fáciles de volver a ellos si no hay las restricciones y la aplicación efectiva de sanciones que los desincentiven.

 

Espacio para el deporte

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El área metropolitana de Monterrey es un conglomerado urbano que concentra al 88% de la población del estado de Nuevo León. La problemática que afecta a nuestra ciudad es muy variada y en años recientes se han acentuado algunos de estos problemas. En el año 2010 sufrimos el embate del huracán Alex, de cuyos devastadores efectos aún no hemos podido sobreponernos, destrozó varias avenidas y nos trastocó la vialidad. El trabajo realizado por el gobierno anterior para reparar los daños que dejó el huracán dejó mucho que desear, tanto la calidad de las obras de pavimentación, como las obras viales, no fueron lo esperado para resolver la problemática.

Aunado a este problema, también la ciudad se vio afectada por una crisis de seguridad sin precedentes. La vida diaria de los regiomontanos se vio afectada de una manera terrible, la inseguridad nos obligó a cambiar nuestros patrones de conducta. Ya no era posible socializar, ni tener acceso a lugares de esparcimiento; la desconfianza y el temor se apoderó de la sociedad.

En el año 2010 sufrimos el embate del huracán Alex, de cuyos devastadores efectos aún no hemos podido sobreponernos, destrozó varias avenidas y nos trastocó la vialidad.

Uno de los efectos palpables en la sociedad ha sido el aumento del stress en las personas, diariamente vemos la agresividad e impaciencia con la cual se comportan la mayoría de los conductores de vehículos por las calles. Esta agresividad es producto de la frustración que generan los embotellamientos viales, los cuales a su vez son causados por la deficiente planeación de la vialidad en el área metropolitana, a los múltiples baches y a las obras pendientes de terminar.

Otro de los efectos devastadores que nos dejó a su paso el huracán Alex fue, la pérdida de un gran espacio para el deporte y el esparcimiento con el que contábamos. Para quienes no conocieron la ciudad antes del paso de huracán Alex, tal vez les resulte increíble enterarse que lo que es el lecho del Rio Santa Catarina, en un tiempo fue un parque deportivo lineal que albergaba cientos de canchas deportivas para el uso de todos los ciudadanos.

En ese lecho del Rio, además de las canchas, también se encontraban albercas públicas (a la altura de Pino Suárez), además se hacía espacio para que se alojaran temporalmente circos y ferias. Entre broma y orgullo los regiomontanos denominábamos a este espacio “el estadio más grande del mundo”.

Es indudable la necesidad de recuperar este espacio para el deporte y el esparcimiento de la sociedad. Todos los ciudadanos: niños, jóvenes y adultos, disfrutábamos de las canchas y atracciones del Rio Santa Catarina. Los beneficios de contar con un espacio de esta magnitud son muchos, además del buen efecto en la salud pública que acarrea la práctica de los deportes, también son una válvula de escape social y son un alivio para el stress que vivimos los ciudadanos en el día a día.

Los beneficios de contar con un espacio de esta magnitud son muchos, además del buen efecto en la salud pública que acarrea la práctica de los deportes, también son una válvula de escape social y son un alivio para el stress que vivimos los ciudadanos en el día a día.

Es imperativo que los nuevos gobernantes, tanto del estado como de los gobiernos municipales, pongan empeño en rehabilitar este espacio y lo vuelvan a poner a la disposición de los habitantes. Sin embargo, también es importante que sea un espacio público y de libre acceso para la población, ya que también hemos pasado por la experiencia de verlo privatizado y no ha sido una buena experiencia.

Los ciudadanos requerimos de más espacios para el deporte y el sano esparcimiento social

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”