La terrible historia del peso y el dólar

En los últimos días hemos visto cómo el peso se deprecia frente al dólar, y el mensaje que constantemente transmiten los medios de comunicación comienza a manejar un poco los temas del miedo, la indignación y la preocupación por lo que podría suceder con nuestra divisa en un futuro cercano. Hay quienes consideran que un episodio como el de 1994 podría repetirse y pronostican que la economía mexicana podría afrontar un reajuste negativo para intentar mitigar los estragos que ocasionaría el alza del valor del dólar. Desafortunadamente, el plan no es muy prometedor: en pocas palabras, se piensa nuevamente en una devaluación.

Hay quienes consideran que un episodio como el de 1994 podría repetirse y pronostican que la economía mexicana podría afrontar un reajuste negativo para intentar mitigar los estragos que ocasionaría el alza del valor del dólar.

El 3 de diciembre de 2012, oficialmente el primer día laborable de nuestro presidente Enrique Peña Nieto; y según información del Banco de México, el dólar se cotizaba en $12.93. El día de ayer, martes 19 de enero, el valor registrado fue de $18.19 pesos por dólar, lo que representa un incremento de aproximadamente $5 pesos en poco más de tres años. Podría no sonar tan alarmante, pero si ajustamos el dato, descubrimos parte de la realidad: el dólar se ha encarecido aproximadamente un 40% respecto al inicio del presente sexenio.

El dólar se ha encarecido aproximadamente un 40% respecto al inicio del presente sexenio.

Echando una rápida hojeada a los números nos encontramos con tres datos interesantes: al cierre de la administración de Ernesto Zedillo (1994-2000), el dólar se cotizaba en $9.42. Al final del mandato de Vicente Fox (2000-2006), los billetes verdes valían $10.99 pesos, y para el cierre de labores de Felipe Calderón (2006-2012), el valor era de $12.92 pesos por dólar. Si hacemos las cuentas nos encontramos con que, durante los sexenios panistas, el dólar aumentó aproximadamente $3.5 pesos, lo que equivaldría a un incremento del 37% en doce años de gobierno. Lector, si para este punto consideras que mi intención es decirte que “los panistas juegan mejor a la economía que los del PRI”, déjame decirte que no es así.

Sí, probablemente el precio del dólar tuvo una variación similar a la que Peña Nieto ha presentado en tan sólo tres años, pero naturalmente estas cifras no contemplan los incrementos pronunciados que se registraron a lo largo de estos sexenios donde el dólar alcanzó niveles por encima de los catorce pesos. Además, esta información no es relevante para hablar de los otros tantos temas que aquejaron al país durante este tiempo, tales como la crisis de seguridad, la de derechos humanos, las terribles fallas en política exterior, el incremento de los índices de pobreza a nivel nacional, entre otros. Sobre esto último, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política (CONEVAL) indicó que respecto a la cifra de 2006, en México existen 20 millones más de personas que viven en pobreza (2012), lo que equivale a un poco más del 50% de la población de nuestro país.

Volviendo al tema, y nuevamente verificando algunas cifras, nos encontramos con algunos cambios muy pronunciados. Si hacemos un poco de memoria —y consultamos algunas estadísticas, por qué no— nos encontramos con la sorpresa de que el día 2 de diciembre de 1994 (primer día de trabajo de Zedillo), el valor del dólar era de apenas $3.44 pesos. No obstante, los estragos del mes de diciembre provocaron que rápidamente el valor de la divisa estadounidense aumentara y que incluso llegara a cotizarse en $7.59 pesos para marzo de 1995. Es decir, el valor del dólar se incrementó en un 120% en tan sólo cuatro meses.

¿Crees que esto es preocupante? No hay que olvidar un par de detalles. Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortiari, y con el fin de contrarrestar la monstruosa devaluación del 1442.92% que sufrió el peso mexicano durante el sexenio de José López Portillo, se realizaron reformas estructurales —un término que probablemente nos suena muy familiar hoy en día— y se introdujo la política del ‘nuevo peso’, que en la jerga del ciudadano común, no significa otra cosa más que “quitarle tres ceros al peso” y así, en lugar de decir que algo valía diez mil pesos, ahora sólo costaba diez.

