La farsa de los segundos pisos

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Ya pasamos el primer tercio de las campañas en Nuevo León y las y los candidatos andan con todo. Dimes y diretes diarios, señalamientos de corrupción, compadrazgos y falta de resultados que se señalan entre ellos. ¿Y las propuestas?, nos preguntamos la mayoría. Las campañas electorales siguen dando mucho que desear, especialmente las de la gubernatura. Está claro que seguimos en la pésima práctica de escoger a la persona menos “peor” para que gobierne nuestra entidad. Y eso lo vemos también en las propuestas y soluciones que plantean. De todas las ocurrencias para “arreglar” los problemas de nuestra ciudad, sin duda la peor es la de los segundos pisos. 

Nuestro Monterrey ha sido pésimamente diseñado por parte de nuestras autoridades. Este no es un mal reciente. Desde hace varias décadas hemos visto cómo la “movilidad” se enfoca en la vialidad de vehículos privados, con un simple objetivo, entre más rápido llegue a mi destino, mejor. Esto ha llevado a un sinfín de malas prácticas e infraestructura donde los que salimos perdiendo somos todas las personas. 

Es muy sencillo identificar cómo nuestra ciudad fue diseñada para los carros y no para nosotras, las personas. Sobran las avenidas de alta velocidad en donde no hay un solo cruce peatonal e incluso se les señala como inadaptados sociales a quienes se aventuran en bici o en otro medio de transporte por no hacer caso o “respetar” a los vehículos. Estas son las mismas avenidas en las que semana tras semana se reportan atropellos y accidentes, incluso ha habido tráileres que caen encima de personas, casi siempre con consecuencias fatales para las personas involucradas. 

Vemos también la aberración de los puentes “peatonales”, que, en realidad, son anti peatonales. La lógica es que el carro siempre es prioridad y las personas deben caminar el triple de distancia para cruzar la calle, arriesgando diariamente su vida (en 2019 y 2020 el 41% de los fallecimientos en accidentes viales son de peatones). Hay que sumarle a estos puentes el guiño de las empresas publicitarias que, en su afán de contar con más espacios de contaminación visual, están dispuestas a seguir construyendo estos bodrios de movilidad. 

Por último, tenemos la joya de la corona: los pasos a desnivel. No conozco otra ciudad en el país que tenga más jorobas que Monterrey. Incluso los alcaldes los siguen inaugurando como si fueran la respuesta a los problemas de tráfico que día a día sufrimos. Pero son exactamente lo contrario, lo que presentan como solución es la raíz de nuestros problemas. 

En este entramado de malas decisiones urbanas y viales, los candidatos salen a proponer “soluciones” con bombo y platillo. ¡Segundos pisos para todos los cochistas! Las ocurrencias no pueden ir más lejos, ya que es cuestión de hacer una investigación rápida para saber que no son pocas las ciudades que se dieron cuenta de sus errores históricos con estas obras. Chicago, Nueva York, Tokio, París y muchas otras ciudades han optado por retomar esos espacios y hacerlos parques y espacios de convivencia y esparcimiento. 

La manera más fácil de explicarlo es con el concepto de Demanda Inducida. Lo que ha sucedido en Nuevo León no es algo desconocido, al contrario ha sido muy estudiado. El gobierno ha ofertado en el mercado de movilidad carriles, carriles y más carriles para los vehículos privados. Esto deja en claro que el presupuesto para obras de movilidad se dedique casi en su totalidad a vehículos privados y haya dejado de lado la inversión en transporte público y en movilidad integral por décadas. 

“¡Haz un paso desnivel aquí donde hay tráfico, pon un puente anti peatonal acá para que pasen más rápido los carros y, ahora, haz un segundo nivel para que quepan más carros en la misma superficie! Estas son el tipo de decisiones del gobierno del estado y de los municipios del área metropolitana, soluciones poco sostenibles que favorecen, una vez más, a los vehículos.  

Esto ha provocado que históricamente las vecinas y vecinos de la ciudad “opten” o se vean en la necesidad de comprar un vehículo para poder moverse rápidamente. El gobierno está manejando la demanda de movilidad para que se adquieran vehículos. Cada día son más las personas que siguen utilizando su vehículo como principal medio de transporte. A pesar de esto, la mayoría de las y los regios se mueven en transporte público y sufren las mismas consecuencias del tráfico que el resto de sus vecinos que sí tienen coche. 

