Estado de Derecho en Decadencia

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México está en un eterno grito de auxilio, un grito que no es escuchado ni atendido. Nuestro país, como la mayoría de los países latinoamericanos, es relativamente nuevo en comparación a naciones del resto del mundo. Seguimos en una constante transformación que nos ha costado vidas, seguridad, respeto, humanidad y educación. Prueba de todo esto son dos hechos recientes importantes: la famosa liberación de Ovidio Guzmán y la masacre contra la familia LeBaron.   

¿Qué nos está pasando? Estamos llegando a un punto en que el único resultado a esperar es la violencia y la falta de Estado de derecho. Tenemos instituciones debilitadas por un sistema que ha cargado a lo largo del tiempo con vicios generados por quienes lo ejecutan. Vivimos en un país en donde la mayoría de los estados tienen alerta de género, como si el ser mujer fuera un mal que se debiera exterminar. Todos tenemos tan poco interés en nuestro país que la única vez que nos importa nuestro gobierno, las decisiones que toman y los programas que tendrán, es en periodo electoral. Nos hacemos de la vista gorda aceptando y tolerando los constantes abusos de la autoridad, los tratos chuecos que se tienen con el narco, el sistema tan pobre de acceso a la salud, la falta de educación y las innumerables violaciones a derechos humanos. Todo esto con la excusa de que si no nos afecta directamente a nosotros, entonces no es nuestro problema. Pero sí, esto es problema tuyo, mío y de todos. 

Nuestro presidente sigue convencido que el modo que ha llevado desde que inició su administración es el correcto, pero nadie le ha dicho que en estas situaciones no se trata de estar bien o no, si no de hacer lo que brinde mayor protección a los derechos de la población y lo que más se apegue al comportamiento de la misma. Claro, sin perder su autoridad como se vio en el caso de Ovidio. “Sí nos va a llevar tiempo desde luego, pero vamos bien. Y al no haber complicidad entre autoridades y delincuencia… Nada de que vamos a respetar a los delincuentes. No, el que comete un delito va a ser castigado. Y no vale el dinero, nada de que con dinero se logra todo. No tenemos precio, nuestra dignidad no tiene precio”, expresó López Obrador. Es incongruente hablar de que se mantendrán firmes en la detención de criminales, cuando en las acciones demuestran completamente lo contrario. La hipocresía en este país es tan descarada, que creen que por decir las cosas con seguridad la gente creerá lo que dicen y ya no se preocupan en que sus acciones demuestren lo que predican o no. 

Los verdaderos cambios toman tiempo, no se puede negar. Pero tampoco se puede refutar e ignorar los hechos. “Vamos bien, que no haya duda de que vamos muy bien y que vamos a ir superando todo esto, que es una herencia de una política fracasada, que nunca más se va a volver a aplicar en el país” dijo el presidente. No se está pidiendo menos de lo que el pueblo mexicano merece: que el gobierno haga su trabajo. Se debe atacar el problema actual y paralelamente lo que lo provoca, porque ignorar lo que sucede hoy solo nos dará como resultado lo que siempre vivimos: muertes, violaciones, secuestros, falta de escolaridad, problemas económicos y así la lista puede seguir. El sistema y los programas que tienen, no son el problema. El verdadero obstáculo es la deficiente ejecución de estos. No dejemos que los hechos que afectaron nuestro pasado condenen nuestro futuro. 

Piso parejo o detenemos todo

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La ley siempre debe estar a la par del comportamiento de la sociedad, cuando esto falla existe el caos. La falta de regulación en la ley de transporte en Nuevo León ha traído problemas de interés público. Por un lado, vemos la carencia de aceptación con el shock generacional y cultural por la llegada de la tecnología a modificar la forma de brindar un servicio de transporte de parte de los ejecutantes. Y por el otro, la necesidad de innovar y mejorar las deficiencias de estos servicios para brindar mayor seguridad a los usuarios. 

Antes de la llegada de Uber, DiDi, Cabify u otro servicio similar, se vivía bajo un “monopolio” de transportación. Los taxis fijaban las tarifas, no se sabía con certeza quién sería el conductor y la seguridad que tenían los clientes no era siempre la óptima, ya que los ponía en una situación de vulnerabilidad. Después, con el inicio de estos servicios digitales, las personas que los usaban tenían la confianza y seguridad de quién era su conductor, la ruta exacta que se tomaba para llegar al destino y la tarifa que se pagaría. Viendo desde un punto de vista progresista todo esto suena como la solución de los problemas de transporte, pero las cosas no son tan simples. 

