Otros Datos…

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El coronavirus ha sido la excusa perfecta para olvidar en la agenda pública lo que las marchas y protestas feministas habían logrado. Si bien esta emergencia sanitaria es un caso extraordinario que se debe de atender, no podemos descartar, aminorar o negar la crisis en materia de perspectiva de género que se vive y se ha vivido en México. 

Hace unos días el presidente Andrés Manuel López Obrador, en la famosa  “mañanera”, afirmó que el 90% de las llamadas por violencia doméstica al 911 son falsas. También manifestó que la violencia no es un valor propio de las familias mexicanas y que este confinamiento ha reunido a las familias para reforzar sus lazos. Curiosamente, la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, declaró que no ha disminuido la violencia de género en el país. De igual forma, la ONU ha dicho que debido a este periodo de aislamiento en América Latina han incrementado los casos de abuso doméstico, resaltando los casos de México, Argentina y Brasil.  

Antes de la contingencia, el tema de discusión nacional  era el alarmante número de feminicidios, violaciones y agresiones realizados de forma descarada en nuestro país. Por fin se había obtenido la atención internacional, de los medios de comunicación y del gobierno. Ahora, no solamente se ignora, si no que también se niega su existencia por nuestro mandatario. “Yo tengo otros datos…” es ya la respuesta más desgastada del titular del ejecutivo federal. Pero la pregunta debe ser ¿cuánto más podremos tolerar esta  respuesta? Pareciera que su propio equipo encargado de darle estos “datos” dice lo contrario a lo que el presidente declara en cada mañanera. Ya fue suficiente de tanta incongruencia, y desconozco el  mundo fantástico en el que vive Andrés Manuel, pero claramente no es el México de la realidad. Un buen gobierno es aquel que busca alcanzar los ideales político-sociales, pero la única forma de lograrlo es atendiendo a la realidad, le acomode o no al ejecutivo. 

No se puede continuar maquillando la realidad, no  se debe aplazar más la toma de acciones. Bajo la situación actual será cada vez más difícil visibilizarse para exigir al gobierno nuestros derechos básicos, pero te invito a ti que lees esto que no te detengas y hagas dentro de tus posibilidades este reclamo para evitar la invisibilización de esta crisis que tanto padecemos las y los mexicanos.

Esta semana se ha demostrado algo positivo también, que si nos juntamos y alzamos la voz  podemos lograr la acción de las autoridades competentes. Tal es el caso de lo acontecido con “Johnny Escutia” y la youtuber Yuya. En el que por medio de la denuncia en redes sociales por el repulsivo y deleznable contenido de sus “letras”,  en las que describe de forma explícita cómo abusar, violar, matar y desmembrar a una mujer. Gracias al apoyo e indignación de miles de usuarios fueron retiradas sus “canciones” (o mejor dicho discurso de odio) de las distintas plataformas digitales de reproducción. Aquí se refleja cómo la misma sociedad unida y organizada puede reclamar y hacer justicia, misma que el gobierno por su falta de empatía o habilidad para abordar estos temas es incapaz de solucionar. 

Este caso al igual que muchos otros evidencia que estamos profundamente alejados de la realidad que nuestro presidente elucubra. Es doloroso y lamentable pero no incurable. La incapacidad del gobierno para llevar dos agendas públicas es evidente e imperdonable para las y los mexicanos,  ya que deja un inmenso vacío en la búsqueda de una perspectiva de género como política pública. Por un lado es evidente que en esta crisis sanitaria no se han tomando las mejores decisiones en cuestión de política sanitaria para las y los mexicanos, ya que tenemos un rezago significativo en materia de salud, y por el otro el gobierno muestra su incompetencia en abordar el ya muy dicho y discutido problema de la violencia de género.

El presidente como reiteramos tiene “otros datos”, mismos que nunca parecieren ser claros, demostrando que su gobierno no cuantifica o le da la importancia necesaria a estas tragedias humanitarias. Uno no puede mejorar lo que no puede medir, quizá si escuchara al Subsecretario Hugo López Gatell, sabría que ‘es un error metodológico pensar que sólo lo que se ve existe y lo que no se ve no existe’, por decir lo menos.

Basta del silencio, si tenemos hoy esta emergencia sanitaria ataquemos de forma paralela también a la crisis de derechos humanos que afecta a las mujeres. Unidos podemos y como mexicanos lo lograremos. Ni una más, y ni una menos.

“Esto no es un capricho, es una necesidad”

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Para todos los Mexicanos:

Escribo esta carta para ti, tú que te rodeas y formas parte del problema.

