#Accelerate

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“¿Cuál es el atractivo del aceleracionismo de hoy? Que se puede entender como una respuesta a la situación social y política concreta en la que actualmente parecemos estar atrapados: la de una catástrofe a largo plazo y en cámara lenta.”
– Steven Shaviro

Una de las muchas razones por las que me gusta leer, es que cada vez se aprende algo nuevo. Incluso releyendo un libro, uno descubre cosas que su cerebro no registró en una primera lectura. Siempre lo he dicho: si hay algo mejor que leer un buen libro, es releerlo. Suelo leer todos los días. Termino un libro y empiezo otro. Y a la par, disfruto de la lectura de artículos, monografías y textos de todo tipo.

Fue hace unos días que, leyendo un artículo que criticaba cierto partido de la derecha española, me encontré en la zona de comentarios con una recomendación que, por el título, llamó mucho mi atención: “The Accelerationist Manifesto” (“Manifiesto Aceleracionista”), recomendaba un usuario que leyéramos.

A decir verdad, todo libro o documento que contenga la palabra Manifiesto en su título, llama mi atención. Quizá es porque esa rojilla que llevo dentro, aunque trate de moderar, me recuerda inmediatamente al Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels.

El Manifiesto Aceleracionista fue escrito por Nick Srnicek y Alex Williams y publicado en mayo del 2013. Es breve, consta de solamente seis páginas. Se divide en tres partes: una introducción del contexto histórico, una explicación de lo que es el aceleracionismo y un apartado de conclusiones sobre el futuro que denominan el “manifiesto” como tal.

Me encantó este texto porque me proporcionó las bases de una ideología que no tenía idea de que existía. Siempre resulta bastante interesante conocer distintas propuestas de ideología. En ese tenor, me gustaría compartir con ustedes los principales aspectos del aceleracionismo (con base en el Manifiesto en cuestión).

Se le denomina aceleracionismo porque se considera que el capitalismo ha causado una serie de catástrofes mundiales en aceleración continua.

1. El nombre.

Se le denomina aceleracionismo porque se considera que el capitalismo ha causado una serie de catástrofes mundiales en aceleración continua. Así como el capitalismo es aceleracionista, en el sentido de buscar un crecimiento económico y competencia constantes, la velocidad capitalista provoca desastres de manera acelerada. Y de allí toma el nombre este Manifiesto: aludiendo a las aceleradas catástrofes que ha provocado el capitalismo.

2. El objetivo principal.

Si hay algún sistema que se haya asociado con ideas de aceleración, es el capitalismo. En su forma neoliberal, su bandera ideológica es la liberación de las fuerzas de destrucción creativa para despejar el camino a las innovaciones tecnológicas y sociales en constante aceleración. Es entonces que el aceleracionismo busca preservar las conquistas del capitalismo tardío al tiempo que va más allá de lo que permite su sistema de valores, sus estructuras de poder y sus patologías de masa.

El capitalismo ha empezado a reprimir las fuerzas productivas de la tecnología o, por lo menos, a dirigirlas hacia fines absurdamente limitados (como los fenómenos de los monopolios y de las luchas de patentes).

3. Bases.

El capitalismo ha empezado a reprimir las fuerzas productivas de la tecnología o, por lo menos, a dirigirlas hacia fines absurdamente limitados (como los fenómenos de los monopolios y de las luchas de patentes). “Un sinfín de repeticiones de los mismos productos básicos sostienen la demanda marginal de consumo”, provocando con ello un “avance” a expensas de la aceleración humana. Los aceleracionistas creen en el potencial de los avances científicos y tecnológicos, si se producen cambios “más allá de la miopía de los aliados capitalistas”, y consideran que la izquierda tiene que aprovechar todos y cada uno de los avances científicos y técnicos que hace posible el capitalismo. La izquierda aceleracionista debe instruirse en los campos de las redes sociales, modelos basados en agentes, análisis de datos y modelos económicos de no equilibrio. Se debe desarrollar una hegemonía tecnosocial tanto en el ámbito de las ideas como en el ámbito de las plataformas materiales, que son la infraestructura de la sociedad globalizada. Quieren conformar una sociedad intelectual de aceleracionistas, que se dediquen a la creación de un sistema económico postcapitalista.

