11 de marzo: “100 días de AMLO”

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Se cumplieron 100 días de mandato de Andrés Manuel López Obrador, 100 días que se han sentido eternos. Muchas cosas han sucedido en este corto periodo de tiempo. Entre sus conferencias mañaneras que nos mantienen en cunclillas para conocer que otro cambio se avecina y lo que pasa todos los días en el país, ya no sabemos que viene, si un abrazo o un balazo.

Sólo queda hacer un pequeño recuento de todo lo que ha cambiado en tan poco tiempo. Se ha cortado o trasladado financiamiento público en programas como PROSPERA, publicidad y comunicación para la Secretaría de Turismo, apoyo a guarderías y centros infantiles, entre otros. Se han adelgazado a las Instituciones, centralizando el poder en una figura magnanima y benevolente. Yo sigo cuestionando, ¿Cómo se puede construir una democracia fuerte, estable y efícaz sin instituciones que la respalden?

Ustedes dirán: “pero las instituciones continúan”; pues sí, pero ¿hasta cuándo? En los últimos meses, se ha buscado forjar nuevas, un claro ejemplo: la Guardia Nacional. Esta nueva figura de seguridad pública, que brindará certeza para los gobernantes, pero no del todo para los gobernados. En estos 100 días, una gran cantidad  de organizaciones en favor de los derechos humanos, se han posicionado en contra de esta propuesta que ya ha sido aprobada por la Cámara de Diputados, Senadores y 17 Congresos locales.

Por otra parte, se ha cancelado el aeropuerto de Texcoco con argumentos de daño al medio ambiente y falta de transparencia en las licitaciones. Así mismo, se ha iniciado el proyecto del Tren Maya con la misma falta de estudios medio ambientales en las zonas que no cuentan con vías ferroviarias.

En las últimas semanas, se ha mandado una terna de candidatas a juezas de la Suprema Corte verdaderamente preocupante, no sólo porque las aspirantes han contrapuesto sus posturas personales por encima del marco constitucional, sino porque se cuestiona su independencia y poder de contrapeso con respecto al ejecutivo, ya que llevan una relación cercana con el presidente.

En estos últimos meses, ha comenzado una lucha contra el huachicol, que se aplaude, pero una vez más la implementación queda corta y refleja una falta de expertise en el manejo de la administración pública.

No todo es malo, acorde a la última encuesta elaborada por Paramatría,  las acciones del representante del poder ejecutivo son vistas de manera positiva por más del 80% de la población. Después de haber tenido un presidente ausente en casos de crisis y sin capacidad de respuesta, llega ahora alguien que acorde a la ciudadanía da la cara ante la población. La legimitimidad la tiene, y por lo tanto las acciones antes mencionadas parecen pasar de largo, pero la pregunta queda latente, ¿Hasta cuándo durará ese apoyo, si se sigue tomando decisiones a ciegas y sin un plan realmente estructurado? El tiempo lo dirá todo, claro, en más de 100 días.

La verdadera esperanza de México

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El pasado 1 de diciembre el país le dio la bienvenida a un nuevo presidente. Muchos observaban el acontecimiento con ojos esperanzados, otros tantos con cierto escepticismo. Millones de personas escucharon por poco más de una hora el discurso de toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador en aquel recinto donde en el año 2005 fue sometido a proceso de desafuero y en donde ahora tomó protesta como presidente de México. Durante su discurso, el mandatario se comprometió a acabar con la corrupción, respetar la democracia , los contrapesos del poder y criticó fuertemente el modelo neoliberal implementado en el país. Mucho se ha hablado sobre lo sucedido el 1 de diciembre en el Congreso de la Unión y lo que esto transmitió a los invitados internacionales, a los inversionistas y a todos los mexicanos. 

Andrés Manuel López Obrador comenzó su gobierno con un 66% de aprobación según la encuesta del periódico El Financiero, esto se traduce en un alto grado de legitimidad para la toma de decisiones a lo largo de su gestión. Los mexicanos depositaron su confianza en esta nueva administración y elevaron sus expectativas con la esperanza de lograr un México mejor, un país que ciertamente todos merecemos. Resulta indispensable exigir al Estado una respuesta a las millones de demandas acumuladas día con día y de las que aun no existe respuesta, pero también es necesario cuestionar nuestro rol como participes en el funcionamiento del mismo Estado. El ser miembro de un país nos dota de privilegios, pero también de responsabilidades. 

Me encuentro escribiendo esto, con la convicción de que los ciudadanos somos una pieza fundamental para lograr una democracia estable, con instituciones certeras, justas y eficaces. Según datos del CONEVAL, 62,8 millones de personas en México viven en pobreza, por lo tanto no cuentan con al menos dos de los servicios básicos como: agua potable, vivienda digna, electricidad, salud, seguridad, entre otras. Esto conlleva a su poca o nula participación en la vida pública del país. El hecho de tener acceso a servicios básicos y herramientas de información y tecnología, nos hace ser parte de un sector privilegiado y por esto, debemos hablar por aquellos que no pueden hacerlo e impulsar que puedan y sean escuchados.