Son más que sabidos en todo el país los terribles acontecimientos que le sucedieron a Ingrid y a Fátima. Ingrid con tan solo 25 años de edad fue asesinada y mutilada a manos de su pareja. Como muchas otras mujeres, ella había denunciado violencia familiar pero, igual que todos los demás casos que terminaron como el de Ingrid, nadie hizo nada. Luego tenemos a Fátima, una niña que tenía 7 años de edad. Ella fue a su escuela y en la salida una mujer la recogió y la llevó a lo que sería un feminicidio más.

Se compartieron fotos, se hicieron manifestaciones, se cuestionó a las autoridades e inclusive al presidente. ¿Qué obtuvimos como resultado? Que en la rueda de prensa que se le hace cada mañana al presidente Andrés Manuel López Obrador que el reportero Carlos Domínguez minimizara y despreciara la problemática con un “ya se habló suficiente del tema”. Carlos Domínguez, yo no soy autoridad periodística para cuestionar tu trayectoria en Nación 14, pero como ciudadana y como mujer sí te puedo decir, ¿realmente ya se habló suficiente de este tema? Porque, de ser así, cómo explicamos los 976 feminicidios en 2019, las 718,019 denuncias de las mujeres que se atrevieron a hablar sobre la violencia familiar que viven a diario o que 1 de cada 10 feminicidios en México cobre vidas infantiles. Lamento mucho la falta de empatía que tiene por la triste situación que México vive como sociedad. Pero sería injusto decir que Carlos Domínguez es la única persona apática ante tal situación. El problema es de todos los mexicanos y las mexicanas. Todos de forma directa o indirecta formamos parte del problema, ya basta.

Cada que juzgamos a una mujer o la desvalorizamos, formamos parte del problema. Cada que compartimos fotos que la humillen, que la difamamos o creamos chismes sobre alguna decisión que tomó, formamos parte del problema. Cada que vemos violencia física, verbal, psicológica y no hacemos nada porque no es nuestro asunto, formamos parte del problema. Esto más que ser una cuestión de hombres o mujeres, es sobre humanidad. Tú como persona y como ciudadano o ciudadana tienes la responsabilidad de no quedarte callado, aunque esto no te afecte directamente a ti, tienes la responsabilidad de hablar. Tú como mexicano o como mexicana tienes la obligación de darle más a tu país. Porque a México lo conformamos todos y todas. Que se esté violentando, ultrajando y asesinando de distintas maneras a las mujeres es decepcionante. Basta de tanto amarillismo y morbo que se crea con cada lamentable y doloroso feminicidio.

Tú, mexicano y mexicana, te hablo a ti. Hemos decepcionado a nuestro país y a las futuras generaciones que estarán en dónde estás tú. Ellos y tú merecen más. Sigamos marchando, sigamos quejándonos y exigiendo a las autoridades respuestas, por que este no es un capricho, no es una sugerencia, es una necesidad. Si para frenarnos dirás: “hay maneras, ¿Por qué pintar paredes y monumentos?”, o harás burla a los himnos de protesta, te invito a que pongas en una balanza qué es más importante, ¿La vida de una persona (por no decir miles que han muerto) o una pared? Te contestaré que los monumentos históricos son una representación directa de la sociedad y cómo se fue moldeando a través de su historia, así que, que se pinten con los nombres de las personas que han muerto en esta masacre nacional te hará ver de una forma constante y pública la gravedad de este problema. Te responderé también que en cuanto formas, se han intentado de todas, se han hecho incontables denuncias formales que no han sido más que archivadas, se ha ido a los medios, a sociedades civiles, se han juntado firmas y se han hecho marchas pacíficas, pero nadie ha hecho nada. Si pintando una pared, si cantando de forma ordenada, si usando un distintivo y organizándonos en distintos estados del país es como llamamos la atención para que por lo menos se hable del problema a nivel nacional e internacional, entonces creo que se debe seguir haciendo.

Te escribo a ti, tú que tratas de resolver el problema, tú que has visto cualquier situación relacionada, tú que incentivas de forma directa o indirecta estas circunstancias. Merecemos más, todos. No porque no te afecte directamente un problema significa que debes ser apático a él. Deja de hablar, deja de usarlo como morbo o el chisme del día. Actúa, desde tu propio círculo social, identifica el machismo, la violencia, los abusos y actúa, haz algo. ¿Cuántas más deben morir o sufrir para que hagas algo?

Hagamos Ruido Hoy, Buscando La Paz Mañana

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Las mujeres de América Latina se levantan a cantar en protesta por la constante violación a sus derechos a lo largo de la historia. En México, se han manifestado en los últimos meses por todos los casos que siguen impunes de feminicidios, violaciones y discriminación, por mencionar algunos de esta interminable lista. En estas protestas se ha marchado, se han pintado paredes y se ha cantado para poder demostrar el hartazgo y enojo de las mujeres ante la indiferencia del gobierno y la sociedad .