4. Alternativa.

Los aceleracionistas parecen ofrecer dos posibles desenlaces para nuestro mundo: continuar en el sistema económico actual y eventualmente fragmentarnos hacia “el colapso planetario”, o desarrollar un sistema económico nuevo postcapitalista y globalizado para poder construir un futuro más moderno.

Se puede decir que, básicamente, lo que los aceleracionistas buscan es el desarrollo de una economía postcapitalista que sea capaz de mejorar nuestros estándares, liberar a la humanidad del trabajo y propiciar avances tecnológicos.

Se puede decir que, básicamente, lo que los aceleracionistas buscan es el desarrollo de una economía postcapitalista que sea capaz de mejorar nuestros estándares, liberar a la humanidad del trabajo y propiciar avances tecnológicos que amplíen nuestras libertades. Suena muy utópico y, al mismo tiempo, suena bastante extraño.

Recomiendo mucho la lectura del Manifiesto Aceleracionista por tres principales razones. Una, por su excelente redacción y capacidad de síntesis en las ideas. Dos, por su voraz crítica al capitalismo sin caer en la resignación, puesto que ofrece una alternativa: otro mundo posible. Tres, por su poético mensaje: no podemos prever el futuro, pero sí construirlo.

A mí no me convence su ideología, pero reconozco lo interesante que resulta. Y me quedo con su poético mensaje.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Depreciación de mercado vs devaluación deliberada

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“Defenderé el peso como un perro.”
-López Portillo

En 1982 el ambiente económico del país era de crisis: El país se endeudó a niveles sin precedentes, los precios del petróleo se desplomaron, la inflación aumentó a niveles de dos cifras, el dólar salía del país a caudales y las reservas internacionales se agotaban. El ánimo nacional era lúgubre y el presidente de ese entonces, José López Portillo, con su distinguida retórica populista y su sentimentalismo nacionalista, salió a decirles a los ciudadanos, que a deliberación de él, el peso no se devaluaba: ‘Presidente que devalúa, Presidente que se devalúa’, dijo López Portillo.

Situaciones como la anterior sucedieron en varias ocasiones en el país antes de 1994, cuando el gobierno aún mantenía bajo su control el tipo de cambio. En ese entonces, la coyuntura económica y política del país y la volatilidad de los mercados internacionales provocaron una gran salida de capitales que terminaron con las reservas internacionales, haciendo insostenible mantener la paridad, objetivo del gobierno. A una pérdida del valor de la moneda respecto a otras divisas en este régimen deliberado se le llama devaluación, un aumento de su valor se le dice revaluación.

Bajo este régimen de tipo de cambio controlado, la paridad se determina a deliberación de un jefe de estado, una junta de gobierno o un banco central, éste o estos ajustan el valor de la moneda local a una o varias divisas de referencia (en nuestro caso el peso con el dólar), ya sea que determinen una paridad específica o la mantengan dentro de un intervalo controlado. Los mecanismos que funcionan aquí son que el gobierno vende o compra la divisa de referencia en el mercado a un precio determinado manteniéndola así a un nivel que previamente se ha impuesto por decreto, o utiliza su política monetaria para maniobrar con la paridad a que converja con sus objetivos macroeconómicos, o en casos desesperados, deteniendo o limitando la venta de la divisa al público e impone un precio oficial[1].

Uno de los problemas a nivel internacional que genera el control del tipo de cambio es que los gobiernos tienden a devaluar su moneda a capricho para fomentar sus exportaciones (el caso más conocido es el de China) y hacer de estas, artificialmente, más competitivas, sin que necesariamente los productores hayan mejorado sus procesos de producción. Creando así una guerra de divisas entre las naciones, en donde se generan roces políticos y dumping.

Uno de los problemas a nivel internacional que genera el control del tipo de cambio es que los gobiernos tienden a devaluar su moneda a capricho para fomentar sus exportaciones.

A nivel nacional, este régimen de tipo de cambio puede generar certidumbre sobre la volatilidad en los mercados de divisas; los empresarios o inversionistas pueden sentir la seguridad de que se mantendrá una paridad fija, o que va a estar dentro de un intervalo —esto solo si hay confianza en la administración y suficientes reservas con qué respaldar la moneda—, así como poder hacer la planeación de su empresa o endeudarse en moneda extranjera sin el temor de que la pérdida de valor de la moneda nacional encarezca sus insumos importados o sus deudas.