Esta semana, los taxistas se manifestaron ante el Congreso exigiendo piso parejo para todos los conductores, tanto de medios digitales como los convencionales. Ahora bien, es importante definir lo que para ellos es piso parejo. Si esta famosa frase significa que independientemente de la plataforma cada conductor cumpla con requisitos tales como exámenes toxicológicos, licencia de chofer, pago de cuotas requeridas y contar con los registros y permisos necesarios, entonces sí, es más que necesario que el Congreso regule de forma igualitaria a todos los que brindan estos servicios. “Con respecto a la publicación en el Periódico Oficial del Estado sobre las reglas de operación o normas generales estatales de carácter técnico para las Empresas de Redes de Transporte, promovidas por el Gobierno del Estado de Nuevo León, a través de la Agencia Estatal de Transporte que encabeza Noé Chávez Montemayor, la compañía de tecnología se muestra a favor de su cumplimiento”, indicó Uber. Pero piso parejo no significa, bajo ninguna circunstancia, que estas plataformas digitales no puedan laborar y se le dé preferencia únicamente a los taxistas. El giro que se le ha dado a sus reclamaciones va más allá que solo exigir que cuenten con estas regulaciones. “Vamos a cerrar aeropuertos, quemar coches… los quieren pues se los vamos a quemar aquí en el Congreso”, amenazaba el dirigente de las manifestaciones frente el Congreso esta semana por considerar estos nuevos servicios una competencia desleal. 

El mundo se encuentra en un constante cambio y movimiento. Es imposible negarse a estos cambios y transformaciones que sufren tanto los empleos como los servicios que se reciben. Los medios de transporte no son la excepción aquí. Sí, la regulación de estos medios es de suma importancia para que exista una competencia justa, pero el innovar y hacer uso de la tecnología para mejorar un servicio, no se le puede considerar nunca una competencia desleal. Por el contrario el acaparar e impedir la entrada de nuevas plataformas por el uso de la fuerza, sí es para mí la definición de competencia desleal. El Estado tiene una tarea muy importante aquí, ya que deben mostrar que no se doblegarán ante amenazas fundadas en terror, si no que harán lo que jurídicamente es correcto, para que tanto plataformas actuales como las tradicionales puedan laborar y, de ese modo, los usuarios puedan elegir la opción que más les convenga. 

Sátira Latinoamericana

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Pareciera que siempre terminamos donde iniciamos.

En Chile, la semana pasada, se desataron múltiples manifestaciones, iniciadas por el alza del precio del transporte público. Pero esto, como era de esperarse, es simplemente la punta del iceberg.  Las quejas de su gente son las mismas de hace tiempo, Oscar Landerretche, profesor de economía en la Universidad de Chile, explica: “Hoy, el país tiene prácticamente los mismos niveles de desigualdad que tenía a finales de los años 60.” Por un lado, tenemos a la diminuta población que tiene grandes riquezas y por el otro la monumental cantidad de personas que viven en algún grado de pobreza. Uno podría preguntarse, ¿a qué se debe esta brecha que aleja tanto unas clases de otras? Y la respuesta sería tan sencilla como decir que la causa es la corrupción, la falta de educación, de oportunidad y el hambre de satisfacer intereses propios.

Abramos más nuestro panorama y veamos que este problema no se limita únicamente a Chile. Esta es la versión chilena de una problemática que afecta a la mayoría (si no es que a todos) los países latinoamericanos. El también llamado pueblo de bronce ha vivido en constante lucha a lo largo de su historia. Ha adoptado distintos sistemas políticos, sociales y económicos, siempre en la eterna espera de un cambio o un resultado. Todo esto para terminar justo como inicio. Que múltiples grupos de presión de la población, inconformes por deficiencias, injusticias o corrupción del sistema se unan en una lucha para cambiar y volver a empezar. Entonces, ¿qué está pasando? ¿El verdadero problema es el sistema o quienes lo ejecutan?