En los periódicos sobresalen titulares que critican “los modos” utilizados por todas las manifestantes. Critican la diamantina, las paredes rayadas, hacen burla del baile y canción que representa a todas las mujeres que sufrieron de una  violación. Todo esto bajo comentarios de gente diciendo que hay otras formas de pedir que se les respeten sus derechos y que todo esto más que una marcha de empoderamiento o grito de auxilio es un simple berrinche para llamar la atención. Pero mi duda aquí es, ¿sabrán acaso todos ellos la definición de la palabra berrinche? El  “berrinche” parte de un sentido de inmadurez y una rabia desmedida para pedir que las cosas se hagan como la persona quiere. Aquí no se está pidiendo ningún trato especial o beneficios para las mujeres, se está pidiendo que el gobierno haga su trabajo. ¿Cómo podríamos minimizar esta marcha describiéndolo como un “berrinche”? A mi punto de vista, es un insulto. 

A lo largo de la historia, las mujeres han ido ante autoridades para denunciar violaciones, agresiones y discriminación, pero tenemos casos como el de Janeth Beltrán Domínguez. Ella denunció 15 veces a su pareja por violencia doméstica y las autoridades no movieron ni un dedo. Este caso como muchos otros este año, terminó en un feminicidio más. Se ha protestado en silencio y de forma organizada, pero ¿qué es lo que la sociedad mexicana hace? Un remix de esta canción y la bailan en tono de burla. Es verdaderamente decepcionante ver cómo se utiliza una situación de sufrimiento y dolor transformándolo en 3 minutos en un chiste. Esto solo reafirma y refleja que verdaderamente sí vivimos en una sociedad machista, que discrimina y desvaloriza a la mujer.

Este movimiento le compete tanto a hombres como a mujeres, ya que se está pidiendo que en la práctica se haga lo que está escrito en papel. En nuestra constitución se nos conceden los derechos por igual, sin embargo un gobierno deficiente que no ve más que por su propio bienestar, deja de lado un sector significativo de la sociedad. Se debe tener empatía, solidaridad, responsabilidad pero sobre todo integridad para ver y saber que el género no debe ser ningún diferenciador para el trato social, económico o en el acceso a la justicia.

América Latina se levanta y grita fuertemente este dolor y maltrato que se ha cargado por generaciones. No todas las manifestaciones en silencio persiguen una causa justa pero definitivamente protestar con ruido no significa que se está peleando algo injusto.

Para ti, mujer

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Escribo esta carta para ti, mujer.

Tú que has desvalorizado, criticado y juzgado a otra mujer por la forma en que vive su vida. Tú que defiendes en tus palabras los derechos que nuestra sociedad nos ha negado, pero con tus acciones propicias su inexistencia. Te escribo a ti, que priorizas aspectos tan superfluos como lo son los accesorios, las marcas, la moda, el maquillaje, el largo de tus pestañas, el color de pelo, qué tan delgada te ves y repruebas a otras mujeres que no cumplen con estos estereotipos. Que hablas de las mujeres que tienen aspectos que consideras masculinos, ves mal a la chica que tiene más amigos hombres que mujeres,  a la que se viste de manera “provocativa” o demasiado “santurrona”. Tú que criticas cuando se muestran demasiado fuertes en aspectos físicos o de carácter porque no es propio de una niña “bien”. Tú que eres madre y crías a tus hijas e hijos de forma distinta, dándole a tus hijas las tareas del hogar y limitando sus salidas sociales por el simple y sencillo hecho de que son mujeres. Tú que castigas con desprecio social a toda mujer que quiere vivir su sexualidad, porque el hacerlo las cataloga como fáciles y les resta valor ante la sociedad. Tú que le quitas mérito al éxito que una mujer tiene, porque aseguras que si logró llegar hasta ahí, solo puede ser porque se acostó con alguien.

Pero también te escribo a ti, mujer, la que ha estado del otro lado de esta historia y ha aguantado todas estas situaciones en silencio. Tú has tolerado sumergida en sumisión y autodesprecio el que se te castigue por querer vivir una vida sin barreras de género. Todas estas reprimendas con las que has cargado, no son justas. Tú no estás mal por querer experimentar en tu vida, no estás mal por querer emprender nuevos proyectos, porque tus gustos no se ajusten a lo que está de moda, por no tener las medidas “ideales”, por querer viajar o trabajar en lugar de quedarte en casa, no estás mal por no querer casarte o tener hijos. Tú eres libre de hacer lo que tú quieras con tu vida, así que manténte firme, manténte única y lucha siempre por lo que quieres y crees. No bases tu felicidad en la aprobación de otros, sean hombres o mujeres, tú solo necesitas estar satisfecha contigo misma. Sigue tomando riesgos, juega, construye, destruye y transforma tu vida como tú quieras y nunca te detengas ante el argumento de que eres mujer.

