¿Qué se puede hacer con Tecnología Cívica?

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En este espacio, la semana anterior, hablamos de qué es la tecnología cívica. Para recapitular, tecnología cívica es toda aquella tecnología impulsada por la comunidad, y que intersecciona con los intereses públicos, ya sea a través del gobierno, de las comunidades, o de la sociedad civil organizada y no organizada. Pero, ¿qué se puede hacer con ella? Creo que la mejor forma de explicarla está en los ejemplos.

La #app115, como se le bautizó, abrió una conversación sobre cómo se utiliza la tecnología en las instituciones públicas en México, que hasta hoy continúa en la forma del movimiento de Hacking Cívico.

Durante el siglo pasado, con el advenimiento de la computación, las instituciones de todo tipo fueron incluyendo en sus procesos el uso de la tecnología computacional, pero no necesariamente han sido implementadas de la mejor manera. En 2013, el Congreso mexicano anunció que iba a pagar 115 millones de pesos por una aplicación que les serviría para monitorear sus actividades. Hacer una app de esa naturaleza, según se determinó en ese momento, no costaba más de 500 mil pesos. La #app115, como se le bautizó, abrió una conversación sobre cómo se utiliza la tecnología en las instituciones públicas en México, que hasta hoy continúa en la forma del movimiento de Hacking Cívico. Empezando por qué tecnologías usamos, si abiertas o de licencia, hasta el proceso por el cuál las elegimos.

Hackear los procesos

Ese momento vio nacer a Codeando México, y al programa Retos Públicos. Con el propósito de proponer una alternativa a la #app115, un grupo de jóvenes lanzaron un reto abierto donde se propusiera crear la misma app con un presupuesto 100,000 veces menor y mejor tecnología. En 10 días se presentaron 5 aplicaciones, las cuales utilizaban tecnologías abiertas y fueron llevadas al Congreso de San Lázaro . Al final, sí se licitó la app de 115 millones de pesos, pero a partir de ese evento nació el programa Retos Públicos, que cambia el proceso tradicional de licitación para tecnología gubernamental a uno más abierto, privilegia a los equipos de trabajo chicos en vez de las empresas grandes, y las tecnologías abiertas versus las tecnologías de licencia. Esto significa que produce productos mucho menos costosos y tecnológicamente más transparentes, y dado que permitió la participación de jugadores más chicos en un proceso en el que normalmente competían poquísimos actores, generó un caldo de cultivo para la innovación.

Retos Públicos es un gran ejemplo de tecnología cívica, porque en el fondo pone su peso en el cambio de mentalidad y la eficiencia de procesos, más que en el uso de una tecnología en particular, y especialmente porque nos muestra cómo un grupo de ciudadanos puede tener incidencia tangible y duradera en lo público.

Retos Públicos es un gran ejemplo de tecnología cívica, porque en el fondo pone su peso en el cambio de mentalidad y la eficiencia de procesos, más que en el uso de una tecnología en particular, y especialmente porque nos muestra cómo un grupo de ciudadanos puede tener incidencia tangible y duradera en lo público.

Hacer donde no hay

En Monterrey, ciudad desértica que además es una plancha de concreto gigante, hay un gran problema de arbolado urbano. El problema es que no hay. Lo que tampoco había, era un inventario de árboles en la ciudad. No se pueden construir políticas públicas si no se tienen datos; con esto en mente, un grupo de jóvenes decidió tomar el asunto entre sus manos y crear un repositorio donde todos participaran en inventariar los árboles de la ciudad. Así nació BUM: Bosque Urbano México, una plataforma hecha por ciudadanos que ahora cuenta con un inventario de 140,000 árboles en dicha ciudad. Su inventario se hizo tan robusto, que fueron invitados por la plataforma ¿Cómo vamos, Nuevo León? para colaborar con los alcaldes del Área Metropolitana de Monterrey midiendo el desempeño de sus administraciones en el plantado de árboles. Esto significa que personas en municipios alejados de la AMM fueron indirectamente beneficiados por el trabajo de BUM. Personas que tal vez estaban del otro lado de la brecha digital, vieron de algún modo mejorada su calidad de vida por estos esfuerzos cívicos. La tecnología cívica, pues, no se limita al desarrollo de aplicaciones para beneficiar sólo a quienes tienen smartphones, sino también es una forma de eficientizar las instituciones públicas de modo que beneficien a todos.

Comunidades cívicas

El Hacking Cívico es antes que nada un movimiento. Toda aplicación que cabe dentro de esa categoría, comenzó con una o más personas que se vieron hartas de una situación y quisieron tomar las riendas de la solución.

El Hacking Cívico es antes que nada un movimiento. Toda aplicación que cabe dentro de esa categoría, comenzó con una o más personas que se vieron hartas de una situación y quisieron tomar las riendas de la solución. Desde esfuerzos hechos por una sola persona, como Representantes Patito, aplicación que te arroja a tus diputados y senadores según tu lugar de residencia, o Ruta Directa, aplicación que mapea las rutas de camiones en Monterrey. Hasta esfuerzos abiertos y multidisciplinarios como Explica La Ley o DataMX. Basta con tener una idea y poner el empeño en llevarla a cabo hasta sus últimas consecuencias.

En los mitins activistas a los que asistí, después de una marcha, solían decir en el altavoz: “hagan comunidad, háblense unos a otros”. Por mucho tiempo creí que era una consigna vacía. ¿Sobre qué voy a hablar con quién? Pero en retrospectiva la mayoría de los esfuerzos comenzaron de esta forma. Ya sea que hables con las personas a tu alrededor sobre realizar algo, o te unas a las muchas comunidades de Hacking Cívico que hay en el país, vas a encontrar que siempre hay un lugar para todo el que quiera proponer o ayudar. No hace falta ser desarrollador (aunque para caer en la categoría de tecnología cívica, necesita haber desarrollo), siempre se necesitan expertos en un tema, diseñadores, personas que administren las tareas, que aporten en las tareas. Y si eres desarrollador, siempre habrá oportunidades de mejorar tus habilidades de código y aprender cosas nuevas en proyectos que van a sumar al bien general. Aunque en mi experiencia, llegamos por los proyectos, nos quedamos por la comunidad.

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– “Todos los puntos de vista son a título personal y no representan la opinión de Altavoz México o sus miembros.”