Me niego rotundamente a pensar que los latinoamericanos no somos capaces de gobernar y ser gobernados a un punto en que se pueda ver el crecimiento del país de manera multidisciplinaria, en lugar de limitarnos a mostrar solo crecimiento económico, o cultural o cual sea la máscara que utilizan los respectivos países hoy en día para ocultar sus carencias y realidad. Dejemos de vivir en el mundo de pretender cosas que no somos y comencemos a admitir y actuar. Solo cuando se acepta el problema se es capaz de buscar una solución que no dé como resultado la violencia.

Vamos a tener que vivir repetidas veces la misma película que hemos tenido desde que se crearon nuestros países, todo gracias a la falta de educación. Con esto no apunto exclusivamente a lo académico. Si bien es necesario tener una debida preparación para ejercer cualquier tipo de puesto de poder, también es muy importante tener la visión necesaria para no pensar en soluciones instantáneas y sí en las de largo plazo. Si nos ponemos a analizar detenidamente, cada persona que ha llegado a un puesto de poder se atiene a jugar bajo un sistema preestablecido en donde la falta de valores es algo cotidiano. Por lo que vemos a una mayoría empujando este lastre que nos afecta a todos. Dejemos de culpar a los sistemas y preocupémonos en exigir que se ejecuten de la manera correcta. En la medida que exista más gente buscando el bien general con soluciones sostenibles a futuro, en ese momento se habrá cambiado la forma de gobernar y ser gobernados.  Se requiere de un actuar que concuerde con los tiempos actuales para poder romper el ciclo vicioso que no es más que el resultado de la falta de conocimiento y análisis de los mismos. Quitando esquemas sociales retrógradas que más que ayudar nos perjudican porque nos llevan a la desinformación, a mantener apariencias para impresionar o manipular a ciertas personas. Comencemos ya a admitir las deficiencias que se tienen y busquemos con expertos en el tema, soluciones.

Así que busquemos el prepararnos, el participar activamente como ciudadanos y no conformarnos en un beneficio momentáneo ya que la solución a nuestros problemas debería ser de raíz. Latinoamérica y cada uno de sus países tienen todo para poder ser potencias a nivel internacional en distintas áreas. Pero por la codicia de unos pocos y la falta de educación de muchos otros no se llega a notar ese potencial.

Lo sucedido la semana pasada en Chile no fue por el aumento del transporte público, es un conjunto de inconformidades y hartazgo que se fue acumulando a lo largo del tiempo. Igual que en Chile cada país tiene su problemática que en cuestión de tiempo explota en violencia. Evidentemente, no es un asunto que tenga una solución sencilla, pero realmente no hay opciones simples cuando se trata de hacer las cosas de forma correcta. Dejemos de ser esa eterna sátira latinoamericana y cambiemos desde nuestras acciones individuales como colectivas el rol empolvado que hemos interpretado desde hace años.

CUIDADO: Hablar Mata

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Todavía no termina el 2019 y en México doce periodistas han perdido la vida mientras ejercían su profesión. Según la escala de Reporteros sin Fronteras, México ocupa el lugar 144 de 180 países en la clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. Otro estudio estadístico de Artículo 19 mostró que del año 2000 al 2019 han sido 131 periodistas asesinados, de los cuales 121 eran hombres y 10 mujeres. Seguimos siendo uno de los países más riesgosos para trabajar en el periodismo, sobre todo cuando la investigación de los reporteros está relacionada con la corrupción de las autoridades como el gobierno o cuando se habla del crimen organizado. Debemos de cuestionarnos constantemente si la información que se nos presenta es verídica o si simplemente es una historia arreglada para no exhibir lo que realmente está sucediendo. 

Basta de seguir normalizando estos temas. Se nos está limitando el acceso a la información enfrente de nosotros. Es triste ver cómo las personas que hacen bien su trabajo en este medio son las que más riesgo corren y de las que menos se escucha. Ellos mueren tratando de exhibir lo que todos ya sabemos: la corrupción en México. Tanto decimos estar cansados de que las cosas en este país nunca cambian, de la inseguridad que va constantemente en aumento, de tener promesas vacías de candidatos que buscan el interés personal sobre el colectivo, de la escasez de recursos en programas de salud, educación o ayuda social que se deben a desfalcos fantasmas y de innumerables casos que siguen impunes en donde la lista de violaciones en materia de derechos humanos es interminable. Pero seguimos haciendo como que las cosas no pasan. Vivimos tan metidos en nuestra vida cotidiana que no nos damos cuenta de que entre más participemos en nuestro país mejor estaremos. 