Tú, mujer que está leyendo esto, no propicies con tus acciones una cultura que limite tus derechos. No desvalorices a otra mujer y tampoco te muestres sumisa por querer encajar en un ideal inalcanzable. Tú vales mucho más que eso. Puedes ser delicada y fuerte, inteligente y bonita, mesurada y aventurera. Enfócate en tí y en tu crecimiento personal. Quítate esas barreras que se te han impuesto y deja de ver la vida de los demás. No te conviertas en eso que tanto criticas, sé congruente con tus acciones y tu forma de pensar. Respeta a otros y respétate a ti, porque no vales más ni menos por tus acciones, no eres más ni menos por tus creencias o valores y definitivamente no aumenta ni disminuye tu valor o capacidad por ser mujer. Tú como persona vales exactamente lo mismo que los demás, entonces no critiques, no juzgues, no te cohibas o cambies por el pensar de alguien más. Dejemos de lado los prejuicios y respetemos a los y las demás, porque solo así quitaremos una barrera tan absurda como lo es el género. No bases tus pensamientos en cuestiones de ignorancia y desinformación, tú vive tu vida como quieras, pero no obligues a los y las demás a vivirla así.

Los estigmas sociales comienzan y permanecen en la medida en que los permitamos. Basta de producirlos y tolerarlos.

Estado de Derecho en Decadencia

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México está en un eterno grito de auxilio, un grito que no es escuchado ni atendido. Nuestro país, como la mayoría de los países latinoamericanos, es relativamente nuevo en comparación a naciones del resto del mundo. Seguimos en una constante transformación que nos ha costado vidas, seguridad, respeto, humanidad y educación. Prueba de todo esto son dos hechos recientes importantes: la famosa liberación de Ovidio Guzmán y la masacre contra la familia LeBaron.   

¿Qué nos está pasando? Estamos llegando a un punto en que el único resultado a esperar es la violencia y la falta de Estado de derecho. Tenemos instituciones debilitadas por un sistema que ha cargado a lo largo del tiempo con vicios generados por quienes lo ejecutan. Vivimos en un país en donde la mayoría de los estados tienen alerta de género, como si el ser mujer fuera un mal que se debiera exterminar. Todos tenemos tan poco interés en nuestro país que la única vez que nos importa nuestro gobierno, las decisiones que toman y los programas que tendrán, es en periodo electoral. Nos hacemos de la vista gorda aceptando y tolerando los constantes abusos de la autoridad, los tratos chuecos que se tienen con el narco, el sistema tan pobre de acceso a la salud, la falta de educación y las innumerables violaciones a derechos humanos. Todo esto con la excusa de que si no nos afecta directamente a nosotros, entonces no es nuestro problema. Pero sí, esto es problema tuyo, mío y de todos. 

Nuestro presidente sigue convencido que el modo que ha llevado desde que inició su administración es el correcto, pero nadie le ha dicho que en estas situaciones no se trata de estar bien o no, si no de hacer lo que brinde mayor protección a los derechos de la población y lo que más se apegue al comportamiento de la misma. Claro, sin perder su autoridad como se vio en el caso de Ovidio. “Sí nos va a llevar tiempo desde luego, pero vamos bien. Y al no haber complicidad entre autoridades y delincuencia… Nada de que vamos a respetar a los delincuentes. No, el que comete un delito va a ser castigado. Y no vale el dinero, nada de que con dinero se logra todo. No tenemos precio, nuestra dignidad no tiene precio”, expresó López Obrador. Es incongruente hablar de que se mantendrán firmes en la detención de criminales, cuando en las acciones demuestran completamente lo contrario. La hipocresía en este país es tan descarada, que creen que por decir las cosas con seguridad la gente creerá lo que dicen y ya no se preocupan en que sus acciones demuestren lo que predican o no. 

Los verdaderos cambios toman tiempo, no se puede negar. Pero tampoco se puede refutar e ignorar los hechos. “Vamos bien, que no haya duda de que vamos muy bien y que vamos a ir superando todo esto, que es una herencia de una política fracasada, que nunca más se va a volver a aplicar en el país” dijo el presidente. No se está pidiendo menos de lo que el pueblo mexicano merece: que el gobierno haga su trabajo. Se debe atacar el problema actual y paralelamente lo que lo provoca, porque ignorar lo que sucede hoy solo nos dará como resultado lo que siempre vivimos: muertes, violaciones, secuestros, falta de escolaridad, problemas económicos y así la lista puede seguir. El sistema y los programas que tienen, no son el problema. El verdadero obstáculo es la deficiente ejecución de estos. No dejemos que los hechos que afectaron nuestro pasado condenen nuestro futuro. 