Para evitar confusiones, el circulante mexicano llevaba grabada una letra ‘N’ para indicar que se trataba de esta nueva política económica, y así fue como las monedas de cien y doscientos pesos fueron desapareciendo para darle lugar a las de N$1, N$2, N$5 y sus derivaciones en centavos. Sin embargo, el 1º de enero de 1996, el nombre ‘nuevo peso’ fue eliminado para retomar el viejo nombre de ‘peso’, así “a secas”. ¿Por qué es esto importante? Porque si quisiéramos medir el valor del dólar respecto a nuestra moneda de manera histórica, realmente necesitaríamos pagar aproximadamente $18,000.00 pesos por dólar, lo cual de ninguna forma es equiparable con los $2291.24 que se pagaban en 1988.

La pregunta clave: ¿podría nuevamente devaluarse el peso mexicano? La respuesta: en este país pareciera ser que cada 20 años es lo que sucede.

Nuevamente, lector —y antes de que te alarmes— recuerda que la economía ha sufrido muchos cambios y que en 20 años pueden suceder muchas cosas. La pregunta clave: ¿podría nuevamente devaluarse el peso mexicano? La respuesta: en este país pareciera ser que cada 20 años es lo que sucede. A mediados de los setenta, sufrimos una primera devaluación; a mediados de los noventa, se repite la historia, y ahora a mediados de los 2010, parece que la cosa no pinta diferente.

“Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo” –Jorge Santayana.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”

Depreciación de mercado vs devaluación deliberada

“Defenderé el peso como un perro.”
-López Portillo

En 1982 el ambiente económico del país era de crisis: El país se endeudó a niveles sin precedentes, los precios del petróleo se desplomaron, la inflación aumentó a niveles de dos cifras, el dólar salía del país a caudales y las reservas internacionales se agotaban. El ánimo nacional era lúgubre y el presidente de ese entonces, José López Portillo, con su distinguida retórica populista y su sentimentalismo nacionalista, salió a decirles a los ciudadanos, que a deliberación de él, el peso no se devaluaba: ‘Presidente que devalúa, Presidente que se devalúa’, dijo López Portillo.

Situaciones como la anterior sucedieron en varias ocasiones en el país antes de 1994, cuando el gobierno aún mantenía bajo su control el tipo de cambio. En ese entonces, la coyuntura económica y política del país y la volatilidad de los mercados internacionales provocaron una gran salida de capitales que terminaron con las reservas internacionales, haciendo insostenible mantener la paridad, objetivo del gobierno. A una pérdida del valor de la moneda respecto a otras divisas en este régimen deliberado se le llama devaluación, un aumento de su valor se le dice revaluación.

Bajo este régimen de tipo de cambio controlado, la paridad se determina a deliberación de un jefe de estado, una junta de gobierno o un banco central, éste o estos ajustan el valor de la moneda local a una o varias divisas de referencia (en nuestro caso el peso con el dólar), ya sea que determinen una paridad específica o la mantengan dentro de un intervalo controlado. Los mecanismos que funcionan aquí son que el gobierno vende o compra la divisa de referencia en el mercado a un precio determinado manteniéndola así a un nivel que previamente se ha impuesto por decreto, o utiliza su política monetaria para maniobrar con la paridad a que converja con sus objetivos macroeconómicos, o en casos desesperados, deteniendo o limitando la venta de la divisa al público e impone un precio oficial[1].

Uno de los problemas a nivel internacional que genera el control del tipo de cambio es que los gobiernos tienden a devaluar su moneda a capricho para fomentar sus exportaciones (el caso más conocido es el de China) y hacer de estas, artificialmente, más competitivas, sin que necesariamente los productores hayan mejorado sus procesos de producción. Creando así una guerra de divisas entre las naciones, en donde se generan roces políticos y dumping.

Uno de los problemas a nivel internacional que genera el control del tipo de cambio es que los gobiernos tienden a devaluar su moneda a capricho para fomentar sus exportaciones.

A nivel nacional, este régimen de tipo de cambio puede generar certidumbre sobre la volatilidad en los mercados de divisas; los empresarios o inversionistas pueden sentir la seguridad de que se mantendrá una paridad fija, o que va a estar dentro de un intervalo —esto solo si hay confianza en la administración y suficientes reservas con qué respaldar la moneda—, así como poder hacer la planeación de su empresa o endeudarse en moneda extranjera sin el temor de que la pérdida de valor de la moneda nacional encarezca sus insumos importados o sus deudas.

