#ElNidoDelGavilán: “Lo que nos deja el Mundial de Clubes 2018”

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Pues finalmente llegó el final del Mundial de Clubes en los Emiratos Árabes Unidos, donde Real Madrid por tercera vez consecutiva se coronó campeón del torneo, frente a un equipo árabe del que no se tenía esperanza en que pudiera llegar a dicha fase, el Al Ain. 

El Mundial de Clubes es un torneo bastante extraño, es el patito feo de los torneos de FIFA, es un torneo en el que pocos creen, quieren y esperan, un torneo que pasan los años y no se termina de consolidar ni como marca ni como un torneo que los equipos deseen disputar. 

Para los equipos europeos es una interrupción en su liga, para los sudamericanos es la única opción que les queda de jugar dado que la Copa Intercontinental ya no existe. 

Para la Concacaf es un torneo interesante pero que históricamente los equipos que han participado en la región han tenido un desempeño bastante mediocre. Con excepción de algunos terceros lugares, del Monterrey, Saprissa de Costa Rica, Pachuca y Necaxa.

Para las demás confederaciones, en este caso, Asia, África y Oceanía es una opción de mostrarse ante el mundo, una opción de darse a conocer ante el bajo interés mundial en sus competencias. Recordemos al Mazembe del Congo que logró meterse a una final eliminando al Inter de Porto Alegre.

Es una discusión muy buena la que a veces acontece con los sudamericanos acerca del mérito que tiene participar en ese torneo y de ver si realmente es un torneo que dé prestigio.

El fútbol sudamericano siempre se ha visto a sí mismo como el único que puede rivalizar al fútbol europeo. Esta narrativa viene desde la competición de la Copa Intercontinental que se jugó desde los años 60 hasta principios de los 2000. En efecto, el fútbol sudamericano junto al europeo son los dos fútboles más desarrollados del mundo tanto en clubes como en selecciones nacionales. 

Sin embargo, este afán de FIFA de incluir a las otras confederaciones, por razones de qué un equipo no puede llamarse campeón del mundo si no juega contra equipos de todo el mundo no ha terminado por convencer. Es un torneo corto, rápido, sin muchas luces y dónde a diferencia de un mundial donde hay fases de grupos, donde se conocen mejor los equipos, el Mundial de Clubes es básicamente un torneo que dura 10 días, donde difícilmente conoces a fondo a los equipos rivales y siempre está latente la posibilidad de que llegue un equipo del que se tenga poca información, dé el juego de su vida, gane y se acabó el sueño. 

Lo que pasó en esta edición con Chivas es verdaderamente lamentable. Tuvieron una demostración patética de fútbol, que no es novedad porque ya en la liga venían dando un torneo bastante malo, pero que deja muchas reflexiones. Chivas eliminado en el primer juego por un equipo japonés y luego pierde el siguiente partido contra el campeón de Túnez. 

Este mismo análisis vale para River Plate donde es eliminado en semifinales por el campeón de los Emiratos Árabes Unidos que es el anfitrión del torneo. Un equipo que ni siquiera ganó el título de su confederación, así River gana el partido más importante de su historia y al par de días pierde uno de los partidos coperos más ridículos de su historia. 

En general, el Mundial de Clubes es una gran idea de FIFA pero que tiene que ser replanteada y analizada en función de lo que ofrece y pueda ofrecer porque no es un torneo que tenga amplios ratings y no es un torneo que tenga las grandes coberturas internacionales.

También hay que señalar que el Mundial de Clubes presenta desigualdades de inicio. Asume que los europeos y los sudamericanos por tener una mejor competición tienen que entrar directo a semifinales. Así mismo como poner en el último lugar del calendario al equipo de Oceanía porque se asume que los equipos de Oceanía están en el último renglón de profesionalismo. Ya desde ahí me parece que genera una relación dispar entre las confederaciones, genera un torneo a modo donde los europeos llegan y con 2 juegos son campeones.

El Mundial de Clubes ofrece juegos en lugares exóticos, a horas que complican a muchos y con demostraciones medianas de fútbol. Equipos cansados y desgastados por viajes o por calendarios específicos. 

En el tema de incentivos, es un torneo qué ofrece poco a los europeos y a los sudamericanos, puesto que van con la consigna de que tienen que llegar a la final. De los demás equipos del mundo nadie espera nada de ellos y entonces cualquier equipo grande que se presenta en el Mundial de Clubes tiene más que perder que ganar. Si pierde un juego, es un fracaso del tamaño del mundo, si gana es un título que ahí está. Un Mundial de Clubes no es más en historia y prestigio que la Copa Libertadores o la UEFA Champions League. 

Históricamente, los campeones sólo han salido de Europa y de Sudamérica, lo cual retrata esa realidad de superioridad de estos fútboles a nivel mundial. No obstante, la presencia de clubes de otras latitudes del mundo es necesaria, pero con un mejor formato con más clubes participando. Lo que debe hacer FIFA es crear un torneo parecido a lo que ya tienen en la UEFA de la Liga de Naciones, algo así como una copa internacional de clubes, o tomar lecciones de otros deportes como el basketball y el volleyball.

Así termina otra edición del Mundial de Clubes, Real Madrid es campeón; el desconocido Al Ain, subcampeón del mundo, suena extraño, pero así es. Chivas termina como penúltimo lugar del torneo solamente por arriba del Team Wellington de Nueva Zelanda con un pésimo sabor de boca y muchas expectativas rotas.