Piso parejo o detenemos todo

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La ley siempre debe estar a la par del comportamiento de la sociedad, cuando esto falla existe el caos. La falta de regulación en la ley de transporte en Nuevo León ha traído problemas de interés público. Por un lado, vemos la carencia de aceptación con el shock generacional y cultural por la llegada de la tecnología a modificar la forma de brindar un servicio de transporte de parte de los ejecutantes. Y por el otro, la necesidad de innovar y mejorar las deficiencias de estos servicios para brindar mayor seguridad a los usuarios. 

Antes de la llegada de Uber, DiDi, Cabify u otro servicio similar, se vivía bajo un “monopolio” de transportación. Los taxis fijaban las tarifas, no se sabía con certeza quién sería el conductor y la seguridad que tenían los clientes no era siempre la óptima, ya que los ponía en una situación de vulnerabilidad. Después, con el inicio de estos servicios digitales, las personas que los usaban tenían la confianza y seguridad de quién era su conductor, la ruta exacta que se tomaba para llegar al destino y la tarifa que se pagaría. Viendo desde un punto de vista progresista todo esto suena como la solución de los problemas de transporte, pero las cosas no son tan simples. 

Esta semana, los taxistas se manifestaron ante el Congreso exigiendo piso parejo para todos los conductores, tanto de medios digitales como los convencionales. Ahora bien, es importante definir lo que para ellos es piso parejo. Si esta famosa frase significa que independientemente de la plataforma cada conductor cumpla con requisitos tales como exámenes toxicológicos, licencia de chofer, pago de cuotas requeridas y contar con los registros y permisos necesarios, entonces sí, es más que necesario que el Congreso regule de forma igualitaria a todos los que brindan estos servicios. “Con respecto a la publicación en el Periódico Oficial del Estado sobre las reglas de operación o normas generales estatales de carácter técnico para las Empresas de Redes de Transporte, promovidas por el Gobierno del Estado de Nuevo León, a través de la Agencia Estatal de Transporte que encabeza Noé Chávez Montemayor, la compañía de tecnología se muestra a favor de su cumplimiento”, indicó Uber. Pero piso parejo no significa, bajo ninguna circunstancia, que estas plataformas digitales no puedan laborar y se le dé preferencia únicamente a los taxistas. El giro que se le ha dado a sus reclamaciones va más allá que solo exigir que cuenten con estas regulaciones. “Vamos a cerrar aeropuertos, quemar coches… los quieren pues se los vamos a quemar aquí en el Congreso”, amenazaba el dirigente de las manifestaciones frente el Congreso esta semana por considerar estos nuevos servicios una competencia desleal. 

El mundo se encuentra en un constante cambio y movimiento. Es imposible negarse a estos cambios y transformaciones que sufren tanto los empleos como los servicios que se reciben. Los medios de transporte no son la excepción aquí. Sí, la regulación de estos medios es de suma importancia para que exista una competencia justa, pero el innovar y hacer uso de la tecnología para mejorar un servicio, no se le puede considerar nunca una competencia desleal. Por el contrario el acaparar e impedir la entrada de nuevas plataformas por el uso de la fuerza, sí es para mí la definición de competencia desleal. El Estado tiene una tarea muy importante aquí, ya que deben mostrar que no se doblegarán ante amenazas fundadas en terror, si no que harán lo que jurídicamente es correcto, para que tanto plataformas actuales como las tradicionales puedan laborar y, de ese modo, los usuarios puedan elegir la opción que más les convenga. 

Sátira Latinoamericana

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Pareciera que siempre terminamos donde iniciamos.

En Chile, la semana pasada, se desataron múltiples manifestaciones, iniciadas por el alza del precio del transporte público. Pero esto, como era de esperarse, es simplemente la punta del iceberg.  Las quejas de su gente son las mismas de hace tiempo, Oscar Landerretche, profesor de economía en la Universidad de Chile, explica: “Hoy, el país tiene prácticamente los mismos niveles de desigualdad que tenía a finales de los años 60.” Por un lado, tenemos a la diminuta población que tiene grandes riquezas y por el otro la monumental cantidad de personas que viven en algún grado de pobreza. Uno podría preguntarse, ¿a qué se debe esta brecha que aleja tanto unas clases de otras? Y la respuesta sería tan sencilla como decir que la causa es la corrupción, la falta de educación, de oportunidad y el hambre de satisfacer intereses propios.

Abramos más nuestro panorama y veamos que este problema no se limita únicamente a Chile. Esta es la versión chilena de una problemática que afecta a la mayoría (si no es que a todos) los países latinoamericanos. El también llamado pueblo de bronce ha vivido en constante lucha a lo largo de su historia. Ha adoptado distintos sistemas políticos, sociales y económicos, siempre en la eterna espera de un cambio o un resultado. Todo esto para terminar justo como inicio. Que múltiples grupos de presión de la población, inconformes por deficiencias, injusticias o corrupción del sistema se unan en una lucha para cambiar y volver a empezar. Entonces, ¿qué está pasando? ¿El verdadero problema es el sistema o quienes lo ejecutan?