Cada uno de esos reporteros que murieron por siempre señalar las injusticias de este país, merecen más de nosotros. Somos un país que se dice que tener el derecho a la libre expresión, libertad de prensa y de información, pero cuando esta habla de un tema conflictivo alguien siempre está dispuesto a lo que sea para silenciarla. Hacer como que las cosas no suceden, no resuelve el problema, solo legitima. Exijamos más, porque nosotros como mexicanos y ciudadanos merecemos más. Pero nunca olvidemos que, si vamos a exigir, también debemos de cumplir. Seamos esos periodistas que se arriesgan por decir la verdad y hablemos. No nos cansemos de señalar las injusticias, de decir cuando las cosas no están bien, porque en la medida que subamos nuestros estándares con la autoridad, esta no tendrá más remedio que cumplir. Bien dicen, el gobierno siempre es el reflejo de su pueblo. Entonces hagamos lo que nos corresponde y dejemos de callar y normalizar la muerte, la violencia, la corrupción y el encubrimiento de cualquier tipo. 

Doce personas han muerto este año por tratar de exhibir una pequeña parte del gran problema que tenemos en México. ¿Cuántas más tendrán que hacerlo para que nos mostremos inconformes? Ellos nos señalan el camino hablando: tomemos acción y cambiemos las cosas. 

¿A favor o en contra? ¿Acaso eso importa?

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La ley debe estar de acuerdo con la dinámica social, nunca al revés. Siempre que se hable del aborto habrá posturas a favor y otras en contra. Pero creo que es más importante enfocarnos en lo que verdaderamente le compete al Estado: lo jurídico. En 2007 en Ciudad de México se discutió por la Suprema Corte de Justicia y se probó la constitucionalidad de la despenalización del aborto. Por lo que, desde ese año, ciudad de México era la única entidad del país que permitía el acceso a este derecho humano.  Era el único lugar en el que se permitía que se practicara el aborto de manera segura por médicos calificados. Viendo esto, realmente es muy fácil que cualquier mujer con las posibilidades económicas suficientes pudiera viajar y practicarse uno. Con un simple viaje, podías tener acceso a un derecho que castiga con cárcel a las mujeres en el resto del país. Pero ¿qué pasa si no eras parte de esa población tan reducida y privilegiada? A mi entender, se está dejando desprotegida a una porción considerable de mujeres que al no poder ir a ciudad de México por cuestiones económicas o por el miedo de ser juzgadas recurren a los abortos clandestinos. 

Esta semana en Oaxaca, se aprobó la practica del aborto a todas las mujeres.  Esto implica un gran avance en la protección de la salud y libre desarrollo de la mujer. “Mueren por aborto sólo las mujeres pobres, que no pueden pagar servicios privados de salud o viajar a la Ciudad de México. Pero el concepto es incorrecto, porque ellas no ‘mueren’: son juzgadas, sentenciadas a muerte y asesinadas por un sistema que considera peligroso que las mujeres decidan sobre su cuerpo y sus opciones de vida”. Así puntualizó Elisa Zepeda Lagunas, diputada de Morena.

Lo que realmente le debe importar al Estado es la necesidad de la población que atiende. Me atrevo a poner la palabra necesidad, ya que es una situación que, le guste a quien le guste, ha existido, existe y seguirá existiendo. Aquí no se discute desde la moralidad o sentido religioso propio de cada persona. Se discute el cómo en sólo dos entidades de nuestro país no se limita a la mujer en sus derechos humanos de acceso a la salud y libre desarrollo. Un estudio realizado por Guttmache Institute, reveló que tan solo en el 2009 en México se registraron 159,000 casos de mujeres que requirieron de atención médica por complicaciones derivadas de abortos clandestinos.  En ese mismo estudio se estimó que existen alrededor de 1,026,000 abortos inducidos en México cada año. Los números no mienten, a las mexicanas en casi todo el país se les priva de su derecho humano. Derecho que como ya se vio en 2007 y esta semana en Oaxaca no es contrario a nuestra constitución. 