Lo que se requiere es retomar la superficie de nuestra ciudad que ha sido cooptada por los vehículos privados. Retomarla para espacios públicos y sobretodo para una movilidad integral. Urge cambiar el sentido de la inversión hacia alternativas de movilidad, nos urgen ciclovías, nos urgen más líneas de metrobús, nos urgen políticas donde las personas sean la prioridad. 

Las soluciones ahí están, ahora cada una de nosotras, las personas, tenemos que analizar qué tipo de ciudad queremos construir. ¿Queremos un Monterrey con tráfico, contaminado y sin espacios para las personas, o un Monterrey donde moverte no te cueste, donde puedas respirar aire limpio y, sobretodo, donde las personas podamos crecer con nuestras familias en comunidad? ¡Construyamos el Monterrey que queremos!

Kristian Macías es profesor universitario y desarrolla proyectos de política pública. Actualmente es Candidato Independiente a Diputado Local por el Distrito 4 de Nuevo León. 

www.kristianmacias.com

#DimesyDiretes: “El verdadero Reto de la Movilidad”

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No es el fondo del asunto regular a los uber, cabify, didi y similares; no es el fondo tampoco que se construyan 20 líneas del metro en el área metropolitana de Monterrey; no es el fondo del asunto tener autobuses climatizados y en buenas condiciones.

Aunque todo lo anterior resulta indispensable no es el verdadero reto de la movilidad en el Estado de Nuevo León, sino la forma que tenemos de pensar y de vivir.

Si se regulara uber, didi, cabify y similares ¿de que serviría si ni siquiera quieres ir al mini super caminando?, el mismo resultado sería si construyeran 20 líneas del metro y no te subirías porque sigues pensando que el auto es el medio más eficiente de movilidad. ¿Para qué queremos autobuses climatizados y limpios si no los usamos o somos nosotros mismos los que los ensuciamos?.

El área metropolitana de Monterrey se encuentra ya en un colapso de facto en cuanto a la movilidad, y esto se debe a: 1. Que vivimos lejos de nuestros trabajos, 2. Que todos queremos vivir en Cumbres o en la zona de la carretera nacional y con esto colapsamos las vialidades, 3. Que preferimos vivir en una casa unifamiliar e ir a un gran centro comercial a vivir en un edificio de uso mixto en el que en las primeras plantas sean de tiendas y mini super, y en las plantas altas, 4. Que seguimos pensando que el transporte público es para “pobres” o para “nacos” cuando en las grandes ciudades de Europa las clases sociales conviven en el transporte público.

El verdadero reto de la movilidad está en nuestra forma de pensar, en buscar alternativas eficientes que nos ahorren tiempos de traslado y poder disfrutar más tiempo con nuestras familias o en actividades recreativas para poder ser más productivos en nuestros trabajos, pero sobre todo para poder ser felices. A esto se le llama calidad de vida.

Cambiar nuestra forma de pensar también es ser objetivos y ser críticos acerca de nuestras costumbres y compararlas con las de otros países, y evaluar los resultados en ambos casos. Ser críticos es tener un criterio propio, recibir la información pero saber discriminarla en lo útil, lo que contiene algún sesgo, o lo que es falso. Las generaciones de adultos mayores a 45 años tomaban como fuente válida e irrefutable lo que veían en un periódico o en el noticiero de la televisión; los millennials y centennials incluso toman como cierto e irrefutable lo que ven en redes sociales, aunque sean fake news. Eso nos lleva a generar prejuicios tales como ver el reporte vial de un noticiero y ver un embotellamiento en avenida Leones y pensar que el problema es que dicha avenida no tiene un segundo piso o que no amplían otras, sin siquiera ser objetivos y comparar los modelos de movilidad de ésta ciudad y de otras en las que si ha funcionado.

Cambiar nuestra forma de vivir es actuar en consecuencia, dejar de culpar al gobierno y a los demás ciudadanos del colapso en el que vivimos sin siquiera hacer nuestra parte. A ti querido lector te pregunto ¿conoces acaso cuantas calles debes caminar para tomar el primer autobús que pase? ¿Qué ruta es? ¿A dónde te lleva? ¿con qué otra ruta debes de conectarte para ir al centro de la ciudad? La gran mayoría no podrán contestar estas preguntas porque estamos acostumbrados a vivir de otra forma muy diferente a lo que se acerca a la eficiencia de la movilidad.

En el preámbulo de una nueva ley de movilidad debemos ser partícipes, y no solo con ideas sino con acciones que nos encaminen al modelo de ciudad y de vida al que aspiramos. Ciertamente el gobierno debe cumplir y estar a la altura de lo que merecemos pero también los ciudadanos debemos contribuir con nuestra participación