Me niego rotundamente a pensar que los latinoamericanos no somos capaces de gobernar y ser gobernados a un punto en que se pueda ver el crecimiento del país de manera multidisciplinaria, en lugar de limitarnos a mostrar solo crecimiento económico, o cultural o cual sea la máscara que utilizan los respectivos países hoy en día para ocultar sus carencias y realidad. Dejemos de vivir en el mundo de pretender cosas que no somos y comencemos a admitir y actuar. Solo cuando se acepta el problema se es capaz de buscar una solución que no dé como resultado la violencia.

Vamos a tener que vivir repetidas veces la misma película que hemos tenido desde que se crearon nuestros países, todo gracias a la falta de educación. Con esto no apunto exclusivamente a lo académico. Si bien es necesario tener una debida preparación para ejercer cualquier tipo de puesto de poder, también es muy importante tener la visión necesaria para no pensar en soluciones instantáneas y sí en las de largo plazo. Si nos ponemos a analizar detenidamente, cada persona que ha llegado a un puesto de poder se atiene a jugar bajo un sistema preestablecido en donde la falta de valores es algo cotidiano. Por lo que vemos a una mayoría empujando este lastre que nos afecta a todos. Dejemos de culpar a los sistemas y preocupémonos en exigir que se ejecuten de la manera correcta. En la medida que exista más gente buscando el bien general con soluciones sostenibles a futuro, en ese momento se habrá cambiado la forma de gobernar y ser gobernados.  Se requiere de un actuar que concuerde con los tiempos actuales para poder romper el ciclo vicioso que no es más que el resultado de la falta de conocimiento y análisis de los mismos. Quitando esquemas sociales retrógradas que más que ayudar nos perjudican porque nos llevan a la desinformación, a mantener apariencias para impresionar o manipular a ciertas personas. Comencemos ya a admitir las deficiencias que se tienen y busquemos con expertos en el tema, soluciones.

Así que busquemos el prepararnos, el participar activamente como ciudadanos y no conformarnos en un beneficio momentáneo ya que la solución a nuestros problemas debería ser de raíz. Latinoamérica y cada uno de sus países tienen todo para poder ser potencias a nivel internacional en distintas áreas. Pero por la codicia de unos pocos y la falta de educación de muchos otros no se llega a notar ese potencial.

Lo sucedido la semana pasada en Chile no fue por el aumento del transporte público, es un conjunto de inconformidades y hartazgo que se fue acumulando a lo largo del tiempo. Igual que en Chile cada país tiene su problemática que en cuestión de tiempo explota en violencia. Evidentemente, no es un asunto que tenga una solución sencilla, pero realmente no hay opciones simples cuando se trata de hacer las cosas de forma correcta. Dejemos de ser esa eterna sátira latinoamericana y cambiemos desde nuestras acciones individuales como colectivas el rol empolvado que hemos interpretado desde hace años.

CUIDADO: Hablar Mata

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Todavía no termina el 2019 y en México doce periodistas han perdido la vida mientras ejercían su profesión. Según la escala de Reporteros sin Fronteras, México ocupa el lugar 144 de 180 países en la clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. Otro estudio estadístico de Artículo 19 mostró que del año 2000 al 2019 han sido 131 periodistas asesinados, de los cuales 121 eran hombres y 10 mujeres. Seguimos siendo uno de los países más riesgosos para trabajar en el periodismo, sobre todo cuando la investigación de los reporteros está relacionada con la corrupción de las autoridades como el gobierno o cuando se habla del crimen organizado. Debemos de cuestionarnos constantemente si la información que se nos presenta es verídica o si simplemente es una historia arreglada para no exhibir lo que realmente está sucediendo. 

Basta de seguir normalizando estos temas. Se nos está limitando el acceso a la información enfrente de nosotros. Es triste ver cómo las personas que hacen bien su trabajo en este medio son las que más riesgo corren y de las que menos se escucha. Ellos mueren tratando de exhibir lo que todos ya sabemos: la corrupción en México. Tanto decimos estar cansados de que las cosas en este país nunca cambian, de la inseguridad que va constantemente en aumento, de tener promesas vacías de candidatos que buscan el interés personal sobre el colectivo, de la escasez de recursos en programas de salud, educación o ayuda social que se deben a desfalcos fantasmas y de innumerables casos que siguen impunes en donde la lista de violaciones en materia de derechos humanos es interminable. Pero seguimos haciendo como que las cosas no pasan. Vivimos tan metidos en nuestra vida cotidiana que no nos damos cuenta de que entre más participemos en nuestro país mejor estaremos. 