En un México ideal, desde mi perspectiva, esto debería suceder: Una mujer quiere abortar, entonces ella se acerca a un centro de salud en donde gente profesional y experta en el tema le presenta una gama de opciones y programas que el Estado le ofrece, como apoyo en caso de que decida no abortar. De este modo, te aseguras que la persona que se realizará este procedimiento, este verdaderamente informada sobre sus opciones y se sienta respaldada y protegida por el Estado en su decisión. Suponiendo que aún con esta información ella verdaderamente quiere realizarse esta interrupción al embarazo, entonces, se le deben de proveer de todas las condiciones médicas adecuadas para hacer el procedimiento de manera segura para ella. Además, agregaría que se implementarán de manera paralela, verdaderos programas escolares de educación sexual, ya sus implicaciones de esta que únicamente a saber que es un método anticonceptivo. 

Todos son libres de expresarse y opinar sobre temas de interés público, pero ¿hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que, porque a unos cuantos no les parece, se violente la libertad de otros? Démosle esa libertad de decisión a la persona que aplica para el supuesto, no a terceros. Esta semana se hizo un gran avance en cuestiones de derechos humanos en Oaxaca, por favor sigamos trabajando para que su cumplimiento no se limite a 2 lugares en nuestro país.

Estudio: https://www.guttmacher.org/es/report/embarazo-no-planeado-y-aborto-inducido-en-mexico-causas-y-consecuencias.

¿”Valientes” o “criminales”?

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La semana pasada se escuchó y se discutió mucho la frase “Valientes jóvenes”, dicha por Pedro Salmerón, al recordar el asesinato de Don Eugenio Garza Sada, empresario regiomontano. Yo los llamaría criminales, no valientes. 

El 17 de septiembre de 1973 uno de los empresarios más influyentes de Nuevo León; que aportó de manera significativa al crecimiento económico del estado y cuyo legado sigue siendo parte del progreso de este, fue asesinado por un grupo de guerrilleros de la Liga Comunista 23 de septiembre. ¿Qué pasó realmente aquí? ¿quiénes eran los integrantes de este grupo y qué buscaban? 

En 1965 en Madero, Chihuahua un grupo de 13 integrantes de este movimiento socialista atacaron el cuartel de la ciudad, dejando un saldo de ocho muertos de los 13 guerrilleros, seis militares muertos y diez heridos. Su objetivo principal era recuperar las tierras que fueron dadas a empresas como “Bosques” por medio de concesiones. Los integrantes de esa guerrilla eran “los estudiantes” que formaban parte de este grupo de trabajadores, que se manifestaban contra el estado. A partir de este evento y diversas presiones del movimiento, en el gobierno de Echeverría, se les quitaron las concesiones a las empresas y se hicieron ejidos para los habitantes de esas tierras. En esta famosa etapa de “guerra sucia”, como califica Antonio Attolini en su entrevista en Milenio con la periodista Azucena Uresti, este grupo de guerrilleros formó su nombre en honor a el evento más destacado que pasó en Madero, Chihuahua.

Teniendo en cuenta este panorama histórico sobre lo que buscaba la liga de 23 de septiembre, vamos ahora a ver el por qué del asesinato o intento de “secuestro fallido de Don Eugenio Garza Sada”. Lo que buscaban era hacer más ruido con su movimiento, querían dinero y la liberación de un personaje importante para el socialismo mexicano: Gustavo Hirales Morán. Al intentar secuestrar al empresario regiomontano, este se resistió, lo que terminó dando como resultado su muerte. 

Entiendo perfectamente que esta etapa es parte de nuestra historia y que de un modo u otro nos ha llevado a ser la sociedad que somos hoy en día. Entiendo también que todos los mexicanos somos perfectamente capaces de expresar nuestras ideas con libertad, pero nunca privando del mismo u otros derechos a nuestro prójimo. Estos matices históricos que presenta el periodo post revolucionario son de gran relevancia porque van moldeando a nuestro país, y nos abre camino para, por un lado, ver todo lo bueno que hacemos y ver cómo continuar haciéndolo o mejorarlo y por el otro ver los aspectos de nuestra historia que no fueron positivos, nos restaron o nos perjudicaron de cierta forma. Aprender de ellos y trabajar para seguir mejorando. 

Pero de eso a decir que, a lo que mi entender es, un grupo de personas que cometieron un crimen son jóvenes “valientes” me resulta un golpe muy fuerte a lo que nuestra sociedad representa. Porque aún partiendo desde la perspectiva (que no comparto) de que sus objetivos eran nobles e iban a aportar a nuestro país, en ninguna circunstancia creo correcto ni de personas “valientes” el intentar privar de su libertad a alguien y mucho menos el quitarle la vida. Estas personas que poco les importa el respeto a la vida y dignidad humana, no son mártires, no son héroes y no representan a los mexicanos. 