No obstante, esta política va en contra del comportamiento del mercado. Se gastan enormes cantidades de recursos para poder mantener la paridad fija o el intervalo controlado; y en caso de que las reservas internacionales se agoten, y le sea imposible al gobierno mantener esa paridad; o el gobierno pierda credibilidad; puede esto generar incertidumbre y pánico que deriven en una crisis, como las de México en el pasado. Además de crear una dependencia en la población sobre las decisiones administrativas del estado, y creando conflictos de intereses: ¿a quién favorezco, exportadores o importadores?

Actualmente en México el tipo de cambio se determina por la oferta y la demanda de divisas en el país bajo un régimen de libre flotación: Mayor demanda de dólares, deprecian el peso (fugas de capital); mayor oferta de dólares, aprecian el peso (entradas de capital). Este mecanismo de libre flotación se decretó a partir del 22 de diciembre de 1994. (Noten que devaluación-revaluación y depreciación-apreciación son conceptos diferentes.)

Se involucran muchos factores en la determinación del tipo de cambio bajo el régimen de libre flotación, y éstos obedecen al comportamiento del mercado: oferta y demanda. En la oferta y la demanda de divisas influyen circunstancias externas e internas: la certidumbre de la población, la especulación de los inversionistas, el desempeño de la economía nacional y mundial, la política monetaria de un banco central (en el caso de México éste es autónomo[2]), y muchas otras cosas que no involucran el arbitrio o directamente la aprobación de la administración del gobierno en turno.

Esa idea sobre el presidente deliberando a capricho el tipo de cambio, o que la administración de éste influya de manera considerable en la determinación del tipo de cambio, prevalece en el encono hacia los malos manejos de la economía mexicana de los gobiernos anteriores en donde éste sí tenía un control directo sobre el tipo de cambio, y en el temor de que las crisis mexicanas pasadas hayan explotado a partir de la pérdida de valor de nuestra moneda.

Las depreciaciones del peso mexicano contra el dólar en los últimos meses se han debido en gran medida a la volatilidad de los mercados internacionales, en especial al esperado y aún desconocido incremento de las tasas de Reserva Federal de Estados Unidos. Cada vez que el Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal se reúne para decidir su política monetaria (subir o no las tasas de interés), hay una tormenta en el mercado de divisas. Un incremento de las tasas ocasionaría una avalancha de capitales que se refugiarían en el dólar, provocando grandes salidas de capitales en los países emergentes como México, depreciando así su moneda.

Las depreciaciones del peso mexicano contra el dólar en los últimos meses se han debido en gran medida a la volatilidad de los mercados internacionales, en especial al esperado y aún desconocido incremento de las tasas de Reserva Federal de Estados Unidos.

La depreciación no es toda mala, si es moderada. La pérdida de valor de la moneda favorece a nuestra industria exportadora, que es uno de los mayores motores que mueven nuestra economía, y esta pérdida de valor podría solo ser un ajuste en los mercados. El problema es cuando se genera gran volatilidad y pánico y hay grandes salidas de capitales, esta súbita pérdida de valor de la moneda distorsionaría los mercados: generaría efectos inflacionarios por medio del aumento en el precio de los insumos importados.
Paradójicamente, desde principios de año hasta la fecha (06 de Octubre de 2015) en donde el peso se ha depreciado nominalmente en 12.53% frente al dólar[3] y se ha llegado a una paridad nunca vista, no se han percibido los efectos inflacionarios como podrían esperarse y, de hecho, la inflación se mantiene en mínimos históricos.

¿Por qué sigue subiendo el dólar y no le ha pegado a la inflación? Ese es otro tema mucho más controversial que después platicamos…

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[1] Recientemente en Venezuela se aplicó esta medida extrema, y lo único que ha creado es un mercado
[2] Bajo este régimen de tipo de cambio de libre flotación, el Banco de México no interviene en el mercado de divisas para tratar de mantener una paridad fija o dentro de un intervalo, por lo que las reservas internacionales sólo sirven como respaldo de la moneda. No obstante, en los últimos meses y debido a la alta volatilidad en el mercado de divisas, el Banco de México ha estado vendiendo dólares en el mercado para contener una súbita caída del peso frente al dólar, pero no tiene como objetivo mantener la paridad peso-dólar dentro de un intervalo o en un nivel fijo.
[3] En 1994 el peso perdió más de 60% de su valor nominal frente al dólar. Fuente: Banco de México.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”