Cada uno de esos reporteros que murieron por siempre señalar las injusticias de este país, merecen más de nosotros. Somos un país que se dice que tener el derecho a la libre expresión, libertad de prensa y de información, pero cuando esta habla de un tema conflictivo alguien siempre está dispuesto a lo que sea para silenciarla. Hacer como que las cosas no suceden, no resuelve el problema, solo legitima. Exijamos más, porque nosotros como mexicanos y ciudadanos merecemos más. Pero nunca olvidemos que, si vamos a exigir, también debemos de cumplir. Seamos esos periodistas que se arriesgan por decir la verdad y hablemos. No nos cansemos de señalar las injusticias, de decir cuando las cosas no están bien, porque en la medida que subamos nuestros estándares con la autoridad, esta no tendrá más remedio que cumplir. Bien dicen, el gobierno siempre es el reflejo de su pueblo. Entonces hagamos lo que nos corresponde y dejemos de callar y normalizar la muerte, la violencia, la corrupción y el encubrimiento de cualquier tipo. 

Doce personas han muerto este año por tratar de exhibir una pequeña parte del gran problema que tenemos en México. ¿Cuántas más tendrán que hacerlo para que nos mostremos inconformes? Ellos nos señalan el camino hablando: tomemos acción y cambiemos las cosas. 

¿A favor o en contra? ¿Acaso eso importa?

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La ley debe estar de acuerdo con la dinámica social, nunca al revés. Siempre que se hable del aborto habrá posturas a favor y otras en contra. Pero creo que es más importante enfocarnos en lo que verdaderamente le compete al Estado: lo jurídico. En 2007 en Ciudad de México se discutió por la Suprema Corte de Justicia y se probó la constitucionalidad de la despenalización del aborto. Por lo que, desde ese año, ciudad de México era la única entidad del país que permitía el acceso a este derecho humano.  Era el único lugar en el que se permitía que se practicara el aborto de manera segura por médicos calificados. Viendo esto, realmente es muy fácil que cualquier mujer con las posibilidades económicas suficientes pudiera viajar y practicarse uno. Con un simple viaje, podías tener acceso a un derecho que castiga con cárcel a las mujeres en el resto del país. Pero ¿qué pasa si no eras parte de esa población tan reducida y privilegiada? A mi entender, se está dejando desprotegida a una porción considerable de mujeres que al no poder ir a ciudad de México por cuestiones económicas o por el miedo de ser juzgadas recurren a los abortos clandestinos. 

Esta semana en Oaxaca, se aprobó la practica del aborto a todas las mujeres.  Esto implica un gran avance en la protección de la salud y libre desarrollo de la mujer. “Mueren por aborto sólo las mujeres pobres, que no pueden pagar servicios privados de salud o viajar a la Ciudad de México. Pero el concepto es incorrecto, porque ellas no ‘mueren’: son juzgadas, sentenciadas a muerte y asesinadas por un sistema que considera peligroso que las mujeres decidan sobre su cuerpo y sus opciones de vida”. Así puntualizó Elisa Zepeda Lagunas, diputada de Morena.

Lo que realmente le debe importar al Estado es la necesidad de la población que atiende. Me atrevo a poner la palabra necesidad, ya que es una situación que, le guste a quien le guste, ha existido, existe y seguirá existiendo. Aquí no se discute desde la moralidad o sentido religioso propio de cada persona. Se discute el cómo en sólo dos entidades de nuestro país no se limita a la mujer en sus derechos humanos de acceso a la salud y libre desarrollo. Un estudio realizado por Guttmache Institute, reveló que tan solo en el 2009 en México se registraron 159,000 casos de mujeres que requirieron de atención médica por complicaciones derivadas de abortos clandestinos.  En ese mismo estudio se estimó que existen alrededor de 1,026,000 abortos inducidos en México cada año. Los números no mienten, a las mexicanas en casi todo el país se les priva de su derecho humano. Derecho que como ya se vio en 2007 y esta semana en Oaxaca no es contrario a nuestra constitución. 

En un México ideal, desde mi perspectiva, esto debería suceder: Una mujer quiere abortar, entonces ella se acerca a un centro de salud en donde gente profesional y experta en el tema le presenta una gama de opciones y programas que el Estado le ofrece, como apoyo en caso de que decida no abortar. De este modo, te aseguras que la persona que se realizará este procedimiento, este verdaderamente informada sobre sus opciones y se sienta respaldada y protegida por el Estado en su decisión. Suponiendo que aún con esta información ella verdaderamente quiere realizarse esta interrupción al embarazo, entonces, se le deben de proveer de todas las condiciones médicas adecuadas para hacer el procedimiento de manera segura para ella. Además, agregaría que se implementarán de manera paralela, verdaderos programas escolares de educación sexual, ya sus implicaciones de esta que únicamente a saber que es un método anticonceptivo. 