No obstante, esta política va en contra del comportamiento del mercado. Se gastan enormes cantidades de recursos para poder mantener la paridad fija o el intervalo controlado; y en caso de que las reservas internacionales se agoten, y le sea imposible al gobierno mantener esa paridad; o el gobierno pierda credibilidad; puede esto generar incertidumbre y pánico que deriven en una crisis, como las de México en el pasado. Además de crear una dependencia en la población sobre las decisiones administrativas del estado, y creando conflictos de intereses: ¿a quién favorezco, exportadores o importadores?

Actualmente en México el tipo de cambio se determina por la oferta y la demanda de divisas en el país bajo un régimen de libre flotación: Mayor demanda de dólares, deprecian el peso (fugas de capital); mayor oferta de dólares, aprecian el peso (entradas de capital). Este mecanismo de libre flotación se decretó a partir del 22 de diciembre de 1994. (Noten que devaluación-revaluación y depreciación-apreciación son conceptos diferentes.)

Se involucran muchos factores en la determinación del tipo de cambio bajo el régimen de libre flotación, y éstos obedecen al comportamiento del mercado: oferta y demanda. En la oferta y la demanda de divisas influyen circunstancias externas e internas: la certidumbre de la población, la especulación de los inversionistas, el desempeño de la economía nacional y mundial, la política monetaria de un banco central (en el caso de México éste es autónomo[2]), y muchas otras cosas que no involucran el arbitrio o directamente la aprobación de la administración del gobierno en turno.

Esa idea sobre el presidente deliberando a capricho el tipo de cambio, o que la administración de éste influya de manera considerable en la determinación del tipo de cambio, prevalece en el encono hacia los malos manejos de la economía mexicana de los gobiernos anteriores en donde éste sí tenía un control directo sobre el tipo de cambio, y en el temor de que las crisis mexicanas pasadas hayan explotado a partir de la pérdida de valor de nuestra moneda.

Las depreciaciones del peso mexicano contra el dólar en los últimos meses se han debido en gran medida a la volatilidad de los mercados internacionales, en especial al esperado y aún desconocido incremento de las tasas de Reserva Federal de Estados Unidos. Cada vez que el Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal se reúne para decidir su política monetaria (subir o no las tasas de interés), hay una tormenta en el mercado de divisas. Un incremento de las tasas ocasionaría una avalancha de capitales que se refugiarían en el dólar, provocando grandes salidas de capitales en los países emergentes como México, depreciando así su moneda.

Las depreciaciones del peso mexicano contra el dólar en los últimos meses se han debido en gran medida a la volatilidad de los mercados internacionales, en especial al esperado y aún desconocido incremento de las tasas de Reserva Federal de Estados Unidos.

La depreciación no es toda mala, si es moderada. La pérdida de valor de la moneda favorece a nuestra industria exportadora, que es uno de los mayores motores que mueven nuestra economía, y esta pérdida de valor podría solo ser un ajuste en los mercados. El problema es cuando se genera gran volatilidad y pánico y hay grandes salidas de capitales, esta súbita pérdida de valor de la moneda distorsionaría los mercados: generaría efectos inflacionarios por medio del aumento en el precio de los insumos importados.
Paradójicamente, desde principios de año hasta la fecha (06 de Octubre de 2015) en donde el peso se ha depreciado nominalmente en 12.53% frente al dólar[3] y se ha llegado a una paridad nunca vista, no se han percibido los efectos inflacionarios como podrían esperarse y, de hecho, la inflación se mantiene en mínimos históricos.

¿Por qué sigue subiendo el dólar y no le ha pegado a la inflación? Ese es otro tema mucho más controversial que después platicamos…

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[1] Recientemente en Venezuela se aplicó esta medida extrema, y lo único que ha creado es un mercado
[2] Bajo este régimen de tipo de cambio de libre flotación, el Banco de México no interviene en el mercado de divisas para tratar de mantener una paridad fija o dentro de un intervalo, por lo que las reservas internacionales sólo sirven como respaldo de la moneda. No obstante, en los últimos meses y debido a la alta volatilidad en el mercado de divisas, el Banco de México ha estado vendiendo dólares en el mercado para contener una súbita caída del peso frente al dólar, pero no tiene como objetivo mantener la paridad peso-dólar dentro de un intervalo o en un nivel fijo.
[3] En 1994 el peso perdió más de 60% de su valor nominal frente al dólar. Fuente: Banco de México.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”