Pedro Salmerón, he de reconocer que realmente tiene una excelente trayectoria académica y un nivel de preparación que muchos profesionistas deberían tener; sin embargo, el calificar a los asesinos de un mexicano del tamaño de Don Eugenio Garza Sada como “valientes”, siendo usted un funcionario público, es realmente una incongruencia y terrible mensaje para todos los mexicanos que cada mañana se levantan y trabajan por lo que creen. Ellos sí lo logran sin sobrepasar los límites de la ley. Porque para todo hay modos, incluso si se quiere cambiar de forma radical la creencia de un concepto ya aceptado por la sociedad, siempre habrá una manera correcta que no violente la dignidad ni los derechos de nadie. Así que no, ellos no representan a mi parecer el adjetivo “valientes”.  

¿Un día para recordar?

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Este 5 septiembre se celebró el día internacional de las mujeres indígenas, pero yo me pregunto ¿qué hay que celebrar? ¿El maltrato? ¿La discriminación que sufren? Ellas lo viven diariamente. 

Estudios realizados por la UNAM, han mostrado la percepción que se tiene de las personas indígenas. En sus resultados se puede concluir que el mexicano promedio reconoce y se enorgullece de la cultura indígena que vivió antes de la llegada de los españoles. Pero cuando se habla de los indígenas en la actualidad siempre se les relaciona con marginación, pobreza, analfabetismos y exclusión; como si fueran esa parte incómoda y olvidada de nuestra sociedad. Las mujeres indígenas, en México, se encuentran en una especial situación de vulneración social, porque si bien se les discrimina por su origen, también sufren de una discriminación acentuada por su condición económica, su idioma, y el solo hecho de ser mujer las pone en una situación de desventaja, tanto dentro como fuera de su comunidad.

Este fue el caso de Valentina Rosendo Cantú, mujer indígena de Acatepec, Guerrero que fue un día a lavar su ropa en un río cercano a su comunidad.  Ese día 8 soldados abusaron de ella sexualmente y la torturaron. Valentina, después de pasar por esta terrible y humillante experiencia fue a presentar su denuncia al Ministerio Público, la primera barrera con la que se encontró fue que no podían recibir su denuncia porque no se contaba con intérpretes. Tiempo después, la respuesta que obtuvo fue que el Tribunal Militar, al que se le turnó el caso, no había “acreditado” la comisión de algún delito por lo que el expediente regresó al fuero común. 

Valentina lo tenía todo en contra. No sabía hablar español, venía de una comunidad que se podría decir que era minúscula para el Estado y, por si fuera poco, el mismo gobierno que debía estar ahí para proteger sus derechos humanos, le ponía trabas para que su denuncia no pudiera proceder. No fue hasta 16 años después de su traumática experiencia que pudo tener un poco de justicia. Llevó su caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en donde demandó al Estado Mexicano por la violación de sus derechos en cuestiones de acceso a la justicia.  México reconoció su “parcial” responsabilidad en el incumplimiento de su deber y fue sentenciado en consecuencia, la resolución aún se encuentra en vías de cumplimiento.

Valentina en una conferencia de prensa dijo: “Yo caminé ocho horas para ir a buscar justicia. Yo tuve que salir de mi pueblo. Yo tuve que aprender español hace 16 años y ahora entiendo mi expediente”. Así como Valentina, existen muchas otras mujeres indígenas que sufren diariamente de agresiones sexuales y torturas por parte del brazo militarizado y civil de México sin poder defenderse por la barrera del idioma. Este caso tiene una trascendencia grandísima ya que se demostraron dos cosas: la denigrante y cruel situación que tienen que pasar muchas mujeres que viven en zonas rurales, y el poco interés que tiene muchas veces el gobierno por atender y proteger a estas mujeres. Es triste ver como una comunidad es fragmentada y excluida por aspectos tan superficiales como son su origen y el sexo. 