Todos son libres de expresarse y opinar sobre temas de interés público, pero ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que, porque a unos cuantos no les parece, se violente la libertad de otros? Démosle esa libertad de decisión a la persona que aplica para el supuesto, no a terceros. Esta semana se hizo un gran avance en cuestiones de derechos humanos en Oaxaca, por favor sigamos trabajando para que su cumplimiento no se limite a 2 lugares en nuestro país.

Estudio: https://www.guttmacher.org/es/report/embarazo-no-planeado-y-aborto-inducido-en-mexico-causas-y-consecuencias.

¿”Valientes” o “criminales”?

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La semana pasada se escuchó y se discutió mucho la frase “Valientes jóvenes”, dicha por Pedro Salmerón, al recordar el asesinato de Don Eugenio Garza Sada, empresario regiomontano. Yo los llamaría criminales, no valientes. 

El 17 de septiembre de 1973 uno de los empresarios más influyentes de Nuevo León; que aportó de manera significativa al crecimiento económico del estado y cuyo legado sigue siendo parte del progreso de este, fue asesinado por un grupo de guerrilleros de la Liga Comunista 23 de septiembre. ¿Qué pasó realmente aquí? ¿quiénes eran los integrantes de este grupo y qué buscaban? 

En 1965 en Madero, Chihuahua un grupo de 13 integrantes de este movimiento socialista atacaron el cuartel de la ciudad, dejando un saldo de ocho muertos de los 13 guerrilleros, seis militares muertos y diez heridos. Su objetivo principal era recuperar las tierras que fueron dadas a empresas como “Bosques” por medio de concesiones. Los integrantes de esa guerrilla eran “los estudiantes” que formaban parte de este grupo de trabajadores, que se manifestaban contra el estado. A partir de este evento y diversas presiones del movimiento, en el gobierno de Echeverría, se les quitaron las concesiones a las empresas y se hicieron ejidos para los habitantes de esas tierras. En esta famosa etapa de “guerra sucia”, como califica Antonio Attolini en su entrevista en Milenio con la periodista Azucena Uresti, este grupo de guerrilleros formó su nombre en honor a el evento más destacado que pasó en Madero, Chihuahua.

Teniendo en cuenta este panorama histórico sobre lo que buscaba la liga de 23 de septiembre, vamos ahora a ver el por qué del asesinato o intento de “secuestro fallido de Don Eugenio Garza Sada”. Lo que buscaban era hacer más ruido con su movimiento, querían dinero y la liberación de un personaje importante para el socialismo mexicano: Gustavo Hirales Morán. Al intentar secuestrar al empresario regiomontano, este se resistió, lo que terminó dando como resultado su muerte. 

Entiendo perfectamente que esta etapa es parte de nuestra historia y que de un modo u otro nos ha llevado a ser la sociedad que somos hoy en día. Entiendo también que todos los mexicanos somos perfectamente capaces de expresar nuestras ideas con libertad, pero nunca privando del mismo u otros derechos a nuestro prójimo. Estos matices históricos que presenta el periodo post revolucionario son de gran relevancia porque van moldeando a nuestro país, y nos abre camino para, por un lado, ver todo lo bueno que hacemos y ver cómo continuar haciéndolo o mejorarlo y por el otro ver los aspectos de nuestra historia que no fueron positivos, nos restaron o nos perjudicaron de cierta forma. Aprender de ellos y trabajar para seguir mejorando. 

Pero de eso a decir que, a lo que mi entender es, un grupo de personas que cometieron un crimen son jóvenes “valientes” me resulta un golpe muy fuerte a lo que nuestra sociedad representa. Porque aún partiendo desde la perspectiva (que no comparto) de que sus objetivos eran nobles e iban a aportar a nuestro país, en ninguna circunstancia creo correcto ni de personas “valientes” el intentar privar de su libertad a alguien y mucho menos el quitarle la vida. Estas personas que poco les importa el respeto a la vida y dignidad humana, no son mártires, no son héroes y no representan a los mexicanos. 

Pedro Salmerón, he de reconocer que realmente tiene una excelente trayectoria académica y un nivel de preparación que muchos profesionistas deberían tener; sin embargo, el calificar a los asesinos de un mexicano del tamaño de Don Eugenio Garza Sada como “valientes”, siendo usted un funcionario público, es realmente una incongruencia y terrible mensaje para todos los mexicanos que cada mañana se levantan y trabajan por lo que creen. Ellos sí lo logran sin sobrepasar los límites de la ley. Porque para todo hay modos, incluso si se quiere cambiar de forma radical la creencia de un concepto ya aceptado por la sociedad, siempre habrá una manera correcta que no violente la dignidad ni los derechos de nadie. Así que no, ellos no representan a mi parecer el adjetivo “valientes”.