Actualmente se vive en un México polarizado, con una división entre los mexicanos que otorgaron su confianza al ahora presidente de la República y los que no lo hicieron, como si se tratase de los que están a favor de un México mejor y los que están en contra, cuando la realidad es otra. Todos son parte de un mismo México, sí, con inseguridad, desigualdad y desconfianza, pero también de un México, con calidez, valores y tradiciones. Esto no se trata de formar bandos, sino de ser críticos sea el representante que sea. Se necesita una participación real, que trascienda más allá de las urnas, una participación social, en el que las asociaciones y organizaciones civiles se encuentren realmente involucradas con el fin de ser un contra peso a las acciones gubernamentales. De igual manera, se necesita una participación comunitaria basada en la autoayuda social y en la restauración del tejido social. Así mismo, de una participación política activa con miras a la reconstrucción de un Estado fuerte. Es necesario reconocer el papel prioritario que la ciudadanía tiene en la construcción de un México del que todos estemos orgullosos de ser parte. Para mí la verdadera esperanza de México es su gente.

Por un México sin miedo

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El tema de inseguridad en México nunca pierde importancia. Día con día la situación no mejora. Acorde a datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía entre 2012 a 2018, más de 37,000 personas han desaparecido en el país. La respuesta del Estado a esta crisis ha sido pobre o a veces nula. La maquinaria estatal parece estar averiada, las demandas de la población no son escuchadas y por lo tanto no son respondidas. Un Estado en tensión es aquel que no es capaz de tomar decisiones o al hacerlo, estas resultan no ser eficaces para solucionar el conflicto.

En México se vive un estado de crisis; 171,440 personas han sido víctimas de homicidios en un periodo de 6 años. Estas no son cifras sin sentido, lo que se reporta aquí son vidas de profesionistas, de trabajadores, de padres, de madres, de mujeres y hombres, jóvenes y niños que merecían seguridad brindada por un Estado fuerte, que les asegurará el derecho a vivir en libertad, porque no se puede ser una persona libre teniendo miedo.

El 9 de octubre del 2018 a menos de 60 días de dejar el mandato, el presidente Enrique Peña Nieto creo el Sistema de Búsqueda de Desaparecidos como respuesta a la crisis de inseguridad latente en México. Esta acción llega tarde, a cuatro años de Ayotzinapa, a siete meses del caso de los estudiantes de cine en Guadalajara, después de miles de feminicidios, después de un plan de seguridad fallido y dejando muchas dudas sobre su implementación a nivel federal.

El pasado 15 de noviembre del 2018, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador presentó el Plan Nacional de Paz y Seguridad, en donde expone las medidas de pacificación que serán tomadas por la nueva administración federal a partir del 1 de diciembre. El plan consta de 8 ejes centrales para lograr un México en Paz: la erradicación de la corrupción en la administración pública, la procuración de justicia, la garantía de contar con educación, empleo y salud para los mexicanos, la promoción y respeto de los derechos humanos, la constitución moral, la legalización y combate de las drogas, la amnistía por medio de la implementación de la justicia transicional, la recuperación de las cárceles bajo un marco de derechos humanos y la creación de la Guardia Nacional. Esta última ha causado una gran polémica tanto a nivel nacional como internacional.  

128 organizaciones de la sociedad civil y 523 activistas, ciudadanos y académicos solicitaron al presidente electo no seguir con la propuesta de la Guardia Nacional. Debemos pensar lo que esto significa. El crear una Guardia Nacional, es tomar la decisión de dejar al mando militar una facultad que le corresponde a la guardia civil. 

El presidente electo, en su Plan Nacional de Paz y Seguridad, habla de la institución policiaca como materia perdida, corrompida y acabada. Se habla de una crisis tan profunda que no queda más que transitar al mando militar, claro, bajo un marco de derechos humanos, que se les será impartido por medio capacitaciones en los planteles militares, justificando las acciones antes cometidas por los mismos, con el argumento de la falta de conocimiento que estos tenían sobre qué acciones realizar para proteger a la ciudadanía. 

Esta decisión resulta peligrosa, se traduce en un contrapeso nulo de poder en materia de seguridad pública ya que todo quedará bajo el mando de la Secretaría de la Defensa. Me pregunto, ¿Qué ha pasado con el personaje que decía que el pueblo es sabio y bueno? ¿Por qué no escuchar ahora al pueblo? ¿Por qué no invertir en una verdadera capacitación y reconfiguración de la guardia civil? ¿Dónde quedó el pensamiento de que la militarización no era la solución? 

No queda más que observar con ojo crítico los siguientes pasos a dar y esperar que ese bienestar y justicia que los mexicanos tanto necesitan y demandan sea otorgado a ellos por este Plan Nacional de Paz y Seguridad, todo con el fin de que las próximas generaciones no sepan del riesgo que es hoy, salir a la calle.