¿Hasta cuándo actuaremos todos con coherencia? Porque, ¿cómo podemos presumir la gran variedad de cultura mexicana que se debe a los pueblos indígenas y a la vez los dejamos de lado? Les volteamos la cara y los ignoramos, ya que es más fácil fingir que no están. Es increíble ver cómo nosotros mismos nos enojamos e indignamos de la discriminación que sufren las y los mexicanos en otros países, pero cuando se presenta la situación para demostrar que podemos actuar mejor que eso, terminamos haciendo exactamente lo mismo con nuestro propio pueblo.  

Este día debería de ponernos a reflexionar para tomar acción y defender muchos casos como los de Valentina, ya que ella fue una voz que se alzó y luchó. Pero no todas conocen sus derechos, los instrumentos con los que pueden defenderse y aun sabiéndolos, vimos cómo se les impide acceder a la justicia bajo un gobierno que las ignora. Ya basta de pretender que son personas ajenas a nosotros. Basta de hacerlas menos y no hablar de ellas. Ellas existen, y no solo el 5 septiembre. Ellas son personas que merecen el mismo respeto, dignificación y seguridad como cualquier mexicano. 

Hablarlo no basta

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Las palabras no son suficientes, hacen falta acciones. En un país que en el gobierno sobresale la corrupción, impunidad y vamos a decirlo, la cultura “machista”, ¿qué oportunidad tendría una persona de conseguir justicia? En los últimos meses han predominado en redes sociales y otros medios, noticias sobre el incremento de feminicidios, violaciones, marchas de indignación ante la situación, de criticas sobre las marchas, prejuicios lanzados hacia las víctimas, de como los partidos políticos y diversos funcionarios implementarán “estrategias”, y lo pongo entre comillas, ya que he leído tantas veces esta palabra, de una manera tan vaga en los argumentos que dan de cómo van a solucionar el problema y un sin número de  casos que siguen sin resolver. 

Ante tal escenario, ¿qué confianza se le puede dar al gobierno y sus instituciones? Connie Janeth Beltrán Domínguez deposito 15 veces su confianza en quien se supone estaba para protegerla. Quince oportunidades que tuvo la autoridad para evitar lo que termino siendo un feminicidio más. Las víctimas de cualquier tipo de agresión no siempre denuncian, ya que tienen miedo a llamar la atención y que su atacante vuelva a agredirlos, ahí podría haber la excusa de que nunca se conoció del caso, pero que formalmente vayan 15 veces a denunciar violencia familiar y no se haga nada es una burla a la sociedad.  

Muchos funcionario y partidos políticos han propuesto formas de solucionar el problema, unos dicen que se debería incrementar el financiamiento a programas de atención a la mujer, otros que deberían implementarse formas más practicas para denunciar, pero siendo sincera desde mi perspectiva dudo mucho que por dinero o por falta de denuncias no se atienda este problema. 

Siempre hay un modo de hacer las cosas, si no hay dinero se puede cambiar la dinámica de acción trabajando mejor los recursos para no necesitar más, pero con la parte de hacer más fácil el denunciar la agresión deja mucho que desear, ya que las denuncias, aun que pudieran ser pocas, si las hay, lo que no hay son acciones por parte de la autoridad para darles seguimiento, entregar resultados y garantizar el bienestar del ciudadano. Esta es una cuestión de confianza, confianza que deposita la víctima de que su caso no será uno más y que realmente estará protegida por el Estado, de igual forma la que se le entrega a la autoridad de que hago no menos que su trabajo. Porque cuando la gente vea que si se implementan medidas, y se les da importancia a estos casos, esa misma seguridad crecerá y generará que más personas alcen la voz y cuenten su testimonio. Así las es que número de denuncias se incrementa, no lo hacen con una aplicación para denunciar, ni con un botón mágico que diga que se sufre de violencia familiar, ya que, aunque si hacen más fácil el decir que esta pasando algo, esos gritos de ayuda serán al vacío si la autoridad decide ignorarlos. 

Todos los acontecimientos que vimos estas últimas semanas, con marchas feministas en distintos estados, son precisamente para que personas como Connie no tengan que ir 15 veces a ser ignoradas, si no que tengan la certeza de que están respaldadas por el gobierno. No basta con hablar de este tema, como lo han hecho muchos políticos y partidos por cuestiones estratégicas, no basta con que se vayan a hacer protestas, se publiquen notas o se haga un debate en redes sociales por ser algo de moda, si no que todo este ruido, tan desesperado por ser atendido, lleve a la sociedad a la acción, porque en este país las palabras no son suficientes.