Esperemos que la FIFA piense en el bien deportivo, económico y del marketing y redirija los esfuerzos para rediseñar y reformatear el Mundial de Clubes tal como lo conocemos.

Lo dicho, dicho está.

¿Quién es el culpable de la violencia en los estadios?

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Hay situaciones en donde la pasión por el deporte nos rebasa y nos dejamos dominar por el sentimiento que tenemos en ese momento. Hay ocasiones en las que nos sentimos agredidos o faltados al respeto con cualquier tipo de comentario; veces que estamos irritables, pero también, y es muy valioso reconocerlo, que nosotros igualmente hemos estado del otro lado de la grosería, del insulto, del sarcasmo y del comentario malintencionado; y que gracias a todo esto afectamos a otros. Aunque estas situaciones se viven en todo tipo de ámbitos, para efectos de esta narrativa, me permitiré abordar el tema de la violencia en relación con el fútbol.

Hace un par de fin de semanas, Monterrey vivió un paro sabatino que ha venido experimentando por lo menos dos veces al año durante las últimas décadas. Hay ocasiones en las que el paro también se da entre semana, pero garantía hay de que dos veces al año se vive. Este ‘paro’ al que me refiero se llama “Clásico Regio”. El Club de Fútbol Monterrey y los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León generan tanto furor y pasión que la ciudad misma se prepara con semanas de anticipación para recibir a los aficionados que se vuelcan con todo en favor de sus equipos. Lógicamente, entre más personas hay involucradas en un acontecimiento, nos podremos encontrar con más visiones, ergo con diferentes tipos de personas.

La violencia en los estadios es un fenómeno global que aqueja a todos los países y que se sufre cada fin de semana en alguna parte del mundo.

Según información del periódico El Horizonte, en el pasado clásico 106, al menos seis personas fueron detenidas por las autoridades y, ya que recientemente se aprobó un nuevo decreto que busca erradicar por completo la violencia en los estadios, los detenidos podrían ser multados con hasta $15,000.00 MN o bien pagar una condena de hasta cuatro años en prisión. Fuera de ello, y como es de conocimiento para todos quienes vivimos en Monterrey y su área metropolitana, los enfrentamientos a palos, pedradas, golpes y patadas se registraron en múltiples ocasiones y principalmente en las inmediaciones del inmueble. Este fin de semana, la historia se repite durante el América contra Chivas donde –y casi de forma literal– los equipos se batieron a duelo en el estadio Omnilife ubicado en la ciudad de Zapopan, Jalisco. Al igual que en el clásico regio, los disturbios, las riñas y los altercados no se hicieron esperar y varias personas resultaron detenidas por participar en estos actos y por alterar el orden.

Historias como estas no son exclusivas de este torneo, ni de esta liga, ni de este país, ni tampoco de esta época. La violencia en los estadios es un fenómeno global que aqueja a todos los países y que se sufre cada fin de semana en alguna parte del mundo. No debemos olvidar que, aunque ajeno al encuentro, no hace mucho existió un atentado en París mientras se jugaba un Alemania-Francia, o las varias avalanchas de gente que han provocado el tumulto y la desesperación por salir de los estadios; incluso en nuestro país ha habido muertes dentro de un estadio (Nou Camp del León) a consecuencia de los actos violentos por el desborde de la pasión.

¿Es imponer restricciones en los estadios y multar a los jugadores tras sus agresiones la solución al problema? Probablemente ayudan y ponen a pensar a las personas, pero lo interesante aquí es que no solamente ellos tienen un rol importante en cómo se vive la pasión por los equipos.

La pregunta: ¿Son los aficionados los únicos responsables de que exista violencia en los estadios? La respuesta: para nada. ¿Qué pasará por la mente de los jugadores al exhibirse frente a 40 o 50 mil espectadores mientras tienen como objetivo golpear al rival? ¿Qué sentirán al después verse en las repeticiones de las cadenas nacionales e internacionales agrediendo a un contrario? ¿O al ver sus caras en los diarios? Desafortunadamente, y para mal de todos los aficionados al fÚtbol, existen personas que alaban este tipo de actos y gustan de ver a sus jugadores agrediendo a los del otro equipo, alegando que ‘así se nota que los jugadores también viven la pasión’.

¿Es imponer restricciones en los estadios y multar a los jugadores tras sus agresiones la solución al problema? Probablemente ayudan y ponen a pensar a las personas, pero lo interesante aquí es que no solamente ellos tienen un rol importante en cómo se vive la pasión por los equipos. Los medios de comunicación –y en particular Multimedios Televisión y Radio– se han volcado a fomentar la violencia entre ambas aficiones al constantemente estar generando polémica sin fundamentos objetivos, o contribuyendo al dar motes como ‘el estadio de la violencia’ al referirse al Estadio BBVA Bancomer. Pero no solamente los medios son los que se encargan de esto, sino también algunas instituciones generan sentimientos de odio y violencia, como el Club Santos, que ha decidido llamar a su estadio ‘La Casa del Dolor Ajeno’, provocando que los aficionados se predispongan en contra de sus rivales en lugar de vivir en un clima de respeto.

Lectores, vivamos el fútbol como un deporte y no lo convirtamos en un asunto de desestabilización social ni le imprimamos tintes políticos, porque no vaya a ser que un día nuestros estadios se vean manchados de sangre, como alguna vez sucedió en el Estadio Nacional de Chile, donde por la pasión al deporte y las ideologías políticas, muchas personas vieron el final de sus vidas antes de los 90 minutos.

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